¡Los que mejor responden!

Los animales domésticos, principalmente los perros y los gatos, no importa si tienen pedigree, o son “viralatas”, como de común se les llama a los callejeros, que no encuentren dolientes que los ampare, contribuyen a fortalecer el altruismo que caracteriza a las personas, a través del amor y el cariño que siempre manifiestan a su manera. ¡Eso es indiscutible!

 

Aunque irracionales, se reportan cada vez fieles y leales, no sólo con sus amos propiamente, sino también con todos aquellos que tratan de ponerles atención, y protegerles además. Normalmente se muestran muy agradecidos.

 

Con los seres humanos, en cambio ocurre casi por completo lo contario: van apagando lentamente la loable actitud, aunque parezca mentira. De ordinario se dice que son como los gatos, porque se entiende que estos últimos no agradecen, lo cual no es cierto. Sí que los mismos tienen una manera característica y distinta, cuando se les compara con relación a los perros, por ejemplo, de corresponder al trato que se les dispensa.

 

Lo que hacen las personas con regularidad, es ir matando con sus actitudes de indiferencia e ingratitud, toda inclinación altruista, los deseos de brindar servicios incondicionales y de colaboración en su favor, que requieren con normalidad de algún gesto de agradecimiento “motivante”, aun sea una agradable sonrisa, o la expresión de palabras sentidas, jamás tintadas con visos de sabiduría malsana, o muecas de falsedad.

 

Esos animales, aun las condiciones ya no lo permitan por alguna circunstancia, el continuar tendiéndoles las manos, sea para alimentarles o acariciarles, nunca olvidan lo antes recibido, y expresan en sus formas el sentimiento de gratitud.

 

En cualquier momento que sea, mantienen siempre en su olfato el aliento particular de los hombres que son sus amigos, y les aman. Incluso, captan cualquier estado anímico depresivo que les pueda estar afectando, y tratan de darles apoyo emocional, lamiéndoles, moviendo sus colas, y restregándose en sus extremidades inferiores, como una forma de decirles: estamos aquí para dar apoyo.

 

Lo que se da dentro de la especie humana, cuando alguien  deja de recibir por la razón que sea, incluido un posible despertar por parte del dador, para no seguir dejándose coger de tonto, por lo que el receptor de favores ya no se puede seguir aprovechando de uno de sus congéneres, es volverse apático, indiferente e imparcial, y de inmediato se produce un cambio de imagen respecto del que fuera siempre generoso, el que tendía la mano sin ninguna contemplación; pero que, ya no puede, o hizo conciencia de alguna situación anormal vividora, que borró el sentir dadivoso acostumbrado.   

 

Todo se olvida entonces. El que ayer merecía elogios, admiración y un supuesto afecto, de repente se torna lo peor, en objeto de críticas constantes. Duro, agarrado, mal amigo,  entre otros calificativos, que en lo adelante se estilarán.

 

Es por lo expresado que, jamás se debe ser indiferente con los animales, de ese tipo, o de ninguno que sea inofensivo. Siempre hay que servirles con amor y protegerles hasta donde sea posible. No hacerles sentir mal, pues también estos sufren como los seres humanos. Y cualquier maltrato en su contra, reporta luego efectos punitivos, aun muchas personas no lo crean.

 

Ellos nunca defraudan. Son los hermanos, aunque menores en especie, más fieles y sinceros acompañantes. Contribuyen con el acrecentamiento del altruismo en la gente. Los hombres (general),  en cambio, le van haciendo desaparecer como por arte de magia.

 

Aunque resulte algo atrevido y feo decirlo, los animales agradecen más que muchísima gente. Claro, se debe servir a cualquiera, sin discriminación de especie terrenal, partiendo de que, “Todos somos uno”, como reza una primera verdad sagrada; y que, dondequiera que se tiene vida, ¡hay un fragmento de la Conciencia Suprema, está Dios!

 

 Rolando Fernández

 

 

 

 

Extrematizar siempre perjudica

Extrematizar siempre perjudica

 

Todos los extremos son malos, reza en dicho popular. Y es muy cierto; jamás los excesos han favorecido en nada.  Mantenerse siempre en el punto medio de todas las cosas, sin importar su naturaleza, arroja buenos resultados.

 

Todo se puede hacer.  Nada está prohibido.  Pero, entiéndase bien, el extrematizar es lo que daña; son los excesos en los que por lo regular se incurre.

 

Bien lo dejó prescrito a sus discípulos el Iluminado Buda Gautama, en sus añejas enseñanzas: observar siempre “el sendero medio” en todas sus actuaciones, extensible el predicamento hasta  la humanidad por completo. ¡Nunca irse a los extremos!

 

Esa es una recomendación que, llevada al ámbito de la prensa local nuestra, en términos generales, es obvio le arrojaría muy buenos resultados.  Podría hacer recobrar a ésa, gran parte de la imagen perdida hasta ahora, por la forma en que algunos medios vienen procediendo.

 

Y es que se entiende, ya no se informa objetivamente a la ciudadanía sobre temáticas que sean de su real interés, aquellas relativas a los diferentes tópicos de orden tanto nacional como internacional que se requiera; al igual que, con relación a  los saberes y nuevos descubrimientos científicos que se hagan, entre otros.

 

Resulta muy penoso, cuando se toca en determinados círculos sociales de importancia, y algunos de menor nivel, el tema de la lectura de los periódicos locales, escuchar decir a la gente, para qué leer prensa en este país, para mortificarse la vida nada más, leyendo sobre los sucesos sangrientos acaecidos; las sandeces sin sentido que a algunos se les ocurren; las chismografías políticas, y el lambonismo relativo en extremo; como, las proclamaciones demagógicas e inductoras de esa naturaleza.

 

Además, reseñas referentes a actividades “artísticas”,  dizque, cargadas de disparates faranduleros, cosas sin sentido o utilidad  alguna.  Vienen a rebosar la copa de la paciencia, cuando uno se inclina por hacerlo, las publicaciones del otro sector embaucador: el de los especuladores comerciantes que se tienen en esta República,  con sus anuncios adormecedores, que son los que en realidad benefician a los periódicos; amén de las ganancias que proporcionan los que se les escribe por paga, receptores de proclamas y loas políticas en la mayoría de los casos. Se “jarta” cualquiera de ver y leer promociones personales, y las propagandas  a efectos electrodomésticos, y productos comestibles, por ejemplo.

 

¡Es preferible no leer nada! Es así como piensa, en forma sentida la población, y probablemente no deje de tener cierta razón. Quien quiera comprobarlo, sólo tiene que ponerse a hojear algunos medios de la prensa escrita nacional; o, abrir sus páginas en la red de la Internet.

 

¡Penoso eso!, que habiendo aquí tantas personas con preparación; brillantes plumas para exponer opiniones, o los resultados de alguna investigación realizada, de ordinario no consiguen espacios en las páginas de los periódicos para cualquier publicación que deseen realizar. Sin embargo, con cuántas cosas nimias, y baladíes, cuando no lloviéndose siempre sobre mojado uno se encuentra en las mismas.

 

La manera en que actualmente se hace prensa en la República Dominicana, con muy raras excepciones, como la falta de calidad notoria profesional que se verifica en muchos de los contenidos  que se publican,  ha hecho incluso que la ciudadanía haya ido perdiendo el hábito de la lectura en este país.  Esa cultura cada vez más se pone en el olvido.

 

Dicha fuente informativa y edificante, como debería ser, constituye la más asequible para la población, y más aún con los suministros gratis. Sobre la misma se ha perdido el interés debido a lo expresado más arriba. Eso, agravado por los altos costos de los libros que se expenden localmente, para completar el fomento de la no proclividad a leer. ¡Adquirir una buena obra literaria en este país,  resulta más costoso que echar un pleito!

 

Los periódicos  de la prensa nuestra, para enmendar la situación señalada, tienen que abocarse a observar también el denominado “sendero medio”, en todos los sentidos.

 

Es bien sabido que, todos ésos tienen sus líneas de preferencia, principalmente en el aspecto político, por innúmeras razones. Pero, son cosas que se deben aprender a manejar, tomando en consideración que  se trabaja para una sociedad generalizada, en la que siempre habrá afectos y desafectos, con relación a las concepciones que por convicción o conveniencias se tengan.

 

No se puede entonces, estar “enseñando tanto el refajo”, como dice el pueblo.  La imparcialidad en determinados momentos, es algo que se impone en todo el ejercicio periodístico. Es la humilde opinión de un neófito en la materia.

 

A propósito de todo lo expresado anteriormente, valdría la pena recomendar, como algo complementario, a todos los directores de medios de comunicación la lectura sosegada y reflexiva de la ponencia que hiciera el señor Joaquín Muller, director general de la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA), cuando intervino en un panel sobre “Medios de Comunicación – de la prensa a los recursos digitales”, que fuera celebrado en el marco del VI Congreso Internacional de la Lengua Española, que fuera celebrado hace ya un tiempito en Panamá, cuya reseña apareció publicada en el periódico “HOY”, edición de fecha 23-10-13, página 14B.

 

Entre los aspectos dignos de mención a que se refiriera el señor Muller, se encuentra: “Los nuevos consumidores de medios “no creen” en el periodismo tradicional, ni en la independencia de los grupos”.

 

Más adelante agregó, y haciendo alusión a los efectos que  ha producido en el área la introducción de la tecnología digital: “Este gran cambio ocurre “después de largos años en los que el periodismo ha perdido mucho en calidad e independencia”, y se encuentra en un punto de “desprestigio muy difícil ya” de superar, básicamente porque la nueva generación de consumidores desconfía de él por su vinculación con los poderes económicos y políticos”.

 

¡Se impone entonces, una profunda reflexión sobre la temática aquí tratada!, ¿verdad?

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

Hipocresías a granel

Cada cual tiene su forma de ser, y hay que respetarla. A veces, la nuestra misma, no merece igual consideración por parte de los demás. De eso hemos sido víctima, con muy poca contemplación, a través de  los años.

 

Desde muy temprana edad, siempre hemos recibido severas críticas respecto del aislamiento que por lo regular observamos durante el día de Año Nuevo, comenzando desde su instante exacto inicial, en su fase nocturna, para evitar los saludos hipócritas de felicitación que comúnmente se dan, o expresa el grueso de la gente. Se nos ha acusado de ser roca izquierda, antisocial, como una persona apática, etc.; ¡pero no importa, seguimos en la misma tesitura!

 

La verdad es que, en nuestra humilde opinión, muchos seres humanos de los que pronuncian el vocablo que se estila en tal sentido, ni siquiera saben lo que significa la palabra “felicidad”.  Lo hacen por puro convencionalismo, un cumplido, con ribetes de falsedad, no permanecer callados mientras los otros se manifiestan.

 

Por nuestra parte, no obstante las acusaciones que se nos hacen, proseguimos con la misma actitud. Y es que, en realidad no soportamos las dobleces de la gente que se nos acerca, en su mayoría, para expresarnos ese tipo de salutación ocasional; la cortesía o protocolo que se observa, de los dientes para afuera, dicho en buen dominicano, cuando vienen a manifestarnos, “felicidades”, personas que probablemente nunca han saludado a uno durante los 365 días que acaban de transcurrir; que evaden por lo regular una atención rutinaria de ese tipo, y que a partir de las 12:00 am., las noches de los 31 de diciembre, al iniciar el Nuevo Año, y día primero de enero, vienen a abrazar a uno, y se inclinan por esa práctica convencional corriente.

 

Eso lo que debe dar es risa al que piensa un poquito, en ocasión de que el allante acostumbrado no se pueda evadir. Cuando no, optar por recluirse hasta que pase el furor de tal moda periódica, más que otra cosa, es lo mejor. Tal decisión última, es por la que siempre nos hemos inclinado, y creemos que habremos de seguir observando la misma actitud, probablemente con mayor rigor, en estos tiempos degenerativos sociales en que vivimos.

 

De más es sabido que, ésa no es sólo una situación de hipocresía que se verifica a nivel de las personas externas a los núcleos familiares, como de los más cercanos seres amigos y relacionados, sino que se registra además dentro de esos últimos mismos, con rarísimas excepciones.

 

La temática viene a colación aquí, y se reporta asociativa además, en virtud de un mensaje que publicara en las llamadas redes sociales el connotado y distinguido director periodístico, señor Salvador Sánchez, en el sentido de que, en ocasiones uno se siente sólo a pesar de estar acompañado de seres muy cercanos,  que se entienden familiares y amigos agregaríamos nosotros.  Sus palabras textuales fueron: “Puedes encontrarte rodeado de gente querida y sentirte más que solo en el mundo…”

 

Evidentemente, se infiere de su aseveración, el comportamiento hipócrita, y demagógico podría decirse, como tintando de la poca vibración mutua en que se repara con relación a los demás, y hasta probablemente de insuficiencia de compactibilidad, en términos de valores individuales, respecto de mucha gente que en determinados momento nos acompaña.

 

Y, esa es una gran verdad que él expone, más aún en la época en que estamos viviendo, cuando incluso se viene dando la profecía o señalamiento bíblico aquel, del que siempre han hablado los estudiosos a profundidad  de los textos del Sagrado Libro, aunque llevado a términos verbales algo populares, y que tanto han  anunciado los hombres de antaño, a producirse durante los tiempos finales de la Era Cristiana, en los que “no habría padres para hijos, ni hijos para padres”.

 

Uno se preguntaría entonces, ¿y si esa es hoy por hoy  una realidad concreta que se verifica a nivel de un “enlace sanguíneo” tan singular, qué podría ser con relación a los demás seres que nos rodean: esposas, hermanos, amigos y relacionados?

 

Evidentemente, se tendría muy poco que esperar. Sólo hipocresías, farsas a granel, como bastante infidelidad. Claro, siempre están los que confirman la regla. Incluso, el que ahora se sirva a los seres más cercanos, es notorio que se hace por compromiso, y en procura de algún provecho particular. Es lo que se estila con mayor frecuencia.

 

Hay que imaginarse luego, llevadas esas actitudes y comportamientos, muy impropios por cierto, al escenario festivo de la celebración de la llegada del Año Nuevo, y lo que normalmente se produce.

 

Aunque nunca las personas deben auto-valorar los principios y concepciones propias, cada vez nos creemos no estar tan equivocados, con siempre procurar el aislamiento para la citada fecha, y así evitar ser objeto del juego.

 

En cuanto a la soledad de que hablara el amigo Salvador Sánchez, y que bien se puede asociar con los saludos simuladores de Año Nuevo, como las algarabías ordinarias relativas, ¡no hay duda de que es así!, aun se trate de grupos acompañantes compuestos por personas de mucho mayor acercamiento, incluso pertenecientes a las tribus biológico-sanguíneas – familias -, a los que él pudo haberse referido de manera algo indirecta, cabría apuntar.

 

Pero, es obvio que, tal condición o estado sólo se verifica en términos personales, debido a que ya el calor de los humanos  cercanos que de ordinario acompañan no se deja sentir. Sólo hay muchas pantallas en sus actuaciones circunstanciales.

 

Ahora, hablando en un contexto de mayor significación para los  hombres (general), el esotérico-espiritual, nunca en verdad se está solo. Siempre hay una Presencia Magna que nos acompaña: el Dios inmanente que mora en nuestro interior, y nos fortifica.

 

Para finalizar, valdría la pena reproducir aquí el comentario que hiciéramos al amigo Salvador, en ocasión de la publicación precitada, a manera de reiteración, algo ampliado:

 

ESO ES MUY CIERTO SALVADOR. LA GRAN MAYORÍA DE GENTE NO ES COMPAÑÍA. HAY DEMASIADO HIPOCRESÍA ENTRE LOS HUMANOS, Y ESO SE ADVIERTE CON FACILIDAD. AHORA, SÍ QUE SIEMPRE TENEMOS LA COMPAÑÍA DE LA PRESENCIA DIVINA QUE MORA  A LO INTERNO NUESTRO, EL DIOS INMANENTE QUE NOS SUSTENTA, QUE TODO ORDENA Y CONTROLA, AUNQUE EL EGO – EL FALSO SER QUE NOS CREEMOS – SIEMPRE TIENDA A CONFUNDIRNOS, LOGRÁNDOLO EN MUCHAS OCASIONES.

 

¡Una temática para reflexionar!, ¿verdad?

 

 

Rolando Fernández

 

Gran desperdicio, ¡lamentable!

Muy real el sentido subyacente en el viejo refrán aquel que reza: “Dios le da barba al que no tiene quijada”. Es algo que se puede  verificar en muchas situaciones del diario vivir humano, aunque no todas son tan visibles. Sí que hay algunas que se pueden apreciar a partir del más mínimo esfuerzo.

 

Es el caso por ejemplo del gran desperdicio que se registra, del uso improductivo que se viene dando a las denominadas redes sociales, facilidades a través de las cuales son muchos los aportes que se podrían hacer, en términos de los intercambios de ese mismo género, ¡pero con altura!, como culturales, políticos, científicos, entre otros, que tanto demanda la sociedad mundial en estos momentos.

 

Sin embargo, los aprestos de esa naturaleza son los que más brillan por su ausencia. En cambio, sí que se destacan: una enorme cantidad de sandeces publicadas, disparates esparcidos a granel, pornografías, lideradas por seres femeninos en su mayoría, que más bien podrían denominarse “complejos impensantes de carne y huesos”,  que lucen a veces más irracionales que algunas especies inferiores a las humanas. También, es  muy notoria la politiquería; venta de falsas imágenes personales; y, por supuesto, los elogios “lamboneriles”” que nunca faltan.

 

Es obvio que, la mejor fuente hoy por hoy que se tiene para establecer “parámetros” de mediocridad e involución juvenil a nivel de un gran segmento de la sociedad mundial, son esas redes sociales, donde se pueden ver y leer cosas que resultan más que despreciables y lamentables a la vez.

 

A quién que piense un poquito se le puede ocurrir la utilización de esos medios para estar publicando en los mismos: “estoy comiendo ahora; me estoy bañando, luego de defecar; nueve de cada diez mujeres son “cuerneras”, igual que los hombres. Las  mujeres que tienen el trasero grande son celosas. Hay hombres que son flojos y otros babosos. Me botó la novia, o la mujer. Lo que nunca dicen es, si fue por ser poco hombre. La gran pregunta es: ¿a qué gente pensante le puede  interesar saber o leer cosas como ésas?

 

Además, no son formas de compartir socialmente a través de tan importantes y amplias redes.  Lucen más bien ridiculeces, formas muy impropias de querer lucirse. Es una lástima que ese sea el uso mayoritario que se les esté dando a esas facilidades que hoy se tienen.

 

De cuánto hubieran servido otrora las mismas, cuando regían en el mundo formas de pensar y de actuar tan diferentes entre los hombres, para difundir concepciones loables, descubrimientos científicos, nociones edificativas y logros de carácter artísticos; hermosas y significativas frases acuñadas; promover la hermandad entre las naciones, como los acercamientos y despliegues culturales, etc.

 

Entonces, las limitantes para difusión de tales cosas eran enormes; al extremo que, es en la actualidad cuando muchas proezas logradas en el ayer se les ha podido hacer públicas, y que la gente sepa que se produjeron.

 

En cambio, actualmente, cuando se ha logrado se les tenga a disposición, se usan más que nada, para estar publicando basuras escritas, mensajes burdos, sin real contenido, y sentido lógico alguno; fotos personales, más lustradas que cualquier par de zapatos, para engañar y confundir a los demás, etc.

 

Es innegable que las redes sociales, con mucho auge en el pasado, han ido perdiendo interés, y como consecuencia derivada, a consistentes usuarios de categoría, y potenciales futuros, debido a lo poco importante que en ellas ya se encuentra cuando se ingresa. Además, por la evidencia persuasiva de la fehaciente mediocridad que se advierte, respecto de los eventuales lectores que también publican, con excepciones muy contadas.

 

Aunque es bien sabido que, será muy difícil el que se pueda introducir en dichas redes alguna forma o procedimiento que permita filtrar, depurar, o eliminar los mensajes disparatados que se intenten cursar, o cualquier publicación obscena que se pretenda pasar a través de las mismas, creemos que más ardua y problemática resultó su creación. Y que por tanto,  algo se debe hacer en el orden de lo que se trata, a los fines de procurar lograr que los usuarios observen procederes distintos, más acordes con los cánones morales en vigor; que se regeneren los comportamientos a nivel de los mismos.

 

Es una iniciativa que  no debe tardar. Tiene que ser definida ya, para ser puesta en práctica de inmediato, en pos de evitar que la imagen pública de las imprescindibles hoy redes sociales,  se les siga deteriorando alegremente; el que tanta gente continúe diciendo, “eso no vale pena; ahí no se encuentra nada que sirva”.

 

Son pocas las personas que se motivan en el presente  a comentar las insulsas publicaciones que de ordinario aparecen. Tampoco se animan a hacer ningún tipo de aporte intelectual o cultural, por la ausencia de valoración previsible, de parte de los eventuales receptores, aqulitados en función de las penosas intervenciones que por regular se realizan.

 

¡Que se aproveche el inicio del Nuevo Año 2014, muy próximo a comenzar, para que se introduzca el llevar a efecto los trabajos requeridos en ese orden! Mientras más la permisividad se extienda, mayor dificultad habrá para tratar de enmendar luego.

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

Burla de los políticos a los pobres del país

Es innegable que, la tradicional fiesta navideña ha perdido tanto su verdadera esencia en la actualidad, que ya hasta los políticos farsantes nuestros, han hecho de la misma un excelente escenario más para sus proselitismos demagógicos. ¡Extremo!

 

Utilizan aquellos la época para hacer obsequios embaucadores; para sutiles burlas a los pobres de esta nación, compartiendo almuerzos y cenas en los que se incluyen comestibles, dulces y frutas, relativos todos a la temporada.

 

Y claro, no por nada que tenga que ver con el inventado nacimiento de Jesús en el mes de diciembre, según los convencionalismos teológicos, en el sentido de lo religioso-espiritual que se atribuye a la festividad, sino en busca de agenciarse votos en su favor.

 

La gente nuestra, por ingenuidad, o necesidad real obvia,  se deja utilizar por todos estos farsantes políticos, recibiéndoles con aplausos y loas inmerecidas, como haciéndoles el juego. ¡Cuántas burlas y embaucamientos a los pobres en este país!

 

Ocurre en los tiempos en que estamos, celebración de Noche Buena y Año Nuevo, lo mismo que cuando se encuentran en plenos procesos electorales. Son los espacios apropiados por completo que utilizan para darse los baños de pueblo demagógicos; para mezclarse con los carenciados, la clase considerada chusma,  a la que colman de besos y abrazos, sin importarles contagiarse con los malos olores y los mocos de los niños desnudos.

 

¿Qué es lo que se dice seguro entre los políticos? ¡No importa! Después nos bañamos bien con jabón de cuaba. Nos friccionamos con mucho alcohol de 95 grados para desinfectarnos, y nos perfumamos nuevamente con las aromas sofisticadas de estilo, que ellos mismos pagan después, con los impuestos y las contribuciones que les aplicamos.

 

Luego, y pasadas ya esas épocas  – Navidad y procesos electorales -, no se les ve ni en sombra a los políticos del patio por los barrios de los ciudadanos depauperados nuestros. Se marcan de nuevo las distancias, ya que los malos olores a pueblo marchitan a muchas flores de las que se tienen en ese ruedo, y afectan el olfato de los caballeros “jeepetudos”, que antes eran “bicicleteros” en chancletas.

 

A propósito de lo que aquí se trata, muy interesante y concientizador debe resultar un trabajo que escribió el señor Liberato Pérez, en medio “HOY”, edición de fecha 22-12-13, página 10ª, intitulado “Cajas navideñas de los políticos: una burla a la pobreza”, con el subtitulo, “Regalos que denigran y humillan a las clases más empobrecidas”, en el que incluye una parte que entendemos vale pena reproducir al finalizar nuestra opinión, por compartir el mensaje que envuelve:

 

“Creemos que esas dádivas, conjuntamente con muchos de los denominados programas sociales, son como dardos envenenados que sirven para comprometer y captar votos para tiempos de elecciones, y para hacerse presentes de que están interesados en el bienestar de los ciudadanos, o que se convertirán en líderes  en base a la miseria y mendicidad de un pueblo que tiene más de 150 años esperando soluciones a sus problemas sociales.” ¡Qué gran verdad!

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

¡Gritaron los comerciantes!

Una bomba de tiempo al estallar: “las espadas de Damocles de orden impositivo”, que penden sobre las cabezas de los dominicanos. A veces, no se puede estar inventando mucho con gente que se siente hastiada, al borde de la desesperación, y sin aparente amparo. Los políticos tienen que limitar sus pretensiones de carácter tributario, para evitarse las grandes sorpresas que regularmente se verifican, cuando las masas populares de una nación se inclinan por reclamar su derecho a la subsistencia.

 

La verdad es que, muchos se preguntan aquí, cómo es que este pueblo no se ha lanzado a las calles, acosado por los tantos tributos y arbitrios municipales con los que tiene que cargar, viendo con impotencia a donde va a parar de ordinario el producto de esos recaudos; la forma en que son dilapidados por todos los politiqueros de turno, a veces hasta de manera burlona, mientras un gran segmento de la sociedad nacional se debate entre la miseria y la falta de servicios públicos asistenciales imprescindibles.

 

Sólo hay que reparar, entre otras cosas, en los derroches estatales navideños que de costumbre se producen; la  gran cantidad de regalos, y las carísimas canastas que se distribuyen, como se estila entregar aquí para la época, que no llegan hasta la generalidad de población, sino que sólo tienen como destino a selectos grupos nacionales de los denominados burgueses; los limpia sacos en algunos medios de comunicación; como, a las figuras más connotadas dentro de las organizaciones políticas. Lo que llega hasta los pobres es el “allante”, las cajas politiqueras, para seguir embaucando a los menos pensantes, y paliando la innegable miseria que tantos respiran en este país.

 

Y, todo se hace con cargo a los bolsillos del pendejo pueblo que tributa y paga arbitrios, al que nada más le queda conformarse con las migajas que logra recoger, y los líos económicos en que se debe  incurrir para poder celebrar mínimamente las tradicionales fiestas navideñas.

 

¡Oh Dios!, ¿hasta cuándo será? Visos de  alguna esperanza por lo menos asoman, cuando aparecen noticias como esa de que la Federación Dominicana de Comerciantes, hablando a través de su presidente, el señor Iván García, expresó que “el comercio organizado está preparando el cierre de sus establecimientos en todo el país a partir del jueves 9 de enero, iniciando en San Francisco de Macorís, y luego concluirán con un paro nacional de dos días”.

 

Se habla de la suspensión de actividades en unos 100,000 establecimientos del ramo, a manera de protesta, “porque el Gobierno pretende colocar, sin consenso, más de cien mil impresoras fiscales en el comercio organizado en un corto plazo”. Se hace el aclarandum de que, “no es que los comerciantes se oponen al pago de impuestos”. (Véase medio “Diario Libre”, del 18-12-13, página 30).

 

Y esa actitud además será asumida, como forma de que se entienda, “que somos el motor económico de la economía de República Dominicana, y que somos los principales pagadores de impuestos”. También, en vista de que  el sector se opone a la aplicación del incremento anunciado, aprobado desde el año anterior, de 8% a 11% del Impuesto sobre la Transferencia de Bienes Industrializados y Servicios (Itbis) a los productos de la canasta básica (café, azúcar, mantequilla, chocolote y aceite).

 

¡Qué cachaza tienen estos políticos desaprensivos! Y, para remate, algunos ideólogos de la gran “industria impositiva” nacional, están pretendiendo dirigir los destinos del país, a partir del año 2016. “Se salvó la República”.

 

¡Difícil!. Pero, a lo mejor algo logren los comerciantes en esos aspectos, ya que les resultaría un poco peligroso a las actuales autoridades gubernamentales,  abrirse un frente opositor dentro de ese tan amplio sector, y compacto a la vez, al que de seguro otros se agregarían.

 

El Gobierno debe cuidarse de pretender continuar explotando a la población impositivamente hablando.  Como una buena fuente recaudatoria fiscal se reportaría, para compensar la disminución debida en la presión tributaria vigente a que el pueblo aspira, un recorte significativo en el rubro de los gastos corrientes gubernamentales, eliminando una gran parte de la nómina pública “botelleril” que de ordinario se estila a nivel estatal.

 

Además, dejando sin efecto la disposición legal de estar entregando esa friolera acostumbrada de recursos económicos a los partidos políticos para sus francachelas electoreras,  algo que en adición facilita, el que las principales figuras de dichas organizaciones continúen haciéndose más ricas cada vez.

 

¡Ojo al Cristo!, señores autoridades del Gobierno. Tengan bien presente que hasta la belleza cansa.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández

 

La gran pregunta en torno a una sentencia, ¿por qué ahora?

Todas las decisiones deben adoptarse en su oportunidad, para evitar los malos entendidos, y que  los tantos debates al respecto afloren como las hierbas, o yerbas, en tiempo de lluvia.  No cuando se entienda vayan a favorecer determinadas circunstancias, más que a la vista, como es lo que algunos pensantes nuestros aprecian hoy con relación a la sentencia 168-13, emitida por el Tribunal Constitucional de la República Dominicana, y su amplio dispositivo de carácter ordenante migratorio.

 

En ese tenor, habría que hacerse entonces la amplia pregunta: ¿para una problemática que data desde hace tantas décadas, no existía con anterioridad a que se produjera la precitada sentencia un marco jurídico legal competente que permitiera llevar a cabo la regulación, ese ordenamiento migratorio que hoy se aspira realizar con una vehemencia marcada aparente, bajo una nueva normativa adoptada, que incluso tiene la condición de inapelabilidad?

 

¡Parece que sí! Pues como bien lo expresara el director general de Migración, señor José Ricardo Taveras, al abordar la conflictiva temática: “Todo ese tiempo en el que se incrementó el fenómeno migratorio en República Dominicana fue un tiempo donde este país no se dio cuenta de la necesidad de ordenar el proceso migratorio y desde entonces hasta la fecha hemos generado como sociedad una situación difícil y compleja cuyos costos estamos pagando en términos de una mala imagen vendida hacia el exterior”.

 

En adición, “Reiteró que  la falta del país fue no ordenar la migración, y como autocrítica apunto: “durante décadas no hemos hecho lo que teníamos que hacer y por eso estamos sometidos a un debate”.

 

“Afirmó que durante décadas se ha tenido la ley de un lado y la mala práctica de no ordenar la migración por el otro”. (Véase periódico “HOY”, edición del 11-12-13, página 4ª).

 

Por tanto, a partir de las declaraciones del señor RicardoTaveras, procede la afirmación de que, sí había un marco legal para hacerlo antes. Luego, ¿por qué esperar hasta ahora para dictaminar en esa forma, y tener que proceder en consecuencia?

 

Ante los tantos problemas nacionales que vienen acosando al país, con soluciones que lucen como imposibles de lograr, por toda la maraña política que se verifica, acompañada de una fiera lucha de intereses económicos, con los fuertes amarres grupales preconcebidos muy a adrede, y un fehaciente marco de impunidad incidente, era obvio que las suspicacias aflorarían a granel, luego de pronunciada la susodicha sentencia de orden migratorio, tanto a nivel nacional como internacional.

 

Es indudable, que se  han visto revolotear las dudas en torno a la misma, como mariposas en primavera, y que la disposición, procedente, pero inoportuna, se ha venido asociando con el procurar desviar la atención ciudadana, más que otra cosa, de algunos temas nacionales probablemente de mayor trascendencia para país, ante la impotencia que se tiene para poder encararlos con firmeza, debido a lo tortuoso de los caminos que se deben recorrer, en pos de enfrentarlos con la efectividad, y la voluntad política requerida.

 

Y, es muy posible que haya ciertos visos de razón en esos pensantes, ya que el tema obligado en el país luce ser la emisión de dicha sentencia, su aplicación, los encontronazos con varios organismos internacionales, incluida la influyente Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), con sus ecos nacionales siempre a disposición, como los posibles efectos negativos que se podrían derivar para la República, en términos generales.

 

Las páginas de los periódicos nuestros, escritos y digitales, se les ha venido manteniendo copadas con esos asuntos, principalmente en las secciones de opinión. Muy poco se habla de otras cosas más. Problemas como la corrupción estatal, los apagones, falta de los servicios de salud, la delincuencia, el caótico tránsito nacional, las drogas, el gran endeudamiento con el exterior, que prosigue igual que antes, pasaron a un segundo plano. Ya poca atención merecen esos tópicos.

 

¡Qué bien!, nada más preocupa el problema con los haitianos, donde con mayor firmeza se enfoca el asunto de la mencionada sentencia, a los fines de críticas, rechazo, o aceptación, algo que lo tenemos aquí desde hace “más años que el diablo”, como se dice.

 

Sin embargo, ¡es ahora precisamente!, cuando se pretende resolver esa descuidada situación, lo cual deja planteado el porqué en realidad de esa decisión en estos momentos Además, es una cuestión  que ha dado pie a que mucha gente aguzada en este país esté pensando en las constantes argucias de muchos políticos nuestros para agenciarse sus deseos.

 

Podría ser una estrategia de ésas más. Por consiguiente, ¡hay que reflexionar sobre eso!

 

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

¡Difícil y fácil!, lidiar con la ignorancia de la gente

Aunque parezca algo contradictorio, ambos adjetivos que intitulan más arriba, constituyen juntos una gran realidad en el tenor de lo que se trata.  Sólo procede enmarcarlos dentro de los siguientes contextos, muy distintos por supuesto, y asociarles como se debe. Primero, con el de los que procuran en verdad concienciar a la agente, no importa en el orden que sea.  ¡Ardua tarea!

 

Y, segundo, con ese de aquellos que nada más idean proyectos en función de la inconsciencia de los pueblos, como se estila a nivel de los políticos y comerciantes nuestros, que juegan con la ignorancia y la incapacidad pensante de los demás, cualidades negativas que cada vez más son puestas en evidencia por los ciudadanos de este país, que no logran despertar, abrir los ojos, para evitar que les sigan engañando con tanta facilidad. ¡No se requiere de gran trabajo en éste!

 

Son muchas las personas autorizadas en las áreas de la sociología y la psicología en esta nación, verbigracia, el doctor Miguel Aristy, por sólo mencionar una dentro de esa última, a través de sus intervenciones televisadas, cuando no haciendo provecho de las redes sociales,  que se inclinan por tratar de orientar, instruir como se debe, en pos de que la población dominicana tome conciencia con respecto a las farsas y demagogias sostenidas, provenientes de los sectores precitados.

 

Lo mismo ocurre en lo concerniente  a los propios procederes personalizados, en el trato directo con los demás congéneres, y las responsabilidades cívicas-ciudadanas que se imponen. Los esfuerzos múltiples que se hacen en esos órdenes están más que a la vista

 

¡Pero que va!, la gran mayoría de los terrestres humanos nacionales continúan hacia delante, como asnos y caballos que caminan con anteojeras, y a base de arreos para su conducción,  aunque primero les pasen la mano,  en pos de conseguir que luego  estén más prestos a recibir los latigazos que de  ordinario se les ofrecen. Y eso se produce a todos los niveles sociales y políticos nuestros.

 

Una de las muestras más fehacientes es, lo que se acostumbra a ver en este país a partir de que la población empleada, tanto a nivel público como privado, recibe la limosna del doble sueldo anual (no creemos que en otras latitudes se ofrezca tal dádiva): aquel “aluvión” callejero de andanzas, “tiendeos”, bebentinas a granel, consumismos extremos, incluidos el de los “baratísimos” combustibles de mayor demanda en el país, que se desprende del despreciable caos vehicular que se registra para la época actual.

 

Parece ser que solamente se come, se bebe y se compra en diciembre de cada año. Cuántas cosas se pueden hacer con un sólo salario extra.  Las personas lucen como aves hambrientas, cuando se les riega un poco de maíz para que coman y se entretengan durante un rato, escenario que aprovechan los comerciantes para especular a su antojo, hacer su agosto en dicho mes, como se dice.

 

Se ríen aquellos con las muelas de atrás, diciendo algunos, “abran paso que por ahí ya vienen los tarados”. Claro, también se incluyen los observadores hace bulto – los que nada más pueden ver, y nada comprar, por la “olla” que tienen -.  También se les amplía el campo de acción a los delincuentes callejeros, que salen a las vías públicas en busca de su “regalía pascual”, y hay que dársela, a las buenas o a las malas.

 

Sobre lo que la gente no repara, por la euforia del doble sueldo y el ambiente festivo navideño, es que tan pronto comience el mes de enero del año próximo, entrarán en vigencia nuevas cargas impositivas sobre el “lomo” de la población, con incidencia en los precios de algunos productos de consumo masivo, cuyos ingresos estatales percibidos, de seguro irán a costear parcialmente las fiestas electoreras de los políticos del patio, muchos bastante descarados por cierto, que ya dieron inicios a los proselitismos embaucadores, de cara a los comicios a celebrarse en el año 2016. Parece que faltan sólo tres meses para la celebración de la nueva trampa electoral. ¡Cuánta cachaza tienen esos “turpenes”!

 

Y, ni así este pueblo se detiene a meditar sobre el futuro tan incierto que le espera, más que previsible, con un país en manos de todos estos políticos desaprensivos, demagogos y busca cuartos, siempre en procura de embaucarle con sus aprestos electoreros, pensando solamente en endeudar cada vez más la República con el exterior, para que sean los pendejos que vienen detrás  los que tengan que pagar luego, y enfrentar una eventual pérdida de la soberanía del país, por no poder honrar los compromisos contraídos que se tengan. En adición, imponer mayores gravámenes impositivos al “burro de carga” llamado pueblo, como forma de agenciarse mayores recursos económicos para el reparto del pastel entre los mandantes y los adeptos.

 

Para aquellos que tratan que la ciudadanía despierte, que la gente abra los ojos, para que no se deje seguir engañando por todos estos inversionistas en la política vernácula, que nada más piensan en la recuperación de sus aportes, como en reciprocar con sus “canchanchanes” y proclamadores, jamás en pueblo alguno,  toda iniciativa en tal sentido se reporta como el procurar destruir una fuerte roca caliza, con un pico mellado,  boto, y una mandarria de poco peso.

 

El que aspira a la concienciación pueblerina, y de muchos seres humanos en particular, que sólo pueden ver hasta la puntas de sus narices,  el arduo proceso  inherente se torna como el tener que despreciar luego, para fines de ingesta, el trago que con  tanto entusiasmo se ha servido antes, por lo difícil que se espera será su asimilación orgánica, en un símil apropiado con relación a lo mental en la gente.

 

Sin embargo, para todos los políticos inescrupulosos  lidiar con la inconsciencia, estando en presencia de los habitantes de una nación como ésta, les resulta muy fácil. Es como nadar sin dificultad en aguas oceánicas tranquilas. Más que “fácilongo” les resulta llegar a escalar hasta las mieles del poder.

 

Luego, vistas en ambos contextos, tanto la dificultad para procurar un despertar enmendatorio – el hacer conciencia -, como la facilidad de manejo en provecho, por parte de los grupos regentes, respecto de la ignorancia que ostenta un gran segmento de la sociedad nacional, no obstante luzca como una concepción contradictoria a simple vista, por la opuesta significación entre ambos adjetivos, son realidades concretas muy asimilables por cualquier pensante, incluso de categoría media.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

Cuando más se debe pensar en los demás: en Navidad

Ser pobre no es un delito, una tacha como muchos creen, que predispone e induce a mirar a los carenciados por encima de los hombros, con cierto desprecio y apatía.

 

Todo lo contrario, se podría decir que es un privilegio nacer así. Claro, concebido tal estado en el orden esotérico, al margen de todo lo convencional y material. Y es que, se considera que la condición de  pobreza  inherente a la humanidad, cuando se individualiza, principalmente, está en correspondencia siempre con una conquista kármica asignada para una determinada corriente de vida; y que por tanto, constituye una oportunidad para liberarse de algo que pesa sobre el discurrir del sendero evolutivo espiritual a cargo. Es una concepción que tiene amplio consenso en ese contexto.

 

La pobreza, haciendo un símil un tanto osado, luce como el fangal desde donde se debe emerger, hasta situarse por encima del nivel de las aguas negras, o enturbiadas (calamidades, penurias y acosos constantes en el caso de las personas), como lo hace la “Flor de Loto”, simbolizando superación generalizada, y desarrollo evolutivo espiritual logrado.

 

Cuando los humanos han logrado sobreponerse a las etapas de carencias y dificultades múltiples en base a loables actitudes y sacrificios sostenidos, para completar la conquista necesaria queda siempre pendiente el volver la vista atrás, para recordar y situarse mentalmente en el lugar de aquellos que no han logrado cruzar aún por completo las bravías aguas del caudaloso río – ser pobre, de solemnidad en ocasiones -, para tenderles una mano amiga, y procurar darles apoyo emocional sostenido, como motivante a la vez.

 

Es así como se debe proceder, sin egoísmo alguno, hermanados todos, en correspondencia directa con la denominada primera verdad sagrada: “Todos somos uno”, cuya observación mueve siempre a la puesta en práctica del amor incondicional entre los hombres.

 

El ser pobre es un status aleccionador de orden espiritual, que luego debe tornarse en espejo para recordar; en aguijón inductor hacia la oferta generalizada del Amor Divino, incondicional por completo.

 

Debemos aprovechar todo el período navideño que discurre,  conmemorativo del nacimiento de Jesús como hombre, Jesús el Cristo después, ejemplificando cómo debe  nacer y desarrollarse más adelante  el  Cristo – representante del Amor Divino -, a plenitud en todos los humanos, para meditar sosegadamente sobre lo expresado.  Más aún aquellos que de una manera honrosa han logrado superar el estado de pobreza con que ingresaron al planeta Tierra, para cursar el presente tránsito existencial.

 

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

La limosna navideña

Lo más esperado por la gran mayoría de los dominicanos, principalmente los de menos poder adquisitivo, es la dichosa “Regalía Pascual”, doble sueldo, que luego cambió de nombre, hoy “Salario de Navidad”, que fuera instituida en el país desde hace varias décadas, desde la famosa “Era de Trujillo”, mediante la ley 5235, del mes de octubre año 1959. Claro, se debe discriminar con respecto a las diferencias estatales inherentes a ambas épocas, aquella y la presente.

 

Para muchos, incluidos algunos analistas nuestros, aunque probablemente no lo externen de manera pública, tal dádiva – se le puede llamar -, resulta ser un caramelo gubernamental, que bien podría considerarse casi envenenado, por su significación intrínseca: cubrir parte de los déficits personales acumulados, para volver a endeudarse después la gente, como gastar más durante el último mes del año, y principios de enero. En adición, alentar más aún el consumismo que promueve el modelo capitalista, vigente en el país.

 

Además, se consideran envueltos en la intención, los condicionamientos mentales ciudadanos, de cara a los eventuales nuevos efectos fiscales presupuestados para posteriori, en términos de la recuperación de los dineros erogados y puestos a circular de forma amplia, por un lado, como el incremento de los ingresos fiscales por el otro. Y claro, también está presente el estimulo hacia lo comercial.

 

El empresariado por su parte, debe hacerlo además por disposición legal (Código de Trabajo); pero, consciente el mismo de la generación de mayores ganancias, a partir de los aumentos en el poder adquisitivo, no sólo de sus trabajadores, sino de la población en sentido general.

 

Analizada con frialdad la recepción del salario anual número trece por parte de los empleados públicos y privados nuestros, el mismo se reporta tal un extra, que nada más se otorga a las personas como una forma de apaciguar, o paliar más bien, la  crisis económica y los agobios que ha venido sufriendo la población durante el año que termina, producto de las lesivas cargas impositivas de ordinario impuestas por los gobiernos de turno, como la especulación comercial a que también es sometido por los insaciables de esa actividad, totalmente lucrativa.

 

Claro, también se entiende implícito en dicha entrega el posible condicionamiento mental conformista inducido, de cara a lo nuevo que siempre habrá de venir al comienzo de cada año, en términos de las acostumbradas disposiciones impositivas, entre otras cosas, y como expresáramos más arriba, para seguir engrosando el erario público a costa del sacrificio de la población, y que los políticos dispongan de amplias facilidades financieras para sus proyectos de enriquecimiento fácil y rápido.

 

Ya veremos al inicio del año próximo, lo que de seguro va a ocurrir: nuevos impuestos, energía eléctrica más cara, combustibles por las nubes, sin importar que los precios del barril del petróleo a nivel internacional se desplomen – se recurre aquí a la práctica de la congelación que se estila siempre en ese caso -,  entre otros aguijones “urticantes” para la población en general.

 

Pero, todos los efectos que las nuevas medidas gravitantes puedan provocar, de seguro se verán disminuidos y aceptados conforme, bajo la aureola del doble sueldo en diciembre, ya gastado por supuesto, y la resaca de la parranda navideña, que en parte permite el mismo.

 

Con posterioridad a tal entrega extra, cabe destacarse que, los previsibles resultados calamitosos sobre los hombros de la población una vez más, tienen precedentes  de sobra. El Gobierno por su parte, estimula demagógicamente la aceptación ciudadana, para proseguir cargando a este pueblo. Y, los comerciantes aprovechan la gran masa monetaria circulante “diciembreana” para hacer su agosto, como se dice cuando se “guisa” bien,  tres meses más tarde.

 

Por tanto, la “Regalía Pascual”, o “Salario de Navidad”, se concibe como una migaja económica, con retorno hacia los sectores que la otorgan, distribuida entre la gente al final de cada año, que muy poco favorece a las personas receptoras, pues son cuartos que casi regresan de inmediato a quienes la conceden, vía la creación de nuevos impuestos, como la especulación comercial desmedida y sin control que se tienen en este país.

 

Una pregunta procedente sería entonces, ¿para qué se usan esos dineros del doble sueldo en realidad? Respuesta: pagar compromisos pendientes, las bebentinas de estilo, los cumplidos de moda – regalos -, como el costear los consumismos de la época, favoreciéndose sobre todo los sectores comerciales de la nación, que pueden vender a fin de año un volumen total que no se ha alcanzado durante los once meses anteriores.

 

Es más, se podría asegurar que en este país, donde solamente se otorga, si mal no precisamos, la celebración de la Navidad está supeditada al recibo de la dichosa “Regalía Pascual”. El día que ésa desaparezca, se acabarán las festividades de ese orden, y habrá que buscar otras argucias estatales para adormecer a la población, en el sentido de la creación de adicionales cargas impositivas al comienzo de cada año, como de otras medidas que por lo regular se adoptan, y que tienden a encarecer siempre más aún la vida de la población en general.

 

Y claro, los comerciantes dejarán de hacer su agosto en diciembre, embaucando a los ingenuos consumidores nuestros, que se dejan arrastrar hasta sus espacios para ventas muy variadas, como si fueran  borregos  sin concienciación alguna,  y narigoneados como reses hasta los lugares de pastos, cuando los beneficiarios del “doble” reciben esos chelitos adicionales anualmente.

 

Finalmente, se podría concluir diciendo que, mucho mejor resultaría el repartir la regalía pascual en los doce (12) meses del año, promoviendo y procurando una real disminución sustancial en el costo de la canasta alimenticia familiar básica; en los precios de la electricidad y los combustibles; en los servicios de salud; y, los pagos por concepto de las colegiaturas de los hijos., etc.

 

¡Eso sí que sería un buen regalo anual para la población!  Lo de diciembre, como hasta ahora se ha venido procediendo,  no es más que puro paliativo, con sus pinceladas de embaucamientos y demagogias políticas.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández