UNA VERDADERA ROSA

Durante varios años mantuvimos estrechas relaciones con la Liga Dominicana Contra el Cáncer, Inc., en calidad de colaborador, a la sazón presidida por una de las mujeres de mayor valía con que haya podido contar la sociedad dominicana.  Se trata de doña ROSA EMILIA VDA. TAVAREZ, noble dama totalmente abnegada por los   servicios humanitarios; afable en grado sumo; señora digna de confianza y respeto; y, sobre todo, bujía inspiradora del sentimiento altruista ilimitado y sin distingo; siempre presta a escuchar, servir de consuelo y esperanza a todo necesitado; a tender sus cálidas manos, sin observar rostros jamás.

Cuan satisfactorio resultaba el sentarse a conversar con tan bella persona, y coordinar cualquier tipo de ayuda humanitaria en favor de alguien de humildes condiciones, depauperado, de los tantos que a diario concurren al Instituto de Oncología “Dr. Heriberto Pieter”, afectados de esa maligna enfermedad.  Siempre aparecía alguna solución o medida alternativa; nunca decía no se puede.

Para ese entonces, nuestras visitas a las oficinas de la Liga eran recurrentes; pues amén del deseo personal de colaborar en todos los ordenes, había una gran motivación para hacerlo, que era el espejo de la ardua labor que de manera desinteresada desplegaba esa gentil dama, no obstante lo avanzado de su edad, como sus propias afecciones de salud.

Pero, como era de esperarse, después que sus fuerzas comenzaron a flaquear, y se vio obligada a transferir formalmente sus responsabilidades dentro de la Institución, aún siguiera trabajando parcialmente por la causa, nuevos aires se fueron dejando sentir en el entorno, resultando ya   poco atractivos, y obviamente, el concurso externo se fue alejando, no solo el  nuestro entendemos, sino  que fue como actitud generalizada.

Al desaparecer su voz dirigente y solidaria en aquel escenario de servicios, y luego del plano terrenal completamente, el vacío dejado se fue haciendo cada vez mayor en todos los sentidos, al extremo que hoy en día, cuando por alguna razón particular tenemos que acudir allí, nos parece que estamos visitando otro lugar.

Que lástima que tan valiosa obra se haya dejado de lado, y que el hospital de otrora, icono de un voluntariado médico dedicado por entero, y personal asistente, tan especial y digno de reconocimiento, como de admiración plena, encabezado desde sus inicios por su mentor y fundador principal, Dr. Heriberto Pieter, esté perdiendo su esencia original, y convirtiéndose en uno más, dentro del maltrecho esquema del área de la salud pública en el país.

Instituciones de esa naturaleza, en naciones pobres como la nuestra, para diagnosticar y tratar afecciones tan catastróficas, que no pueden solventar normalmente los pacientes, requieren necesariamente de personas con dedicación y entereza encabezándole,  que trabajen al margen de lo económico-mercurial; en capacidad de lograr aceptación y apoyo financiero dentro de la capa pudiente de la sociedad a que pertenezcan, para poder costear una gran parte de los gastos en que se deba incurrir para satisfacer la demanda de servicios necesarios; pues, no es cierto que se pueda hacer con míseras subvenciones estatales, y médicos mal pagados.

Es por ello, que tareas como las que realizaba esa gran ciudadana de la República, en favor de los asiduos visitantes al Instituto de Oncología, tienen que ser emuladas, no puestas en el olvido, para dar paso a patrones de conducta que bien podrían ser considerados impropios, frente a personas cuyo único “activo” es la enfermedad que les abate.  ¿Cuántos pueden pagar, aun sea poco dinero, para tratarse allí, o contar con algún seguro, que algo les cubra?  Son muy pocos.

 Cuando esa señora estaba al frente de la Liga, las personas de escasos recursos podían hasta recibir gratis los medicamentos requeridos, internamientos y servicios profesionales de salud; pues ella de alguna manera se la ingeniaba para hacerlo; y, como era la receptora de las donaciones provenientes de los colaboradores directos que se agenciaba, o de la gente en animo de ayudar, por la confianza que les despertaba, las cosas le resultaban mucho más factibles.

Precisamente, lo que nos indujo a nosotros en principios a colaborar con la Entidad, fue el trato y la atención que le fue dispensada a nuestra señora madre en el Hospital, que padeció y murió de esa enfermedad, por “cheles”; sin miramientos de orden económico.   Eso nos movió después a aportar de acuerdo con  nuestras posibilidades, para que otros también pudieran recibir iguales cuidados;  pues cuan doloroso resulta  cuando se he diagnosticado con la afección, y no se tiene dinero para pagar.

Quiera el Gran Arquitecto del Universo que los médicos excepcionales que allí quedan puedan permanecer ofreciendo sus valiosos servicios, y que aparezcan rápido unas cuantas “doña Rosa” más, para beneficio de tantos necesitados.  También, por qué no, emuladores jóvenes del Dr. Heriberto Pieter.

Rolando Fernández

LOABLE PRECEDENTE

Ente las tantas cosas desagrables que son publicadas en los periódicos de circulación nacional, a veces aparecen  noticias halagadoras, que hacen reflexionar en poco, en sentido de que no todo  está perdido aún en nuestro país.

Nos referimos a la información aparecida en la página 1E, del periódico “Hoy”, de fecha 14 de diciembre del 2009, en que se hace del conocimiento de la población las condenas de que fueron objeto determinados comerciantes, por violación a la ley de protección al consumidor, bajo el título “Proconsumidor pone multas a comerciantes”.

 La verdad es que, son de las pocas noticias plausibles que se encuentran en la prensa local, en este caso, sobre acciones punitivas,  que evidentemente habrán de sentar un precedente positivo para la sociedad dominicana, frente a las actitudes demagógicas reiteradas, mismo que las ambiciones desmedidas de los comerciantes que nos gastamos, y la indefensión de un pueblo ávido de protección en todos los ordenes.

 En consecuencias, debemos de felicitar a la señora Altagracia Paulino, directora ejecutiva de “Proconsumidor”, por logros de esa naturaleza, al tiempo de continuar motivándole y ofreciéndole el apoyo requerido, en la realización de tan ardua labor, luchando con sectores de tanta influencia, a fin de que no operen al margen de la ley.

El Instituto Nacional de Protección de los Derechos del Consumidor, es una entidad estatal descentralizada, con  gran tarea por delante, en el marco de cuanto  estipula  la Ley General No.  358-05, del 19 de septiembre del 2005, a cargo directo de la Dirección Ejecutiva.

Ahora bien, si partimos de que la creación de esa entidad es debido al compromiso asumido por la República Dominicana, relativo a la aplicación de “directrices para la protección del consumidor”, cuya aclamación en la Asamblea General de las Naciones Unidas fue aprobada mediante Resolución No. 39/248, del 9 de abril de 1985, quedando dicha labor como atribución de los gobiernos, estos deberían financiar en todas sus partes las  operaciones de ese tipo de institución.

 En tal virtud,  entendemos que resultaría aconsejable en nuestro caso, que no obstante lo que dispone el Articulo 136, letra c), de la referida legislación, y como bien lo señala la señora Paulino, de que el Instituto se quedará con la mitad de los recursos generados por la condenas dispuestas (cubrir operaciones), mientras que el 50% restante le será entregado a la Procuraduría General de la República,  que  los recursos  generados  por conceptos de esa naturaleza, sean siempre devueltos en su totalidad a la población, que es la que realmente resulta afectada, aun sea a través de la financiación de servicios públicos, como en el importante sector salud, que tanta falta hacen, por ejemplo, aunque la  precitada ley tenga que ser modificada..

Amén de las asignaciones presupuestarias  anuales del Gobierno Central, originadas en la obligación contraída, “Proconsumidor” dispone de otras fuentes de ingresos para costear sus operaciones, lo cual justificaría más nuestra humilde opinión.

Rolando Fernández

¡CUANTO VALEN LOS ESTUPIDOS!

Aunque parezca contradictorio, los estúpidos tienen un gran valor, aun sea circunstancial. Según el diccionario “Larousse”, la estupidez es definida como torpeza, falta de inteligencia.  Ser estúpido es entonces una condición que denota ineptitud, brutalidad, idiotez.

Siendo de ese modo, tanto las personas mismas, como las actitudes y acciones que provengan de éstas, por simple lógica deben carecer de importancia en cualquier ámbito valorativo.  Sin embargo, no siempre resulta así dentro del esquema de las cosas que pueden considerarse lógicas, pues hay situaciones en las que se rompe con el mismo, no obstante se den esas  condiciones individuales; debido a que  esa gente de ordinario resulta significativa;  y mucho.

Los estúpidos tienen un valor incalculable para los políticos y comerciantes, que en el fondo realizan ambos una misma actividad; solo que los primeros invierten en la obtención de cargos electivos, para lucrase, mayormente, mercadeándose al igual que cualquier artículo de consumo, mientras que los segundos lo hacen en mercancías propiamente, pero con los mismos fines, y a través de los mismos procedimientos (técnicas de mercado).

 Para ganarse la popularidad y la preferencia de los votantes, son muchos los recursos económicos propios que los políticos tienen que invertir, o procurase los financiamientos que se deban, sin importar las fuentes de origen; el asunto es dinero, para comprar conciencias, pagar alabarderos y vocingleros de poca monta, que usan como eco o cajas de resonancia; también  las propagandas y otros medios mercadológicos, para poder venderse, aun   no cuenten con el perfil  ético requerido para las posiciones a que aspiran, mismo que las condiciones profesionales necesarias.

Hay que ser más que imbécil para dejarse comprar por lo políticos actuales, con mínimas excepciones, por sumas ínfimas de dinero, favores interesados, demagogias y  promesas que nunca se  habrán de cumplir.

Pero ocurre, que todos esos que se vender a bajos precios,  o se dejan lavar el cerebro, y que no son más que unos buenos estúpidos, son los que mayormente colman los centros de votación (mesas lectorales) desde las  horas de las madrugadas, para sufragar en favor de esos truhanes, y que son los  lo que menos piensan  en el país, tienen un valor inmenso para los políticos, pues es con sus votos que logran escalar a los cargos apetecidos.

Cualquier pensante medio, jamás se dejaría sorprender por los políticos trepadores y oportunistas, ya que saben muy bien que nadie que tenga que invertir millonarias sumas de dinero para salir electo en un proceso de esa naturaleza, va luego a trabajan en favor del país; su norte siempre será la recuperación con creces de su inversión, con el agravante de que también tienen que reciprocar con los poderosos que les tiendan las manos durante el camino; unos para cubrirse, y otros para después pasar facturas.  ¿Habrá tiempo para reparar en las necesidades de la población?  Difícil.

Los comerciantes, en términos más concretos ya, que son los que invierten en compra-fábrica-venta de mercancías, juegan con la inteligencia de los consumidores, a través de sus maniobras fraudulentas, y la magia indiscutible de la mercadotecnia

 Se podría decir que la disciplina profesional de la  mercadotecnia sirve como uno de los mejores instrumentos para el medir los niveles de mediocridad y estupidez de los pueblos;  pues, las propagandas y los anuncios, etc., se diseñan y se transmiten de acuerdo con la capacidad pensante que ostenten los potenciales receptores, a los cuales se dirigen.  De igual forma se procede en el marco de la misma, cuando de inducción al consumo se trata, utilizando técnicas que despierten necesidades ficticias en la gente.  El asunto es vender.

Luego, para dejarse arropar con los influjos del mercadeo dirigido al consumo excesivo, la mayoría de las veces en base a necesidades inexistentes, más bien  creadas; o, ser sorprendido por las habilidades de los comerciantes, también hay que ser un estúpido; y, sucede, que el comercio es una de las actividades más lucrativas en la actualidad; por qué? Porque los estúpidos son de muchísimo valor para la explotación del ramo.

 Entonces, los brutos, ineptos e idiotas, etc., también valen; no por sí mismos; pero sí, para beneficio de cuantos los saben usar.

 Rolando Fernández

SEAMOS MENOS FESTIVOS; MÁS ESPIRITUALES

Independientemente de cual sea la verdadera fecha del Nacimiento de Jesús, en Belén, según los evangelios de San Mateo y San Lucas, hecho que es considerado como símbolo primario en la  celebración tradicional de la Navidad, que en definitiva parece ser totalmente desconocida, no obstante las investigaciones realizadas, es indudable que tal festividad obedece a razones  de carácter espiritual,  no religioso propiamente; pues, incluso se dice que sus primeros indicios provienen del Egipto antiguo, tierra de marcada connotación  esoterista, a nivel mundial.

Fueron las religiones, principalmente la Católica Romana,   que por circunstancias atribuibles al paganismos reinante en épocas remotas,  seguida luego por las congregaciones protestantes, la que instituyó esa celebración desde el siglo cuarto de nuestra era,  a finales  del mes de diciembre de cada año, específicamente cuando se proclamó el día 25, como fecha de la Natividad, en tiempos de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianzeno

 A pesar de esos orígenes, de aceptación muy generalizada por cierto, debido a su alto grado de factibilidad, amén de que, de no ser así, habría que preguntarse entonces, que fue lo que en realidad la originó, y cuál es su verdadera significación, algo que no sería fácilmente escrutable, ya que ni siquiera la fecha del Nacimiento de Jesús se ha podido establecer aún. Ahora, lo que sí resultaría innegable, en el marco de la temática, es que  Jesús sería el que  luego habría de convertirse en Jesucristo, como de hecho ocurrió, según la historia, para cumplimiento de un Ministerio Divino, y por tanto, tales  hechos tienen que estar íntimamente relacionados.

Pero, no obstante esa concepción, ocurre que las festividades navideñas  han ido perdiendo cada vez más la connotación espiritual atribuible, para convertirse en una época de celebración puramente mundanal, auspiciada e inducida mayormente ya, no por las iglesias, sino por el comercio mercurial y agiotista, que hace provecho del alto grado de ignorancia que registra la humanidad de estos tiempos en torno a las cosas de origen Divino, para el logro de sus propósitos lucrativos.

 Ya es muy poco lo que habla durante  los días navideños de alabar a Dios, en la persona de Jesús, convertido luego en Jesucristo, para la realización de su Ministerio en favor de los hombres.  Todo se ha concretado a la exposición de adornos alusivos a la tradición, como al encendido de luces de colores; las celebraciones, fiestas e ingesta desmedidas de comestibles y frutos cíclicos, mismo que de bebidas alcohólicas. ¡Cuan equivocados y confundidos solemos estar!  Eso no puede ser Navidad.  La Navidad, dice un amigo muy apreciado, asiduo investigador sobre asuntos esotéricos,  “es verdad que la ignorancia apaga; es verdad por el hombre vedada; es sendero oculto, para aquel que nunca indaga”.  Es un criterio que compartimos plenamente, por el sentido profundo que en él subyace.

El verdadero significado de la Navidad, no es tan ligero como de ordinario se cree, por lo que resultaría muy conveniente aprovechar la ocasión para tratar de orientar un poco, a los que se interesen por el tema, obviamente,  exponiéndoles  manera sucinta, algo sobre lo que entendemos  debe ser su real significación, pero vista ya en el marco de lo esotérico, no como celebración rutinaria  anual simplemente; todo, en base al acopio de informaciones logradas, procedentes de connotados autores sobre la materia, como también de determinadas aprehensiones de intuitivas de carácter personal.

 Somos de opinión, que ya es necesario que todos vayamos expandiendo  nuestra conciencia, y dejando de lado los convencionalismos e inducción al consumo a que se nos tiene acostumbrados durante la época.

Una de las obras consultadas al respecto, a partir de la cual se podría parafrasear con mayor facilidad el asunto para fines de exposición aquí sería, a nuestro humilde parecer, “La Vida Impersonal”, de Joseph S. Benner, en la que se explica:

Para que el Ser Divino interno, del cual somos templo, pueda despertar la mente del hombre, en el sentido de su clara comprensión en relación con  Este, se debe nacer previamente de un “Amor Virgen, en un humilde pesebre”, queriendo significar, simbólicamente con este último, en el sitio a que acuden las bestias mansas en servicio para alimentarse, que en el caso de los humanos sería alimento espiritual. Nacer de una Virgen, en pesebre, como ocurrió con Jesús, que habría de convertirse luego en Jesús el Cristo, son símbolos fundamentales de la Navidad.

Cabe apuntar, antes de proseguir, que todos los seres humanos no somos más que Atributos Divinos en expresión terrenal, tras la máscara de una personalidad interventora determinada, que debemos ir combatiendo hasta su crucifixión, para poder ser de nuevo Uno con el Padre Supremo. Es la conciencia del Cristo Interno que debemos ir expandiendo, y fue lo que ocurrió con Jesús el Cristo, al “morir” en la cruz, cuya significación esotérica, o réplica, es la muerte de la personalidad humana, que debemos procurar antes del regreso a nuestra Fuente de origen.

De ahí que, ese nacer se refiere al nacimiento Espiritual, en el cual debemos descender hasta el lugar en que  personas inconscientes-animales mansos, pero bien intencionadas, acuden en busca de alimento espiritual.  Esto implica, obviamente, humildad; ser gente de corazón contrito; tener fe y plena confianza en Dios, condiciones que tipifican el  Amor Virgen de que se habla, al extremo de bajar hasta ese nivel, pesebre, a raíz de mencionado nacimiento, en donde para sorpresa se encuentran con una verdadera revelación, que dista mucho del alimento rutinario que se le ha ofrecido hasta ese momento, como de la creencias convencionales generalizadas a  las que siempre se han adherido.

Esa revelación repentina habrá de dar origen a un nuevo ser, del que hablaba  Jesús, nacer en el Espíritu, cuyo crecimiento se irá produciendo en la medida en que se vayan dejando de lado las antiguas creencias rutinarias convencionales, y se procure enteramente el conocimiento superior, esotérico, sobre lo que en verdad somos los seres humanos, Atributos Divinos, en el plano terrenal;  hechos a imagen y semejanza, para expresión de una Idea.  De que somos Uno con el Padre; que no hay separación alguna; pero, que debemos prepararnos para el reencuentro definitivo con El; pues, nos convertimos en perfectos e imperfectos a la vez, tan pronto encarnamos.

Se puede decir que, en eso consistió la misión ejemplarizadora, si que así se puede llamar, del Jesús de Nazaret, que comienza con su Nacimiento, símbolo central de la Navidad, para luego convertirse en Jesús el Cristo, recorriendo previamente todo un sendero de evolución consciente, hasta su crucifixión y posterior ascensión al Padre.  Lo que todos debemos hacer.

Por tanto, lo que debe concebir como Fiesta de Navidad, aun cuya celebración se lleve a efecto en una época prescrita por las iglesias,  mes de diciembre de cada año, es que es un tiempo conmemorativo de reflexión y emulación; de recogimiento y meditación.  Pensar durante el mismo que todos somos Uno, y en adherirnos totalmente a la llamada Regla de Oro: desear para demás, lo mismo que deseamos para nosotros.  Es un período del año para procurar expandir más aun la Conciencia  del   Cristo Interno, por parte de cada cual.

Reflexionemos  pues; seamos más espirituales y menos festivos materiales durante el período navideño tradicional dispuesto.  Dejemos de lado los convencionalismos mundanos y las inducciones de carácter puramente comercial que de ordinario ocurren durante el mismo.

Rolando Fernández

BUSCAR CAUSAS, NO CRITICAR

Nosotros los dominicanos nos caracterizamos por ser críticos circunstanciales, normalmente destructivos; enjuiciadores a priori de  ciertos actos que provengan de determinadas personas físicas o morales, nos sean desafectos o no, sin importar el grado de loabilidad posible, que también puedan merecer los mismos.  También propugnamos por la interdicción y castigo, aunque muy pocas veces procuramos conocer las causas que subyacen, y que motivan cada acción o parecer en particular.

Normalmente, vertemos opiniones contrarias; las críticas llueven; comentamos de manera repetitiva. Ahora,  nada aportamos.  Nos conformamos con estar cacareando como gallinas, pero el huevo nunca se ve, aun consista éste en una mera recomendación apropiada.

“No hay efecto sin causa”, reza una máxima de carácter universal, aplicable en todos los órdenes. Las cosas siempre tienen un porque, que es lo que hay que tratar de determinar previamente, para poder estar en condiciones de emitir juicios valederos, recomendar y corregir. Además, se debe tomar en consideración que los eventos que se producen no siempre son malos solo por su apariencia, sino que la verdadera maldad está en las intenciones  que prevalezcan para su realización, y no en el hecho mismo.

Muchas son las cosas que bien podrían catalogarse de malas, y que han venido ocurriendo en nuestro país durante los últimos años.  Pero, a nadie se le oye hablar de las causas reales con respecto a las mismas, solo de interdicción y castigo; prohibir que se hagan y castigarlas cuando se incurren, y nada más; pero, por qué se hacen?  Es la gran pregunta a responder.

 Uno de los casos más patente, entre tantos, es el narcotráfico. ¿Cuál es la poderosa razón que está en su base?  Son muchos quienes las conocen.  Entonces, por qué no partir de  ellas para combatirlo?  Eso no se va a eliminar solo con la interdicción aparente y el parloteo reinante; cuando es algo que, no hay que ser muy ducho para comprender que está íntimamente relacionado con la aplicación del modelo económico que rige, como las limitaciones e insatisfacción de las necesidades sociales que de él se derivan, amén de las permisividades y prerrogativas que proporciona el poder del dinero envuelto en la actividad de las drogas, en una sociedad donde la redistribución de los ingresos deja tanto que desear.

En adición, las iniquidades, la demagogia y la falta de voluntad que se registran en el sistema de partidos políticos que nos gastamos, contribuyen aun más al desenfreno social y a la búsqueda de alternativas por parte de la población desolada, hambrienta, llena de insalubridad y desprotegida, aun estén reñidas con los cánones legales; es un asunto de supervivencia, frente al desamparo estatal y las injusticias, en el marco de la corrupción y de la impunidad que ha imperado en el país durante últimos tiempos.

Lo que procede es combatir las causas de nuestros males, comenzando por aprender a elegir a las personas que habrán de administrar la cosa pública en el futuro; no hacer caso a ese mercadeo politiquero y demagógico  en cada torneo electoral, que de ordinario envuelve a tanta gente de bajo perfil, ávidos de riqueza y poder; elementos y elementas que en lo que menos piensan es en el bienestar y desarrollo de la Nación; y que creen que siempre se puede estar jugando con la inteligencia de los demás.

 Hay que dejarse de estar escuchando tantas sandeces, como promesas falsas, y procurar inducir al ruedo de la política nacional  a personas de valía moral;  gente con suficiente formación académica, y ejercicio profesional, preferiblemente. Aquí las tenemos por rumba, como reza un refrán popular. Esas no tendrían que hacer aquellas exorbitantes inversiones millonarias para venderse ante la población como redentores, y luego actuar como sanguijuelas. Se deben usar las reservas de que aún dispone el país, y olvidarse de los politiqueros comerciantes que nos corroen.

Se tiene que enfrentar necesariamente el negocio de la política local; es la piedra angular a remover, por las derivaciones funestas que engendra; siendo además,  la vía principal utilizada para alcanzar el poder y representación de todos los ciudadanos. De lo contrario, el país seguirá de mal en peor, y las críticas y quejas no tenderán luego razón de ser.

Nadie que tenga que invertir una alta suma de dinero para lograr ser elegido, habrá de reflexionar  luego sobre los problemas del país; pensará mejor en recuperar con creces su inversión.

 

Rolando Fernández