Si entre burros te ves, rebuzna alguna vez

 

Conversando recientemente con un caro amigo, sobre la economía y la situación política del país, él nos decía con mucho acierto, más o menos lo siguiente: “Mira muchacho, lo que más hay aquí son hombres serios y aptos para dirigir los destinos nacionales; ciudadanos valerosos, que muy bien podrían sacarnos del atolladero en que nos han metido todos estos políticos de nuevo cuño, títeres, tecnócratas alienados y corruptos, que es lo que son todos”.

 

“Lo que ocurre es que, son personas con preparación profesional, y que tienen holgura económica; por lo que no necesitan, ni quieren mezclarse con todos estos vándalos de la política nacional, que sólo aspiran a alcanzar el poder, para hacerse de dinero rápido, a fin de resolver ellos su problema, sin pensar en el país.  Todo eso que tú oyes hablar, no es más que demagogias y falsías”.

 

“Pero, tampoco quieren dañar su imagen de honorabilidad y honradez, después de haber cultivado un perfil personal loable a nivel social, envolviéndose en actividades políticas; ya que, esa es una disciplina que está actualmente desacreditada; en la que incursionan personas muy cuestionadas moralmente; a quienes poco les importa el que dirán; aquellos que, sólo les interesa dinero y poder, sin importar los medios para lograrlos”.

 

La verdad es que, nos limitamos a escuchar al amigo, e ir reflexionando durante su amplia alocución, contentiva de aseveraciones que, a muy pocas dudas inducirían, en todos aquellos que de manera independiente, hemos tenido la oportunidad de tratar y conocer a mucha gente de valía en este país.

 

Donde no todo lo bueno se ha perdido; sino que, se encuentra solapado u oculto, y temeroso de poder flaquear como seres humanos, ante el gran deterioro que acosa a la sociedad dominicana, en cabeza de sus más connotados representantes, debido a las presiones e insinuaciones dolosas que se ejercen desde determinados sectores, y que tendrían que no ser desestimadas por completo, para poder mantenerse vigente a nivel público.

 

Por esas razones es que, las personas que se consideran serias y responsables les huyen a la actividad política en esta nación.  No es por causa de incapacidad, o falta de deseos de servir.  Precisamente, no hace mucho que uno de los aspirantes a dirigir próximamente los destinos del país, dijo en su  tono campechano acostumbrado que, “él había hecho un cursillo de sinvergüencería, para poder incursionar en la política interna”. ¡Que esperanza”!

 

Entonces, el sentido del refrán argentino que encabeza, cae en este país como anillo al dedo, en ese el orden; y, ¡a eso es que se le huye!; al que se les confunda con todos estos políticos desaprensivos y busca cuartos; lo cual, no es lo más aconsejable, aunque se esté pensando en servir a la República.

 

Eso, amén de la falta de conciencia ciudadana, que no permite al pueblo valorar los recursos aptos y apropiados de que dispone para representarle y dirigirle; inclinándose sólo éste – la gran mayoría – por aquellos que están dispuestos a ofertar a la gente un pica pollo, un frasco de ron, o RD$500.00, para comer malo durante uno o dos días, a cambio del voto a su favor.

 

Hasta que esa actitud pueblerina no cambie, y se trate de inducir a los buenos y capaces dominicanos, para que se lancen al ruedo político nacional, a participar en los procesos de escogencia presidencial, esta nación seguirá siempre cuesta abajo. O que, por hastío o cansancio, surja aquí un osado “coronel que se quiera casar con la gloria”, como decía el extinto doctor José Francisco Peña Gómez, y trate de agarrar el toro por los cuernos,  procurando reorientar la República por caminos prometedores de sosiego económico y seguridad ciudadana.

 

¡El pueblo es quien tiene entonces, la última palabra!

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

Otra muestra pesada del descalabro social dominicano

¿A dónde habrá de llegar esta nación, de no aparecer uno – mandatario – no comprometido, que trate de ponerle del cascabel al gato?  Es que vamos siempre de escándalos en escándalos, con tipificaciones diferentes, sin que en realidad se advierta voluntad política de enmendar nada; de controlar las embestidas vehementes de las aguas tan peligrosas en movimiento, que bien podrían desbordar la copa de la paciencia ciudadana, y dar al traste con el exiguo clima de paz social que aún se tiene.

 

Si el descuido continúa de tal forma, pronto correremos el riesgo de que el país sea procurado y colocado en un amplio furgón de carga, para transportarlo hacia otra parte del Continente, por los nuevos propietarios: grandes capitalistas extranjeros, prestamistas de ultramar; o, jerarcas del negocio de las drogas.

 

Ahora explota un nuevo escándalo, de envergadura  considerable en la República.  Según el presidente del Colegio de Abogados nuestro, señor Diego José García, dentro de la nómina de la institución, hay más de 7,000 abogados que poseen cédulas falsas, o con irregularidades en las numeraciones y los nombres de los poseedores, por lo que sus datos difieren notablemente, con los  que aparecen en los expedientes individuales correspondientes.

 

Esa preocupante información viene, a completar el descrédito denunciado el pasado año, respecto de que, 3,000 abogados adscritos a esa organización, eran ilegales; declaración proveniente de la misma fuente, a la que ahora hace mención en su editorial, uno de los medios escritos locales.

 

Si eso en verdad es así, habrá que pensar entonces, en manos de quienes está aquí el auxilio y concurso que debe recibir la justicia dominicana, de parte de los profesionales del Derecho en ejercicio, actores muchos ilegales; cuando no, con un falseado, alterado, o irregular documento personal tan importante, como lo es la Cédula  de Identidad y Electoral.

 

Evidentemente, son muy pesadas esas denuncias, de las que se desprenden una serie de inquietudes por satisfacer; entre ellas, ¿y cómo consiguieron esas personas el exequátur que les autoriza a ejercer dicha profesión, en ambos casos? ¿Fue que no hubo ningún tipo de investigación previa en cuanto a la moralidad exigida, estudios cursados, como sobre el perfil ético atribuible a las mismas, y que deben observar?

 

Debido al proceso regular, y legal por tanto, establecido para tales fines, es lógico suponer que, ahí no sólo intervinieron los supuestos abogados infractores o “descuidados”. Pues, para las posibles falsificaciones o inobservancias verificadas, que en el presente se denuncian, se necesitaba del concurso de otras personas o autoridades influyentes.

 

Pero, más grave se reporta aun, el hecho de que, no se haya producido una publicación formal con los nombres de todos esos “agraciados”, que de seguro andan  por ahí, paseándose por salas de justicia o tribunales del país, y engañando a la gente; o, tratando de comprar sentencias.

 

Sin embargo, algunos procuran crucificar al jugador de Grandes Ligas, Leo Núñez, por gestionar una falsa documentación para cambiar su verdadero nombre, Juan Carlos Oviedo, probablemente buscando mejor sonoridad, o simplemente no le gustaba el original, como ocurre con muchísimas personas; pero que lo hacen, llenando los trámites legales correspondientes.

 

El caso de ese muchacho, de seguro humilde, y sin ninguna formación académica, no es el primero que aquí ocurre; precedentes hay muchos.  Es que se dejan influenciar por los busca cuartos que les reclutan, y les consiguen las contrataciones con los equipos del baseball profesional. Y, como es lógico suponer, ellos acceden a cualquier cosa, movidos por las apetencias económicas.

 

Ahora, en términos comparativos, con relación a las acciones delictivas que movieron, o que fueron fruto del descuido de esos abogados que se denuncian, gente con preparación académica y conocedores de los actos fraudulentos en los que  participaban, o podrían estar incurriendo, detectables en el futuro, se supone, y que hoy salen a la luz pública, de acuerdo con las declaraciones del presidente del Colegio que les agrupa, como a través de las reseñas aparecidas en la prensa local, las faltas de esos analfabetos peloteros, que se cambian, no sólo los nombres, sino también las edades, aunque claro está, también constituyen  algo ilegal, resultan de poca significación, ante aquella monstruosidad de los letrados.

 

A raíz del gran escándalo suscitado, se habla en estos momentos de que, “El Ejecutivo depurará exequátur de abogados”, como noticia de primera plana aparecida en un medio local de comunicación. Como se sabe, para el otorgamiento del mismo – autorización de ejercicio -, se requiere la recolección de todo un legajo de documentos depurados, que incluye  la Cédula de Identidad y Electoral, como una serie de certificaciones expedidas, respecto de las personas de que se trate. Ojalá que el asunto no se quede ahí, sólo en anuncio, como de ordinario es lo que aquí se estila, cuando de  cuestiones de peso se trata.

 

 

Que en realidad se investiguen a fondo las denuncias hechas con respecto a los “jurisconsultos”,  enganchados y falseadores; muchos de ellos “embogados”, como diría el extinto humorista “Tres Patines”; peores que los delincuentes que ellos defienden, de ser así los comportamientos que observan. Y, probablemente hasta con títulos no auténticos algunos, como ya trascendió; que sean traducidos a la justicia, para que se ventilen sus casos en los tribunales de la República, por ser lo que procede; y, se les apliquen las condenas que correspondan; conjuntamente, con los cómplices envueltos, que de seguro los hay.

 

¡A cargar con las cosas pesadas que nos afectan; no sólo con las de poca significación!

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

 

Donde las leyes sólo existen en papeles, ¡todo se puede!

La situación de incertidumbre, desasosiego, desconfianza e inseguridad, en que desde hace ya bastante tiempo vive la sociedad dominicana, a nadie debe extrañarle; pues era algo, que hasta un ciego le veía venir, con poco apuro.

 

Ningún país, en el que sólo rija la politiquería comercializada, la corrupción estatal, y la propensión a la hipoteca de la soberanía nacional, puede salir a camino; y mucho menos, agenciarse la paz y la certidumbre en todos los órdenes, a que aspiran sus ciudadanos.

 

Y es que, con la incidencia tan significativa de esos tres factores altamente lacerantes, el caos, la ilegalidad, la desaprensión, el tráfico y consumo de drogas, el robo, el delinquir como costumbre, al igual que la falta de justicia, en términos de administración y aplicación, siempre estarán presentes.

 

Este es un país, en donde sólo se tienen leyes en abundancia, para adornar libreros y anaqueles.  Muchas, porque  ya resultan obsoletas; otras debido a que son inaplicables ­- dictan bastante de nuestra idiosincrasia y condición como sociedad -. Y, las que eventualmente se manosean con frecuencia, encuentran muy pocos actores aptos y dignos de confianza para su administración y aplicación, ya que en su gran mayoría, están alienados por el sistema de justicia ineficiente y corrompido que se gasta el país.

 

Por la ocurrencia de uno de los más connotados hechos de sangre recientes, que ha conmovido a la ciudadanía, es que ha salido a relucir con vehemencia poco acostumbrada, el gran negocio ilícito que se tiene en el país, con la venta de piezas usadas, provenientes de vehículos robados; llegándose al extremo de, matar a los dueños por encargo, para sustraerles sus automóviles de cualquier marca o modelo, y luego recibir el pago acordado de parte de los mandantes – vendedores de componentes y accesorios -.

 

Pero, sucede y viene a ser, que esa práctica de ofertar piezas robadas y adornos de automóviles, es muy vieja aquí; y, se hace con tanta libertad que, luego de sustraídas, se exhiben públicamente, sin el menor reparo, y ante la vista indiferente de las autoridades policiales, que con frecuencia circulan por los alrededores de los negocios envueltos en la dolosa actividad comercial.

 

Muchos dueños de vehículos incluso, cuando les son robados aditamentos fácilmente desprendibles de los mismos, salen a comprarles por determinados sectores exclusivos de la ciudad, ya conocidos; y en ocasiones, se encuentran hasta con los mismos de su propiedad, que les son ofertados,  y tienen que adquirirlos de de nuevo. Sin embargo, las autoridades no se habían enterado, al parecer de esa práctica, hasta que, según se ha dicho, le tocó el asunto a uno de su sector, y de muy mala manera por cierto.

 

Sólo hay que pasearse por algunas calles y avenidas de la capital, para advertir la proliferación exagerada de ese tipo de negocios; y reparar, en que algo muy turbio se debe mover alrededor de los mismos; que todas esas piezas y suplementos vehiculares que se exhiben no pueden ser importados; que otra cosa tiene que estar moviéndose obligatoriamente.  Claro, como hay refrán muy viejo que dice: “que no hay más ciego, que el que no quiere ver”, es previsible la indeferencia.

 

Eso es algo casi similar, a lo que viene ocurriendo con las tapas metálicas de las alcantarillas callejeras y las verjas de algunos lugares públicos, que se las roban a plena luz del día, dejando abiertos todos aquellos hoyos peligrosísimos para los peatones y vehículos que circulan por sus vías de tráfico,  y las aceras; como, algunas zonas de alto riesgo al descubierto.

 

Luego, ¿cuántos negocios no hay aquí, que venden hierros usados?, y hasta que los exportan Y, ¿quién se interesa en preguntarse y averiguar de dónde se suplen?  Quizás, cuando algún funcionario de alto nivel, o cualquier familiar de estos se accidente en uno de esos hoyos destapados, o áreas descubiertas, de forma desaprensiva a todas luces, se proceda como ahora, a darle publicidad también, y hablar de las medidas correctivas que se imponen.

 

Y es que, como aquí se tiene la percepción de que las leyes, y sus correspondientes mandatos de  aplicación, sólo existen en papeles, y más cuando hay buenos padrinos o canchanchanes políticos en disposición de intervenir, esas normativas merecen poca observación ciudadana.

 

Es por ello que, de seguro dicen los agentes a quienes les corresponde la interdicción y la supervisión en ese orden, que devengan míseros salarios,  que a penas les permite subsistir malamente, ¿y para qué voy a mirar, corriendo riesgos de consideración?  ¡Yo ni la vide!, como se usa en el argot campesino nuestro, y siguen tranquilos por sus caminos.

 

 

Rolando Fernández

 

 

El gran negocio de los partidos políticos se amplía cada vez más

Según una publicación de la prensa local, unas ocho (8) nuevas organizaciones políticas aspiran a ser reconocidas por la Junta Central Electoral, de cara a poder participar en los próximos comicios presidenciales del año 2012. (Véase periódico Listín Diario, del 20-9-11, página 5ª).

 

Según la información contenida en la reseña periodística, de aprobarse el reconocimiento a las solicitantes organizaciones, el número de partidos – jugosos negocitos -, a competir en el torneo venidero, sería de 35; lo cual, si no es un buen record, constituye un magnífico average.

 

Eso significa que en politiquería, como en la búsqueda de dinero fácil, “sí es que vamos pa’ lante”, como reza un famoso eslogan político. Ya que, cuando se logra insertarse en la nómina de la Junta Central Electoral, para el otorgamiento de recursos financieros a utilizar en el proselitismo y las francachelas de campaña, las figuras más representativas de esas organizaciones, se inmediato comienzan a enriquecerse a costillas del pobre pueblo; ¡sin trabajar!

 

Cuando eso se produce, se acabó la vida laboral; se comienza a discursear por doquier; a pagar cajas de resonancia; y, a darse baños transitorios de pueblo, aunque luego haya que bañarse muy bien, con bastante jabón de cuaba, y desinfectantes de exquisitos aromas.

 

Pero además, las falsas promesas nunca faltan, antes los ingenuos que se convierten en las seguras víctimas. Y, en el caso de que se advierta la imposibilidad de lograr el triunfo electoral, entonces se procede al negocio de las alianzas con los partidos del ruedo que tienen mayor empuje, concertando los seudos líderes posiciones en el tren gubernativo futuro, de las cuales tratarían de sacar el mayor provecho económico posible. ¡Es un  negocio redondo el que se tiene!

 

Habrá que seguir entonces, imponiéndole mayores cargas impositivas a la población, para solventar los gastos improductivos de las nuevas, como de las próximas entidades políticas que se logren organizar, y que luego se les otorgue el reconocimiento legal a que siempre aspiran, como es lógico.

 

¡Nos salvamos!; pues ya aquí, sólo se piensa en engancharse a político, y a crear un partido; estudiar mercadeo; o, hacerse pelotero.  Las formaciones profesionales – aquellas de gran valor utilitario -, en las diferentes disciplinas o ramas del saber técnico-científico que se necesitan en país, están de capa caída; se han ido dejando de lado.

 

En un futuro no muy lejano, sólo tendremos en esta nación, abundantemente, políticos-comerciantes, astutos y demagogos, para seguir dirigiendo los destinos nacionales; mercadólogos embaucadores, con la misión  de vender las falsas imágenes personales de aquellos; al igual que, productos diversos en el mercado, de mala calidad; También, una gran camada de peloteros, para que el Gobierno tenga que seguir acondicionándoles anualmente, tanto a ellos, como a los dueños de los equipos, los estadios del país en que se juega; el escenario para la realización de su fabuloso negocio otoño-invernal.

 

¡”Excelente triángulo”!, políticos, mercadólogos y peloteros.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

Entre delincuencia, criminalidad, política y discursos

Mientras resulta una tortura aquí,  el hojear las páginas de los periódicos nacionales, y reparar en los tantos titulares y las reseñas que aparecen publicadas sobre la criminalidad y los actos delincuenciales entre los que se debate el país, nuestra mayor autoridad, dedica parte del  escaso tiempo de que normalmente dispone un presidente, a sus actividades de magnifica oratoria, ahora a nivel internacional, en otra de las  majestuosas  “Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), “discurseando” sobre su iluso proyecto de combate a la especulación financiera mundial, relativa básicamente al petróleo, y a los alimentos que demandan las sociedades en general.

 

Esa es una aspiración que, por más humanitaria y solidaria que parezca, independientemente de quien sea el ideólogo y promotor original del proyecto, luce imposible en el marco del actual sistema económico capitalista, especulador y subyugante de los más pobres.  Sería como estar tirándole piedras a la Luna; a menos que, se procure en adición, y con voluntad férrea, un cambio en el modelo de comercialización imperante a nivel global, lo cual no resultaría muy fácil.

 

En relación con la temática además, la pregunta obligada que se desprende en el mismo tenor de la solidaridad sin fronteras, como enmendadora, en cuyos pronunciamientos y muestras de apoyo,  luce que hay un aspecto muy importante que se está dejando de lado, y que es, el relativo a lo interno de cada país, como por ejemplo la República Dominicana, ¿qué es lo que se va a hacer al respecto? ¿Cuáles serían las medidas conexas a introducir, de lograrse la cooperación de los grandes productores y  capitalistas internacionales?

 

Pues, de todos es conocido que, una gran parte del flagelo especulativo que lacera de manera significativa la economía de la gente  en las naciones tercermundistas, no es importada; y que su base principal está a nivel local, por ser producto de las apetencias políticas, la falta de institucionalidad interna, como de la corrupción estatal fehaciente.

 

Pero además que, aquel factor de ultramar que se procura combatir, gravita de manera concomitante con  las actitudes nacionales de especulación; que ambos en conjunto limitan, sobremanera, el poder adquisitivo de las personas; y que como es obvio, les impiden satisfacer sus necesidades más perentorias, lo que hace que en parte contribuyan con la realización de los hechos delincuenciales y criminales, que vienen provocando una inseguridad ciudadana extrema, como es en el caso la nación dominicana. Luego, ¡el enfrentar la una solamente en el exterior, no haría disminuir la otra! ¿Por qué no reflexionar sobre eso?

 

De igual forma, resulta más que cuestionable que, en tanto ese estado de incertidumbre y desasosiego – delincuencia y criminalidad provocada  por varias razones, incluyendo la que ahora motiva -,  arropa  la República a  nivel general, y se expande muy a la vista de todos los políticos nacionales, ¡el caso es omiso!; debido a que, estos se encuentran dedicados totalmente, o imbuidos en sus campañas, como haciendo los amarres correspondientes a su entender; creando más “ventorrillos” politiqueros; procurando reconocimiento ante la Junta Central Electoral; y, buscándosela, como se dice en buen dominicano. ¡Habrá que clamar al cielo para que intervenga!

 

Claro, lo que a ellos menos les preocupa son las situaciones calamitosas por las que atraviesa la población.  El objetivo de la mayoría es llegar a la meta, para seguir administrándole al país la misma medicina, ¡y nada más!; mientras que a otros, sólo les interesa su proyección internacional para el futuro. ¡Que bien!

 

Rolando Fernández

 

División del país en peledeístas y corruptos

Un otrora líder, y zorro político, bastante conocido por cierto, que como gobernante se gastó este país durante más de dos décadas, hacía uso con frecuencia del refrán popular aquel que reza: “si quieres conocer a fuluanito, dale un carguito”, cuyo sentido entendía estar muy acorde con la idiosincrasia de los dominicanos,  de la cual éste era bastante conocedor.

 

Aunque el destacado dirigente, con grandes dotes como persona, y vasta experiencia estatal, que se les deben ser reconocidas, al margen de toda simpatía partidarista, y respecto del cual se dice que, “conocía al tuerto durmiendo y al cojo sentado”, difícilmente erraba en sus apreciaciones con relación a los demás; y más aun, si éstos se manejaban dentro del entorno político nacional.

 

A raíz de su decadencia natural por razones de salud, y durante uno de los procesos electorales tendentes a sustituirle, los que nunca habían tenido la oportunidad de gobernar, y que por tanto, desconocían las actitudes latentes que despiertan en algunos individuos el disfrute de las mieles del poder, osaron dividir el país, y así lo proclamaban dentro de la efervescencia proselitista, en “peledeístas y corruptos”.

 

Claro, aquí la mayoría de los políticos corruptos estaban sindicados, incluyendo algunos tránsfugas que buscaron abrigo y protección de inmediato dentro del mismo partido morado,  a través de los cuales se habían verificado ya los efectos de “darles un  carguito”, que era una de las herramientas evaluatorias utilizadas por el Dr. Joaquín Balaguer, para conocer y discriminar entre sus colaboradores más cercanos.

 

Hoy podemos ver con claridad meridiana que, luego de que las riendas del país fueran empuñadas por los noveles y alienados políticos, comerciantes más bien de la disciplina, sin tener jamás como cabeza a un verdadero estadista, del color que fuera, la división demagógica aquella de la nación, desde hace ya un buen tiempo – más de 10 años -, no puede hacerse, ni  aun bajo ese calificativo.

 

Lo que sí, bien hoy se puede notar es que, la gran mayoría somos corruptos, desaprensivos y antinacionalistas; serviles incondicionales de los poderes fácticos locales, y de los injerencistas extranjeros, que tratan de subyugarnos cada vez más, a través de los empréstitos condicionados que nos otorgan, con el beneplácito de los que “hipotecan” la República, sin reparo alguno.

 

Se acabó el proclamar la separación; el sofisma del nacionalismo; como, la mal llamada liberación, por parte los falsos dominicanos “encaretados”.

 

La sentencia a que recurría el viejo zorro, ya desaparecido, aquella de “dar  un carguito para conocer”, aún mantiene intacta su vigencia.  Pues, sólo hay que ver, en tantos que hace poco tiempo eran unos desarropados por completo, que hasta tenían que pedir un pasaje de carro público para poder transportarse, las actitudes de prepotencia que observan a la fecha, amén del poder económico que ostentan.  ¡Dejaron de ser pobres, para convertirse en potentados!

 

Los carguitos en que se han designados, pusieron en evidencia sus mañosidades y apetencias latentes. ¡Penosa realidad, que tanto lacera a la nación dominicana!

 

Rolando Fernández

 

 

 

¡Cuanta demagogia; cuanta papelería; cuantos lambones!

Durante los procesos electorales en la República Dominicana, es cuando más identificaciones personales se producen.  Tan pronto el precandidato más representivo de un partido, de los llamados mayoritarios, logra ser proclamado oficialmente a la presidencia del país, y más aun si le ven posibilidades de triunfo electoral, comienza el desfile de los trepadores, oportunistas y lambones a su alrededor, aunque antes de, hayan despotricado contra el mismo. Se olvida lo pasado;  ¡cuanta hipocresía!

 

Ahora, podemos ver como las abrazaderas, loas, y las posibilidades de alianzas, colman las páginas de los periódicos locales. Y todo, por seguir engañando a este pueblo, entre algunos; mientras otros además, buscan el apañamiento necesario y la impunidad apetecida, respecto de sus malos actos anteriores.

 

Así es como funciona la política en esta nación dominicana, disciplina en que la seriedad y el buen deseo de servir al pueblo se han perdido; en la que sólo prima la retórica bien orquestada, como también la burda demagogia para engañar a los votantes.

 

Sobre don Hipólito Mejía, y el licenciado Danilo Medina, que son los candidatos a la presidencia con mayor posibilidad de triunfo, de cara a los próximos comicios del  año 2012, al parecer, se habla en estos tiempos como los eventuales héroes para dirigir los destinos nacionales, a partir de agosto próximo.  Se olvidaron por supuesto, las calificaciones pasadas con respecto a  ambos, entre ellas los improperios personales.

 

Es una lástima que, dadas esas circunstancias tan recurrentes, a muy pocos dominicanos se les esté ocurriendo pensar en el país y sus inciertos derroteros; lo cual, como es obvio, ameritaría ya el procurar candidatos idóneos fuera de los partidos tradicionales, con improntas de gestión más que conocidas, y altamente lesivas para la nación por cierto;  que requerirán de arduas tareas reparadoras por realizar, como de patriotismo extremo, para poder ser borradas aquellas de todo el ámbito del desenvolvimiento republicano, y de la convivencia nacional. ¡Enmendar de manera efectiva tantos despropósitos!

 

Aquí se tiene que ir  aprendiendo a dejar de lado, y el hacer caso  omiso al lambonismo, como a las falsías inductoras que se tratan de vender durante las campañas electorales.  De lo contrario, jamás podrá este país salir del atolladero en que se encuentra, producto de la desaprensión con que se vienen dirigiendo los destinos nacionales.

 

¡La próxima prueba ya está bastante cerca!

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

La crisis económica uasdiana se agudiza cada vez más

A todos aquellos que nos duele la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), por haber estudiado allí, y recibidos como profesionales en la misma; al igual que, por tener otro tipo de relación muy cercana con ésta, desde hace ya algún tiempo nos viene preocupando la acostumbrada crisis económica, dentro la cual  continúa debatiéndose la entidad, cada vez con mayor gravitación sobre su diario quehacer.

 

Y es que, no hay un espacio de tiempo libre de esa condición apremiante, que por lo regular conduce a desordenes estudiantiles, debido a algunas limitaciones que afectan a los alumnos; a paros de profesores, como a interrupciones laborales de carácter diversos, que indiscutiblemente afectan la calidad docente, al igual que, la propia imagen pública de la academia estatal.

 

Lamentablemente, esa es una situación que data desde hace muchos años, y que tiende a agravarse con mayor ahínco, cuando se produce un cambio de autoridades superiores, ¿por qué?, provocando un oscurecimiento mayor en aquel panorama de formación profesional, que se torna más contraproducente cada día, respecto de su rol formativo, y riesgoso como es natural, en términos de un eventual cierre temporal del centro de altos estudios, durante el cual se deban hacer las revisiones y evaluaciones pertinentes, a los fines de introducir cuantas verdaderas reformas resulten necesarias.

 

Es obvio que, no se puede continuar trabajando bajo un estado de incertidumbre y ahogamiento financiero tal, que con todo el acontecer uasdiano interfiere; que en nada favorece a la Universidad como institución, ni a los que allí tratan de formarse profesionalmente.

 

Ahora, si bien es cierto que, se está en un apremiante estado de crisis allí, y de que el Gobierno debe procurar ir en su auxilio lo más rápido posible, no es menos cierto que, las causas reales que provocan esa situación calamitosa, tienen que ser determinadas con voluntad de enmienda efectiva, y combatirlas en su mismo origen.  No es estar proclamando reformas estatutarias, y aéreas muchas, que nunca se van a concretizar en realidad.

 

Todo el que tiene la oportunidad de interactuar a lo interno de esa academia, y repara sobre como allí se opera, donde incluso muchos profesores alegan, que reciben descuentos indebidos o injustificados en sus estrechos salarios, para poder completar la nómina de pagos en su totalidad, o cubrir otras necesidades rutinarias, frente al despilfarro de recursos evidente que se observa, en actividades improductivas por completo, como por ejemplo, es el caso de los costosos viajes al exterior por parte del funcionariado, que en realidad ningún beneficio aportan, tiene concluir pensando que los augurios son funestos para la entidad.

 

Pero además, que existen otros factores muy lacerantes que afectan a la institución, como son: el clientelismo político, y las reciprocidades de apoyo a las candidaturas que se presentan para dirigir; el grupismo que en todo media; el populismo extremo enraizado, como  los dañosos excesos de democracia que imperan; y que, en base a estos últimos, se tiene una apertura improcedente, que debe ser controlada a como de lugar, por el bien de esa ventanilla de estudios para los jóvenes pobres del país, realmente interesados.

 

Los estudiantes y seudos estudiantes que asisten, o tratan de ingresar en esa Universidad, tienen que ser discriminados, en el sentido de una correcta y oportuna evaluación de orden formativo y económica, para no estar invirtiendo recursos en materias primas que no proveerán de producto terminado alguno en el futuro; como tampoco, el estar financiando por igual, a todos aquellos que pueden pagar, y no lo hacen, lo que les alienta a no dedicarse a sus tareas de formación como debe ser; ¡la toman como un relajo!, por el poco costo que les representa.

 

La masificación estudiantil uasdiana, tiene que ser regulada y sometida a los niveles de exigencia que impone la educación superior.  Ya no se puede continuar con esas facilidades de que allí se inscriba todo el que quiera – sin reunir condiciones -; pagar simbólicamente por los créditos de las asignaturas que mal cursan; y hacer cuanto les venga en gana, sin observar en ningún momento el comportamiento debido; como el ostentar, el sentido de responsabilidad obligatorio con que se debe actuar como alumno del centro.

 

En la UASD, se tiene que gerenciar en todos los sentidos.  De lo contrario, la crisis se seguirá profundizando, aunque fluyan mayores recursos estatales hacia la misma.  Estos nunca alcanzarán, mientras no se trate de combatir las reales causas que se encuentran en la base de las marcadas deficiencias económicas con las que tiene que estar lidiando siempre; y claro, reclamando en adición,  la entrega de mayores recursos estatales.

 

¡Hay que aplicar allí, lo que se trata de enseñar!

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

El costo de la democracia mal asimilada

Dicen algunos estudiosos de las temáticas complejas, que la mejor forma de explicar determinados asuntos de esa naturaleza, que  se tornan en ocasiones muy abstractos, es a través del simbolismo y la ejemplificación.

 

Aunque muchos probablemente no lo entiendan así, el sistema político de la llamada democracia representativa, tiene algo de abstracto en la asimilación de su verdadera esencia y aplicación, por lo que tantos gobernantes y gobernados bajo dicho esquema de mandato y convivencia ciudadana, tienden a confundir las prerrogativas y las aperturas que le caracterizan con el libertinaje, y el dejar hacer sin control.

 

La mejor analogía que se puede hacer a manera de ejemplo, es la de una familia biológica con varios miembros, donde todos mandan, respecto de una sociedad cualquiera, en la que rija, mal concebido, dicho sistema.

 

Si en ambas organizaciones todas las personas tienen derecho a disponer a voluntad, y así lo hacen, el caos no tardará en producirse.  Siempre tiene que haber entonces, una dirección suprema que se respete; que se le escuche en todo momento, principalmente, en los de confusión e inestabilidad.

 

Hay que imaginarse por tanto, lo que puede ocurrir a nivel de un amplio conglomerado social, cuando se irrespeta la institucionalidad y el orden; en el que todo el mundo quiere mandar; donde no se observan los deberes ciudadanos abstractos que impone la democracia; y por consiguiente, ésta se concibe y se reporta como un libertinaje consentido.

 

Lamentablemente, eso es lo que ha venido ocurriendo aquí desde hace ya varias décadas, originándose esa situación a partir de la caída del régimen dictatorial de Rafael Leonidas Trujillo Molina, cuando este país saltó súbitamente, de un gobierno de fuerza, controlador en extremo, a una época de libertad desmedida, sin conciencia ciudadana alguna, en términos de las responsabilidades que se deben asumir, como de los  comportamientos a observar requeridos, por parte de algunos mandatarios que les ha tocado dirigir, y de la población en sentido general.  Fue tal cual el asunto, el preso que se integra a la sociedad, sin una preparación o condicionamiento mental previo.

 

Desde ahí fue que arrancó el gran problemazo nuestro de hoy; suplementado posteriormente, con una penetración cultural distorsionante extrema, básicamente de las juventudes generacionales siguientes; al igual que, con la corrupción estatal rampante, sin control ni punición alguna, que se ha venido verificando en el país desde entonces.

 

Ese es el precio, de lo que en el presente se está pagando en esta nación; el de una democracia mal asimilada, con sus efectos lesivos secundarios, como esos de la delincuencia, la criminalidad, el tráfico y consumo de drogas, y el burdo negocio de la política partidarista, entre otros.

 

La verdadera democracia conlleva determinados aspectos que se pueden considerar realmente abstractos, a nuestro humilde entender, y que nunca deben dejarse de lado; ya que, la inobservancia de los mismos podría lacerar significativamente a los pueblos, aun siendo éstos sutiles, por estar ligados a los niveles de concienciación que se imponen, para que el sistema pueda prosperar.

 

No puede haber democracia efectiva, sin la debida plataforma concientizante ciudadana previa.  Además, según algunos historiadores consideran, y así lo han determinado, el tiempo promedio para que los pueblos como el nuestro tengan que retornar de un nuevo a un régimen de fuerza, a los fines de  una recomposición conductual de la sociedad necesaria, después de haberse liberado de uno anterior, es de 45 años, lo cual significa que nosotros debemos estar aquí muy cerca de se produzca esa predicción, fundamentada en estudios, toda vez que ya han cursado más de 50, después que se produjera ese acontecimiento liberador en la República Dominicana.

 

Más aun es previsible el eventual retorno, cuando son tomadas en cuenta las situaciones últimas que se han venido presentando en el país, y que  podrían bien ser percibidas, como nuncios del cambio pronosticado, que se debe estar avecinando hoy,  lo cual vendría a confirmar tales concepciones históricas. ¡Sólo hay que esperar!

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

La oportunidad hace fructificar como la lluvia

La oportunidad es una de las condiciones fundamentales en todas las cosas.  El obviarla constituye un craso error, al extremo que puede restarle toda confianza y efectividad, a lo que se dice o se hace en determinados momentos. Lo inoportuno, poco efecto positivo reporta; pues siempre cae en un vacío, que de ordinario  suele llenarse, con la incredibilidad y la desesperanza generalizada que reporta.

 

Las actitudes, como las palabras y los hechos inoportunos, muy pocas cosas aportan en la mayoría de los casos; ya que, al producirse antes o después del momento apropiado, el efecto de la intención se neutraliza.

 

El tema viene a colación debido a que, durante las últimas semanas ha estado sobre el tapete el asunto de la delincuencia y la criminalidad que azotan a la sociedad dominicana en sentido general; respecto del cual, son muchas las personas que se han pronunciado, incluyendo al señor presidente de la República, en su condición de mandatario, como de profesional del Derecho.

 

Todos coinciden en señalar como causas principales, por una parte, lo inapropiado que resulta el Código Procesal Penal nuestro, como de igual modo, el denominado Código del Menor, ambos regentes en la actualidad, en relación con las características sociales y la idiosincrasia que, en sentido general, definen a los dominicanos, ya que fueron normativas importadas de otras latitudes, aprobadas e impuestas aquí sin las ponderaciones debidas, por algunos “genios ilusos” y alienados de esos que gasta la nación.  Y, en segundo lugar, las percepciones de lenidad que se tienen con respecto al aparato judicial que impera en el país.

 

Ahora, esas son cosas que, desde hace mucho tiempo, a pesar de la tozudez de los profesionales nuestros del Derecho y de algunos políticos que engendraron y vendieron la idea de la aplicación de esos códigos, copiados de otras naciones, que resultan tan distantes de la realidad nacional, pudieron haberse discutido, analizado y tratado de enmendar, como parece ser que en estos momentos habrá de procurase, cuando sus efectos nocivos se dejan sentir con mayor intensidad; en tiempos en que apremiarían las decisiones correctivas de lugar..

 

Pero ocurre que,  en un contexto político-social desfavorable, como el que se tiene en la actualidad, para lo que sería una labor tan ardua y cuidadosa como ésa, todo luce indicar que es muy poco lo que se podrá conseguir, hablando en términos de realidad efectiva.

 

Aunque nunca es tarde para enmendar, si hay voluntad claro, es obvio que, probablemente, este  sea el momento menos oportuno para esos aprestos, cuando tantos propicios han habido con anterioridad, debido a que nos encontramos en tiempos pre-electorales, en los que el proselitismo ocupa la mayor parte de la actividades; amén de la ponderación permitida de los riesgos probables, en cuanto al costo político de las decisiones a adoptar se refiere.

 

De ahí el que, difícilmente, algo realmente cambiante-correctivo se pueda lograr en ese tenor, hasta tanto no culmine el próximo torneo de elecciones presidenciales del año 2012, a pesar de los pronunciamientos y aspavientos, que en el orden de lo que se trata, hoy llenan las páginas de lo periódicos locales.

 

Y si algo se puede hacer, sería un “juyendó coyuntural político más”, de esos que aquí se acostumbra, para bajar el nivel de las aguas sociales momentáneamente, como entretener a la población.  Probablemente, con remiendos apresurados a normativas legales de esa naturaleza – tan delicada -, lo que podría ocurrir es que la cuestión tienda a dañarse más aun.

 

Esas revisiones y modificaciones, que en el presente mueven a preocupación aparente, bien pudieron haber sido solicitadas y presentadas ante el Congreso Nacional, anteriormente, aprovechándose incluso la mayoría congresual del partido oficialista; y sin embargo, ¡no se hizo!

 

Entonces, por lógica, sólo quedaría preguntarse, ¿por qué ahora?, como dice una viaja canción.  ¡Se dejó madurar el fruto!; lo “carburó” la falta de oportunidad en procurar las acciones relativas pertinentes.

 

En consecuencia, lo que más procedería en estos momentos, sería el buscar procedimientos alternativos jurídicos, o de otra índole, para tratar de contrarrestar la problemática transitoriamente, dada la situación apremiante que se ha presentado. Y luego, proceder con la calma, el sosiego y la profesionalidad que se imponen, sólo pensando en el país, al margen de toda simpatía política, como de las directrices externas que siempre median, a las revisiones y modificaciones que se deban realizar con respecto a los mencionados códigos, como en lo atinente a su administración y aplicación efectiva por parte de las instancias judiciales de la República.

 

¡Todo lo que huyendo se hace, mal queda!

 

Rolando Fernández