Hoy todo es a la rápida; reflexionemos hermanos en el Nuevo Año que inicia.

Una de las frases más sencillas y universal, de esas que se tienen a la mano, de amplio significado y contenido profundo, atribuida a Napoleón Bonaparte, aunque según muchos letrados, su verdadera autoría en verdad se desconoce, es esa que dice, “Vísteme despacio, que tengo prisa”, la cual invita a hacer las cosas con calma, sin importar la circunstancia; pues, todo a la carrera, siempre provoca  malos resultados; no conduce a nada bueno. La prisa es mala consejera en cualquier momento de la existencia.

Obviamente, el mandato incluido en la susodicha frase, es algo que vendría como anillo al dedo en estos tiempos; pues, en la cotidianidad de la gente del presente, la calma, la ponderación y la reflexión sosegada, se han marginado totalmente.  Ya todo se quiere hacer o  lograr por la vía rápida.  ¡Craso error!  El asunto es llegar; y, procurar satisfacer cualquier necesidad o deseo, lo más pronto posible.

Nadie está dispuesto a esperar por nada. Lo que más se escucha decir es: “no tengo tiempo; o, si el tiempo me da”,  Es el tiempo del reloj, naturalmente; pues el psicológico, el causante de los conversatorios mentales de aquellos, que serían como los que se entienden locos, pero silentes, es continuo y nunca acaba por concluir, a menos de que se logre aprender, como acallar al ego torturador humano.

Hoy se vive en la era de la inmediatez.  Las horas del día, normalmente, resultan escasas para todo cuanto se debe hacer; incluso, hasta pensar un poco en uno mismo, como en los demás. El escuchar con atención, para contestar luego, pasó de moda.  Todo es a la huyendo; el hablar, el trabajar, el comer, el transitar o conducir un vehículo, al extremo de incurrirse algunas veces en la temeridad, sin medir riegos posibles.

Los actos en su diversidad, se llevan a cabo de manera precipitada, lo que con seguridad consume una gran cantidad de energía corporal, y estresa en alto grado a las personas; produce enfermedades, tanto físicas como mentales, y los envejecimientos prematuros se verifican cada vez en mayor cantidad. Mientras, el día sigue teniendo sólo las mismas 24 horas, aunque  siempre se pretenda extenderlo a 48 lapsos, de 60 minutos c/u.

Claro, en lo que se ha denominado “la nueva industria de lo instantáneo”, por la prisa que siempre está acosando a la gente hoy, una gran parte  de esas horas infladas, se dedican a cosas triviales y fútiles, como esas de hablar mucho por teléfono, chismear, ver programas insulsos de televisión, etc., en las que se invierte un tiempo precioso, necesario para otras, de naturaleza contraria.  

Para las que realmente revisten importancia, como por ejemplo: las lecturas constructivas, las actividades deportivas, para favorecer la salud físico-mental, la incursión en reales asuntos espirituales (no la religiosidad social), el fomentar las amistades y compartir con la familia, como la demás actividades que reportan entusiasmo, creatividad, paz mental, etc. siempre el factor tiempo escasea.

Lo más beneficioso  resultaría ser, el observar la calma en todas las actividades del diario vivir;  saber administrar el tiempo del reloj para que  no presione; y, aprender a dejar atrás los recuerdos que provienen del psicológico, creando así espacio mental para las “notas musicales de los ritmos vivenciales presentes”.

Pero, muy difícil se hace para muchos en esta época acelerada, el reparar y adherirse a normas como las señaladas anteriormente, de las que de seguro sólo provendrían efectos favorables para la salud,  la paz interna de todos, y mayores años de tránsito en ese viaje terrenal, que de ordinario es denominado vida.

¡La reflexión se impone pues, ahora que  inicia un Nuevo Año, sobre el significado de esa frase de introito! “Vísteme despacio, que tengo prisa”.

 Rolando Fernández

Cuanta demagogia señores

La verdad es que,  estos políticos del patio, vive bien todos, y corchos que flotan en todas las aguas, principalmente las norteamericanizadas, parece ser que aún creen, que en la República Dominicana, no queda gente pensante, que los valore y los califique.

Cuando uno repara en aseveraciones, como esa que externara el presidente del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), según reseña el  periódico “El Día”, del 23-12-10), en el sentido de que, “el mejor regalo de Navidad que puede dar esa organización al pueblo dominicano es dedicarle tiempo a las causas nobles y justas de la nación”, no queda otro camino que reírse a carcajadas; pues hasta él mismo, probablemente, le resulte más que difícil confiar en lo ha dicho.

Hablar ya de lograr la reestructuración y el fortalecimiento de ese partido, tal y como llamara a hacerlo el señor Carlos Morales Troncoso, a los dirigentes y militantes del mismo, con miras a servir en función de las mejores causas del país, después del “depalote” o desvencijado que se produjera a partir de la desaparición física del Dr. Joaquín Balaguer, en cuya persona se encontraba la esencia misma de esa organización política, parecería como esperar la realización de los sueños infantiles, luego de superada esa etapa. Y que, todos tomaron nuevos rumbos, en pos de aventuras económicas personales y de posiciones en el  tren gubernativo estatal de turno.

El único  líder y mentor en ese partido, con perfil presidencial y talante o bandera de estadista, celoso siempre de su rol, lo fue el doctor Balaguer; el resto era simple compañía, y ejecutores de las acciones dispuestas por aquel hombre excepcional, cuyas destrezas y virtudes le deben ser reconocidas, al margen de toda simpatía política, o no. 

Tanto conocía ese señor, la idiosincrasia y condiciones particulares de la gente que manejaba a su alrededor,   que  al momento de tener que abandonar el ruedo político nacional, por razones ya insuperables en el deterioro marcado de su salud, encontrándose en el ocaso natural de su tránsito físico-terrenal – eso que llaman vida –  que optó por seleccionar en el horizonte, con esa visión objetiva que le caracterizaba, y su olfato de hombre frío, sosegado, como ser de grandes luces además, a otro político (extra-partido), es decir, fuera de esas lides coloradas, para dejarle en su puesto electoral, como el legatario o heredero más apto, que bien podría continuar sucediéndole en las riendas del Estado nacional, de forma recurrente, como de hecho ha venido pasando.

Según dijera el veterano político, en su breve alocución, al encabezar un encuentro, “por la unidad y confraternidad de la familia balaguerista”, “Lo más valioso de un ser humano es mantenerse siempre al servicio de las mejores causas del país, que es el interés general de la República”. (Ver medio de comunicación citado). ¡Ojo, usó la expresión: familia balaguerista; no habló de reformista!

Al hacerse cualquiera eco de esas palabras, todo induce a pensar que ese señor olvida, el que ya el compromiso de los políticos dominicanos con  la sociedad nacional, está de capa caída; que todos los buenos se han ido ya, sin dejar sustitutos reales; y que, no hay verdaderas figuras representativas de ellos, entre los que puedan quedar, fingiendo como tales; sino más bien, muchos demagogos, en su afán de satisfacer las apetencias personales. Incluso algunos, a través del enriquecimiento ilícito.

Está claro ya, en un amplio sector de la población, que los dominicanos  tienen que ir pensando en otras opciones de poder, y olvidarse de esas tres “entelequias” políticas, corrompidas y alienadas por completo, que por décadas les han venido defraudando por completo. ¡Que ya está bueno, para tanta demagogia!

¡Caras nuevas, debidamente organizadas, se requieren hoy en el ruedo político nacional!  Ese es el clamor más sonado; pues aquí, se comenzó a despertar ya.

 Rolando Fernández

Contestando al padre Rogelio Cruz

Muchas veces hacen las preguntas aquellos que más en condiciones estarían para contestarlas; los de mayor conocimientos sobre una determinada temática, amén de las vivencias que se hayan tenido en ese contexto.

Pero además, plantean en ocasiones, como muy difícil de entender o saber, las razones que se encuentran en la base de ciertas decisiones personales, en el tenor de eso mismo que tratan.

Esas precisiones, vienen a colación de  un trabajo de opinión que publicara el padre Rogelio Cruz, en su columna – Avanzada religiosa radical – periódico El Día, del 22-12-10, bajo el título de “Por qué muchos dejan el sacerdocio”, en el que trata de exponer algunas razones sobre el particular; que evidentemente, mueven a una sosegada reflexión, y a que inducen a preguntarse también, el porqué personas como él, no se inclinan por comenzar a promover de forma más directa, la creación de un movimiento tendente a  la consecución de los cambios que ya se imponen a nivel de las normativas que aún rigen dentro de la Iglesia Católica.

Él se refiere además en  su trabajo, a las actitudes de deserción que adoptan muchos jóvenes seminaristas, y que mueven a inquietud; al igual que, procura enunciar ciertas preguntas que van directamente al meollo del asunto, como al futuro accionar de su iglesia.

Con todo el respeto que nos merece el padre Rogelio, por su capacidad innegable, y conocida trayectoria, si hay alguien con informaciones bibliográficas suficientes, incluyendo las incluidas en la clásica obra “Mi Iglesia Duerme”, de Salvador Freixedo, amén de las vivencias que  tiene como sacerdote, para conocer a fondo las razones “de por qué muchos jóvenes no entran a los seminarios; abandonan el camino del sacerdocio después; o dejan el ministerio, luego de ordenados, es él.

El fue seminarista; conoce de la formación que reciben los futuros sacerdotes, que luego de ordenados, se convierten en sargentos al servicio de los niveles jerárquicos superiores de la iglesia; y, en administradores o repartidores rígidos de los sacramentos impuestos por una cúpula de otrora; que aún procede bajo normas muy desfasadas para esta época.

En estos tiempos de la modernidad, con tantas informaciones disponibles, no sólo sobre religión propiamente, sino en cuanto a espiritualidad en el orden esotérico, la vocación juvenil sacerdotal tiende a marginarse, ante la rigidez de los viejos esquemas dentro de los cuales todavía actúa la Iglesia Católica. ¡Eso es más que comprensible!; y, él lo sabe bastante bien.

Por ejemplo, la barrera que quizás sea de la mayor trascendencia en esta época, es la obligatoriedad a ultranza del celibato. ¿Por qué, para ser sacerdote, hay que acogerse necesariamente a esa condición, dejando de lado el mandato divino de la formación de las tribus biológicas humanas, que a su vez,  constituyen  réplicas analógicas en miniatura, de lo que es la Familia Divina Universal, soportante de la  primera verdad sagrada, “Todos somos uno”?

Esa célula primaria de la sociedades, que incluso bíblicamente está dispuesta, siendo la cita más directa, para el caso que nos ocupa, la  relativa a los presbíteros, que se lee en los versículos 5 y siguientes, del Capítulo 1, de la Carta a Tito, no debe ser obviada,  por disposición ex – cátedra, de  ninguna jerarquía eclesiástica terrenal. 

Al mismo sacramento del bautismo, se le atribuye un sentido simbólico, por el cual “una familia acepta la responsabilidad física y espiritual de un hijo traído al mundo”.  Eso por parte de los padres; mientras, los hijos ya, como adultos espirituales, aceptan y agradecen a la familia en que nacen.

La pregunta que siempre ha estado sobre el tapete entonces es,  ¿cuál  es la razón de esa imposición a ultranza del celibato a los sacerdotes? Eso, de que así puedan dedicarse por entero a la iglesia, luce una posición muy desfasada en estos tiempos; máxime, con los tantos casos de pedofilia que se han verificado dentro de esa clase religiosa, de los que se ha hecho eco ya la opinión pública mundial, y lo que denota la necesidad de satisfacción, en lo que respecta a los impulsos sexuales biológicos inherentes a los hombres, sea usted sacerdote o no.

Con relación a algunas de las preguntas directas que formula en su  artículo el padre Rogelio, preciso es destacar finalmente, en primer lugar que, para la Iglesia Católica poder mantener su vigencia, tendrá que introducir en su estructura, los cambios pertinentes que exigen los nuevos tiempos; y, segundo, que los sacerdotes sólo serán necesarios, mientras, en su papel de intermediarios entre Dios y los hombres,  perdure la religiosidad social en el mundo.

En la medida en que la humanidad se incline  por la espiritualidad, que es su verdadera esencia, y procure en intimidad el contacto directo con lo Divino, buscando experimentar experiencias individuales, liberadoras de los miedos del mundo físico,  proveedoras de la fortaleza necesaria y de lo conocimientos Superiores requeridos, el rol de intermediación sacerdotal dejará de ser indispensable.

Todas esas condiciones a las que él hace mención, atribuibles a quién estaría llamado a llevar a cabo una misión espiritual, en la sociedad futura, las cuales fueron concebidas y plasmadas desde hace ya varias décadas, no implicarían necesariamente, la necesidad de tener que ser sacerdote, como de ordinario se le conoce, bajo la égida, y  rígida dirección de una sólida estructura institucional, como lo es la Iglesia Católica,  u otra con características similares.

¡La espiritualidad verdadera sólo tiene un Guía,  directo y efectivo! Ese que dijo: “Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”. (Juan l4:6).  Evidentemente, se refería no a Jesús como hombre, sino al Cristo interno que él encarnaba, y que también debe nacer y morar en todos los hombres, que es el real sentido espiritual de la Navidad en que estamos.  Esa es la conciencia a expandir luego (“Crística”; la de Dios Mismo), hasta hacernos Uno con el Cristo; y luego, con el Padre Supremo. ¡Por tanto, Él es, el único Maestro y Guía!; no hay atajo alguno.

Recordemos que, las religiones que existen, producto del nivel de conciencia espiritual de los feligreses que las componen, son básicamente   experiencias de grupos, con el propósito de lograr objetivos en conjunto, debido a lo cual  requieren siempre de  guías o intermediarios hacia el Padre Supremo; mientras que la espiritualidad, conduce hacia una  verdadera relación particular, directa con Él.

Los seres humanos somos espíritus encarnados, hechos a imagen y semejanza de Él (Dios – Padre, Hijo, Espíritu Santo -), quien es el Espíritu Supremo.  Luego, podemos contactarle sin intermediación terrenal alguna.  Sólo debemos procurar saber, cómo hacerlo, y tener la confianza y fe debidas. ¡Reflexionemos! ¿Por qué no intentarlo?

 Rolando Fernández

En la UASD tienen que retornar muchas cosas, entre ellas el C.U.

Es muy lamentable, el  que nuestra querida Universidad Autónoma de Santo Domingo, se haya dejado descender hasta niveles de deficiencias tan escalofriantes, como esos que hoy se verifican, no sólo  en su quehacer académico a su cargo,  sino también en el  administrativo, para poder operar con la oportunidad debida.

Todo, como consecuencia del régimen de politiquería barata, el grupismo, la demagogia, y la buscadera de cargos directivos y de administración, que son las actitudes y aprestos que allí más se registran.

Tanto lo docente, como la responsabilidad social, en términos de la formación académico-profesional que deben recibir nuestros jóvenes más humildes y depauperados, que tienen todo el derecho a formar parte del relevo generacional necesario, se ha dejado de lado, en pos de las conveniencias personales y de los grupos políticos que  interactúan dentro de la misma,  que se disputan el poder, a como de lugar.

Pero además, todas las agrupaciones estudiantiles de otrora, como  las  de más reciente formación, han ido perdiendo su esencia verdadera, en cuanto a la persecución de objetivos que favorezcan a la clase que representan, y que deben proteger.

Lo seudos líderes  estudiantiles de hoy, también se han dejado arrastrar por las prebendas y los ofrecimientos de carguitos dentro del tren administrativo uasdiano, y lo que menos les importa son sus compañeros de aula.

Resulta deprimente que eso sea así, amén de los tantos recursos económicos que en su seno se dilapidan, en actividades que nada tienen que ver con el rol que le compete a la  institución; y, pidiendo cada vez más, una mayor asignación presupuestal por parte del Estado. ¿Preocupación máxima? ¡Los cargos electivos, con superior ahínco, en los de más jerarquía!

Sólo se tiene que reparar ahora, para fines de comprobación, en el proceso electoral que discurre, en el que se registra una gran apatía por lo docente, y hasta por lo administrativo incluso; prevaleciendo la politiquería, los dimes y diretes entre los representantes de los grupos, como entre los espalderos y lambones directos de los candidatos a ejercer la nueva dirección que se avecina, a partir de febrero próximo.

Todo lo expresado, viene a colación de un artículo publicado por Amparado Chantada, en el periódico HOY, del 24-12-10), bajo el título de, “No al 4%…”, en el que incluye la transcripción de parte de un trabajo final de estudiantes de pedagogía, mención ciencias sociales, de la UASD, con más faltas ortográficas que los ingredientes que lleva en sancocho dominicano; alarmantes y preocupantes, si pensamos en personas que han pasado por un aula universitaria, y que de seguro aspiran a trabajar como profesores en el mañana.  ¡Eso es penoso, deprimente; y, hasta produce enfado!

Ahora, lo justo es destacar, que la UASD, sólo es co-responsable de esa situación, en vista de que esos muchachos llegan a ésta, prácticamente semi-alfabetizados, ostentando gran falla en cuanto a responsabilidad consigo mismos; como también,  marcadas deficiencias académicas, provenientes de los niveles básicos cursados, cosas que mantienen hasta después de egresados, como profesionales cuestionables.

La gran culpabilidad uasdiana en ese orden, radica en la poca exigibilidad previa para aceptar el ingreso directo a cursar estudios superiores, de personas con tantas lagunas en la supuesta formación básica recibida. 

Y  que no obstante, tampoco procura de nuevo el llenar los requisitos preparatorios de otrora, misión que de manera casi satisfactoria, llevaba a cabo el antiguo C.U., en la forma en que funcionaba, sirviendo como instancia suplementaria de los conocimientos-base  debidos, como de “concienciador” además, con respecto al nuevo status estudiantil de los aspirantes a recibirse como profesionales, dejando ya atrás la metodología y el grado de esfuerzo que imponían sus estudios anteriores.

Pero, por lo tanto que se ha insistido para que la vieja estructura regrese, sin que se obtempere ante esa voluntad manifiesta de tantos académicos, a los cuales preocupa sobremanera esa situación de deficiencia estudiantil tan alarmante, parece ser que no conviene hacerlo. 

Pues, si bien es cierto que,  por un lado, el Colegio Universitario de ayer, llenaba muchas lagunas y concienciaba a los estudiantes, por el otro, también funcionaba como cedazo, desde donde desertaban todos aquellos que no reunían las aptitudes requeridas para asimilar los conocimientos suficientes, como las actitudes de rigor que impone toda formación profesional, a ejercer con apego.

Luego, si en la actualidad, ese C.U. funcionara, normado como en el pasado, la tan sonada masa estudiantil presente en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), estuviera reducida en más de un 40%, siendo conservador. 

Ahora, se tendría el problema  de que no sería excusa ya el “molote”, para seguir pidiendo aumento de presupuesto al Estado; ¡la magna masificación estudiantil!, contentiva de una gran cantidad de seudos alumnos.

Muy oportuno y edificante resulta pues, el trabajo publicado por Amparo Chantada, para ver  si las nuevas autoridades que asumirán durante el próximo trienio uasdiano, se inclinan, de una vez por todas, por reparar y actuar con firme voluntad sobre esa problemática, tan lesiva para los profesionales que  allí se reciben como tales. ¡Que la institución sea la que los califique primero, no la sociedad después!

 Rolando Fernández

Los datos del censo, cómo y cuándo saldrán

Es una lástima que en la República Dominicana, los datos estadísticos sobre los censos de Población y Familia, como de los demás que se intentan llevar a cabo, no se traten de obtener, y de manejar, con el carácter de importancia que revisten;   pues, siempre habrán de ser necesarios para realizar las debidas proyecciones y programaciones de índoles diversas, relativas a todo el acontecer nacional.

Las actividades censarías  de ese tipo, están dispuestas en este país para ser llevadas a cabo al término de cada década, por lo cual se dispone más que de tiempo suficiente para coordinar las acciones laborales de lugar, como el agenciarse los apoyos logísticos y financieros requeridos, a los fines de lograr exitosos resultados, al término de las tareas.

Sin embargo, las experiencias que han dejado los últimos censos realizados a nivel nacional, se pueden catalogar como frustrantes, derivadas de la forma impropia, a todas luces, y poco técnica, en que han sido coordinados y programados. 

No probablemente, por la falta de capacidad para hacerlo, sino por el poco interés que en ocasiones se deja entrever por parte de las autoridades superiores, que obviamente, es una actitud que incide en el sentir  del personal que presta servicios  en el organismo correspondiente a cargo, la Oficina Nacional de Estadística (ONE).  Lo que luce es  como, si alguien dijera, ¿censo para qué?

En la última actividad de ese tipo, cuya recolección de datos finalizara recientemente, fueron muchas las incoordinaciones, tropiezos y falta de planificación que se advirtieron, cosas que evidentemente, constituyen nuncios de cuestionables resultados, también esta vez.

Las fallas fueron bastante notorias; principalmente por parte de aquellas personas que  en  tiempos pasados trabajaron como, supervisores de grupos o empadronadores; gente que participó en cursillos preparatorios para tales propósitos; y, conocedores  a cabalidad de las preguntas a formular contenidas en las boletas elaboradas al efecto.

Los participantes elegidos otrora para tales fines, eran empleados de la administración pública e instituciones descentralizadas, que tenían nivel académico, y el sentido de responsabilidad necesario, para asumir tareas de esa naturaleza. Gente que sabia introducirse y conversar con los empadronados; como formular debidamente las preguntas incluidas en la boleta.

No obstante, ahora se pudo ver a una gran cantidad de imberbes; jóvenes estudiantes adolescentes, que eran los encargados de empadronar, y hasta de supervisar en algunos casos.  Muchachos (as) sin ningún tipo de experiencia, que denotaban falta de responsabilidad en el quehacer  asignado, amén de las deficiencias académicas que en estos tiempos se verifican en el estudiantado nacional.

Pero además, las boletas que se debía llenar, contenían una serie de preguntas poco objetivas; algo carente de sentido, según se podía advertir con facilidad.  Tan así es, que el joven que nos empadronara,  manifestó con cierto dejo de tristeza, al momento de la entrevista, que el misma supervisora del grupo les había instruido, en el sentido de que no hicieran algunas de las interrogantes incluidas en la boleta, porque no servirían de nada.

Ahora vemos, según ha venido reseñando la prensa local durante los últimos días, que el puntillazo final es que, una gran parte de los supervisores y empadronadores actuantes, no han recibido de la ONE, el pago correspondiente, por concepto de dieta y demás, lo cual es algo insólito; pues esas personas, mal que bien, se sacrificaron y trataron de hacer su trabajo.

Los reclamos llueven a cántaro, como reza un dicho popular, precisamente, en estos días de Navidad, que esos muchachos necesitan sus cheles, para cubrir los gastos de la temporada.

Eso, como entendemos ya pasó en otra oportunidad, lo que podría ocasionar de nuevo es que, parte de ese personal se enfade de tal manera, que proceda a romper o botar la documentación del censo realizado, situación esa que acabaría por dañar más aun el asunto de que se trata..

Luego, con esa panorámica tan poco auspiciosa, las preguntas obligadas serían, ¿cómo saldrán las estadísticas censales de Población y Familia-2010?; ¿cuándo se podrán sacar los datos de ese trabajo a la luz pública?

Otra, ¿serán confiables y oportunos? ¡El que piense que sí, dejaría de ser dominicano!

 Rolando Fernández

Por quién comenzar, sería el meollo del asunto

Según declarara el fiscal de la provincia Santo Domingo, señor Perfecto Acosta, al ser entrevistado en el programa “Esferas de Poder”, que produce el periodista Federico Méndez, el plan nacional de desarme en la población, “magnifica” propuesta de la Procuraduría General de la República, se iniciará en el próximo año 2011. (Véase  periódico Listín Diario del 20-12-10, página 9ª)

Las dos grandes interrogantes que se tienen sobre el particular son: primero, ¿cuáles serían las razones a ponderar, para fines de la incautación a que se aspira?; segundo, ¿por dónde se comenzará, por los delincuentes, o las personas serias y de respeto, que sólo tienen y portan armas de fuego, precisamente, para defenderse de esos maleantes?

Procede tomar muy en consideración que, sobre las  armas de fuego utilizadas ilegalmente para cometer actos vandálicos y del sicariato moderno aquí, se carece de registros y las informaciones pertinentes, como el determinar pertenencia, debido a que las mismas han sido robadas y preparadas, o introducidas de manera ilicitita al país.

No obstante, es por ahí por donde se tendría que comenzar, aplicando todo tipo de medida conducente a la localización de lugar. Pero además, eliminando las inobservancias y la falta de aplicación efectiva por parte de las autoridades correspondientes, a la Ley 36, sobre Porte y Tenencia de Armas; como los repartos alegres entre los espalderos y “lambones” de los políticos de turno; y, las asignaciones que se dan por amiguismos y tráfico de influencia,  para complacer a personas que en sí no requieren estar armadas.

Hay otro aspecto, sobre el que también habló el funcionario, que luce poco ponderado; y es ese de que la Ley 36, sólo contemple la tenencia, eliminándose el porte.  Luego, ¿para qué se tendría un arma de fuego?, ¿para guardarla en una caja fuerte o armario, y esperar hasta que los ladrones vayan a buscarla? ¡Eso es insólito!

La otra inquietud que mueve a preocupación, es el procedimiento cautelar a seguir, después de la incautación. De prosperar la iniciativa, y tomando en consideración el ordenamiento social y político nuestro, en el que impera un descontrol  mayúsculo, la mejor opción sería fundirlas, luego de. Pues, de lo contrario, en muy corto tiempo, volverían a las calles de nuestros barrios y ciudades, por cualquier vía.

Ahora, para  una acción de esa naturaleza aquí, se habrá de necesitar de un  cuerpo especializado, que jamás margine la pulcritud y el honor; operando bajo  la estricta supervisión debida. Probablemente, eso  resulte más difícil de lograr, que el incautar la totalidad de las armas de fuego en manos de la población civil.

Con la  inseguridad y el nivel de delincuencia que ya se registra en este país, nadie que tenga algo que salvaguardar, o proteger su vida misma, se va a quedar indefenso, porque al señor Procurador General de la República, así se le antoje.

Lo que se debe hacer en este país, es el trabajo que corresponde, para que la gente se sienta protegida;  que haya una efectiva administración de justicia; y, que ésta rija para todos; no sólo para los que no tienen padrino; o, se aplique de manera subjetiva y circunstancial. Se verá entonces, que esas incautaciones de armas no serán necesarias. De motu propio, se dejarán de usar.

 A propósito de justicia, decía Aristóteles, que, “El único estado estable es aquel en que todos los ciudadanos son  iguales ante la ley”. ¡Que se reflexione aquí sobre eso!

Las armas de fuego comprometen, y ayudan a exaltar las pasiones en quienes las usan. Por lo que, todo ser mínimo pensante, evitaría tanto su porte, como  tenencia, de no haber necesidad.

 Rolando Fernández

Urgen verdaderas caras representativas de las tres notables “J” nacionales

Hay un refrán muy popular, y verídico, que reza, “hasta la belleza cansa”; y es obvio, que a veces ese hartazgo reporta de mala manera.

Es la misma situación que desde hace ya algún tiempo se viene dando en la República Dominicana, con las reiteradas figuras más representativas dentro del ruedo político nacional, que no cabe duda, también han olvidado los principios transmitidos por sus mentores de otrora.

A partir de la desaparición del régimen dictatorial trujillista, sólo tres organizaciones políticas, en pleno desgaste hoy, y casi en proceso de desaparición, con el concurso oportunista de los  partidos minoritarios,  corchos que flotan en todas las aguas, y que encabezan en su mayoría una serie de busca cuartos, y puestos en la administración pública, han estado gobernando a los dominicanos, con gestiones que la historia se encargará mañana de ponderar y aquilatar; pero que, de entrada se puede decir, que  muy pocas han sido de lo mejor, sumiendo a esta nación en grandes dificultades de diversas índoles.

Las muestras y los resultados más fehacientes están ahí. Entre otras cosas: colosal desorden institucional, corrupción estatal rampante, enajenación del patrimonio público, endeudamiento externo desenfrenado, hasta la coronilla, carencia de los servicios públicos básicos; y, ahora, el icono más de moda – la delincuencia alarmante que arropa a la sociedad dominicana.

Es muy lógico suponer entonces que, si en el marco “accionario”

Gubernamental de esas tres principales organizaciones políticas nacionales, han sido sembradas las causas de los efectos que hoy recoge y padece la República,  a través de ellos nada se va a corregir.  Son los mismos protagonistas de las películas que se han firmado anteriormente, tapadores de lo mal hecho, y tránsfugas que se mueven entre los grupos establecidos, a su mejor conveniencia, antinacionales y títeres alienados a todas luces.

Es por ello que, de cara a los próximos comicios electorales que habrán de celebrarse en el país, los dominicanos requeriremos, y en esto debemos ir pensando, de nuevas figuras para administrar la cosa pública; en gente no comprometida con los sectores subyugantes de la población, como tampoco con los chantajistas y demagogos políticos que aquí tanto abundan, si es que queremos que nación comience a transitar por senderos aptos para intentar recobrar la institucionalidad perdida, y encausar las enmiendas que merecemos.

De lo contrario, seguiremos cabalgando sobre los mismos caballos; dirigiéndonos hacia destinos similares: endeudamiento, corrupción, delincuencia, falta de administración de justicia, etc.   Surcando en iguales aguas, repletas de podredumbres y tiburones ávidos de saciar su sed de riquezas, a costa de los inconscientes ciudadanos que favorezcan con sus votos a las “guaridas” que les cobije.

Caras nuevas; nada que huela a los colores tradicionales que nos han gobernado.  Todo, en ellos se perdió por completo, tan pronto desparecieron nuestras, hasta ahora, tres “J” notables del escenario político nacional. Ya no hay representatividad  de estas, en sus respectivas organizaciones partidaristas.

¡Reflexionemos hermanos; o, seguiremos de mal en peor!

Rolando Fernández

Leyes tenemos; falta aplicación y administración efectiva

Una ley es una normativa o regla dispuesta por una autoridad competente, para prohibir o tratar de regular algo, que contempla estipulaciones punitivas, ante la falta de observación por parte de las personas a quienes va dirigida.

Cuando en verdad se aplican las que rigen, se logran los objetivos propuestos. Pero, cuando no los son, o se manejan e interpretan de manera subjetiva, los efectos que se producen,  siempre son contrarios a los  deseados.

Es lo mismo que viene ocurriendo en nuestro país, donde leyes hay demás.  Incluso, se podría prescindir del Congreso Nacional, por un tiempo, para crear nuevas disposiciones, o legislar en ese sentido. 

Ahora, lo que desde hace varios años vienen brillando por su ausencia, son los encargados de hacerlas cumplir a cabalidad; de velar porque no se conviertan en piezas muertas, inductoras a los desafueros ciudadanos.

De ahí, el gran desorden que arropa a nuestra sociedad en amplísimos sectores; los padecimientos y abusos que sufre la misma población; y a su vez, las inobservancias de tantos dominicanos, que se produce, a manera de respuesta retaliatoria, bajo el argumento de que aquí las leyes sólo rigen para los chiquitos, cuando suelen aplicarse.

La misma Ley General de Educación, que ha estado en boga durante las últimas semanas, en lo relativo a la aplicación del 4% del PIB para el área, si fuera analizada y ponderada en todas sus partes, se podría advertir con facilidad, que no es la única violación con respecto a la misma, sino que se verifica un sinnúmero de inobservancias, que tienen que ver de manera directa con la intervención de la política y el comercio lucrativo en el sector.

Pero además, a veces se disponen leyes que, en vez de regular o normar comportamientos, lo que hacen es contribuir a fomentar más lo que no se debe o se quiere, cuando su observación no es la más correcta; que alimentan el deseo por lo perjudicial o lo prohibido que, no cabe duda, es una inclinación natural de los seres humanos.

Es el caso por ejemplo, de la Ley 42-01, en lo relativo  al consumo de alcohol, que manda a advertir a los consumidores sobre el daño que provoca en la salud (Art. 123).  Sin embargo, la forma en que siempre se ha venido manejando ese asunto, con una simple mención, dejada caer al final de los  anuncios inductores sobre las bebidas alcohólicas, en un tono tan sutil que, a veces luce hasta despectivo, lo que ha hecho es favorecer más ese consumo. (“El consumo de alcohol perjudica la salud. Ley 42-01”)).

Cuando se quiere realmente controlar y prevenir, las disposiciones no de manejan de esa manera.  Es por ello que, los que mayor provecho han sacado de esa normativa, son los mercadologos, conocedores de las técnicas comerciales para inducir al consumo, como de muchos comportamientos que psíquicamente observan los humanos.

 ¡Les recomiendo primero; les medio advierto después sutilmente! Resultado: siempre habrá de surtir mayor efecto la recomendación; amén, de la proclividad que siempre tiene la gente hacia lo prohibido o lo dañino.

Es muy probable que, después de la promulgación de la susodicha ley, el nivel de consumo de alcohol en los ciudadanos de esta República, se haya triplicado.

Claro, el simple tratamiento de advertencia  que se viene haciendo, en el orden de lo que se trata, es marginado por parte de las autoridades competentes, en virtud de la importancia que tiene ese tipo de consumo, como significativa fuente de carácter tributario.

Rolando Fernández

Mientras más la suban, menos la pagan

Cada día más los dominicanos debemos convencernos de que aquí, el problema de la energía eléctrica nunca se va a resolver, por la vía de los principios administrativos, en términos de aplicación; como tampoco, del aumento de la generación, la adopción de nuevas tecnologías, y la renovación de la redes de distribución.

Esos logros últimos resultarían necesarios, si es que en verdad se pudieran alcanzar; pero, con ellos solamente, la crisis energética nacional no se va a resolver.  Se debe afrontar, necesariamente, otro aspecto de gran trascendencia, al cual no se le quiere poner el frente, por la razón del maridaje político-empresarial que rige el negocio eléctrico en el país.

El meollo del asunto está en el cobro excesivo por un servicio deficiente; el más caro del área del Caribe, según los expertos, con tendencia alcista medalaganaria y abusiva, que se origina en los acuerdos suscritos con los “altruistas generadores privados”, que contienen estipulaciones que resultan lesivas para la nación, situación esa que es del conocimiento de un gran segmento de la población, que se siente estafada y desprotegida, lo cual ha  ido creando la denominada cultura del no pago, a manera de respuesta retaliatoria.

Lo que ocurre es que, a esos contratos no se les quiere poner las manos, para corregir las distorsiones y cláusulas inapropiadas para la sociedad dominicana, que han sido admitidas y reconocidas públicamente por el flamante vicepresidente ejecutivo de la CDEEE, aunque de forma sutil por supuesto; y que, es un asunto que  ya ha sido tratado en el seno del Congreso Nacional, por iniciativa de un osado senador de la República, donde tampoco se han atrevido a hacer nada.

Aunque en su rendición de cuenta de gestión, el señor Celso Marranzini, habla de sus logros, que resultan bastante cuestionables por cierto – pues a decir verdad, el gran problema de los apagones ahora es mayor que antes, entre otras cosas – resaltando el aumento que ha logrado en la generación, no es un secreto para nadie, que su labor ha estado dirigida sobre todo, a: aumentar la tarifa, perseguir el fraude, pero sólo el de los usuarios,  y gestionar recursos prestados para pagar a los generadores privados, cuando el trabajo administrativo loable en tareas de esa naturaleza, debería ser la eficientización del servicio, con un cobro justo y equitativo para la población.

Parece ser, que él no quiere darse cuenta, como muy buen profesional que es, y conocedor de esa gran problemática para el país, debido a los años que tiene ligado al sector, de que las actitudes fraudulentas que observa una gran parte de la población, se originan precisamente, en la deficiencia del servicio y el cobro abusivo por el mismo, que incluye hasta los apagones, sin compensar a los estafados usuarios, en violación de la propia Ley General de Electricidad.

El señor vicepresidente de la CDEEE, consideró que, “el 2010 ha sido un año de grandes logros – cuáles serán – en el sector, pero le preocupa que aún hay un millón de dominicanos que no pague el servicio de electricidad”. (Periódico Listín Diario, del 17-12-10,  página 1D).

Un nota curiosa con respecto al no pago, es que, según la reseña periodística, a pregunta formulada por el Listín Diario, a los tres jinetes extranjeros, impuestos para administrar las Edes, la evasiva fue notoria, en cuanto a externar causas de manera directa.

Sí,  al  señor Marranzini, le preocupa “el que un millón de dominicanos no paguen por el servicio de electricidad”. Pero, ¿qué está haciendo él para combatir es situación, persiguiendo el fraude y procurando subidas en la tarifa?  Así, no lo va a lograr.  Todo lo contrario, con ese aumento abusivo y desconsiderado último (11%), si antes había un millón que no pagaban, en lo sucesivo habrán dos o más.

¡Que administre como debe ser; corrigiendo los verdaderos problemas, sin sacar clientes del mercado!  ¡Eso es lo que en verdad se llama efectiva gerencia administrativa!

O, es que estos comerciantes y políticos no entienden que ese es un servicio imprescindible para la población, y que el Estado está en deber de proporcionarlo adecuadamente; que la gente va a procurar tenerlo, pueda o no pagarlo; y que, mientras más suban la leonina tarifa, la imposibilidad de honrar el pago por el servicio, será mayor.

O, es que no están advirtiendo que los pueblos se cansan de las demagogias y los abusos, y que en cualquier momento comienzan a pasar factura; que esa situación extorsionadora de la energía, adicionada a otros elementos de crisis que padece la población dominicana, puede provocar un gran estallido social de consecuencias impredecibles, que se lleve de encuentro a todos los que más pueden, incluyendo a regentes del negocio eléctrico nacional, como a los títeres que les sirven.

¡Que lo piensen bien, para que después no lo lamenten! Que reparen sobre esa amplia demostración social, para exigir el famoso 4% de PIB, como apropiación presupuestal en el área de la educación. Que ya aquí se comenzó a abrir los ojos, y que eso debe llamar a la reflexión a los políticos y empresarios de sector eléctrico, que han abusado de la paciencia de este pueblo.

¡Que opten por un “basta ya”!, como decía un otrora líder político nuestro. ¡Sería lo más conveniente!

 Rolando Fernández

Procede emular al Cabildo capitalino

Dentro del abanico de los desordenes que se verifican en este país, uno de los que más inconvenientes causa a la población, amén del riesgo de peligrosidad que envuelve, es la ocupación de las aceras peatonales.

Esos espacios son ocupados alegremente por personas desaprensivas; en los que se realizan actividades de diversos géneros, impidiendo por supuesto, el paso de los ciudadanos que circulan por las áreas, los cuales tienen que lanzarse a las calles para poder transitar, desafiando a los temerarios conductores de vehículos que nos gastamos los dominicanos.

Pero, no sólo incurren en faltas de ese tipo las personas físicas, sino que también, lo hacen muchas tiendas o comercios organizados, que extienden sus espacios de exhibición de mercancías para la venta, hasta las aceras mismas, entorpeciendo el paso  de la gente.

De igual forma, tampoco están libres de usufructos particulares, los atajos y pasos peatonales para el cruce de las avenidas, que también han sido convertidos en mercados ambulantes, en los que se expende  todo tipo de efectos; y, en los que los delincuentes aprovechan las aglomeraciones de personas, para hacer de las suyas, robando carteras y celulares.

Es por ello que, esa iniciativa que ha puesto en marcha el Cabildo capitalino, consistente en que, “Todos los espacios públicos ocupados por particulares que obstruyan el libre tránsito serán intervenidos y desocupados”, según publica el periódico El Día, del 17-12-10, página 22”, debe ser emulada por los demás ayuntamientos del país, sin distingo de todos los violadores  de esas áreas,  que se puedan sentir afectados.  Hay que recuperar de cualquier manera, la libertad de paso por las aceras de nuestras calles y avenidas.

Esas ocupaciones desmedidas e ilegales a todas luces, tienen que ser enfrentadas con voluntad suficiente, ponderando las desaprensiones y los riesgos probables  envueltos.  Pues, por el hecho de ser padre de familia, como muchos alegan, no se puede continuar permitiendo la arrabalización y degeneración de los lugares destinados para el tránsito peatonal de los ciudadanos.

Una muestra más que fehaciente, de lo que en verdad viene ocurriendo al respecto, es lo que se observa en el kilómetro nueve  de la autopista Duarte, y sus alrededores, incluyendo parte del ave. Isabel Aguiar, y la misma carretera Duarte vieja. ¡Eso es penoso y deprimente!; con el agravante del caos en la circulación de los vehículos del transporte público.

 Rolando Fernández