¡Ayer una cosa, hoy otra! ¿Cómo creer?

Qué lindo hablan los tecnócratas de la llamada ciencia de los promedios, los gráficos, como de los pronósticos aéreos, cuando están “comiendo con grasa”, como dice el pueblo, y disfrutando de las mieles del poder estatal instaurado. ¡Todo siempre anda de maravilla, cuando eso ocurre!

Muy distintos, claro, se reportan sus pareceres en los tiempos en que se les tiene olvidados; o, que forman parte de alguna de esas organizaciones ciudadanas, aparentemente populares; que se les considera como “amarillas”; y que, como es lógico suponer, sus puertas siempre están abiertas para los concursos sugerentes de rigor en favor de las clase más necesitadas, solo hasta que los poderes regentes procuran cerrarlas, con jugosas ofertas monetarias, o de mando gobernante reciprocatorio, a muchos de sus miembros.

Aunque el flamante ministro actual de Economía, Planificación y Desarrollo, señor Isidoro Santana, alega que, “Baja carga tributaria limita acción del Gobierno”, pinta un panorama económico bastante halagador en el país, soportado en una proyección de crecimiento económico equivalente a un 5.5% del PIB para el presente año que discurre; y que, con relación a igual período anterior, el mismo terminó con un 7%, en ese mismo orden. ¿Era tan él optimista, anteriormente, sería la pregunta obvia? (Periódico “HOY”, del 18-4-19, página1D).

Claro, según su opinión actual, desde la “suculenta” posición que ese señor hoy ostenta, todo debe girar en torno al contexto de lo impositivo; que el burro de carga – el pueblo indefenso -, siga soportando sobre lomo mayores gravámenes tributarios, en pos de los “molongos” requeridos para las inversiones de infraestructura; las dilapidaciones de estilo, que nunca faltan, y demás costos necesarios.

Evidentemente, ya no se puede estar haciendo referencia a una más equitativa reorientación del gasto público; al diseño de un pertinente programa de austeridad estatal; al recorte de las erogaciones destinadas a la política – se está no un año pre-electoral -; y, muchos menos, al combate frontal a la corrupción innegable que se verifica; ni, al “botellerío” en la nómina gubernamental

Como aval complementario a sus aseveraciones públicas, “muy hermosas”, por cierto, respecto de la economía a nivel nacional, también destacó el señalado funcionario, la tendencia de un crecimiento económico sostenido en la nación, como una de las excepciones en América Latina, lo cual denota que todo se está haciendo muy bien aquí en tal sentido. ¡Eso es algo que, de seguro, ni él mismo lo cree! Pero, el cargo obliga.

Argumentó, además; baja inflación, y estabilidad cambiaria, como del sistema financiero. ¿Dónde estará pasando realmente eso, no será en Dominicana?  En adición, un crecimiento económico, qué solo es observable a nivel de los poderosos, como de los políticos que está “subidos en el palo” localmente; que en ningún momento trasciende hacia la sociedad en general.

Tal ocurrencia, debido a que, o los parámetros que se utilizan para tal fin muy poco en verdad aportan en ese orden; o, todo constituye un “elefante blanco” para embaucar a la población; mantenerla roncando, sin que se percate de su triste realidad, en términos de las precariedades y carencias más que notorias, como del endeudamiento externo asfixiante que pende sobre la cabeza de todos los dominicanos, sin facilidades futuras de pago que se adviertan.

La verdad es que, ante los señalamientos de ese “magnate”, bien asalariado, todo luce indicar que él debe considerarse pertenecer al selecto grupo de hombres que solo ellos “conceptualizan” en el país; que nadie más está en capacidad de hacerlo; como,  tampoco de reparar, y evaluar, con relación a las evidencias persuasivas, tan a la vista que se tienen, y que ponen muy en tela juicio sus pronunciamientos, hoy parcializados, no cabe duda, desde el ámbito oficial, claro está.

Además, que la posición presente del economista de que se trata, podría asociarse con el contenido del refrán aquel que reza: “Una cosa es con guitarra, y otra con violín”. ¡Qué bien!

 

Autor: Rolando Fernández

Porque ya no es mi mundo; ¡o, no puedo soportar más!: concepciones suicidas

Son muchas las personas que ignoran su verdadera esencia, espiritual; qué, en realidad no son un simple saco de carne y huesos, sujeto a los vaivenes existenciales de la vida terrena;  que el verdadero hombre (general) es el espíritu que se “reviste” con aquel, para poder expresarse en el plano de la materia física densa, a los fines de cumplir con las misiones de representación divina, como de carácter kármico individual, o grupal, previamente asignadas a sus encarnaciones transitorias en la Tierra.

De ahí que, cada corriente de vida a cursar en dicho plano físico, fragmento de la Vida Una y Eterna, sea objeto de un prediseño, en términos de las circunstancias, y entornos sociales requeridos durante la misma, como familiares necesarios en sí, padres sanguíneos, y demás; país, y zona mundial requerida para nacer.

Viene a colación la temática, en razón de la marcada proclividad hacia las actitudes suicidas que durante los tiempos últimos se han venido verificando, y sobre lo que cualquier pensante, hasta de inteligencia media, se preguntaría, ¿por qué?

Principalmente, más chocante resulta un hecho de ese tipo, en personas que investigan, o que llevan años estudiando sobre asuntos esotéricos, y que se supone tienen cierto grado de conciencia espiritual ya logrado.

Además, que conocen sobre lo que habrá de ocurrirles a las Almas de que se trate, ante ese proceder humano, como las consecuencias kármicas que acarrea la suspensión de la existencia física concedida, antes del tiempo cronológico programado para disfrute; y, como es lógico suponer, cuando se puede estar interrumpiendo el sendero evolutivo necesario, lo cual quedaría sujeto a una punición obvia.

Reflexionando sosegadamente sobre las decisiones suicidas de que aquí se trata, directamente asociadas con investigadores y estudiosos de las filosofías esotéricas diversas existentes, se podría arribar a una posible conclusión conjunta sobre el particular.

Y, es que, por un lado, podrían esos intuir que las misiones asignadas al Alma para la corriente de vida última programada, han sido ya completadas; y, que ese curso en la “escuela mistérica” llamada Tierra ha sido concluido, por lo que ya se puede asistir a otro próximamente, con un nivel superior, y con otras misiones que cumplir.

Como consecuencia de eso, es posible el que haya una sentida insatisfacción mundanal presente; que se entienda, ya no es mi mundo; ¡o, ¡qué no se puede aguantar más!; por lo que, cualesquiera de los dos pensares, puede inducir a tratar de abandonar súbitamente la existencia física.

Por el otro, que, dado el nivel de evolución espiritual obtenido hasta ese momento, las tantas actitudes humanas despreciables que se verifiquen a su alrededor, como algunos hechos inapropiados que se asocien, entre otros flagelos notorios (degeneración social, y familiar generalizada, desorden, criminalidad, delincuencia, etc.), provoquen gran hartazgo existencial, con la consecuente incomodidad derivada.

Y, como de seguro aún queda parte de la imperfección atribuible al espíritu en cuestión, no se esté en condiciones todavía de manejar circunstancias adversas a su nuevo estado evolutivo, con la quietud, o conformidad requerida. Luego, cunde el desespero aguijoneante de no querer permanecer por el momento sobre el Planeta Tierra, aunque luego se tenga que retornar, para proseguir hollando el sendero hacia la perfección correspondiente.

En conexión con lo expresado, demás estar decir que, la temática aquí tratada luce bastante intrincada, y que cuando se advierten eventuales actitudes suicidas en cualquier persona, el manejo de esas situaciones se torna bien complejo y delicado, máxime cuando solo está a cargo de psicólogos, o psiquiatras, que nada más se rigen ambos por los paradigmas científicos convencionales de estilo.

Con gran notoriedad se puede advertir que, en su gran mayoría, esos como tales ejercen,  ignoran otros fatores más profundos de naturaleza espiritual esotérica que se deben ponderar dentro del contexto necesario, como son aquellos que se pueden derivar de la llamada “Regresión del Alma” (“Terapia de Vidas Pasadas”), que ya no envuelve tantos misterios como antes, siendo hoy una técnica que vienen utilizando algunos profesionales de la conducta humana, para auxiliarse en los diagnósticos y tratamientos a prescribir ¡Claro, no abundan los mismos!.

Cabría decir que, se pueden conocer en parte, a través de ese medio, los antecedentes del espíritu encarnado de que se trate, y de los que dependan comportamientos, o proclividades futuras que puedan incidir en el sentido de lo abordado aquí directamente – “suicidios” -; como, a situaciones kármicas punitivas por las que se tenga que atravesar necesariamente, y que provoquen el atentar contra la subsistencia física.

Como informaciones complementarias, a los fines de avalar en parte cuánto se ha expresado aquí, cabría agregar finalmente que, según sostienen autores entendidos en el asunto, el suicidio, “negación a querer continuar viviendo”, dicho en términos bien sencillos, se puede verificar en cualquier persona común, por causas diversas, entre ellas huir de circunstancias tormentosas (puniciones) imposibles de evadir, sea hoy, o después; y, que no solamente tiene que ser en  conocedores sobre asuntos esotéricos, por los motivos expuestos antes. Pero que, sin importar de quién se trate, siempre estará precedido el evento penoso de un profundo estado depresivo; y, que es aquella decisión, la consecuencia más terrible que se considera, cuando se sufre de tal afección.

Definen la depresión como: “Una tristeza prolongada y profunda”. “Es un estado de espíritu de melancolía, tristeza o desesperación”. También se afirma que, “es una condición propiamente del Alma, que se puede arrastrar desde la Tierra, tras una encarnación del espíritu, y traerla después consigo, cuando se regrese de nuevo al plano físico, a cursar otra corriente de vida”.

Por último, cabe apuntar, que el suicidio lo clasifican en “directo o consciente, indirecto o inconsciente”. En el primero, “la persona decide deliberadamente eliminar su propia vida, haciéndolo a través de una irreversible autoagresión, sin tiempo ni medios para que se pueda dejar la acción sin efecto”.

En el acto del segundo tipo, inconsciente, la persona, dominada por una profunda tristeza (depresión), se va abatiendo lentamente, entregándose al desaliento; consume las fuerzas psíquicas y físicas, hasta que el cuerpo, perdida toda la resistencia, no permite más que el alma se mantenga en él, expulsándola de la vida. En esa muerte emocional, la persona se niega a vivir”. ¡Más difícil se hace en este la detección!

Tal se puede advertir, meditando con la quietud debida,  como dejando de lado cualquier parcialización que pueda interferir, sobre esto último que se expone, y demás, sí que podría considerarse como muy intrincada, o insondable la temática  del suicidio; y, en lo particular creemos, que jamás puede ser tratada al margen de la esencia verdadera de la especie, lo espiritual esotérico, con todos sus intríngulis; como, sin contar con el concurso oportuno de orientadores no convencionales autorizados.

Procurar entonces toda “Regresión del Alma” posible, como técnica, y fuente de orientación obvia; e ir hacia atrás de esa forma, en búsqueda de causas antecedentes, que se puedan asociar con determinados comportamientos humanos del presente, y claro, que se adviertan como factibles, siempre será importante, para las prevenciones y ayudas relativas, en términos del combate efectivo, tanto de la depresión base, como de los suicidios mismos.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¡Ojo al Cristo, dominicanos! No más burlas ni patrañas

Ya los políticos del patio tienen “jarto” a este pueblo, hablándole tantas sandeces electoreras, y nada de resolver los grandes problemas nacionales. Ni por asomo, se piensa en ellos.

Su mundo solo está en el año 2020, en busca de la fructífera “piñata” de cada cuatrienio. Los embustes y las demagogias van y vienen por doquier. Los que están, no quieren que les sea quitada la finca que vienen administrando como un patrimonio de su propiedad; viviendo bien, y muertos de risa. Mientras, los que ya fueron desplazados, y hasta obsoletos se les ve, aspiran a volver a lo mismo, bajo la norma del “quítate tú para ponerme yo”.

Los nuevos que andan detrás de engancharse también al jugoso negocio estatal, solos, o acompañando a cualquiera de los dos “caciques morados” que están sobre el tapete, son iguales “sandeceros”, que nada tienen que ofrecer al país, que no sean falsas promesas.

Y, es obvio que, ante la cruda y delicada realidad nacional, lo que esta República necesita es de un verdadero estadista, defensor de su soberanía, como de un real crecimiento económico y desarrollo – nada del bobo embaucador acostumbrado -. También, de sus símbolos y valores propios. ¡Qué la dirija como se debe! Pero, este no se avizora de momento. ¡Lamentablemente!

Por consiguiente, hay que subirles los vidrios a cuánto hasta ahora se ve: “lobos, vestidos de mansas ovejas”, con el concurso sostenido de bocinas pagadas, y lambones “en cantidades industriales”, diciendo de ellos, los que quieren alzarse con el poder, las cosas que esos no son capaces de decir por sí mismos.

De lo contrario, a la nación se la acabará de llevar el diablo, como se dice popularmente. Buenos espejos para verse, y prever, están bien de frente: Venezuela, Puerto Rico, y Haití, entre otros. Se podría ser el próximo escenario deprimente en estos momentos de intranquilidades estatales en América Latina, de no tomarse las debidas notas. ¡A concienciarse todos entonces aquí!

Importante: no dejarse confundir con los discursos embaucadores de todos estos “chacharosos” politiqueros, busca poder para ellos y sus grupos, como atrapa cheles por demás. Y, en adición, procurando el solapamiento, o tapadera, impunidad, cuando no la lenidad judicial necesaria, por las tropelías innúmeras, y connotados actos de corrupción en los que han incurrido. Tampoco, ir a sufragar en las urnas, a cambio de “un pica pollo”, RD$500, y un pote de romo, como de ordinario se les ofrece a los eventuales votantes en la mira.

¡Habrá que cerrar el país, y botar las llaves!

¡Aquí no hay quien resuelva nada! Penosa esa percepción casi generalizada entre los dominicanos. Se cree que toda esperanza está perdida. La conclusión más rápida a la que se arriba, es el pensar lastimero que encabeza.

Es lo que ocurre, cuando los observadores imparciales reparan en la deprimente cruda realidad nacional, plagada no cabe duda, de carencias sociales innúmeras, y degeneración extrema en todos los órdenes, empezando por la célula primaria de toda sociedad: la familia. Nada se escapa; ni siquiera el arte.

Muy buen ejemplo relativo al conjunto de males lacerantes, lo fue ese último del certamen: entrega “Premios Soberanos 2019”. ¿Qué se galardonó, con principalía? ¡Tremendo estímulo al cultivo del arte nacional! Con sobrada razón entienden muchos jóvenes en este país, “que la música clásica es cosa de muertos; y que estar escuchando la misma, es perder tiempo”.

Además, se tienen, la marcada inseguridad ciudadana que se respira por doquier; corrupción a todos los niveles; impunidad judicial alarmante; criminalidad, drogas a granel. Y, en adición, para completar el “lúgubre” escenario presente, sirviendo el país de “paraíso” a connotados delincuentes internacionales altamente conocidos, como a otros de baja monta, que también llegan, según las noticias que corren a todo lo ancho de la geografía local.

Y, mientras las cosas en esta República, que ya tantos consideran como un Estado fallido, “siguen viento en popa”, como reza una frase popular, aunque yendo hacia atrás cada vez el “Chapulín Colorado” que solucione, no aparece por parte; ni siquiera se avizora en lontananza.

En cambio, los políticos del “solar” solo tienen la mirada puesta en el proceso electoral del año 2020; el pleito entre los caciques morados (Leonel y Danilo); las primarias abiertas, semi, o cerradas; los cuartos para cubrir los costos del nuevo invento; y, las automatizaciones a que se aspira con relación al certamen cívico de cada cuatrienio, entre otras cosas. Además, la “píldora calmante envenenada” de la reelección presidencial, vendida a los “impensantes” como la panacea, y el nuevo traje necesario para la Constitución de la República.

La verdad es que, no hay esperanza enmendatoria sobre nada en particular que se pueda cifrar en esta nación, y menos a través de votos en las urnas, acción ciudadana sobre la que se articulan diversas trampas, que son de amplio conocimiento público, por parte de los sectores hegemónicos gravitantes en el país, buscando que jamás se les desplace del poder político directo; y, el soterrado después, las reciprocidades a los sectores participantes, por patrocinar la instauración de los gobiernos que de ordinario se tienen.

Ya aquí no se puede estar hablando de democracia representativa; hay que cambiar ese CD. Entonces, qué otra solución se puede dar, con un pueblo “desconcientizado” totalmente, solo a la espera de que aparezcan las limosnas y las dádivas que salen de las manos de todos estos políticos demagogos y desaprensivos, como atrapa cheles, que nada más se preocupan por lo de ellos, sin importarles un bledo, que a la gente en esta nación se la acabe de llevar el diablo, como se dice.

En ese sentido, sería un régimen de fuerza, de esos que no necesitan de sufragios ciudadanos, ni de patrocinios comprometedores; o, cerrar el país, ya en última instancia, dejando en él a los mandamases que lo tienen como una finca de su propiedad.

Se debe repetir hasta la saciedad, que se vive en esta República, con:   corrupción, impunidad, inflación galopante, inseguridad ciudadana – ya no se puede salir a las calles ni en horas del día, como tampoco de la noche -: degeneración social amplia, penetración cultural sin límites (nuevo se tiene, la enseñanza de la “Cultura del Hip Hop”, a jóvenes dominicanos, originada en el Bronx y Harlem,  Nueva York, USA, 1970; hay que imaginarse los contenidos. Fuente: Wikipedia, en la Internet); abusos impositivos, caos en el transporte público de pasajeros, irrespetos viales a granel; y, falta de autoridad innegable, etc., etc., entre otros flagelos de consideración.

Y, ahora es que la Republica se va a poner peor, con la nueva receta recomendada por la misión del Fondo Monetario Internacional (FMI), que estuvo visitándonos en estos días, a los fines de evitar que la peligrosa hipoteca endeudatoria con el exterior continúe, a través de los empréstitos que se han venido concertando alegremente, y cuyos recursos recibidos en realidad no se sabe dónde han ido a parar; en qué bienes estatales permanentes de servicios se han invertido.

La ampliación de la base impositiva, entre otros regalos para la población, se hace necesaria, según esos tecnócratas, títeres de los ricos del mundo, en su gran mayoría. ¡Más tributos! Aquí se tendrá que pagar impuesto hasta por el aire que se respire. Cuando no, por caminar sobre las aceras, justificándole como compensación por el concreto que se gaste al ir pisándolo.

Y, la gran pregunta que asalta en ese sentido es, ¿qué se hará después con el recaudo de los mismos, seguir haciendo más políticos ricos, como ha sido la norma? Otra, impedirá una tributación más amplia el coger más cuartos prestados en el exterior. Y, una tercera sobre algo que ya está. ¿en cuántos países del mundo habrá que pagar un impuesto por los cheles que la gente pueda ahorrar, para poder cubrir los gastos de la vejez, frente a los desamparos estatales que se puedan verificar? ¡Monstruoso eso!, ‘verdad?

Además, está de por medio el eventual “tablazo” en contra de la clase trabajadora nacional, dentro de las maniobras que se procura llevar a efecto para la modificación del “Código Laboral: la eliminación de la cesantía laboral. Y claro, los empleadores ricos se están riendo con las muelas de atrás.  En adición, se tiene el aperitivo previo de también llevarse de encuentro el Instituto Dominicano de Seguros Sociales (IDSS).  ¡Es pa’ lante que vamos!

Ilustrativo titular periodístico: “Las centrales sindicales se retiran del diálogo; alegan cesantía peligra”. Y Claro, anuncian plan de lucha en oposición a esas intenciones desaprensivas, aunque se les quiera solapar con algo sustitutivo. (“Diario Libre”, del 29-3-19).

Luego, de más está decir que, hasta la belleza cansa, como está demostrado. Los hartazgos y las desesperanzas ya han tocado fondo entre los dominicanos Entonces, por qué esperar más, para procurar los cambios debidos, cabría preguntarle a este adormecido pueblo.

Se reacciona como se debe, para reclamar los correctivos de lugar; las reivindicaciones ya obligadas; como, los derechos que asisten a toda esta maltratada sociedad, burlada y marginada por los políticos que han estado dirigiendo el Estado nacional durante los últimos lustros; o, habrá que cerrar el país, y botar las llaves bien lejos, para jamás regresar a él.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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