El tránsito existencial humano es la mejor escuela

Hay un refrán, o máxima más bien podría decirse, que reza: “Nadie aprende en cabeza ajena”.  Y, esa es una realidad innegable.  Sólo enseñan las vivencias propias y las circunstancias prevalecientes, con el paso de los años, aun los consejos y las recomendaciones que se hayan podido de recibir de los más mayores, y experimentados congéneres.

 

En ese sentido, nunca hemos olvidado aquellas sanas orientaciones que en una ocasión nos diera un ex funcionario de una importante institución bancaria del país, para la cual tuvimos la oportunidad de trabajar siendo aún muy joven, comenzando a trillar caminos nosotros. Era un hombre aquel señor, de muy vasta experiencia y sobrada capacidad; un cura que venía de colgar los hábitos, y que se había dedicado a otra actividad, a la administración de recursos humanos.

 

Nos dijo en aquel momento, después de leernos, obviamente, “mi hijo, tú vas a sufrir mucho en esta vida,  Eres demasiado psicorígido, y te preocupas mucho por todas las cosas. Trata de flexibilizar en determinadas situaciones; de diferenciar entre lo que tú puedas resolver, y lo que no puedas resolver.  Hay asuntos resolubles que se deben dejar al tiempo. Los que no se reporten así, olvídate en gran parte de ellos.

 

Y continuó, claro, nunca dejes de prestarle la atención requerida a ninguno; pero, sin preocuparte en extremo. Lo solucionable puedes lograrlo con pocas acciones. Ahora, aquello que no lo es, nunca lo vas a solucionar”. Fueron más o menos sus palabras, y la síntesis de un sermón personalizado.

 

Escuché con mucha atención todas sus palabras;  las entendí perfectamente; y, las asimilé sin dificultad alguna.  No obstante, en muy pocos aspectos aplicaba su amplio mensaje, motivado principalmente en los ímpetus juveniles, propios de todo aquel que es proclive al perfeccionismo, como era nuestro caso; y, por la inexperiencia obvia.

 

Pero, todo fue hasta que tuvimos que asumir responsabilidades de mucho mayor grado dentro de aquella entidad, que las de entonces, como con respecto a la llamada existencia física misma, y el acto de presencia que hicieran algunas circunstancias conflictivas, muy difíciles de ponerles el frente, cuando comenzó a irse revelando la realidad de aquellas inequívocas precisiones “añosas” del susodicho gratuito consejero.

 

Incluso, las asociamos de inmediato con aquella máxima tibetana, que ya por suerte conocíamos, y que expresa: “Si tu problema tiene solución, ¿por qué te preocupas? Si tu problema no tiene solución… ¿por qué te preocupas?”  El  sentido obvio de la misma es que, lo que tiene solución se puede resolver; lo que no, es imposible.

 

El tiempo nos fue enseñando a partir de ahí que, las preocupaciones que provocan determinados asuntos, hay que aprender a manejarlas en verdad; que cuando son mal asimiladas, y enfrentadas por supuesto como no se debe, se pueden convertir en una incontrolable tautología mental, conducente a peligrosos estados de ansiedad, y depresivos también, que finalmente terminan provocando graves enfermedades orgánicas en los humanos.

 

Está comprobado ya, que la preocupaciones van socavando la fuente energética de las personas; acaban con el poder físico-mental de las mismas, cuando se enraízan; por lo cual, la mejor receta siempre debe ser en todos los casos, el procurar  sosiego, la paz, aquietar la mente; dejar que fluya la voz silente del Director interno que mora en cada cual,  para emprender las acciones que se correspondan, de acuerdo siempre con su Magna Voluntad.

 

O, dicho de otra forma,  pero con igual sentido, proceder  frente a cualquier dificultad de esa naturaleza, “recurriendo a la ataraxia” (quietud absoluta del alma), “lograda mediante la práctica de la suspensión del juicio”,  según Pirrón, filósofo griego de la Antigüedad clásica, considerado el primer escéptico en la disciplina. Así lo sostienen y comparten  algunos entendidos, para de esa forma tratar de impedir el debilitamiento que toda situación preocupante  pueda provocar.

 

Por último, ¡recordad siempre!, que sólo somos actores en la obra titulada “Expresión Terrenal Divina”, bajo la dirección única del Gran Arquitecto del Universo, en la que todos tenemos papeles asignados que desarrollar. Luego entonces, ¡no hay porque preocuparse!; nada más se debe dejar todo, en manos de Quien dirige.

 

Rolando Fernández

 

 

 

¡Sí que debería ser tratado el tema energético nacional!

Según aparece en una pequeña reseña de prensa publicada en el periódico “Diario Libre”, en su edición de fecha 22-2-12, el señor Celso Marranzini, vicepresidente ejecutivo de la CDEEE, pide no incluir el tema energético nacional en los debates y parloteos de la campaña electoral que cursa.

 

Claro, de acuerdo con lo que aquí estila en los procesos de esa naturaleza, colmados de demagogias, falsas promesas y retóricas dirigidas, sería lo más aconsejable, dadas las intríngulis y características muy sui generis que envuelve esa problemática, tan delicada y significativa para la nación en general. Y es que, evidentemente, en ese panorama así matizado, se le haría mucho más  daño que bien  al país, en virtud de los intereses empresariales-políticos compartidos que rigen en el área.

 

Hay temas que, por su innegable complejidad no deben ser incluidos en los aguerridos planteamientos y los dimes y diretes que caracterizan las campañas proselitistas nacionales.  Ese es un asunto que, al igual que otros, por su naturaleza e implicaciones de órdenes diversos, no debe mezclarse con aspectos enteramente políticos de momento; sino, que merece reservarse para otros tiempos y circunstancias; en escenarios dentro de los cuales se pueda tratar con la seriedad y voluntad debidas, que el mismo implica.

 

Es evidente que, “todos son culpables”, como bien lo señala el señor Marranzini; tanto el sector político como el empresarial, agregaríamos nosotros, por los maridajes y componendas que se han dado entre ambos, con trascendencia hasta la opinión pública en general.

 

Según expresara dicho funcionario, “Apelo a la sensatez de nuestros candidatos a la presidencia  para que el tema el eléctrico no sea incluido como agenda de campaña, ya que si vamos a buscar responsables, todos somos culpables de una u otra manera del problema energético nacional”.  ¡Esa apreciación de culpabilidad es muy cierta!, y justificativa a la vez, aunque no debería constituir un pretexto, para dejar de introducir con firme voluntad las enmiendas que se requieren, al tiempo de no continuar dándoles largas a una situación tan deleznable.

 

Si en este país los principales actores en el ruedo político, con  pretensiones a dirigir los destinos nacionales tuvieran reales intenciones de trabajar por el bien de todos los dominicanos, al margen de los intereses particulares, incluyendo los foráneos, algo que de ordinario no ocurre, ese sería uno de los asuntos de mayor trascendencia a incluir en un próximo programa de gobierno.

 

Y por supuesto, procedería el confrontar entonces los pareceres individuales relativos, como las alternativas posibles de solución, durante ésta o cualquier campaña electoral, en que mediaran, principalmente, la honestidad y el deseo de servir, para tratar de resolverle dicho problemazo a esta República.

 

Pues, como bien es sabido en todos los ámbitos de esta nación, con el servicio público de la energía eléctrica – deficientísimo -, la población en general se siente engañada, al tener que pagar por el mismo una tarifa considerada la más cara del área del Caribe, según los expertos, amén de estar obligada a soportar las grandes tandas de apagones que se verifican, normalmente medalaganarias y abusivas.

 

Y que, todo eso se origina en el gran maridaje político-empresarial que media en el jugoso negocio, en base a los leoninos contratos suscritos con las generadoras, que a quien menos benefician es al país; sí, a los grupos regentes.

 

Sin embargo, que la mayor preocupación de la CDEEE, presidida durante los últimos años por el señor Celso Marranzini, ha sido la concertación de préstamos internacionales, para la pagar las deudas acumuladas con los generadores, ¡y nada más!; que todo el resto se queda en anuncios de desarrollo y eficientización del área, sin que el progreso real se alcance a ver.  La gente percibe que todo no es más que falacias, burlas y abusos en contra de las grandes mayoría nacionales.

 

Otra aseveración que mueve a inquietud en la exposición del señor Marranzini, es cuando él dice que, “Yo le aseguro a usted que dentro de los próximos años veremos resuelto el problema energético que hemos arrastrado por décadas”.

 

Una gran pregunta que se deriva en torno a esa aseveración es, ¿cuál será la forma en que se habrá de lidiar con los intereses políticos-empresariales que se mueven dentro del sector? Pero además, habría otra interrogante de mucha consideración, y que se refiere a la satisfacción plena de todas las condicionantes dirigidas, que de seguro envuelven los contratos de préstamos suscritos para el área, que han proporcionado un flujo de  tantos recursos financieros para las actividades inherentes a la misma. Y por último, hasta cuándo estará en el cargo el señor Marranzini, que habla con esa firmeza sobre la solución requerida.

 

La gravedad fehaciente del problema energético nacional, que abate a una gran parte del país, en términos de los altos  precios a que se ofrece el servicio, como la ineficiencia que se registra en relación con el mismo, reiteramos que debería ser un tema de capital importancia en el marco de la presente campaña electoral, siempre y cuando los actores políticos que participan,  estén en capacidad de interceder realmente, para resolver esa preocupante situación generalizada.

 

Pero, lamentablemente, no  es eso lo que aquí se estila.  Lo que hoy tenemos de cara, es un nuevo proceso electoral caracterizado por: las falsas promesas, el transfuguismo, y el gran negocio de la política, como una de las  inversiones más rentables aquí.

 

Entonces, resulta obvio entender la posición del señor Marranzini; ya que, la vigencia plena de esas condiciones últimas, sí que les restaría meritos a las actitudes de querer abordar el tema durante el proceso.

 

No obstante, se deben crear otras dentro del mismo, para intentar debatir y proponer soluciones sobre la temática,  con la mayor objetividad posible; más aun si es tomado en consideración que, no todos los competidores están altamente comprometidos con los patrocinadores que sustentan económicamente sus campañas. ¡Algo se podría lograr en consecuencia!

 

Rolando Fernández

 

 

 

Languidece cada vez más la fuente de la dominicanidad

Tanto la tecnología moderna mal asimilada, la penetración cultural desmedida, y la falta de un sistema educativo concienciador, dispuesto para las grandes mayorías nacionales, han venido provocando efectos desastrosos en la capacidad de raciocinio de la juventud del país, principalmente, casi robotizada por completo; al tiempo de ir  abonando de manera sostenida la tierra, para el crecimiento rápido de la falta de identidad patriótica que en presente se verifica.

 

Es lamentable el tener que reparar con la debida atención, sobre como la idiosincrasia de los dominicanos se ha ido perdiendo con el paso de los años, al extremo que, hasta el amor por su música autóctona, el respeto por la bandera, y el signo monetario del país, que son de los símbolos principales que identifican  a cualquier nación organizada, se han tirado por la borda; han dejando de prevalecer aquí.

 

Ya de lo nacional propiamente, es muy poco lo que se respira, como se diría en el argot popular.  El acervo cultural de los dominicanos se ha ido dejando de lado, para dar paso a los ritmos extranjeros metálicos y sincopados; a prácticas y celebraciones insulsas en su mayoría, importadas de otras latitudes, cuyos orígenes reales desconoce en muchos casos  un gran segmento de la población que participa de esas; aunque evidentemente, sí que se dejan conducir por la magia inductora del mercadeo moderno, en que se resalta la vigencia de aquellas, pero siempre en el contexto del esnobismo comercializado actual.

 

Es por ello que, tantos en este país se limitan a decir, cuando alguien cuestiona sobre las razones para celebrar determinados actos; la utilización de ciertos vestuarios y prendas decorativas; como, los tatuajes corporales que se estilan, ¡yo no sé!,  porque es lo que estás de moda; actuando siempre como inválidos mentales, sin personalidad definida; que se dejan arrastrar tal cual animales con un “narigón”, atados a una soga, para halarlos.

 

Claro, en los comportamientos  juveniles inadecuados nuestros que se hoy se observan, no solamente vienen incidiendo la tecnología moderna y la penetración cultural en curso, sino también el tráfico y consumo de sustancias alucinógenas; al igual que, el diseños de los nuevos patrones o paradigmas de orden político alienantes, con un propósito claramente definido, preservar posiciones de Estado, y salvaguardar intereses económicos particulares.

 

Es una lástima que así sea. Pero, ¡es lo que hay!, sólo combatible con acciones y actitudes de concienciación ciudadana; de orden educativo en sentido general.  ¿Cuándo llegarán?; ¡difícil!, el poder precisarlo.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

Saber qué es el hombre en verdad, ¡se impone hoy!

Saber qué es el hombre en verdad, ¡se impone hoy!

 

¿Qué es el hombre?  Esa es una de las preguntas más difíciles de responder en el ámbito propiamente esotérico, por lo insondable que resulta cualquier respuesta para el interlocutor que manifiesta la inquietud de saber, aun se encuentre este último hollando senderos de alta espiritualidad.

 

Hay que imaginarse entonces, como sería el intentar hacerlo en el contexto religioso convencional, partiendo de la interpretación, muy subjetiva en la mayoría de los casos, de literaturas que, aun se consideren sagradas, están al alcance de todos; y por tanto,  resultan inteligibles para la mayoría de lectores,  sin la utilización de complementos adicionales, obligados siempre.

 

Y no es por incapacidad en el orden académico, sino más bien por la falta de concienciación, en cuanto a la verdadera naturaleza del hombre, y su procedencia en términos de evolución espiritual, como del rol que en verdad le sobre compete sobre el planeta Tierra.

 

Claro, el tratar de ofrecer una respuesta a la interrogante de que se trata, se hace de acuerdo con el nivel de conocimientos que haya logrado cada cual, y del acceso literario espiritual limitado en base al cual se haga; y por consiguiente, no resulta criticable del todo, ya que siempre algo se aporta, aunque sea incompleto.

 

Además, de ordinario despierta interés en otros que han podido llegar un poco más lejos, en el sentido de las investigaciones requeridas, siempre de carácter esotérico, por tratar de complementar lo dicho, a los fines de que se logre alcanzar una mayor edificación sobre asuntos de tanta importancia para la humanidad en general.

 

El procurar ofrecer una contesta completa sobre lo que es hombre en realidad, supeditado a algunos textos y versículos exclusivos de las Sagradas Escrituras, no es lo más aconsejable, porque puede inducir a confusiones, más que clarificar por completo.

 

Ahora, no es que el Sagrado Libro no contenga parte de las respuestas; ¡sí que las hay!  Pero, hay que tratar de descodificar los mensajes relativos; y, extraer la quintaesencia a los allí plasmado, trasladándose mentalmente hacia las esferas del conocimiento espiritual profundo;  procurando a la vez, fuentes complementarias del saber esotérico, en el contexto de lo  que aquí se trata.

 

En la Biblia no está todo cuanto el hombre debe conocer;   además de los efectos tergiversantes provenientes de las traducciones de que ha sido objeto, como  los matices egotistas personales a veces incluidos.  Esta última razón es la que ha provocado la creación de tantas sextas religiosas, aun teniendo como base el mismo libro.

 

Maestros de gran sabiduría, muy connotados a nivel mundial, dijeron durante su estadía y recorridos por el plano físico, y así lo dejaron escrito, que  el hombre es un Atributo divino, de Dios Mismo en expresión terrenal; un actor en su Obra de manifestación terrena, que debe proceder como tal, sin identificaciones propias. Y eso, no aparece escrito de forma tan directa en la Sagrada Biblia, para ser entendido. Sí, que se puede inferir de los versículos 1-3, del libro de Juan, y de Jeremías 10-23.

 

Los hombres somos Dios Mismo en expresión terrenal, reiteramos, con roles distintos que manifestar cada uno.  De ahí, las diferencias individuales que se verifican, tal cual ocurre en las obras teatrales y las películas; sólo que, en el caso de la especie humana, la dirección general está a cargo del Gran Arquitecto del Universo, que es el Hacedor de todo.

 

Hace unos días, precisamente, escribimos en el importante medio digital “Nuevo Diario”, un artículo bajo el título, “Razón de las diferencias individuales en la especie humana”, tratando de explicar sobre las mismas en todos los órdenes – físico emocional y mental -, y que las mismas están en función directa con el papel que a cada cual le toque desarrollar durante los tránsitos de vida, subsistencia física, dentro de la Gran Obra Divina de manifestación terrenal. ¡Todos los hombres no podemos ser iguales! Probablemente, eso satisfaga una importante pregunta.

 

Luego, para conocernos los hombres en realidad, y por tanto, al Dios inmanente que mora a lo interno de cada uno, podríamos comenzar por hacerlo estudiando la “Sagrada Biblia”, en una fase inicial. Pero, para conocer en verdad esa Presencia Divina que siempre nos dirige, y que es un fragmento o reflejo en el interior de las personas, del Padre Supremo en los Cielos, designadas las mismas como sus Atributos encarnados, la única y real fuente infalible, se encuentra dentro de nosotros mismos. ¡Ahí sí que está todo cuanto debemos saber, y la perfecta guía! No hay que buscar nada fuera.

 

Señor Francisco Rojas, columnista del periódico “El Día”, gracias por lo expuesto en su trabajo, “Qué es el hombre”, en la edición del 9-2-12, pues nos motivó a escribir sobre el tema una vez más.

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

¡Déjenlos descansar en paz!; ¿para qué mencionarles tanto?

Verdaderos líderes políticos aquí ya no quedan. Y, lamentablemente, cuando se observa hacia delante, las probabilidades de que puedan surgir en el futuro inmediato son muy pocas, por lo que se advierte en curso de las actividades presentes en ese orden, sobre la escasez de gente con reales condiciones para abrazar esa disciplina.

 

Esa es una realidad innegable, cruda y lastimosa, que los dominicanos debemos tener bien presente, al tiempo de afrontarla con serenidad y sosiego extremo, a los fines de discriminar entre los eventuales políticos a dirigir próximamente los destinos nacionales, como la administración y conducción de la cosa pública, en busca de seleccionar lo que más adecuado resulte, ante la situación generalizada y preocupante en que vive el país.

 

Hombres de las estaturas moral y política de aquellos tres grandes líderes, cuyos nombres iniciaban con la letra “J” (Bosch, Balaguer y Peña Gómez), que otrora se mostraran como defensores a ultranza del suelo patrio y de los intereses nacionales, cuyos principios no legaron en realidad, aunque trataron de transmitirlos en vano a la posteridad, como a sus principales discípulos, difícilmente aparezcan por éstos, que fueron sus lares, sus tierras natales, hasta dentro de algunas décadas.

 

A esos sólo se les recuerda en tiempos de campaña electoral, para tratar de confundir a la población, y como herramientas mercadológicas a utilizar durante las mismas.  Se reproducen algunas de sus frases y palabras, o fragmentos de sus vehementes alocuciones pasadas, para entusiasmar a los ingenuos, y venderles la falsa idea de su firme adhesión a los preceptos morales y las normas de vida política que aquellos observaban.

 

Claro, eso denota la búsqueda de sombrillas para cubrirse, y la gran debilidad que se verifica en el liderazgo político actual, condición esta última  que también induce a muchos aspirantes a cargos electivos en el área, a recurrir a la magia seductora del mercadeo moderno, para tratar de ganar adeptos y simpatizantes, mercadeándose al igual que un producto de consumo básico cualquiera, con las demagogias y retóricas engañosas que eso implica; y que, en el caso específico de la de la disciplina política, constituye un craso error.

 

Ya los actores de nuevo cuño en esos quehaceres, con tantas intríngulis, y en los que se requiere de fino tacto, como de mente fría,  para diseñar estrategias que resulten efectivas,  sobre las cuales decía el gran maestro Bosch que, “hay cosas que se ven, y otras que no se ven”, tienen que aprender a caminar  solos por completo, sin asociación alguna con los nombres de aquellos prohombres que les cobijaron en el ayer con sus magnificas sombras.

 

Primero, porque ya ellos no están; éstos son otros tiempos, mucho más proclives al antinacionalismo, a la corrupción estatal, y a la comercialización política, que no eran de pleno condiciones atribuibles a los mismos.

 

Y segundo, debido a que en nada positivo se les trata de emular. Sí, jugar con sus nombres para los aprestos politiqueros que se llevan a cabo, lo cual llevaría a concluir que, en vista del contraste que se verifica entre el pensar de sus ayer mentores y guías, respecto de los que hoy procuran se les relacione con aquellos, a través de las menciones y recordatorios oportunistas a que se recurren durante los recorridos y actos proselitistas, lo que más están haciendo es pisoteando y burlando sus memorias

 

Preferible sería entonces que, no se les nombrara para nada, y se les deje descansar en paz en sus tumbas. Es mejor que traer sus recuerdos a la memoria de los buenos dominicanos – ¡que sí les honran! -, durante las vorágines y parloteos electorales que de ordinario se gasta el país, en que sólo rige el mercadeo partidarista; y por supuesto, los intereses particulares.

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

 

La violencia de género, ¡no debe ser tema de campaña!

 

 

La verdad es que, a todos estos políticos de nuevo cuño les gusta  el tratar de tomarle siempre el pelo a la población, habándole sobre cualquier cosa que pueda llamar la atención, o de promesas sin fundamentos de ningún tipo, durante las aguerridas campañas electorales.

 

Todo se quiere llevar al contexto del hervidero político, y sancocharlo dentro de la misma olla de presión; aquella de las falsas promesas y de las soluciones aéreas, en que se depositan todos los ofrecimientos proselitistas, que luego de pasados los comicios, se convierten en las hojas muertas y caídas del árbol llamado “demagogia”, las cuales arrastran los vientos, y el tiempo las hace desaparecer.

 

Hay temáticas que, por sus intríngulis, importancia y trascendencia social, no se deben de tratar en el marco de ningún proceso de tipo político eleccionario; pues, son cosas que envuelven asuntos muy delicados, que se está en la obligación de ponderarles y ponerles el frente de manera sosegada; abordarles con la seriedad y firmezas debidas, a los fines de poder decidir sobre la adopción de medidas correctivas inmediatas, o procurar soluciones definitivas, que son características o condiciones que nunca se podrían lograr dentro del ámbito de la política competitiva; y menos comercializada, como lo es en el caso nuestro.

 

Eso, que se puede considerar ya como un flagelo nacional de alta peligrosidad, y que se refiere a la práctica in crescendo de los llamados femenicidios, la violencia de género, e intrafamiliar, no se puede estar mezclando con retóricas acomodadas, y esas sandeces que, de ordinario  se estilan en medio de las campañas politiqueras que nos gastamos los dominicanos, en las que rigen mayormente los intereses personales y partidaristas.

 

Ese es un tema bastante delicado, y que tiene muchas aristas por donde cortar, para querer venir a envolverlo ahora en esta vorágine de parloteos proselitistas; precisamente, porque se sabe muy bien que preocupa a la ciudadanía, y que llama la atención;  por lo que, lógicamente, se trata de utilizar como herramienta mercadológica oportunista.

 

Y porqué los candidatos a la Vicepresidencia de la República, pertenecientes a los estimados partidos mayoritarios en el país, que de repente han sacado a relucir ese tema en el debate de la campaña, y sus aprestos politiqueros, según apareció como noticia de primera plana en el periódico “El Día”, edición del 13-2-12, no se inclinan mejor por referirse de manera directa a la razones que se encuentran en la base misma del problema; y decirle a la población cómo cada uno de ellos trataría de enfrentarlas desde esa alta posición, en el caso de lograr alcanzarla.

 

Claro, se tendría que hablar por supuesto de: la degeneración familiar que se verifica (concienciación), el concurso obligado de las iglesias, que no se tiene, la educación requerida faltante, el combate real y efectivo a las drogas, como a la corrupción estatal, muy cuestionables ambos hoy; y, hasta de tratar de disminuir la funesta intención de competitividad total entre géneros. ¡Esas, todas!, son de las raíces en las que sustenta dicho mal, y que producen efectos en cadena.

 

No es cuestión de planteamientos retóricos, y bla, bla, bla, incluyendo dizque la firma de un llamado “Pacto Nacional para la Erradicación de la Violencia de Género”; ¿pacto para qué?  ¡Que no traten de agarrar el rábano por las hojas!, como se dice.  (Véase periódico “Diario Libre”, del 16-2-12, página 17).

 

Evidentemente, sobre lo que más conviene hablar en estos tiempos, a sabiendas de nada se va a hacer, es de los femenicidios y la violencia de género, en términos muy generalizados. ¿Qué se logrará con eso?, ¡nada!, que no sea seguir lloviendo sobre mojado, y mercadearse los actores políticamente.

 

Luego, con todo el respeto que nos merecen esos candidatos que se han inclinado por tal iniciativa, lo más aconsejable sería que, dejen para otros momentos y circunstancias el tratar sobre esa situación, ya que reiteramos, ese es un tema muy delicado e importante para el país, que no merece ser pincelado con ribetes  emotivos y políticos de temporada. Además, que se tenga presente, el que aquí todavía queda gente que piensa un “chin”, para estar poniendo su  atención en ese caramelo sin sabor de campaña

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

¡Una serie bien pagada y apagada!

Cuantos deseos les quedaron a los dominicanos, de ver jugar en realidad pelota, durante la recién finalizada “Serie del Caribe”, un evento beisbolero que otrora concitaba tantas emociones; que acaparaba la atención del todo país, aun el escenario de juego fuera en otra nación; y, sin importar el equipo  representante   nuestro.

 

Más sin embargo,  en esta ocasión, a pesar de jugarse en el país, todo pasó prácticamente, sin ton ni son, como se dice a nivel pueblerino. Y, no obstante que la representación dominicana saliera victoriosa, obtuvo el campeonato, el sentir emotivo ciudadano fue mínimo, al ganar el conjunto nacional de manera automática, porque otro competidor en el evento, perdió ese mismo  día.

 

Eso significó, que ya poco sentido tenía el continuar jugando, situación ésa que contribuyó a deslucir aun más la parte final de la celebración deportiva, partidos en que se les dio la oportunidad de jugar a prospectos sin experiencia y brillo alguno, no sólo por parte de la novena nuestra, sino también las de los demás países participantes.

 

Indudablemente que, ya la llamada “Serie del Caribe”, ha perdido todo su esplendor y lucidez, y que la razón fundamental de ello está constituida por los aprestos de comercialización que ahora ésta envuelve.  Ya no hay pasión en los jugadores, si sentido de rivalidad, como tampoco deseos vehementes de competir entre los países, como era antes. Mucho menos tienen los promotores, el deseo de montar un espectáculo que en verdad pueda agradar a los fanáticos.

 

Los mercaderes a ultranza de esa actividad, ayer deportiva, comenzando por los equipos de las Grandes Ligas, se han encargado de dañarlo todo; no permitiendo esos últimos en principio, que muchos jugadores con condiciones y calidad, participen en los torneo invernales, bajo el pretexto de las lesiones posibles, por lo que esas novenas latinas quedan a cargo de los novatos y de peloteros que ya han pasado sus mejores tiempos, en sus respectivos países y fuera del mismo.

 

Además, los mejorcitos, como ya están imbuidos en el gran negocio del bate y la pelota, se creen que hay que pagarles como estrellas en el área,  y que se les deben aceptar todas sus malas crianzas, brutalidades, engreimientos, etc.  Pero además, tampoco  lo ofrecen todo en el terreno de juego; “lo cogen de vaina”, como se dice en el argot popular.

 

Entonces, para conformar los equipos a participar en la “Serie del Caribe”, se tiene muy poco para escoger, y con las exigencias de altos pagos.  Muchos entienden que hay que remunerarles en dólares norteamericanos, al margen de la unidad monetaria de los países participantes.

 

Ese parece ser uno de los motivos por el cual, los montadores del espectáculo en los países sede, les tienen que cobrar en dólares a los fanáticos que asisten a presenciar los juegos en los estadios, lo cual eleva considerablemente los costos en que tienen que incurrir los espectadores, y golpea por supuesto los niveles de asistencia, hacia abajo.

 

Tal situación se produjo este año en Santo Domingo, cuya moneda de curso legal es el peso dominicano, según la Constitución de la República. Sin embargo, se estaban cobrando las entradas al estadio, en dólares, lo que de seguro influyó de manera negativa en los niveles de asistencia; y, por consiguiente, en la rentabilidad del evento.

 

Es obvio que, para la que imagen de ese mini torneo invernal entre ligas, no se siga deteriorando más, con posibilidades de desaparecer su montaje dentro de dos o tres años, los promotores del mismo tienen que revisar todo ese marco normativo que rige desde sus inicios; adaptarle a los nuevos tiempos y circunstancias.  Pero también, restarle lo más posible a ese espíritu de “mercurialidad” presente, que es lo que más predomina hoy, y lo que tanto daño le está haciendo.

 

¡De lo contrario, se puede ir redactando su panegírico! Ahora, es muy posible que muchos estén equivocados;  que sean ciegos o tarados; y que, no pudieran ver y aquilatar los que en verdad ocurrió con dicha Serie, ya que el flamante presidente de la Liga de Béisbol Profesional de la República Dominicana, y del Comité Organizador del certamen, dijo a la prensa nacional, “que ha sido una de la mejores de los últimos años”.

 

Si ésta fue mejor que otras anteriores, las del ayer se pueden considerar extraordinarias, y hasta “paradisíacas” en todos los sentidos.  Claro, es posible que ese señor esté hablando de esa manera, en término de los beneficios logrados, que siempre proporcionan los patrocinadores comerciales.

 

En los otros órdenes, hay que tener bastante tupé y cara dura, para calificar de esa manera algo que, la generalidad de los fanáticos entienden no sirvió; y que, los juegos de la serie final de campeonato nuestra, fueron mil veces mejores, y más emocionantes, que los celebrados durante ese último y deslucido evento caribeño, con una pírrica victoria para el país.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ahora sólo venden en los escenarios ropajes y enseñaderas

¡Como cambian los tiempos señores! Las ofertas artísticas en los años anteriores siempre se hacían en base a reales condiciones para divertir, crear y despertar sentimientos a través del arte de cantar, piezas emotivas, con delicadas letras, y magistral musicalización como complemento.  Pero además, se ostentaba gracejo, ética y personalidad muy propios, por parte de los actores.

 

Sin embargo, todo eso se ha tirado hoy por la borda.  Ahora no se canta; se vocean sandeces sin sentido alguno; y, lo que más se vende en los escenarios, y atrae por supuesto a los robotizados y alienados de las nuevas generaciones, son los vestuarios indecentes y estrafalarios; la falta de acicalamientos, los tatuajes “animalescos” de identificación, de moda en la actualidad,  entre  muchos los seudos artistas del momento; y por supuesto, los exhibicionismos corporales, principalmente los femeninos.

 

Todos esos “voceadores”, conscientes de su mediocridad artística, y de las características de gran parte del público espectador moderno, recurren a enseñar sin pudor alguno los encantos personales (femeninos) que se creen tener, y en base a los cuales pretenden conquistar aficionados. Ya no se aspira a  atraer público con buena y dulce  voz,  hermosas poesías musicalizadas, y acompañamientos musicales de calidad.  ¡Esas cosas quedaron en el olvido!

 

Son tan pocas las cosas que en el  presente se tienen, no sólo aquí, entre las cuales escoger, que los verdaderos empresarios artísticos se inclinan por elegir para sus negocios de presentaciones en estos  tiempos, a  muchos artistas del pasado, sin condiciones obvias hoy, por razones de edad y limitaciones físicas, pero que “jalan” más que todos estos “canta malo” y musicólogos de nuevo cuño.

 

Más que muestras fehacientes son, las contrataciones para los espectáculos que se estilan durante los días de febrero de cada año, mes señalado como “del amor y la amistad”. Los artistas que más se incluyen en los eventos para la época son: la Sophy, Aníbal De Peña, Danny Rivera, Sonia Silvestre, Julio Iglesia,  etc., ¡gente que fue, y que no tiene sustituto hoy!

 

Rolando Fernández

 

 

 

¿Debatir qué, y para qué?

La verdad es que, ya estos políticos tradicionales, con el concurso pagado de algunas cajas de resonancias radiales, televisadas, o través de los medios escritos de comunicación, no saben como seguir mercadeándose, y embaucando a la población.

 

Ahora, el asunto gira en torno a la realización de un debate público entre los principales candidatos a la presidencia de la República, de cara al proceso electivo de mayo próximo.

 

Si es tomado en consideración que la esencia de un debate radica en  la confrontación de pareceres, el análisis sustentado, y la discusión seria de los temas que se aborden, lo cual no parece tener  mucha efectividad cuando de asuntos políticos-proselitistas se trate, habría que preguntarse entonces, ¿qué utilidad  real tendría para la población  un acto de esa  naturaleza en estos momentos?

 

Ninguna, obviamente, ya que sería algo muy parecido a los llamados programas de gobierno que se elaboran, que sólo existen en papeles.  En el debate, todo se quedaría a nivel de bla, bla, bla, y la única intención previsible sería la descalificación mutua entre los participantes.

 

Ahora mismo, el estar promoviendo una presentación de ese tipo, para debatir propuestas entre el Lic. Danilo Medina y el señor Hipólito Mejía, de la oposición, tendría muy poco sentido; en realidad no valdría la pena. El señor Medina por su parte, candidato del partido oficialista, vendría a hacer más de lo mismo que han hecho sus  compañeros de organización, durante los años que tienen gobernando, bueno o malo. Además, sólo hay que pensar en el entorno que le rodea; ¡ahí está dicho todo!

 

Por su parte, el señor Mejía, no creemos que nada tampoco pueda hacer, superior a lo que fuera sus gestión de gobierno. Primero, por las características de los nuevos tiempos; además,  contando con el concurso del mismo séquito anterior. Y, segundo, por el escenario preparado – difícil-, que se le habrá de dejar, en el caso de que logre ganar las elecciones.

 

Son ambos políticos tradicionales, de nuevo cuño, que nada diferente van a aportar.  Todo será más de lo mismo en ambos casos.  Uno, con más tacto y sutileza; y el otro, con la ligereza acostumbrada.

 

Luego, ¿para qué debatir nada frente al pueblo?  Cada uno de ellos sabe muy bien en el fondo lo que se tiene que hacer en esta nación para cambiar sus inciertos derroteros, sin necesidad de tener que debatirlo. ¡Lo difícil es poder hacerlo!  Llevar a la realidad las buenas intenciones que cualquiera de los dos pueda tener.

 

Rolando Fernández

 

 

 

Posibles homicidios infantiles involuntarios

Aquí se sigue jugando con la sagrada salud de los niños en las escuelas públicas.  Las intoxicaciones de alumnos en algunos planteles escolares siguen, principalmente, en el interior del país.  La situación se viene registrando desde hace ya un tiempo considerable a la fecha, sin que aún al parecer, se hayan tomado las medidas correctivas de lugar.

 

El último caso reportado, se produjo en 14 escuelas de la comunidad de Básima, del distrito municipal San José del Puerto, en Villa Altagracia, según lo reseñara la prensa local, al ingerir los niños la merienda suministrada, hecho que la comunidad relaciona con el cambio de la empresa suplidora, a partir del 17 de enero del año en curso, con lo que dijeron sus moradores sentirse a disgusto.

 

Según expresaron, “Ellos sienten que es diferente la leche, que quisieran que volviera la otra empresa, o sea, que fuera de que los niños tuvieran esa situación, ellos lo que piden como comunidad al Ministerio es que le volvamos a llevar a la otra empresa”. (Véase periódico “Listín Diario”, edición del 6-2-12, página 2ª).

 

Es obvio que, lo externado por los miembros de aquella comunidad mueve a una preocupación obligada.  Si esa gente estaba conforme con los proveedores anteriores de los alimentos, ¿por qué entonces les cambiaron? ¿Cuál fue en realidad la razón?; ¿Control de los lotes o números de salida de los productos entregados, por parte de Educación, según se alegó? ¡Bueno!; como que eso no ritma mucho; habría que explicarlo con mayor claridad a la población. ¡Se cambio de suplidor, y del tipo de leche!

 

Lo que sí parece ser es que, ocasionalmente, se tienen proveedores preferidos, por razones que sólo los políticos conocen, y los funcionarios del ministerio de Educción, independientemente, de cuáles puedan ser los resultados, con respecto a beneficiar o no, la salud de los inocentes que ingieren los productos que les suministra.

 

Aunque en esta ocasión, al asunto no se le ha dado tanta trascendencia, como en ocasiones anteriores, sí que han seguido la misma norma de los análisis de laboratorio correspondientes, a posteriori, para esperar resultados que, rara vez se hacen del conocimiento público, y que se considera también, no se actúa en función de ellos.  Además, de que tampoco con eso solamente es suficiente, para darle la cara de lleno al problema.

 

Esa es una temática que describe una situación, que se puede considerar muy peligrosa, por los riesgos envueltos; y que, más temprano que tarde, habrá que buscarle una real solución; no la de un paño con pasta, como se dice popularmente, que es lo que de ordinario se hace, cuando se presentan los casos.

 

Es la salud de esos niños pobres la que está en juego, que se debe considerar como sagrada; y que, se está en la obligación de preservarles, marginando todos los aprestos con ribetes políticos-comerciales que puedan existir.  De contrario, que se les dejen de dar a esos paupérrimos menores, las míseras meriendas, y los dañosos desayunos.

 

Además, si es preciso, que en los casos en que se adviertan negligencias oficiales, y sólo la inconsciente persecución de beneficios económicos comerciales, se apele a la acción de la justicia, ya que tales actitudes bien podrían tipificarse en el contexto de los homicidios involuntarios, con penalidades mayores incluso, por tratarse de indefensos infantes en necesidad.

 

Rolando Fernández