¡Más bueno que es así!

 

Unos chelitos más para los negocios locales llamados partidos políticos: “RD$1,500 millones para la campaña de elecciones municipales”, noticia local de primera plana.  “¡Qué bien!”.

Para mayor ilustración relativa, y reparar en lo desaprensivo de eso, véase periódico “HOY”, del 21-2-20, página 7ª, en que además aparece publicada una interesante reseña descriptiva de los dineros a entregar a esos “bendecidos”, aumentado ese importe incluso, “Partidos recibirían RD$1,506 millones por fallo comicios”. También, se hace mención ahí de los gastos a incurrir por la Junta Central Electoral (JCE), en relación con el nuevo proceso a celebrarse. ¡Prepárense paganinis finales!

¿Con cargo a las costillas de quién será esa otra “pequeña limosna”, y sus colaterales? Obvio, qué del burro de carga llamado pueblo; el que tiene que pagar todos los platos rotos por esta claque politiquera de nuevo cuño, que ahora regentea el país.

Así si es bueno, ¡recibir “frioleras” de cuartos sin trabajar!, para derroches en francachelas politiqueras, siempre en pos de ir por más dinero después, desde los cargos públicos, según algunos referentes que se tienen, muy dignos de consideración por supuesto.

También son esos, para llenar, cuando no, aumentar las arcas de determinados personajes que se destacan como principales dentro de las entidades beneficiarias de tales donaciones, legalizadas por demás. ¡Jamás se gastan todos en proselitismos, siempre hay una parte que se reserva! ¿En cuántos países del mundo se verá una práctica similar, “inconsciente por completo”?

Y, mientras se tiene aquí, esa complaciente mano estatal abierta para los menesteres de ese tipo, los hospitales públicos del país están “carentes” de medicamentos, materiales clínicos, y los equipos básicos asistenciales requeridos; amen de las incapacidades de espacios necesarios, evidentes, y los deterioros físicos que se verifican en las plantas. ¡Cuánta inconsciencia!, burlona por demás.

Los recursos obligatorios extra a entregar a los partidos políticos, como aquellos que habrá de gastar la propia Junta Central Electoral (JCE) para el montaje de los nuevos comicios, ahora en marzo del presente año, afectarán, obviamente, las finanzas públicas del país, y tal vez algo más, si las cosas no salen bien. Eventuales fuentes para resarcir: préstamos con el exterior, incluida la emisión de “Bonos Soberanos”; o, lo más fácil:  gravámenes impositivos a la población.

Son factores esos que, entre otros, debieron haberse tenido muy en cuenta antes de tomarse la decisión adoptada en febrero 16, eliminación, no suspensión de comicios que estaban siendo celebrados, algo sin precedente alguno en esta nación, y que con diversos criterios personalistas recogerá de seguro la historia patria nuestra en el futuro, justificando o criticando la medida.

¡Ah, extraño país este!, carente de dolientes, dispuestos a defenderle en cada ocasión. Los políticos de nuevo cuño se lo llevaran en sus garras, mientras las generaciones herederas de cuántos males lacerantes esos vienen promoviendo, solo aspiran a estar “chateando”, como se dice; y, cuando no, con audífonos colocados, escuchando sandeces musicalizadas, y procurando no enterarse de lo que está ocurriendo en sus propias narices; del camino pedregoso por el que se está llevando esta nación.

Por suerte, parece ser que la juventud dominicana está comenzando a despertar del sueño inducido de que   viene siendo objeto, robotizándole; y, que su recapacitación, como la concienciación obvia relativa están en curso, respecto a los derroteros hacia los cuales se está dirigiendo la República, por parte de la clase política nacional regente, que no escarmienta. También, que los mismos constituyen una situación de alta peligrosidad futura para ese conglomerado nativo.

Y, en consecuencia, las nuevas generaciones, con cortas edades, más que todas, aunque complementadas, de seguro las víctimas que heredarán los efectos de cuántas ejecuciones desaprensivas, y desatinos notables, en que han estado incurriendo las claques mandamases entre los dominicanos durante los últimos lustros, se están expresando con energía, y manifestando, públicamente, su desacuerdo con tales actitudes negativas, como los procedes impropios derivados, que no cabe duda les afectarán en un mañana no muy lejano.

Muchos jóvenes de hoy en esta sociedad, comienzan a dejar de lado las adicciones a los teléfonos móviles, los audífonos, y las llamadas tabletas, a los fines de dirigir su atención a los problemas del país, y elevar los reclamos que estiman pertinentes.  ¡Muy correcta la decisión!

Claro, ya se verán los frutos después. El tiempo, como el mejor juez siempre, dirá la última palabra. ¡Solo queda esperar, para escucharla!

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¡Hay que estar vivo para ver!

Siempre recordamos ese decir, que era uno de los preferidos de nuestra extinta señora madre, queriendo significar que, por increíble que parecieran las cosas, siempre eran posibles en el tiempo venidero; y que, para ver su ocurrencia, nada más se tenía estar vivo.

Lo que ha venido pasando con el otrora Partido de la Liberación Dominicana (PLD), el considerado entonces de la esperanza nacional, hoy objeto de un desprecio total por parte de la población, según lo que se percibe, por más que se quiera aparentar otra cosa en el ámbito oficial, y desde que asumió el poder en Dominicana, despeja toda duda en tal sentido.

¿Quién lo iba a creer? De seguro muy pocos dominicanos, con capacidad pensante en especial; y, menos, los llamados cursillistas aspirantes entonces, que pasaron luego a formar parte de sus filas, desde casi la fundación misma de la entidad política.

Ay maestro!, si usted pudiera ver hoy lo que ha sido de su gran obra, que coloreó de morado; como, percatarse de la deshonra póstuma a su memoria; y, de la burla a los principios que durante su trajinar en el ejercicio de la política local, tratara usted de inculcar a los que considerara ayer sus fieles discípulos. ¿Qué diría?

Sí, son esos, los que en el presente tratan de justificar sus actos indebidos, y las desobediencias al maestro ya ido de esta tierra, y líder fundador, único allí más destacado ese, entonando, a manera de estribillo musical: “¡aquellos eran otros tiempos!”; y, agregan, “las circunstancias actuales son muy diferentes”.

Evidentemente, se ha tirado por la borda, totalmente, aquello de que, «Los dominicanos saben muy bien que si tomamos el poder no habrá un peledeísta que se haga rico con los fondos públicos; no habrá un peledeísta que abuse de su autoridad en perjuicio de un dominicano; no habrá un peledeísta que le oculte al país un hecho incorrecto o sucio o inmoral», dijo Bosch en 1982.

Es obvio que, amén de poner todo eso en el olvido, desde que tomaron las riendas del poder en Dominicana, se han creído los dueños del país, estando siempre en actitud de administrarlo como si fuera una finca de su propiedad.; y, por supuesto, revestidos de una arrogancia estatal, como una prepotencia sin precedentes.

Ay maestro!, si usted pudiera ver en lo que han convertido su última creación partidarista, pincelada de acuerdo con los principios que le distinguieron en toda ocasión, los que otrora se tenían, como los eventuales gestores de la liberación nacional, y que siempre procurarían emularle tras su ausencia, además.

Por lo que se observa, a simple vista, en la actualidad aquella loable institución morada, es un antro de malos dominicanos, aprovechable, para desde allí hacerse multimillonarios un gran número de sus seudo miembros, a costa de los fondos públicos; para acoger arribistas, entreguistas, e hipotecantes de la soberanía nacional; y, para servirse “con la cuchara grande”, desde las posiciones estatales logradas por su mediación; jamás, pensándose en servir a este burlado y maltratado pueblo.

De usted poder ver esas cosas presentes, vale reiterar, de seguro se moriría nuevamente, de un “pique”, mayor que esos del ayer. También, por los deseos imposibles de satisfacer, en términos de llevar a todos aquellos malos discípulos a las cárceles del país, y despojarles al mismo tiempo de cuánto mal habido han atesorado, durante las gestiones de gobierno que han tenido a cargo.

¡Maestro!, solo le queda ya descansar en paz, como de seguro es el deseo de muchos dominicanos, que hoy extrañan su presencia terrenal.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Títulos académicos, como parte del nombre de la gente

¿Por qué eso?, en el tenor de lo tratado más adelante. Es una pregunta que procede plantearse, aunque algunos crean que no. Y es que, nadie se llama doctor, licenciado, ingeniero, etc. Son agregados estos que se anteponen a los nombres de las personas, cuya práctica no luce del todo bien, aun se tenga la titularidad correspondiente.

Hacer mención de un título con respecto a alguien, es una distinción de orden académico, y de ejercicio profesional, de la que, obviamente, uno se hace merecedor después de haber estado cursado satisfactoriamente una carrera universitaria, y ejerciéndola. Pasa eso, mucho después de estarse llamando por algún tiempo, fulano de tal, y nada más.

Sin embargo, son de los adicionales a los nombres que más se observan en Dominicana, y en muchos otros países del área del Caribe, que se deben incluir, hasta por exigencia en ocasiones, por parte de algunos engreídos que en verdad han obtenido los títulos correspondientes; y, otros que, hay que denominarles con el que sea, cuando logran engancharse en algún cargo público de importancia, por razones de índole política propiamente.

No son pocos a quienes se les pregunta en este país, y en otras partes, por supuesto, cómo se llama usted señor, y de inmediato la respuesta es: doctor, o licenciado fulano de tal. ¡Quién ha dicho que cualquier título académico que se tenga, forma parte de su nombre!

Se tienen anécdotas, incluso muy reales, de personas que han ido a sacar una copia, o extracto de su acta de nacimiento, y que hasta en el documento a expedir, procuran que se les adicione el título universitario logrado. Parece que nacieron siendo ya doctores o licenciados. ¡Cuánta mediocridad, mamacita!

De más está decir que, los títulos académicos son indicativos de la preparación y aptitudes que tiene una persona, en cuanto a un determinado ejercicio profesional; pero, no es que se le tenga que llamar de esa manera.

Aquellos que exigen se les denomine como tales, previo a mencionar sus nombres, lo hacen, regularmente, por mediocridad, y egotismo. Los de fuera, o entorno, es por el “lambonismo” que creen merecer los que se aluden; y, tanto los subalternos, como sus seguidores, tienen que hacerlo, para congraciarse con ellos.

Los encopetados, exigentes de ordinario, no son nada en verdad. Claro, cuando les dicen, doctor o licenciado, eso les hace crecerse, sentirse importantes; se abren como los pajuiles cuando se les nombra; “expanden las alas a todo dar”; se autoconsideran la gran cosa.

Independientemente de que pueda existir alguna normativa de cualquier género que mande a colocar títulos académicos delante de los nombres de las personas, algo que en verdad desconocemos, la lógica indica que, cuando a alguien se le dice simplemente doctor, o licenciado, no se está definiendo su ejercicio. ¡Qué tiene preparación, es posible! ¿Pero en qué? ¡Debe ser lo más importante a decir!

Puede que sea en una u otra cosa, en cualquier área del saber: medicina, abogacía, farmacia, por un lado; y, por el otro, economía, finanzas, derecho, psicología, etc. En fin, no hay una definición del quehacer particular al que pertenece el mencionado de que se trate. ¿Y entonces, cuál es el sentido de las nominaciones así concebidas?

Siempre hemos sido de opinión que, en vez de hacerlo así, preferible sería que, se proceda a pronunciar, o escribir, los nombres de las personas, y que luego se haga mención conexa, o a continuación, de su ejercicio profesional, en lo que sea.

Por ejemplo: fulano de tal, doctor en medicina, o abogado en ejercicio; licenciado en finanzas, o economía; que se diga en realidad a la rama especializada a la cual se pertenece, de manera precisa; no de forma de genérica, anteponiéndole al nombre un título académico generalizado. Luce más razonable así, ¿verdad?

Finalmente, preciso es señalar que, repetir la palabra “nombre” en esta exposición varias veces, algo que no es costumbre nuestra, cuando osamos escribir sobre cualquier temática, y con relación al término que sea, sí procede hacerse en este caso.

Se procura con eso, en esta ocasión, que la práctica de estilo aquí abordada tienda a desaparecer, por el poco sentido lógico que denota, ya que, ¡un título académico, no es nombre de nadie!, y menos considerándole como primero, al hacer la mención de que se trate.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¡No perder su tiempo con “oidores”!

 

Qué difícil se hace tratar con personas que solo saben oír, jamás escuchar. Esas son, lamentablemente, de las que más abundan en los tiempos presentes; que siempre solo están prestas a responder con un sinsentido; a contradecir opiniones, o sugerencias que reciban, aunque sin sustento alguno.

Son aquellas que, por lo regular hablan por hablar. Nunca se quedan calladas por un instante previo; y, mucho menos reflexionan sobre sus decires “desparpajantes”, si cabe la calificación. ¡Sueltan esas, lo primero que llega a la mente!

A pesar de que muchos entienden que, oír y escuchar es lo mismo, en realidad son distintos en el fondo, no obstante, luzcan casi semejantes. El que solo oye, no escucha. Puede captar sonidos, palabras, y frases, o planteamientos completos, pero no discierne nada en verdad. No sabe realmente de qué se trata tal o cual cosa. Puede reaccionar o no, a su manera algo exasperada, normalmente, sin valor alguno.

Sobre ese particular, en la red de la Internet aparecen dos conceptualizaciones bien directas, que pueden ayudar a esclarecer más la diferencia aquí señalada. Véase:

¿Qué es oír?

“Oír es percibir sonidos a través del sentido del oído, sin inevitablemente entender lo que se está oyendo. Al oír, se pone en funcionamiento el sistema auditivo”.

“Las personas podemos oír palabras, sonidos, voces, ruidos, etc.”

¿Qué es escuchar?

“Escuchar es tener activados otros sentidos al oír, para entender lo que se está oyendo. Al escuchar entran en funcionamiento algunas funciones cognitivas como el prestar atención, pensar, recordar y razonar, las cuales ponen en funcionamiento el cerebro y el sistema nervioso”. ¡Qué distinto al simple oír, verdad!

De ahí que, rechazar a los oidores nada más, bien tozudos de ordinario, evita a cualquiera malhumorarse de momento, escuchando alegatos infundados, que, por lo regular, rayan en lo “disparatoso”; o, en los deseos evidentes, solo de contradecir al interlocutor parlante.

En cambio, cuando se habla con personas pacientes, que saben escuchar, de ella se puede aprender bastante, cuando exponen respondiendo. Y, es posible hasta edificarles parcialmente, en correspondencia, sobre determinadas temáticas que desconocen, pues nunca de todo se sabe, completo, o no, al mismo tiempo.

Los escuchantes siempre se consideran, con muy pocas excepciones, como ignorantes conscientes; de esos que dicen, “Yo solo sé que no sé nada”, en adhesión al sentido de la frase aquella atribuida al filósofo griego Sócrates (399-470 a. de C.).

¡Piénsese!, y no pierda su tiempo con “oidores”, ¡evítelos! De entrada, se dan a conocer con facilidad.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¡Una vez más!

Otras trampas electorales se tienden a este pueblo; y, aquí la gente sigue creyendo en estos políticos, títeres más que otra cosa en su mayoría, patrocinados por los poderosos grupos económicos, gravitantes a todo dar, que se gasta la República Dominicana.

¿Qué es lo que van a hacer en favor de este maltratado país, los nuevos postulantes en las elecciones del presente año? ¡NADA!, que se pueda considerar como positivo. Seguir en lo mismo, es lo que se advierte ¡Ya se verá, y no es que falte mucho para eso!

Bobos son, los ciudadanos que continúen en igual actitud, cifrando esperanzas, a partir de todas las alharacas, y falsas promesas que hacen estos políticos de nuevo cuño, sin reparar en los tantos referentes amargos, e ilustrativos que se tienen.

Por alguna razón, siempre se ha dicho que los dominicanos no tienen memoria; que les dan, y les siguen golpeando, sin conciencia alguna; que no escarmientan, a pesar de los desengaños y las mofas de que son objeto.

En nada que les pueda afectar se repara, para modificar actitudes electivas, en términos de que sea dirigida por buen camino la nación; que no hipotequen su soberanía; y, que por sus calles y avenidas se pueda caminar, sin temor a ser asaltado, o asesinado, por antisociales propiamente, cuando no sicarios pagados.

Los que sí va a cambiar aquí, de seguro, a partir del mes agosto del presente año, son las nóminas de los ricos y millonarios nacionales, que aumentarán de manera significativa, con los nuevos escogidos para cargos electivos que se agregarán, qué no hay duda, van a buscar lo de ellos también.

Y, ahora más, con todos estos jovenzuelos, ineptos en su mayoría, que han entrado al ruedo político local, sedientos de recursos económicos; queriendo aparentar socialmente, y no pueden, frente a los “aguijoneos” grupales competitivos, y mercadológicos de estilo, en la actualidad.

Los que estén pensando que este país mejorará; qué los nuevos mandamases podrán quitarle de encima a esta nación los pesados “fardos lacerantes”, insoportables ya, que le han impuesto todos estos seudo representantes politiqueros durante los últimos lustros, ¡qué despierten!

Pues, seguirá todo igual en esta República. Lo que probablemente puede ocurrir es que, las cosas continúen de mal en peor, debido a las características principales del sistema que rige: corrupción, e impunidad, causales esas que están en la base de todos los males republicanos extremos que hoy se tienen en esta nación, a pesar de los decires entretenedores acostumbrados.

El que esté en plan de acudir a las urnas en estas dos nuevas trampas, año 2020, qué sufrague con conciencia; que piense en el país, y las vicisitudes probables que tendrán que afrontar las nuevas generaciones, de seguirse transitando por los mismos caminos “fangosos”, partidaristas, que hasta ahora.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¡Qué “paisote” este!

 

Las cosas que se ven en esta nación, no tienen padre ni madre. El flamante Congreso de la República que se gastan los dominicanos, da más que pena y vergüenza, cuando se repara en muchas de sus acciones descabelladas.

Por los procederes diversos que allí de ordinario se observan, se puede considerar como una especie de “vertedero humano”, conformado en su mayoría por ineptos y politiqueros, sirviendo más bien de caja de resonancia del Poder Ejecutivo; sello gomígrafo, y grupo de levanta manos a su servicio. Sí, para “homologar” las decisiones que desde las esferas gubernamentales todas emanen, capitaneadas en su totalidad por el presidente de la República.

Qué lástima el nivel de adhesión hacia los mandatarios de turno, y sus cohortes, cualquiera que sea ese, que desde hace años viene observándose en este cuestionado Estado, en una actitud que dista estar muy lejos del que debe ser su rol principal, como primero de la trilogía dentro del sistema que rige en Dominicana:  elaborar leyes, y aprobarlas; pero,  para beneficio de toda la sociedad que se supone representada, y no de políticos, como de grupos económicos regentes. También, servir de contrapeso, y control directo, respecto de todas las decisiones que emanen del Poder Ejecutivo.

Lo que pasa es que, desde años, “los dos son uno”, pertenecientes por lo regular a la misma cuadra política; y, por tanto, qué se puede esperar, que no sean contubernios, arreglos y tapadera, para favorecerse mutuamente, buscando cada cual lo suyo.

Es innegable que, aquí todo se puede, y, por tanto, cualquiera va a ocupar una curul en el Congreso Nacional. El mal principal se tiene en la misma Constitución de la República, ya que los requisitos exigibles para poder optar por el cargo de senador o diputado son mínimos.  En consecuencia, no es extraño ver allí, a personas analfabetas elaborando y aprobando leyes para el país,

Para tales fines, los méritos y la preparación no cuentan. Se va a esas posiciones, dizque representando a la sociedad, solo en busca de los emolumentos salariales jugosos que se reciben, y demás beneficios conexos. No para ser voz social, ni aportar nada. ¡Eso era antes!

Tan lejos van los desatinos y desparpajos de los “honorables” allí, que amén de legislar para sí mismos, ahora “imponen la tradición de entregar el cargo a familiares, al renunciar a la curul, para asumir funciones en el Gobierno, por enfermedad o muerte, lo que convierte la representación legislativa en una herencia que pasa de padre o madre, a hijos, de esposo a esposa, o viceversa, quitando validez a la escogencia del congresista por elección popular”.

“A la vez, dejan a los partidos políticos sin la posibilidad de postular a la Cámara de Diputados o al Senado de la República a sus mejores militantes, aquellos……” (Véase periódico “HOY”, del 10-2-20, página 9ª). “Familiares y conyugues heredan curules del Congreso Nacional”. ¡Se verá eso en otras partes del mundo!

Evidentemente, es un legado que luce violatorio a la Constitución de la República, en la que se establece como se elige a esos representantes de la sociedad nuestra. También se está dejando de lado, según se afirma, la Ley 15-19, del Régimen Electoral, en que se estipula que es por voto directo, para un periodo de cuatro años.

La gran pregunta que se desprende de cuánto se ha expresado aquí es, ¿en virtud de qué, realmente, se establece que esos puestos son hereditarios? Otra, ¿es solamente porque les viene en gana a los senadores y diputados que sea así?

Entonces, siendo de esa forma, cabría inferir que, para esos caciques congresuales, los partidos, como la sociedad electora, qué es la que tiene voz y voto en realidad, han dejado contar por completo; y, que allí solo se hace lo que digan esos seudo honorables.

Sí, aquellos que solamente fungen ante la sociedad, como levanta manos, y caja de resonancia del Poder Ejecutivo; que nada más representan intereses individuales y grupales; que luego de llegar a tales posiciones, se convierten en títeres de los mandamases en el patio: políticos, y patrocinadores de campaña electorales.

Solo aquí, donde todo se puede; y, las desaprensiones estatales le reguilan a la población; en que la “capacidad de asombro se perdió por completo”, hace ya tiempo, como diría alguien bien recordado, cosas como esas no producen escozor alguno a nadie.

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Autor: Rolando Fernández

 

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Inconsciencia ciudadana. ¡Innegable se reporta aquí!

Grandes riesgos probables se advierten en Dominicana, como consecuencia de esa. Este país hace años que viene desbaratándose, producto de la política mal concebida, por parte de los que ejercen la actividad, a pesar de los cacareos halagüeños diversos que se escuchan, provenientes de distintos sectores interesados, locales y extranjeros.

Se tiene el quehacer político, como el gran negocio a todo dar; la inversión más lucrativa de los últimos tiempos. ¡La nación es lo que menos importa para los personajes envueltos!, en términos de progreso y desarrollo de esta sociedad.

También está incidiendo en tal sentido, la falta de aportes provenientes del pueblo, en favor de la defensa de sus propios intereses y derechos. Es evidente que, la escasez de conciencia ciudadana se reporta mutua, de lado y lado. Por tanto, ¡qué nadie culpe solo a los gobiernos de turno, cual sea, de todos los males que aquejan a los dominicanos!

Sí, el ejercicio de las actividades partidaristas aquí, está plagado de corrupción generalizada a granel, con el contubernio de los poderosos grupos económicos hegemónicos nacionales, y del exterior, que patrocinan las campañas electorales.

Eso, amén del gravoso endeudamiento externo a que se ha estado recurriendo, que en realidad no se sabe quién, y cómo lo va a pagar. Obvio, sin ponderarse los riesgos probables futuros que eso implicaría para esta desfalcada nación, que pueden incluir hasta la pérdida de la soberanía nacional.

Sin embargo, los que deberían estar pensando en esos males tan lacerantes para todos, qué es la población más joven de la República, tales cosas le “reguilan”, como se dice popularmente, a pesar de que es esa, indudablemente, la que tendrá que pagar todos los platos rotos que leguen estos políticos de nuevo cuño, desaprensivos por completo, que se ha venido gastando la República durante los últimos lustros.

La tendencia de nuestros jóvenes y adolescentes, principalmente, es hacerse los locos; a convertirse solo en esclavos del mercadeo manipulador de la tecnología actual, entre otras cosas.

Por igual, y en ese orden, al parloteo de sandeces a través de los benditos celulares, tableta, etc., y todas las modalidades de comunicación digital en uso; como, a distintas actividades adictivas infructuosas en realidad. El asunto es estar en la moda, y nada más.

Lamentablemente, tampoco se tienen verdaderos líderes de masas en el patio, que induzcan a luchar contra todas las ejecutorias indebidas, y desatinos presentes, por parte de los políticos y grupos patrocinadores; que aglutinen reales simpatías; y que los seudo seguidores no anden en busca de limosnas, dádivas, para comer solamente un par de días.

Ni, auténticas instituciones que formen representantes de la sociedad, y promuevan ideales patrios. Son las existentes, en verdad espacios que se reportan como comercios, repletos de títeres, que hablan y actúan en favor de los poderosos nacionales, y del exterior también; con, sus respectivos “carga maletines” y lambones al por mayor, alabadores, sin principios que los acompañan.

Nada aportan esas en favor de la solución de los grandes problemas nacionales. Sí que agencian logros personales y grupales, de manera hasta descarada en muchos casos, según se puede advertir.

Para muestra, y en conexión con lo que viene ocurriendo en Dominicana, basta un botón. Según apareció en la prensa local, “el Plan Social de la Presidencia del país, invertirá la friolera de RD$380 millones en la compra de electrodomésticos en medio de la actual campaña electoral, alegándose que serán distribuidos a las madres”.

Indudablemente, fue un anuncio ese que provocó escozor en muchas personas y sectores aquí, incluidos comunicadores y periodistas de renombre, que se pronunciaron en contra; y, no quizás porque se hiciera, pues el algo rutinario por parte de ese organismo estatal.

Lo que de seguro llamó poderosamente la atención, fue el momento elegido, impropio no cabe duda, en razón de los procesos electorales que se avecinan, con uno “al doblar de la esquina”, como se dice popularmente. Hasta algunos diputados se quejaron, por la iniciativa oficial, que entienden como descabellada, y que es mucho decir, por razones muy conocidas. (Periódico “HOY”, del 7-2-20, página 4ª).

El asunto ha llegado tan lejos, que hasta un recurso de amparo ante el Tribunal Superior Electoral (TSE), fue sometido por el Frente Amplio (FA), a los fines de fuera detenida la compra en cuestión, siendo acogido en esa instancia, por lo que se infiere tiene méritos, y fijándose fecha próxima, para ventilación del proceso correspondiente. (“HOY”, del 8-2-20).

Hágase o no, es obvio que la intención ha estado viva. Y, mientras se aspira a gastar esa friolera en menesteres de ese tipo, muchos hospitales públicos aquí se están cayendo a pedazos. No hay allí de nada; ni siquiera medicamentos, utensilios necesarios, ni los materiales requeridos; y, mucho menos equipos imprescindibles. ¡Por qué para aquellas cosas sí, mientras que para otras más imperiosas no! ¿Habrá conciencia estatal?

Finalmente, y en la misma línea del desamparo, en cuanto a la salud de la gente en esta nación, causa gran malestar leer en la prensa local reseña sobre personas pidiendo ayudas para costear procedimientos médicos vitales para su salud, imprescindibles, sin que posiblemente puedan recoger las limosnas solicitadas, y se tenga que ir de esta tierra.

Luego, la gran pregunta sería entonces, y por qué los cuartos del Plan Social de la Presidencia, no se utilizan en parte, para auxiliar a los carenciados nuestros, que se ven en la obligación de recurrir a la prensa en busca de auxilios económicos para poder salvar sus vidas, en vez de estar dilapidándolos en politiquerías periódicas, y busca votos. ¿Es que los electrodomésticos son más importantes que la salud de la gente?

A pesar de eso, este pueblo no reacciona; los políticos en el mando actúan sin reparo alguno, con marcada demagogia; y, la seudo oposición en su mayoría al gobierno, apandillada, habla muy por lo bajo, para nadie quemarse, evitándose así el que se les impida a muchos de sus miembros engancharse al tren estatal, si es que el oficialismo logra continuar en el poder.

¡A darle cráneo, a cuánto se ha expresado aquí!, para ver si algún despertar pueblerino se produce; pues, es indudable que, la conciencia ciudadana local, generalizada, en realidad nos está faltando en grande.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Inconsciencia ciudadana. ¡Innegable se reporta aquí!

Grandes riesgos probables se advierten en Dominicana, como consecuencia de esa. Este país hace años que viene desbaratándose, producto de la política mal concebida, por parte de los que ejercen la actividad, a pesar de los cacareos halagüeños diversos que se escuchan, provenientes de distintos sectores interesados, locales y extranjeros.

Se tiene el quehacer político, como el gran negocio a todo dar; la inversión más lucrativa de los últimos tiempos. ¡La nación es lo que menos importa para los personajes envueltos!, en términos de progreso y desarrollo de esta sociedad.

También está incidiendo en tal sentido, la falta de aportes provenientes del pueblo, en favor de la defensa de sus propios intereses y derechos. Es evidente que, la escasez de conciencia ciudadana se reporta mutua, de lado y lado. Por tanto, ¡qué nadie culpe solo a los gobiernos de turno, cual sea, de todos los males que aquejan a los dominicanos!

Sí, el ejercicio de las actividades partidaristas aquí, está plagado de corrupción generalizada a granel, con el contubernio de los poderosos grupos económicos hegemónicos nacionales, y del exterior, que patrocinan las campañas electorales.

Eso, amén del gravoso endeudamiento externo a que se ha estado recurriendo, que en realidad no se sabe quién, y cómo lo va a pagar. Obvio, sin ponderarse los riesgos probables futuros que eso implicaría para esta desfalcada nación, que pueden incluir hasta la pérdida de la soberanía nacional.

Sin embargo, los que deberían estar pensando en esos males tan lacerantes para todos, qué es la población más joven de la República, tales cosas le “reguilan”, como se dice popularmente, a pesar de que es esa, indudablemente, la que tendrá que pagar todos los platos rotos que leguen estos políticos de nuevo cuño, desaprensivos por completo, que se ha venido gastando la República durante los últimos lustros.

La tendencia de nuestros jóvenes y adolescentes, principalmente, es hacerse los locos; a convertirse solo en esclavos del mercadeo manipulador de la tecnología actual, entre otras cosas.

Por igual, y en ese orden, al parloteo de sandeces a través de los benditos celulares, tableta, etc., y todas las modalidades de comunicación digital en uso; como, a distintas actividades adictivas infructuosas en realidad. El asunto es estar en la moda, y nada más.

Lamentablemente, tampoco se tienen verdaderos líderes de masas en el patio, que induzcan a luchar contra todas las ejecutorias indebidas, y desatinos presentes, por parte de los políticos y grupos patrocinadores; que aglutinen reales simpatías; y que los seudo seguidores no anden en busca de limosnas, dádivas, para comer solamente un par de días.

Ni, auténticas instituciones que formen representantes de la sociedad, y promuevan ideales patrios. Son las existentes, en verdad espacios que se reportan como comercios, repletos de títeres, que hablan y actúan en favor de los poderosos nacionales, y del exterior también; con, sus respectivos “carga maletines” y lambones al por mayor, alabadores, sin principios que los acompañan.

Nada aportan esas en favor de la solución de los grandes problemas nacionales. Sí que agencian logros personales y grupales, de manera hasta descarada en muchos casos, según se puede advertir.

Para muestra, y en conexión con lo que viene ocurriendo en Dominicana, basta un botón. Según apareció en la prensa local, “el Plan Social de la Presidencia del país, invertirá la friolera de RD$380 millones en la compra de electrodomésticos en medio de la actual campaña electoral, alegándose que serán distribuidos a las madres”.

Indudablemente, fue un anuncio ese que provocó escozor en muchas personas y sectores aquí, incluidos comunicadores y periodistas de renombre, que se pronunciaron en contra; y, no quizás porque se hiciera, pues el algo rutinario por parte de ese organismo estatal.

Lo que de seguro llamó poderosamente la atención, fue el momento elegido, impropio no cabe duda, en razón de los procesos electorales que se avecinan, con uno “al doblar de la esquina”, como se dice popularmente. Hasta algunos diputados se quejaron, por la iniciativa oficial, que entienden como descabellada, y que es mucho decir, por razones muy conocidas. (Periódico “HOY”, del 7-2-20, página 4ª).

El asunto ha llegado tan lejos, que hasta un recurso de amparo ante el Tribunal Superior Electoral (TSE), fue sometido por el Frente Amplio (FA), a los fines de fuera detenida la compra en cuestión, siendo acogido en esa instancia, por lo que se infiere tiene méritos, y fijándose fecha próxima, para ventilación del proceso correspondiente. (“HOY”, del 8-2-20).

Hágase o no, es obvio que la intención ha estado viva. Y, mientras se aspira a gastar esa friolera en menesteres de ese tipo, muchos hospitales públicos aquí se están cayendo a pedazos. No hay allí de nada; ni siquiera medicamentos, utensilios necesarios, ni los materiales requeridos; y, mucho menos equipos imprescindibles. ¡Por qué para aquellas cosas sí, mientras que para otras más imperiosas no! ¿Habrá conciencia estatal?

Finalmente, y en la misma línea del desamparo, en cuanto a la salud de la gente en esta nación, causa gran malestar leer en la prensa local reseña sobre personas pidiendo ayudas para costear procedimientos médicos vitales para su salud, imprescindibles, sin que posiblemente puedan recoger las limosnas solicitadas, y se tenga que ir de esta tierra.

Luego, la gran pregunta sería entonces, y por qué los cuartos del Plan Social de la Presidencia, no se utilizan en parte, para auxiliar a los carenciados nuestros, que se ven en la obligación de recurrir a la prensa en busca de auxilios económicos para poder salvar sus vidas, en vez de estar dilapidándolos en politiquerías periódicas, y busca votos. ¿Es que los electrodomésticos son más importantes que la salud de la gente?

A pesar de eso, este pueblo no reacciona; los políticos en el mando actúan sin reparo alguno, con marcada demagogia; y, la seudo oposición en su mayoría al gobierno, apandillada, habla muy por lo bajo, para nadie quemarse, evitándose así el que se les impida a muchos de sus miembros engancharse al tren estatal, si es que el oficialismo logra continuar en el poder.

¡A darle cráneo, a cuánto se ha expresado aquí!, para ver si algún despertar pueblerino se produce; pues, es indudable que, la conciencia ciudadana local, generalizada, en realidad nos está faltando en grande.

 

Autor: Rolando Fernández

 

Cobertores” más exhibidos

El grueso de los dominicanos, con alguna formación académica, o profesional a medias, como se dice, es esclavo del “corbatismo” y el “saquismo”. Es lo que más se observa entre nosotros, para vender falsas imágenes, y por comparonerías.

Esas son las piezas de vestuario a que algunos más recurren, por la “presentabilidad” requerida ocasionalmente ante los demás, entendiéndose siempre necesaria, aunque no obligada, según otros.

Evidentemente, cuando las circunstancias lo demandan, se reporta procedente la costumbre. Ahora, no siempre es así. De ordinario, se cree que el “vestuario hace al monje”, lo cual constituye un craso error.

Las incapacidades patentes, como la mediocridad que caracteriza a ciertos ensacados, de ordinario se cubren con ese tipo de vestimentas; aunque, con facilidad se dejan entrever tales deficiencias, tan pronto se les escucha hablar, exponer sobre alguna temática importante; o, se comienza a interactuar de cerca con esos

Es lo que más se estila en esta nación de las pantallas y los allantes frecuentes.  Obsérvese, y con facilidad se dará cuenta. Se extrematiza el asunto, por parte de los que se quedan aquí, cuando la gente se va del planeta Tierra; dejan de existir físicamente. Acompaña el cuerpo inerte, el saco y la corbata, para completar.

Ahora, hasta para la exhibición de los cadáveres al público, cabe recalcar, por ostentación social de los deudos, se hace así. Cuando no, por exigibilidad de algunas prestadoras de servicios funerarios, tienen que ser vestidos formalmente, con saco y corbata, como si los mismos fueran para alguna recepción después, en los camposantos depositarios.

“¡Cuánta vanidad de vanidades!”, como dijo el Predicador.

 

¿Por qué permitirlo, y no se le ha puesto coto?

Al plantearse tal interrogante, con respecto a todas las deshonras de que viene siendo objeto el cementerio “Cristo Redentor”: robos, atracos, vandalismos en general, ruta para transporte de pasajeros, etc., de inmediato cualquiera respondería, “¡por lo mismo que a todo ese desorden escenificado en el país!”, que lo han convertido en una selva de cemento. Más aún eso, cuando se está en jornadas electorales, que se le voltea la cara para ignorarlo, por falta de autoridad notoria; como, de conveniencias políticas innegables.

Ya aquí ni siquiera los fieles difuntos tienen derecho a descansar en sus moradas últimas; ni, tampoco pueden recibir las visitas periódicas de sus deudos, por el temor que acosa, en el sentido de ser atracados por las bandas de antisociales que allí operan; que se mueven con toda libertad, incluso en motores, y hasta en carros y guaguas púbicas; y, que son capaces de segarle la vida a cualquiera para robarlo, mientras se permanece en el camposanto.

En ese sentido las quejas de muchas personas llueven a granel, ante los oídos sordos del personal que allí administra, como los agentes del orden público, a los que correspondería proceder en consecuencia.

Pero, ¡hay más!, pues también están los “hurtos, o despojos directos en nichos y panteones. Se llevan todos los objetos posibles, candados, cadenas, puertas de hierro, como hasta los velones y las flores que en esos se depositen. ¡Qué barbaridad!

Tremendo reportaje ese que, sobre el particular tratado, aparece publicado en el periódico “HOY”, del 3-2-20, página 12B, en que se destacan determinados aspectos de la arrabalización que allí se tiene, haciéndose marcado hincapié, sobre la vía para transporte de pasajeros en que ha sido convertida su arteria de tráfico principal; se cruza la gente de Norte a Sur; y, se utiliza hasta para el desplazamiento de vehículos pesados. “Choferes convierten Cristo Redentor en vía transporte de pasajeros”. ¡Cuántas desaprensiones!

 

Lo más lamentable es que, en los momentos electorales en que vive esta nación, nadie le va a hace caso a nada de eso. Ahora todo se trata de buscar votos; de los trabajos oportunos de la Junta Central Electoral (JCE); y, de si procede o no el voto automatizado; como, la compra de cedulas, entre otras yerbas aromáticas relativas.

 

En estos precisos instantes dice el Cabildo del Distrito Nacional, “que tiene en planes cerrar la puerta trasera del lugar, después que se levante la verja perimetral que divide el cementerio del barrio Villa María”.  ¡Hace varios años que desapareció esa pared! ¿Y? La otra gran pregunta es, ¿desde cuándo se viene dando ese desorden? No es la primera vez que se producen denuncias y quejas en tal sentido.

 

 

Y, es obvio que, no se ha querido hacer nada. Pero, algo se tiene que decir en el presente, para entretener a los preguntones de la prensa.  Qué no sigan cacareando sobre la temática, pues se está en año electoral, y los votos hay que buscarlos. ¡Los finados, no sufragan!

 

En esa línea, muchos ciudadanos incluso creen, que las inobservancias de ese tipo, no solo a nivel del camposanto “Cristo Redentor”, sino de algunos otros aquí, son adrede; y, que las mismas, en apariencia, no solamente guardan estrecha relación con la ausencia de autoridad fehaciente en esta nación, como la politiquería de estilo; sino que, hay algo más subyacente en el asunto.

 

Se refieren, además. a que se producen con el objetivo de favorecer el incremento de los cementerios privados en el país, el gran negocio, en maridaje con los políticos; lo cual tiene el agravante de que, un amplio segmento de la población no puede tener acceso a los mismos, debido a los alto costos que la decisión implica. ¡Qué se puede hacer!

 

Y que, en adición, muchas personas tienen ya propiedades adquiridas en los camposantos objeto del desorden mayúsculo denunciado, para llevar a sus muertos, cuando se presente la ocasión, y poder visitarles con regularidad; que no las van a dejar botadas; que se les está forzando a abandonarlas cada vez; para que se vayan de allí, y den beneficios a los suplidores privados de ese servicio mortuorio.

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcamnemos.wordpress.com