Conmemoración, ¿día de cuáles muertos es que se habla?

Uno de los grandes problemas que envuelven los convencionalismos, principalmente los de carácter religioso es que, en el marco de la ignorancia que evidencian, la gente  asimila una serie de tradiciones mundanas, que carecen  casi por completo de fundamento.

 

Lo dicho anteriormente viene a colación, debido a proximidad de conmemorarse el denominado “Día de los Fieles Difuntos” (día de los muertos), que de acuerdo con los datos históricos de que  se dispone, fue una decisión que se originó en el contexto de la evangelización que fuera promovida por la Iglesia Católica, principalmente, entre la población indígena, para atraerle hasta su grey, a raíz del descubrimiento y colonización de América por parte de los españoles.

 

Según se infiere de un trabajo que fuera publicado en “noticiasnet.mx”, red de la Internet, la instauración del llamado “día de los muertos”, no pasa de ser otra “ritualización” convencional más de origen católico, fundamentada en la concepción de que, el destino final de las almas desencarnadas, de acuerdo con la calificación de sus actos terrenales, lo será el cielo o el infierno, según se trate.  Veamos lo que se expone:

 

“Por lo que toca a la religión católica, el rendir culto a los difuntos se remonta al siglo XII, aparentemente a raíz de un incidente singular ocurrido en el monasterio de Cluny, ya que se dice que en dicho lugar se escucharon gritos de rabia de demonios frustrados de no poder atormentar a los difuntos debido a las oraciones de los monjes. Al enterarse de esto San Odilón expidió un decreto en el que ordenaba a todos los monasterios de su jurisdicción, se estableciese el día 2 de noviembre la conmemoración de todos los fieles difuntos, rezándose el oficio de muertos o celebrándose misas de réquiem para todos aquellos que habían muerto desde el principio del mundo”.

 

Bastante cuestionable resulta ese argumento “de la rabia de demonios frustrados de no poder atormentar a los difuntos debido a las oraciones de los monjes”. En primer lugar, los llamados difuntos se quedan en la Tierra. Y por otro lado, las plegarias terrenales pueden ayudar a las almas desencarnadas a tomar conciencia de manera rápida sobre su nuevo estado, y condición transitoria en el plano sutil correspondiente de destino, al despertar del sueño inmediato en que caen, tras abandonar los cuerpos físicos que le sirvieron de vestuario.

 

Ahora, liberarles de tormentos demoníacos, que se considerarían impropios en ese otro sitial (nuevo), dentro del plano astral, o sea, ya estando fuera del ámbito físico, como que se torna poco asimilable el ocasionarles ese tipo de sufrir, salvo que no obedezca a la punición de acciones terrenas, ¡demasiado contrarias! a la Voluntad Divina. Y que el Padre Supremo, no obstante su gran misericordia, así lo permita, no pudiendo nadie impedirlo; y mucho menos, estando debajo del Sol.

 

“Existe también la versión que una vez consumada la conquista española en nuestro país, se estableció la celebración  del “Todos Santos y de los Fieles Difuntos”, que se solemnizaban desde los años 827-844 por disposición del Papa Gregorio IV”. (Se refiere a México).

 

Evidentemente, el criterio de que esa celebración se enmarca en el orden convencional religioso del catolicismo, se fortalece sobremanera, cuando se analizan los conceptos de vida y muerte en el ámbito del esoterismo puro; y se procura la concienciación debida, respecto de la verdadera esencia de lo seres humanos – espiritual -.

 

Siendo todos los seres humanos en verdad espíritus, con un  “caparazón” deteriorable, dispuesto a los fines de cumplir con una misión terrenal específica, y que al desintegrarse por completo, sus partículas básicas están destinadas a retornar a la Madre Naturaleza, conservando su energía, como la conciencia divina atribuible a las mismas, no se debería hablar de muerte con relación al cuerpo denso.

 

Y, por el lado del verdadero Ser espiritual que estuviera encarnado menos, con una vida eterna segmentada  en corrientes transitorias de ésa,  sujeta sólo a propósitos evolutivos divinos.

 

Entonces, siendo el proceso necesario para un nuevo revestimiento terrenal – aquel mal llamado muerte por los convencionalistas -, la conclusión o término de un fragmento periódico existencial humano, para que el verdadero hombre (Ego Superior), pueda retornar con un nuevo ropaje, distinto en términos físico, emocional y mental, ya sea por deterioro de la parte densa, o misión cumplida, ¿de conmemorarse el día de  qué muertos es que se está hablando, con fecha fija?

 

Y es que, la muerte no existe, como tal se concibe ordinariamente, en ninguna de las partes, cuerpo-alma. ¡Es el consenso generalizado entre los grandes esoteristas!, que han estado instruyendo a la humanidad por siglos.

 

En todo caso, si de conmemoración más real se tratara, debería ser la fecha en que un determinado espíritu abandona el planeta Tierra, y no en un día específico generalizado: 2 de noviembre de cada año, ¿verdad?

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La reforma fiscal comienza a desnaturalizarse

Dos de los slogans proclamados durante la campaña electoral del actual presidente de la República, eran: “corregir lo que está mal”; y, “continuar lo que está bien”. Llamativos e inductores ambos propósitos envueltos, según se decía, claro está.  Evidentemente, el que mayores esperanzas despertaba en la gente era el primero.

 

Pero, ocurre y viene a ser que, luego de alcanzar el poder, luce como que esas promesas tenían detrás sólo intenciones puramente electoreras. Y que además, subyacía el claro parecer de seguir con una gran parte de las prácticas indebidas; de lo que sólo públicamente,  se consideraba estaba mal.

 

Es probable que ya comenzáramos a ver algo de eso. Y es que, a raíz de la tan proclamada y apresurada reforma fiscal, con la que se aspira a seguir subyugando a la población, para cubrir la fosa fiscal deficitaria legada por el gobierno anterior, con el mismo tinte partidario que el actual, conjuntamente con los conversatorios de consenso, los arreglos por conveniencias, como los acuerdos clientelistas de aposento, se han comenzado a poner en evidencia las mismas desaprensiones pasadas. Y, posiblemente, las iguales concepciones y prebendas grupales acostumbradas, para tratar de restarle oposición a las iniciativas consideradas injustas, y cuestionables también, provenientes del  mandato presidencial de turno.

 

Y cómo es posible que – es la inquietud de tantos en este país -,  se haya pactado con los seudos líderes “choferiles”, ávidos empresarios nuestros del transporte por demás, el incluir en el referido paquetazo tributario en curso, un impuesto especial de RD$2.00 a la gasolina, según ha sido publicado por la prensa local, “para renovar el parque vehicular del transporte y el desarrollo vial”. ¡Con razón salieron tan contentos esos visitantes al palacio presidencial!

 

Esa propuesta de otorgar un nuevo privilegio a un sector laboral tan desacreditado,  y cuestionado públicamente, en contra de las grandes mayorías nacionales, buscando apoyo, obviamente, a los aprestos impositivos de ahora, le resta bastante credibilidad y confianza al actual Gobierno. Y además, pone en evidencia una muestra de debilidad muy preocupante para la población, esperanzada en que se introduzcan en la administración de la cosa pública aquí, los cambios requeridos.

 

Con mucha razón declaró el Ing. Guillermo Caram, al respecto que, “la medida demuestra una “debilidad” del Gobierno porque establece un tratamiento “discriminatorio, injusto y privilegiado” a un sector de la población en perjuicio de otros que como el agropecuario, fue excluido de lo incentivos”. (Periódico “HOY”, del 27-10-12, página 7D).

 

Otro parecer digno de amplia difusión, es el externado por alguien muy ligado a la clase choferil, Ramón Pérez Figuereo, presidente de la CNTU, al margen de cualquier diferencia que se pueda tener con él: “Ahora no se puede penalizar a la población poniéndole $1 ó $2 a la gasolina para resolver un problema, cuando se sabe que dos o tres personas van a manejar ese dinero para seguir amasando fortuna a costilla de la población”. ¡Ése conoce bien de lo  que está hablando! (Véase medio de comunicación citado).

 

Las preguntas que muchos dominicanos, que tienen cifradas esperanzas en el nuevo mandatario de la nación, se están  haciendo hoy, en el tenor de lo que se trata, son: ¿qué pasó ahí señor presidente?; ¿es que vamos a seguir en lo mismo?; al tiempo de contestarse, y sugerir, ¡lamentable si es así; pondérelo bien!

 

Rolando Fernández

 

 

¡Huelga general, y protestas transitorias no; concienciarse sí!

Los dominicanos no acaban por comprender, que en este país, al igual que en otros, con la realización de huelgas y protestas pasajeras, nada se va a resolver nunca; que todo habrá de continuar igual, tras el paso de los días que  sucedan a esos eventos de presión social.

 

Aunque tantos aquí se identifiquen con los actos de esa naturaleza, intentando enfrentar las desaprensiones y la magna corrupción politiquera que se gastan todos los que en esta nación residen, ciudadanos o no, comprobado está que, ¡esas no son las vías más efectivas para exigir las enmiendas debidas!

 

Esas manifestaciones de disgustos, lo que hacen es empeorar más aún los panoramas socio-económicos que puedan reinar en determinados momentos, y servir de caldo de cultivo para que muchos de sus seudos organizadores y promotores se sigan enriqueciendo; recibiendo cuartos por debajo de la mesa de las autoridades en contra de las cuales se pretenda luchar, para el desmonte de las actividades reivindicativas que se procure llevar a cabo. Claro, a costa siempre de las vidas de los pendejos, y los maltratos callejeros que ésos puedan sufrir durante las confrontaciones en los barrios populares, y los sectores “calientes” de las ciudades.,

 

Eso de huelgas y protestas por 24 ó 48 horas, nunca resultará ser fructífero, y precedentes los hay de sobra. Sí son actividades que se reportan desestabilizadoras, promotoras de desordenes mayúsculos, y cobradoras de vidas inocentes por lo regular, amén de fuentes soterradas de ingresos para muchos.

 

Sólo los movimientos huelgarios, y de protestas por tiempo indefinido, pueden surtir efectos favorables para los pueblos convocantes, hambrientos y atropellados por los poderes dominantes; cuando se “jartan”; cuando ya no aguantan más.

 

Pero ocurre que, para poder convocar y sostener paros y protestas de esa magnitud, se necesita de suficientes recursos económicos, que aporten ciertos sectores simpatizantes con la huelga, o las actividad que sea, para costear las prioridades básicas de las masas participantes, lo cual se torna muy difícil; casi imposible podría decirse, en países como el nuestro, y otros por supuesto, donde la clase empresarial adinerada patrocina, a conveniencia, evidentemente, a los políticos gobernantes.  ¡El pueblo en realidad poco cuenta!

 

De ahí que, ante la situación de inconformidad e impotencia generalizada, como la que hoy vive la sociedad nacional, por los aprestos del Gobierno de turno, sólo de carácter impositivo recaudatorio, con efectividad a la vuelta de la esquina, y a los fines de que las clases media y pobre del país – a los ricos de aquí  eso les resbala; no les hace mella alguna -, sean las que tengan que llenar la “fosa deficitaria” creada por la malversación, como la marcada corrupción estatal en las que incurrieran los más altos representantes de las gestiones gubernativas anteriores, lo que se debe estar pretendiendo hacer, no es una huelga y protestas, como las que  suelen estilarse en esta República.

 

¡No, el asunto no debe ir por ahí!  Lo que en realidad tienen que hacer algunos de los verdaderos líderes populares nuestros, que los hay, no los que de ordinario solamente buscan cuartos y  prebendas, que nadan como corchos en todas las aguas, es procurar la concienciación de las masas, para desterrar del poder, por la vía que sea, a toda esa parte conocida, constituyente de la podredumbre politiquera que ha estado interviniendo de forma directa en los gobiernos que ha tenido la nación durante los últimos años.

 

Y, para que sean juzgados a nivel de los tribunales de la República, a cuantos corresponda hacerlo. Además, que las sentencias condenatorias que se consideren pertinentes, incluyan el decomiso de todos los bienes adquiridos de manera ilícita;  cuanto se compruebe, provenga del desfalco al erario público.

 

¡El pueblo dominicano tiene que concienciarse en ese orden! No es estar aspirando a huelga y protestas transitorias, eventos con los que nada se va a lograr, que no sea lo expuesto más arriba.

 

Finalmente, y para que los políticos nacionales de nuevo cuño “pongan sus barbas en remojo”, como se dice a nivel pueblerino, ya que sus actitudes lucen solamente recaudatorias y depredadoras siempre, el mensaje en que deberían reparar con mucha atención es: no hay calidad moral para exigir a los pueblos, cuando no se procura castigar los hechos indebidos que son del dominio público, y cuyos actores continúan disfrutando de una impunidad considerada asqueante en el seno de sus sociedades, tal cual es nuestro caso.

 

Igualmente en que, ¡para ganar confianza, y adquirir respaldo mayoritario a nivel de las poblaciones, hay que evidenciar la aplicación efectiva de justicia, y procurar equidad solidaria a todos los niveles!

 

 Rolando Fernández.

 

 

 

 

 

¡Una dolorosa narración!

Cuando uno lee trabajos como ese que publicara en señor Julio Santana, en el medio digital El Nuevo Diario, titulado “De clínicas privadas y otros comercios”, sobre los problemas de salud de su tía, y el tratamiento humano asistencial de que fuera objeto, al intentar ingresarle en dos centros médicos de salud en la capital dominicana, a los fines de que esa señora, siendo maestra de vieja data, y contando supuestamente con el seguro médico para la clase, que según la apreciación expuesta por el autor, no funciona como debe ser, a cualquiera se les caen las alas del corazón, como se dice popularmente.

 

Y, la primera pregunta que cualquiera se haría, al reflexionar sobre el contenido de la susodicha narración sería, ¿es que aquí no va a aparecer “quien le ponga el cascabel al gato”, aun sea en lo que respecta a la salud de la población, que debe ser el activo más valioso a tratar de preservar por parte de las autoridades que gobiernan?

 

En segundo lugar, ¿es que ya la solidaridad  humana se ha perdido en este país, donde no se puede contar con los servicios públicos de salud, y en el cual los empresarios privados del ramo actúan a discreción, sin ningún tipo de control estatal; sólo explotando a la libre, buscando cuartos y nada más? ¡Que pena que así sea!

 

Para nadie es un secreto, que en este país el ejercicio de la medicina es un burdo negocio, en el que solamente imperan los aprestos de la “mercurialidad” deplorable, lo comercial, por parte de los profesionales del área. ¡Todos los valores humanos, y ético-morales dentro del ramo se han perdido, con escasísimas excepciones!

 

Ya, normalmente, no se repara en las precariedades y urgencias de los pacientes, para exigir honorarios por consultas, y el cobro de otros servicios médicos.  Todo se fija en función de las suntuosidades que exhiben los centros asistenciales privados, como la ubicación territorial de los mismos.

 

Se actúa de ordinario, sin ponderar que, problemas de igual naturaleza pueden afectar a ricos y pobres; que los primeros están en capacidad de pagar; pero que a los segundos, se les hace imposible la mayoría de las veces.

 

Y que, estos últimos también son dignos de que se les atienda como es debido, ante cualquier situación súbita que ponga en peligro sus vidas, por simple humanidad, y amor al prójimo. ¡No deben ser despreciados y marginados, por no contar en lo inmediato con los cuartos para pagar! Esos, bien que pueden aparecer después, para cubrir las deudas contraídas. Pero, ¡la salud que se deja escapar, difícilmente retorna!

 

El ejercicio de esa valerosa disciplina profesional – la medicina -, está enmarcado ya, en el contexto del sistema capitalista de producción, especulador y explotador por excelencia. Por eso, a los médicos se les cataloga hoy como empresarios de la salud, ¡Hace tiempo que dejaron de ser galenos!

 

Pero, los grandes culpables de esa situación deficitaria a nivel de la salud poblacional, no solamente en este país, sino en la generalidad de los casos, son  los Estados, por las desaprensiones de sus más altos representantes, los dirigentes políticos que alcanzan el poder.

 

Las áreas de ese imprescindible servicio público, de ordinario funcionan con precariedades de consideración, y enormes deficiencias, que por regular favorecen el tener que plegarse ante el sector privado.

 

Esas circunstancias, como es obvio, provocan el que se haga provecho de las mismas, para explotar económicamente a los pacientes que tienen que acudir a sus centros de salud.  Es lo mismo que ocurre por el lado de la educación.

 

No obstante, la mayor culpabilidad recae sobre los mismos pueblos, que no saben elegir a sus gobernantes, para que en verdad los protejan; cuyos ciudadanos se dejan comprar con cualquier cosa, para sufragar votos en favor de los malos representantes estatales que se gastan.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

Experiencia propia, y para los demás

Los políticos tienen cierto parecido con los enamorados enfermizos comunes, que siempre quieren conseguir a toda costa. Los primeros se enamoran del poder; mientras que los segundos, de  mujeres que les parecen atractivas.

 

En su afán de lograr sus propósitos ambos, ofrecen “villas y castillas”, como  se dice popularmente, aunque no sepan de dónde van a sacar después los recursos económicos necesarios para poder honrar los compromisos asumidos.

 

Luego, cuando llega el momento de tener que cumplir con lo prometido, comienzan los “rompecabezas”, por su iliquidez monetaria; para no quedar mal, y evitar que se les tilde de farsantes.

 

Hay algunos que tal consideración les resbala, no les importa mucho. Pero, a otros no; la gran preocupación les asalta, y procuran hacer hasta lo imposible para conservar la validez de su palabra empeñada.

 

Posiblemente, esa encrucijada la debe estar enfrentando ahora el actual primer mandatario de la República, que en afán de llegar al poder, se puso a estar haciendo ofrecimientos, sin saber de antemano de dónde iba a conseguir los recursos económicos para poder corresponderlos.

 

Es por dichos motivos que, los colaboradores que están formulando y tratando de consensuar en estos momentos la gravosa reforma fiscal en curso alegan que, para poder otorgar el 4% del PIB al sector de la educación, según la promesa electoral, esa propuesta tributaria tiene que ser aceptada conforme por la población, y aprobada por el Congreso Nacional.

 

Eso quiere decir que, “lo que te ofrecí darte pueblo, ahora resulta que, te lo voy a sacar a ti mismo de las costillas”. ¡Que bien!

 

Eso, por mencionar solamente un ofrecimiento, que estaría por verse, dada la situación económica actual del país. Pero, hay otros más que tampoco tendrían soporte financiero para hacerlo, sin la tan cacareada reforma fiscal.

 

Si las actuales autoridades, incluyendo al señor presidente de la República, no sabían con el “rollo” deficitario que se iban a encontrar, al recibir las riendas del poder, ¿por qué estar haciendo promesas en firme de esa naturaleza durante la recién pasada campaña electoral?

 

Ahora, habría que disgustar al pueblo para poder cumplir. Se tendría que discriminar entonces, en cuanto a lo que menos malo y riesgoso resultaría.

 

Tremenda disyuntiva, ya que por cualquiera de los dos lados que se vaya el presidente y su equipo – no 4% para la educación, sin reforma, y viceversa -, el costo político será bastante alto, y hasta posiblemente muy peligroso, para la estabilidad social durante su gestión de gobierno.

 

Mensaje: ¡algunos ofrecimientos de campaña electoral, tienen que ser muy bien ponderados antes de hacerlos!

 

Rolando Fernández

 

 

 

Pensando en voz alta

Si nosotros fuéramos el Lic. Danilo Medina, trataríamos de aprovechar al máximo la oportunidad que nos ha  brindado la población, para procurar hacer una gestión de gobierno lo más satisfactoria posible. Y de esa forma, recobrar y ampliar considerablemente, el espacio político que hemos ganado en el país, el cual al parecer, se nos quiso quitar en tiempos pasados, algo que apreciamos como muy injusto entonces.

 

Actuaríamos al margen de los compromisos grupales y personales contraídos durante la recién pasada campaña electoral; aunque no dejando de reconocer, y agradecer por supuesto, pero hasta cierto punto, que esos coadyuvaron a alzarnos con la victoria, y a alcanzar las riendas del poder en la República Dominicana.

 

Por tanto, siendo nosotros ya el primer mandatario de la nación, apartaríamos de nuestro lado todas esas caras “risueñosas” y burlonas, cuya imagen pública ofende la memoria de la población, ahora queriendo sacrificarle al extremo, para tratar de cubrir la amplia “fosa deficitaria”, que evidentemente muchos de ellos contribuyeron a cavar, con sus pasadas actuaciones desaprensivas.

 

Trabajaríamos totalmente de cerca, con aquellos que siempre nos han sido fieles, y que compartieron con nosotros los desprecios y las marginaciones pretéritas de que fuéramos objeto, ¡que muchos creen!, hoy no las recordamos.

 

Nuestra labor de dirección, sólo se desarrollaría  con el concurso de  los en verdad adeptos probados, tratando de buscar y ponderar todas las alternativas posibles, a los fines de procurar los recursos económicos requeridos en la actualidad, sin afectar impositivamente más aún, los precarios bolsillos de los conciudadanos, que en nosotros han cifrado tantas esperanzas de cambios favorables.

 

Y es que, de no proceder así, nos estaríamos descalificando ante la ciudadanía; que inmediatamente, nos estaría asociando con los más altos representantes de la gestión pasada, y su manera de actuar, en detrimento siempre de los más necesitados en el país.

 

Luego, pensaríamos en que, fuentes de captación de recursos hay suficientes aquí, de inclinarse el equipo por buscarlas, no yéndonos por las vías más fáciles. Incluyendo claro está, las que se reportarían de una considerable disminución en el gasto público presupuestado para el año venidero.

 

Ya comenzamos a ver, verbigracia, por haber trascendido hasta la opinión pública con suficiente nivel de detalles, el escándalo “pensionero” que se verifica a nivel de funcionariados anteriores, del cual algunos componentes, según se alega, también devengan otros emolumentos salariales, dentro del tren burocrático estatal, lo cual no debe ser, debido a las precariedades económicas que afectan al país. ¡Debe haber una redistribución más equitativa, de los ingresos personales de ese orden!

 

Seguiríamos con la reflexión, en cuanto a que, aportarían una gran disponibilidad de recursos las recomendaciones hechas publicas por diputado Víctor – Ito – Bisonó, respecto de la eliminación de los famosos barrilitos congresuales, como la disminución de la subvención anual que otorga graciosamente el Estado nuestro a los partidos políticos, para sus eventos y francachelas electorales.

 

También, definiríamos otras fuentes para recaudar,  procurando la revisión y renegociación de una serie de contratos suscritos por el Estado Dominicano, anteriormente, que resultan muy lesivos para el país, de acuerdo con lo que han externado a manera de sugerencia, algunas personalidades nuestras, con bastante peso específico para opinar en tal sentido.

 

En fin, telas por donde cortar creemos que habría muchas, a los fines de  no continuar penalizando con más impuestos a la población. O, tratar de que, si hay que inclinarse necesariamente por  disponer mayores cargas impositivas, que las mismas tengan carácter de intransferibilidad hacia la población en general.

 

Pensaríamos en que, ese paquete impositivo formulado en principio, y que se ha venido anunciando, en gran parte recomendado por tecnócratas de la gestión anterior, que por circunstancias aún siguen gravitando en la presente, ha reportado un amplio espectro de inconformidad, y de no aceptación a nivel de todos los sectores nacionales, económicos, políticos y sociales, que hacen previsible un alto riesgo de desestabilización  poblacional, con su correspondiente cuota de ingobernabilidad posible.

 

Por consiguiente, debemos proceder en lo inmediato, a una redefinición  de ese proyecto fiscal; ya que, de no ser manejado ese asunto con el tacto debido, los sucesos que provoquen las reacciones ciudadanas, podrían dar al traste con la gestión de gobierno a nuestro cargo, algo que sería indeseable, y  muy funesto para el país.

 

Tendríamos bien presente que, ¡“la voz del pueblo se parece mucho a la de Dios”!, y que cuando ésa  no se escucha, los peligros asoman por doquier.

 

 Rolando Fernández

 

Algo muy lamentable, que algunos justifican

Durante los últimos años, la nación dominicana se ha venido caracterizando por los comportamientos deleznables que en ella se verifican, a todos los niveles, y en los que muy poco se repara ya, pues se aceptan como cosas que están de moda, debido a  las indulgencias con que se enfrentan, y las lenidades judiciales que se verifican, cuando es que rara vez, se logran llevar hasta esas instancias.

 

¡Aquí todo se puede, y nada ocurre! Es la percepción que tienen muchos ciudadanos, por lo que la propensión hacia lo moral y las a buenas costumbres está de capa caída en esta nación, que ya tantos la consideran como una selva de cemento.

 

Incluso, a nivel de muchos jóvenes que cursan estudios de grado  superior, lo que se les oye decir es: “en este país el sacrificio de estudiar con abnegación no vale la pena. Uno asiste a las aulas para estar en algo, y conseguir un papel con su nombre que lo represente (título).  Después, lo que hay que hacer es meterse a político o comerciante; ahí es donde están los cuartos”.

 

Agregan, “para esas actividades sólo se requiere de vivezas y oportunismo. ¿Para qué ser serio en este país; para que digan que uno es un pendejo; que está pasa’o? ¡Lamentable realidad!

 

Pero, es la forma en que, no sólo los estudiantes, sino tantas personas piensan aquí, y en función de esa actúan.  Posiblemente, no dejen de tener en parte razón, pensándolo con frialdad, por la carencia moral nuestra, y la tanta impunidad que se observa frente a la rampante corrupción estatal, entre otras cosas, con muy pocas esperanzas de que esa situación pueda cambiar.

 

Entonces, ese panorama del comportamiento desaprensivo que observa un sinnúmero de ciudadanos dominicanos, resulta más que deplorable. Ahora, no dejan de tener cierta justificación, algunas actitudes que se adoptan,  por el deterioro ético-moral fehaciente que se respira en esta sociedad, reiteramos, sin que aparentemente, nadie en realidad se esté preocupando por hacer mejorar las cosas.

 

Todo se limita a retóricas promesas, e intenciones que no maduran; que se proclaman y pasan de largo, como los nuncios de fríos y lluvias en el invierno.

 

¡Que lástima que así sea!

 

Rolando Fernández

 

 

 

La palabra más de moda en este país: Déficit

Tras el inicio de la nueva gestión gubernamental, que preside el licenciado Danilo Medina, el término de mayor uso en la República Dominicana, a todos los niveles, es el relativo a faltante.

 

Pero ocurre que, de las grandes carencias que tiene el país, sólo la referente a recursos económicos fiscales: más cuartos necesarios para seguir gastando en actividades politiqueras desaprensivas, como en los despilfarros de otro orden, es la que más preocupa a las autoridades de turno. Esa es la percepción casi generalizada que tiene la población.

 

El alegato principal para los prepósitos recaudatorios es que, el recién instalado Gobierno recibió el país en bancarrota prácticamente, con un déficit fiscal multimillonario, muy significativo según se ha declarado, que ahora están tratando de cubrir como siempre,  sacrificando al pueblo pendejo,  parte de los mismos “jerarcas” de la dirección estatal anterior, que se entiende lo provocaron, y que de manera burlona se muestran públicamente un tanto risueños. ¡Vaya confianza!, a la que se podría aspirar entonces.

 

De lo que, muy pocos osan hablar en el país, incluidos los tecnócratas que han elaborado, y que vienen proclamando con insistencia la lesiva reforma fiscal en curso, es del déficit de justicia que tenemos, en cuanto a la fehaciente impunidad sobre la corrupción en la administración del Estado Dominicano, que viene socavando las bases de la economía nacional,  y que es lo que ha motivado en gran medida, la deficitaria  situación económica actual.

 

¿Qué hacer con los que han desfalcado las finanzas públicas nuestras; con los culpables de los despilfarros económicos politiqueros; con todos aquellos que conocieron el mundo, en viaje siempre considerados infructuosos para la nación, y placenteros personales, a costa de este pobre pueblo, sin defensa alguna?  A propósito, el tan proclamado Defensor del Pueblo, ¿en qué ha parado?

 

Pero,  por lo que se advierte en estos momentos, esa es una intención que no denota interés alguno, y de la que sólo se habla en términos demagógicos,  poniendo en evidencia, el que todo habrá de continuar igual en esta nación; sacrificando más aún a la población, en beneficio de los “grupúsculos” políticos-empresariales, que desde hace años le vienen gobernando.

 

Y por qué no se habla con el mismo ahínco, sobre los demás déficits que acosan sobremanera el país, como son los relativos a: escasez total de seguridad ciudadana; salud pública y educación; irrespeto a los derechos de la gente; institucionalidad requerida; y, por supuesto, la ineficiencia  en ese gran problemazo nacional de la energía eléctrica, con un costo extorsionador para la ciudadanía.

 

Esas son temáticas deficitarias que solamente son abordadas superficialmente, y con el mensaje implícito sugestivo de que, para poder enfrentar algunas de ellas, la única alternativa es la aceptación, y aprobación congresual, de la lesiva reforma fiscal que el Gobierno, y sus colabores comprometidos, se aprestan a imponerle a la población.

 

¡Borrón y cuenta nueva!; la misma actitud de siempre. ¿Por dónde andará todavía el coronel “redentor” de que tanto hablaba el doctor José Francisco Peña Gómez, para el rescate y reordenamiento necesarios aquí? Es lo que tantos dominicanos se preguntan con insistencia.

 

“Pronto llegará el día de mi suerte; la esperanza de tenerte, seguro que muy pronto llegará”. Es lo que se dice en esta Republica, tal cual  reza una pieza musical popular (salsa).  ¡Esperamos que así sea!, todos los que en ella tenemos que vivir.

 

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

¿Cuál es la muerte perfecta?

Muy interesante resulta el artículo publicado por el señor Jeovanny Terrero, en el medio digital “El Nuevo Diario”, intitulado, “Sólo la muerte es perfecta”, cuyo contenido temático invita a una reflexión profunda, respecto de la abismal diferencia que se verifica entre todas aquellas personas que se adhieren casi por completo a las concepciones convencionales religiosas y científicas, y aquellas que se inclinan por hurgar, y tratar de concienciarse, sobre la verdadera esencia de los seres humanos – espiritual – , y sus derivaciones correspondientes.

 

Mucho se podría escribir en desacuerdo con los criterios allí expuestos. Pero, por razones de tiempo y espacio, hay que limitarse a hacerlo de manera sucinta, externando sólo algunos pareces disímiles con relación a las aseveraciones que mayor llaman la atención, de las allí vertidas, enfocados en el marco de lo esotérico propiamente.

 

Lo primero que procedería cuestionar es, ¿a cuál muerte se refiere el autor de la publicación como perfecta? Y es que, según las concepciones esoteristas, la muerte no existe en el ámbito espiritual, de donde proviene la real naturaleza, y conformación total de los seres humanos, por lo que en ese orden no aplicaría la calificación.

 

Luego, en el terreno de lo físico, y su complemento para manifestación y expresión, el cuerpo denso, la llamada muerte en términos convencionales, no se pude catalogar como perfecta, ni tampoco imperfecta. Sí, como un proceso necesario para la confección de un nuevo “vestuario carnal”  al espíritu que ha estado encarnado, cuando ya la forma física que ha venido utilizando no le resulta lo suficientemente útil. Pero, los componentes intrínsecos de la misma nunca mueren, sino que se transforman al descomponerse la materia. ¡Muerte real no hay entonces!

 

Se sostiene que, los seres humanos somos en verdad espíritus con experiencias humanas terrenales, no humanos con experiencias espirituales. Por tanto, lo que sí se produce es una desintegración del cuerpo físico, reiteramos,  a su debido tiempo; cuando ya no se necesita, o las condiciones de deterioro no permiten más su uso efectivo, por parte del Ego Superior, considerado el verdadero hombre.

 

También, cuando se  ha cumplido con la misión de expresión a cargo, físicamente hablando, los componentes sustanciales de ése, retornan hacia la Naturaleza misma. ¡El traje que ya no sirve, por desgate o daño, o con características específicas para una determinado propósito, ya llevado a cabo, se desecha, para uso de uno nuevo después!

 

De ahí parte, precisamente,  la gran disparidad en términos de creencias humanas.  Ese  proceso de desencarnación obligada, mal denominado “muerte”, es parte de la misma corriente de vida en curso, cronometrada de antemano con las singularidades particulares inherentes, y contentiva del dharma que cumplir, como de algunos efectos kármicos por conquistar pendientes, carga equitativa, hasta el cumplimiento de un lapso de tiempo cronológico específico. ¡Nadie se va la víspera!

 

Es un acto considerado como el viaje de regreso, el cual no se puede evitar; y mucho menos, asociarle con estado de felicidad alguno en el plano terrenal. ¡Se tiene que partir y nada más! Podría ser identificada como tal, la condición subsiguiente de reposo y recarga de las energías necesarias, para emprender el nuevo retorno hacia este planeta imperfecto, de aprendizajes.

 

Y eso por lo tanto, sería a nivel de las esferas sutiles superiores, en sus diferentes grados de conciencia que corresponda visitar;  cielo en el argot religioso popular, y  plano mental, en el marco esotérico, no en el denso de la materia física.

 

En  ese espacio último, toda alegría, o felicidad si se quiere,  no provendría de quedarse, sino del tener que partir hacia su verdadera  casa, el mundo espiritual. Y, por el hecho de haber transitado ya otra parte del amplio camino por recorrer, en términos evolutivos. O sea, se estaría alegre por librarse una vez más, aun sea transitoriamente, de la cárcel del cuerpo físico.

 

De otro lado, y según sostienen grandes entendidos en asuntos esotéricos, por el origen real de la humanidad, los hombres somos criaturas perfectas e imperfectas a la vez. Lo primero, por haber sido hechos a imagen y semejanza del Sumo Creador del Universo, como Atributos divinos de expresión y manifestación terrenal. Lo segundo – imperfectos -, por dejarnos manejar siempre del falso ser que nos creemos, identificado como el ego inferior humano; que en la mayoría de los casos es el que nos induce a sumir las actitudes indebidas que adoptamos.

 

De ahí que, las mismas presunciones de perfección con las que muchos solemos actuar, son condicionantes más bien egotistas, en lo concerniente claro está, al plano físico que habitamos.  Debajo del Sol, ¡nada es perfecto! Y con menos razón los hombres, que tienen que transitar todo un sendero de evolución, a los fines de que la entidad  a la que físicamente sirven como templo, pueda abandonar de una vez por todas, el plano inferior de la materia.

 

Por consiguiente, el proclamarnos y actuar como perfectos, estando aún sobre el planeta Tierra, es un craso error; y por tanto, va a crear siempre un sufrir humano. Eso que concluyen los sociólogos de que “las ansias de perfección desencadenan un íntimo infierno permanente”, es una realidad fehaciente. Obvio, hablando estrictamente en el contexto humano.

 

Pero ocurre que, “no hay efecto sin causa”, y que esa condición mental particularizada, bien podría ser una forma apropiada para conquistar situaciones provenientes de vidas anteriores, lo cual  es algo sobre lo que hay que concienciarse; y  que, puede constituir una expiación pendiente, sobre la que ahora se está recibiendo factura; por lo que debemos alegrarnos, ya que es una oportunidad de ir purgando un motivo; de inclinarnos por aceptar la imperfección humana, para ir quitando una  piedra más del camino.

 

Valerosa esa frase que se incluye en el  trabajo: “Hay que eliminar la necesidad de ser perfectos”. Evidentemente, en el plano de la materia; ¡no así en el orden espiritual!, porque ahí la perfección es requerida, para poder trascender el planeta Tierra.

 

La verdad es que, los temas aquí tratados, constituyen asuntos difíciles de explicar, más aún a nivel de estos medios. Pero, cuando uno se encuentra con aseveraciones tales como, “Sólo la muerte es perfecta”, surge una motivación para tratar de escribir algo, un tanto aclaratorio podría decirse, cuando se ha tenido la oportunidad de hurgar un poco sobre asuntos esotéricos.  ¡Se trata de hacer un esfuerzo, que podría ayudar a concienciar a muchas personas!

 

Rolando Fernández

 

 

 

¡Funestas esas clasificaciones otorgadas al país!

Dos flagelos que van de la mano: hambruna de los pueblos, y la corrupción estatal rampante.  Sí, el aumento del uno está en proporción directa con el desarrollo e impunidad del otro; con la demagogia y desaprensión de los políticos de nuevo cuño, que han  hecho de esa actividad un comercio bastante rentable, sólo para lucrarse en lo particular, y grupal adepto, sin reparar en las necesidades imperiosas de las sociedades que les catapultan hacia el poder.

 

Recientemente, ambas condiciones, muy lesivas para las naciones del tercer mundo, fueron colocadas de frente a nivel de algunos medios de prensa, pudiendo advertir sus lectores, los efectos nocivos que de ambas se desprenden, sin que se prevea la adopción de medidas tendentes a enmienda alguna.

 

Según una reseña que apareciera publicada en el periódico digital “El Sol Del Oeste”,  la República Dominicana es el segundo país más corrupto de Latinoamérica, conjuntamente con Honduras, de acuerdo con un estudio que fuera realizado por Transparencia Internacional (IT), cuyo informe se presentó en el III Foro Centroamericano y República Dominicana por la Transparencia, celebrado recientemente en Tegucigalpa, Honduras.

 

De otro lado, en el medio “Diario Libre” se publicó, en su edición de fecha  12-10-12, página 12, “RD entre los países más hambrientos de la región”. Se le coloca en el cuarto lugar entre las naciones con más hambre en América Latina y el Caribe. El dato lo reveló el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias.

 

Preocupantes las calificaciones otorgadas: segundo en corrupción, y cuarto en hambre. ¡Penosa realidad nacional! Claro, mientras los políticos en esta República estén haciendo y deshaciendo con los dineros del pueblo; enriqueciéndose ilícitamente, depredando el erario público, que se nutre principalmente, en términos económicos, de los abusivos gravámenes impuestos a la población, sin detenerse a pensar en el nivel de pobreza que aquí se verifica, habrá hambruna “por pipá”, como se dice popularmente.

 

Y, por lo que se observa a simple vista, esas cosas aquí no se van a resolver, hasta tanto no aparezca en esta maltratada nación, “un coronel que se quiera casar con la gloria” como solía expresar con vehemencia el extinto líder político dominicano, el doctor José Francisco Peña Gómez”. ¡Lamentable tener que repetirlo!

 

¡Ojalá que sea muy pronto!; es lo que tantos aquí aspiran, por la forma en que están viviendo; la impunidad fehaciente, como los tormentos y las presiones que de ordinario son objeto. Porque de lo contrario, en opinión casi generalizada, continuaremos siendo más corruptos cada vez; y por supuesto,  pasaremos a encabezar la lista de los más hambrientos mundiales, conjuntamente con Haití, Burundi, Eritrea, Etiopía y Chad, a los que también hace mención el referido Instituto.

 

Rolando Fernández