Una bomba de tiempo en los pies: aumento tasa cambiaria dólares USA

No hay que ser un envalentonado economista, al último guay de la moda, de esos que nos gastamos aquí, para darse cuenta de que hay muchas medidas de ese género, cuyos efectos negativos posibles deben ser ponderados muy bien antes de adoptarse las mismas, salvo que aquellos que se puedan generar poco importen, porque se vaya en pos siempre de complacer los deseos apetitosos en extremo de determinados sectores, ya sean nacionales o extranjeros.

 

Después de algunas de las disposiciones últimas de orden económico e impositivo, por las que se inclinaron las autoridades competentes locales, para nadie es un secreto que las mismas han incidido de manera directa en el deslizamiento hacia  arriba de las tasas de las monedas extranjeras de mayor demanda en el mercado especulativo nacional – ventas  de divisas -.

 

No obstante, algunos de los connotados tecnócratas pertenecientes a ambas áreas relativas que aquí tenemos, han externado en su léxico embaucador acostumbrado para la población, “que no hay razones para que tales alzas se produzcan. Aquí todo está bien, tenemos crecimiento económico”.

 

¡Qué bien!, como diría satíricamente la gente del pueblo, ¿y qué es lo que puede ocurrir, después que han forzado la tasa pasiva de los bancos hacia una baja muy poco vista en el país, que se recuerde, para beneplácito de los banqueros por un lado, y con pretensiones además de orden politiquero por el otro – préstamos blandos para mover los sectores productivos nacionales -; y, con el agravante en adición, de penalizar con un tributo los chelitos que están recibiendo los depositantes?

 

Evidentemente que, todo aquel que pueda retirar sus pesos del sistema bancario local, colocados en inversiones a plazos fijos, o depositados en simples cuentas de ahorro, de seguro va a procurar retirarlos, y acudir al mercado de las divisas, como probablemente haya venido ocurriendo, para convertirlos a dólares u otras monedas de mayor valoración que la nuestra. ¡Mucha demanda de dólares estadounidenses, principalmente, y gran volatilidad de ese signo monetario hacia el alza! En eso  tenía que  pensarse.

 

No había que ser economista, para advertir en aquellos momentos “decisorios”, lo que vendría con respecto a la tasa cambiaria de la moneda norteamericana en el mercado local, a pesar de los noveles inventos y tecnicismos introducidos a nivel del área, de seguro para complacer y congraciarse con los organismos internacionales de financiamiento, que según se ve, son los que regentean y trazan directrices desde Washington, D.C. con relación a la economía nuestra, a través de sus cajas de resonancia locales.

 

En un país como el nuestro, donde todas las actividades de corte económico-comercial, con rarísimas excepciones, incluidas las concernientes a la venta de bienes  y servicios de consumo,  básicos para la población, como son por ejemplo, los combustibles y la electricidad, imprescindibles para todo, giran en función del precio de la unidad monetaria estadounidense, no se puede estar inventando e improvisándose mucho en ese orden, para no crearle serios problemas a la nación.

 

¡Se tiene un funesto referente, muy fresco aún en la mente de la ciudadanía local! O, tal vez sea que ahora, se tiene  la intención  de hacer desaparecer de una vez por todas, el uso de la moneda oficial dominicana, sin importar las consecuencias que se desprendan.

 

Ya en esta nación, la mayoría de  los bienes y servicios  que se expenden, se ofertan en dólares USA, a la libre, sin observarse lo estipulado en el Artículo 229 de la Carta Magna del país.  ¿Unidad  de cuenta que rige? El peso dominicano.

 

Para que la presente gestión de Gobierno se evite la ocurrencia de serios problemas sociales aquí, previsibles por completo en el marco de la actual crisis económica por la que atraviesa una gran parte e la sociedad dominicana, sería aconsejable el abocarse a introducir de inmediato medidas que tiendan a disminuir y controlar el precio del dólar USA en el mercado especulativo local.

 

Pues, de continuar la escala alcista como hasta ahora, no resulta difícil advertir que se podría estar a la puerta de un gran desbordamiento social de impredecibles consecuencias.  Evidentemente, con mayores daños para los regentes actuales que más tienen.

 

Pero además, una gran pregunta que deberían plantearse las autoridades presentes es, ¿y qué pasaría si la gente, inversionista y ahorrista, ante la falta de valoración de la moneda nuestra, lo poco que se está recibiendo  como cliente de sistema bancario del país, afectado además, por una agresividad impositiva que se puede considerar hasta inhumana, optara por retirar sus dineros depositados para convertirlos en dólares USA, o euros, y procurar sacarlos del país? ¿Resistirían los bancos nacionales esa situación?

 

¿Es que no se ha pensado en los graves trastornos que tal ocurrencia provocaría a nivel local, incluso con la posible quiebra de algunas entidades bancarias, por lo falta de liquidez obvia que se les presentaría?

 

Hay que prever esos hechos en ambas vertientes, los cuales, de producirse, pueden dar al traste con el disfrute del poco clima de paz que respiran los dominicanos hoy en su conjunto; y, hasta provocar cierta desestabilización gubernamental.

 

¡Ojo al Cristo!, señores autoridades nuestras con esa tasa cambiaria del dólar USA.  Siempre es mejor prevenir a tener que lamentar luego, como reza un dicho popular. Sólo hay que salir de los lujosos despachos con aire acondicionado, a tomar  unos cuantos baños de pueblo, para darse cuenta  de que el horno aquí no está para galletitas: grandes apagones a granel, inflación casi galopante,  presión tributaria insoportable, precios de la energía eléctrica y los combustibles, considerados por los expertos como los más altos de toda el área el Caribe, entre otras cosas.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

Leer entre líneas, ¡para entender mejor

Eso es algo que muchos dominicanos debemos aprender, para poder formarnos juicios certeros sobre determinadas decisiones gubernamentales que se adoptan en el país, a pesar de las justificaciones detalladas que se esgrimen con regularidad.

 

Para nadie es un secreto aquí, las deficiencias que se han venido verificando durante los últimos lustros, por innúmeras razones, en términos de los controles pertinentes, respecto del accionar  que en todos los órdenes  se verifica de ordinario a nivel de las instituciones estatales nuestras.

 

Entre las causas más notorias cabe señalar: el nombramiento de personas ineptas en los puestos públicos, por razones politiqueras propiamente; apañamientos “compañeriles” de igual naturaleza; al igual que,  los niveles de salarios insuficientes que se pagan.

 

En la  administración de recursos humanos estatales, lo que prevalece normalmente es, buscarle un puesto a una persona para reciprocar afectos y apadrinamientos electorales; no es, procurar gente adecuada para los cargos.

 

Luego, eso provoca la falta de credibilidad que se tiene en los funcionarios y empleados públicos, a cuyo cargo están labores tan delicadas como esas de contraloría y auditoria, a lo fines de procurar manejos idóneos por completo en la administración pública; en el conjunto de las entidades adscritas a la misma.

 

El hecho de que el Gobierno actual, se haya inclinado por la creación de las llamadas comisiones de veeduría, conformadas por personalidades creíbles de la sociedad nuestra, que denotan cierto nivel de confianza, para funciones complementarias de supervisión, pone en evidencia la falta de buen funcionamiento, y hasta de disposición oportuna para las tareas de ese tipo, por parte de los organismos estatales de fiscalización gubernamental.

 

En el tenor de lo que se trata, el señor Gustavo Montalvo, ministro de la Presidencia, manifestó: “Los veedores, como no son funcionarios, pueden supervisar, desde una posición de independencia lo que hacen los servidores públicos. Sabemos que todo el mundo tiene una posición, y es bueno que los veedores tengan opiniones críticas para un ejercicio realmente democrático”. (Véase “Diario Libre”, del 3-8-13, página 08).

 

Ahora, habría que pensar en que, las opiniones críticas de personas no remuneradas, que serían más bien colaboradores aunque sean externadas en su momento, actuando como los ojos de la población, y que tienen otras ocupaciones profesionales,  habrían de gravitar muy poco, o de evitar acciones que se estimen como dolosas, en este escenario de lenidades e impunidad en que ha estado viviendo la sociedad dominicana durante los últimos años.

 

Pero además, labores de supervisión de ese tipo requieren de determinadas formaciones profesionales específicas, para estar en condiciones de enjuiciar la realización de transacciones financieras significativas, como de otras actividades, en el contexto de cada gestión presente, máxime cuando las mismas sean llevadas a cabo por instituciones estatales, en las que por lo regular rigen actitudes de carácter político, los dañosos tráficos de influencias, y hasta los solapamientos, en busca de reciprocidades; o, las no retaliaciones futuras posibles.

 

Tenemos entendido que, en el país aún no existe un marco jurídico normativo en base al cual se puedan regir las veedurías ciudadanas, lo que evidentemente limitaría el accionar en tal sentido por parte de las personas designadas.  Aunque creemos que, se tiene algo de eso a nivel del Senado de la República, como parte de un proyecto de ley que allí estaba cursando, que no sabemos si aún está pendiente de aprobación, o cuál ha sido su destino.

 

Además, se debe ponderar que, ya no estamos en los tiempos de las monarquías, en los que se ubican los orígenes de tales equipos de supervisión. ¡No es asunto hoy de observar viandas, nimiedades, u otras cosas que se parezcan! Por ello, se requiere en el presente para la realización de tales funciones, de capacidades muy definidas, inherentes a labores de fiscalización en alto grado.

 

Esa decisión gubernamental nuestra, de crear las denominadas comisiones de veedores, bien podría interpretarse como un paliativo, una forma de decirle a la población: miren, se está haciendo por lo menos el intento de tratar de frenar un poco el monstruo de la corrupción administrativa estatal en lo adelante, si es posible claro está.

 

Evidentemente, eso es algo que, la gente pensante, como es natural, lo pone muy en duda. Y es que, “de buenas intenciones está empedrado el camino que lleva al  infierno”, según reza una gran máxima añeja.

 

Partiendo de que pueda haber una real intención hacia el futuro en ese orden, las grandes preguntas obvias que se desprenden serían: a) ¿qué ocurrirá con lo ya pasado, en adición?; y, b) ¿continuará habiendo perdón e impunidad? ¡Importantes inquietudes a responder por parte de las presentes autoridades!

 

Entonces, hay que leer bien entre líneas, el mensaje que subyace en esa decisión de conformar las comisiones de veeduría ciudadana en la República Dominicana, para derivar conclusiones certeras.

 

Queda eso como tarea, ¡hagámoslo!

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

No debemos seguir cambiando tanto, el modelo educativo público nuestro

A veces hay disposiciones, determinadas normativas que se establecen en el país por mero copismo, las cuales, analizadas con  frialdad, y reflexionándose sosegadamente sobre las mismas, en el marco de ciertas circunstancias locales prevalecientes, como que no lucen ser las más apropiadas.

 

Nos referimos a la novedosa modalidad que ahora se comenzó a  introducir en las escuelas del sistema público del país, operando ya en algunos centros educativos, según hemos sabido, con el establecimiento de la llamada “Jornada Extendida” – tanda corrida -, para los alumnos, 8:00 a.m., hasta las 4:00 p.m., lo cual es evidente alejará más aún a los hijos del seno familiar, de las directrices de formación paternal, que constituyen las mejores herramientas para la crianza, y las orientaciones efectivas requeridas por los vástagos.

 

Ahora estarán esos muchachos, más al celo de los centros educativos, con el concurso acostumbrado del personal doméstico particularizado disponible; y serán por supuesto, mayores espectadores de los programas televisivos deformantes.

 

Tal norma, ponderada sólo desde el punto de vista en que se ha tratado de enfocar: la liberalidad de las madres para que puedan insertarse con mucho mayor facilidad en el ámbito laboral, en los medios de producción, se reporta como bastante lógica y loable.

 

Aunque también se aduce, como otra justificación valedera, el restarles tiempo de vagancia a los adolescentes estudiantes, para que no puedan ocupar sus mentes con pensamientos que les induzcan a la realización de actividades ilícitas, lo cual se puede considerar atinado; pero, de igual modo, como algo muy relativo.

 

Ahora, vista esa modalidad en el contexto de la real regeneración social a que se aspira, en pos de combatir la delincuencia y la inseguridad ciudadana que abaten a la población dominicana, el asunto toma otro “matiz”, a partir del cual se hace previsible, el que tal nuevo formato educativo, se pueda convertir en un caldo de cultivo más, que tienda a fomentar los flagelos señalados, partiendo de la imprescindibilidad del calor y soporte materno, y de los mismos padres también, a nivel de las tribus familiares.

 

No debe olvidarse nunca, la importancia de la principal célula que alimenta a las sociedades en general, la familia, cuya principal columna sostenedora, en términos afectivos, emocionales en sí, instructivos, como de la cría hogareña, con efectos traslativos hacia los comportamientos futuros de los descendientes, es la mujer.

 

Es por ello que, resultaría muy aconsejable el que ese moderno sistema de formación académica local, y hasta forjador de personalidades, sea bien analizado y sopesado, en el sentido de los beneficios, como de los resultados negativos que se puedan derivar, en relación con la conducta a observar en el porvenir por parte de los hijos, durante sus interacciones a nivel de la sociedad en general, como producto de la no debida crianza hogareña oportuna.

 

Eso, amén de la nueva carga estatal que representaría, para cuya cobertura podrían faltar recursos en determinados momentos, por circunstancias inesperadas – las precariedades periódicas que de ordinario se presentan -, corriéndose el riesgo de la discontinuidad del mismo, dados los costos sociales del Gobierno, in crescendo cada vez en la República Dominicana. Se tiene un referente bien sólido, “el famoso desayuno escolar”. Ahora van en adición, ¡comida y merienda!, según las informaciones que tenemos.

 

¡Qué piensen muy bien!, en todos los “pros y los contras” de ese nuevo sistema iniciado, las autoridades nacionales de educación, al margen de los aprestos politiqueros que puedan estar mediando en el asunto.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

Rolando Fernández

 

 

 

Otro paso atrás, ¡para seguir enmendando!

Algo que de ordinario se estila a nivel de la mayoría de los medios periodísticos nacionales, es “el llover sobre mojado”, como se dice, con las publicaciones de reseñas repetidas, contentivas de denuncias, quejas y reclamos procedentes de los diversos sectores sociales nuestros, que hasta el leer los titulares “jarta” ya. ¡Las insistencias de nada valen!

 

Lo que muy raro se puede ver en ésos, es el que se transcriban para la gente noticias halagadoras, que creen buenas expectativas,  esperanzas sentidas para la mayoría de la población nuestra; el que se anuncien reales y efectivas medidas, que vayan siempre en correspondencia con las demandas pertinentes de la ciudadanía en general. Claro, porque las fuentes no se tienen.

 

Todo lo que se observa en las páginas de los medios escritos locales, es la proclamación de necesidades y conflictos internos, a los que de inmediato les salen al frente los políticos regentes que estén de turno, los cuales se hacen eco de todo; pero que, por lo regular sólo se limitan a dar respuestas a través de  ofrecimientos aéreos y demagógicos de soluciones, sin pretender bajar nunca hasta el fondo de las problemáticas acuciantes planteadas, verificables a simple vista.  Mucho menos ostentan, el estar en disposición de resolver; el tener las verdaderas intenciones en tal sentido, respecto de las situaciones que sean.

 

Las actitudes de esos señores mandantes se limitan a hacer prensa, y  aprovechar todos los escenarios de proyección política posible, principalmente en los que tienen que ver con las celebraciones de efemérides patrias, tal cual ocurrió recientemente durante los actos relativos a la conmemoración del 150 aniversario de la Restauración de la República Dominicana, y las actividades protocolares de estilo que siempre acompañan.

 

En ese tenor, el señor presidente reelecto de la Cámara de Diputados nuestra, señor Abel Martínez, aprovechó el discurso de su nueva toma de posesión, y el importante espacio congresual, para referirse de manera directa a la especulación en los precios de los libros de textos escolares para la educación en el país, en sus diferentes ciclos, algo que no es nada novedoso, pues en ocasión del inicio de cada año lectivo entre nosotros, se presenta siempre la misma problemática.

 

El legislador peledeísta que preside la precitada Cámara, “aprovechó ayer la instalación de la legislatura ordinaria para el presente período, para llamar a la reflexión a las comisiones permanentes del hemiciclo que tienen que ver con tema educativo a fin de que trabajen con el objetivo de lograr una reducción de los precios de los libros de textos escolares”. (Véase: “Diario Libre”,  edición del 17-8-13, página 04).

 

Eso significa, ¡volver a llover sobre mojado!, otra vez, en cuanto a una temática que es del conocimiento de toda la sociedad dominicana, y de la que por supuesto se hizo eco, como de costumbre, la prensa local: el fehaciente negocio a la clara, lesivo para la actividad educativa en esta República, tintado con intereses de grupos empresariales, en maridaje obvio con ciertos sectores políticos nacionales, que además envuelve la flagrante especulación que rige en el área. También, el irrespeto al signo monetario del país, en manos de los agiotistas del negocio cambiario.

 

Para nadie es un secreto la falta de controles necesarios en los órdenes primeros señalados; al igual que, aquí todos los precios se están fijando desde hace ya buen tiempo en función de la unidad de cuenta norteamericana (US$), y de otros factores de índole monetario extranjero, que se computan dentro de la determinación de los costos de las mercancías que se expenden localmente, amén de las incidencias de carácter impositivo que puedan estar gravitando en los mismos, circunstancias de las que no están exentos los libros escolares.

 

Las de ahora, son las mismas palabrerías de año tras año; el can anual de regular, cada vez que comienza un nuevo período escolar los precios de los útiles relativos, incluidos los libros naturalmente, frente a la incapacidad económica de los padres para hacer frente a las inversiones necesarias por tales conceptos, en favor de sus vástagos.

 

Muchísimas cosas se debieron haber hecho ya, para establecer las medidas y los controles pertinentes respecto de ese asunto, tan importante para el progreso y desarrollo del país – la educación -. Sin embargo, nada en realidad fructífero se ha dispuesto. Sólo se ha hablado mucho, quedándose todo en bla, bla, bla. ¡Se deben  promover con urgencia las enmiendas debidas sobre el particular!

 

En esta oportunidad, y como reza un refrán popular, “en buenas manos está pandero”.  La gran preocupación ha sido externada ahora por el presidente de la Cámara de Diputados, desde donde muchas cosas se podrían hacer, que favorezcan en lo inmediato el área de la educación en el país, aprovechándose incluso las iniciativas que en tal sentido se han encaminado desde el Poder Ejecutivo.

 

Si en verdad hay voluntad políticas esta vez, y no sólo las demagogias e hipocresías acostumbradas, se debe comenzar rápidamente con la introducción de los proyectos e iniciativas de lugar ante el Congreso de la República, contentivos de cuántas medidas y disposiciones correctivas resulten necesarias en el orden de lo que se trata.

 

Pero, tiene que ser yéndose en realidad al “quid” del problema, a las razones que se encuentran en su base. No es legislar sobre las superficialidades que de ordinario son las que se abordan, o se invocan “a todo pulmón”, como se expresa popularmente.

 

Sería otro paso atrás para enmendar que procede, aunque en otro contexto, conjuntamente con el recomendado por el señor Tomás Aquino Méndez, en su artículo reflexivo sobre el regreso necesario a los viejos patrones de la crianza familiar, en favor de la regeneración social que urge en este país, publicado en el medio “Listín Diario”, edición de fecha 18-8-13, página 9ª.

 

Claro, ya éste segundo iría, sobre lo concerniente a la educación nacional: el abaratar los precios de todos los libros de textos escolares y el resto de la  utilería requerida. Ahora, eso implicaría la inclusión de las medidas conexas obvias, que incidan en la reducción de los costos correspondientes por parte de los editores, o simples vendedores, aplicadas de manera concomitante.  Se debe recordar que se está tratando con actividades mercantiles, en las que se procuran márgenes de beneficios satisfactorios

 

Pero además, en el orden de se mande mediante normativa legal, con la rigidez requerida, el que la ediciones se produzcan con validez continuada por un tiempo razonable, como antes se procedía, lo cual permitía que los estudiantes que venían detrás, pudieran seguir utilizando las mismas bibliografías legadas sin problema alguno.

 

Reducción de costos, traslativa hacia los precios, y que se descontinúe la práctica de editar libros para un año lectivo nada más, deben ser las metas a procurar con prontitud, si es que  en verdad se decidió atacar el problema. ¡Pa´lante!, señores legisladores.  ¡Es lo que debe ir ya!

 

Y, como complemento, que se retorne un  poco al pasado con la formación académica, reasumiendo en gran parte  los patrones de enseñanza de otrora, cuyos programas docentes, al igual que todos, eran enunciativos, no limitativos, por lo que debieron  haber sido actualizados solamente, complementados en función de los nuevos conocimientos frescos a impartir.

 

Pero, jamás cambiados aquellos casi por completo, lo que en definitiva se ha hecho,  por los “copimos” impropios que se dan en este país, sin importar que vayan en detrimento de la educación a nivel nacional, en sus diferentes grados de instrucción.

 

Es por ello que, hoy tenemos tantos bachilleres, y hasta profesionales, con marcadas deficiencias en conocimientos que son básicos; muchos de los primeros, que a penas saben leer y escribir bien.

 

Más que cuestionable resulta, la formación académica  que hoy se imparte en nuestras escuelas y colegios, por innúmeras razones, dentro de las cuales se encuentran: los negocios especulativos en todas las áreas de la educación, los snobismos importados, la penetración cultural sin control, como la politiquería de muchas de las autoridades del ramo. ¡Penosa!, esa  realidad dominicana.

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández

 

 

La paja en el ojo ajeno; ¿culpables?, ¡sólo los demás!

Siempre los malos son los otros. Nunca reparamos en los comportamientos de sí mismos, sólo en los que observan nuestros hermanos congéneres. Es la norma común a nivel de lo seres humanos, ver hacia fuera, jamás hacia su propio  interior.

 

En el porqué, cuando nos sentimos no ser tratados como se debe, en nuestra apreciación claro, por lo general no pensamos. Obviamos el que las  posibles causas se originen en nosotros, como personas imperfectas que somos; en  que seamos quienes provoquemos los tratos que se nos dispensen.

 

Es muy bueno culpar toda vez a los otros, considerando malo lo que  recibimos de ellos. Y, la pregunta que dejamos de lado con bastante frecuencia es, ¿qué hemos hecho para eso merecer?

 

Probablemente, si en las actitudes propias no adecuadas,  o indebidas por completo reparáramos, procederíamos con las enmiendas correspondientes en lo personal, y a la vez  contribuyéramos a estimular en esa línea los procederes ajenos similares, dejándonos al mismo tiempo de estar etiquetándonos nada más que como las victimas, los sufridos, o las sufridas.

 

Evidentemente, de actuar en esa forma, las percepciones con relación a los demás seres humanos comenzarían a cambiar de inmediato. Se advertiría el efecto reciprocidad en los tratos hacia nosotros.

 

Lo señalado aquí, bien se puede asociar con dos versículos bíblicos muy importantes, que aparecen en S. Mateo 7: 3 y 5, Sagrada Biblia, en los que se lee: “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas a ver la viga que está en tu propio ojo?” “¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano”.

 

¡Reflexiónese, sosegadamente, sobre lo expresado!

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

Todas las religiones son buenas, y necesarias

Una pregunta que mucha gente, en verdad pensante,  se ha hecho a través de los años con real agudeza es, ¿por qué tienen que existir tantas religiones, y sectas de ésas, con creencias convencionales y esotéricas, cuyos adeptos andan en busca del mismo Dios, de igual Ser Supremo?

 

Algunas tienen por lo regular los mismos textos sagrados de enseñanza, siendo el caso más notorio el del cristianismo exotérico, que se fundamenta en los libros de la Sagrada Biblia, tanto los pertenecientes al Viejo, como del Nuevo Testamento.

 

Ya, en las intrincadas filosofías de orden esotérico, que tienen como guías espirituales a determinados Maestros Ascendidos, y que han escritos a través de conocidos amanuenses una amplia bibliografía, trabajando en pos de la evolución del planeta Tierra y sus habitantes, sí que hay algunas concepciones y prescripciones algo inescrutables en el marco de la mente humana propiamente, que provocan ciertas segregaciones grupales para estudios más profundos, debido a los avances que en términos individuales vayan  logrando las personas en el sendero espiritual, y que obviamente las aúna por la correspondencia obvia.

 

En lo que respecta a las enseñanzas del Maestro Jesús, luego Jesús el Cristo, y sus seguidores ortodoxos, muchos investigadores inquietos tienen la percepción de que, esa innúmera cantidad de creencias religiosas y sectarias que tienen como matriz el cristianismo, se han originado en las diversas interpretaciones dadas a las enseñanzas bíblicas, que nadie  puede dudar muchas han sido tergiversadas de manera significativa, producto de las múltiples traducciones idiomáticas que les han sido hechas, desde su contenido original, plasmado en la antiguo arameo, hebreo y griego, pasando por una gran cantidad de lenguas oficiales. Cuando no, también se piensa, que son el fruto de premeditaciones relacionadas con determinados intereses grupales.

 

Pero además, está el asunto de otras literaturas de carácter sagrado que, por su naturaleza esotérica propiamente, difieren en gran parte de las enseñanzas convencionales, exotéricas, que  proporciona la Biblia. Ahora, es evidente que, ésas sirven de complemento a tal obra universal, y que por lo regular dicho material está al alcance de algunos acuciosos, que no solamente se conforman con el estricto conocimiento bíblico; sino que, procuran ampliarlo en la medida de lo posible, y van buscando por supuesto, el adherirse a las congregaciones que estén más acordes con sus saberes ya logrados.

 

Dentro de los mismos preceptos cristianos contenidos en la Sagrada Biblia, que muchos indoctos los consideran no tener parte oculta alguna, y que son altamente conocidos sólo superficialmente, “convencionalizados” así por demás, ¡hay suficiente de esoterismo! Sólo que, hay que saberlos interpretar, buscarles la quintaesencia, su verdadero sentido.

 

Claro, la causa fundamental de las separaciones grupales va mucho más lejos, a nuestro humilde entender. Se podría decir con propiedad, que ése es un  asunto que  está estrechamente ligado con los niveles de evolución espiritual alcanzados por los hombres, que les inducen a escoger las diferentes congregaciones dentro de las cuales  participar. ¡No es algo casual en realidad!

 

Su elección está supeditada al grado de capacidad intelectiva que se tenga en el contexto espiritual; a la inteligencia humana  de que se disponga para captar y asimilar como se debe la parte esotérica (oculta) que envuelven las escrituras sagradas todas, y que sirven de sostén a la mayoría de las religiones, no constituyendo el cristianismo la excepción que confirma la regla; que dicho sea  de paso, es una dentro de la que más divisiones se tienen.

 

La totalidad de las religiones en sí, tienen como propósito intrínseco, el fomentar las actitudes de naturaleza moral, como la  intelectual misma, en busca de agenciar, y acelerar el desarrollo espiritual de los hombres; procurar la evolución debida en ese orden. De ahí que, todas sean buenas y necesarias.

 

Y, para lograr ese objetivo, hay que recurrir a la mejor  forma de poder llegar hasta los individuos, e influir sobre ellos cuanto se pueda, partiendo precisamente de que todos los hombres no se encuentran al mismo nivel dentro de la escala ascendente de evolución espiritual; sino que, algunos están avanzados, mientras otros permanecen en peldaños inferiores diferentes.

 

Entonces, es obvio que, cada cual siempre procurará estar dentro del grupo religioso en que más cómodo se encuentre; donde mejor pueda captar, y beneficiarse de las enseñanzas que se le impartan. Podría hacerse aquí una especie de analogía comparativa, respecto de los grados académicos que se cursan en las diferentes instituciones de enseñanza; es por peldaños que se avanza.

 

Todos los hombres necesitan en algún momento, pertenecer a una religión, o secta, en procura de poder lograr una vida más elevada que la que se tiene; y, hasta encontrarle sentido y propósito a la existencia física, cuando las perturbaciones ordinarias, o circunstancias diferentes, les hacen sentirse vacío, caer en profundos estados depresivos. También, en el momento de reparar, y querer hurgar sobre su verdadera esencia; cuando ese  saber se hace, o se torna imprescindible.

 

Por consiguiente, se necesitan de varios tipos de religiones, como sectas, graduadas según la escala de evolución humana particularizada, o grupal de que se trate, para tratar de asistir a la gente de forma efectiva; ya que de lo contrario, el objetivo se perdería. Luego, no puede haber sólo una institución del género, orientadora e instructora.

 

Es por ello que, a ninguna persona se le debe criticar por estar militando en cualquier congregación de ese tipo.  Hay que respetarle siempre sus creencias, y no asumirle estar perdida; ya que, lo que allí ella escucha y aprende, es lo que está a su nivel espiritual, lo que puede asimilar y entender.

 

Todas las religiones son buenas, y necesarias, como las sectas dentro de ésas, reiteramos.  Lo que en realidad es malo, e innecesario por supuesto, es el fanatismo por el que mucha gente se inclina, tan pronto comienza a adquirir conocimientos de orden espiritual, ya sean correspondientes a lo exotérico, o esotérico en realidad, dentro de las concepciones que se profesen en la congregación a la cual se elija pertenecer.

 

No es extraño encontrarse con personas pertenecientes a cualquier secta religiosa dentro del cristianismo, proclamarse con cierto aire egotista, estar salvo, por su arrepentimiento y creencias a las que se adhieren. Entienden que los demás se condenarán eternamente, y que sólo ellos son dueños exclusivos de la verdad. Tienen la verdad absoluta, ¡craso error!

 

Consideran que, con el mero acto de arrepentirse, todo su problema de carácter evolutivo espiritual ha quedado resuelto. Se olvidan del gran trayecto que les queda por recorrer, para alcanzar la Iluminación, haciéndose Uno con el Cristo, y luego poder llegar hasta el Padre. “El Cristo es más que el hombre Jesús, y que tiene un significado místico”, dice una connotada autora.

 

El mismo San Pablo dice, en relación con lo expresado: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto,  hasta que el Cristo sea formado en vosotros”. (Gálatas 4-19, S.B.). A esa Magna Conciencia encarnada se refería el amado maestro Jesús, no a él como hombre, cuando dijo: “Yo so el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (S. Juan: 14-6, Sagrada Biblia). No hay atajo alguno. ¡Esa sí que es la verdadera salvación!

 

A propósito de la salvación que se autoatribuyen los arrepentidos, cabría transcribir aquí finalmente, los versículos 7 y 8, del capitulo 6, Gálatas, S.B. “6:7 No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. 6:8 “Porque el que siembra para la carne, de la carne segará corrupción; más el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna”.   (Sagrada Biblia, antigua versión Casiodoro De Reina  (1569), con varias revisiones posteriores).

 

Entonces, cuán fácil resulta advertir, que el arrepentimiento, es sólo la actitud de dejar de hacer lo que se venía haciendo de manera incorrecta, contra la Voluntad divina; pero que, no elimina la cosecha de lo sembrado.  Lo hecho, hecho está, y la punición es inexorable, por ley de la Madre Naturaleza: Causa y Efecto, el llamado Karma personal, en términos esotéricos.

 

Probablemente, hayamos incurrido aquí en redundar un poco sobre algunas cosas. Pero, eso tiene como objetivo principal, el que la comprensión sobre la temática se torne algo más fácil, para aquellos que no han tenido nunca la oportunidad de escudriñar sobre la misma, y que probablemente les choque con mayor vera, el porqué de las tantas religiones y sectas existentes.

 

¡Cada uno está en la congregación que le corresponde, y debe estar!

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

Los jolgorios funerarios, y otras prácticas deleznables conexas

No hay duda de que, en la República Dominicana, los tiempos modernos se han encargado de poner en el olvido la real solidaridad que antes se expresaba a los deudos de las personas extintas, en los  eventos de exposiciones mortuorias – velatorios -, como la observación de la solemnidad que merece ese tipo de acto.

 

Hoy se concurre a las funerarias por un simple cumplido, para dejarse ver en la mayoría de los casos, como de ordinario se dice, y aprovechar esos espacios para los reencuentros sociales; para celebrar  tertulias grupales, y hablar sobre los temas del momento, sin importar de la índole que sean: política, corrupción, pelota, modas, etc.

 

Pero además, para el exhibicionismo de los vestuarios al último guay de la moda; críticas a visitantes, como la contadera de los chismes barriales, un entretenimiento que nunca falta. Y no es que, esas cosas antes no se hicieran.  Ahora, no con la desfachatez, y el a mi no me importa, con que en la actualidad se procede.

 

El caudaloso río de la modernidad ha ido dejando atrás, todo el loable proceder pretérito relativo, con  efectos negativos más que visibles, entre ellos la falta de respeto al dolor ajeno; a la honra de que debe ser objeto el sagrado templo del espíritu -cuerpo físico-, que el mismo encarnó transitoriamente, hasta el cumplimiento del tiempo cronológico dispuesto de antemano.

 

Cuando uno debe asistir en esta época a cualquier velatorio en una funeraria dominicana, con el propósito de acompañar por algún tiempo, en aquellos tristes momentos, a los familiares más cercanos de las personas fallecidas, con lo primero que se encuentra de entrada, es con un jolgorio de gente allí presente, hablando sandeces normalmente, y sonriendo como si estuvieran en un parque de diversión cualquiera, mientras el féretro con su ocupante, permanece prácticamente solo en la capilla utilizada, bajo la mirada de algunos de los dolientes más próximos. ¡Cuánta hipocresía!

 

Pero, esa actitud no se queda ahí, sino que ahora también la hacen traslativa hasta  el mismo difunto, que por disposición de los deudos y allegados, entendemos, le mantienen totalmente tapado dentro del  ataúd, mientras al lado del mismo le ordenan colocar una elegante foto, para que sea ésa la que observen los visitantes, al hacer acto de presencia allí.

 

Evidentemente, no se quiere que se repare en el deterioro que presente aquel bagazo carnal después que el espíritu le abandona, por no poder continuar sirviéndole ya para expresarse, máxime cuando se ha pasado por alguna situación de carácter terminal paulatina, o proceso enfermizo de consideración, de esos que van consumiendo y transformando en gran medida los organismos humanos, hasta su muerte total.

 

Ahora, aunque parezca deprimente, y hasta espeluznante para la generalidad de las personas, no así en aquellos conocedores de muchos aspectos esotéricos, concienciados ya, en cuanto al uso y futuro abandono de los cuerpos físicos, luego  que sirven de habitación a las Almas, sujetas a los viajes de ida y vuelta al plano de la materia densa, hasta tanto completen el proceso evolutivo correspondiente, lo más aconsejable sería exponer la cruda realidad del estado físico post mortem (cadáver), al lado de la foto elegida para exhibición, de seguro cuando se estaba en plenitud de vida, en sus mejores momentos.

 

Eso de inmediato haría, que en el observador aflore el juicio comparativo de lugar, sirviendo ése como lección concientizante, en cuanto a lo que en verdad somos los seres humanos; para que se repare en la esencia real de los mismos – espiritual -, lo cual induciría a ver la corriente de vida en curso de otra manera, dejando atrás los comportamientos impropios a los que induce el falso ser de cristal que acompaña a  los hombres, aguijoneándole siempre a cometer tantos errores (arrogancia, complejo de superioridad, odios, desamor al prójimo, etc.), el ego inferior.

 

Finalmente, esos lugares para exponer los despojos mortales de la especie humana – funerarias -, al término de toda corriente de vida, merecen el que se observen allí  los comportamientos  de respeto adecuados; el que se mantenga el nivel de solemnidad requerido, para no entorpecer la salida del plano físico al espíritu que acaba de desencarnar, que durante los primeros días permanece vigilando muy de cerca el cuerpo en que estuvo habitando durante un tiempo. También, con relación al entorno circundante al mismo, en los primeros días de la separación.

 

Aunque muchos no lo crean así, según sostienen altos entendidos en asuntos de carácter esotérico, después que se produce la desencarnación del espíritu, no obstante carecer el mismo de conciencia en cuanto a su nuevo estado, ya que se cree aún estar encarnado, éste se mantiene observando todos los actos funerarios que se dan a posteriori, incluyendo el propio enterramiento, o depósito del cadáver en un nicho, como ahora se estila, por lo que algunas cosas fuera de lugar en la que se incurra con relación al mismo, pueden entorpecerlo y afectarle durante el tránsito de regreso a su verdadera casa, el mundo espiritual.

 

Ese es uno de los aspectos por lo que se entiende en el contexto esotérico, que no es aconsejable la realización de los “experticios”, o estudios forenses (necropsias), principalmente, a los cuerpos físicos recién abandonados.  Se dice, que todo aquel proceso de incisiones, y pequeñas cortaduras, al igual que la extracción de sus partes internas, tienen repercusiones vibratorias negativas en el espíritu que acaba de dejarle, por su apego todavía al mismo.

 

Algo medio intrincado eso último, ¿verdad?

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

 

Otra disposición más para impactar, ¡como siempre!

De acuerdo con una reseña publicada en el medio “Diario Libre”, edición de fecha 6-8-13, página 19, la Cámara de Diputados nuestra acaba de dar su aprobación a un proyecto de ley, que manda la colocación de las fotos de los Padres de Patria en los espacios gubernamentales y oficiales del país, todos, “como obligatorias y únicas a ser utilizadas en ésos”. Se incluyen además, los centros de enseñanza públicos y privados, entre otros, para tales fines.

 

Se infiere entonces que, los cuadros contentivos de las imágenes de los mandatarios de turno, como es lo que de ordinario se estila desde hace algún tiempo en el país, para reverencias y loas mentales, no irían; sino, solamente, las de Juan Pablo Duarte, Matías Ramón Mella y Francisco del Rosario Sánchez. Incluso, que sean las seleccionadas por la Comisión de Efemérides Patrias y el Instituto Duartiano, de acuerdo con el reporte periodístico.

 

¿Cuál es el propósito señalado? Según la información, “como forma de mantener y sostener viva en la mente de todos los ciudadanos la imagen de los patricios y fundadores de la nacionalidad”. ¡Muy loable!

 

Ahora, como dice un viejo refrán popular, “del dicho al hecho hay mucho trecho”. Nada más con esos cuadros colgantes en las paredes de las instituciones que se señalan, es muy poco lo que se podría lograr en ese sentido, después de las tantas deshonras a los mismos, en términos de sus principios morales y los sentimientos patrios que les caracterizaron, por parte de una gran segmento de la sociedad nacional,  encabezado por la clase política gobernante, periódicamente.

 

La mejor forma de mantener viva en la mente de este pueblo el rostro de aquellos, como referente, para el accionar ciudadano debido en estos tiempos, sería tratando de promover la emulación en vivo de sus actitudes y realizaciones patrióticas, con ejemplos provenientes desde las más altas autoridades del país.

 

De igual manera hacerlo, en cuanto se refiere a procurar siempre la preservación de la soberanía requerida por nosotros, como nación libre e independiente de toda potencia extranjera, tan defendida en aquel pasado lejano por esos prohombres de la República.

 

También, en cuanto a lo que respecta a sus normas de conducta ético-moral, cuyas pautas trazadas se han soslayado por completo durante las últimas décadas.

 

Por consiguiente, ¡no es con fotos el asunto!; y mucho menos, estableciendo la norma con carácter de obligatoriedad, por lo que se reporta como algo antidemocrático por completo, lo cual provocaría las negativas que por regular surgen cuando las cosas se imponen. ¡Nada obligado surte buenos efectos!

 

La admiración y honra a los Padres de la Patria, por parte de todos dominicanos, sólo se puede lograr con ejemplos vivos y convincentes de emulación, reiteramos, que desciendan en “línea directa” desde todas las cúpulas de poder a nivel nacional, principalmente; así como, de las instancias hegemónicas en el país; y, de sus representantes eclesiásticos, al igual que, los académicos de fuste más connotados de la República.

 

Por ahí, ¡sí que debe ir la loable preocupación del diputado peledeísta que introdujo la iniciativa!, señor Tobías Crespo, según la publicación de la prensa.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

La Defensoría del Pueblo no tiene local, ¡qué esperanza!

De acuerdo con las declaraciones ofrecidas por la doctora Zoila Martínez Guante – funcionaria designada recientemente para esas funciones -, que aparecen publicadas en el periódico “Diario Libre”, edición de fecha 5-8-13, página 29, la Defensoría del Pueblo no tiene aún local asignado para operar, y la susodicha incumbente elegida, continúa hoy laborando en su propia casa, desde donde seguro estará tratando de hacer lo que se pueda.

 

¡Qué penoso resulta ese espectáculo! La verdad es que, aquí se producen cosas risibles. Cómo se burlan los políticos nuestros de este pueblo desamparado, y que parece estar sumido en un letargo mental profundo, creyendo todavía en que “los huevos sancochados sacan”, como dice comúnmente la gente.

 

Muy pocos alcanzan a ver en esta nación, que la “Defensora del Pueblo”, finalmente fue escogida para el cargo por el Congreso Nacional, al que asisten los seudos representantes de la población, en su mayoría, para quitarse al parecer la presión social de encima, después de tanto tiempo de haberse instituido esa “figura jurídica” en el país, y los innumerables tumbos acaecidos, tras el convencimiento obvio de que, desde allí muy pocas cosas se podrían hacer en favor de los “obreros” que trabajan en la finca estatal dominicana, propiedad de los mandantes de turno, durante los periodos de gestión.

 

Tan así se evidencia el asunto, que la selección de la funcionaria encargada de esa tarea, se produjo sin la creación de la plataforma necesaria; carente del verdadero apoyo logístico requerido; y, ni siquiera un local habilitado para el funcionamiento de la entidad.

 

Por lo que se infiere, es muy posible que los congresistas nacionales pensaran: ¡bueno!, como es para defender al pueblo, lo que evidentemente iría en contra de nosotros mismos – los políticos -, que procuren los ciudadanos la obtención de un apropiado sitio para trabajar en esas funciones; que lo adquieran, o lo alquilen, pagándolo éstos directamente con sus propios recursos.  Es a ésos a quienes les conviene, el que se pueda laborar en ese orden.

 

A nadie debe extrañarle entonces, la situación por la que hoy atraviesa la doctora Zoila Martínez Guante.  Era algo que el hombre menos pensante en este país lo veía venir, dadas las circunstancias que rodearon esa escogencia.

 

De seguro que, muchos legisladores comentaron a la sazón por lo bajo, “vamos a salir de esta vaina, para quitarnos la presión de todos  estos ilusos tarados, que aún siguen creyendo en  nosotros.  Ja, Ja, Ja; ¡qué estúpidos son!

 

Ahora, en las declaraciones que ofreciera la “Defensora del Pueblo”, contenidas en una comunicación suscrita por la misma, según se dijera en el medio local citado, hay dos aspectos que merecen ser destacados por todo lo alto, para se advierta el  nuevo país en que están viviendo los dominicanos; en el que los irrespetos campean por doquier, incluido el desprecio y la deshonra a uno de los estimados “símbolos” más significativos de cualquier nación, la moneda de curso legal, ante la mirada indiferente de las autoridades internas aquí.

 

Declaró la “Defensora”: “los dueños de los inmuebles piden el pago de alquiler en dólares, con seis meses por la adelantado, con precios que oscilan entre US$6 mil y US$18 mil mensuales”. Parece ser que esta nación no tiene signo monetario propio; que su unidad de cuenta oficial, ya no tiene valor para muchos.

 

¿Por qué hay que pagar en dólares internamente, exigible en muchas ocasiones, por los alquileres, al igual que otros tipos de servicios y bienes, cuando el peso dominicano es el que rige oficialmente, según la Carta Magna (Artículo 229),  aunque muchos títeres y alienados que se gasta la República, antinacionalistas por demás, crean en realidad  que éste es el patio de los Estados Unidos de América? Incluso, cobrándosele en dólares al mismo Estado Dominicano, en un gesto propio de burla y especulación a la vez. ¡Ya sí que llegamos!

 

El otro asunto al que hiciera alusión la doctora Martínez Guante, que merece destacarse es: “A esto se suma la limitante de que los dueños de los inmuebles no quieren negociar con el Estado”, lo cual es obvio significa, que el mismo carece de toda credibilidad  ante la población, mayormente la pudiente, y que los niveles de confianza con respecto al mismo andan por el suelo. ¡Penosas esas cosas! Sin moneda oficial aparente; y mucho menos, creencia en el Estado nuestro, según lo que se advierte.

 

Cuando se repara en aspectos tales como los señalados precedentemente, sólo quedan dos preguntas obligadas que hacerse: ¿Dónde están los hombres de este país para enmendar?  Y la otra, ¿es que la “gaydeza” que se respira en esta sociedad, ya contagió a la gran mayoría de ésos?

 

Es posible que no falte mucho tiempo, para ver un osado anuncio ofertando en venta el “Altar de Patria” en esta nación, siempre y cuando el pago se realice en dólares. Y, como puede esperarse, todo seguirá igual, sin que nadie se oponga a la transacción.

 

Las acciones desaprensivas y vergonzantes de los políticos nacionales en la actualidad, con rarísima excepciones, son la que hacen siempre recordar a Trujillo, y su régimen, en este país, que nadie puede negar, valorizó la moneda nacional, incluso equiparándole con el dólar norteamericano – Artículo1, Ley Monetaria No.1528, del 9-10-47 – . Fueron de las ejecutorias loables de aquel gobierno, entre otras cosas.

 

Además, el dictador dominicano de entonces, liberó el país de su deuda externa, en virtud de la firma del Tratado Trujillo-Hull.  El Tesorero Nacional emitió a la sazón, el cheque No. 263706, fechado 19 de julio de 1947, por $9,271,855.55, a favor del “REPRESENTANTE DE LOS TENEDORES DE BONOS CIUDAD TRUJILLO”,  en una acción esta última, que bien se pudo considerar entonces, tendente a la preservación de la soberanía nacional, de la cual siempre fue vigilante celoso ese mandatario; como, a evitar los injerencismos extranjeros de toda clase, con incidencia en nuestros asuntos económicos, como en el caso del valor de la moneda, precisamente. ¿Y ahora, qué pasa? ¿Justificación? ¡Son épocas diferentes!

 

Los incluidos aquí, ¡son datos históricos a los que se tiene fácil acceso!  Claro, de cosas como ésas poco se quiere hablar en estos tiempos, para evitar las comparaciones de orden – “el que todo es objeto de comparación”, y las conclusiones seguras -. También, se les acusa de trujillistas a los que por circunstancias osan hacerlo.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández

 

 

¡El “egotazo” es seguro!

¡El “egotazo” es seguro!

 

No hay una verdad más cierta que esa que dice: “mientras más alto las personas se creen estar, por egotismo, el golpe al caer de repente, más fuerte se reporta”.

 

Eso es algo que, con bastante regularidad se puede apreciar, respecto de los tantos envalentonados que se crecen en grado extremo, producto de determinadas circunstancias que les favorecen temporalmente – cuando soplan los buenos vientos -, y que entonces soslayan, o dejan de lado por completo, el siempre loable sentido de la humildad, convirtiéndose de inmediato en encumbrados ignorantes inconscientes.

 

Son personas que se les infla el ego de tal manera, que jamás reconocen en sus momentos de esplendor la fragilidad de ese falso ser, que a tantos comportamientos impropios les induce, y que está sujeto a desvanecerse por completo ante cualquier súbito acontecer.

 

De repente, se produce la gran caída del estado de ánimo   encendido, y la altanería acostumbrada; se observa lo que bien puede denominarse, el “egotazo”, la destrucción de las formaciones mentales inherentes: creencia de supremacía, orgullo extremo, arrogancia, infidelidad; y en fin, la desobediencia total a los mandatos del Supremo Creador.

 

Entonces, cuando el “egotazo” se verifica, y la gente siente en verdad la impotencia de poder resolver por sí sola los graves problemas que de repente se presentan, comienza a sincerarse consigno misma, y a preguntarse sobre lo que en verdad somos los seres humanos, ¿cuál es su verdadera esencia?

 

Desde que las conclusiones primarias afloran inicialmente, que siempre tienen que ver con el aspecto espiritual, la inclinación inmediata es empezar a asistir a las iglesias en busca de orientación; a leer la Sagrada Biblia, y otras literaturas sagradas, como a reprocharse internamente, por lo que han sido hasta esos momentos  los comportamientos observados.

 

Se recurre de ordinario al llamado arrepentimiento convencional, y a aceptar a Cristo en su corazón, como dicen tantos, olvidándose que Él siempre ha estado allí, reconózcase o no, esperando que se le llame, para guiar hacia su emulación; sólo que, antes se le ignoraba.

 

Pero, cuando las cosas se ponen bien difíciles para los seres humanos, y  la incapacidad en éstos hace acto de presencia, para enfrentar y remediar determinadas situaciones repentinas e inexplicables en el ámbito mental, entonces apremia la sed de la espiritualidad, real esencia de la especie; y, se entiende como necesaria además, la orientación de Aquel, ¡el olvidado! Luego, se torna prioritaria su asistencia.

 

Ahora, la gran mayoría de esos simples arrepentidos opinan que, en ese mismo instante en que se toma tal decisión, todos sus problemas de índole divina han quedado resueltos, y que sólo habrán de contar los actos que se produzcan de ahí en adelante.

 

¡Craso error es esa concepción! Los padres siempre perdonan a los hijos. Pero, ¿y con las causas sembradas anteriormente, qué va a pasar?, ¿se pondrán totalmente en el olvido?, ¿no habrá punición o compensación alguna? Es obvio que, las conquistas quedan pendientes. No todo en verdad está resuelto con la compunción de las personas.

 

Gálatas 6:7, Sagrada Biblia, al alcance de todos, dice: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso mismo segará”. Eso significa, ¡que las facturas serán pasadas en su momento!

 

 

Evidentemente, el “egotazo” que se verifica surte de primera intención la actitud enmendataria esperada en aquellos que lo reciben, ya que se convierte en punitivo y aleccionador a la vez.  Ese es un acontecer que está muy relacionado con los llamados efectos kármicos de la presente corriente de vida, o alguna anterior, por conquistar, que es una concepción esoterista de gran consenso: Ley de Causa y Efecto.

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En ese mismo orden, algunos entendidos en los intrincados asuntos espirituales sostienen que, el “Mandamás”, en ocasiones se encarga de cortarles las alas  a muchos engreídos que se consideran la gran cosa, físicamente hablando, por condiciones muy favorables que dan en su favor, y que Él mismo las permite, mostrándoles de esa manera, ¡que es Él!, quien en realidad gobierna todo; que el deber de sus Atributos divinos – hombres -, es proceder como simples actores terrenales, manifestando Su Idea del Sí mismo en Expresión sobre el plano de la materia. (Interprétese, San Juan, Capitulo 1, versículos 1-3, Sagrada Biblia).

 

Además, que el ego de los humanos es una falsa creación mental, inducida o asumida; y que,  se debe aprender a acallar el mismo,  doblegándole cada vez, sin importar los “aguijoneos” provenientes de las bonanzas terrenales logradas, y las conquistas de poder, que proporcionan las diversas disciplinas que se ejercen, en las que siempre media la Voluntad divina, por lo que el orgullo, y la prepotencia humana, no son más que simples tonterías de la especie de los hombres.

 

Es indudable que, en virtud de lo expresado, no se correría gran riesgo en asegurar que, cuando el ego de las personas se convierte en director por excelencia de las corrientes de vida que se cursan, el “egotazo” aleccionador llegará en algún momento, ya sea por el natural efecto kármico derivado (recoger lo que se siembra), que se entiende inexorable en su oportunidad; o, por un llamado súbito especial, a la atención de determinados seres – hombres sirviendo de templos a espíritus encarnados -, por parte del Creador Supremo del Universo, para “invitarles” a observar los procederes debidos, y procurar la contrición de corazón necesaria.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández