¡Eso llora ante la presencia de Dios!

La verdad es que, estar entregando el Estado nacional tantos cuartos a todas estas pandillas de vagos, trepadores, y corruptos, como se hace en Dominicana, agrupados en los partidos políticos del ruedo, provenientes de los gravosos impuestos que paga el mismo pueblo, para francachelas electorales, y que sus más altos representantes continúen haciéndose mayormente ricos cada vez, aun dicho “bojote de billetes” a recibir en su favor, sea dispuesto por una deleznable normativa legal, “es algo que llora ante la presencia de Dios”, como reza una máxima popular.

Es obvio que, esas entidades no son más que lucrativos negocios grupales, comandadas por caciques, que se autoproclaman como líderes, y que son en realidad jefes de tendencias enquistadas dentro de las mismas, e ideadas para catapultar siempre a “padrotes” connotados que allí pertenecen, bajo condiciones reciprocatorias obvias

Como dejan siempre entrever, quieren actuar a la libre, y sin ningún tipo de regulación. Por eso, los miembros del Congreso Nacional, estando conformado de la manera como que se sabe públicamente, por levanta manos, y busca cheles, en su mayoría, han estado bloqueando la aprobación de la Ley de Partidos Políticos local. ¡No van a procurar cuchilla para su propia garganta!

En ese tenor, le rompe los ojos a cualquier persona concienciada, el reparar en una acción que se torna tan inhumana, como descarada, y que invita a una sublevación social en grande, por más aguante que se tenga. Solo hay que detenerse a pensar, en como contrasta la misma con las situaciones alarmantes que se vienen verificando en la mayoría de los hospitales públicos del país, necesitándose allí todo ese dinero presupuestado para campañas y negocios políticos a la clara.

Se están cayendo a pedazos todos esos centros asistenciales, para pobres claro está.  Sus plantas físicas se observan en estado de deterioro alarmante; están sin equipos, y medicinas que ofrecer a los pacientes que los visitan; como, atendidos por cuerpos de médicos más que cuestionables, debido a las miserias salariales que reciben, como los efectos dañosos relativos al marco del clientelismo político en que se desenvuelven de ordinario. Esos, entre otras. Mientras, todos aquellos turpenes politiqueros de los partidos, disfrutan alegremente de los dineros del pueblo, y de la buena vida derivada.

Para muestras del desacierto deleznable por completo, en el orden de lo tratado, algunos “botones recolectados” en varios medios de comunicación bastan. Véase:

Hospital Cabral y Báez de Santiago colapsa y trasladan a los pacientes. (Periódico “Diario Libre”, del 15-3-17).

El Darío Contreras se cae a pedazos (“Hoy Digital”, 18-9-12).

CMD denuncia Maternidad La Altagracia se cae a pedazos (Periódico digital “Acento”, del 30-10-14).

Critican dejadez de autoridades ante precariedades del hospital Ricardo Limardo. (Periódico “El Día”, digital, del  9-2-16.

Y, donde las cosas se ponen más serias, es en otros centros asistenciales en el interior el país, con nombres menos connotados.

Se puede apreciar, que los descuidos y las deficiencias a nivel de los hospitales públicos del país, no es cuestión de ahora mismo, como tampoco lo es la entrega de recursos graciosamente a los partidos políticos locales .

Pero, ¡como aquí na’es na’, y to’ es to’!, los avivatos de la política nuestra siguen defendiendo a rajatabla el derecho que les asiste ante la Junta Central Electoral (JCE) de reclamar sus cuartos no trabajados; como, el defender que esa ley abusadora que les ampara continúe teniendo vigencia por tiempo indefinido. ¡Así es muy bueno!

Ahora, todo ciudadano pensante, y que le duela este país, está conteste con que se tiene que acabar con esa burla tan desagradable e inescrupulosa, aunque haya que doblarse el pulso a muchos de los agraciados que tiene tal disposición, con el agravante de que, a quienes más se beneficia con esas entregas, es a los partidos mayoritarios dentro del sistema, permitiéndoseles comprar conciencias a granel, por el exceso de recursos económicos de que disponen, para competir de manera desigual con los demás, obviamente, y proseguir en el poder, haciendo cuando a ellos les viene en gana.

Sabida es la limitación que tienen las organizaciones políticas pequeñas, que aunque puedan ofertar a la población buenos candidatos presidenciales para dirigir los destinos de la nación, se les hace bien difícil el costear las campañas electorales de rigor.

Desde cualquier ángulo en que se analicen con imparcialidad esas grandes “boronas” otorgadas a las empresas lucrativas, denominadas partidos políticos, la conclusión siempre será que constituyen una burla más a la inteligencia de los buenos dominicanos.

Por tanto, no más cuartos del erario público para dichas entidades, debe ser el consenso de reclamo nacional. ¡Qué cada cual se rasque con sus propias uñas, para alcanzar el poder, y recuperar con creces las inversiones personales que se hacen, como es norma!

Quizás de esa forma, se puedan obtenerse mejores gobernantes, con conciencia ciudadana, como defensores de este pueblo; y, que se conviertan por demás, en guardianes incansables, e insobornables, con respecto a la salvaguarda de la soberanía local.

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

 

 

 

 

 

 

 

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Ese pleito con los médicos debe terminar

 

Sin que esto sea ir en favor de los llamados hoy empresarios de la salud en su mayoría, ya que para nadie es un secreto cómo juegan algunos tantos de esos con el activo más preciado por parte de la especie humana: el bienestar físico y mental de la gente, la verdad es que, esa temática relativa al salario de los galenos en los hospitales públicos del país, y las horas de servicios exigibles, tiene que ser bien analizada y ponderada, discutida ampliamente, sin ningún tipo de retaliación por parte de los sectores envueltos, como al margen de todo ingrediente de naturaleza política.

Pensándolo bien, los profesionales de la salud merecen ciertos privilegios, bien justipreciados claro, durante y después del retiro de su ejercicio, debido a los grandes sacrificios que deben hacer desde que inician sus estudios, que nunca terminan, como la abnegación y responsabilidades que impone su trabajo frente a los congéneres que deben asistir.

Si bien es cierto, que algunos no actúan apegados a la ética que corresponde, y que proceden de manera indecorosa, hasta comercial a la clara en algunos casos, la generalización en tal sentido siempre resultará improcedente.

No todos deben ser medidos con la misma vara por parte de las autoridades gobernantes, como del Ministerio de Salud Púbica, en medio del conflicto que sostienen esos con los integrantes del Colegio Médico Dominicano, como producto del reclamo de una serie de reivindicaciones que viene procurando el mismo en favor de sus miembros componentes, en términos de ciertas flexibilidades laborales a nivel de los hospitales estatales, como de las mejoras salariales entendidas pertinentes. De igual forma, la obtención de pensiones dignas para el tiempo de retiro obligado de las labores facultativas asistenciales.

 

Para nadie es un secreto que los emolumentos económicos que recibe el grueso de los galenos que están en la nómina pública, no les permite costear el esquema de vida familiar y social que les impone su investidura profesional. El mismo debe satisfacer el estado emocional, y de sosiego equilibrado que demanda tan delicado ejercicio, en cuanto a eficiencia médica y oportunidad se refiere.

Y, eso no es posible con los pocos ingresos que se perciben en el sector púbico, teniendo aquellos que recurrir, en un alto porcentaje, a la práctica privada en dos o tres centros asistenciales del área durante el día, y parte de la noche, por lo que se ven obligados a tener que limitar las horas de servicios en los hospitales del conjunto estatal.

Por otro lado, para poder satisfacer el Gobierno las necesidades de salud pública, en el marco de los requerimientos sociales a cargo, tanto éste, como ninguno, puede prescindir de los servicios de los médicos. ¡Siempre todos serán necesarios!, por humanidad y concienciación demandada en cuanto a las asistencias procedentes; amén de que, tampoco se cuenta con disponibilidad facultativa suficiente en ese contexto dentro del oficialismo cautivo, sujeto a recibir órdenes para suplantar a los inconformes en determinados momentos.

Es por todo lo expuesto, entre otras cosas, que el conflicto que desde hace algún tiempo se viene escenificando entre el Colegio Médico Dominicano, teniendo como punta de lanza al Dr. Waldo Ariel Suero, y las autoridades competentes del Gobierno, no puede seguir siendo manejado en base a promesas aéreas, “dimes y diretes”, amenazas, como huelgas en los hospitales, tal la última llevada a cabo en la región Norte del país, verbigracia, con tintes políticos y retaliatorios más que notables.

De esa forma, nada satisfactorio se va a lograr para ninguno de los sectores envueltos; y, mucho menos para la amplia sociedad enferma que tiene este país, que en definitiva siempre resulta ser la mayor perjudicada; la que tanta asistencia y cuidos médicos requiere; que no puede pasar ni siquiera por las puertas de las clínicas privadas, en busca de solución a sus problemas de salud perentorios; y, la cual tan defraudada resulta por parte de los médicos, como del oficialismo presente.

Eso hay que resolverlo con voluntad política y social; mirando hacia dentro del Gobierno, como afuera, reparando en los despilfarros salariales de los tantos ineptos polítiqueros que pseudo ocupan posiciones públicas diversas, entre ellas las congresuales, y municipales, para redistribuir equitativamente los dineros derivados que se puedan economizar, en el sector salud, con incidencia directa hacia los actores de mayor importancia: los componentes del cuerpo médico nacional, sin importar parcela política a la cual se pertenezca.

 

Autor: Rolando Fernández

 

 

Es más barato, y menos riesgoso, prevenir los embarazos indeseados

 

El intrincado asunto del aborto femenino ha vuelto a estar  de nuevo sobre el tapete en nuestro país. Ese ha sido uno de los temas más “zarandeados y cacareados” a nivel de la opinión pública nuestra durante los últimos tiempos. En las ponencias y discusiones inherentes participan siempre renombrados profesionales de la salud, como especialistas connotados en el área de que se trata,  y otros.

 

Nunca falta en adición, el sector de las iglesias en las ponencias llevadas a cabo. Además, intervienen autoridades y congresistas locales, que de eso no saben ni un “pelo”. También, una serie de comunicadores, al igual que gente del populacho, como se dice, sin ningún tipo de conocimientos médicos-científicos, y menos de carácter esotérico-espiritual, que deben ser de bastante ponderación en ese marco, fungiendo a veces como gallaretas pagadas y nada más.

 

De similar manera, forman parte del coro social relativo muchas de las connotadas feministas de nuevo cuño que promueven la legalización de tal práctica; de esas alienadas que integran las cajas de resonancia locales de los injerencistas internacionales en la materia, que vienen tratando de lograr ese objetivo desde hace tiempo.

 

Verbigracia: “ONU pide derogar prohibición aborto”. “Expertos ven graves retrocesos en perjuicio de la mujeres y las niñas”. “Exhortamos a las autoridades dominicanas a derogar las disposiciones legales restrictivas sobre el aborto, especialmente en los casos de riesgo de salud, incluida la salud mental, de…..” (“Diario Libre del 28-7-16, página 21). ¡Por ahí van las locales inducidas!

 

Sí, aquellas que tratan de inducir a las de su mismo sexo, o preferencias asociadas, para que también tengan actividad sexual alegre sin querer parir luego, haciendo caso omiso al refrán aquel que reza: “todo el que anda en la miel algo se le pega”. Y es claro que, en ese sentido los riesgos siempre estarán presentes.

 

La verdad es que, esa es una cuestión que se reporta bastante gorda por las naturalezas que envuelve, tanto social de nuevo cuño (negocio, esnobismo e ignorancia); humana (concepción de preferencia entre la vida de la mujer y la criatura en gestación que se alude); y, espiritual esoterista propiamente (por su connotación en términos de la naturaleza esencial de la especie).

 

De ahí que, será muy difícil que se pueda arribar al tan esperado consenso aprobatorio de la liberalidad propuesta, en cuanto a la prohibición punitiva a que aspiran algunos segmentos nacionales, y los extranjeros injerencistas que participan; o, la permisividad a las feministas, como el libre ejercicio facultativo, con respecto a segar el inicio de algunas corrientes de vida en embrión o cigoto unicelular.

 

Según dice un contado galeno pediatra: “Afortunadamente, ya nadie pone en dudas, que los más recientes avances de la Citología, la Genética y la Biología Molecular, han puesto de manifiesto que el comienzo de la vida humana ocurre en la concepción; es decir, cuando el óvulo de una mujer es fecundado por el espermatozoide de un hombre” . ¡Ahí está todo dicho!; que no es cuestión de inventos la prohibición debida de los abortos.

 

Claro está que, mucho más inmanejable en el marco de la mente humana se hacen los tópicos de ese calibre, cuando tienen que ser legislados, y refrendados a nivel de ambas Cámaras, en un Congreso Nacional como el nuestro, que más bien opera tal una extensión más del Poder Ejecutivo,  que es el receptor directo de las presiones internacionales inherentes en este caso.

 

Evidentemente, ayudan muy poco a decidir en las disyuntivas de esa clase, salas congresuales que, es innegable,  están compuestas por una serie de senadores y diputados carentes de la capacidad mínima requerida en la mayoría de los casos, y que nada más se reportan como levanta manos, come cheques, y “aprobadores” de beneficios en provecho propio. “¡Ese tema tiene una fragancia muy elevada”!

 

Un primer poder del Estado nacional aquí- Legislativo -, con tan gran responsabilidad inherente sobre sus hombros, debería procurar el concurso de profesionales destacados en la materia, como lo es el médico pediatra Freddy Contín,  entre otros, que preparó y publicó un excelente trabajo relativo, en el periódico “Listín Diario”, edición del 26-7-16, páginas 8 y 9ª, bajo el título “ASPECTOS MÉDICOS SOBRE EL ABORTO”, antes de inclinarse a tomar decisiones solo para complacer a grupos y sectores interesados. ¡No hay desperdicios en ese valioso aporte!

 

Siempre ha sido, y aún lo es, que a nada finalmente consensuado, que reporte reales beneficios sociales en el orden de lo que se trata, se va a lograr, en razón de los tantos intereses médicos, comerciales, y políticos que gravitan sobre la temática.

 

Es obvio que, seguirá siempre manejándose ese asunto de comisión en comisión, y puesto en agendas de trabajo, para seguir dándole larga a la cuestión hasta el cansancio. Ahora se plantea, y claro, para diferir el problema se cree, que el tema del aborto tenga su propia ley, dados los inconvenientes que envuelve”. (César Pina Toribio, consultor Jurídico del Poder Ejecutivo).

 

Resulta lógico entender que, desde el punto de vista médico-autoridades, eso (aborto, su  penalización y demás) debe quedarse tal cual ha estado desde hace un tiempo considerable,  incluso con anterioridad a 1997,  en que el proyecto primario de  modificación al Código Penal que fuera sometido por el expresidente Leonel Fernández, en el cual entendemos permanecería intacta la prohibición que ahora se está pretendiendo eliminar.

 

Eso, en virtud de que, todas las disposiciones que se entendieron pertinentes otrora, contenidas aún en la referida pieza legal, que fuera discutida y aprobada cuando esta nación podía contar con congresistas de fuste, sin presiones injerencistas externas, hombres que sabían cuánto les correspondía aportar, y procedían a hacerlo. Además, son cosas que tienen su base en la misma Constitución de la República, cuando establece en su Artículo 37: “Derecho a la vida. El derecho a la vida es inviolable desde la concepción hasta la muerte. No podrá establecerse, pronunciarse ni aplicarse, en ningún caso, la pena de muerte”.

 

Incluso, los mismos protocolos médicos vigentes relativos a ese tipo de práctica que se tienen, deberían ser fortalecidos con la introducción de nuevos aspectos restrictivos, y elementos directos de control, como por ejemplo: la permisividad del procedimiento señalado solo en la condición de las circunstancias excepcionales que obliguen, tienen que estar sujetas a pruebas por parte de las comisiones especiales que al efecto tenga a bien designar el Ministerio de Salud Pública, a los fines de supervisión.

 

¡Difícil tarea esa!, ¿verdad?  ¡Contradecir a un colega, si fuera necesario!  Es obvio que, dificulta más aún la decisión de aprobar el aborto. Pero, sería una manera de contrarrestar un poco las decisiones alegres, y lucrativas por demás, pues algunos  designados oficiales osarían por aquilatar determinados casos, y proceder en consecuencia.

 

Para proseguir con este intrincado problema, preciso es destacar que, cuando se aborda la despenalización de la práctica del aborto, se hace mención con preferencia a los elementos de corte legal, sociales y políticos  correspondientes, obviándose de ordinario en realidad, por hablarse poco, sobre un factor  que probablemente sea el de mayor importancia, por pertenecer al actor más relevante  dentro de aquel tan cuestionado proceso médico: la mujer.

 

Nos referimos a la falta de concienciación femenina, en torno a eliminar del interior del cuerpo de la dama, la nueva vida en gestación que se tiene, para lo cual está siendo utilizado su organismo físico-biológico; y, violentando además un mandato divino a cargo: la co-creación con el Gran Hacedor del Universo; incurriendo en un homicidio voluntario; dejando de lado los efectos derivados en  contra de la salud física, estado emocional, y kármico que se acarrea, cuando se es sometida a tal procedimiento.

 

Con bastante claridad son detallados los concernientes a la primera por el doctor Freddy Contín, en el trabajo de referencia, por lo que tantas abortistas tozudas que se tienen, como alienadas, deberían procurarlo, leerlo, y  reflexionar sosegadamente sobre las precisiones que hace el connotado galeno, para que luego no estén alegando ignorancia. Los del karma tienen que ser investigados en el ámbito esotérico. Corresponden más bien a la “Ley de Causa y Efecto”. ¡Luego se recogerá por lo sembrado en esa línea!

 

Finalmente,  y en correspondencia con lo expuesto más arriba, todas las féminas con proclividad a abortar, deben hacerse antes la siguiente pregunta, ¿qué es mejor, prevenir los embarazos indeseados, o tener que “botar luego la barriga”?, como se dice popularmente.

 

¡La respuesta está contenida en el titular que encabeza, según nuestra humilde opinión!

 

Rolando Fernández

A que pueden conducir los rebotes médicos locales, ¡ojo!

 

En un país como el nuestro, repleto de injusticias, desigualdades sociales por doquier,  y desaprensiones de todo tipo, entre otros flagelos lastimosos que acosan la sociedad, cualquier actitud  retaliatoria pueblerina se torna previsible.

 

Se hace bastante notorio ya aquí, que la gente está cansada de los abusos en su contra, por lo que en cualquier momento podría estar presta a responder de la forma en que se hace con los insensatos, de manera agresiva e irracional por completo, haciendo honor al refrán popular aquel que reza: “que hasta la belleza cansa”.

 

Es obvio que, los procederes de los actores regentes entre nosotros, aposentados dentro de todos los sectores locales, políticos, estatales, judiciales, policiales, empresariales, etc., han rebosado la copa de la paciencia nacional generalizada, con sus acciones desaprensivas y burlonas,  por lo que se viene haciendo  previsible ya, el que la “bomba” pueda explotar en cualquier instante.

 

La lindura insoportable puesta en evidencia últimamente, a raíz del desplante médico que se hiciera a un héroe nacional, en un gesto que bien se puede considerar como impropio a todas luces, e inhumano por demás, a nivel de cualquier sociedad civilizada, ha dejado una vez más al descubierto el desamparo estatal, institucional particularizado, y hasta espiritual propiamente en que vive la sociedad dominicana. ¡Aquí lo congéneres no valen na’ para los regentes, máxime los del  pueblo de abajo!

 

Claro, se ha publicitado tanto en esta ocasión el asunto de los rebotes de pacientes con serios problemas de salud, que no tienen cuartos ni seguro médico, cuando son llevados a las salas de emergencia de los emporios asistenciales del orden, que manejan los empresarios locales de la salud, y demás dueños del pingüe negocio, politizado por demás, al igual que el sistema eléctrico nacional, por  tratarse de la figura envuelta, la de un héroe muy notable de esta Patria, el señor Claudio Caamaño.

 

Lamentablemente, sobre lo tratado aquí, hay mucha gente que no ha estado pensando, en lo que puede suceder a partir de lo expresado públicamente por la señora ministra de Salud en el país, Altagracia Guzmán, como el superintendente de Salud y Riesgos Laborales (Sisalril), y gerente General del Consejo Nacional de Seguridad Social (CNSS).

 

La primera por su parte señaló, entre otras cosas puntuales, “que se trata de un derecho fundamental de las personas contenido en la Constitución de la República y que además se trata de una obligación dispuesta por la Ley General  de Salud (42-01)”. Todo bajo el título “Advierten las clínicas están obligadas a brindar atención”.

 

De su lado, el segundo externó, amén de otras puntualizaciones: “Tenemos que acostumbrarnos a que las leyes, normas y reglamentos son para cumplirlas y que en ningún caso se debe justificar violar algunas de esas disposiciones en contra de los intereses y la vida de algún paciente”. (“Listín Diario”, edición del 29-3-16, página 4ª)

 

Callar la desfachatez en este caso, hubiera sido una desvergüenza más de las autoridades, como de los sectores relativos envueltos, tal de ordinario es lo que se estila al tratarse de un “sin nombre”, un desheredado de la fortuna. ¡Todos guardan silencio por completo, cuando es así! Los envalentonados médicos lo mandan para el carajo, y nada más se entera el afectado directo, o quienes le conducen al centro asistencial.

 

Ahora, reflexionado un poco sobre las precisiones hechas por ambos funcionarios competentes, procede asociarles con este innegable escenario de desigualdades e injusticias de todo orden en que vive el pueblo dominicano, y reparar sobre que, se está promoviendo en esta nación el que la gente se incline por tomarse la justicia por su propia mano, en este especial contexto también: el de lo servicios urgentes de salud negados, como frente a las altanerías e inconsciencia de los empresarios de la salud que nos gastamos.

 

No se puede ocultar más el grado de deterioro progresivo que acusa entre nosotros el estamento más importante que se tiene para elevar cualquier instancia reclamatoria de  la índole que sea. Sí, de tanta trascendencia como lo es  el Poder Judicial, y; asociar tal situación, como es de lugar, con el otro mal proceder concursante, la falta de ética y moralidad de los abogados que ejercen en este país, con excepciones que se pueden contar con los dedos de una mano.

 

Pensando sosegadamente sobre lo que se trata, a nadie le asombraría ver, que el día menos pensado, en que a alguien le reboten a un enfermo, o accidentado de gravedad, en la sala de emergencias de un centro medico asistencial cualquiera, ante la carencia de cuartos para depositar de inmediato, o de un carnet de seguro médico, sabiendo que, por normativas legales es obligatorio recibirlo y prestarle la atención debida, a pesar de, se enfade ante la  negativa, la desatención, como la inconsciencia humana ostentada, y proceda en consecuencia: exigir bajo amenaza cual fuere, el ofrecimiento de los servicios médicos necesarios, sin importar posibilidades económicas limitantes.

 

En ese sentido, y de portar un arma de fuego, u otra cualquiera, hale por la primera, de no ser correspondido, y les entre a tiros a los envalentonados galenos actuantes,  o les lastimen físicamente, con lo que tenga disponible. ¡Se va a producir una desgracia, en el caso de una tozuda resistencia hacia lo asistencial facultativo necesario!

 

¡Qué jamás se ponga en duda esa eventual ocurrencia! Siempre la desesperación es mala consejera. Cuando los hombres (general) se sienten acorralados e impotentes, y presionados por determinadas circunstancias, muy poco se piensa. Se actúa por impulsos irracionales.

 

¡Qué se trate de enmendar esa cuestión de los rebotes médicos! El buen juicio así lo aconseja.

 

Rolando Fernández

 

Sin cuartos ni seguro médico, ¡no le lleven!

Los empresarios de la salud no reciben a nadie en esas condiciones, sin importar que se esté muriendo; que sus minutos estén contados; que sea un caso extremo, en que se requiera de asistencia facultativa inmediata.

 

Los pseudos galenos de ahora, primero ven por la posibilidad de conseguir cuartos para comprar las jeepetas de lujo, que se exhiben dentro de la clase, o la fincas deseadas, Les da en bledo que cualquier corriente de vida humana, afectada en términos de salubridad, cual que sea el motivo, se extinga súbitamente, pudiendo ellos evitarlo.

 

Por eso se integran a las jugosas empresas comerciales llamadas en estos tiempos “clínicas, o centro médicos”, donde,  desde que un paciente asoma a la puerta, ya está debiendo; de inmediato comienzan a facturarle; y, si no ven la posibilidad de conseguir dinero suficiente con él, se niegan a recibirlo.

 

Es que nada más se procuran grandes beneficios económicos, de los cuales a los médicos trabajadores les toca su buena tajada, por los servicios buenos o malos que ofrecen.  La salud de las personas es lo que menos importa.

 

Y es que, en ese sentido,  también tienen licencia para equivocarse en los diagnósticos que hacen, o las medicaciones que administran a los afectados, sin que de ordinario nadie les pueda cuestionar sobre sus ejecutorias, salvos que se produzcan escándalos de consideración.

 

Los médicos en la actualidad se consideran los dioses terrenales. Debido  ello, entre otras “parejerías” notables, hay que esperarles hasta que a ellos les dé las ganas de llegar a los sitios en que trabajan; y,  cuando hacen acto de presencia, se muestran orondos al caminar, trajeados, o con sus batas blancas acostumbradas, mirando a los necesitados de sus servicios que les esperan, por encima de los hombros, como diciendo internamente: ¡cuántos pendejos esperando, qué importantes somos nosotros!

 

Asociado con tales actitudes engreídas, y comerciales a la vez, está eso de no ingresar a gente con problemas de salud, que  no ostente una sólida posición económica, como tampoco porte el carnet de un buen seguro médico. Se le considera no merecedora de atención urgente; y a veces, tampoco para después. ¡Qué se vaya a resolver en otro sitio!

 

En ese tenor, “Clínicas dicen ‘rebotes’ se producen por dinero”. “Las causas reales de esa hostilidad que hay son económicas, no nos engañemos ni tapemos el sol con un dedo”. Rafael Mena, Presidente Asociación Nacional de Clínicas y Hospitales Privados (Andeclip). (“Listín Diario”, edición del 28-3-16). “A confesión de parte, relevo de prueba”, según el argot jurídico.

 

Lamentablemente, son de las cosas penosas y despreciables que a diario más se ven en este país, “y nadie dice esta boca es mía”, como reza el refrán popular. ¡Cruel, el caso omiso que hacen las autoridades oficiales competentes!

 

Los envalentonados médicos que laboran en la mayoría de las clínicas nuestras, incurren en ese tipo de acción como si fuera tomarse una taza de café. A ellos les tiene sin cuidado que el otro se muera; ¡qué se joda el que no pueda estar vivo!

 

Claro, cuando se lo hacen a personas poco conocidas a nivel social, es un acto indebido que siempre pasa desapercibido. Solo los afectados y los familiares, o quienes los lleven al centro asistencial de que se trate, se percatan de la situación. Hay que salir entonces a buscar cuartos “juyendo”, o dejar morir a los pacientes.

 

Ahora, cuando el asunto concierne a la no recepción de alguien con perfil, “nombradía”, o gran connotación ciudadana, tal fue el último caso conocido, ése del héroe nacional, Claudio Caamaño, que tras sufrir un accidente automovilístico de consideración  quedando gravemente afectado, y que a decir de sus familiares, según lo reseñado por la prensa local, tuvieron  que pasearlo por cuatro clínicas para que pudieran recibirlo y atenderlo, a pesar de su delicado estado  de salud, en  otra de las inhumanas faltas en que incurren los centros médicos  locales al respecto, la cuestión llama poderosamente la atención, aun sea de forma momentánea.

 

Se riega la información sobre el evento cuestionable, ese gesto despreciable, como pólvora, y provoca expresiones verbales diversas, al igual que aspavientos reclamatorios grupales, cuyos efectos por lo regular “se quedan en el tintero” del Ministerio de Salud.  Al final, tampoco se hace nada, por lo intocable de los intereses envueltos.

 

¡Diablo!, en qué país vivimos los dominicanos. ¡Cuánta inconsciencia ciudadana, y espiritual por supuesto! ¡Qué falta de autoridades nos gastamos aquí! ¿Y cómo es posible que eso pueda darse? ¡Qué no se aprecie el valor de la vida humana! ¡Qué todo esté supeditado a una fehaciente explotación comercial!

 

Más aún, cuando se toma en consideración que, muchos de los profesionales actuantes en esa disciplina, son egresados de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde pudieron realizar sus estudios de medicina, pagando nada más que  un precio simbólico. La carrera les fue costeada por el Estado nacional.

 

Resulta más que lógico y comprensible que,  cuando de urgentes servicios de salud se trate, no es cuestión de cuartos, ni de adherirse al cumplimiento de cualquier normativa legal vigente regulatoria, como es el caso por ejemplo de la Ley 42-01 (Ley General de Salud), y hasta de la misma Constitución de la República, en lo relacionado, entre otras disposiciones relativas.

 

¡No!, lo que debe prevalecer son, los gestos de humanidad esperados, conciencia,  solidaridad; el ofrecer a todo congénere  el concurso requerido previo; y, hablarse después de dineros, seguros, o lo que sea, para pagar internamientos, honorarios médicos,  etc.

 

En el caso específico de Claudio  Caamaño, aunque se desconocen las verdaderas razones subyacentes, ya salieron a relucir  justificaciones primarias, a los fines de responder a la opinión pública “cuestionadora”; y, posiblemente, para evadir responsabilidades también, en torno a la no recepción requerida del paciente. En los tres primeros centros médicos visitados, como fue lo que se adujo, no había cupo en las áreas de UCI. ¡Eso se torna poco creíble!

 

Según declarara el coordinador médico del Cedimat, Miguel Ángel Russo, ellos fueron los primeros en no tener cupo en la referida área requerida, pero que sí contactaron otros centros asistenciales en busca de ese servicio, teniendo  poca suerte.  ¡Qué coincidencia! ¡Qué tan grande es la demanda de la precitada área!, parece que a nivel general. (Véase “El Día”, del 23-3-16, página 15).

 

A pesar de tratarse del señor Claudio Caamaño en esta ocasión – sobre quien no se necesita hablar mucho -, por lo tantos precedentes que se tienen con relación a lo tratado, no sería osado pensar que en torno a él también pudieron  darse las mismas causas: falta de un sólido  depósito inicial, o la cobertura de un monto significativo por concepto de seguro. Cualquiera se preguntaría, ¿si con un avance económico significativo en las manos, lo hubieran dejado ir?

 

Para nadie es un secreto aquí, que los hombres que han luchado por este país, y que se tienen como héroes nacionales, con muy raras excepciones, no son ricos, como tampoco han recibido el apoyo económico estatal que  merecen en la mayoría de los casos; cuando se han visto bien necesitados.

 

¡Qué las autoridades investiguen a fondo sobre el caso Claudio, es lo que más procede!; para que, de ser necesario, el ministerio competente adopte las medidas de lugar, y se impongan las sanciones requeridas.

 

También podría ser, el que se procuren los acuerdos necesarios entre las entidades todas, dueñas y administradoras del gran negocio de la salud en Dominicana, de forma tal que se le ponga fin a la llamada práctica de los “rebotes médicos” en este país. Preciso es destacar que, el activo denominado vida, se torna irrecuperable cuando se pierde, por lo que se hace obligatorio buscar siempre la manera de preservarlo.

 

Que se determine cuánto pudo haber ocurrido en realidad, con relación al asunto que nos ocupa; qué en verdad motivó el periplo en ambulancia a que se obligó al afectado, no obstante su delicado estado de salud, -así lo expresó su hijo, Claudio Caamaño  Vélez-, producto del accidente automovilístico que sufriera, y que es muy probable provocara su deceso finalmente.

 

Para que, de haber sido por las causas de costumbre (falta de un depósito importante, o la cobertura de un seguro), su circunstancia última se convierta en un aguijón poderoso, a los fines de que, obligatoriamente, se tenga que enmendar esa deleznable actitud de los médicos locales; y, que sea su aporte de despedida del mundo terrenal, a esta maltratada sociedad dominicana.

Rolando Fernández

Don Freddy, nuestra sociedad está inmunizada, las enfermedades le huyen

Muy interesantes resultan las puntualizaciones que hace el señor Freddy Ortíz, en su artículo “Somos sobrevivientes”, publicado en el periódico “Listín Diario”, del 2-7-15, refiriéndose a factores muy negativos que se observan en Dominicana, relativos a  productos comestibles y medicamentos populares que se ofertan, libres de todo tipo de control por parte de las autoridades competentes. ¡Valiosa se reporta su exposición! ¡Contiene “verdades de a puño”!, como se dice.

En realidad, aquí no hay supervisión ni regulación alguna sobre una serie de fabricados, o preparados, ya sean de naturaleza pseudo alimenticia, o medicinal,  que los consume la población, en forma sólida, cuando no líquida, corriendo riesgos inmensos. Dichosos somos nosotros que en esta nación, no se han desatado una epidemia infecciosa grandísima, o raras enfermedades de todo tipo, con el agravante de la escasez hospitalaria que se verifica en este país.

En ese orden, da “gusto” caminar por determinados puntos de nuestras calles y avenidas, para ver a la gente haciendo turnos, en espera de que se le sirva un plato de espaguetis, a veces hasta con un color medio verdoso, con unos fritos que parecen pedazos de ladrillo; cuando no, acompañados estos últimos con dos o tres ruedas de salchichón tieso.  Después pisan eso con un vaso de jugo, que no se sabe en realidad de qué diablo está hecho, y envasado en galones plásticos viejos, en los que se nota no ha habido  ningún tipo de higiene.

Todos esos, “dizque” alimentos, salpicados además con un poquito de saliva, polvo callejero, y su ración del monóxido de carbono que despiden los vehículos que transitan. Hasta café salen muchos dominicanos a beber en la calle,  mujeres en su mayoría, sin saber con qué agua fue colado, probablemente de pozos infectados.

Ni para eso tienen tiempo las “miembras” de hoy – preparar una greca en su casa para colarlo – Sí les sobra, para estar hablando sandeces por los teléfonos digitales a cualquier hora, o escribiendo “porquerías” en los portales de las redes sociales.

Y, lo “bueno” de eso es,  el alto nivel de inconsciencia relativo que se advierte, en personas que lucen tener alguna preparación académica; que andan ensacadas, o muy llenas de maquillaje y “ferré”, uniformadas en el caso de las féminas. Muchos, a veces parece que les da vergüenza, y piden que se les sirva dentro de los mismos carros que conducen, para dejarse ver menos.

En adición, se tienen aún los “venduteros” de medicamentos diversos, que se ofertan calle arriba y calle abajo, anunciándose para las dolencias que sirven, y cómo se desborda la gente creyéndose cuánto se le dice.

Son fármacos por lo regular elaborados en patios, sin indicación clara y verídica de quienes los producen; y, aquellos que los venden, hacen las veces del visitador a médico que edifica sobre contenidos y dosificación necesaria. Se hace a la libre – en plena actividad comercial -, sin que a ninguna autoridad sanitaria local parezca importarle.

Lo expresado hace inferir que esta sociedad está inmunizada por completo; que las enfermedades le salen huyendo mejor. De no ser así, los casos de parásitos intestinales de todo tipo, incluyendo las resistentes amebiasis, fueran incontables en nuestro país. Los medicamentos para el combate no dieran abasto, y los sanitarios públicos fueran necesarios en todas las esquinas.

Por otro lado, los efectos dañosos de todas esas medicinas  “chatarras” callejeras, como algunas de las genéricas o sustitutivas-equivalentes que venden las llamadas boticas populares, llevadas por tanta gente  a la boca en este país, sin previsión alguna, ya hubieran causado una catástrofe de consideración en la salud pública de los dominicanos.

Eso que usted señala en una parte de su  artículo, es pura realidad. “Con todo y los millones que  gastan los gobiernos, nunca han podido crear algo como el Departamento de Asuntos del Consumidor, de Puerto Rico, que tiene una vigilancia efectiva con todo intento de engaño al ciudadano, ya sea vía promesas publicitadas, como en comprobación del contenido en productos”.

Procedente resulta comparar el Estado Libre Asociado de Puerto Rico, con esta nación nuestra de los despilfarros económicos. “PR pedirá a Supremo de EE.UU. aprobación de su Ley de Quiebra”. El mismo “está afectado por una asfixia financiera y una deuda que supera los 70,000 millones de dólares”, según lo expresara su gobernador Alejandro García Padilla. (Véase: “Diario Libre del 8-7-15, página 25). Sin embargo,  sus autoridades siempre se han  estado preocupando por la salud pública de su población. ¡Qué contraste!

Para eso aquí no sobran los cuartos. Ahora, para darlos a los partidos políticos, a los fines de que los usen en sus campañas y francachelas electorales, o se los roben los que ejercen la disciplina, ¡sí! ¡Siempre hay!  Incluso, se presupuestan anualmente. De lo contrario, se puede “acabar el mundo”, si esa piñata no aparece para repartir.

Lamentablemente, si es pensando en el ministerio de Salud Pública en Dominicana, para que supervise e imponga controles en el tenor de que se trata, ¡nada más nos queda rezar por la salud de los dominicanos; para que Dios nos acompañe, y nos libre de mal!

Autor: Rolando Fernández

Acciones que se deben emular; ¡hágase con éstas, por humanidad!

En un  país como el nuestro, donde la asistencia médica estatal en favor de la población se torna cada vez más deficiente, sirviéndole como caldo de cultivo al empresariado privado en ese orden, la gente se siente desamparada, que no importa un bledo para las autoridades gubernamentales.

¡Cuántas personas enfermas se tienen en este país, sin recursos económicos y sin amparo! ¡Muy penosa, deprimente, la situación! ¿Pocos están dispuestos a socorrer entre nosotros? ¡Tenemos que cambiar esa mentalidad de indiferencia hacia los que sufren, sin tener quienes les extiendan una mano amiga!

Es por ello que, independientemente del grado de simpatía o no hacia determinados medios radiales de comunicación que se tenga, y su personal actuante en cabina, hay acciones que desde allí se emprenden que deben ser loadas,  procurándose además la forma de imitarles, fuera de la politiquería regente en esta sociedad, como de las preferencias partidaristas que a veces se imponen.

Ocasionalmente, escuchamos el programa vespertino “El Gobierno de la Tarde”, en la emisora Z101, donde se incluye una sección denominada: “La Z con el Pueblo”, conducido por dos excelentes y humanitarios comunicadores, espacio habilitado para recibir y conversar con personas que acuden al lugar a exponer problemáticas acuciantes que les acosan sin descanso, procurando encontrar allí alguna ayuda para paliar sus agravantes situaciones, básicamente las que tienen que ver con la salud de ésas  propiamente, o la de cualquier familiar cercano.

Escuchar allí determinadas exposiciones y pedimentos  relativos, da más que pena y vergüenza. La gente muriéndose aquí, sin recursos para asistencias facultativas y medicamentos, ni a quien acudir en busca de ayuda, mientras el Estado dominicano se da el lujo de entregar grandes millonadas de cuartos a los partidos políticos para celebrar sus francachelas electoreras, disfrutes personales, y robos por parte de sus más altos representantes.

A veces es preferible no escuchar nada; “hacerse el loco”, como se dice popularmente, para uno no enfadarse, ante la impotencia individualizada, como las tantas burlas de todos estos políticos vive bien, desfalcadores del Estado nuestro, ladrones impunes de cuello blanco, de forma tal que solo le cruce por mente, como ser sensible ante los males ajenos, el promover la formación de un  movimiento “terrorista facturador”, a través del cual se puedan lograr las reivindicaciones, no debidas, obligadas ya para esta maltratada, como  ultrajada sociedad.

Mientras ideas como esas, a las que está siendo empujada mucha gente aquí, se maduran, que se trate de emular al “Gobierno de la Tarde”, con cuya intervención muchas cosas logran los congéneres enfermos, desesperados, que llegan hasta esos productores radiales, con las manos en la cabeza, clamando a Dios por encontrar algún tipo de ayuda, o colaboración posible.

¡Lindísima, como encomiable labor social a imitar es ésa!

Rolando Fernández

Ahora algunos médicos cobran por adelantado, y hasta en dólares además, ante las deficiencias públicas en el sector salud

La verdad es que, en los países como el nuestro, donde las leyes solo se tienen como flores para decorar estantes o libreros, se  ve de todo: irrespetos de cualquier tipo, incluidos a la vida misma, burlas, avaricias, falta de humanidad, escasez de servicios públicos, etc.

Pero además, se tienen ministerios chupa presupuesto público, que nada más constituyen pantallas a través de las cuales se difunden acciones politiqueras a granel por supuesto, como es el caso del denominado “Salud Pública” entre nosotros, cuya inclinación menor es hacia la previsión y salvaguarda de la salud de población.

Para nadie es un secreto en este país, la gran deficiencia estatal que se tiene, en términos de salubridad pública, el descalabro de los hospitales y demás centros asistenciales del sector, preñados todos de escaseces extremas, falta de equipos y atenciones facultativas, etc., como de politiquerías partidaristas, y tráficos de influencias por doquier.

Que el acceso a los servicios públicos de salud se reporta como un laberinto bastante difícil de transitar, tortuoso, una frustración pueblerina hasta para las personas de clase media a nivel nacional, que a veces pueden “boronear” para conseguir atenciones nimias en los centros habilitados del sector, y que tienen que recurrir a los mismos, debido a la imposibilidad para satisfacer las aspiraciones de la medicina privada; de los hoy denominados empresarios de la salud, sin escrúpulos para búscasela a como dé lugar.

De aquellos que solo ven los signos de los dineros de uso más común en la frente de los pacientes que osan procurar sus servicios (pesos, dólares USA, euros), cuyo perfiles económicos quedan plasmados en el cuestionario informativo de entrada que practican las secretarias receptoras, a los fines de “prepararle la mesa” a sus jefes.

Si advierten posibilidades en las víctimas, no pacientes, de poder gastar, de inmediato les prescriben una batería de análisis y estudios, muchos de ellos innecesarios, a realizarse en determinados laboratorios y centros, con los que se supone tienen acuerdos de trabajo, en base a comisiones acordadas.

Cuando no, se recurre a recomendar determinados procedimientos quirúrgicos, para padecimientos que se pueden resolver de otra  manera más fácil y menos costosa. Pero, hay que buscársela con los que llegan hasta los consultorios, y luego a las salas de cirugías.

Duro y lastimoso se torna el asunto, cuando les dicen a los afectados, después de agotar cuánto les cubren los seguros, el otro negocio, y los chelitos de que se disponía: usted tiene que hacerse una operación mayor, muy delicada. Su costo ronda más del millón de pesos, aproximadamente.

En consecuencia, la gente desesperada con el anuncio, y estando “frenando en el aro”, como se dice, se pone las manos en la cabeza, y sale con los ánimos en el suelo a buscar ayuda. Visitan hasta los periódicos, para hacer peticiones públicas. ¡Vete a buscar muchos cuartos por ahí, si es te quieres salvar, es la despedida! Así algunos osan expresarse.

En el marco de esa temática, hay que imaginarse lo que viene ocurriendo con la gran masa nacional enferma, que no puede pasar ni siquiera por las puertas de las clínicas  privadas, y que para no dejarse morir, tienen obligatoriamente que “ir a dar la boca, como se dice, en los hospitales públicos.

Sufren allí más trabajo que un forro de catre; reciben “truños y boches” de muchos médicos y enfermeras actuantes, que se tornan aburridos a veces; y, luego tienen que salir a pedir, o buscar cuartos prestados para comprar medicamentos, en ocasiones vencidos, o falsificados, de esos que se ofertan en las famosas boticas populares, también otro gran negocio de los políticos nuestros.

Y, si hay necesidad de cualquier cirugía obligatoria, como urgente, ¡que se  lleve el diablo  a las personas, o se haga la voluntad de Dios!, ya que difícilmente reciban algún tipo de colaboración, o sean recibidos por los medios de la prensa local para solicitarla públicamente.

De lo anteriormente expuesto se infiere que, a la gente paupérrima nuestra, como de pocos recursos económicos, se la llevará quien la trajo, cuando en la misma se verifiquen afecciones seria de salud. ¡Qué nadie se enferme!

Los hospitales públicos no sirven, y los centros asistenciales privados están haciendo mayores negocios cada vez con ese tipo de servicio obligado – producto de las deficiencias estatales, precisamente -, en términos de atenciones, y servicios clínicos conexos. Y claro, ante la mirada indiferente de los organismos oficiales, encabezado por el ministerio de “Salud Pública”, para imponer alguna forma de regulación o control pertinente.

Ahora vienen a empeorar el asunto; y es que, los seudos dioses terrenales, envalentonados y engreídos como siempre, que ofrecen asistencia, sin relación de dependencia, mayormente, por lo regular están exigiendo cita previa para verles. ¡Si no es así no!

Y, para hablar con esas “divinidades terrenas”, hay que esperar hasta que ellas  puedan recibir a la gente. Pero, algunos requieren además que  se les pague por adelantado, y  hasta  exigen que sea en dólares o euros.

Cuánta inconciencia humana, y falta de respeto a la vida de las personas, como al signo monetario nacional mismo.  Al igual se reportan esos procederes, como acciones más que burlescas al país en general. ¡Penosas tales situaciones!

Nuestra moneda parece que, para los dioses con bata blanca, como ribetes de avaricias y desaprensión,  no vale. Y, como  aquí el cumplimiento de las leyes es circunstancial, depende de los infractores, que se margine la unidad oficial de cuenta nuestra a ese nivel poco importa.

Incluso, algunos de esos llamados “galenos” son egresados de la universidad estatal nuestra, que es subvencionada con parte de los impuestos todos, ¡con los que tiene que cargar la población! Pero, en eso no se repara. Lo de ayer se olvida. O, también se han recibido como profesionales de la salud en otras instituciones nacionales de educación superior, que aun siendo privadas, reciben apoyo del Estado.

Nada de eso importa. A la salud de la gente no se le da a posteriori el valor que tiene. El asunto es lucrarse, hacer cuartos a costillas de quienes demanden los  servicios facultativos necesarios. Creerse dioses los que estén en capacidad de ofrecerlos; que haya que venerarles, y acogerse siempre a sus caprichos, como a esperas injustificadas. Se juega con el tiempo de los demás.

¿Y el ministerio de “Salud Pública”, qué hace para regular y enmendar? ¡NADA! El mismo solo procura titulares de prensa, para agenciarse provechos en el orden político.

Rolando Fernández

Doña Tati, la raíz del mal no solo está en la sábana

Sin pretender uno convertirse en “abogado del diablo”, como por lo regular se dice, interceder o mediar en favor, la gran verdad es que, el tan cacareado tema sobre los problemas con los llamados cirujanos plásticos, muchos de los cuales conllevan hasta la muerte de algunos pacientes, no está por entero en su ejercicio profesional – malas prácticas e inexperiencias -, respecto del cual se colige la pretensión de enmendar por parte de ese despacho.

Según aparece publicado en la prensa local, bajo el título “MSP regula ejercicio de cirujanos plásticos en RD”, de acuerdo con la resolución No. 000008, el ministerio de Salud Pública dispuso que, “para ejercer la especialidad de cirugía plástica, estética y reconstructiva en el país, el médico debe tener dos años de cirugía general y tres en las demás subespecialidades”.

Además se establece que, “el profesional en el área debe tener un título avalado por el Estado y ser egresado de los programas de residencias médicas reconocidos por el Ministerio”.

En conexión con lo expresado, cuando se hayan cursado especializaciones en el exterior, deberá haberse cumplido con todos los requisitos inherentes, de acuerdo con los “estándares internacionales aceptados”, y poseer la documentación soporte comprobatoria de lugar.

Evidentemente, todo lo expresado gira en torno al ejercicio de los llamados galenos cuestionados, y la especialidad de que se trata. Ahora, a nuestro humilde entender,  no todos los hechos desafortunados acaecidos durante los últimos tiempos en ese orden, necesariamente se corresponden con el mismo; sino que, subyace otra causa de mayor principalía a considerar en el marco de  esa  problemática, merecedora también de firme atención. No todo lo indeseado que viene ocurriendo, es producto de las manos inexpertas, como la falta de destrezas en los susodichos profesionales. A veces, el querer estar contradiciendo a la Madre Naturaleza tiene sus efectos punitivos.

¿Y de los pacientes (a) que? En ellos radica quizás el principal problema del asunto: la inconsciencia humana con respecto a su verdadera esencia – espiritual -. Los médicos estudian para ejercer y cobrar sus honorarios por los servicios que ofrezcan, cual que sea la especialidad elegida. ¡Ellos son los buscados!

Lo que ocurre es que, la gente no quiere entender, en el contexto de su propia naturaleza, espiritual reiteramos, que no todo el mundo ha nacido para ser buen mozo,  tener una anatomía física bien estructurada, bellas facciones, glúteos perfectos, y senos a la medida de la moda;  sino que, también tienen que haber, prietos, feos, pies torcidos, con pelo crespo, narizones, con cuerpos tipo nevera, nalgas y tetas pequeñas, etc., etc.

Todo el que ha tratado de investigar con respecto a lo esotérico inherente a la especie humana, sabe muy bien que todas esa características son de origen genético, y que guardan estrecha relación con el prediseño de cada corriente de vida en particular que se debe cursar; que todo lo físico, mental y emocional está en consonancia con la expresión divina a cargo, y las conquistas kármicas que se dispongan.

Luego, son cosas que se deben tener bien presentes; tratar de concienciarse al respecto, y aceptarse tal cual es uno; no estar inventando con los médicos para tratar de cambiar su apariencia física; pues, se deja de ser la persona de que se trate, para convertirse en alguien diferente, en términos de originalidad.

Entonces, por ahí es que se debe tratar de andar, principalmente con el caso específico de las mujeres, las que más procuran estar luciendo sobre lo exterior de sí, el cuerpo físico, dejando de lado y restando importancia a las principales bellezas del género, que son las virtudes y los sentimientos loables profundos que abrigan en su interior. ¡En esos no se puede hacer operaciones!

Independientemente de las malas o buenas prácticas médicas en el orden de las cirugías plásticas, jamás olvidando que en todo procedimiento quirúrgico siempre hay riesgos probables implicados que se deben correr, creemos que la mayor inclinación por parte del ministerio de Salud debe estar orientada a concienciar con respecto a eso que convencionalmente llaman vida, corriente transitoria de subsistencia física, su cuido apropiado y conservación lógica.

En ese tenor, bien podría hacerse desde el mismo un buen trabajo, en coordinación con el ministerio de la Mujer, para que las féminas dejen de estar recurriendo a ese tipo de operación, a los fines solamente de cambiar sus cuerpos originales, con lo que se viene haciendo tantos negocios, hasta desde los escenarios de los embaucadores y manipuladores concursos de belleza. ¡Los “modelos” solo sirven para exhibición temporal!

Para que se repare sobre las existencia y cultivo de otros atributos femeninos que son de mayor importancia, sobre los que sí se deben preocupar; máxime en estos tiempo, en que la degeneración social generalizada, como la mal llamada liberación femenina en curso, se han llevado a tantas damas prematuramente de encuentro.

De igual forma, en que las complacencias del sexo opuesto, y los atractivos que en verdad le llaman con respecto a las mujeres, no son nada más los físicos, ya sean naturales o ficticios.  Que todo varón que  piensa lo contrario, para discriminar y escoger compañera, no se reporta más que como estúpido ilusionista; que olvida la transitoriedad rápida de bellezas corporales. ¿Y después qué?

Las cirugías plásticas solo deben proceder en los casos de reconstrucciones corporales,  que obedezcan a afecciones, a daños  de significación, debidos a  accidentes fortuitos de cualquier naturaleza; nunca por inventos, para  ostentar lo que en realidad no se es.

Rolando Fernández

¡Cuidado con las intoxicaciones de niños en las escuelas públicas!

En nuestro país procuramos siempre hacer muchas cosas, sin crear las plataformas requeridas. Y menos,  prever un proceso de concienciación inherente,  antes de arrancar con las acciones propuestas.

Por lo regular, se procede de tal manera para politiquear, como favorecer  a determinados grupos, y sectores afectos de esos que proclaman o proporcionan recursos económicos para financiar las campañas electorales.

Como todo en la vida, hay iniciativas motivadas en esas razones últimas, en las que puede mediar algún tipo de flexibilidad reciprocatoria. Pero, se tienen otras en las que no, por la delicadeza y riesgos probables envueltos, como lo es ésa del no cuido, en lo referente  a la salud de los infantes a los cuales se les viene proporcionando el siempre cuestionado y “enfermante” desayuno escolar, con precedentes dañosos de sobra en algunas escuelas públicas del país.

A eso hay que ponerle mucho ojo, independiente de quienes puedan ser los proveedores seleccionados para tal propósito. Se está   jugando con la salud de esos muchachos, y se advierte poco reparo empresarial, en términos de la calidad requerida, con relación al suministro de los alimentos o comestibles proporcionados cada vez.

Para nadie es un secreto los grandes intereses económicos y políticos que hay envueltos en dicha actividad, aparentemente “solidaria y altruista”, que pueden mover a actitudes desaprensivas, con propósitos muy marcados, como podría ser por ejemplo, la de eliminar competidores para poder ampliar, o ingresar como nuevos al negocio.

No se puede perder de vista, que las empresas actuantes operan bajo el sistema capitalista de producción, dentro del cual se manejan por lo regular diversas argucias y estrategias para desplazar a iguales, en pos de autodesarrollarse los interesados que las promuevan.

Durante los últimos días, ha vuelto a estar sobre el tapete el tema de las intoxicaciones en las escuelas públicas del interior del país, algo que no es nuevo obviamente, y que por regular se le “da de lado” en algunas instancias oficiales nuestras.

Las reseñas relativas con detalles suficientes, aparecen casi siempre en las páginas internas de los periódicos de la prensa local, con números altos. Eso luce que es, como para que haya poca difusión de tales noticias. No importa,  cuán significativa sea la  cantidad de niños afectados.

En las más recientes publicaciones hechas sobre ese particular, se habla de: 52 niños en escuelas de Puerto Plata, el martes próximo pasado, y 32 alumnos al día siguiente en Santiago de los Caballeros, tras ingerir el “dichoso” desayuno escolar  que les fuera servido.

En tal sentido, el Inabie, Instituto de Bienestar Estudiantil, en voz del director la entidad, René Jáquez Gil, informó que, “se investigan ambos casos”; y luego adiciona, “que se tomaron pruebas de los alimentos, las cuales fueron llevadas al  laboratorio para determinar qué agentes provocaron los eventos”.

Dijo además que, “inmediatamente se conoció sobre la situación, se activó el protocolo de actuación que existe para estos casos”; y que, “el mismo indica que se debe suspender inmediatamente el almuerzo, y luego trasladar los niños a un centro médico y resguardar las muestras de alimentos para verificar si fue el agente patógeno. Aseveró también, que los resultados de la prueba pueden tardar de 10 a 15 días. Si la prueba da positivo, la empresa suplidora es suspendida, y se contrata otra”. Todo eso está muy bien; pero, ¿es suficiente? (Véase “Diario Libre”, edición de fecha 26-2-15, página 12).

Procede reiterar la pregunta, ¿con eso es suficiente? ¡Creemos que no!  El mero hecho de cambiar el suplidor, no va a  resolver ese problema. En dicha actividad, es evidente que se verifica negligencia; y muy posiblemente en adición, mala fe empresarial, como zancadillas de orden competitivo.

Son factores los señalados, que indiscutiblemente deben ser objeto de sanciones pecuniarias o penales, cuando se comprueben, por los altos riesgos que envuelven; que deben ser investigados exhaustivamente, a los fines de proceder en consecuencia.

Se está poniendo en juego la salud de esos niños, por lo que esas actitudes desaprensivas deben ser consideradas de alta peligrosidad, y sujetas a puniciones severas. No es cuestión de ñe, ñe, ñe, y de estar andándose con paños tibios, pretendiendo subsanar una situación que se reporta bastante deleznable.

Rolando Fernández