¡Qué “editorialazo”!

El AM. (Antes del Meridiano), que publica el medio “Diario Libre”, en su edición de fecha 29-8-15, debe ser reproducido en todos los periódicos locales, para ver si una gran parte de la sociedad dominicana se concientiza, y  no prosigue dejándose  coger de pendeja por todos estos políticos “avivatos”, y embaucadores, que solo procuran usarle como medio para el logro de sus propósitos malsanos siempre.

En ese trabajo “CAMPEONES EN CLIENTELISMO”, relativo a los procederes de los políticos de nuevo cuño, en continuidad con los pasados, y en que se destacan los aprovechamientos en contra de las clases más desposeídas del país, como la mejor herramienta para engatusar a la gente poco pensante aquí, que es bastante por cierto, no hay ni un punto, como una coma que esté demás.

Todo lo dicho en esa pieza periodística constituye grandes verdades. Es a través de los pseudos halagos nimios burlones, al igual que las prebendas electoreras oportunas, como esos “camajanes” de la politiquería local, logran cuánto se proponen en este país.

Muy cierto es que, el conjunto de lo expresado allí, bien puede agruparse bajo un título, equivalente a la aseveración que se incluye: “los dominicanos nos hemos convertido en una nación de pordioseros”. ¡Y, eso no hay que ir muy lejos para comprobarlo!

En ese sentido, nada más hay que reparar en los escenarios que adornan los procesos electorales entre nosotros. ¡Qué tantas bagatelas se obsequian a las personas dentro de los aprestos para engancharse en el vagón burocrático estatal, mantenerse, o llegar a ser otro “ordeñador de la vaca nacional”!

Lo peor del caso es que, un gran segmento de la población dominicana continúa dejándose engañar de todos estos vándalos con saco y corbata, como excelentes perfiles de farsantes, y que lo que menos son es inteligentes, sí mercaderes osados dentro de la disciplina de la política, y turpenes que permiten verificar los sentidos de dos significativos refranes populares: “En el país de los ciegos, el tuerto es rey”; y, “Cuando el hambre da calor, la batata es un refresco”.

¡Qué bien se aprecian esos en esta nación!, con personas tan ineptas, demagógicas, faltos de tacto, y hasta de memoria, aparentemente, con aspiraciones a estar dirigiendo los destinos nacionales.

Se están viendo ahora, de cara al próximo torneo electoral, una serie de ejemplares con pretensiones de llegar al poder, ya sea en el área del Ejecutivo, Congresual, o Municipal, que no saben ni siquiera hablar; que solo pueden exhibir ignorancias y avaricias.

¡Gran verdad!, esa que se dice en el trabajo de referencia: “Décadas de “funditas”, “cajitas”, “barrilitos”, “bonos”, y un largo etcétera han tenido un natural impacto en la conducta del dominicano”.  Como producto, a  los pobres de este país se les saca bastante provecho. ¡Innegable eso!, pues los precedentes están de sobra.

Finalmente, procede repetirse aquí: “Gracias al clientelismo se reproduce la miseria y sumisión política”. Como es obvio suponer en ese orden, los factores coadyuvantes al narigoneo apetecido: falta de empleos, deficiencias educativas, insalubridad, sobornos, corrupción estatal, hay que promoverlos, en vez de enfrentarlos.

¡Dominicanos, no continúen dejándose engañar como niños, reaccionen, ya que luego será muy tarde!

Rolando Fernández

El aprovechamiento de las distribuidoras de electricidad en verano

Estos son los meses en que esas extorsionadoras empresas, dentro del gran negocio de la electricidad en este país, aprovechan para abultar indiscriminadamente las facturaciones por el pseudo consumo del servicio que ofrecen, cuya justificación principal recae en las altas temperaturas presentes, y la necesidad obligada de usar unidades de aire acondicionado, o abanicos eléctricos. Eso no se corresponde con la  verdad total. Sin embargo, aquí los hombres no aparecen para enfrentar esa situación dolosa.

Se habla de una mayor demanda, que no es tal, pues queda supeditada a las interrupciones acostumbradas en el suministro. Aunque así lo esgriman esos “buitres”, lo extraño del caso es que, no hay una  real oferta del servicio, para cobrar más por el mismo.

Los apagones durante la época, principalmente en horas de la noche, están que huelen a barco viejo, como se dice popularmente. Las quejas en ese orden se oyen por doquier,  mientras el “calorazo” ataca de manera inmisericorde, y las facturaciones son mayores cada vez.

Los reclamos procedentes ante el elefante blanco llamado “PROTECOM”, de la Superintendencia de Electricidad, cuyos supuestos técnicos  lucen más estar al servicio de los dueños del negocio, políticos y empresarios, que de los clientes obligados, siempre resultan infructuosas. ¡De pena, se autorizan ocasionalmente algunos reembolsos por los cobros abusivos!

A ese respecto, por dónde andará la otra pantalla denominada “Defensoría del Pueblo”, que no representa más que otro cargo presupuestario estatal, sin ningún beneficio para la población. Sí contribuye a un mayor gasto por concepto de nómina pública, con cargo a los impuestos que tiene que pagar el “burro de carga” preferido: la pendeja sociedad.

La verdad es que, aquí no se está dejándole otra alternativa a la población, que la de tomarse la justicia por sus propias manos. Debido a lo que se observa, ninguna autoridad competente entre nosotros se preocupa porque las cosas se hagan como se debe, sin perjudicar a la indefensa ciudadanía.

Los abusos en contra de la gente de esta nación, van y vienen solamente. Y, el asunto no es  nada más en lo concerniente al insuficiente y caro servicio energético que se ofrece, como el defectuoso telefónico también, sino el  relativo al agua potable,  tan necesaria, y otros que se reportan imprescindibles para la sociedad nuestra.

En ese mismo orden, están además los altos costos indebidos de los combustibles, ante el derrumbe de los precios del petróleo a nivel del mercado internacional. Hay que pagarlos todos sobreestimados, servicios y bienes,  aun cuando no se tengan en realidad, o deban  bajar de precio. ¡Que bien!

¿Dónde estarán aquí las autoridades para hacer cumplir las normativas legales vigentes, y enfrentar las injusticias? ¿O, los hombres para exigir que todo ese tipo de cosa cambie? ¿Habrá que esperar mucho tiempo para que aparezcan las unas, o los otros? ¡Cuidado, que hasta la belleza cansa!

Rolando Fernández

¡El depauperado que se enferma entre nosotros, no es gente!

Esa es la concepción moderna de los negociantes de la salud en este pedazo de tierra caribeña, los servidores de bata blanca, inconscientes en grado sumo, y mercaderes sin control estatal alguno.

¡El que se enferma en este país, sino tiene cuartos, se lo llevó el diablo! Mejor es enterrarse vivo, y así sufrirá menos, de dolencias, impotencia total, como de desprecios, e indiferencias facultativas alegres.

La  asistencia a nivel de los hospitales públicos deja bastante que desear. La poca, si es que se logra, es casi ineficiente por completo. Los médicos come cheques que allí se tienen, muy poco tiempo invierten en los pacientes obligados que  concurren a esos lugares, teniendo que aguantar “boches”, indiferencias y malos tratos. Las limitaciones, en términos de medicamentos, material gastable y equipos necesarios se notan desde lo más lejos de la Tierra. ¡Que desastre!

Y, el tratarse cualquier afección de salud a nivel privado, por simple que sea, en esta selva de cemento mercantil, donde los empresarios de la salud, ya no médicos como antes, que pueden ayudar a subsanar problemas en tal sentido, andan nada más que extorsionando, buscándosela con el cuchillo en la boca, como se dice popularmente, a costa de los ingenuos pacientes, sale más caro que un pleito mal casado, en que intervengan otros desconsiderados y oportunistas profesionales, los de la maldición de antaño:  ¡“qué entre abogados te veas”!

Las evidencias persuasivas para decidir, si atender o no a la gente, en cuanto a nivel económico, capacidad de pago, lugar en que se reside, etc., las obtienen a partir del cuestionario previo a que se es sometida por parte de la secretaria o recepcionista. Incluso, algunas exigen los pagos pertinentes por adelantado, antes de ver al médico.

Los  pseudos galenos de hoy prescriben más estudios que los exigibles en un pensum de cualquier carrera universitaria, aun no sean enteramente necesarios Claro, con indicaciones precisas y justificadas de que deben ser realizados en centros y laboratorios específicos, de lo que se infiere se reciben jugosas comisiones por los remitidos.

Luego, les fijan citas a los clientes – pacientes – en los consultorios, cada 15 y 30 días, para chequeos y lecturas de análisis, teniendo que pagar cada vez los honorarios dispuestos, aun sea nada más que para ver superficialmente a la “víctima económica”; conversar con él  un ratito, como decirle que los resultados de los estudios están bien.

Y, de inclinarse cualquiera por la otra opción que mercadologicamente se vende: la llamada medicina alternativa, o natural, con lo primero que se trata de convencer a los pacientes es diciéndoles que, “la ciencia no funciona; y, que su práctica integrativa es la mejor”.

Luego, uno se preguntaría, ¿y lo de ellos qué es? Pero además, siguen la misma línea de lo comercial; se constituyen en juez y parte algunos, con relación a los análisis y procedimientos que en su apreciación se requieran; inclusive, hasta venden en sus tiendas establecidas,  los medicamentos que prescriben.

Hay que buscarse un furgón de cuartos también, cuando se recurre a la competencia con respecto a  lo convencional. Se tiran bastante entre sí, tales comerciantes que son. “El uno acusa de pastillologo, y ese al otro de yerbero”.

Cuánta inconsciencia humana; cuántos negocios se hacen con el  activo más importante de la especie: la salud, cuyo deterioro por marginación facultativa, y la escasez extrema de recursos económicos que se experimente, es inminente, e irrecuperable.

No es muy raro ver como determinados médicos, especialistas en su mayoría, comienzan a ejercer en un modesto consultorio, y al cabo de poco tiempo son empresarios, dueños de amplias y modernas clínicas, instaladas en vistosos edificios hasta de cuatro o cinco  plantas.

Crecen ésos tan rápido, como aquellos comerciantes que se inician con un pequeño ventorrillo, y al cabo de un par de años tienen tremendo supermercado. ¿Por qué será?

El que se procure ganancias no es criticable, pues todo el que trabaja la merece. Ahora, hay ejercicios que requieren de cierta ponderación, en el sentido de lo equitativo, de la necesidad imperiosa, y la oferta imprescindible, como ese de la medicina, para no especular, como tampoco proceder según la cantidad de dinero que se pueda agenciar. Por lo común, contrario a esas  actitudes últimas, es lo que se estila. ¡Penoso eso!

Pero, en adición se hace censurable, el que la fama y las riquezas que se logran acumular en ese ámbito, “evalentonan” de forma tal, que la gente tiene que acogerse a las inflexibilidades mostradas. De ordinario, hay que esperar hasta que a  muchos de esos profesionales les “salga de los forros” atender a los afectados en su salud, y asistirles como se debe. Todo tiene que ser mediante citas previas, con suficiente antelación; pagos en dólares en algunos casos, y hasta de manera adelantada. ¡Que tupé!

Se olvidan de que no todo el mundo nace con esa vocación, y que por alguna razón será. Seguro que no es, porque el mundo se la otorga. Es algo con lo cual se nace, por lo que es lógico entender se está comisionado desde lo Alto para ejercer dicha práctica, sobre lo cual se debe reflexionar, y actuar en correspondencia con esa concepción. De lo contrario, después se tienen que pagar altos precios, cuando la Madre Naturaleza pasa factura.

Es por ello que, se producen en algunas ocasiones severas puniciones kármicas, como los “egotazos” derivados, los derrumbe emocionales humanos de que son objeto, y hasta fallecimientos, debido a las mismas dolencias que han venido tratando, con la inscripción implícita de: como sabes tanto, endiosándote por completo, y dejando de lado la misión divina para la cual se te envió, maltratando y especulando incluso con la salud de tus congéneres  ¡procura curarte ahora tú mismo, a ver si puedes!

Rolando Fernández

No boten sus votos hermanos, ¡reflexionen!

Bajo el actual esquema político electoral dominicano, por más falsas promesas y demagogias que se escuchen, no vale la pena el concurrir a las urnas para elegir a nadie.  ¡Los referentes inductores están de sobra!

El ciudadano de este país solo tiene valor el día que le toca sufragar, en que por obligación es necesario, para poder los políticos escalar hasta las posiciones superiores de mando. Durante los demás no cuenta; nada más que, para ser objeto de nuevas burlas, y de “burro”, sujeto siempre a imponerle nuevas  cargas tributarias.

Mientras la metodología electoral aquí sea la misma, costeadas las campañas en gran parte por grupos económicos especuladores, busca recompensas, prebendas, beneficios, etc., y  nada más les mueva su desarrollo particular,  la gente de este pueblo seguirá montada en el mismo caballo.

No es posible el continuar dejándose engañar con los mismos teatros electoreros, sin reparar en los tantos precedentes que se tienen: encuestas sobre preferencias maquilladas, bultos periodísticos, cajas  de resonancia pagadas, aclamaciones grupales interesadas, etc.

Son las mismas patrañas de siempre, motorizadas por “avivatos” que solo aspiran a recobrar con creces lo que se ha requerido invertir, para apoyar a los más potenciales candidatos ganadores que se adviertan, de cara esta vez al próximo torno electoral entre  nosotros,  en el año 2016.

No hay que ser muy inteligente para inferir, que todo cuánto ahora se observa,  no es más que lo mismo de estilo: “el tú me das y yo te apoyo”. Y, más notorio se hace en la presente ocasión, con los acuerdos electoreros color lila (PLD-PRD), principalmente, increíbles, pero ciertos. ¡Ay si el gran maestro pudiera ver!

¿Podrá haber mejorías para este país? ¡Es obvio que no! Se continuará de mal en peor; fomentándose más aún la corrupción estatal, como las riquezas grupales cuestionables que se derivan,  la lenidad judicial ordinaria, y mayores descaros ante la población.

Indudablemente, es el pueblo el mayor responsable, quien se encarga de autorizar, y homologar después las acciones desaprensivas de todos estos políticos de nuevo cuño, apoyándoles en principios, y después más aún, con el voto en las urnas, a cambio de las migajas que se ofertan. Se vende la gente por nimiedades y falsas promesas, fácilmente detectables.

Necesariamente, los dominicanos tendremos que buscar otra forma para elegir mandatarios; entregarle a alguien la administración de la cosa pública, para que lo haga conforme convenga al país, no a intereses grupales o personales, incluidos los extranjeros.

Que no vengan a dirigir la nación como una finca de su propiedad, un negocio lucrativo personalizado, o grupal; a continuar endeudándole e hipotecándole cada vez más, para dejarle ese pesado fardo a las generaciones futuras, que tendrán que hacer malabares para poder pagar, tal se dice de ordinario; o, de lo contrario, entregar el país como dación en pago.

Que la agente pensante aquí, con el aporte fundamental de los sociólogos y psicólogos no comprometidos, de esos que reflexionan y promueven acciones en favor de los pueblos, no de pseudos líderes políticos, como de grupos económicos poderosos, estudien el caso, y hagan las recomendaciones debidas.

Los referentes que pueden servir de base están de sobra, al igual que las actitudes desaprensivas de los que han venido mandando en este país durante los últimos lustros,  a la vista de todo el mundo, y que deben ser  enfrentados como se debe hacer.

¿Cuál debe ser? No el correspondiente a la llamada democracia representativa, siguiendo los mismos paradigmas que hasta ahora. Tiene que ser algo muy diferente, del que se puedan desprender las enmiendas y las reivindicaciones pertinentes.

Que tenga una mano suave, y la otra de hierro; dispuesto a enfrentar la corruptela estatal, como la delincuencia y la criminalidad que ahogan esta sociedad nuestra; las injerencias desde el exterior; al igual que, el pisoteo burlón a la soberanía nacional; y, la explotación inmisericorde de nuestros recursos naturales por parte de intereses foráneos, entre otras cosas.

¡Cualquier parecido con un verdadero estadista, es pura coincidencia! Claro, difícil que pueda alcanzar la presidencia de la nación, a través de este manipuleado y desacreditado sistema de votación que rige entre nosotros. ¡Qué se inventen otro menos contaminado!

Rolando Fernández

¡Los tres trajes principales: dos mundanos, y uno celestial!

Cuán equivocados viven muchos hombres sobre esta Tierra, donde todo no es más que “vanidad y aflicción de espíritu”, como dijera  Eclesiastés, el Predicador.

Vestuarios rimbombantes, al último guay de la moda, detrás de los cuales se esconden por lo regular mediocridades, comparonerías sociales, y otros atributos negativos, son los que de ordinario más se procura mostrar, fabricados con carísimas y lujosas telas ostentosas, para aparentar riquezas inmensas y poder económico. ¡De los primeros en el orden son esos!

¡Qué falta de conciencia obvia sobre la verdadera esencia de la humanidad – espiritual -¡ Y es que,  la entidad (Alma-espíritu) encarnada en cada uno, tiene que ser la mejor vestida durante el tránsito terreno; como, conservarse bien pulcra siempre, para llevarle después en el viaje de regreso a la verdadera casa de todos, en el Universo inmanifiesto. Sin embargo, es en la que menos se repara; la que muy poco se exhibe, y se procura mantener de esa forma

En adición a ese mayor significativo traje, que traducido en términos verbales significa, para poder estar en condiciones de responder, cuando el rol humano terrenal de actor aquí finalice, y la pregunta sea después, ¿qué trajiste, de cuánto que se te mandó a buscar?; ¿cuál fue el resultado de lo divino a expresar dispuesto?, hay otros dos utilitarios y finitos por completo, que pertenecen al ámbito mundano.

Primero,  con el que se viste el despojo del cuerpo físico ya inerte, normalmente con las mismas características que el tipo de piezas señaladas en el segundo párrafo, y que los mismos fluidos pestilentes emanados de los restos mortales se encargaran de destruirlo después; y, segundo,  el otro metálico o de madera, para exhibición final del bagazo carnal – ataúd -, que conservará por algún tiempo las osamentas restantes, y que ya no servirá para más nada. Lógico, que también acabará por destruirse.

Como es fácil comprender y asimilar, el último traje – el celestial, con connotación verbal -, es el único importante. Por tanto, es por el que más debemos preocuparnos. Es el de menor costo económico en sentido relativo, ya que los tejidos necesarios para su confección son: humildad, y amor incondicional; aceptar nuestro papel como Atributo divino en manifestación terrenal; y, procurar el despertar necesario en cuanto a hacernos uno con respecto a lo que tenga que pasar durante el transcurso de la corriente de vida, sin ofrecer oposición mental humana, como tampoco calificación alguna. ¿Qué cuestan ésos en dinero?

Luego, procúrese siempre el mejor “vestir” para ése no mundano, e invisible, y adhiérase  a las palabras del Predicador: “debajo del Sol todo es vanidad y aflicción de espíritu”, Sagrada Biblia.

Autor: Rolando Fernández

¡Jamás preocuparse por el futuro!

En verdad, nada cierto puede devenir cuando eso ocurre, a menos que se corresponda con la cosecha de lo sembrado, cuya información no es del dominio humano. Lo dispone la Madre Naturaleza siempre, en el tiempo y momento que considere oportunos.

Los hombres (general), solo tenemos una fijación mental sobre lo que deseamos nos llegue, esperanzadora, y que entretiene más bien, la cual  conlleva un alto grado de incertidumbre. Incluso, se puede dar el caso, de que lo apetecido a verificarse en lo adelante próximo, no sea lo que más convenga, aun se haya sembrado para eso. Claro, no siendo visto solo  en el marco de la mente humana. Y por ello, siendo así, no se produce cuando se quiere, sino cuando se debe.

La realidad es que, ese tiempo verbal – futuro – tal cual es conocido por los humanos, en verdad no existe; quizás podría decirse que, solamente es como una proyección mental incierta del pasado. Lo que sí es fehaciente es el momento presente, y todo cuánto en el mismo se pueda registrar, que de inmediato se torna en pretérito, con el que ya nada se puede hacer.

Luego, lo que más procede es hacerse uno con lo instantáneo; concienciarse, y aceptar que eso es lo que hay, sin oponer resistencia alguna, ni tampoco etiquetarlo, en términos de que sea bueno o malo.

Hay un refrán popular muy significativo que dice: “la yerba que está para un burro, otro no se la come”. El mismo proviene más bien de las vivencias y observaciones personalizadas. No hay mejor forma de comprobarlo.

Y, en ese orden, ¡todo cuánto a uno toque, le toca!, y nadie puede impedirlo. Nada ocurre por accidente, o casualidad, sino que todo es causal.  Siempre hay un momento o circunstancia que lo favorece, para que lo necesario, en términos evolutivo se produzca.

Por tanto, las preocupaciones, que afectan de manera considerable la salud física y mental de las personas, resultan inútiles. Deje que las aguas del río sigan su curso normal, y conviértase en espectador nada más.

¡Lo sembrado, sembrado está, ahora, o antes (karma maduro)!, y  en función de eso está conformado el provenir inevitable. La “Ley Natural de Causa y Efecto” siempre rige de forma oportuna, como efectiva. Nadie esta exento de su aplicación.

La mayor preocupación de la humanidad entonces, debe estar dirigida hacia: ¿qué estoy sembrando mientras cursa la presente corriente de vida?  ¿Cómo asimilo lo ocurrido, lo que se viene registrando? ¿Cuál es el nivel de comprensión y asimilación con que lo asumo? Y todo,  producto de lo que ya pasó, que no se puede deshacer.

La mejor concepción hacia la cual adherirse siempre es: “todo obra para bien”, otro certero decir pueblerino. No soy quien para oponerme, ni tampoco etiquetarlo como mal. Ante quien procure hacerlo, recurrir al uso de dos vocablos preferidos por los que mucho saben, sería lo más aconsejable: quizás, o talvez. El tiempo proporcionará la mejor respuesta.

Finalmente, y para fines de reflexión: En una de sus últimas conferencias, el gran filósofo y maestro espiritual de la India, J. Krishnamurti, preguntó al público asistente, ¿“desean conocer mi secreto”?, al tiempo de expresar inmediatamente lo que él entendía la clave de su trayectoria. “Mi secreto es el siguiente”, “no me importa lo que pueda suceder”. (Obra: “UNA NUEVA TIERRA”. ECKHART TOLLE).

Rolando Fernández

Autor: Rolando Fernández

“Donde Dios no puso, no puede haber”

Aunque lo entendemos un dicho proveniente de la cultura popular, basado en las vivencias y observaciones directas de la gente, el mismo encierra una gran verdad, como bien lo destacara a través de uno de los portales de las redes sociales el connotado director de un periódico digital nuestro.

Las demostraciones del gran sentido que envuelve el mismo están siempre a la vista. Por ejemplo, y tomando un importante litoral, el humano, cuando las personas aspiran a ser lo que no se puede, siempre las intenciones resultan fallidas, por consistentes que sean las insistencias. ¡Difícilmente se llegue!; y cuando ocurre, la imperfección, como la mediocridad se advierten a lo lejos.

Las limitaciones y variadas dificultades no son casuales, sino causales. Tienen por lo regular razones que trascienden el mundo de lo manifiesto; que guardan estrecha relación con la verdadera esencia de la especie humana – espiritual -, y con los prediseños de cada corriente de vida en expresión.

Cada entidad espiritual, que es lo que en verdad somos los hombres, viene al plano de la materia densa en busca de experiencias humanas, condicionada en base a la Expresión Divina presupuestada, como a las cargas kármicas asignadas que se deban conquistar durante el tránsito terreno dispuesto, que también es cronometrado (nadie se va en la víspera; tiene su día y momento precisos).

A posteriori, se deberá rendir cuenta sobre los resultados obtenidos, y ser ponderados por los seres divinos que tienen a cargo esa labor, quienes decidirán sobre la continuidad o no del proceso evolutivo correspondiente sobre el planeta Tierra, la gran escuela seleccionada para tal propósito.

Cada ser humano viene a este mundo con dones innatos que le son muy propios, aptitudes, características físicas, y proclividades, incambiables todos por supuesto. Entornos social y familiar en que se deberá interactuar, padres elegidos, y cuánto se requiera para Manifestar, como conquistar las puniciones  que se  hayan de verificar.

Luego, todo en realidad lo pone Dios, y donde Él no ha puesto, no podrá haber jamás, por más que se persista.

Rolando Fernández

“Todavía viene Pedro y jalla”, en este país de ingenuos

¡Comenzó ya la campaña embaucadora! A romper de nuevo aceras y contenes, aunque estén en buen estado. Es lo que se estila cuando se aproximan los procesos electorales entre nosotros. Se empiezan a construir, o remendar esos espacios, con materiales de peor calidad que los encontrados.

¡No importa! El asunto es allantar cuánto más se pueda, con miras a las venideras elecciones, principalmente los alcaldes que han estado “guisando”, con aspiraciones de reelegirse, conjuntamente con sus compañeros de gestión, regidores semi-analfabetos en su mayoría.

Para estos tiempos siempre sobran los recursos económicos y las disposiciones, a los fines de atender todos los menesteres municipales, olvidados en años anteriores.

Entre ellos, se tapan los hoyos, convertidos en cavernas por el descuido rutinario; se remozan las calles y avenidas, aun sea con media pulgada de asfalto, rogándole a Dios que no comience a llover hasta después de las elecciones. Incluso, se les pintan las rayas de tráfico.

La eficientización en la recogida de la basura es bastante notoria. Igual  ocurre con las solicitudes de servicios que se hacen, las cuales se atienden casi de inmediato, con muchas sonrisas y simpatías.

Los barrenderos se observan en cantidades industriales, como se dice. Ahora los hay demás en las calles y avenidas nuestras. También, los obreros limpiando las alcantarillas, por lo regular repletas de aguas negras, acumuladas de viejo.

Hasta los cementerios se les trata de desyerbar, higienizarles un poco, como arreglar algunas de sus calles, para que aquellos lugares de descanso póstumo no parezcan  montes abandonados, con caminos vecinales para el tráfico vehicular y peatonal.

Qué poca memoria tienen los dominicanos; siguen dejándose manipular, como tarados notorios, por todos estos políticos avaros y oportunistas de nuevo cuño. ¡De esos que nada más andan en busca de lo suyo!

Todo se puede en estos meses preelectorales. Las ciudades merecen  ser  “atencionadas”. Se pagan arbitrios suficientes para eso. Es obvio que, se reconoce dicha contribución, solo cuando se le puede sacar beneficios electoreros. ¡Ay sí “ñeñé”!

Consigna: ¡Estamos en campaña, porque hay votos que  conseguir!

¡Pedro sigue “jallando” aquí!, innegablemente.

Rolando Fernández

¿A quién cargar ese nuevo muerto?

No sería muy difícil arribar a una acertada conclusión, para responder a esa pregunta, después de leer la reseña correspondiente al suceso de orden choferil acaecido en el kilómetro 9 de la autopista Duarte, en que lamentablemente perdió la vida uno de los llamados “control de ruta”, señor Wilfredo Fernando Morillo, con solo 29 años de edad.

En lo primero que se debe reparar es que: ni los sindicatos choferiles, como tampoco los dueños de rutas son propietarios de ninguna calle, avenida, o esquina correspondiente, dentro del territorio nacional, para prohibirle el tránsito a nadie que se mueva en otro vehículo, de su propiedad o no, que paga una chapa para circular, y los demás impuestos aplicables; como, que monte y desmonte personas en cualquier lugar de las vías públicas. Esas son atribuciones originadas en la falta de autoridad y respeto en que vive la sociedad dominicana.

Solamente en una selva de cemento como ésta, se pueden verificar acontecimientos tal ese ocurrido en el kilómetro 9 de la autopista Duarte, con precedentes similares en otros puntos de la geografía nacional.

Da  más que asco y vergüenza, ver a diario aquel desorden que se produce en el lugar de la ocurrencia ahora, con todo ese “perruaje” choferil disputándose los pasajeros que necesitan trasladarse a otros sitios, y el concurso del “tigueraje” armado que opera en el área, dizque “controles de ruta”, armados de machete, palos y tubos para amedrentar, y usarlos si es necesario, ultrajando a los conductores no afiliados, como a los pasajeros que puedan transportar.

Y, todo se lleva a efecto ante la mirada indiferente de las autoridades allí apostadas, mujeres de la AMET en la mayoría de los casos, que jamás pueden ponerles el frente a todo aquel bandidaje choferil, compuesto en su mayoría por tigueres malcriados e irrespetuosos.

Ahora, el asunto se torna más interesante cuando uno se entera del gran negociado que representa la actividad del transporte público en este país, para los que no transportan a nadie obviamente: los sindicatos y los dueños de rutas.

Muy importantes se tornan al respecto, las declaraciones que ofreciera el chofer Alejandro González, quien no está afiliado a ningún sindicato: “Casi todos los sindicatos urbanos, como Fenatrano, Unatrafin y otros, tienen turbas pagadas para agredir a choferes que conchan en las calles libres para ganarse la vida”. ¿Y que hacen las autoridades? ¿No se puede someter esa gente al imperio de las leyes relativas vigentes?

Pero además, se habla en el reporte periodístico del negociazo que envuelve el ejercicio, en cuanto a los resultados de una investigación realizada, y que arrojó que, “para trabajar en algunas avenidas hay que pagar al sindicato que opera de RD$300 mil a RD$700 mil de inscripción, y luego pagar una cuota semanal o mensual al dueño de dicha ruta”. ¡Ay mamacita! (Véase “Diario Libre”, del 12-8-15, página 18).

La verdad es que, meditando sobre eso sosegadamente, pocos son los hechos sangrientos que ha habido, por desavenencias entre esos empresarios, y sus serviles, entre otras cosas; asesinatos directos a choferes y personas relacionadas con el sector; como, el modus operandi de los “guardianes en las paradas de cada ruta”, sus bravuconerías y osadías desagradables. ¡Cada uno defiende su parte del negocio, a costa de lo que sea, en esta selva sin control!

A eso van a tener que poner coto las autoridades del país, para evitar males mayores a los ya ocurrido. Esa es una situación muy peligrosa, que innegablemente se les ha ido de las manos a los organismos competentes. ¡Se han hecho los locos!

La opinión generalizada es, que todas esas rutas deben ser despersonalizadas y oficializadas; que el control absoluto de las mismas lo tenga la Oficina Técnica de Transporte Terrestre (OTTT).

Que cada cual pueda ejercer como transportista publico, siempre y cuando se ajuste por completo a las normativas vigentes, como las que se dispongan en el futuro, amén de que el vehículo a utilizar reúna las condiciones necesarias. Ese servicio, tan imprescindible y delicado, por los riesgos que envuelve, no puede ser de la exclusividad de personas o grupos algunos. ¡No!

Pero además, y en el orden del caso tratado, hay algo que llama poderosamente la atención: el victimario directo envuelto en el suceso lo fue el sargento del Ejército de la República Dominicana (ERD), señor Rubén Vásquez, que se dijo, estaba haciendo las veces del transportista en un carro de su propiedad.

¡Él no ha sido el único!  Tampoco el primero, que  se ha visto obligado a compartir su disciplina oficial, con una actividad muy diferente, impulsado de seguro, por las precariedades económicas que acosan a nuestros militares y policías.

Para nadie es un secreto, que tal situación obedece a los salarios de miseria que reciben los mismos, que no les permiten la satisfacción de las necesidades de sus familias, como las propias, teniendo que buscar dineros adicionales, sin importar los riesgos probables en los que tengan que incurrir.

Y eso, es algo sobre lo que también deben reflexionar sus jefes inmediatos, como las autoridades mismas del Gobierno, fijándose en ese hecho penoso acaecido, que a tan difícil situación legal ha llevado al sargento Rubén Vásquez.

Nuestros guardias y policías no pueden vivir con los pocos cheles que reciben como salarios, teniendo que exponer sus vidas, y proteger en este país, a tantos adinerados, empresarios y políticos, que los miran por encima de los hombros; que los desprecian por su bajo nivel social.

Entonces, es muy fácil deducir a partir de lo todo lo expresado, a quién en realidad cargarle ese muerto del kilómetro 9 de la autopista Duarte.

Rolando Fernández

La demagogia patriótica tiene su precio: la indiferencia

El que jura por la bandera de otra nación, condición sine qua non, para poder convertirse en un ciudadano más de la misma, no ama en realidad su país; le importa poco el terruño natal, por más allantes y demostraciones falsas que haga.

Realmente, se aprecia que no hay un sentimiento ciudadano por ninguna de las dos partes envueltas. Y si lo hay, estaría muy escondido el correspondiente a sus raíces. Se infiere que,  solo le mueve el agenciarse beneficios compartidos que provengan de ellas, de cualquier índole.

El teatro que se hace, podría ser inherente a los dos pueblos. Se tiene un pie en cada uno. Y, el sentir patriótico, girará por lo regular según soplen los vientos, por deducción lógica.

Es obvio que, de inclinarse nada más por el nuevo estatus adoptado, no habrá una real identificación con sus verdaderas raíces, las costumbres, y los patrones culturales de su pueblo. El amor patrio no se divide; y cuando así se hace, se diluye por completo, casi tal ocurre entre parejas que una vez se amaron.

Cuando se es verdadero ciudadano de un país, qué difícil debe hacerse estar frente a tan importante símbolo patrio de otra nación, su bandera, como el escuchar las  notas de su himno nacional.  Se necesita de una doble cara, como de un sentir dividido, que no siempre es posible. ¡Se reporta teatral!

Todo el que ha estado en latitudes extranjeras lejanas, conoce la carga emotiva, como el sentir vibracional que asaltan, cuando se observa el sagrado lienzo propio, o se oyen las notas de ese canto penetrante, recordatorio, inductor y gratificante, a pesar de la lejanía que separe.

Y, ¡eso no es casual, es tribal! Es lo que se desprende de la energía inherente  al primer chacra de los dispuestos para cada ser humano, según se sostiene en el orden esotérico. Es el centro energético que une a los hombres de que se trate, en términos de pertenencia e identificación, familiar, grupal, nacional, regional, etc.

De acuerdo como se describe en “ATALAYA DEL PENSAMIENTO LIBERADO”, red de la Internet: “El primer chacra nos conecta y afirma; es nuestra conexión grupal con las creencias familiares tradicionales, que favorecen la formación de la identidad y la sensación de pertenecer a un grupo de personas de un lugar geográfico determinado”.

“Para concertar con la energía del primer chacra, centre la atención durante un momento en algo tribal que le active una reacción emocional, por ejemplo:”

“. escuchar el himno nacional

. presenciar un espectáculo militar

. ver a un atleta cuando recibe una de medalla de oro en los

Juegos Olímpicos

. asistir a la boda de una persona querida

. enterarse de que a un niño o niña le han puesto su nombre”

Como se puede advertir a partir de lo expresado, el representar un doble papel en tal sentido no puede resultar fácil, a menos de no ser un ingrato total hacia su país, rompiendo con esa condición natural expresada: de ser uno con lo suyos, en términos generales.

Además, ante cualquier conflicto o conflagración entre ambas naciones a las que se pertenezca, por nacimiento, o en base ha haber llenado requisitos de orden legal extra-territorio propio, y si es que lo tribal se conserva, sería muy difícil definir por cual de los dos bandos inclinarse a defender.

La doble nacionalidad implica compromisos divididos, lealtad y deslealtad a la vez. Y, ante la dificultad de conocer de qué lado se está realmente, la mejor actitud frente a los que se han inclinado por la misma, sin importar de lo que se trate, es la indiferencia. Claro, no como ser humano propiamente, “que es arena de otro costal”, como se dice.

Rolando Fernández