Aquí cualquier persona aspira a gobernar

No importa que reúna o no condiciones para ello. Logra el propósito a base de cuartos, que permiten dar las dádivas electoreras de estilo, u ofrecer limosnas pírricas a la población ingenua y hambrienta entre nosotros, que por necesidad vende su consciencia.

Claro, los lambones pagados también ayudan en ese orden, pues tratan de promocionar, y solapar siempre el prontuario delictuoso o cuestionable que se tenga; venden al aspirante de que se trate como “salvador”; y, el que viene a resolver. ¡La misma canción de siempre!

Algo que llama poderosamente la atención es que, para llevar a cabo actividades políticas en esta nación se hacen necesarias grandes cantidades de dineros (millonadas de pesos y dólares), que no siempre sé tienen); pues, no todos aquellos que se ofertan para ser presidente de los dominicanos, “han nacido en cuna”, como dice la gente, cuando se viene de “extracción humilde”.

Luego, la gran pregunta que asalta a los pensantes aquí, cuando se enteran de ciertas aspiraciones de personas hechas públicas, a dirigir los destinos nacionales, es: ¿y dónde consiguieron aquellos esos cuantiosos recursos económicos?; pues, en su mayoría, es gente que ayer pertenecía a la clase media baja de esta nación, y que hoy se presenta como sólida potentada.

La percepción casi generalizada que se tiene es, los extrajeron de las “ubres de la vaca del Estado nacional”, por donde ya pasaron, y lo están haciendo ahora, esos nuevos que se encuentran ordeñando dichas tetas hoy, en perjuicio de las grandes mayorías locales, desposeídas, como hambrientas a la vez entre nosotros; y que han sido víctimas de los despropósitos gubernamentales recurrentes en esta República.

También, podría ser que los estén recibiendo de oscuros sectores del narco, u otros, algo que aparentemente se ha venido tratando de combatir aquí, pero que en realidad no se cree, haya sido logrado en el fondo, según es lo que se advierte.

En el tenor de lo abordado, también se dan los casos a interno nuestro de algunos adinerados que invierten en la política, no con fines de trabajar por el país, sino en post de luego ir al poder, en procura de recuperar sus cuartos, y aumentarlos con creces; hacerse más ricos.

Vale recordar que, el ejercicio de la actividad política en esta nación, lo han convertido en un vulgar negocio, siendo esa razón una de las causales, probablemente la principal, de los grandes males que, en todos los sentidos, han venido afectando a esta nación durante las últimas tres décadas pasadas se podría decir, sin temor a equivoco.

Yo quiero ser presidente, o presidenta del país. No importa si reúno o no condiciones para ello; pero, sí tengo cuartos para comprar a quien sea; y, estoy en disposición de pactar acuerdos reciprocatorios con los poderosos sectores económicos respaldantes, de esos que lo hacen, y gravitan entre nosotros.

¡Nada impide! “Es pa´lante que vamos”, como diría un político de los nuestros. ¡Aquí todo se puede! Es el parecer de gente sin perfil presidencial, e incapaz a todas luces, como hasta boca dura también, creyéndose que eso vende, y que osa ofertarse ante la población alegremente, para dirigir los destinos del país.

Y, amén de la osadía, tampoco al parecer, se respetan las leyes, normas y reglamentos que rigen en materia electoral, mediante los cuales se procura regular y controlar el ejercicio político a nivel nacional, En esos, se establecen como parte importante, entre otras cosas, los plazos pertinentes para la realización de las actividades relativas.

Ahora mismo, se vienen observando las que se pueden considerar violaciones en ese sentido, y a las que nos referimos aquí. Lógico, en ese marco jurídico vigente, debido al tiempo que falta para la celebración de las próximas elecciones generales en el país; y, en razón de que, ya muchos políticos del patio, andan promoviendo candidaturas a la presidencia de la República, sin reparo.  ¡No hay que esperar nada se entiende!

Sin embargo, otros opinan que esa última concepción es admisible, en razón de que, en el ámbito de la política propiamente, los actores que participan pueden comenzar a promover sus candidaturas en cualquier momento que lo consideren prudente; que se tiene esa libertad de acción. Y, qué se deben aquellos aprovechar las oportunidades que se presenten para sus proselitismos. 

¡Bueeeno!  Como es obvio entender, eso no luce aconsejable así. Y, es que, por alguna razón de valía, se normaron las actividades de ese tipo, lo cual entendemos se debe observar siempre.

No obstante, la disparidad de criterios en tal orden, es entendible que, en este caso la prudencia se debe imponer actualmente, por encontrarnos ante un nuevo gobierno, que está prácticamente comenzando; y, que debe haber un espacio de respiro para la población, cansada ya de tanta politiquería.

Qué se aguanten esos verdugos, cuyo propósito luce ser solo el de “subirse al palo” en el próximo año 2024; y, que muy poco les está importando el clima de crisis en todos los sentidos que viene afectando a la nación.

Qué mejor procuren aportar su granito de arena para ir resolviendo, antes de que concluya la presente gestión de gobierno, ya que, de alcanzarse el poder, el que logre llegar, también le va a tocar enfrentar parte de los problemas presentes. ¡Recuérdese la continuidad del Estado!

Autor: Rolando Fernández

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¡SUPÉRATE! ¿Y ES FÁCIL, LOGRAR ESO EN DOMINICANA?

¡Qué lindo se oye ese término! ¡Qué loable la exhortación! ¿Cuándo se daña? Desde el momento mismo en que es hecho tal pedimento por el poder político establecido aquí, y a la vez pincelado con las demagogias y manipulaciones de estilo; con las ardides pantallas del funcionariado estatal de turno.

Sí, con las promesas aéreas, y los embaucamientos conexos acostumbrados, para lo cual se utilizan de ordinario voces más que adecuadas, a los fines de alcanzar los propósitos entretenedores que siempre se persiguen.

Cuando se escucha tal recomendación, así maquillada, como fácil se advierte, de inmediato viene a la mente de cualquier pensante, y conocedor de cómo se bate el cobre en este país, ¡IMPOSIBLE, tontos son quienes la creen sincera!

Pues, son los políticos, gobernantes, y empresarios patrocinadores de campañas electorales, estos últimos, con los que hay que reciprocar después, los que en definitiva proponen medidas estatales a establecer; y, trazan en su favor aquí, las pautas a seguir por la gente.

Luego, y como es lógico suponer, esos no aspiran a estar creando cuchillas para sus propias gargantas; por lo   que, más que ayudar en ese sentido, lo que hacen es entorpecer una intención de ese tipo por parte de nuestros adolescentes, y jóvenes con aspiraciones en ese orden. ¡Las muestras están de sobra!

Claro, de aquellos que puedan emprender acciones prometedoras, y con deseos de crear un futuro mejor para ellos y sus descendientes, los cuales tienen que procurar con firmeza, el derribar las fuertes barreras que les son colocadas por los mandamases, y que se reportan casi insalvables

Obvio, los sectores hegemónicos que aquí gravitan, con fuerza innegable, no quieren que se detenga en ningún momento su dominio absoluto; que se puedan alcanzar significativos niveles de concienciación poblacional que impida su accionar, o ejecutorias cuestionables.

De ahí que, tal mandato se torne hasta un poco risible, cuando proviene con tanta ligereza de esos litorales “subyugantes” que gravitan “gubernativos”, y empresariales afectos.

Con las condiciones económicas, difíciles; políticas desaprensivas; pandemia agresiva del COVID-19; narcotráfico a granel; como, de otras calamidades no menos lacerantes, por las que ha venido transitando este país durante los últimos meses; amén de los gravámenes impositivos que penden sobre la cabeza de la sociedad dominicana, y los que se esperan en el futuro inmediato, las expectativas de poder progresar aquí en lo personal, no son las mejores.

Esos factores, conjuntamente con el fardo de la deuda externa que agobia, y atenta contra la soberanía nacional, que el día menos pensado comenzará a gravitar de forma sostenida sobre todos aquí, en el sentido de mayores cargas tributarias a soportar, y los condicionamientos externos que de seguro vendrán a agravar más todavía las cosas, definen un panorama “tétrico” a considerar siempre.

Luego, es previsible que, a partir de cuánto se ha expresado en esta exposición el asunto se tornará más difícil aún. ¿Qué podría mover entonces a emprender nada prometedor en este país?

Además, los casi inevitables controles que, sobre el orden económico mismo de la República, como de la soberanía nacional se esperan, procedentes del exterior, en busca de recuperar el capital e intereses de los empréstitos concedidos a la nación, y con el precedente de otrora que se tiene, son aspectos negativos que ponen a pensar también.  Entonces, tal petición de superarse la gente en esta sociedad, luce cada vez más cuesta arriba.

Y, máxime, cuando se pondera con sosiego, todo el esfuerzo necesario para ello, en un medio tan escabroso ahora, como el porvenir incierto que se avizora cabe reiterar. Habría que “calzarse muy bien las botas”, tal se dice popularmente

Porque, en adición se tiene, el poco apoyo estatal que se recibe, cosa que también induce a pensar, en un decir politiquero más, que se reporta hasta medio burlón en este caso.

¿No es cierto? ¿Superarse los ciudadanos nuestros, en medio de un escenario así? “¡Bueeno!” Parece bien difícil, rayando con lo imposible,  

¿Con qué recursos a la mano se va lograr tal condición de mejora aquí? El dinero escasea, para las grandes mayorías, los de abajo; la salud pública es deficientísima; como, la educación deja mucho que desear. ¿Y entonces?

Lo que ahora mismo están procurando las personas de bajos ingresos entre nosotros, más que otra cosa, es poder sobrevivir, con los pocos dineritos que logran conseguir, para mal alimentarse, y cubrir los medicamentos para la salud, que les son imprescindibles. Y, si es posible, mandar los muchachos a las escuelas.

Como se advierte, es a esos, con principalía, a quienes está dirigida ahora la demagógica exhortación a superarse. Se ve ese mensaje, como título de una canción, con letras a todas luces   incompletas.

Por lo que se puede apreciar, ¡cuánto saben estos políticos, y demás “yerbas aromáticas”! ¡Como procuran jugar con la inteligencia de los ciudadanos que poco piensan!

Autor: Rolando Fernández

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¡Justicia, queremos justicia!

Justicia: “Principio moral que inclina a obrar y juzgar respetando la verdad y dando a cada uno lo que le corresponde”.(Red de la Internet).

De observarse ese principio entre nosotros, se puede castigar siempre como es debido, por casos particulares específicos acaecidos, u otros, como es lo que espera la ciudadanía.

Ahora, eso no significa que con dicho proceder solamente, se vayan a erradicar tan terribles males envueltos, como por ejemplo son, esos de la delincuencia y la criminalidad, temáticas aquí abordadas, qué es lo que más se debe procurar.

Entones, nada de “muerto el perro y se acabó la rabia”. Pues, de actuarse así, en el tenor de lo aquí tratado, al igual que con relación a otros males sociales que atacan, esos flagelos continuarán como siempre su agitado curso.

Tal se intitula este trabajo, es lo que más se escucha pronunciar a familiares y amigos de aquellos que resultan víctimas de los tantos antisociales que ahora se tienen en Dominicana, haciendo “barbaridades”, y que se inclinan de ordinario por acciones como las señaladas.

Sí, de esos que optan por asaltar con violencia marcada; matar a otras personas por celos, problemas pasionales; realizar trabajos de sicariato; cuando no, por asuntos relacionados directamente con el consumo y tráfico de drogas narcóticas, los llamados “ajustes de cuenta”.

Claro, eso de pedir justicia en este país, por la ocurrencia de tales hechos, conociéndose de antemano como se bate el cobre dentro de esa área aquí, en la que con frecuencia no se actúa con la “ceguera” necesaria, como tampoco siguiendo el llamado debido proceso. Luego, se reporta el pedimiento de aquellos, como estar tirándole siempre piedras a la luna.

En ese sentido, nos referimos a lo que se puede esperar, con respecto al rol cuestionable que vienen jugando los representantes dentro de ese sector entre nosotros, con las excepciones de siempre, claro está. Se trata de jueces, fiscales, abogados, como de los mismos cuerpos del orden competentes, y otros, qué son no ajenos al gran problema. 

Dentro de esos, los que se tenían antes como colaborares de la justicia   – abogados -, ahora fungen más bien como cómplices de sus representados, con ciertas exclusiones notales, que las hay, buscando cuartos de sus clientes, y nada más. Sí, de aquellos que infringen las leyes, y procuran después, quienes les defiendan ante los tribunales de la República, sin importar cuánto se tenga que hacer.

Aunque es innegable, que la aplicación de justicia procede, la mayor presión en el sentido de lo tratado, debe estar dirigida a hacia todos los sectores que les compete la problemática, en el orden de que, se procure identificar y atacar en sus verdaderas raíces, las causales que subyacen en esas lamentables desgracias.

El asunto no debe ser, con relación a ésas, haciendo analogía, si es que aplica, “querer matar el perro, para que se acabe la rabia”, como reza un dicho popular; pues, aunque el can en ese caso deje de existir, el referido mal en su esencia continuará causando peligrosos daños. Otros ciudadanos resultarán afectados luego; y, proseguirá la “dolorosa fiesta”.

En ese tenor, sobre lo primero que se debe hablar, es de la descomposición familiar que desde hace años se verifica entre nosotros, y de cómo enfrentarla. Segundo, de la pérdida fehaciente de los valores que otrora caracterizaban a esa tan importante cédula dominicana, la familia, germen primario de toda sociedad, no solo de la nuestra.

Y, tercero, de la falta que vienen haciendo las verdaderas orientaciones de tipo espiritual, competencia de las iglesias todas, a sus feligresías.

Además, del concurso imprescindible de los profesionales de la conducta, psicólogos y psiquiatras, el cual se hace casi obligatorio, para poder completar el abanico de posibles soluciones a esas problemáticas.

También, sobre los aprendizajes nocivos que se obtienen, a partir de la deleznable programación que se exhibe en la pantalla chica, de procedencia local, como extranjera también (cable), cargada de acciones reñidas con lo moral y las leyes. ¡No hay supervisión alguna! 

El traje de la delincuencia y la criminalidad en Dominicana, tiene mucha tela por donde cortar.  Lo que ocurre es que, desde hace ya mucho tiempo se viene intentando solo “agarrar el rábano por las hojas”, como se dice popularmente, para entre otras cosas, no chocar de frente con determinados sectores, que bien es sabido, se consideran asociados con esas deleznables situaciones.

Se agrega a la dejadez notoria, lo concerniente al trabajo efectivo que corresponde realizar a las instancias judiciales, de lo que deviene la alegre impunidad de que gozan los tantos “malechores” que aquí se tienen, entre los que se encuentran: políticos corruptos a la clara; narcotraficantes; saqueadores de erario público: aquellos que se pueden catalogar como ladrones vulgares, con saco y corbatas; y, estafadores de todo tipo, etc.,

Es obvio que, los no castigos a esas malas acciones, innegablemente inducen a delinquir a nivel de los segmentos bajos y desposeídos   de la sociedad nuestra, donde se estima que, si para los de arriba no hay punición alguna, ¿por qué no emularles nosotros?

Luego, sobre puntos como esos, es que procede que se vaya en post de enmendar, sin demagogias, y evidenciando sólida voluntad política, si es que en realidad se quiere combatir esos males: DELINCUENCIA Y CRIMINALIDAD en este país,

Y, por supuesto, dejarse de estar andando con tantos rodeos, y las chácharas politiqueras de estilo que se han venido verificando hasta hoy.

Autor: Rolando Fernández

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¡Hablar aquí de aumentar salario! ¿Cuál será?

Ese es uno de los asuntos que más complejo se torna, si en realidad se persigue beneficiar a la clase laboral, cual que sea, tanto pública como privada, cuando se autoriza aprobar, oficialmente, aumentos salariales, por las implicaciones obvias que devienen de inmediato.

En primer lugar, para para poder hacer efectiva una disposición de ese tipo, se hace necesario que los empleadores puedan disponer de los recursos económicos requeridos: Pues, de lo contrario, se hace casi imposible cumplirla. Es de rigor ponderar eso, antes que nada.

Luego, en el caso de que las disponibilidades no se tengan en ese sentido, ¿cómo procurarlas?

En el sector privado tiene que recurrirse al aumento de los precios correspondientes a las mercancías, o servicios que se expenden. No se puede perder de vista que los emolumentos salariales que se requiera pagar, entonces aumentados, contribuirán a incrementar el rubro de los gastos fijos.

Eso, obviamente, habrá de disminuir su margen de utilidad, entre otras cosas; y, por tanto, todo incremento de sueldos habrá de ser compensado de alguna manera, siendo ese camino señalado, el más expedito: aumentar los precios, cabe la reiteración.

En lo tocante al sector público, el gobierno necesita también de una mayor captación de ingresos, que le permita absorber el aumento a verificarse a nivel de sus gastos corrientes por ese concepto. Es indudable que, la herramienta más a la mano que se tiene, es la imposición de mayores tributos a la población.

Luego, en ambos casos, las cosas se reportarán como generación de un proceso inflacionario, mayor que el que se pueda tener de momento, el cual se tragará los pírricos aumentos salariales que se produzcan, por los traspasos obvios a la sociedad consumista, a través de los aumentos en los precios; o, como consecuencia de la afectación directa que produzca, derivada de las mayores cargas impositivas dispuestas, cuando del Estado se trate.

Es por lo expresado, que no pocos entienden que, la manera más razonable de favorecer al segmento laboral de toda población, en términos de aumentar la capacidad adquisitiva de ésta, a partir de los emolumentos salariales que se reciban, no es con pequeños aumentos de sueldos directos, chelitos, como es lo que se hizo últimamente aquí

Es buscar la manera de regular y controlar los gastos por servicios a cargo de la misma, cero abusos especulativos; como, el procurar control sobre los precios de los productos de primera necesidad – eso de libre comercio deña más en entornos agiotistas -, al tiempo de contemplar, y llevar a cabo, disminuciones razonables de los gravámenes tributarios relativos, aplicables esos de forma directa o indirecta a la población. Por ahí, sí que pueden verse beneficios para la gente.

El resto, no son más que chacharas y demagogias politiqueras, como empresariales, en connivencia con los seudo sindicalistas que se gasta este país, para hacer frente a las presiones sociales que se tienen de ordinario en ese orden; como, lograr objetivos electorales futuros en adición.

Autor: Rolando Fernández

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Entretener a la población. ¡La misma espuma, caray!

¡Con diálogos, lo más fácil!  Es lo que de ordinario se estila entre políticos, gobernantes de turno, y empresarios que patrocinan candidaturas al poder, dentro del patio local.

Se promueve desde allí, la realización de actividades diversas, cuyas ejecutorias siempre quedan inconclusas; pero, con lo que normalmente se consigue llamar la atención de la población, y se le distrae por supuesto; que se infiere de común, son los propósitos reales que están detrás de esos diálogos concertados en esta República cada cierto tiempo.

En el marco de esos eventos siempre se procede a estar lloviendo sobre mojado; tratando sobre temáticas que están ya más sazonadas que muchas suculentas comidas dentro del menú nacional; y, cuyas posibles soluciones que se ofrecen para esta sociedad, de ordinario se quedan en el tintero.

Siempre se convoca a reuniones, diálogos, etc., con los seudo líderes locales, que no son más que jefes de grupos identificados con determinados sectores políticos y empresariales, Ahí, cada cual, lo que va   es en procura de defender intereses económicos, individuales o grupales; jamás, pensando en acciones resolutorias que vayan en favor de la generalidad de la población.

Relacionados con esos actos, la prensa amarilla del país logra hacer su agosto en diciembre, como dice el refrán, en términos de los ingresos que se perciban, a partir de la publicación de rimbombantes titulares embaucadores, respecto de los asuntos allí tratados, que por lo regular son para desviar la atención de la población, y que ésta se olvide de las principales grandes problemáticas que le vienen acogotando a la misma.

Eso lo han convertido los mandamases ordinarios aquí en una costumbre, mientras el pueblo continúa roncando, y prosigue dejándose embaucar con las demagogias y las posverdades a que recurren todos estos políticos de nuevo cuño, con el concurso de los poderosos sectores económicos que los manejan.

La gran pregunta que la población debe hacerse es, cuáles son los resultados positivos referentes de los diálogos que, como ese, que ahora se está promoviendo desde el Gobierno, en que se procura participen, como siempre, las cabezas representativas de los partidos políticos de este solar, entre otros.

Ahora, este último que está sobre el tapete, se puede advertir que será ms de lo mismo. De seguro que en ese no se va a hablar de los problemas capitales que tiene esta nación, sino de lo que más convenga a los componentes del grupo que participa.

Por tanto, difícil es que se toquen temáticas tales: combate frontal a la corrupción generalizada que azota; decomiso de los bienes robados al Estado durante los últimos años; endeudamiento externo hasta la coronilla – el país está hipotecado -; abusivas cargas impositivas, y arbitrios municipales poco justos: inseguridad ciudadana, y falta del sosiego requerido: drogadicción y narcotráfico; alto costo de la vida; mala calidad de la educación; deficiencias del sistema de salud; y, callada invasión haitiana a la nación, etc., etc.

¿Tratar sobre esos temas? ¡DIFICIL! Y, la otra gran pregunta que aguijonea es, ¿por dónde andará el cambo de que tanto hablaron los que hoy gobiernan, durante la campaña electoral pasada?

Autor: Rolando Fernández

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