La sensatez debe imponerse en estos días

¡Ser prudentes todos, acudir al buen juicio, adherirse a la moderación total durante las fiestas de Navidad y Año Nuevo, son actitudes personales que traerían muy buenos  resultados!

 

Sí, y es que, la gente cree que es sólo para esas épocas cuando se come y se bebe en abundancia.  Lo hacen en demasía, hasta el hartazgo,  producto de lo cual, las intoxicaciones, y demás, aparecen por doquier.  No se repara en los cuidados de la salud; en los accidentes mortales, o que reportan lesiones permanentes. ¡Craso error!

 

Abarrotan las calles y avenidas sin contemplación. El transitar en vehículos, o a pie,  se torna una odisea.  Los combustibles que se queman en los tapones provocados, triplican las cantidades que se consumen de los mismos, trasladándose en los automóviles de un lugar a otro, por lejano que sea. Pero eso no importa, ¡estamos en Navidad y Año Nuevo!

 

Los comerciantes “hacen su agosto en diciembre”, a costa de los ingenuos consumidores que se dejan inducir con sus argucias mercuriales: los famosos especiales; como, las rifas y concursos a granel, cuyos agraciados con regularidad nunca se conocen, entre otros sutiles engaños mercadológicos a los que con frecuencia se recurre.

 

Muchas veces, lo que esos “turpenes” ofrecen, en términos de costos reales, para conseguir potenciales clientes, o borregos obedientes, de cederlos como regalos después en favor de ésos, disminuirían sus ganancias de manera considerable; o, podrían hasta reportarles pérdidas económicas durante el periodo fiscal que curse.

 

En  ese sentido, se habla incluso de caros electrodomésticos, vehículos de motor (más de uno a veces), y hasta de apartamentos o casas.  Eso hace suponer que, la especulación y explotación en contra de los que van a darles la boca es tan grande, que les permite darse ese lujo, en el caso de cumplir.

 

O que, todo eso no es más que falsas promesas embaucadoras, montadas para engañar a los “descerebrados” que llenan sus locales comerciales: tiendas, supermercados, y otros. De todas maneras, siempre logran sus propósitos, y los bobos van a caer rendidos a sus pies; les gastan hasta el último chelito que consiguen, comprando siempre a precios inflados, por la oportunidad que se ofrece de aumentar todo lo ofertado

 

Luego que pasa la debacle consumidora, como la propensión extrema  a “empinar el codo”, como se dice en buen dominicano, entonces vienen  las lamentaciones: la situación está mala; se está pasando hambre; no hay cuartos por ninguna parte; estamos en olla, etc.  ¡Importante guardar para cuando ya  no hay!, como lo hacen incluso algunas especies inferiores.

 

Además, viene el acoso de los cobradores insistentes, que no permiten el comer, ni dormir bien. Y por supuesto, los efectos dañosos para salud, derivados de los excesos en las ingestas de todo tipo de comidas, con sazones diferentes, grasas, alcoholes y dulces a granel ¡Comienzan los médicos a sonreír!

 

Pero, se comió, se bebió y se gozó en Navidad y Año Nuevo, ¡nada importa!, aunque haya que seguir con los líos económicos, como las demás deficiencias que se agregan, después del llamado “Día de los Santos Reyes”, que es el “puntillazo” final, el tiro de gracia.

 

El período de Navidad y Año Nuevo, debe ser un espacio anual para reflexión de orden religioso-espiritual, más que otra cosa.  No es que se deje de disfrutar la temporada, ya que hasta los mismos aires frescos invitan a hacerlo; y, que haya consumo, no importa. Pero, que se haga de forma moderada, con la prudencia debida, y sin tener que recurrir a los endeudamientos agobiantes,  luego que pasa la “euforia pascuera”.

 

Por ser el último mes del año, se deben aprovechar también los momentos de ocio que se tenga, para hacer un examen retrospectivo, en cuanto a la consecución de las metas trazadas durante los once (11) anteriores; ¿qué nos dejaron? De igual forma, definir y fijarse nuevos propósitos hacia el provenir.

 

Navidad y Año Nuevo, no deben ser épocas sólo para la “jartangas”, bebederas, canes, bailes, como los “vitrineos” en las tiendas, y  las caminatas en los pasillos de los supermercados. ¡Reflexiónese sobre esas actitudes mundanales, dañinas en la mayoría de los casos!

 

Rolando Fernández

 

 

 

¡Traer maestros extranjeros!, ¿para qué?

Aquí tenemos una suficiente cantidad de profesores y profesoras en capacidad de enseñar matemática, lengua española, física y química, a cualquier nivel, a los estudiantes dominicanos que, obviamente, estén interesados en capacitarse como es debido, no en asistir a las aulas, simplemente para complacer a sus padres; o, tener las escuelas, como una forma de escape de las casas, tal cual ocurre en ocasiones.

 

De ahí que, resulte algo extraño el anuncio que se hiciera, en el sentido de que “El Gobierno dominicano contratará a partir del próximo año, profesores internacionales de matemática, física, química y lengua española para preparar a docentes nacionales”. ¡Luce como algo cuestionable! (Ver: periódico “Diario Libre”, del 27-12-12, página 21).

 

Parece ser que, al señor presidente de la República le preocupa en verdad, esa situación de los niveles de deficiencias alarmantes que se verifican en nuestros estudiantes, más que vergonzosos en muchos casos; y que, abriga el mejor deseo de comenzar a combatirla. Probablemente,  sea ese el origen de la iniciativa.

 

Pero, es obvio que,  de iniciar por ahí a querer enmendar, no se estaría comenzando por donde debe ser, según el anuncio hecho.  Aparentemente, seguiríamos buscando la fiebre en la sábana, como de ordinario ocurre aquí, dejando de lado otros aspectos incidentes en la problemática que nos aqueja en tal sentido, quizás de mayor consideración.

 

El señor presidente actual,  es un hombre que conoce bastante sobre muchas realidades nacionales; que aterriza; que no anda por los aires, como lo hacen otros, por lo que debe estar consciente de la magnitud del problema educativo nacional nuestro en todo su contexto, como sobre las causas que lo originan, y las secuelas derivadas.

 

La problemática deficitaria educacional en este país, no se va a resolver con la traída de maestros extranjeros, que en todo caso sería profesores más bien, que “preparen a los docentes nacionales”, para impartir, y les ayuden en sus quehaceres propios, agregaríamos nosotros. ¡Capacidad!, la hay aquí demás, para lo que se requiere.  Lo que ocurre es que, no hay motivación para el desempeño profesoral, por muchísimas razones que se conocen.

 

Por consiguiente, no importa a quienes se pueda traer desde el exterior, como los docentes que estén  aquí capacitados, sino se les pone el frente, y se trata de enmendar, cuantas situaciones lacerantes vienen interfiriendo internamente con la eficiencia de la educación, como esa de la apatía estudiantil por parte de muchos imberbes y adolescentes que tenemos, alimentada por la introducción a granel de una tecnología moderna – esnobismo -, mal asimilada en gran parte, que no se utiliza como apoyo complementario, sino como muleta imprescindible.

 

Lo que sí procedería aquí, es procurar el que se retome la cultura del estudio y la dedicación académica, aun se tenga que recurrir al concurso de profesionales de la conducta que operen dentro de los centros educativos; que nuestros jóvenes se olviden un poco de las drogas, los ritmos metálicos y bachateros; que no dependan tanto de las computadoras y las máquinas de calcular, entre  los equipos a que se recurre, creyéndose que con esos aparatos todo lo pueden resolver; que se use más la mente, el intelecto humano, dejándose de lado la mecanización de que se está siendo objeto.

 

Pero además, que haya inducción de parte de las autoridades gubernamentales, en términos de que se borre esa percepción  casi generalizada que prima en el seno de la juventud nacional, de aquí no vale la pena estudiar, como lo manifiestan incluso muchos alumnos estando  a nivel universitario, cuando dicen: “en este país lo que hay que buscar, sin  gran esfuerzo, es un título; porque, sólo basta con engancharse a político corrupto, aun sin tenerlo, y procurar luego protección judicial, para vivir bien en esta Republica”.

 

Por otro lado, que se “despolitice” el sistema educativo nacional, en todas sus estructuras operativas, comenzando por el ministerio de Educación.  Los profesores, y autoridades actuantes en el ramo, tienen que ser servidores sociales, con vocación; no miembros “aguerridos y fogosos” de sindicatos o asociaciones politiquearas, la mayoría, identificados por completo, y obedientes a los lineamientos de los partidos del ruedo nacional, que viven de controversias en controversias, sólo defendiendo sus intereses particulares.

 

Evidentemente, nuestros trabajadores docentes requieren de emolumentos retributivos, que motiven a realizar una labor más eficiente y abnegada.  No deben continuar recibiendo los míseros salarios que se les paga, mientras cualquier político “pata polvosa”, de esos que tanto nos gastamos los dominicanos, perciben salarios de lujo,  por la “botellas” que alegremente se les otorgan; o, los cargos electivos que logran alcanzar, sin tener ningún tipo de preparación académica.

 

Es por todo lo expresado que, se le debe pedir al señor presidente de la República, con todo el respeto que merece, que  reflexione sosegadamente sobre la decisión anunciada, de que, “RD traerá maestros extranjeros para que ayuden a sus colegas”; ya que, sin ponderar y tratar de corregir las situaciones que se reportan dañosas para la educación nacional, que aquí se exponen, entre otras, es una iniciativa que resultaría inútil, y que sólo representaría para el país una inversión de recursos económicos, no reproductiva en realidad.

 

A propósito de lo que se trata, procedería incluir finalmente, a manera de complemento, lo externado sobre el particular por el presidente de la Asociación Dominicana Profesores (ADP), Eduardo Hidalgo, “los profesores internacionales necesitarían conocer la realidad que vive República Dominicana para impartir docencia aquí”. ¡Claro que sí! (Véase: periódico “El Día”, del 28-12-12, página 10). Y, muy poco podrían aportar cabría agregarse, por las diferencias con relación a sus propios entornos nacionales, sobre los cuales sí tendrían la debida edificación.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

¡Los dos, no pueden mandar al mismo tiempo!

La verdad es que, a veces, uno como que  no logra entender hasta dónde las actitudes egotistas personalizadas, y los intereses económicos grupales envueltos en determinadas actividades, como en el caso de la política, por ejemplo, entre otras, pueden incidir de manera tan lacerante con respecto a las mismas, sin que se manifieste preocupación alguna, que puedan llegar hasta dar al traste con su existencia presente, e histórica, bastante reveladora esa última, como en la ocurrencia de que aquí se trata, de puro accionar patriótico en los derroteros reivindicativos de un país, a través de los años.

 

Cualquier pensante medio en la República Dominicana, algo preocupado por el destino de la nación, se haría la extensa pregunta: ¿y cómo es posible que las apetencias presidenciales hacia la dirección de la cosa pública; y, a descollar además como líder hacia lo interno de una organización política mayoritaria nuestra, puedan estar atentando con hacerle desaparecer, o al menos, fragmentarla de manera significativa? ¡Tremenda interrogante a contestar!

 

Evidentemente, toda disgregación que se produjera por dichas causas, restaría bastante arraigo por parte de la población, respecto de la ideología que predica la  institución partidaria que se está  afectando, por las facciones divisorias que puedan surgir a partir de la misma.

 

Es el caso del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), indiscutiblemente la mayor entidad política del país, aun sumida en una crisis interna que, se podría considerar dentro de las más significativas que se han verificado durante toda su vida republicana, producto de las desavenencias entre dos seudos líderes a la cabeza de la referida institución, se podría decir, que al parecer sólo les interesa lograr sus obstinados propósitos personalistas.

 

¡Sí!, porque si en reunieran verdaderas condiciones como tales, no actuarían de la forma en que lo han venido haciendo, sólo por disputarse la superioridad dirigencial dentro de la misma, sin reparar en cuánto puedan afectarle sus procederes tozudos, en términos de la unificación partidarista necesaria, como de la consecución del poder en los próximos torneos electorales a celebrarse, principalmente de cara  al año 2016.

 

El que dos miembros sobresalientes del referido partido, opten por no deponer sus actitudes impropias, lacerantes a todas luces, viene afectando sobremanera la propia organización política, como al pueblo mismo, que no puede contar con una oposición fuerte hacia el poder de turno; que se siente desprotegido por completo, frente a las “garras impositivas fiscalistas” del Gobierno actual, y las desaprensiones de aquellos que sugieren, o secundan las iniciativas en tal sentido, incluidos los “injerentes, entrometedores”, prestamistas internacionales.

 

También, frente a los explotadores que manejan del jugoso negocio eléctrico en el país. Y, como complemento gravoso, al endeudamiento externo sin control de la República, que probablemente nunca podrá ser honrado, lo que habrá de provocar en un futuro no muy lejano, lo que sería una afectación sentida de la soberanía patria.

 

Entonces, esos dos prestigiosos empresarios nuestros, más que políticos, que traten de ponerse de acuerdo, para que no sigan en esa pugna tan dañina; procuren rescatar la imagen pública del PRD; reunificarle de nuevo; y, coordinar las actividades necesarias, como para servir de real ente opositor, con principalía nacional.  Prepararse electoralmente, para el “pleito” en la campaña del año 2016, con miras a rescatar el poder, y recobrar su prestigio de otrora. ¡Son las cosas que tienen que hacer, en vez de agudizar las fricciones presentes!

 

Deben comprender que, los dos al mismo tiempo, no pueden estar mandando a la interno de la susodicha organización política. Uno, tratando de doblegar el fuerte orgullo que le caracterice, tiene que ceder en sus actitudes personales, por el bien del PRD, como del país en general. Pues, mientras ellos se pelean entre sí, los de la esquina contraria ríen a carcajadas, entendiendo que no tienen contendores, u oponentes.

 

¡Se impone una profunda reflexión en tal sentido, por parte de ellos!  Los “recesos de ociosidad” en estos tiempos de Navidad, y Año Nuevo, se prestarían bastante para hacerlo.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

¿Amigos de qué?

La otrora amistad sentida, como la lealtad y la solidaridad a que esa condición impulsaba de ordinario, volaron con los aires de la modernidad.  Se han ido tan lejos esos loables atributos en las personas, que ya la palabra amigo, es muy poco lo que se utiliza en los conversatorios grupales, o no.

 

El calificativo a que por lo regular se recurre, para referirse a la gente  con la que se comparte, o se interactúa es: conocido, o acompañante ocasional, en los actos de carácter social. A veces, simplemente, se apela a la mención de su nombre, y nada más.

 

Se podría decir que, el primer término es una salida rápida, más que otra cosa, con la connotación de que es alguien que se ha visto con regularidad; pero que en realidad, no es que se conozca a la persona de que se trate, en el verdadero sentido de la palabra.  ¡Difícil conocer a alguien por completo, y mucho menos en esta época!

 

Con respecto a la amistad sincera, e incondicional, siempre recodamos aquella expresión de antaño, en voz de alguien con grandes vivencias en su haber, que muchas veces solía decir: “un fiel amigo es más que un hermano”; agregándole luego, “siempre corresponde mejor, cuando hay que dar la cara; en el momento en que se necesita, sin  condición alguna”.

 

Muy raro que esas cualidades hoy se verifiquen, salvo algunas excepciones de aquellas que confirmar las reglas, como se dice.  Lo que sí puede asegurarse en estos tiempos es que, existen muchas personas oportunistas, arribistas, y hasta traicioneras, de esas que dicen ser amigos, que sólo les mueven las circunstancias favorables de momento, las conveniencias a simple vista.

 

Sin tales condicionantes, no hay amistad alguna; sólo sutiles farsas y demagogias a granel. ¡Cruda y dolorosa realidad ésa!

 

¡Interesante temática, para reflexión en Navidad!, ¿verdad?

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

Los analfabetos somos más en la nación dominicana

Muchas personas creen que el analfabetismo se limita a no saber leer ni escribir; desconocen que, en una segunda acepción del término, también significa ser  ignorante, inculto. (Véase: Pequeño Larousse Ilustrado 2010). De todo eso, ¡sí que hay mucho en esta República!

 

Luego, si generalizamos el calificativo en relación con la sociedad dominicana, en la que sólo se dice hay un alto porcentaje de gente que no sabe leer y escribir, habremos de encontrar que, cuando de ser ignorantes, e incultos en gran medida se trate, ese número de analfabetos estimado se va a disparar de manera considerable.

 

Evidencias de esas penosas condiciones, las hay en abundancia por doquier en este suelo patrio, para avalar ese parecer. Pero, las que más a la vista están, entre otras que, tampoco se dejan de percibir son, por una parte, el impacto nocivo que ha surtido efecto considerable, producto de esa penetración cultural mal asimilada que arropa a tantos dominicanos,  alienante e inductora en altas dosis, provocando el que ya los mismos, ni siquiera se pueden dar el lujo de disponer de su música autóctona, el otrora, y tan acariciado ritmo del merengue nuestro.

 

Otra, que lastima en grado sumo el sentir nacional de los que aún estamos orgullosos de haber nacido en esta tierra caribeña, y que evidencia, tanto la ignorancia a “flor de piel” que se tiene, como el gran déficit cultural reinante es, el desconocimiento poblacional casi por completo sobre la real historia nuestra, tan tergiversada, y tintada por los intereses económicos y políticos que rigen; al igual que, en torno a sus hombres de valor indiscutible, defensores a ultranza de la soberanía nacional.

 

Además, aquellas que ponen al descubierto el irrespeto y la desconsideración hacia sus verdaderos símbolos patrios, que se ultrajan alegremente, ante la mirada indiferente de las autoridades nacionales, a las que correspondería velar por su reverencia y salvaguarda. ¡Eso también es signo de ignorancia!

 

Pero, donde mejor se advierte el descenso cuantitativo, y en términos de grado, con respecto a lo que se podría considerar como la intelectualidad del país, al igual que, en lo cultural general se refiere, atribuible la baja  a un amplio segmento de la sociedad dominicana, con sus secuelas ambas carencias notorias, de falta de ética-moral, como de la mediocridad e ignorancia tan marcadas que nos arropan, por el amplio “espectro” de difusión a que se recurre para actuar, es en  los medios de comunicación de masa, escritos, radiados y televisados.

 

Los mismos son utilizados en gran medida para difundir pareceres, y la presentación de actos considerados  impropios a todas luces, incluyendo el loar a gente que, si fueran investigados a fondo, muy poco lo merecerían,  por las actitudes nefastas en contra de la población en que han incurrido, cayéndose con regularidad en los limpia-saquismos personales, de manera abierta, como en el “lambonismo” asqueante, que tanto desdice de quienes se adhieren a esas prácticas detestables.

 

Y, algo que poderosamente llama la atención con respecto a esa temática es que, aquellos que se dedican a esa actividad deleznable, por regular se jactan de ser hombres y mujeres, muy leídos, y con suficiente cultura ambos – no hay ignorancia en ellos -, conocedores de la historia mundial, y de otros temas formativos en los individuos, lo cual resulta muy chocante para cualquier observador independiente, por la forma en que se comportan.

 

Lo que se infiere de esas actitudes impropias es que, o se engañan a sí mismos; o, venden sus actuaciones regulares, y conciencia, por cualquier suma de dinero ofrecida, cosas que no se corresponderían en realidad con la formación intelectual-cultural que tratan de ostentar.

 

Las personas en verdad  preparadas, y con suficiente cultura por demás, jamás aceptarían “dádiva condicionada” alguna para tales propósitos. Nunca caerían en la práctica de estar “lambiendo” a nadie; y, dando “vacelas” a granel, a gente que a veces tiene menos valía que ellas mismas. ¡Este país es un vecindario; acá nos conocemos todos!

 

Los que  de aquella manera  actuemos, loando alegremente y sin reflexión alguna, aun sea por dejarnos usar a conveniencias, debe considerársenos como analfabetos también, pues procedemos en consonancia con esa condición; y, agregados a la gran masa así calificada que aquí se tiene, a pesar de que nada más se repare en los que solamente no saben leer ni escribir.

 

El número de analfabetos en la República Dominicana, es mucho mayor que lo que se dice. El saber leer y escribir, no correctamente, sólo para defenderse, como se diría en lenguaje pueblerino,  ¡son los primeros pasos para superar ese estado, o circunstancia personalizada!

 

Rolando Fernández

 

 

Hacia el 21-12-12 vamos, ¿qué ocurrirá?

Se abriga gran temor con respecto a esa fecha, aunque muchos no lo exterioricen abiertamente, a partir de cuando se cree, habrá de producirse una serie de eventos terrenales, que se considera estarían relacionados con las profecías que aparecen en el connotado Calendario Maya, legado a la humanidad, y que podrían dar al traste con la existencia física del planeta Tierra, el “Apocalipsis” de que se habla en algunos sectores, o sectas-filosóficas religiosas.

 

Esotéricamente hablando, se tiene como muy cierto que, el año 2012, se reporta de gran connotación con respecto a la evolución de la humanidad, y su planeta no sagrado, la Tierra. Y que, al final del mismo, comenzando el 12-12-12, con la apertura del un nuevo y último portal requerido, durante ese día, antes de que finalice el ciclo evolutivo en que se encuentran los hombres, se produciría un evento cósmico de muy significativa importancia.

 

Sí, se considera que una poderosa emanación de flujo energético Crístico – inicio -, proveniente del  Gran Sol Central de la galaxia, se verificaría en esa fecha,   a los fines de  comenzar a despertar, y expandir luego en los seres humanos, esa Magna Conciencia, imprescindible para el retorno de todos aquellos Atributos  divinos al Supremo Padre Creador.

 

Procurando conseguir algunas informaciones relativas a la temática de que se trata, nos encontramos en la red de la Internet con  un trabajo referente (autora: Gina I. Mateo Oloffson),  que inferimos se trata del producto de un dictado que hiciera  el amado maestro Ascendido Kuthumi, de cuya exposición nos permitimos transcribir una parte, que entendemos se reporta bastante edificativa sobre el particular.

 

Con relación al 12-12-12, se expresa: “Se trata de una especie de ensayo general, una réplica en menos escala de lo que sucederá 9 día después, el 21 de diciembre, el día del Gran Cambio.  Ese gran cambio vendrá fomentado por la llegada de una gran oleada de Amor hacia la Tierra. Una dosis extraordinaria de elevación de conciencia, que nos ayudará a todos a volver la mirada hacia el corazón, para comenzar a vivir desde él, sin hacerle caso al miedo”.

 

¿Cuál sería la Conciencia aludida?, obviamente, la Crística que encarnó el Amado Maestro Jesús (30-33 años), de la que, en cada ser humano, hay fragmento sujeto a expansión – todo hombre es un Cristo en potencia -, y que corresponde a la Presencia de la Divinidad Suprema que mora a lo interno de todos los seres de la especie humana. Es por ello que, se habla de “volver la mirada hacia el corazón”, entregándole el comando de todo a la Misma, agregaríamos nosotros, para vivir sin temor alguno.

 

Pero, siguiendo con lo tocante a lo esperado a partir del 21-diciembre 2012, propiamente, valdría la pena repetir un artículo que escribiéramos en el año 2010, sobre ese tema, para mayor edificación de los lectores, principalmente, los que no tuvieron la oportunidad de verlo, y reflexionar sobre su contenido, que guarda estrecha relación con la susodicha fecha.

 

“EN ATENCION AL AÑO 2012”

 

Muy acertadas resultan algunas de las precisiones externadas por Ligia Minaya, a través del periódico “Diario Libre”, de fecha 6 de marzo del año que discurre (pag. No.13) en relación con lo que se entiende son  predicciones contenidas en el Calendario Maya, para el año 2012, sobre las cuales se  han emitido muchas consideraciones, a veces hasta de orden especulativo.

 

Creemos, que todo lo concerniente a esa temática debe mover a inquietud y reflexión, por lo que pudiera derivarse de esos presagios o profecías. Pero, hay un aspecto muy importante a considerar también, y es el período en que habrían de ocurrir esos  hechos y fenómenos naturales, que serían de gran trascendencia para la humanidad; precisamente, en las proximidades, y ya en curso, el año 2012.

 

Según los entendidos en asuntos esotéricos, el número 12 constituye el símbolo base de la creación y evolución espiritual del planeta Tierra, y parten para sustentar sus profundas concepciones de estipulaciones comprobatorias tales como, entre muchas:

 

–         Los doce signos del zodíaco o Casas, con periodicidades determinadas, a través de las cuales se ingresa al planeta Tierra, el de menor evolución espiritual, según se señala, comenzando específicamente por uno de éstos, y saliendo al final, de igual forma, cuando se logra romper la cadena de reencarnaciones necesarias.

 

–         Los doce (12)  meses del año; las 12 horas del día, y las 12 de la noche (el reloj); los doce (12) discípulos que acompañaron al amado Maestro Jesús (Jesús el Cristo), en su trabajo terrenal.

 

–         En las antiguas escrituras sagradas, como la Biblia y otras, se habla de los 12 portales, las 12 tribus, los 12 ángeles, etc., etc.

 

–         Se ha descubierto ya un duodécimo planeta.

 

–         Se habla incluso de los 12 filamentos que originalmente contenían las cédulas madre (ADN), utilizadas para la creación de la especie humana, que servirían a su vez como canales de alimentación y retroalimentación energética cósmica, haciéndose referencia de contactos con los creadores originales del planeta.

 

–         Que esos filamentos o hebras del ADN original, fueron luego reducidos a dos solamente por los usurpadores posteriores del planeta, para limitar la capacidad de recepción  en cuanto a informaciones guías superiores se refiere; al tiempo de  facilitar la manipulación de los hombres terrenos, a través de los medios de comunicación de masa; verbigracia, la televisión.

 

Como podemos  ver, el número 12 tiene una historia bastante amplia, digna pues de agudas investigaciones y reflexiones apropiadas, para poder interpretar determinados hechos y situaciones sobresalientes, que pudieran acaecer a nivel mundial durante los próximos años.

 

Durante los períodos, señalados, según los estudiosos de las ciencias esotéricas, lo que habrá de suceder, básicamente, no es una catástrofe terrena en sentido general, sino más bien una serie de acontecimientos o eventos de connotación marcada, que induzcan a una expansión generalizada de la llamada “Conciencia Crística”, (Cristo Interno en cada cual).

 

Todo, en pos de que la raza humana se aboque al reconocimiento y comprensión de su verdadera esencia (espiritual), y que comience a actuar de acuerdo con ésta, dejando de lado el proceder impropio que genera el apego a ultranza por las cosas materiales solamente, que ha conllevado a la humanidad a muy altos niveles de egotismo; falta de puro amor hacia el prójimo, e innumeras guerras fratricidas, etc., etc.

 

La referida expansión de conciencia, habrá de implicar la aceptación debida, en el sentido de que los seres humanos somos criaturas perfectas e imperfectas a la vez, por haber sido creados a imagen y semejanza de Dios, con un propósito específico: ser co-creadores con Este, y constituir Atributos Divinos, que son de su pertenencia, para su Expresión terrenal, acatando siempre su Voluntad.

 

El aspecto imperfección surge como consecuencia del mal entendido libre albedrío, que es relativo, origen del comportamiento egotista que normalmente observamos, y que proviene de ese falso ser que los psicólogos denominan ego o personalidad; que  es al que hay que combatir, y subyugarlo completamente a la Voluntad del Creador Supremo.  Así,  es como podemos convertimos en uno con El, que debe ser la finalidad última de la encarnación del Espíritu, a través de los hombre.

 

Igualmente, se sostiene que en el año 2012, según el Calendario Maya, se producirá “un anclaje de muchas dimensiones”, con efectos reveladores amplios, en  cuanto a todo lo que existe sobre la Tierra. Que se daría paso así, a lo que sería la entrada definitiva ya, aunque en etapas iniciales, naturalmente,  de una nueva su-braza terrenal,  que entendemos será, la sexta (6ta.) de la quinta Raza Raíz, de la siete razas Madre,  que habrán de habitar este planeta, hasta su completo desarrollo espiritual. Esa es una instauración que ya comenzó, con las simientes de los denominados Niños Índigos y Cristales, superdotados en gran medida, por el nivel de evolución espiritual con que cuentan.

 

Los pareceres  sobre los acontecimientos que eventualmente pudieran suceder en el año 2012, y sus posibles causas, que expone con bastante claridad y de manera enjundiosa Ligia Minaya, son muy comprensibles a nuestro humilde entender, y solo disentimos en un pequeño enfoque.

 

Según ella expresa, los que se lucran a costa de explotar y de malograr inmisericordemente la Tierra, después de llenar sus arcas insaciables, y de ocurrir las catástrofes, atribuyen estas últimas a un castigo divino, lo que la escritora concibe como una mentira, en el entendido de que Dios no actúa con rencor.

 

Es muy cierto que Dios es Amor;  que no abriga rencores.  Dios no castiga a nadie.  Nos castigamos nosotros mismos, por la forma en que procedemos en ocasiones, debido a la Ley Natural de Causa y Efecto, cuyo cumplimiento es inexorable.

 

Ahora, es bueno que se entienda, que ni siquiera la hoja de un árbol se mueve en la Tierra, sin que medie la Voluntad Divina.  De ahí se infiere entonces, que Dios no castiga a nadie, pero que sí tiene sus métodos para llamar a la reflexión a los humanos y hacerles que expíen por las cosas indebidas en que incurren, cuando El lo considere oportuno.

 

Finalmente, hay algo muy digno de destacar en la exposición de Ligia Minaya,  que es ese “pálpito que ella dice tener de que la Madre Tierra quiere decirnos algo.  Como invitarnos a preguntarnos si estamos actuando bien, no solo con robarle sus espacios, sino como personas.  Actuando debidamente con nuestros semejantes”, entre otras cosas.

 

Es, evidentemente, una magnifica intuición por parte de ella, que denota cierto avance espiritual, y que muchos deberían tratar de lograr, para que puedan comprender muchas situaciones y fenómenos por los que habrá de pasar el planeta Tierra, como forma de llamar a sus habitantes a la reflexión y contrición necesarias, ante los despropósitos y actuaciones sin precedentes en vive actualmente la humanidad. ¡Felicitaciones Ligia!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

¡Magistral!, ¿por qué evaluarlo a priori, amén de los contrasentidos envueltos?

Según la enciclopedia libre Wikipedia, en la red Internet, “Se denomina conferencia magistral a las conferencias dadas por gente conocida o gente importante. El contenido de la conferencia no tiene que ser estrictamente brillante, bien estructurado o basado en una investigación profunda. Ha bastado con que un político importante, un empresario reconocido o un escritor famoso convoque a su conferencia, para que los medios la califiquen como tal”. ¿Por qué?

 

De acuerdo con esa definición, y la explicación complementaria que se agrega, parece ser que, lo que en verdad otorga el calificativo de magistral, y de conferencia también, a lo que dicen las personas señaladas, no es la calidad de lo que expongan, ni la forma en que lo hagan. ¡El tintado se lo da el actor!,  advirtiéndose en eso además, ciertos contrasentidos de consideración, respecto de lo que significan esos términos, o vocablos; y que, en el fondo lo que rige es, una aparente actitud “lamboneril” por parte de quienes así suelen catalogar las intervenciones  provenientes de ese tipo de gente.

 

Y es que, yéndose directamente al grano, como se dice, para contradecir esos criterios, una de las acepciones de la palabra “magistral”, según algunos diccionarios es, “algo que está hecho con perfección y maestría”. ¡Son requisitos establecidos!

 

Por consiguiente, lo así considerado, de acuerdo con la lógica simple, debe ser ponderado y calificado primero; e intitulado después como tal, con su agregado respectivo, para no errar de entrada, como de ordinario es lo que ocurre, con los que osan emitir juicios alegres parcializados,  referentes a ciertos actos en los que intervienen determinadas personas.

 

¡Lo que en realidad es magistral, no se puede “precalificar”! Hay que esperar que se produzcan las cosas, para entonces cualificarles juiciosamente como se deba, sin importar de quienes provengan. Formarse una acertada opinión relativa, al margen de toda actitud evaluadora con rasgos de parcialización obvios, por las “lisonjerías” individualizadas que a veces se estilan.

 

Según se explica, el término magistral tiene que ver con el magisterio, enseñanza, Se refiere a lo que está hecho con perfección y maestría, reiteramos, para tal propósito, edificar e instruir.  Se está hablando de lo genial, perfecto, e imponente, en todos los sentidos.

 

Y esas son condiciones que, a priori, no se pueden determinar, máxime cuando se trata de asuntos tales como: ponencias públicas, discursos, conferencias que se habrán de dictar, etc. Son quienes los escuchan, o intervienen finalmente, si es que están en capacidad de hacerlo, los que podrán evaluar después.

 

Diversos son los aspectos a considerar, cuando de tales actividades se trata. Entre esos: contenido sustancioso del tema abordado, con los elementos soportantes debidos, incluidos los de carácter bibliográfico; capacidad para transmitir conocimientos, y saber escuchar a la vez, para lograr convencer al auditorio (público) que se tiene, e interviene, como se estila en el caso de las conferencias, teniendo como base esos aspectos las técnicas de oratoria requeridas, y las habilidades particulares necesarias, tendentes a mantener vivo el interés sobre el asunto, y la atención de la audiencia  interlocutora.

 

Es por lo expresado más arriba que,  resulta poco extraño, pasa desapercibido, el que en la República Dominicana, se publiquen con frecuencia anuncios referentes a conferencias que serán dictadas por personas diversas: profesionales de las distintas ramas del saber humano, funcionarios públicos, y otros, catalogándoles de antemano como “magistrales”. Se le introduce incluso el calificativo, como parte del título de lo que se vaya a tratar, lo cual parece un absurdo; aunque entendible en parte, por la concepción generalizada impropia que se tiene.

 

Y evidentemente, es algo que también luce aquí, más “lambonismo”, o lisonjería, que calificación real sobre lo que se habrá de exponer, y la forma en que se hará.

 

Para dictar una conferencia, que se pueda etiquetar como magistral, habría que incluir en ella una serie factores básicos relativos, sujetos a ponderación luego, incluyendo las aptitudes mismas personales del expositor, al momento de actuar. ¡Eso no es tan sencillo como aparenta!

 

Y, precisamente, ya en relación directa también con el uso de ese vocablo, apellidado magistral, se incurre muchas veces en errores de aplicación, pues no se discrimina entre ése, y el calificativo de discurso, por su aparente similitud. Pero, ¡sí que hay una variación notable entre ambos!, que avala el parecer de personas muy autorizadas en la materia.

 

No todo el que se dice dictar una  conferencia, es conferencista en realidad, como tampoco tiene siempre acabados conocimientos sobre el tema que intenta abordar; y mucho menos, aptitudes de  instructor. Puede ser un simple discursante, y nada más.

 

Según las precisiones que se hacen, incluso haciéndose referencia a la Real Academia de la Lengua – diccionario -, con relación a esos términos, “cuando  se trata de un discurso se exponen los resultados de las reflexiones propias, ante una o más personas, que se limitan a escuchar, usando su inteligencia para discernir lo que se les está diciendo. Pero cuando implica dialogar con tus oyentes se convierte en una conferencia, porque conferencia significa básicamente conversar”.  (Sentido dado en Oratorianet.com)

 

Por lo expresado, se está en presencia de una comunicación de doble vía, cuando se dicta una real conferencia. No solamente es hablar, para que otros escuchen y acepten lo que se les dice, tal cual piensa las cosas el charlista, lo que hace del evento una actividad menos sencilla aún,  para estar calificándole de entrada, como “magistral”, sin tener los elementos de juicio necesarios.

 

¡Conferencia magistral no es todo lo que se exprese, de cualquier manera!, sin importar  las personas que intervengan. Claro, en el sentido de lo que debe ser.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

¡Qué diferencia compay!, de asna y pollino, a un Mercedes-Benz Clase M

Una de las causas principales, entre las tantas que han venido restándoles adeptos a la religión católica, es la suntuosidad que prevalece entre sus representantes de mayor jerarquía, como a nivel de sus instalaciones físicas, destinadas a fines diversos; al igual que, la ostentación de poderío mundial, que de ordinario se pone en evidencia, como nuncio de la supremacía que se cree tener, frente a las demás sectas denominadas cristianas.

 

Cuando uno trata de asociar lo que fuera el ministerio del Maestro Jesús, en sus dos roles terrenales diferentes, hasta los 33 años cronológicos, como tal, y como Jesús el Cristo, en términos de la Expresión divina a cargo, caracterizada por la humildad extrema inherente a la misma, durante el cual fundó la Iglesia Católica, en cabeza del apóstol Pedro, primer Papa de la historia cristiana,  la verdad es que se produce un verdadero choque frontal, simbólico comparativo.

 

Y eso ocurre, con  respecto a lo que ordinariamente se ha venido observando en esa institución religiosa, en lo referente a esas dos características fundamentales en el orden espiritual – manifestación del Amor Divino, y verdadera humildad sentida -. Evidentemente, no son de las cosas que esa entidad, por lo regular, proyecta hacia sus amplias feligresías parroquiales, repartidas en todo el mundo.

 

Una de las muestras más fehacientes de aquel “glamour”, o estilo ostentoso sectorial católico, indicador de la gran separación entre el Papa, cabeza de esa jerarquía eclesiástica, y el grueso de sus colaboradores, como de los fieles creyentes identificados, es la adopción, desde la década de los años 80,  del famoso “papamóvil”, blindado por completo, con todas las comodidades necesarias, como lujoso por demás, para el transporte terrestre, durante los periplos internacionales que realiza, el que siempre es recibido y exaltado en todas partes, ¡como el Dios terrenal! Cuestionable eso, ¿verdad?

 

Ahora vemos, según una reseña de prensa que aparece publicada en el periódico “HOY”, edición del 8-12-12, página 3C, que “El grupo automovilístico alemán Mercedes regaló ayer (7-12-12), al papa Benedicto XVI dos nuevos modelos de “papamóvil dotados con las últimas tecnologías y comodidades y que podrán ser transportados en avión para ser utilizados durante sus viajes internacionales”. ¡Muy buen obsequio! Y de alimentos y medicinas para los pobres del mundo, ¿qué se habrá de dar?

 

Vemos entonces que, mientras al “sucesor” lejano hoy, del apóstol San Pedro, el que  fuera Vicario de Cristo en la Tierra, sólo se le puede ver a través de los vidrios blindados en su “moderno carruaje” – papamóvil -, intocable por supuesto, cuando se desplaza por las calles de los países que visita, en la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, el mismo se transportó en una asna, y un pollino con ella, llevando sus mantos, en presencia de una gran multitud que le esperaba, diciendo al recibirle: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! (Véase: S. Mateo, Cap. 21-1-11, Sagrada Biblia).

 

¡Cuánta diferencia!, que invita a reflexionar, distinguidos lectores. Jesús, con tan alta misión divina que cumplir: encarnar al Cristo, la Suprema Conciencia Divina, para expresión terrenal, montado en una burra, acompañada de un pequeño asno, para llevar el “equipaje” del Maestro, con un humilde vestuario, y sandalias en los pies.

 

Sin embargo, el Papa de turno, moviéndose a bordo de  un “Mercedes-Benz Clase M, dotado de accesorios especiales que permitirá al Pontífice estar cerca de la gente que encuentre durante sus viajes apostólicos”. ¡No es que se le toque, como lo hacían con Jesús sus seguidores! Pero además, ataviado con lujosos atuendos; exhibiendo finas y delicadas prendas en sus extremidades superiores; y, con un extenso aparataje de seguridad, rodeándole por doquier. ¿Por qué?

 

¡Qué distinto todo compay! Y no es cuestión de época, como quizás aducirían algunos para justificar en el presente ese comportamiento ostentoso. ¡No!, por más razones que se quieran alegar hoy. La humildad sobre todo – el desprecio por completo a las actitudes egotistas  -, tiene que ser parte integral de la filosofía de esa organización religiosa, tal cual lo indujo su precursor prístino.

 

La misión de la Iglesia Católica fue en principio, y debió seguir siendo siempre la misma, a través de los siglos, el constituirse en la gran “difusora” de las enseñanzas espirituales cristianas, en honor, y fiel recordación a su fundador, como mentor original, predicando en adición con el ejemplo. Además,  complementar la misma, procurando ser la magna consejera de toda la humanidad en ese orden.

 

¡Tarea!, ¿es lo que ha venido haciendo esa institución religiosa?

 

 

 

Rolando Fernández

 

¡Difícil!, regular a los motoristas en este país

Tremenda disyuntiva tienen por delante las autoridades nuestras, en cuanto a querer normar a esa clase, debido al gran desorden en que se desenvuelve ese medio de transporte aquí, que ya resulta prácticamente incontrolable.

 

Durante los últimos días ha estado sobre el tapete, tratar de buscar solución a ese mayúsculo problema que tiene la sociedad nacional, que se entiende estar asociado con el auge de la delincuencia que se verifica  en esta nación, algo que desde hace ya un buen tiempo debió haber sido considerado en todas sus partes por las autoridades competentes del país, con real voluntad enmendatoria, a los fines de haber sido diseñado, y comenzado a aplicar, aun paulatinamente, el debido plan correctivo que se requiere, frente a esa deleznable situación perturbadora. Pero, ¡fue dejado al tiempo, como todo aquí!

 

De haberse iniciado antes las gestiones regulatorias en el sector “motoril” nuestro, hoy resultaría mucho más fácil el intento de solución generalizado. Ahora, por los ribetes que ha alcanzado  esa problemática, se habrá de tornar bien difícil el combatirla con efectividad, aun la intención manifiesta correctiva que se tiene, y la voluntad de concretización proveniente de las más altas instancias del poder estatal dominicano..

 

El ponerle el frente, ordenar, regular, y sanear la situación proveniente del caos que se tiene en el área, riesgoso en todos los sentidos, que se ha venido gastando la sociedad nacional en los últimos tiempos, se reporta hoy mucho más difícil, que el solucionar la cobertura del “mayúsculo” déficit fiscal, por el que se alega  atraviesa el Estado aquí.

 

Y es que, ese es un sector bastante conflictivo, con características muy especiales, en el que interviene una clase social muy compleja, compuesta por reales hombres de trabajo, serios y con dignidad probada. Pero además, por “tigueres”, delincuentes drogados, y desaprensivos, que salen a las calles a buscársela, como se dice, de cualquier manera.

 

Precisamente, es en esa mezcolanza  donde está la mayor  piedra a derribar, para empezar a corregir los males que dentro de la misma se originan, porque todas las medidas que se adopten tienen que ser de carácter general. Y por tanto, podrían afectar a “mansos y cimarrones” por igual; a los indeseables, y a los que han hecho de ese trabajo transportador su medio lícito de vida.

 

Por más vueltas, paliativos y artificios correctores que se quiera buscar para controlar la delincuencia que pueda venir desde ese litoral, lo único que contribuiría, en nuestra apreciación, al logro de lo que se aspira, es la prohibición de transitar dos personas a bordo de los motores. ¡Sólo el conductor entonces, estaría permitido!

 

Pero entonces ocurre que, los “motoconchistas” serios perderían su fuente de trabajo, amén de la falta que se tendría de ese importante servicio en determinada áreas de la capital, y del interior del país, donde los carros públicos, y las guaguas del transporte de pasajeros,  no circulan.

 

Luego, la gran pregunta sería: ¿cómo proporcionar a esa gente laboriosa otra ocupación que le sea rentable; al igual que,  suministrar el servicio de transportación a aquellos usuarios que lo requieran, ante la falta del “motoconcho”, ya establecido como práctica normal?

 

Como se puede advertir, no es tan fácil la solución al problema con los motoristas, y la participación delincuencial fehaciente, que proviene de un pequeño segmento de ésos, aun se le estime compuesto por infiltrados ocasionales.

 

Lo que se pretenda hacer, tiene que ser definido y ponderado muy bien, antes de adoptar las medidas correctivas de lugar.   ¡El mal se dejó coger demasiado cuerpo!

 

No se puede olvidar en adición, que los miembros de esa clase son arengados al proselitismo, y utilizados por los políticos durante las compañas electorales, “conquistándoles” con limosnas de momento, y el ofrecimiento de prebendas futuras;  que los mismos representan un número significativo de votantes, conjuntamente con sus allegados más cercanos. ¡Es otro de los inconvenientes a considerar!

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

Invitación sutil a indagar, ¡en pocas palabras!

En todos los refranes populares, siempre subyace un significativo mensaje que se intenta transmitir, producto por regular de las reflexiones de muchos pensadores certeros; o que se originan en ocasiones, debido a las experiencias obtenidas,  relacionadas con el acopio generalizado que siempre se hace de las vivencias que se han tenido a través de los años, y que de ordinario, dejan amargas o dulces experiencias; que claro, inducen a veces a la adopción personal de ciertas filosofías de vida.

 

Tenemos por ejemplo, aquel que reza: “el perfume bueno viene en pote chiquito”, en franca alusión a la esencia contenida en el poco espacio de que dispone el envase. ¡Tiene que se puro por necesidad!

 

Hacemos referencia al mismo, en relación con lo expuesto por Marina Frías, en  su diminuta columna, “Frías y calientes” (periódico “El Día”, edición de fecha 3-12-12, página 2), sobre la división que se verifica en las personas, según su apreciación,  al momento de tener que decidir, o actuar: “alguien nos dice que sí; mientras, otro nos dice que no”, en resumen.

 

Probablemente, ella misma no se haya percatado por completo de la gran importancia que tiene para la humanidad la temática tocada en su pequeño trabajo.  Fehaciente división entre las actitudes y mandatos de los dos egos que interactúan de manera concomitante a lo interno de cada cual: el inferior humano, y el Superior divino, mandante Este último, tan ignorado por lo regular.

 

Precisamente, producto de esa llamada división que se da normalmente en toda la espacie humana, a nivel personal, es que a los hombres (clasificación general) se les cataloga en términos esotéricos, como seres perfectos e imperfectos a la vez.

 

La primera condición, porque son Atributos divinos, para manifestación terrenal del Padre Supremo, cuya Alma involuciona en principio, al entrar en contacto con la materia física, que sería la segunda característica, situación ésa que matiza el llamado ego inferior, o personalidad, y que debe ser superada por completo, transitando todo el sendero descendente-ascendente diseñado, hasta retornar por completo a su Fuente de origen.

 

Poner atención por favor, distinguidos lectores, en la importancia que tiene el reparar en esa “doble actitud pensante, en cuanto al accionar, o decidir de momento”, muy cierta, que normalmente se verifica en los humanos, cuando sólo se acostumbra a seguir los lineamientos mentales que  traza la personalidad, o ego inferior, y que muy poco se escucha la voz silente, ¡que siempre emana desde el  interior profundo de cada cual!, emitida por el fragmento de la Divinidad Suprema encarnado-Ego Superior, que por regular es el primero que se pronuncia en cada caso.

 

Sí, del que en realidad está a cargo, de todo el quehacer mundano de la gente, por realizar, debido a lo cual hay que aprender a escucharlo, y dejarse guiar sin temor alguno.

 

Ese asunto tan intrincado, resulta ser el abordado, aunque de manera algo sutil, en dos tres líneas, por la autora Marina Frías, a lo mejor sin estar consciente en realidad, de la profundidad que envuelve eso de, “Estar dividido contra ti mismo no es cómodo, luchar contigo mismo es una tortura continua, dirían los grandes maestros”, como ella inicia su pequeña columna de referencia. ¡Es lo normal, por la inconsciencia humana en tal sentido!

 

Ahora, ya en el otro orden que la autora enfoca, y con respecto a la forma en que ella finaliza su pequeña exposición escrita, procedería decirse que, no sería “amar cada cosa que te ocurra”, sino aceptarla, con la conciencia de que es el efecto de alguna causa sembrada, que se está conquistando; de que nada ocurre por accidente; que todo es causal. Y que, en algunos casos puede ser también, por Voluntad Divina manifestada, con relación a la Idea Misma del Padre Supremo en Expresión, a través de uno de sus Atributos terrenales, los hombres.

 

Por otra parte, en cuanto a la petición de “ámate primero tú, empieza hoy”, habría que hacerse la pregunta de que, ¿a qué tú se refiere ella?  Porque, si es al hombre como persona, no sería la mejor decisión, pues se correspondería con una actitud egotista, contraria a lo que debe ser: ¡amar con firmeza al verdadero hombre – Ser -, el Ego Superior encarnado!

 

Como se puede apreciar, lo expresado en pocas líneas por Marina Frías, en ambos sentidos, induce a toda persona pensante, a indagar sobre la razón real de esa división aludida, como de la ocurrencia puntual de todas las cosas, al tiempo de motivar una pequeña explicación algo más amplia, respecto de esa situación dubitativa humana, que es  el tema principal a que ella se refiere, por parte de este humilde servidor, que sí ha tratado de hacerlo, con anterioridad a su trabajo periodístico, y que resulta inquietante para tantos.

 

Rolando Fernández