¡Gran realidad!

El concienciarse las poblaciones de los países que vienen siendo afectados a nivel mundial por la grave pandemia del COVID19, incluida Dominicana, claro está, que no es la excepción, y además con respecto a las lesiones corporales altamente nocivas para salud de la gente que puede provocar, se convierte en la mejor arma para su combate certero.

Es obvio que, los Estados envueltos en los manejos de la referida crisis sanitaria, han estado promoviendo, incluso de manera coercitiva, y hasta punitiva muchas veces, haciendo uso de sus fuerzas públicas, las medidas preventivas pertinentes, con relación a las afectaciones individuales y los decesos que pueden devenir debido a tan dañoso flagelo, casi generalizado ya. Pero, por lo visto, un gran segmento de los ciudadanos de esas sociedades no obtempera ante las precauciones tomadas, en una actitud de desobediencia marcada casi recurrente.

De más es conocido que, obligándole, nadie se concientiza sobre determinadas situaciones de peligro, sobre la cual se advierte puedan afectar sobremanera a las personas.  Sí que es posible lograr la concienciación requerida a través del conocimiento adquirido sobre el fenómeno de que se trate; la veracidad que se advierta en torno al mismo; y, la voluntad propia que impulse a los individuos a la protección obligada.

 Por lo regular, cuando las cosas se procuran por imposiciones a los ciudadanos, las personas se inclinan por asumir actitudes contrarias; o, tienden a dejar de lado las prevenciones que se consideren oportunas.

En cuanto a la pandemia que ahora viene “acogotando” a la sociedad mundial, el COVID-19, es muy posible que el factor incredulidad dentro de los conglomerados sociales haya venido incidiendo en los comportamientos individuales desaprensivos que a diario se observan en diversas latitudes.

Y, es muy posible que, eso sea como consecuencia de los malos manejos impropios fehacientes que algunos gobiernos vienen dando a la connotada crisis sanitaria cursante en estos momentos; como, de los tantos buenos negocios logrados que se infieren, haciéndose provecho de la situación, y que han estado llevando a cabo políticos, empresarios poderosos; médicos, clínicas, y los laboratorios que realizan las analíticas inherentes al virus.

Evidentemente, esos son aspectos que poco se pueden negar; pero, qué no obligan a los descuidos personales y las “displicencias” notadas, que bien pueden ir en contra de la salud misma de la gente, ante una poderosa crisis sanitaria innegable.

¡Ese potente virus es una realidad concreta!, según se puede apreciar a diario, acéptese o no, con sus eventuales mutaciones. Y, por consiguiente, el uso de las mascarillas; el alejamiento social, las no participaciones grupales; el evitar salir de sus casas, a menos que sea necesario; las cuarentenas impuestas, etc., son medidas obligadas a observar siempre, aun se dude, sobre la existencia real de la referida pandemia. ¡Hay que prevenir, y procurar preservar la salud, un activo humano que no tiene reposición!

Ahora, que el grueso de los ciudadanos en sus respectivas naciones, se incline por observar las medidas de ese tipo que dispongan las autoridades competentes, va a depender del grado de concienciación humana que se tenga, más que otra cosa, objetivo hacia el cual deben estar dirigidos, fundamentalmente, los aprestos gubernamentales, amén de los preventivos que se impongan. A despertar entonces que asalten en la población los instintos de preservación obligados, respecto de la salud necesaria en todos los ciudadanos.  

No solo son disposiciones oficiales a cumplir a la fuerza las que deben prevalecer, con métodos represivos, cabe reiterar, en las presentes circunstancias, tal es en el caso que en ocasiones se ve, respecto del famoso toque de queda, cuando determinadas personas lo violan.

Esa es una medida que, por lo apreciado, muy poco aporta a la solución de tan significativa problemática, cuyos riesgos de contagios están presentes durante las 24 horas del día; no solamente en las noches.

A manera de conclusión, preciso es recalcar, qué cuántas medidas preventivas oficiales se puedan adoptar, y que los habitantes de las diferentes naciones, incluida la dominicana, que vienen siendo afectadas por la pandemia estén dispuestos a observar, podrían arrojar efectos muy positivos en contra del referido mal.

No obstante, el de mayor provecho innegable lo sería, la concienciación de la gente, en términos de lo que puede ocurrir a cada cual; de los daños en su salud por los riegos de afectación probables que se corren, y que pueden conllevar hasta eventuales decesos; el irse súbitamente del planeta Tierra, a lo que no se cree muchos estén dispuestos; a partir a destiempo del plano físico en que se encuentran viviendo.

Lugo, ¡qué el mayor cuido provenga entonces del que debe estar más interesado en su salud, cada cual!

Es obvio que, muy loables se reportan las medidas preventivas adoptadas por los gobiernos de los diferentes países que hoy enfrentan la denominada pandemia de siglo, cabe recalcar. Pero, también es de orden decir, que no solo esos están obligados a prevenir. Si los ciudadanos no obtemperan ante los cuidados propuestos, muy poco se podrá lograr en su favor. ¡El que no quiera, hay que dejarlo que se exponga en todo momento frente al peligroso “flagelo atacante”!