Es más barato, y menos riesgoso, prevenir los embarazos indeseados

 

El intrincado asunto del aborto femenino ha vuelto a estar  de nuevo sobre el tapete en nuestro país. Ese ha sido uno de los temas más “zarandeados y cacareados” a nivel de la opinión pública nuestra durante los últimos tiempos. En las ponencias y discusiones inherentes participan siempre renombrados profesionales de la salud, como especialistas connotados en el área de que se trata,  y otros.

 

Nunca falta en adición, el sector de las iglesias en las ponencias llevadas a cabo. Además, intervienen autoridades y congresistas locales, que de eso no saben ni un “pelo”. También, una serie de comunicadores, al igual que gente del populacho, como se dice, sin ningún tipo de conocimientos médicos-científicos, y menos de carácter esotérico-espiritual, que deben ser de bastante ponderación en ese marco, fungiendo a veces como gallaretas pagadas y nada más.

 

De similar manera, forman parte del coro social relativo muchas de las connotadas feministas de nuevo cuño que promueven la legalización de tal práctica; de esas alienadas que integran las cajas de resonancia locales de los injerencistas internacionales en la materia, que vienen tratando de lograr ese objetivo desde hace tiempo.

 

Verbigracia: “ONU pide derogar prohibición aborto”. “Expertos ven graves retrocesos en perjuicio de la mujeres y las niñas”. “Exhortamos a las autoridades dominicanas a derogar las disposiciones legales restrictivas sobre el aborto, especialmente en los casos de riesgo de salud, incluida la salud mental, de…..” (“Diario Libre del 28-7-16, página 21). ¡Por ahí van las locales inducidas!

 

Sí, aquellas que tratan de inducir a las de su mismo sexo, o preferencias asociadas, para que también tengan actividad sexual alegre sin querer parir luego, haciendo caso omiso al refrán aquel que reza: “todo el que anda en la miel algo se le pega”. Y es claro que, en ese sentido los riesgos siempre estarán presentes.

 

La verdad es que, esa es una cuestión que se reporta bastante gorda por las naturalezas que envuelve, tanto social de nuevo cuño (negocio, esnobismo e ignorancia); humana (concepción de preferencia entre la vida de la mujer y la criatura en gestación que se alude); y, espiritual esoterista propiamente (por su connotación en términos de la naturaleza esencial de la especie).

 

De ahí que, será muy difícil que se pueda arribar al tan esperado consenso aprobatorio de la liberalidad propuesta, en cuanto a la prohibición punitiva a que aspiran algunos segmentos nacionales, y los extranjeros injerencistas que participan; o, la permisividad a las feministas, como el libre ejercicio facultativo, con respecto a segar el inicio de algunas corrientes de vida en embrión o cigoto unicelular.

 

Según dice un contado galeno pediatra: “Afortunadamente, ya nadie pone en dudas, que los más recientes avances de la Citología, la Genética y la Biología Molecular, han puesto de manifiesto que el comienzo de la vida humana ocurre en la concepción; es decir, cuando el óvulo de una mujer es fecundado por el espermatozoide de un hombre” . ¡Ahí está todo dicho!; que no es cuestión de inventos la prohibición debida de los abortos.

 

Claro está que, mucho más inmanejable en el marco de la mente humana se hacen los tópicos de ese calibre, cuando tienen que ser legislados, y refrendados a nivel de ambas Cámaras, en un Congreso Nacional como el nuestro, que más bien opera tal una extensión más del Poder Ejecutivo,  que es el receptor directo de las presiones internacionales inherentes en este caso.

 

Evidentemente, ayudan muy poco a decidir en las disyuntivas de esa clase, salas congresuales que, es innegable,  están compuestas por una serie de senadores y diputados carentes de la capacidad mínima requerida en la mayoría de los casos, y que nada más se reportan como levanta manos, come cheques, y “aprobadores” de beneficios en provecho propio. “¡Ese tema tiene una fragancia muy elevada”!

 

Un primer poder del Estado nacional aquí- Legislativo -, con tan gran responsabilidad inherente sobre sus hombros, debería procurar el concurso de profesionales destacados en la materia, como lo es el médico pediatra Freddy Contín,  entre otros, que preparó y publicó un excelente trabajo relativo, en el periódico “Listín Diario”, edición del 26-7-16, páginas 8 y 9ª, bajo el título “ASPECTOS MÉDICOS SOBRE EL ABORTO”, antes de inclinarse a tomar decisiones solo para complacer a grupos y sectores interesados. ¡No hay desperdicios en ese valioso aporte!

 

Siempre ha sido, y aún lo es, que a nada finalmente consensuado, que reporte reales beneficios sociales en el orden de lo que se trata, se va a lograr, en razón de los tantos intereses médicos, comerciales, y políticos que gravitan sobre la temática.

 

Es obvio que, seguirá siempre manejándose ese asunto de comisión en comisión, y puesto en agendas de trabajo, para seguir dándole larga a la cuestión hasta el cansancio. Ahora se plantea, y claro, para diferir el problema se cree, que el tema del aborto tenga su propia ley, dados los inconvenientes que envuelve”. (César Pina Toribio, consultor Jurídico del Poder Ejecutivo).

 

Resulta lógico entender que, desde el punto de vista médico-autoridades, eso (aborto, su  penalización y demás) debe quedarse tal cual ha estado desde hace un tiempo considerable,  incluso con anterioridad a 1997,  en que el proyecto primario de  modificación al Código Penal que fuera sometido por el expresidente Leonel Fernández, en el cual entendemos permanecería intacta la prohibición que ahora se está pretendiendo eliminar.

 

Eso, en virtud de que, todas las disposiciones que se entendieron pertinentes otrora, contenidas aún en la referida pieza legal, que fuera discutida y aprobada cuando esta nación podía contar con congresistas de fuste, sin presiones injerencistas externas, hombres que sabían cuánto les correspondía aportar, y procedían a hacerlo. Además, son cosas que tienen su base en la misma Constitución de la República, cuando establece en su Artículo 37: “Derecho a la vida. El derecho a la vida es inviolable desde la concepción hasta la muerte. No podrá establecerse, pronunciarse ni aplicarse, en ningún caso, la pena de muerte”.

 

Incluso, los mismos protocolos médicos vigentes relativos a ese tipo de práctica que se tienen, deberían ser fortalecidos con la introducción de nuevos aspectos restrictivos, y elementos directos de control, como por ejemplo: la permisividad del procedimiento señalado solo en la condición de las circunstancias excepcionales que obliguen, tienen que estar sujetas a pruebas por parte de las comisiones especiales que al efecto tenga a bien designar el Ministerio de Salud Pública, a los fines de supervisión.

 

¡Difícil tarea esa!, ¿verdad?  ¡Contradecir a un colega, si fuera necesario!  Es obvio que, dificulta más aún la decisión de aprobar el aborto. Pero, sería una manera de contrarrestar un poco las decisiones alegres, y lucrativas por demás, pues algunos  designados oficiales osarían por aquilatar determinados casos, y proceder en consecuencia.

 

Para proseguir con este intrincado problema, preciso es destacar que, cuando se aborda la despenalización de la práctica del aborto, se hace mención con preferencia a los elementos de corte legal, sociales y políticos  correspondientes, obviándose de ordinario en realidad, por hablarse poco, sobre un factor  que probablemente sea el de mayor importancia, por pertenecer al actor más relevante  dentro de aquel tan cuestionado proceso médico: la mujer.

 

Nos referimos a la falta de concienciación femenina, en torno a eliminar del interior del cuerpo de la dama, la nueva vida en gestación que se tiene, para lo cual está siendo utilizado su organismo físico-biológico; y, violentando además un mandato divino a cargo: la co-creación con el Gran Hacedor del Universo; incurriendo en un homicidio voluntario; dejando de lado los efectos derivados en  contra de la salud física, estado emocional, y kármico que se acarrea, cuando se es sometida a tal procedimiento.

 

Con bastante claridad son detallados los concernientes a la primera por el doctor Freddy Contín, en el trabajo de referencia, por lo que tantas abortistas tozudas que se tienen, como alienadas, deberían procurarlo, leerlo, y  reflexionar sosegadamente sobre las precisiones que hace el connotado galeno, para que luego no estén alegando ignorancia. Los del karma tienen que ser investigados en el ámbito esotérico. Corresponden más bien a la “Ley de Causa y Efecto”. ¡Luego se recogerá por lo sembrado en esa línea!

 

Finalmente,  y en correspondencia con lo expuesto más arriba, todas las féminas con proclividad a abortar, deben hacerse antes la siguiente pregunta, ¿qué es mejor, prevenir los embarazos indeseados, o tener que “botar luego la barriga”?, como se dice popularmente.

 

¡La respuesta está contenida en el titular que encabeza, según nuestra humilde opinión!

 

Rolando Fernández

¡Yo soy original!; no una copia al carbón de lo que la sociedad impone

 

Dentro de los círculos esotéricos es altamente conocido, y de  consenso casi generalizado, que todos los seres humanos ingresamos al planeta Tierra con una corriente de vida previamente diseñada, y cronometrada en términos de durabilidad, hasta un día y momento, específicos, en los que habrá de concluir de manera inexorable el transitorio viaje terrenal, iniciado bajo  un signo zodiacal determinado, por la vibraciones que éste pueda aportar, a los fines de que se cumpla con los propósitos envueltos en la misión, dharma personal, entre otras cosas.

 

Se entiende que, tal programación obedece principalmente a: manifestación espiritual divina que llevar a cabo, por una parte; y, carga kármica que conquistar, producto de causas sembradas con anterioridad, respecto de la evolución del Alma encarnada a cargo, por la otra.

 

El “dharma”, palabra que en sánscrito significa “propósito en la vida”, trae consigo las características individuales correspondientes, facultades físicas, emocionales y mentales, con las que se habrá de contar en las actuaciones a seguir en todo momento. ¡Siempre acordes!

 

Es por ello que, resulta muy difícil el que una persona cualquiera pueda cambiar su forma de ser, por más que lo intente ella misma; o por meras inducciones de otro; como también, procedentes de grupos cualesquiera, igual que de la sociedad misma en general; a menos que, opte por convertirse en un hipócrita, para que no se le censure,  y se les respete

 

Hay una máxima pueblerina que bien retrata esa consideración, y es aquella que dice, “cada cual es como Dios lo hace”. ¡Muy poco o nada, es lo que se puede inventar!  Aceptarnos a nosotros mismos tal cuales somos, y hacerlo de igual forma con los demás, es la decisión humana más inteligente en ese sentido.

 

El tema viene a  colación, a raíz de una serie de confesiones personales, que durante un extenso conversatorio  nos hiciera un caro amigo, en cuanto a su forma muy particular de ser, buscando respuestas a una serie de inquietudes, que a su decir, le restan en parte sosiego a su vida, motivado en la apreciación con respecto a nosotros, de ser una persona muy inquieta e investigadora, que siempre anda en busca de saber el porqué de las cosas. Era parte del propósito.

 

Con su aquiescencia, claro está, y tomando en consideración cuán importante resultan sus aseveraciones, en términos de un comportamiento humano especial, que no sólo se da su caso, sino que podría ser asociado con el de otros congéneres, nos permitimos resumir lo escuchado de él, para hacer pública su autodescripción, en el entendido de que, podía  resultar de utilidad para un sin número de lectores con características similares a las expresadas, probablemente, también muy inquietos por la forma propia de ser.

 

Fueron más o menos así sus extensas palabras, luego de una pequeña introducción al tema, que inició en los mismos términos del título que ahora utilizamos aquí para encabezar.

 

Nosotros mismos, como persona, a veces nos preguntamos, ¿por qué somos así: gente tan psicorrígida y perfeccionista en muchos casos; y sin embargo, extremadamente flexible y humilde en otros?  Sentir, por ejemplo, que todas las personas somos iguales, y actuar en consecuencia; que nada es bueno ni malo, sino que todo obra para bien, son otras de las inquietudes que nos asaltan. También, el preocuparnos por los demás, más que por sí mismo.  Por otro lado, no tener ningún tipo de apego hacia las cosas materiales.  Y a veces, “hasta triste, sin saber porqué motivo”, como dice una vieja canción.

 

Siempre estamos prestos a servir,  a colaborar con todos los demás congéneres, como con las especies inferiores que también habitan sobre el planeta Tierra, los animales.

 

Difícil de adherimos a convencionalismo alguno, esnobismos sociales, o de carácter mercadológico. Sí interesado y abierto hacia las temáticas de profundo contenido; a las cosas que poco trascienden, y que son de muy baja aceptación cuando eso ocurre. No nos gustan los conversatorios baladíes, por lo que, siempre que podemos, tratamos de desecharlos. Tenemos la impresión de es una energía que en vano se invierte.

 

Esas, entre otras cosas, como nunca querer aparentar nada, ni llamar la atención ante los demás, aun cuando podamos reunir las condiciones para ostentar.  Y, no creemos que sea complejo, como tampoco timidez alguna, que normalmente proviene de los elogios inmerecidos, que satisfacen al ego;  pero,  que inquieta el no poder corresponderlos en lo personal.

 

¡Que mezcolanza de actitudes!, ¿verdad?

 

Autopreguntas inquietantes, siempre sin respuestas.  Tampoco creemos poder conseguirla con profesionales de la conducta humana, con algunos de los cuales hemos conversado al respecto, aunque no a manera de consultas propiamente.

 

¿Sugerencia de alguien?, “una regresión”, procedimiento médico auxiliar que no compartimos en lo personal, aun lo consideramos válido, debido a que lo entendemos violatorio, en términos de la privacidad inherente a ese tipo de información sobre vidas anteriores, que así es obtenida por otra persona. ¡Son datos muy individuales humanos, con carácter de privacidad, que se debe respetar!

 

Su conclusión personal: Nos sentimos ser original, aunque bastante inquieto solemos estar, en cuanto a ciertas actitudes que adoptamos en  determinadas situaciones, que realmente aún no logramos entender por completo.

 

Ahora, sí nos sentimos seguros de que no somos “una copia al carbón”, como se dice popularmente, de los convencionalismos y aprestos de carácter social influyentes; de los patrones conductuales que se procura  imponerle a la gente.

 

El tratar de proceder siempre acorde a  nuestra forma de ser, nos hace sentir bien, aunque a veces no sea del agrado de los demás.  Como respuestas a las consultas internas que en ocasiones intentamos realizar, siempre recibimos sensaciones que percibimos como alentadoras, y de reconforte inductor para continuar así.

 

Finalmente nos dijo, si alguien se preguntara el porqué osar exteriorizarnos contigo  sobre el tema, en procura además  que, de ser posible, hagas del conocimiento publico esta narración a través de alguno de los medios para los que escribes, con la reserva de lugar – segundo propósito -, la respuesta más apropiada sería: no consideramos que sólo nosotros somos así; sino que, puede haber mucha gente en esa situación personal interrogativa, probablemente, con menos conocimientos que nosotros ambos sobre asuntos esotéricos, que es el único ámbito en que se podrían encontrar algunas respuestas concretas.

 

Gente que también anhela satisfacer inquietudes sobre algunos comportamientos singulares que observan; y que, lo aquí expuesto, podría servirle de guía indagatoria, o aguijón de búsqueda, como dirían algunos. Cuando no, a los mismos profesionales de la conducta humana, para fines de estudios y consideración.

 

¡Muy valederas esas apreciaciones finales suyas!, cuya intención compartimos. Además, entendemos  muy digno de reflexión todo lo expresado por el amigo, debido a lo cual nos inclinamos  por preparar, e intentar hacer la publicación correspondiente, luego de una pequeña introducción sustentatoria nuestra, redactada  en los mismos términos y consideraciones propias que a él explicáramos, y hasta donde los humildes conocimientos esotéricos logrados nos permiten hacerlo.

 

 

 

Autor: Rolando Fernández

Necesidad de otro partido político nacional: PDI

 

Es obvio que, ante la “diarrea de partiduchos” que se tienen en este país, a través de los cuales solo se procuran las “picotas” monetarias que les otorga graciosamente la Junta Central Electoral (JCE), por ley, para hacer ricos a unos cuantos, y costearles sus francachelas electorales; como, el descalabro fehaciente de las otrora llamadas organizaciones mayoritarias del género, frustrantes por demás, se hace necesaria ya la creación urgente de una nueva organización política, que bien podría llamarse: “Partido de los Dominicanos  Inconformes” (PDI).

 

Todo luce indicar que, sería el de mayor simpatía a demostrar, y probable militancia partidarista local, compuestas en ambos casos,  por todos aquellos dominicanos que se sientan engañados, mofados y burlados hasta el momento, circunstancias que de hecho se han producido, los cuales se decidan por abrir los ojos, y les asalte un súbito despertar nacionalista, como un deseo fervoroso por cambiar la dolorosa página del destino que se les ha impuesto.

 

Que se inclinen por desplazar del poder a cuántos vividores, desaprensivos, y ladrones de cuello blanco, impunes siempre, les han venido gobernando desde hace décadas, desfalcando el erario público, como vendiendo e hipotecándoles su país; dejándoles tremendo lío – problema sin aparente solución – a las generaciones venideras.

 

Claro, la institución partidarista requerida, sería para ir en busca del poder, con propósitos muy distintos a los comunes, y a los fines de procurar el logro de las reivindicaciones debidas, obligadas ya.

 

Por tanto, el PDI tendría que estar encabezado y dirigido por verdaderos hombres patriotas; ciudadanos con conciencia nacionalista, imposibles de alienar; no blandengues, patrocinados y asalariados ordinarios, de esos que se ha se ha venido gastando el país últimamente; individuos que sepan cómo mandar al carajo a los injerencistas extranjeros que vienen entrometiéndose en nuestros asuntos internos de toda índole; transculturizando a muchos nacionales; y, fungiendo a la vez como “condones” de intereses grupales foráneos,  con el concurso de los títeres evidentes que se tienen en esta nación.

 

Parte de la gran misión sería: sacar de la palestra pública a toda esta gentuza, en su mayoría, gravitante en las grandes y asfixiantes problemáticas nacionales, que vienen llevando hacia el abismo a este país; y en el que, un sinnúmero ya  de sus instituciones se encuentran permeadas por las drogas, en términos de narcotráfico y consumo, como la corrupción estatal rampante, amén de la mala administración de la cosa pública, que desde aquellas se viene llevando a efecto.

 

El PDI tiene que llegar a ser muy pronto una realidad concreta entre los dominicanos; pues de lo contrario, todo seguirá de mal en peor en esta nación, con el aumento innegable de la delincuencia y la criminalidad reinantes; que claro está, fomentan en gran medida la inseguridad ciudadana.

 

Pero además, está de por medio, el combatir la tan apetecida unión de los dos Estados que conforman la isla, por parte de los poderes extranjeros envueltos, después que saquearon y destruyeron el lado oeste – Haití – , y que desde hace años vienen procurando endosarlo a Dominicana, donde ese proyecto ha encontrado bastantes cajas de resonancia afectas, y otras subvencionadas.

 

Innegablemente, de producirse esa “juntura” impropia, por diferentes razones, entonces sí que el diablo se habrá de llevar a los dominicanos, al tener que hacerse cargo también de los grandes problemas económicos, políticos y sociales de aquel país hermano, en desbandada. ¡Que regresen los destructores, ahora en son de reconstruir!

 

Luego, a promover de inmediato la creación y desarrollo del “Partido de los Dominicanos Inconformes” (PDI), para que se emprendan las acciones enmendatorias en favor de todos sus simpatizantes, y miembros, la gran masa engañada, robada, y estrangulada con las injustas medidas impositivas de estilo, entre otras cosas, al igual que del país en sentido general.

 

Además, enfrentar los osados intentos de unir los dos Estados que conforman la isla, en un afán muy notable, atribuible a algunos poderosos en ultramar, beneficiarios otrora de los recursos de aquel litoral caribeño, que después han querido venir a sobrecargar con las deficiencias dejadas allí, y sin reparo alguno,  a los creídos pendejos nacionales del lado oriental.

 

 

: Rolando Fernández

 

¡Cuántas sandeces a granel!

 

 

La verdad es que, uno de los refranes pueblerinos de esos que tienen una mayor significación comprobatoria, es aquel que reza: “En el país de los ciegos el tuerto es rey”.

 

Para comprobarlo entre nosotros, solo hay que perder un poco de tiempo escuchando algunos programas que se dicen de análisis y comentarios en la radio nacional; o, sentado frente a la pantalla chica, y así salir de toda duda.

 

Aquí hay gente que se cree saber de todo; que consideran pueden opinar sobre lo que sea, sin rubor alguno. Son politólogos, economistas, sociólogos, historiadores, teólogos, etc., etc. Y ocurre que, quien  sabe de muchas cosas un “chin”, en realidad muy poco sabe sobre todas. Mejor sería que esas personas se callaran;  o, que se inclinara cada cual, por un determinado asunto temático solamente.

 

Lo peor es que, hablan esos osados con unos ímpetus, y unos allantes de sapiencia aparente, que cualquier persona poco versada en las cuestiones que abordan – los ciegos – les creen ser lo suficientemente duchos con respecto a cuánto tratan, cuando en verdad no es así. ¡Son nada más cuadre y cachucha!, como se dice.

 

Claro, de eso  solo se dan cuenta los que están del otro lado, y que tienen la capacidad necesaria para aquilatar los análisis y los comentarios que hacen los tuertos; aquellos oyentes con los que muchas veces no se cuenta, y que por regular lo que hacen es mofarse de lo seudos analistas y comentaristas que de repente escuchan, incluyendo a algunos interlocutores que participan como entrevistados.

 

Pero llegan tan lejos los tuertos, que en las producciones radiales y televisivas que llevan a efecto,  introducen la modalidad burlante de los llamados “interactivos” que participan, que también les hacen en gran parte los programas, los cuales llaman para secundar criterios, o emitir comentarios de respaldo a ciertas posiciones planteadas.

 

Son normalmente esas, personas que denotan no tener nada que hacer – vagas -, que no evidencian preparación alguna; que ni siquiera saben  cómo expresarse en la mayoría de los casos; que llaman para hablar disparates, para hacer el  juego, y no más.

 

Se identifican incluso como conocidas de los productores, y dejan entrever sutilmente, que para eso se les busca, y se les “boronea”; siendo muy lógico que así se entienda, ya que nadie con ocupaciones, y personalidad se va a poner a estar llamando a los programas de ese tipo para estar hablando sandeces.

 

Eso tiene su gente,  que es la que ofrece el concurso a los tuertos para que produzcan programas disparatados, “allantosos”, y que muchas veces son utilizados como cajas de resonancia de determinados intereses nacionales económicos y políticos, para atraer y alienar  a los tantos ciegos que aquí se tienen. Y claro, procurar prestigio ante la sociedad local, algunos pseudos comunicadores y periodistas actuantes.

 

¡Se verifica aquí por completo el refrán de referencia!

 

Rolando Fernández

Economía global versus Voluntad Divina

 

 

Según ha dicho la envalentonada dama Christine Lagarde, “jovencita ella” directora el Fondo Monetario Internacional (FMI), “los ancianos viven demasiado”. ¡Bárbara!

 

En el mismo contexto de esa irreflexiva concepción con respecto a sus congéneres mayores, también expresó, “el aumento de longevidad representa un riesgo para la economía global”. ¡Osadas palabras!

 

Según señalara el señor Federico Henríquez Gratereaux, en un artículo que escribiera al respecto, intitulado “Petición de suicidio” (periódico “HOY”, del 4-7-16), “El ministro japonés de Finanzas, Taro Aso, declaró tres años atrás, que los ancianos “deben darse prisa en morir” para aliviar los gastos del Estado”. ¡Otro “apretado”!

 

Indiscutiblemente, ambos personajes andan por misma línea, estando ambos pareceres expuestos asociados con que: los viejos no producen, nada más consumen, representando una carga económica, tanto a nivel público como privado. ¡Qué se vayan rápido!

 

Se podría entender como valedero hasta cierto punto el que así se considere, desde la óptica del momento presente, y visto sin reparo alguno. Ahora, ponderando bien esa concepción, el criterio financiero esgrimido es totalmente injusto, a partir de lo propiamente humano, como de lo recriprocatorio que procede, ya que los ancianos sí que antes aportaron en todos los órdenes, quizás con rarísimas excepciones, por lo que durante sus años últimos deben recibir lo merecido.

 

Además, muchos podrían continuar haciéndolo en las postrimerías de sus existencias físicas, aun sea en términos de las sapiencias acumuladas a consultar, que la mayoría de las veces enseñan más que el manejo de los propios números fríos  estudiados, y que las aéreas teorías económicas planteadas de ordinario.

 

El aspirar a que los viejos se suiciden, o se mueran rápido, para liberarse de las cargas financieras inherentes, es una actitud desaprensiva claro está, pero quizás no es lo más censurable o criticable. Eso algo que bien se podría entender como un pensar más dentro del contexto del egoísmo humano, que siempre ha existido.

 

Y que, según dice un connotado autor, de los precursores  en asuntos espirituales, sino el  primero, “es de todas las imperfecciones humanas, la más difícil de desarraigar, porque se deriva de la influencia de la materia, que está aún próximo a su origen,………”

 

Además, también se dice que la misma acompaña a los hombres, como arrastre desde el nivel de evolución inmediatamente inferior de la especie; como vestigio no superado aún por completo del llamado “egoísmo instintivo” con que la Madre Naturaleza dotó al reino animal, como herramienta para “su auto preservación y multiplicación” ¡Una muestra más, en cuanto a que desde ahí venimos los humanos!

 

El otro aspecto que, sí no sería osado asegurar, se reporta como de repulsa “acre” en forma directa, es el de orden espiritual, que está en la base de la verdadera esencia innegable de la especie humana. Somos seres espirituales con un revestimiento carnal, composición que tan desacertado planteamiento pretende dejar de lado, y violentar su tránsito terreno escolar. ¡Cuánta inconsciencia!

 

Esos dos personajes, que de seguro saben tanto de economía y finanza, han puesto claramente en evidencia que ignoran quienes en realidad son ellos; que el privilegio de las existencias físicas que cursan, como las de todos los hombres (general) obedecen a un prediseño de orden divino, que incluye un tiempo cronológico de estadía sobre el planeta Tierra, ¡y que nadie debajo del Sol está en capacidad oponerse a eso!

 

Que toda entidad Alma-espíritu que encarna en el plano de la materia física densa, lo hace con un propósito evolutivo, y un sendero acorde trazado que recorrer; que se va del mismo, el día e instante precisos en que le corresponda partir; incluso, por la razón que sea, no necesariamente una enfermedad somática, que es una de las condiciones programadas; es por cualquier causa que provoque el despido obligado. “Nadie se muere la víspera, decían los de antaño”.

 

¡Qué apunten para otro lado esos “magnates”! ¡Qué busquen cuartos para los viejos, al igual que lo hacen para otras cosas! ¡Ellos también aportaron antes para la economía global!

 

Autor: Rolando Fernández

 

¡Esperanza inútil la de este pueblo!

 

Con el escenario político que se está viviendo en Dominicana, con todos los poderes en manos de un solo grupo hegemónico, repleto de gente en su mayoría egotista, prepotente y avara, que desde hace ya algunos años viene administrando los destinos del país como si fuera una finca de su propiedad – los referentes están de sobra -, sin nadie que se oponga, o al menos trate de controlarle, el estar pensando aquí en real desarrollo y el bienestar social inherente es una gran ilusión. Toda esperanza que se pueda abrigar en tal sentido resultará frustrada.

 

Todos estos políticos de nuevo cuño se han venido repartiendo la piñata del Estado nacional sin rubor alguno: Ejecutivo, Congreso, Judicial, y Alcaldías. Y, si es que sobran algunas migajas del pudín a repartir, las dejan caer de la mesa, para que los “limpia sacos”, y los vendidos “opositores”, las recojan.

 

Hasta que aquí no haya un gobierno, cual que sea, con una fuerte oposición de contrapeso social, compuesta por hombres en verdad nacionalistas, no alienados, ni comprometidos con intereses grupales; como, la separación real de los tres poderes estatales que conforman todo sistema democrático representativo, sin narigoneos desde el Ejecutivo hacia los dos otros, este pueblo puede esperar muy poco, si acaso algo logra.

 

Ahora, y para completar la desesperanza, algunos sectores nacionales con peso específico, han retomado de nuevo el “can de la bendita Ley de Partidos Políticos”, para que en definitiva se acabe de legislar con respecto a la misma, y se apruebe finalmente.

 

No se sabe en verdad qué gran utilidad se obtendría con dicha pieza legal, ya que es obvio entender, sería un traje a la medida de esas organizaciones, confeccionado por los pseudos representantes de la sociedad nuestra pertenecientes a esas entidades, destacados en el Congreso Nacional, los cuales no van a “afilar cuchilla para su propia garganta”, como reza un refrán popular.

 

Nadie puede perder de vista que son políticos, o politiqueros más  bien, busca ventajas, y prebendas múltiples,  que solo van a ir en pos de mayores beneficios para esos negocios solapados, incontrolables, hoy denominados “partidos políticos”.

 

Y que, en las presentes circunstancias, por la composición actual de ambas cámaras legislativas, cuyos miembros son adeptos prácticamente por completo al Poder Ejecutivo, habría que llamarle a dicha normativa, la “Ley Morada”, contentiva de subterfugios interpretativos muy bien elaborados,  aplicables según soplen los vientos gobernantes en determinados momentos. ¡Esperamos que se entienda bien el mensaje!

 

Es indiscutible que, si las cosas se fueran a hacer como Dios manda, en verdad se torna bastante cuesta arriba el legislar y aprobar una normativa legal, mediante la cual se pueda ejercer   supervisión, “control severo”, y fiscalización oportuna sobre sí mismos, que es lo que se entiende debería quedar estipulado, sin marrullerías beneficiosas, en la Ley de Partidos Políticos para Dominicana. ¿Cómo hacerlo que resulte objetiva, y que su aplicación en realidad valga la pena?

 

Es bien difícil la tarea, con la participación obligada de los políticos que se gasta este país, que siempre ven el ejercicio de esa disciplina como el gran negocio de fácil rentabilidad al que hay que engancharse, no pensando en lo socialmente beneficioso para la nación, como tampoco en toda su gente, en la ciudadanía generalizada.

 

Es por lo expresado que, la labor principal reflexiva debe ser, no el que se apruebe dicha normativa, sino la forma imparcial, y la conciencia ciudadana con que se debe preparar; que tampoco sea de manera precipitada, para que después no se esté alegando prisa, cuando algunas cosas no resulten.

 

Aquí tenemos profesionales del área jurídica muy capacitados, incluyendo a politólogos duchos, personas independientes, que bien pueden aportar alternativas de solución para tales fines.

 

¡Qué se consulte a cuántos de esos sea posible!, para procurar hacerlo a través de un mecanismo institucional que se muestre confiable.

 

 

Autor: Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

 

¡Eso es perder tiempo y dinero!

 

Con tales inventos de última: “concienciación y educación de los conductores con la aplicación de la “multa educativa”, y “cambio de horario en la labor de las instituciones públicas, como forma de contribuir a descongestionar y mejorar el tránsito en las calles y avenidas de Santo Domingo y el Distrito Nacional”, no se resuelve ni siquiera parcialmente el caos que se verifica dentro de esa área en este país. (Véase: periódico “HOY”, del 6-6-16)-

 

Dejémonos pues de estar andándonos por las ramas, y pongamos los pies sobre la Tierra. Eso último es lo que nunca se hace; lo que siempre se obvia. Ocurre siempre con la mayor parte de las problemáticas nacionales. Por eso, jamás nada se resuelve.

 

Y quién ha dicho que con ese simple rayado en algunas intersecciones en calles y  avenidas del polígono central de la ciudad de Santo Domingo, se va a educar, como a concienciar a nuestros desaprensivos conductores. ¡No es tan sencillo el remedio que se requiere!

 

Eso de “multas educativas” aquí no funciona. Tal señalización de bloqueo no  es más que otro paño con pasta, de esos que aquí se estilan, ante una “suciedad” tan grande en este caso; y, posiblemente, una forma de darles a ganar dinero a determinados compañeros políticos.

 

El problema del tránsito en esta nación, asociado innegablemente con la inconsciencia ciudadana generalizada, como los apañamientos de orden oficial, requiere de cirugías mayores; de manos fuertes que apliquen las normativas legales vigentes dentro del sector; como, de una férrea voluntad política resolutoria.

 

Y, si no se está en esa disposición enmendatoria, que eliminen todas las señalizaciones y normativas de tráfico existentes, para que las violaciones flagrantes, y las burlas en presencia de las autoridades de puesto,  no se continúen viendo con la frecuencia acostumbrada, como es lo que se observa, por ejemplo, con respecto a las habladoras  recurrentes por  los teléfonos móviles   (en su mayoría, con perfiles de megadivas, damiselas encumbradas, y algunas novias de funcionarios públicos, intocables), como con los jevitos, hijos de papi y mami, que hacen lo que les viene en gana,  estando al frente del volante de un vehículo.

 

Indicaciones organizativas de orden vial, o de tráfico vehicular propiamente, las hay aquí de sobra, y por lo regular no se cumplen, con el  agravante de que, los agentes de la autoridad se hacen los locos ante las violaciones ordinarias, cuando se trata de vehículos de lujo, o con placa oficial.

 

Si van a proceder ahora en contra de las actitudes desaprensivas ciudadanas al momento de conducir un vehículo de motor, tendrá entonces la AMET que hacer lo propuesto: llenado y firma de un volante-formulario, con los datos del conductor y del vehículo, como “multa educativa”, en todas partes. ¡No puede haber excepciones!

 

De otro lado, y relacionado con la misma temática, está ahora sobre el tapete la pantalla del “cambio de horario en la labor de las instituciones públicas del país”. Con esa  disposición tampoco se obtendría resultado alguno entre nosotros, en el tenor de lo que se aspira.

 

Parece ser que no se conoce la idiosincrasia de los dominicanos. Si tienen que entrar a las 9:00 a.m., salen de sus casas a la 8:45 a.m., aunque pasen a formar parte del molote vehicular. ¿Y con los horarios de los colegios,  incidentes también en la problemática, qué pasará? ¿Cómo se manejarán las dos cosas al combinarlas?

 

Aquí, lo que se necesita ya dentro de ese sector, por la profundidad del mal, es concienciar con fortaleza, sin rostros privilegiados en la población infractora; y, exigir los comportamientos debidos ciudadanos, sin distingo alguno.

 

Hay que dejarse de  tantas políticas demagógicas, como de los entretenimientos acostumbrados, para resolver los problemas nacionales. Ir al grano de las cosas, y tratar de “agarrar el toro por los cuernos”, como se dice popularmente. De lo contrario, todos los intentos de enmendar, en el orden que sea, resultarán fallidos.

Rolando Fernández

¿Y cuándo han servido aquí las pruebas nacionales?

 

¡Para hacer muchos negocios sí! Y claro, favorecer a cuántos políticos participan en esos menesteres, incluidos muchos pseudos docentes destacados dentro del sistema educativo nacional, tanto a nivel público, como privado por igual. ¡Ah, también agenciarse gruesas comisiones, los de mayor rango jerárquico!

 

Lo lamentable es que, sea ahora cuando el exministro de Educación, señor Melanio Paredes, reconozca y se incline por criticar esa fehaciente realidad. Dijo: “que esas pruebas no evalúan las competencias de los estudiantes, ni el desempeño de los centros y sus maestros, pero tampoco dicen nada en términos de rendición de cuentas sobre la marcha del sistema educativo”.

 

Agregó más adelante: “los resultados de las pruebas nacionales, ni aprueban ni reprueban a los estudiantes”. Procedería decirle que, quizás si fueran bien manejadas pudieran en realidad aprobar y reprobar; pues, aunque el grueso de los alumnos entre nosotros no sirve, ni tampoco reciben esos la formación académica adecuada, hay algunos que sí; que se preocupan; que buscan capacitarse a cómo dé lugar; constituyen las excepciones siempre presentes.

 

El mal empleo o manejo de esos pretendidos instrumentos de evaluación, es la otra cara nociva de la moneda. Ese es un “secreto” bien conocido entre todas las personas ligadas al área educativa local.  ¡Se comenta en alta, y baja voz!

 

Por eso sorprende ahora lo expuesto en ese tenor por el señor Melanio Paredes, y que se transcribe más arriba. Ese político, y exministro de Educación, parece que está descubriendo el agua de coco en estos momentos.  (Ver: periódico  “Listín Diario”, del 18-6-16, página 12ª).

 

¡Anjá! ¿Y por qué no trató de readecuarlas o eliminarlas, como hoy sostiene, cuando él estuvo al frente de esa entidad gubernamental? Estando fuera si es bueno emitir juicios críticos; decir que no funcionan, pues ya no se puede ser coparticipe del gran negocio, como se entiende lo ha sido para todos los incumbentes de esa cartera, desde que esa práctica de las pruebas nacionales se inició, hasta el presente, probablemente, con muy raras excepciones. ¡Cuánta demagogia!

 

El gran problema de la educación nuestra, en términos de las grandes deficiencias que se reportan en el ámbito de la misma, no es cuestión de pruebas nacionales, inventadas nada más que para solapar  un poco, tanto la politización del área, como las displicencias obvias por parte de las autoridades competentes.

 

También, el ser anuentes a los narigoneos que proceden de algunos organismos internacionales alienantes; y, procurar las complacencias de estilo hacia ésos, en pos de que el país continúe recibiendo donaciones, prebendas, y préstamos, dizque destinados al área, recursos frescos de los que tantos aquí se aprovechan.

 

Décadas atrás, este país se caracterizaba por ser uno con la mejor educación académica a nivel del área del Caribe. Claro, había en ese entonces autoridades internas óptimas para tal propósito, no políticos enganchados a la actividad, come cheques; al igual que, personal docente, y alumnos bien orientados,  supervisados incluso desde sus hogares, como el concurso requerido hacia aquellos que desde fuera trataban de formarles, los profesores. ¡Ya de esas cosas se adolece por completo!

 

Es por ello que, la capacitación escolar, pública como privada, en los niveles básicos requeridos, hoy anda por el suelo en esta nación. Y, con esas pruebas nacionales, por las circunstancias bajo las cuales se imparten, a nadie se le puede evaluar con objetividad absoluta Eso está más que comprobado. ¡Sí permiten ganarse unos cuartos extras!

 

El señor Melanio Paredes puede tener razón, cuando afirma que: “ni aprueban ni reprueban a los estudiantes”.  Pero, como dijéramos más arriba, también puede resultar relativa dicha concepción. Por tanto, eso no se puede afirmar categóricamente. Es obvio que, podrían hacer ambas cosas, dependiendo de cómo se administren, y se impartan, al igual que también se  definan y se apliquen las reglas educativas pertinentes. De ser por completo tal  él dice, que se supone bien conoce las debilidades inherentes, entonces, ¿para qué sirven, sino miden nada? ¿Para qué se han venido dando?

 

Cuando aquí se respiraban otras fragancias institucionales relativas, no viciadas con la politiquería lucrativa, al término de cada año lectivo, el estudiante que no lograba alcanzar por la razón que fuere los conocimientos requeridos, y que se le hubieran impartido, quedaba automáticamente reprobado con los exámenes finales que recibía. ¡A repetir, y se acabó!

 

Aquellos que con astucias conseguían ser promovidos, aun las deficiencias acumuladas, el nivel inmediatamente superior les rebotaba, o tenían que hacer un esfuerzo doble para poder continuar. De lo contrario, ¡se quedaban siempre rezagados!

 

¡Hoy no! Los pasan sin saber nada, por ser las instrucciones que emanan sutilmente desde el mismo Ministerio de Educación – hay que hablar con algunos docentes, en el sistema público, principalmente -, debido a las directrices obvias de los organismos internacionales que regentean el nuevo modelo de enseñanza nacional, el conveniente a los mandamases internos y externos,  – nadie se puede quemar -, y llegan hasta las universidades con lagunas vergonzantes, e insalvables.

 

A nivel de las aulas de las entidades nuestras de educación superior, sí que se puede obtener un significativo referente en relación con lo que se trata. Algunos periodistas de la prensa seria y responsable que aún queda en este país, deberían llevar a efecto un trabajo de investigación a esos niveles, para luego publicar conclusiones imparciales, y que la sociedad dominicana en general conozca cuál es la real situación en ese orden. ¡Penosa!

 

Con las llamadas “pruebas nacionales” ocurre que, cuando no es que pueden pasarlas, en base a jugarretas mafiosas, pues las obtienen previamente, y tantos algunos centros educativos, como personal docente adscripto a los mismos, les preparan el escenario para que puedan tomarlas con cierto éxito, no miden aun así  la capacidad necesaria.

 

En caso contrario, si no pueden pagarlas, los ponen totalmente al descubierto en cuanto a todas las deficiencias que arrastran. ¡Ahí sí que reprueban! Pero, por los precedentes que hay, es sabido que esa situación es manejable también, circunstancialmente.

 

¡Qué abandonen eso ya! Ese es un invento que en nada ha contribuido a eficientizar la educación académica entre nosotros. Y muestra de ello es que,  el mismo señor Melanio Paredes, asociándolo con la temática a la cual él se refirió, pruebas nacionales, dice que, “a su juicio es hora de dejar atrás el fracaso escolar”, reconociéndolo por supuesto.