¿Cómo se harían algunos medios de comunicación, sin los políticos y sus amanuenses? ¡Tema ausente en el seminario Cátedra Unesco de …….!

Es una lástima que la mayoría de los periódicos nacionales, como otros medios de comunicación no escritos, sólo se inclinen por reseñar eventos, publicar opiniones, analizar y comentar sobre temáticas  que nada más vayan en línea con la politiquería, ya sea para loar, o defender intereses personalizados, como grupales; cuando no, para detractar en contra de quien sea, sin medir los respetos ganados por las personas objeto.

Los rotativos locales, incluidos algunos de los digitales que se publican en la red de la Internet, con rarísimas excepciones, lucen estar nada más en pro de explotar la finca de las propagandas, narigoneos, manipulaciones, y demás artimañas que se generen en el orden político partidarista.

Claro, ésa produce los jugosos  beneficios económicos que aportan los  que escriben por encargos, a partir de los espacios que ocupan en las páginas de los medios. De muy pocas líneas se dispone luego en ésos, para otras cosas de mayor importancia en beneficio de la sociedad.

Difícil encontrarse uno en las páginas de los periódicos locales con publicaciones de cualquier tipo, que solo reporten algún beneficio de orden social propiamente; que no tengan como telón de fondo aprestos políticos coloreados partidaristas.

Nada más hay que perder un poco de tiempo, leyendo las tantas cosas que aparecen publicadas en los periódicos locales, para comprobar lo expresado. ¡Deprimente lo que se ve!

Casi nada es lo que aparece, si es que se equivocan algunos  encargados, u operan de maneara totalmente independiente, sobre alguna temática de verdadero interés social, como educativo, cultural, o moral, etc., directamente.  Se completa el deleznable cocktail periodístico, con todo lo relativo al seudo deporte que aún continúa en presente llamándose baseball; u otros, que también han degenerado en vulgares negocios.

Vergüenza alarmante entre mucha de la actividad periodística de hoy con respecto a la de ayer, es lo que se reporta. Ausentes están por completo las labores de investigaciones imparciales, y bien logradas, como las conclusiones derivadas, y los escritos pertinentes. Tampoco casi se observan los finos reportajes de otrora sobre diferentes tópicos,  profesionalizados por completo.

Sí está por doquier todo cuánto luce manipulaciones pagadas, a veces hasta sin contarse con la preparación académica y las destrezas requeridas en los amanuenses utilizados para tales propósitos, la mayoría de los cuales solo saben “sandarizar” y loar en el grueso de los casos.

La tan delicada, linda y exigente disciplina profesional del periodismo, no debe ser usada solamente para politiquear y agenciarse gruesos recursos económicos por esa vía, habiendo tantas mayores cosas que ofrecer para beneficio de las sociedades a través de la misma.

Precisamente, hace poco tiempo, la Cátedra Unesco de Comunicación, Democracia y Gobernabilidad, junto al Centro para la Libertad de Prensa de la República Dominicana, auspició la celebración de un seminario, en que se trató el tema del “equilibrio que debe existir entre la función social de los medios de comunicación y la necesidad de que éstos sean económicamente sustentables para su supervivencia y fortalecimiento”.

En el mismo, dictó una “conferencia magistral” sobre el tema, la experta norteamericana Janine Warner, conforme fuera anunciado con anterioridad al evento. Preciso es destacar que ahora todas las conferencias son magistrales. Incluso se califican como tales mucho antes de ser ofrecidas, como de nuevo ocurrió.

¿Por qué será, por real calidad, o lambonismo? Lo magistral se refiere a “perfección y relevancia dentro de su genero; algo hecho con maestría”. ¿Y cómo es que se aquilatan entonces las conferencia antes de? ¡Debería ser después, y por parte de oyentes calificados para hacerlo! Es lo más lógico, ¿verdad?

Como se procuró en ese marco “poner de relieve lo relativo a la función social de los medios de comunicación, sobre la base de una mayor fortaleza económica”, según lo que fuera dicho, hubiera valido la pena el plantearse y analizar dentro del seminario la pregunta que intitula, por lo importante de esas fuentes, en términos de la captación de ingresos. Sin embargo nada se escuchó de manera directa al respecto.

Para ser más precisos, ¿podrían muchos medios subsistir sin la marcada subvención de los políticos, directa, como a través de sus amanuenses, que hacen supeditar sus labores solo a los intereses de aquellos nada más, contando con el otro grueso fehaciente de los anuncios comerciales publicitarios, y llenar una razonable función social, como es lo que debe ser?

Si “Uno de los grandes desafíos de los medios de comunicación es lograr la sostenibilidad de independencia económica sin comprometer la veracidad, calidad y trascendencia de sus contenidos”, según la reseña que apareció en el medio “El Día”, edición del 29-4-15, procedía en ese marco entonces, procurar y obtener las respuestas debidas en dicho tenor, ponderando esas últimas con profesionalidad absoluta.

Rolando Fernández

¡Nadie es inmortal, recordable sí puede ser!

¡Bajo el planeta Tierra, nadie, ni nada es inmortal! Aunque  una de las acepciones del término es, “duración indefinida de algo en la memoria de los hombres”, ¿quien dijo que por lo regular la posterioridad no olvida lo pasado?

Otra, “que dura indefinidamente en la memoria de las personas”. Afines ambas, como se puede observar. Ahora, ¿de cuáles hombres o personas? Evidentemente, de los que estén ligados al  ejercicio o actividad de que se trate, podría ser, ¡no es que sea seguro!

Es por ello que, en parte no creemos que tal calificación aplique en el ámbito de determinadas actividades mundanas, y menos aquellas que envuelvan algún  carácter lucrativo, como lo es el caso del baseball, por ejemplo, pseudo deporte  convertido en un jugoso y atractivo negocio desde hace ya mucho tiempo. Y que, el ejercer dentro del mismo, se reporta como un trabajo cualquiera.

¡Lo inmortal no muere! “Que no morirá nunca”, que sí es la primera y real definición aparecida en diccionarios, y la cual está directamente asociada con lo que convencionalmente se llama vida. Lo otro se puede considerar como “acotejo gramatical”, o una forma más sutil, como asimilable para los hombres.

El hecho de que cualquier accionar humano pueda permanecer durante un tiempo en la mente de los demás, no quiere decir que será para siempre, reiteramos; que eso lo inmortalice. Puede hablarse con franqueza, de que será recordado y nada más; incluso, solo por aquellos ligados al quehacer de que se trate, vale la pena recalcar. A los demás, poco les importa.

Por grandes que hayan sido las hazañas logradas en ciertas actividades, el tiempo, y los que vengan detrás se encargarán de hacerlas olvidar. No es verdad que permanezcan para siempre en el recuerdo generalizado de los hombres.

De ahí que, siempre hemos considerado improcedente el que a muchos jugadores de la disciplina señalada, se les considere como inmortales, cuando son llevados a los “Salones de la Fama”, en cualquier lugar. ¿Inmortales por qué? ¿Por haber logrado hacer el trabajo para el cual se les pagó? ¿Se les pagaba, sino lo hacían? ¡Contribuyeron con el negocio, y nada más!

Igual tienen que hacerlo, en mayor, o menor grado, los que  les sucedan; y siempre ha sido así, ya que de otra forma  los licencian, los botan sin contemplación los dueños de las empresas comerciales denominadas equipos.

Entonces, lo mejor sería dejarse de estar hablando de inmortalidad; calificar a los destacados como recordables, más bien, en el marco de los ejercicios desarrollados, y en la posición que sea.

Retomando la acepción de “ser mantenido en la memoria de las personas de manera indefinida”, esa sólo aplicaría en realidad en cuanto a aquellos que hayan aportado algo en favor del desarrollo, bienestar, o supervivencia de la humanidad; que a todos  beneficiaran con algún accionar loable: un descubrimiento científico importante, cierto invento real de suficiente consideración; o, hecho predicciones mundanales que se hayan cumplido, etc., etc. Pero, nunca nada que haya estado ligado a cualquier actividad comercial, del tipo que sea.

Incluso, si de mantener en la memoria se trata, se podrían considerar entre esos, hasta los que han causado grandes daños, o incurrido en genocidios, y provocado grandes guerras, etc., en contra de sus congéneres mundanos. Verbigracia: ¿Quién no recuerda a Adolfo Hitler?, entre otros. Él mismo se hizo inmortal, desde esa óptica.

¡De esos sí que jamás nadie se olvida! Sus nombres, y la edificación sobre sus actos, considerados buenos o malos,  se van retransmitiendo de generaciones en generaciones, casi de forma automática, por la validez de sus aportes, o los contenidos de sus daños.

Rolando Fernández

Una muestra fehaciente de los choferes públicos nuestros. ¡Qué “educados y condescendientes” son!

La verdad es que, a veces resulta mejor no leer los periódicos nacionales, para uno no amargarse la vida; sentirse impotente ante los actos vandálicos, o delictivos, que se vienen produciendo  en el seno de esta sociedad nuestra; pensar que es muy cierto el que estamos viviendo ya en una selva de cemento, en la que se tiene que compartir con animales que usan ropas y calzados, a pesar de lo avanzado del siglo XXI.

¿Y cómo es posible que en estos tiempos, que suponen cierto grado de civilización, humanización, y evolución, en términos espirituales,  uno se encuentre con noticias como ésta en la prensa local? “Detienen al chofer que lanzó a anciano desde un minibús”.

Pero, más deleznable y deprimente resulta el conocer la razón que motivara aquella “animalesca” acción, al leer la reseña de prensa relativa: “porque no tenía para pagarle el pasaje”.

Las preguntas que cualquiera se haría son: ¿es que el irracional que hizo eso no tiene padre ni madre? ¿Y qué diablo cuesta un bendito pasaje en una guagua vieja de esas, to’ destartaladas,  para que no se pudiera transportar gratis a ese viejo depauperado?

Lo cierto es que, ya este país tocó fondo; se le ha perdido el respeto a todo: la vida de los demás, la ancianidad, las mujeres, los niños. Y todo, producto del libertinaje generalizado, las lenidades a granel que se tienen, como los “perreos choferiles” que nos gastamos los dominicanos, teniendo para eso último, más de un organismo regulador para supervisar y actuar. Pero, todos resultan inoperantes, incluido al que compete el orden público generalizado.

¡Razones para las permisividades todas, las hay más que a la vista! En primer lugar, y en lo atinente al ineficiente y riesgoso transporte público, se les tiene miedo a los dueños de los sindicatos que apadrinan a los tantos “vándalos desalmados” que operan dentro del sector, y que tienen como trabajo el transportar la gente  de a pie en el país. Claro, lo hacen de forma atropellante, desaprensiva, y temeraria por demás, sin que nadie ose llamarles la atención.

Del que se trata ahora, ya los jefes de los grupos deben estar gestionando su liberación de culpa y puesta en libertad. No nos extrañemos  que se diga, para justificar, “que el anciano le fue encima al chofer con un arma blanca”. No sería raro, ¿verdad?

Amén de la desastrosa forma en que se conduce, y el mal estado de los vehículos – a esos no se les exige, revista, cinturón de seguridad, botiquín, gomas en buenas condiciones, etc. -, la  norma es andar en los carros con una bomba de tiempo en el baúl, un tanque de gas propano, viejo y oxidado, dando más saltos que un “maco”, y con los pasajeros teniendo que agarrar las puertas de los automóviles (chatarras en la mayoría de los casos), para no caer súbitamente en el pavimento.

Se detienen dondequiera a recoger o esperar pasajeros, no importa que sea en las mismas intersecciones, medianía de cuadra, y hasta debajo de los semáforos. Taponan las vías, y el que venga detrás que se aguante, o les pase por encima. ¡Tremendo espectáculo!, que denota gran “civilización”, y un comportamiento ciudadano “apropiado”.

Para comprobar lo expresado, solo hay que salir a observar lo que ocurre en nuestras calles y avenidas, como en las malolientes paradas, dispuestas medalaganariamente en cualquier esquina, para recoger o esperar a los desesperados pasajeros, sin otras opciones, capitaneadas por tigueres, armados con tubos,  palos, y hasta machetes, que obligan a los usuarios del transporte a tener que montarse donde a ellos les venga en gana, siempre y cuando sea en los carros de la ruta.

Y las autoridades todas, “¡bien gracias!” La mayoría de los miembros asignados para esa clase de servicios, “se hacen de la vista gorda”, como se dice en Dominicana. Cuando no es que, son mujeres las que se designan dizque para controlar, incapaces de ponerse a luchar, por su condición obvia, con todos esos irracionales que operan dentro del servicio, con rarísimas excepciones. Pero, “es pa’lante que vamos”.

Qué dirán los lectores en el exterior, cuando reflexionen sobre declaraciones tales, provenientes del vocero de la Policía Nacional, coronel Jacobo Moquete, que transcribimos a continuación:

“Está preso un chofer de minibus que a principios de la semana lanzó al pavimento a un anciano porque no tenía para pagarle el pasaje”. De seguro, “ese es un país de animales; ahí no se puede ir”. Valedera la apreciación, a partir de un hecho de esa naturaleza. (Véase: “Diario Libre”, del 25-7-15, página 04).

En lo que mucha gente no repara, en relación con episodios de ese tipo es que, en este marco delincuencial y criminal en que vive la sociedad dominicana, que según dicen las autoridades se está tratando de combatir, tal clase de comportamiento ciudadano contribuye a fomentar más aún esos flagelos.

Si ese señor abusado y ultrajado tiene hijos, o familiares, a los cuales les  duela  su pariente, existe la posibilidad de que traten de vengarse, de pasarle factura a aquel victimario desaprensivo. ¿Y entonces, contribuye eso o no?

Rolando Fernández

¡Entre rejas!, ¿quién lo iba a decir?

Producto del mal “neuyorquismo” inducido hacia lo nacional, como la transculturación generalizada, y en exceso permitida, por una parte; y, de la otra, la pantalla chica degenerante ofertada, como la mala asimilación del modelo globalizador en curso; al igual que, el acceso a la redes sociales,  copiándose lo que no se debe, esta nación se ha  convertido, con poco margen de error que afecte la apreciación, en la denominada selva de cemento que tantos la consideran.

¡A lo que ha llegado este país, increíble!, en que la gente residente del mismo, sin importar condición social, económica, o la actividad laboral a la que se dedique, tenga que vivir como los presos, siempre enrejada. Además, andando las personas sobresaltadas, cuando tienen que transitar por las calles y avenidas nuestras.

Dominicana la han transformado en un par de años, en una de las  naciones de mayor peligrosidad de América Latina, donde segarle la vida a cualquier persona para asaltarle, despojarla de chucherías, efectos de valor, o algún dinero que se lleve encima, ha pasado a ser una de las prácticas dañosas más recurrentes.

Y, eso está complementado, para mayor desgracia, con la industria del sicariato que se ha desarrollado últimamente, producto de la cual, al más inocente se le pega un tiro en cualquier lugar, cuando esos empresarios están actuando ¡Nada más hay que hojear la prensa local para edificarse y convencerse!

Lamentablemente, la gente ya se ha ido acostumbrando aquí a ver la delincuencia y la criminalidad, como actos casi normales entre nosotros, que poco llaman la atención, salvo cuando se es el afectado directo. ¡Penosa realidad nacional!

Por lo que sí un gran segmento de la población se ha inclinado, es por la autoprotección; y de ahí, el que se pueda ver cuánto ha aumentado la contratación de la llamada seguridad privada, como la decisión de enrejar las casas-viviendas, oficinas, negocios y demás.  La ciudad parece una gran cárcel, con esos lugares como cerdas, y prisioneros sus usuarios, o trabajadores.

La ciudadanía en esta nación se siente totalmente desprotegida; concibe un enorme vacío de autoridad y justicia. Nadie, ni siquiera se atreve a denunciar nada, aun siendo testigo ocular de cualquier hecho delictivo o criminal, por temor a represalias por parte de los autores materiales, tan pronto se pueda evadir la aplicación de condenas aplicadas, si es que lo hacen, o ser liberados de culpabilidad casi de inmediato.

Dicen muchos: ¿“Y para qué ir a la Policía Nacional a querellarse? Ya no hay credibilidad alguna en dicho organismo, que el pueblo es quien le paga para que le proteja. Cuando allí se acude a denunciar algo, en procura de salvaguarda o ayuda, hay que dar cuartos para que se accione; pues si no,  se sale decepcionado, o  burlado cada vez. ¡En verdad, es muy poco lo que se obtiene de  la mayoría de esos uniformados, cuando se está a mano pelada!” Las excepciones son, los ciudadanos o residentes que no piensan así.

Sin embargo, no obstante esa percepción pueblerina, amén de la realidad innegable en que vive el país,  las huestes politiqueras nacionales continúan nada más que en sus aprestos, en sus búsquedas electoreras; y, chachareando siempre, sobre una problemática tal ¡que urge resolver!  ¡Nada se hace en realidad! Se habla y se habla, quedándoles todo a nivel de conversatorios, y la disposición de tomar medidas correctivas, ¡pero qué va!

Ahora, lo peor de todo es que, a partir de las concepciones ciudadanas expuestas, con grado suficiente de veracidad, son las causas que vienen provocando ese abanico de inseguridad ciudadana, delincuencia y criminalidad, sobre las que al parecer no se quiere trabajar, a pesar de ser bastante conocidas. ¡Y eso es lo más preocupante!

Tales flagelos, se han dejado profundizar a un extremo de significación, que requerirían de “cirugías” muy mayores para su corrección, aun sea parcial, vislumbrándose la imposibilidad de algo poder lograrse, bajo el  marco de la pseudo democracia (libertinaje, y falta de institucionalidad en todos los sentidos) que prevalece en esta tierra.

Desde hace mucho ya, Dominicana está  requiriendo de una mano fuerte, en capacidad de enmendar todo el malvado derrotero que se ha venido recorriendo durante los últimos lustros. Sin embargo, se continúa de entretención en entretención.

Con “ñe, ñe, ñe”, demagogias y retóricas politiqueras, nada se va a lograr en el orden de lo tratado. ¡Qué los ilusos despierten de ese sueño! Porque, se continuará viviendo entre rejas, con barras de hierro de mayor calibre toda vez, a menos que se produzca la valiente y necesaria decisión, en cuanto respecta a cambiar de forma súbita, el sistema de mando gubernamental.

Rolando Fernández

La UASD necesita de otras cosas más señor rector

De acuerdo con declaraciones ofrecidas a la prensa local, el “Magnífico uasdiano”, doctor Iván Grullón,  dijo que  “la UASD necesita de 3 mil nuevos profesores, por lo que solicitarán un presupuesto de RD$10,000 millones para cubrir el déficit que provocaría el nombramiento de esa cantidad de docentes entrantes”. (Periódico “Listín Diario”, del 8-7-15).

Lo del nuevo personal para impartir docencia, no es muy frecuente que se escuche, cuando realmente es necesario, aunque no quizás en el número a que se aspira.  Para  nadie es un secreto que la institución dispone de más empleados administrativos que de profesores, algo que choca muy de frente con sus roles académicos, e investigativos a cargo.

Ahora, lo de aumento en el presupuesto, es una rutina anual, principalmente al cierre e inicios de las nuevas gestiones rectorales, por lo que se produce a nivel de la nómina de servidores de la institución, aumentos inmediatos, debido a las actitudes para beneficiar a gente afecta durante los despidos; y, cumplir promesas a ocupar cargos, en el marco de los procesos electorales que se llevan a efecto, que no difieren mucho de los políticos partidaristas a lo externo.

A lo interno de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) hay que hacer muchas cosas. Lo primero es  que, tiene que haber una “sincerización” generalizada, en términos de lo que en verdad debe ser la misma, y sus tareas a desarrollar más importantes: docencia eficiente e investigación oportuna, que desde hace mucho tiempo brillan por su ausencia. ¡No debemos engañarnos!

Todo el que ha tenido la oportunidad de interactuar a lo interno de esa academia pública, conoce sobre lo que allí se estila, caracterizado en gran medida por la politización extrema que se verifica dentro de la referida institución, y que supedita un buen segmento de todo su “accionar”, tanto académico como administrativo.

La gerencia que se aplica en dicha academia en ambos órdenes, tiene que ser cambiada necesariamente, si es que se quiere evitar un mayor deterioro previsible, y hasta que pueda sucumbir dentro de un tiempo no muy lejano, a pesar de los lauros que se dicen, y la consecución de objetivos que se proclaman.

Por una parte, se tiene que aplicar allí lo mismo que se enseña en sus aulas, en cuanto a administración de recursos humanos, su reclutamiento, preservación y motivación.  Buscar gente apta para su dirección y manejo directo, autoridades superiores e intermedias: rectores, vicerrectores, decanos, vices, directores de escuelas y demás apoyos administrativos laborales.

La cualquierización que se registra en tal sentido, tiene que ser abolida. Los más altos representantes de la misma no pueden estar cayendo “por gravedad” en las posiciones de mando, como es lo que ha venido ocurriendo en los últimos años.

Los puestos correspondientes a las áreas docente y de investigación, tienen que ser ocupados por personas que reúnan los requisitos necesarios; que verdad cumplan con las aptitudes para la posiciones, tomándose siempre en consideración los niveles jerárquicos envueltos; olvidarse de la politiquería, como de los tráficos de influencias prevalecientes. Eso de los amiguitos, los lambones, y los vocingleros que de ordinario se tienen, hay que erradicarlo.

Por el lado de la otra columna en cualquier institución académica, los estudiantes, ya la UASD no puede continuar dándose el lujo de esa apertura hacia la población sin reparo alguno, algo que más bien siempre ha tenido un matiz político-populista. Ya, en el marco de esta degeneración que sacude a la sociedad dominicana, eso no procede.

Tal actitud tan democrática, solo debe seguirse para personas que en realidad estén interesadas en formarse profesionalmente; que no vayan hasta allí  solo a ocupar una butaca; a estar perdiendo tiempo,  como hacerlo perder a los demás; a buscar un simple papel con su nombre, pero sin la preparación requerida a ese nivel de formación.

Los discípulos de ese tipo último, amén de hacer malgastar recursos económicos a la institución, con su mal ejercicio, después que pseudo se reciben como profesionales, están empañando sobremanera la imagen de la Primada, o Primera de América.

Todo lo concerniente a la docencia a cargo, tiene que ser revisado en cuanto a profesores y alumnado. Debe haber suficiente evaluación y supervisión con relación a los primeros. Y, con los segundos, exigibilidad de rendimiento académico,  determinación de aptitudes requeridas, tanto en el momento de ingresar a la universidad, como durante el transcurso de las carreras que se cursen.

La UASD no puede continuar caminando sobre las mismas sendas que hasta ahora. De lo contrario, se podría estar matando las gallinas de los huevos de oro, como se dice, para muchos profesionales nuestros que la tienen como su único espacio laboral.

Además, por ser la ventanilla disponible para el estudiantado pobre de este país, sin espacio obvio para poder cursar estudios superiores a  nivel de las instituciones privadas del ramo.

Tenemos que sincerizarnos con el ALMA MÁTER de todos los dominicanos, reiteramos. Dejarnos de andar con tantas demagogias y politiquerías; como, el estar pensándose nada más en continuar pidiendo siempre una mayor asignación presupuestal por parte del Estado nuestro.

¡Se tiene que hacer cuánto se debe, señor rector, en favor de la UASD!

Rolando Fernández

Con frecuencia, el triunfalismo obnubila de forma permanente

De ordinario hay refranes que van como anillo al dedo en determinadas circunstancias, verbigracia: “a veces los ganados son de vacas, y cuando son chiquitos son becerros”; y, “una cosa piensa el burro, y otra el que lo está ensillando. ¡Certeros!

Los mensajes que subyacen en ambas máximas pueblerinas, bien podrían asociarse con esa gran ola de triunfalismo que exhiben las huestes peledeístas en el presente, ante la proclamación del actual mandatario de la nación por parte del Comité Central, como el Comité Político de su partido, como candidato presidencial, de cara a los comicios a celebrarse  el próximo año 2016.

Las euforias y “fiesteos” se dejan sentir por doquier. Obviamente, los primeros rounds han sido ganado, haciendo lo que se debe, y lo que no, según ha trascendido. Claro, queda un amplio camino por recorrer, en el que todos los que aspiran a reelegirse van a tener que emplearse bien a fondo, y demostrarle a este pueblo que en verdad se quiere trabajar en su favor; que se habrán de llevar a cabo mejores ejecutorias que las pasadas, si es que finalmente se quieren alzar con la victoria.

Evidentemente, se está celebrando como si ya prácticamente “el parto hubiera concluido, y la criatura estuviera fuera de peligro”, cuando todavía hay muchas cosas que están por verse. ¡Craso error, el estar cantando victoria ya! Como dicen los jugadores fogueados, ¡aquí no se sabe dónde están los cuartos aún!, de cara a los referidos comicios electorales.

Cuando uno lee aseveraciones como esta que parcialmente transcribimos, proveniente de uno de sus connotados miembros propagandistas: “La familia peledeísta y el pueblo dominicano están de fiesta ya que el CP en su reunión de anoche escogió al Lic. Danilo Medina, como su único candidato presidencial para el 16 y hoy lo hará su CC ……..”, habría que preguntarse ¿cuál es el pueblo que está de fiesta? Incluso, ¿qué segmento de la familia peledeísta?

Con respecto a la población, no creemos que una gran parte de la misma esté muy contenta, debido a las insatisfacciones sociales de que viene  adoleciendo la misma; como, la falta de atención obvia a los grandes problemas de toda índole que golpean sobremanera a esta nación, y que nada más se esté pensando en politiquear.

Con tanta gente inconforme aquí, respecto de las últimas gestiones de gobierno a cargo del partido oficial, es previsible un amplio descontento limitante hacia las urnas para sufragar en su favor. Hay quienes están pensando incluso, en la posibilidad de que la población les otorgue a los mandantes un voto de castigo, por lo defraudada que se encuentra. ¡Hasta la belleza cansa!

Una muestra más que fehaciente de eso, lo es  la desastrosa situación en que se encuentra el Hospital Salvador B. Gautier, en términos de deficiencias asistenciales médicas, y de escaseces múltiples en todos los órdenes, lo cual se entiende es traslativo hasta todos los centros hospitalarios públicos del país.

A propósito, muy interesante resulta un reportaje que se publicara en el medio “HOY”, edición de fecha 19-7-15, página 5ª, intitulado “Pacientes que van de noche al Gautier están en total orfandad”, bajo la firma de Altagracia Ortíz G, en que se describe el escalofriante y despreciable escenario nocturno que se observa en el referido hospital, con fragmentos puntuales que merecen transcribirse aquí para una mayor difusión:

“A manos peladas trabajan médicos de ese centro, residentes laboran sin supervisión”.  “Emergencias como la del Salvador B. Gautier, el más emblemático centro del Instituto Dominicano de Seguros Sociales (IDSS), son como depósitos de enfermos graves o moribundos”.

¡Qué perlas a considerar! Y la gran pregunta que se desprende es: ¿votarán todas esas personas afectadas, como sus allegados más cercanos en favor del PLD? ¡Difícil creerlo!

Otra “lindura” de estos tiempos que pone a reflexionar es: “Generadores advierten de apagones financieros”, según fuera reseñado por la prensa local. Es lo que dice un amplio sector de los desaprensivos  dueños del pingüe negocio eléctrico nacional, hoy encabezado por uno que cambió de asiento, y que ahora está del lado contrario al de otrora, el ex-superintendente de electricidad,  Marcos Cochón.

Actualmente, ese señor es el presidente de la Asociación Dominicana de la  Industria Eléctrica (ADIE).  Véase: “mediante el decreto No. 118-98 fue creada la Superintendencia de Electricidad (SIE) como órgano regulador del sector eléctrico, y Marcos Cochón fue designado superintendente”. (“HOY digital”, edición junio 6, 2012).

Ese se dio cuenta de las ventajas que representa el estar del lado de los que disfrutan de ese gran comercio, presupuestado entre políticos y empresarios. Lo que pueda ocurrir en detrimento de los usuarios del deficiente y caro servicio, por el beneficio de aquellos, poco les importa.

Hay que saber lo que puede significar para la población una decisión de ese tipo, durante esta sofocante ola de calor; será para que la gente se la acabe de llevar el diablo, si extienden la interrupciones eléctricas, más aún de las que hay.

De decidirse por aumentar las tandas de apagones que se dan en la actualidad, para presionar al Gobierno en busca de que se les paguen las deudas atrasadas, habrá que transitar por nuestras calles y avenidas con un arma de cualquier tipo en las manos, para poder hacer frente a la “tormenta” de delincuencia y criminalidad que viene azotando a la sociedad nacional, bajo el manto de las noches.

Y, ante abusos, al igual que amenazas como ésas, los que osan decir aquí: “cuánta falta hace Trujillo en este país”, son acusados de locos, faltos de tratamiento psiquiátrico, por parte del “titerato”, y alienados modernos que nos gastamos los dominicanos.  Como, aquellos que solo conocen sobre las cosas malas que se han dicho, por conveniencias obvias, sobre aquel régimen dictatorial. ¡De las buenas no se habla nada!

La verdad es que, no saben distinguir entre los que se han reportado como verdaderos estadistas, incluido también el Dr. Joaquín Balaguer, al margen de todos sus atributos negativos, e imparcialidad partidarista, de estos verdaderos politiqueros comerciantes, y antinacionalistas, que han venido gobernando el país durante los últimos lustros. De ahí, las atrevidas consideraciones. ¡No se les puede hacer caso!

Por el lado de la familia peledeísta festiva, según lo expresado, ¿se podrá contar con los votos de todos aquellos, sus familiares, allegados más cercanos, y simpatizantes, entre otros, que “se han quedado con el  moño hecho”, como se dice, y que tendrán que seguir domando banco, como “jalando aire”, hasta que otros quieran?

Y todo, producto de los tantos acuerdos y amarres en pos de conseguir el que se estuviera conteste con la reelección presidencial, y que se pueda quedar mandando de nuevo todo el actual combo completo, incluidos los arribistas que disfrutan en la actualidad, como si los otros adeptos a la organización política morada, con méritos acumulados para ser elegidos o designados en posiciones estatales, no significaran nada.

El desprecio total incluye a los que pertenecen a las fuerzas aliadas, sin cuyo concurso, y apoyo irrestricto, va a ser muy difícil que los “morados”  puedan retornar al poder.

No se debe perder de vista que, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), no cuenta por sí solo con una membresía votante suficiente, y que a la “hora del none”, todos los recoge migajas le van a hacer falta. ¡Qué no los desprecien!

Pero, hay un triunfalismo efervescente total, que obnubila; que no deja ver muchas cosas, acompañado de una sólida posición de retorno,  avalada solo casi por completo, en los números fríos que aportan las encuestas pagadas, que siempre favorecen a quienes las sufragan, y para las cuales se presupuestan, como se eligen, muestras específicas para sondeos de opinión. También están las proclamas y “lambederas” de los “vocingleros” subvencionados, menos creíbles para los pensantes, como eso de que algún día pueda llover hacia arriba.

¡Lo verosímil de las mismas está en veremos!, y eso lo va a decir el pueblo cuando tenga que recurrir a las urnas a expresar su voluntad, cuya voz es la que más se parece a la de Dios, como dicen los entendidos.

Mientras tanto, que traten de hacer su trabajo los considerados triunfadores muy a destiempo, durante venidero proceso electoral que se avecina, y se dejen de estar cantando victoria. ¡Es posible que ya la pava tenga otro sitio donde poner! ¡Qué la sábana no sea tan blanca para tanto azul!

Está surgiendo en el país una nueva clase más concientizada, que se prevé no será tan fácil continuar engañándole con retóricas, demagogias, falsas promesas, y “glamureadas” presencias.

¡Ojo al Cristo!, políticos ilusos y envalentonados, que mientras más alto uno se considera estar, es más fuerte el golpe al caer.

Rolando Fernández

La corrupción no es una enfermedad mental, ¡ladronismo, y otras desaprensiones sí!

Los seres humanos siempre andamos buscando la forma de acotejar las cosas. Entre ellas, se estila el dar nombres a determinados flagelos sociales despreciables, para que se reporten menos sonoros,  a los fines de que no irriten tanto a los pueblos, máxime cuando las acciones para su combate frontal se tornan bastante difíciles.

Es el caso urticante y “enfadador”  de la corrupción, en el marco de las sociedades, a todos los niveles.  Ahora, se le viene catalogando como “enfermedad mental crónica”, bajo una serie de argumentaciones sociológicas entendemos, y hasta de carácter científico puro podría decirse. ¡Qué bien!

A partir de esa denominación a la corruptela de cualquier tipo, como algo patológico, ya los que incurren en la misma no son ladrones de cuello blanco, que gozan de un amplio entorno de impunidad; gente desvergonzada, hipócrita, simuladora, embaucadora, amoral, etc.; sino, personas “pobrecitas enfermas mentales”, al parecer iguales a los orates harapientos que deambulan por las calles y avenidas de este país, por ejemplo, recogiendo migajas para comer, y pernoctando donde les coja la noche, a la intemperie muchas veces. Aunque algo ilógica la comparación, esos también están afectados mentalmente; no disponen de mucho raciocinio para sus actuaciones.

La proclividad hacia las acciones indebidas, entre ellas la corrupción a cualquier nivel, o modalidad atribuida, es un condicionamiento mental, no afección o enfermedad. Sí, como una inducción proveniente de todo ambiente permisivo se reporta, que oferte a cualquiera las condiciones para observar sin riesgo alguno tal proceder. ¡Las oportunidades hay que aprovecharlas!

Ese es un tipo de ladronismo algo sofisticado. También, de otras malas prácticas punibles todas, que se verifican donde las leyes se tengan como adornos, más que otra cosa; en que no haya real separación entre los poderes del Estado; y por consiguiente, la instancia judicial existente se acomode de acuerdo con los intereses políticos prevalecientes. En que los gobiernos miren hacia lo personal, y a los grupúsculos que les respalden; que  los patrocinen bajo condiciones “reciprocatorias”.

En países donde esas condiciones no se den; en que se tengan gobiernos que se respeten y se hagan respetar; donde los actores judiciales administren ese ejercicio, y apliquen las leyes como se debe hacer, al margen de toda parcialidad política, difícilmente la propensión hacia los actos de corrupción prospere.

De las denominaciones atribuidas a la corrupción, la que más podría corresponder, en nuestro humilde juicio, es: “distorsión de un principio moral” (Pierre Lascoumes), y que se menciona dentro del trabajo tomado como referencia: “La corrupción es una enfermedad mental” (Periódico “Diario Libre”, del 15-7-15, página 32).

El violentar los cánones morales, no es enfermedad en sí, sino desobediencia clara, ante las permisividades prevalecientes en determinados entornos. A que si aparecen quienes controlen y administren en todos los sentidos, al igual que la castiguen como se debe – la corrupción -, la misma desaparece como por arte de magia.

Rolando Fernández

¡Los nuestros son más merecedores, honrémosles!

La verdad es que, muchos dominicanos han roto el “lambonimetro”, don Rafael, cuando se trata de medirles esa mala práctica – dar coba – que afecta tanto negativamente toda personalidad.  ¡Son lambones por naturaleza!

Parece ser muy cierta su apreciación, en el sentido de que, eso obedece a que los nacionales heredaron los genes del llamado “complejo de Guacanagarix”, “el cacique que se puso de adulón cuando Colón llegó a estas tierras, convencido de que todo lo extranjero es mejor que lo autóctono y lo criollo”.

Las loas y recuerdos a nuestros valores se ponen siempre de lado, para estarse congraciando con extranjeros, o sus países de origen. Son muchos los hombres valerosos que ha parido este país, que se han destacado como: grandes patriotas, héroes nacionales, connotados literatos, políticos de altura,  y periodistas, entre otros., que merecen por igual, o en mayor cantidad, reconocimientos de ese tipo, siendo lo debido inclinarnos siempre por los locales.

Ese sentir quejoso que hace público el señor Rafael Molina Morillo, en “Mis Buenos Días”, del 14-7-15, con el subtítulo “Guacanagarix al bate”, relativo a lo tratado más arriba, se debe transcribir en todos los periódicos locales, incluidos los digitales, para ver si provoca algún efecto concientizante en muchas personas dentro de la sociedad dominicana.

Resulta penoso, y hasta vergonzoso, el que algunas de las principales avenidas de nuestro país hayan sido designadas con nombres de personajes extranjeros, que innegablemente son “prominentes de la Historia del mundo, merecedores del respeto y admiración de todos”. Pero, siendo justos y aquilatadores nosotros, no deben estar sustituyendo a los nuestros.

Hombres como Winston Churchill, Abraham Lincoln, Tiradentes (Joaquim José da Silva Xavier), John F. Kennedy, Charles de Gaulle, George Washington, se han destacado en otras latitudes, pero no en realidad entre nosotros. ¿Qué  hicieron de notoriedad en beneficio de nuestra nación, para que estemos honrándoles tanto, habiendo aquí un sinnúmero de personas notables que han aportado suficiente a nuestra imagen como país, y quehaceres patrióticos? Sus nombres están aún  frescos entre los dominicanos.

De aquellos es muy poco lo que conoce la mayoría a nivel local, y no es raro escuchar a muchos ciudadanos decir: ¿Y por qué tiene esa avenida o calle el nombre de un extranjero? Al no saber razón, de inmediato asalta la idea de que es por simple “limpiasaquismo” y “lambonería”.

Esas son de las cosas que hacen que nuestros jóvenes tengan sus mentes enfocadas hacia ultramar, pues desconocen sus “personalizados” valores patrios; hombres connotados en diversas disciplinas del saber; que han luchado por este país, al extremo de ofrendar hasta sus vidas; que han puesto el nombre del mismo bien alto en el exterior; amén de que, han observado siempre vidas ciudadanas ejemplares.

De haberse estado recordándoles como se debe, viendo sus nombres en muchas de las calles y avenidas de esta nación, es probable que las generaciones subsiguientes se hubiesen inclinado por emularles en sus actos  civiles todos, y comportamientos patrios. Pero, ¿qué es lo siempre han visto?, los de extranjeros, que a penas conocen los que son proclives a la lectura.

Claro, lo más aconsejable sería, como alude don Rafael, el que los congresistas nuestros se inclinaran por legislar en tal sentido, en pos de enmendar todos esos desprecios a los valores locales, y disponer los cambios de nombres pertinentes a nuestras principales avenidas y calles de la capital dominicana, principalmente.

Que todo se hiciera con el concurso obvio de los gobiernos municipales, a cuyos alcaldes y regidores también les debe competir tal preocupación y labor enmendatoria.

Lamentablemente, aquí solo tenemos un Congreso Nacional para aprobar préstamos concertados, hipotecar el país, y demás decisiones que emanen del Poder Ejecutivo, entre ellas las de corte enteramente político.  ¡Ah, qué no se olvide!, el disponer, o dar su visto bueno a la imposición de nuevos gravámenes tributarios en contra de la población.  También, el legislar en su propio favor.

Por su parte, las alcaldías nada más están en castigar a sus munícipes con nuevos arbitrios, hacer negocios con pequeñas obras para allantar; y, el mayor de todos, la recogida y disposición de la basura.

Por consiguiente, lo más probable es que, nuestras principales avenidas y calles continuarán llamándose como hasta ahora, con nombres de extranjeros, a pesar de voces como la de don Rafael, que se han levantado en contra de esa costumbre antinacionalista.

Los connotados hombres nuestros, que sigan en el olvido; mayores loas a los extranjeros, ¡penosa realidad nacional!

Rolando Fernández,

A veces hay que despojarse de su propia condición, para entonces opinar

¿Si todos hubiésemos sido homosexuales desde la creación del planeta Tierra, que siempre los ha habido, la humanidad como tal existiera? ¡Jamás! La pregunta se parece mucho a las que se deben hacer a los que procuran la igualdad total entre todos los hombres, ¿si todos fuéramos ricos, el mundo estuviera operando?; ¿quién trabajaría para quién? ¡Hubiera desaparecido hace mucho!

Tenemos que dejarnos de esos pareceres ilusos, carentes de fundamentos lógicos, de concepciones que solo están en las mentes de los hombres. Hay cosas que en realidad no pueden ser, por más arreglos y justificaciones con que las adornemos.

Hacemos este pequeño preámbulo que, aunque parezca  algo simplista, en el marco de lo a tratar – sí invitamos se analice -,  para responder de manera parcial a la amplia exposición que hiciera en el periódico “HOY”, edición de fecha 11-7-15, página 12B, el gay Bob J. Satawake,  marido oficial de la “embajadora” norteamericana en el país, James “Wally” Brewster, como respuesta a lo que expresara  públicamente Rafael Acevedo, en el mismo medio local, y obviamente, en defensa de su condición de homosexuales ambos extranjeros.

Manifestó el señor Acevedo que, “Los poderes que controlan la política del EUA parecen haber olvidado que la suya y todas las democracias occidentales modernas tienen su fundamento en el cristianismo”, a lo cual respondió el señor Satawake: “Desafortunadamente el Sr. Acevedo está equivocado ya que los Estados Unidos de América está fundado en una clara separación de la iglesia del Estado”.

Pero además dijo el defensor a ultranza de la homosexualidad que, en base a la democracia que rige en su país, “se debe permitir el mismo estatus de matrimonio a toda pareja de adultos que por decisión libre quieran obtener una unión legal”

Según su parecer, “Las democracias verdaderas  no pueden existir sin la igualdad y las mismas protecciones legales de todo su pueblo. Este es el fundamento de las opiniones de la reciente decisión de la  Corte Suprema de Estados Unidos con respecto al matrimonio”.

La pregunta que habría que hacer a ese señor sería sobre: “si la igualdad y las mismas protecciones legales” a que él se refiere, deben de prevalecer en todos los órdenes, sin importar color, raza, o capa social a la cual se pertenezca dentro de todo marco democrático, lo cual no creemos se produzca.  O, es solamente en lo que respecta al matrimonio entre personas del mismo sexo, que es la punta del refajo que él está enseñando al expresarse.

Ahora, independiente de la disparidad de pareceres  entre él y don Rafael Acevedo, preciso es decirle a ese señor que, su  país podrá estar regido al margen de toda creencia o fundamento religioso, sí por el Estado norteamericano como institución; pero que, nadie sobre el planeta Tierra,  puede ir en contra de los preceptos dictados por la Madre Naturaleza, como es lo que se verifica con relación a él, y ése que tiene como mujer, en su condición de homosexuales los dos. ¡Que esa es una aberración muy antinatural!

Además, que hay una diferencia bastante grande entre lo que se considera religiosidad convencional y espiritualidad esotérica;  que en ese último contexto, su país está llamado a jugar un papel de capital  importancia, en términos de la evolución del planeta Tierra, hasta alcanzar convertirse en sagrado por completo; que si él se inclina por investigar sobre ese particular, de inmediato se podrá dar cuenta del contraste entre su condición anormal, como la del compañero, y lo que se dispone para cada corriente de vida en curso dentro del marco evolutivo espiritual.

El homosexualismo no es normal; no es una condición propia para la especie humana, que tiene dentro de sus roles la expansión de los seres componentes, a través de la procreación, como el servir de puente, por medio del cual ingresan al plano de la materia física las entidades Almas-espíritu sujetas a evolucionar.

El matrimonio es una institución, o contrato  social entre personas que se suponen de sexos diferentes, cuya finalidad principal es la formación de las tribus biológicas-sanguíneas – las familias -,  cosa que no se puede lograr cuando los contrayentes sean de igual sexo: hombre-hombre, mujer-mujer. Luego, ¿cómo se expande la especie? ¡Imposible hacerlo!

También, la homosexualidad rompe con el  plan divino de evolución terrenal a cargo de los Atributos  representantes del Gran Arquitecto del Universo en plano de la materia, en cuanto a la Expresión dispuesta. ¡De ahí su improcedencia total!

Tal distorsión humana tiene diferentes razones a ponderar, pero no es el tema aquí. Los que de ella adolecen se deben aceptar y respetarles. Pero, de ahí a contraer, y permitirles matrimoniarse de manera oficial, como algo ordinario o normal, se puede considerar como una flagrante burla a la Madre Naturaleza.  ¡Reflexiónese, que eso genera severas consecuencias kármicas!

Finalmente, al ser el señor Bob. J. Satawake, un gay declarado,  y marido oficial de otro hombre, no podía estar en contra de una decisión como esa, emanada de la Corte Suprema de Estado Unidos, que favorece a todos los de su condición.

Es obvio que, ¡se siente más que satisfecho con la misma! Cuando el hombre con quien convive se ponga más viejo, lo bota y se casa  libremente con otro que esté más vigoroso.

Reflexivas y ponderables resultarían las opiniones  de quienes son diferentes, varones normales en realidad, adheridos a lo que dispone la Madre Naturaleza.  Si ese señor pudiera despojarse por un rato de  su condición de homosexual, y pronunciarse al respecto, entonces sí que tendría validez su parecer. De lo contrario, ¿para qué hacerlo? ¿Solo para argumentar “acomodos”  y justificarse? ¡No vale la pena!

Rolando Fernández

Don Freddy, nuestra sociedad está inmunizada, las enfermedades le huyen

Muy interesantes resultan las puntualizaciones que hace el señor Freddy Ortíz, en su artículo “Somos sobrevivientes”, publicado en el periódico “Listín Diario”, del 2-7-15, refiriéndose a factores muy negativos que se observan en Dominicana, relativos a  productos comestibles y medicamentos populares que se ofertan, libres de todo tipo de control por parte de las autoridades competentes. ¡Valiosa se reporta su exposición! ¡Contiene “verdades de a puño”!, como se dice.

En realidad, aquí no hay supervisión ni regulación alguna sobre una serie de fabricados, o preparados, ya sean de naturaleza pseudo alimenticia, o medicinal,  que los consume la población, en forma sólida, cuando no líquida, corriendo riesgos inmensos. Dichosos somos nosotros que en esta nación, no se han desatado una epidemia infecciosa grandísima, o raras enfermedades de todo tipo, con el agravante de la escasez hospitalaria que se verifica en este país.

En ese orden, da “gusto” caminar por determinados puntos de nuestras calles y avenidas, para ver a la gente haciendo turnos, en espera de que se le sirva un plato de espaguetis, a veces hasta con un color medio verdoso, con unos fritos que parecen pedazos de ladrillo; cuando no, acompañados estos últimos con dos o tres ruedas de salchichón tieso.  Después pisan eso con un vaso de jugo, que no se sabe en realidad de qué diablo está hecho, y envasado en galones plásticos viejos, en los que se nota no ha habido  ningún tipo de higiene.

Todos esos, “dizque” alimentos, salpicados además con un poquito de saliva, polvo callejero, y su ración del monóxido de carbono que despiden los vehículos que transitan. Hasta café salen muchos dominicanos a beber en la calle,  mujeres en su mayoría, sin saber con qué agua fue colado, probablemente de pozos infectados.

Ni para eso tienen tiempo las “miembras” de hoy – preparar una greca en su casa para colarlo – Sí les sobra, para estar hablando sandeces por los teléfonos digitales a cualquier hora, o escribiendo “porquerías” en los portales de las redes sociales.

Y, lo “bueno” de eso es,  el alto nivel de inconsciencia relativo que se advierte, en personas que lucen tener alguna preparación académica; que andan ensacadas, o muy llenas de maquillaje y “ferré”, uniformadas en el caso de las féminas. Muchos, a veces parece que les da vergüenza, y piden que se les sirva dentro de los mismos carros que conducen, para dejarse ver menos.

En adición, se tienen aún los “venduteros” de medicamentos diversos, que se ofertan calle arriba y calle abajo, anunciándose para las dolencias que sirven, y cómo se desborda la gente creyéndose cuánto se le dice.

Son fármacos por lo regular elaborados en patios, sin indicación clara y verídica de quienes los producen; y, aquellos que los venden, hacen las veces del visitador a médico que edifica sobre contenidos y dosificación necesaria. Se hace a la libre – en plena actividad comercial -, sin que a ninguna autoridad sanitaria local parezca importarle.

Lo expresado hace inferir que esta sociedad está inmunizada por completo; que las enfermedades le salen huyendo mejor. De no ser así, los casos de parásitos intestinales de todo tipo, incluyendo las resistentes amebiasis, fueran incontables en nuestro país. Los medicamentos para el combate no dieran abasto, y los sanitarios públicos fueran necesarios en todas las esquinas.

Por otro lado, los efectos dañosos de todas esas medicinas  “chatarras” callejeras, como algunas de las genéricas o sustitutivas-equivalentes que venden las llamadas boticas populares, llevadas por tanta gente  a la boca en este país, sin previsión alguna, ya hubieran causado una catástrofe de consideración en la salud pública de los dominicanos.

Eso que usted señala en una parte de su  artículo, es pura realidad. “Con todo y los millones que  gastan los gobiernos, nunca han podido crear algo como el Departamento de Asuntos del Consumidor, de Puerto Rico, que tiene una vigilancia efectiva con todo intento de engaño al ciudadano, ya sea vía promesas publicitadas, como en comprobación del contenido en productos”.

Procedente resulta comparar el Estado Libre Asociado de Puerto Rico, con esta nación nuestra de los despilfarros económicos. “PR pedirá a Supremo de EE.UU. aprobación de su Ley de Quiebra”. El mismo “está afectado por una asfixia financiera y una deuda que supera los 70,000 millones de dólares”, según lo expresara su gobernador Alejandro García Padilla. (Véase: “Diario Libre del 8-7-15, página 25). Sin embargo,  sus autoridades siempre se han  estado preocupando por la salud pública de su población. ¡Qué contraste!

Para eso aquí no sobran los cuartos. Ahora, para darlos a los partidos políticos, a los fines de que los usen en sus campañas y francachelas electorales, o se los roben los que ejercen la disciplina, ¡sí! ¡Siempre hay!  Incluso, se presupuestan anualmente. De lo contrario, se puede “acabar el mundo”, si esa piñata no aparece para repartir.

Lamentablemente, si es pensando en el ministerio de Salud Pública en Dominicana, para que supervise e imponga controles en el tenor de que se trata, ¡nada más nos queda rezar por la salud de los dominicanos; para que Dios nos acompañe, y nos libre de mal!

Autor: Rolando Fernández