El “show” sigue ahora en los tribunales de la República. ¡Espérenlo!

 

Cuando los expedientes instrumentados sobre el sonado caso de corrupción Odebrecht, en lo concerniente a Dominicana, seleccionados obviamente, y acomodado el terreno para pisar los señalados como supuestos inculpados, comiencen a ser remitidos a los tribunales en este país, empezará la segunda fase de la película que se ha venido filmando, con ese “guion” tan deprimente del robo al erario público nacional, dizque en actitud de combatirlo ahora.

Será un nuevo montaje ese, según lo que se advierte, al igual que otros anteriores, solamente para entretener a la población, dada la presión social derivada del llamado “Movimiento Verde”, en esta ocasión, por su accionar reclamatorio constante ante el Gobierno de turno.

¿Con cuántas deficiencias de orden jurídico-procesal, adrede se cree, serán conformados los expedientes acusatorios tramitados? Eso, para que sean los jueces quienes se encarguen de desestimar las querellas incoadas; que se caigan de inmediato los procesos encaminados; y, se vea como que, las autoridades de la Procuraduría General de la República han cumplido con su rol.

¿Quién puede creer en la justicia local, por la forma politiquera en que fue, y aún permanece conformado ese Poder del Estado nuestro, para que fuera benigno con los corruptos del patio, y en adición, solaparan en parte, sus desaprensiones contra este pueblo?  ¡Fue lo presupuestado en la última “orquestación” del mismo!

Además, se está tomando muy en consideración, en lo referente al tema Odebrecht, la manera en que el Procurador General de la República se ha estado manejando, por estar recibiendo instrucciones de su jefe inmediato, según es lo que se infiere. No ha habido independencia mental de actuación en ese señor. ¡Es obvio! Se tiene tal apreciación, como el otro ingrediente para desconfiar.

Son esas preguntas expuestas, que se entienden muy atinadas,  las que mucha gente pensante se está haciendo en este país, sobre la base de las tan claras evidencias persuasivas que se tienen al respecto; y, del “refajo” sucio que han dejado ver todos estos políticos corruptos y protegidos, subidos en el “palo” actualmente; como algunos que ya han bajado, pero que dejaron su “coraza” muy bien preparada, de protección judicial, por si acaso algo en su contra se presentaba, tal es el caso Odebrecht en el presente, entre otros, que constituye un hueso bastante duro de roer, vale la pena decir.

La mayoría de los abogados afamados actuales nuestros, “arguciadores” y “fabuladores”, cómplices de sus defendidos más bien, ya no auxiliares de la justicia como otrora se reportaban, van a tener aguas suficientes sobre las cuales hacer sus teatros de defensoría, y provocar incidentes dilatorios de todo tipo, como pescar buenos pesos, y salir bastante beneficiados, por derivación del escándalo antes citado.

Hay que comprar con tiempo una buena funda de palomitas de maíz, para sentarse a disfrutar de algunos capítulos de esa gran novela del presente año, sin nada de amoríos, que de seguro serán televisados, aunque solo sea, para complacer el morbo ciudadano, y que todos se vayan dando cuenta de los bendecidos, con las estrategias engañosas del sistema de justicia prevaleciente en esta nación.

¡Espérenlo con paciencia, para ver el espectáculo!  De seguro se habrán de producir muchas “linduras” judiciales. Nada más se hablará, entre otras justificaciones para procurar el condonar castigos, del debido proceso no observado, como excusa valedera, y para avalar las desestimaciones de querellas “barnizadas”, claro está, por parte de los jueces que intervengan.

 

Autor: Rolando Fernández

 

 

 

 

Señalados, sometidos, y despojados. ¡Tiene que ser así!

 

A raíz de salir a la palestra pública el escándalo mayúsculo de corrupción verificado durante los últimos tiempos, con amplios tentáculos internacionales, denominado “Odebrecht”, que según se dice, tenía su principal base de operación en Domincana, por las permisividades existentes, los maridajes obvios políticos,  como la impunidad reinante, la sociedad local se ha empoderado, y a través del llamado “Movimiento Verde”, ha venido reclamando,  exigiendo sin descanso las enmiendas correspondientes, a los fines de que se ponga fin al robo de cuello blanco, patrocinado por las clases políticas gobernantes de los lustros próximos pasados, con clímax marcado en la última destacable.

Las marchas relativas se han dejado sentir en toda la geografía nacional, pidiéndose en parte, de primera intención, que sean revelados los nombres de todos los funcionarios sobornados a nivel local, incluidos los congresistas beneficiados, para que a la citada empresa brasileña le fueran otorgados contratos cuestionables, no en muy buena lid, para la construcción de obras estatales nuestras sobrevaluadas, señalándose como el principal cuerpo de delito la tan cacareada “Planta de Punta Catalina”, actualmente en construcción aún.

Es obvio que, el oír hacer públicos los nombres de los eventuales imputados envueltos en ese gran fraude, o escándalo internacional, se reportaría aleccionador para todos estos turpenes manchados, que se pasean por nuestras calles y avenidas ostentando una falsa moralidad, engañando a un buen segmento de este ingenuo pueblo. Pero, eso no es suficiente.

Lógico, el que se les identifique, sería el comienzo de la condena civil ganada. Así se sabrá cómo tratarles luego, pues serán desenmascarados. Y, no podrán continuar engañando a nadie en lo sucesivo

Ahora, luego de la expresión “Verde” generalizada, y que la información de nombraría se pueda obtener, si acaso prospera la iniciativa en ese orden, lo cual luce algo difícil, dada la composición actual del Gobierno nuestro, sin real separación entre los Poderes del Estado, como las proclividades fehacientes hacia la impunidad y los solapamientos politiqueros, ¿qué es lo que se hará?

Evidentemente, no es imposible que se conozcan públicamente, aun sea de manera parcial, las identificaciones de los corruptos “odebrechtianos”. Y, la pregunta obligada tendría que ser entonces, ¿cuáles serán las exigencias luego?

Otras asociadas, ¿se quedará el pueblo ahí, o seguirá procurando se complete lo obtenido, con las demás acciones punitivas pertinentes? ¿Cuáles serían esas? Obviamente, el sometimiento a la justicia, y el despojo de los cuartos mal habidos.

Esos adicionales, ¡jamás podrían faltar! De lo contrario, las extraordinarias “Marchas Verdes”, de nada se considerarían haber servido.

Que sean traducidos a la justicia los entendidos infractores, ladrones de cuellos blanco; que una vez comprobadas sus desaprensiones, sean condenados y puestos detrás de las rejas para que purguen sus penas, que tampoco deben ser por corto tiempo.

Así servirán de ejemplos a los que vienen detrás, de forma tal que esa proclividad de corruptela en los políticos del patio tienda a desaparecer; que aquellos que les sucedan, no vengan a emular la dañosa práctica.

Y, procedería que, no sean enviados los que reciban sentencias condenatorias a las cómodas cárceles que se tienen en el país, sino a recintos penitenciarios como “La Victoria”, para que, al tener que compartir con tantos delincuentes vulgares allí, una real concienciación se produzca.

Por otra parte, pero en conexión con la temática, todo lo que haya sido robado al fisco, tiene que ser expropiado, para que esos recursos sean dirigidos a satisfacer necesidades sociales nuestras perentorias, como son los casos de, construcción, salvaguarda, y equipamiento de los centros públicos asistenciales de salud, abastecimiento de medicinas, como atenciones a envejecientes desamparados, entre otras que resulta prolijo enumerar.

¡Verdes!, ese tiene que ser el triángulo de exigibilidades obligadas: saber quiénes son los corruptos sobornados; que sean traducirlos a la acción de la justicia, claro imparcial, no a lo que hoy se tiene; y, quitarles a esos desaprensivos todo lo que se hayan robado. ¡Trabajo completo!

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

 

 

Lo soñado esperanzador se convirtió en pesadilla

 

El que fuera otrora un dorado sueño para tantos dominicanos, preocupados obviamente por su país, a partir de la creación del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), que se entendía como una institución de rescate, por parte del gran maestro Juan Bosch, cimentada en moralidad, principios, e independencia patria necesaria, de años ya, se ha venido convirtiendo en una tremenda pesadilla nacional.

Ayer se abrazó con ahínco la afiliación de membresía a esa entidad morada, para la cual se escogió un color de bastante significación en el orden evolutivo espiritual-esotérico. Parecería haber un mensaje envuelto en la elección del mismo: transmutar los tantos males locales a ese momento, como los futuros que se pudieran presentar.

Sin embargo, cuántos hoy quieren salir de ella, sacarle del ruedo político nacional, por lo que han sido las ejecutorias de sus gobiernos, sin nada de liberación, y manchadas de corrupción estatal extrema, con ribetes de impunidad sostenida.

Y, en adición, todo lo contrario, es lo que se ha verificado en el orden “liberativo”, amarrándole cada vez más, a través del vulgar endeudamiento externo, al extremo de hasta hipotecar alegremente la soberanía del país ¡Qué lejos de los lineamentos “boschistas” se ha estado procediendo!

¡Cómo han actuado estos señores en el poder!, aquellos que se suponían moralizados, y emuladores del perfil cívico-moral del que se entendiera, tal su mentor y guía a honrar después. ¡Pero qué va!  En ellos, sus alumnos, se vino a comprobar de nuevo el significado de la vieja máxima popular aquella: “Si quieres saber quién es fulanito, dale un carguito”.

De inmediato se alzaron con el poder, todos dijeron lo que eran, y lo han continuado manifestando; en realidad más de lo mismo, “especímenes” del montón, con iguales intenciones lucrativas a través del ejercicio de la política; que jamás pensaron sobre el bienestar del país.  El maestro volvió a errar en el blanco, tras su segundo intento, buscando congregar a su alrededor homólogos a él.

Todo lo contrario a lo esperado, es lo que se ha estado viviendo bajo sus mandatos, con el agravante de que nos hemos quedado sin verdaderos líderes políticos para formaciones partidarias esperanzadoras. ¡Qué lástima!

Dominicanos, ¿en quién creer? ¡La verdad es que, ya hoy no hay! Habrá que invocar al Altísimo para que envíe un redentor, o conceda una dispensa kármica sobre lo “punitivo” aquí sembrado, para luego tener que recoger las tantas desgracias que desde hace años le vienen acosando en todos los órdenes.

 

Autor: Rolando Fernández

 

 

 

 

 

“La finca morada”. ¡Tal se concibe!

Es el nuevo nombre que de seguro darían muchos a este país – Dominicana -, si pudieran denominarle de otra forma, en alusión directa a lo que parece ser esta nación en la actualidad: un botín para reparto coloreado político, y demás.

Ay profesor, si usted pudiera ver lo que han hecho sus discípulos descarriados, borrachos de poder, de su tan amada tierra natal, de seguro la sorpresa sería grande. Y, de inmediato mandaría a construir al menos una decena de recintos penitenciarios para ser ocupados por los infractores alegres de sus principios, enquistados aún dentro de la última organización política que usted formó.

También, dos o tres amplios almacenes judiciales, para depositar todos los expedientes acusatorios que se puedan preparar, y las otras cosas factibles de llevar allí, de las robadas al Estado nacional, en perjuicio de las disponibilidades para la sociedad empobrecida nuestra.

Es obvio que, sus enseñanzas indiscutibles, profesor y maestro Bosch, no fueron asimiladas por los tantos alumnos que le escuchaban; que, al parecer, solamente le allantaban, y hacían uso oportunista de su perfil moral y cívico, para agenciarse posiciones de prestigio dentro de nuestra sociedad, tan desacreditada a la sazón. ¡Usted era la “sombrilla única, para poder proyectarse”!

Principalmente olvidaron una de sus aseveraciones inductoras básicas, tirada por la borda tan pronto el peledeísmo comenzó a saborear las mieles del poder:

“Los dominicanos saben muy bien que si tomamos el poder no habrá un peledeísta que se haga rico con los fondos públicos; no habrá un peledeísta que abuse de su autoridad en perjuicio de un dominicano; no habrá un peledeísta que le oculte al país un hecho incorrecto o sucio o inmoral”, dijo Bosch en 1982.

¡Ay “mamacita” !, cuánto desprecio a lo que dijera el gran maestro. Algunos lo justifican diciendo: “esos eran otros tiempos, cuando el romanticismo moral-político prevalecía”. “Hoy la realidad, como las circunstancias son otras. El maestro no hubiera podido ser líder, y mucho menos gobernar en estos tiempos, cuando la política la han convertido en un gran negocio, una jugosa inversión en la que no rige miramiento ético alguno”.

Esa es la concepción que ha estado prevaleciendo entre los miembros del peledeísmo moderno. Por eso, se han adueñado del país los que dicen pertenecer al mismo, como todo luce indicar, siendo la recompensa clara de la actividad, y todo lo han estado manejando, como usufructuando a voluntad.  ¡Qué se aprovechen!, que el poder solo dura hasta un día, opinan muchos.

Y dicen, en adición, es posible que de momento procuren la creación de alguna instancia oficial que, con la aprobación de su Congreso, lo titule en favor del partido morado; que lo haga exclusivo de su propiedad, en pos de evitar un desplazamiento previsible.

¡Es pa´lante que vamos! Un país, de la pertenencia de todo un pueblo, a la mano de un partido político.

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

 

 

 

¿Qué habrá detrás del “Diandinazo”?

De las andanzas financieras cuestionables, constructoras en extremo, y financiadoras de campañas políticas, en busca siempre de lo suyo, como es muy lógico suponer, siempre se ha hablado en este país, Dominicana, respecto de ese caballero, Diandino Peña, desde los tiempos del primer gobierno del doctor Leonel Fernández. Muchos han osado hasta con asociarle a actitudes de “testaferrato”, a través de los años de maridaje con el poder, relacionado con determinados políticos nacionales.

Sin embargo, nunca se le había tocado ni siquiera con el pétalo de una rosa, a pesar del amplio rumor público de corrupción atribuible, extendido por toda la geografía nacional, en base al cual se supone pudieron haber actuado antes las autoridades judiciales competentes nuestras

Todo lo contrario, bastante se le ha loado siempre, considerándole de ordinario como el eficientísimo “prohombre” de las construcciones públicas nacionales, y algunas privadas, incluyéndose dentro del coctel de fabricación, hasta pasos viales a desnivel importantes en la ciudad capital.

Sin embargo, hoy cuando el tema de Odebrecht está casi brillando por su ausencia a nivel de las páginas de los principales periódicos locales, y las bocinas pagadas solapadoras que se entienden relativas, no le están abordando mucho a nivel de los medios televisivos y radiales, lo cual luce extraño, por cuánto aún falta exhibir de esa película, el que se podría denominar como el “Diandinazo” sale a la luz pública con más fuerza expansiva que la lava de un volcán en erupción. Eso hace que de nuevo asalten la mente de alguna gente pensante aquí las preguntas: ¿por qué ahora?, como dice una vieja canción. ¿Qué habrá detrás de eso?

Luce obvio señalar que, oportuno o no, parece ser que al llamado “jefe del Metro” dominicano le ha llegado el momento de pasarle factura. Pero, ¿a qué obedece el haber esperado tanto tiempo para hacerlo?

Será que ahora se puede capitalizar la acción, para sacarle provecho político, en detrimento de algún contrincante poderoso dentro del partido de gobierno, que esté aspirando a dirigir los destinos nacionales, en una actitud que interfiera con la eventual reelección presidencial del actual mandatario.

O, es que con la misma se está pretendiendo desviar la atención del monstruo de corruptela “Odebrecht”, con tantos beneficiarios locales, según es lo que se ha dicho; recurrir a la misma práctica de estilo siempre en Dominicana: lanzar un nuevo tema a la palestra pública, a los fines de desviar la atención sobre uno anterior punzante no solucionado.

Independientemente de cuántas verdades o mentiras puedan haber en todas las informaciones que han trascendido hoy hasta la opinión pública, con relación al señor Diandino Peña, la coincidencia de momentos para intentar ir callando una temática que había permanecido bien latente, Odebrecht, tal se infiere, como el darle “volumen” a otra que se introduce, “el accionar Diandinezco”, es algo que llama poderosamente la atención, y que ponen en duda la real intención de combatir la corrupción estatal y la impunidad de personas particulares, o litoral político alguno.

Por tanto, solo hay que esperar para ver resultados, tomando en consideración la importancia que ambas situaciones de corruptela revisten. ¿Qué se logrará en ambas direcciones?, Evidentemente, en las dos hay “bombas con pólvora suficiente”, que pueden explotar de manera muy estruendosa. ¡Ya se verá!

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

 

¡Veedurías ciudadanas así, en Dominicana! ¿Para qué?

 

Este es el país de los allantes y las pantallas políticas, nada más que para intentar confundir a los tantos ingenuos que se tienen localmente. Quién, con suficiente capacidad pensante, conocedor de cómo se bate el cobre en esta nación, y en adición, con algunos conocimientos sobre auditoría interna, en términos del establecimiento de controles y evaluación de los mismos, como de contraloría propiamente, que sería la disciplina más acorde a las llamadas veedurías ciudadanas, actuar sobre la marcha de las acciones o los procedimientos, creyó que tal “invento” funcionaria entre nosotros.

Eso es para naciones donde en realidad sus autoridades les preocupa “el que las cosas se hagan como Dios manda”, tal dice un refrán popular, a nivel de las dependencias estatales. Pero, no aquí, en que las gestiones gobernantes de ordinario están plagadas de corrupción e impunidad; con ministros y directores departamentales (funcionariado), que  van a los puestos públicos a buscarse lo de ellos.

De ahí que, aquellos ven a los veedores ciudadanos como “metiches”, que entorpecen las acciones e intenciones corrientes a nivel de las licitaciones para las compras necesarias, o la contratación de determinados servicios; y, por supuesto, procuran hacerles la vida imposible, para que se hagan a un lado, se desencanten, o renuncien.

Muy buen reportaje sobre el particular de que se trata, ese que reseña el medio “HOY”, edición de fecha 8-5-17, página 4ª, intitulado “Veedurías ciudadanas han caído en letargo; piden relanzamiento”, en que se describe con muy buen nivel de detalles, lo que viene ocurriendo en la actualidad con respecto a las mismas, expuesto por gente autorizada, algunos veedores designados al efecto en las distintas comisiones, que laborarían de poderse, obviamente, en esas tan delicadas tareas civiles.

Ahí están explicadas las causas principales de su caída “estrepitosa”; y entre ellas merece destacarse, una de las que se podría reflexionar tener mayor peso, la consideración de Sarah Guílamo, de la Veeduría del Plan Social: “Estima que el trabajo de veedor es muy engorroso y no es bien visto por los funcionarios. Además, las instituciones buscan mecanismos para eludir la ley o usan otros no legítimos”. Eso último es bien sabido.

Claro que tiene que ser engorrosa la tarea, por múltiples razones a la vista. Entre esas están: ¿qué aliciente se recibe para hacerlo?  Ni siquiera la satisfacción del producto logrado. ¿Fueron debidamente seleccionadas las personas para designarles en las comisiones, según sus capacidades profesionales y aptitudes necesarias, como los conocimientos requeridos sobre las áreas en que fueran a trabajar? ¡Jamás! Solo se tiene que ver cómo están compuestas.

Por otro lado, ¿se cuenta con el apoyo técnico exigible en cada caso? ¿Quién ha dicho? ¿Se obliga a los funcionarios para que entreguen las informaciones pertinentes de manera oportuna a los veedores? ¡Anjá!, ¿y se va a hacer?

Esa es una de las quejas externadas. Y, finalmente, ¿se puede luchar contra el poder, cuando trata de imponerse? ¡Eso jamás! “Se tiene que amarrar el burro donde diga el dueño”,

Es que lo que mal comienza, peor termina. El desplome de esa gran bola de humo era predecible por completo. ¡Políticos buscando ellos mismos, qué se les controle! Bobo quien así lo crea.

Eso de las veedurías ciudadanas en esta República, no fue planificado como se debió hacer en verdad, si andaban detrás de transparencia en el accionar de los flamantes ministros y directores de las dependencias estatales, en cuanto a licitaciones a efectuar, compras requeridas, contratación de servicios y otros.

Primaron en las decisiones relativas la politiquería, como el pantalleo, eligiendo incluso para involucrarles de forma directa, a personas conocidas públicamente en esta sociedad, pero no aptas para labores de ese tipo. No se pensó en sí podrían hacer el trabajo o no. Se dejaron de lado las aquilataciones en ese orden. Solo hay que ver quienes están en los grupos de trabajo, y a las actividades que se dedican.

De ahí que, en gran parte, todo vaya camino a derrumbarse por completo; y que, se reporte como casi imposible el que la realización de esas labores se pueda relanzar, tal se está aspirando, a menos que se introduzcan los correctivos, y los nuevos lineamientos pertinentes de rigor, dejando de lado todo cuánto huela a política partidista, y solamente se piense en una ética estatal verdadera, no coloreada por organización del ramo alguna.

Personas para hacer un trabajo de esa naturaleza las hay en cantidad suficiente en esta nación, en términos de capacidades y honorabilidad. Ahora, hay que buscarles fuera de las organizaciones políticas, y motivarles para que se integren a las comisiones.

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

 

 

 

Quejas de usuarios del transporte público. ¡No hay quien las escuche!

 

La verdad es que, a veces uno tiene que darse sus bañitos de pueblo, para reparar sobre ciertas situaciones que se dan en este país, reprochables en extremo, como por ejemplo son, los abusos y la especulación en contra de iguales, personas de bajo nivel económico, “que vienen haciendo de tripa corazón”, como se dice popularmente, ante los problemas financieros que acosan a muchos dominicanos desde hace tiempo. Pero, en esa condición de igualdad humana no se piensa.

El que quiera saber un poco sobre el particular, solo tiene que hacer uso un día, a manera de curiosidad, o investigación directa, del servicio de transporte público que opera en el país, carros y guaguas, para darse cuenta de las injusticias y los aprovechamientos malsanos que cometen los conductores de ese tipo de vehículos, con los necesitados pasajeros que deben llegar a sus lugares de trabajo a una hora determinada.

Los obligan a tener que pagar dos y tres pasajes, pues acortan las rutas hasta donde ellos quieren llegar, exhibiendo prepotencia, agresividad, y hasta burlas en algunos casos. Eso, amén de que, llevan a las personas como  sardinas en latas dentro de los vehículos, con un tanque de gas mal instalado tocándoles las espaldas, y teniendo que agarrar las puertas de los carros viejos, para  que no se abran.

Muy cierto es que, “la necesidad tiene cara de hereje”, como reza una antigua máxima, porque, para montare en una de las tantas chatarras destartaladas que circulan por nuestras autopistas, calles y avenidas, se tiene que estar bastante apurado en llegar a sus lugares de trabajo, o las residencias a descansar, después de un día de agotadoras labores.

Aquí la gente aborda lo que sea para transportarse, y los choferes se aprovechan de esa necesidad, para abusar de sus iguales, personas escasas de dinero también, y llenas de precariedades, debido a la poca oferta para el servicio de que disponen.

En este país, los robos y la especulación comienzan por los mismos de abajo. Ahora, siempre se vive criticando solamente a los de arriba cuando lo hacen. Creen algunos que las faltas en los chiquitos no se notan.

¿Y esa forma en que proceden los choferes de vehículos públicos, qué es? ¿Cómo se podría considerar esa falta de conciencia hacia sus congéneres?

Las autoridades competentes deberían ofrecer algún tipo de respaldo a esos usuarios abusados, víctimas siempre, designando inspectores en las diferentes rutas que existen, para que esas actitudes bochornosas de los desaprensivos choferes sean abandonadas, y procedan como debe ser; que hagan las rutas completas que correspondan; y que cobren lo justo por los servicios que ofrezcan. Y, por supuesto, cuidando de las vidas de aquellos que trasladan, transportándoles en vehículos aptos, sin temeridad alguna.

Claro, sería esa disposición una medida de carácter provisional, hasta tanto entre en vigencia plena la nueva ley de tránsito aprobada, con todos sus reglamentos, cuando se supone habrán de desaparecer muchas de las barbaridades que hoy se observan en el sector transporte, entre ellas las mencionadas más arriba, e incluyendo la eliminación obligada de todas esas “basuras sobre rueda”, que hoy se utilizan para montar gente

Las quejas de los usufructuarios, o clientes de esos empresarios particulares, irresponsables en su mayoría. llueven a granel, incluyendo aquellas por la represión que reciben de los buscones en las paradas, armados con palos, tubos y bates, tigueres destacados en los puntos de las diferentes rutas, por querer obligarles a montarse en los vehículos que a ellos les viene en gana. Eso también está dentro del paquete violatorio a los derechos de los consumidores, pero aquí nadie dice nada. Todo pasa desapercibido, en el tenor de cuánto se ha tratado. ¡Lamentablemente!

 

¡Unos dicen que sí, y otros que no! ¿A quién creer?

 

Con ese fuerte manejo de informaciones periodísticas que se tiene, relativo al caso Odebrecht, sobre los sobornos otorgados,  las sobrevaluaciones en obras asignadas, financiamiento de campañas electorales, etc., unos actuando para delatar, y otros para encubrir, en lo que respecta a Dominicana, con relación a la repartidera del botín empresarial desde aquella empresa brasileña mafiosa, confesa, difícilmente nunca se van a conocer las verdades irrebatibles inherentes, hasta tanto  se produzcan las investigaciones debidas, por parte de personas, o firmas de profesionales totalmente independientes, sin “metiches” de orden político alguno.

A partir de cuánto se ha dejado saber hasta el momento, se puede inferir que todos esos interrogatorios llevados a cabo, tanto a nivel local, como en Brasil, en que intervienen partes interesadas, corruptoras y corrompidas, no son más que cumplidos de orden jurídico-legal, donde solo aparecen declaradas las cosas que se quieren, o se pueden decir, ya sea para imputar o no, a muchos de los señalados como participantes en los hechos delictivos de que se trata.

De ahí que, falta demasiado por ser conocido en torno a esos escándalos internacionales tan bochornosos, detrás de hacer honor a la verdad algunos; otros en defensa propia, “no pagar la jaba por sí solos”, como se dice en buen dominicano; y, aquellos que nunca faltan, los que procuran disminuir las eventuales penas aplicables por su culpabilidad comprobada, en base a acuerdos judiciales concertados.

Por ello, a los que hoy se han mencionado como involucrados entre nosotros, beneficiarios del pastel distribuido, que hasta el momento se están frotando las manos,  creyéndose haber podido lograr burlar inteligencias ajenas, en base a las bocinas pagadas que se tienen para embaucar, como el manejo acomodaticio de las informaciones acusatorias que han transcendido hasta la opinión pública, que esperen el desarrollo de la película hasta su final.

Además, que tomen muy en consideración la participación de los actores extranjeros que están interviniendo en las escenas ya filmadas, que de seguro lo harán en las que faltan, y que no pertenecen al orquestamiento local cómplice que se advierte, con el coro en ultramar de los reconocidos asesores de campañas electorales, y lobistas para la asignación de obras estatales, colocación de sobornos, y sobrevaluaciones de las construcciones otorgadas, en sus momentos respectivos.

Esa obra teatral, difícil de introducirle “truncos de cámara”, en la que ha intervenido la mano de Dios, como diría un connotado jurista nuestro, que bien pudiera llamarse “Fiesta contra la corrupción estatal y la impunidad alegre”, no va ni por la mitad aún; faltan muchos cuadros por ser pasados, en que se podrían exhibir, poner en evidencia clara, múltiples acciones dolosas relativas al tan sonado caso Odebrecht, ¡qué no se podrán tapar!, por más argucias con las que se proceda.

Para los que actualmente se vanaglorian de estar ganando internamente la batalla de la impunidad a lo interno del país, en base a las estrategias manipuladoras antes mencionadas, que vayan preparando el altar para ruegos libertarios a lo divino, pues no siempre se podrán solapar algunas verdades fehacientes envueltas, que saldrán a relucir de cualquier manera.

En esta ocasión, muy difícil se hace el vender la idea de que el señor Joao Santana, señalado por el presidente de la República nuestra como su asesor principal en las campañas electorales años 2012 y 2016, y con las tareas a cargo que se le ha señalado en otras latitudes, que fueron objeto de notables injerencias políticas y económicas, procediera de forma diferente en lo que a nosotros respecta.

Si aquí en Dominicana, donde fue asesor directo de los internos, y operaba por mandato en favor de los candidatos de otros países, debido a la impunidad local vigente, según es lo que se ha dicho, para sobornar a funcionarios públicos seleccionados, y procurar después las reciprocidades derivadas, cómo explicar entonces que él no financió nada en esta nación; que solo participaba asesorando, o como ideólogo de proyectos políticos. Muy bien remunerada, por cierto, era su labor. ¡Eso es difícil de creer, hasta por parte de él mismo!

Tampoco se advierte, ya en su defensa propia claro está, le será fácil desmontar ese calificativo de “osado financiador político internacional”, con el cual se le ha denominado abiertamente; negar el lugar de su base de operaciones en el Caribe, sobre lo que tanto se ha mencionado esta nación, comprometiéndole. Y, mucho menos convencer a nadie de que las acciones que se le atribuyen como tal, que se entiende no excluyeron a Dominicana, cabe reiterar, fueron lícitas en todas sus partes.

Por el otro lado, cuestionable en extremo resulta el asunto con relación al tan mencionado personaje Ángel Rondón, que gran cantidad de dinero había estado recibiendo de la compañía brasileña Odebrecht, desde hace años, y que estuvo muy ligado a los tres últimos presidentes nacionales, como a sus “canchanchanes” cercanos, y también a algunos congresistas de la República, de acuerdo con lo trascendido.

Que, según declaró a las autoridades locales, esos cuartos eran el producto de su trabajo con la referida entidad, por concepto de emolumentos salariales y comisiones; que jamás le fueron entregados para reparto de sobornos, subvención de campañas electorales políticas, o costear acciones referentes a esos procesos, etc. Es obvio que, su versión estaría por aclarase bien.  Los indicios contarios sobran, y la sociedad nacional los tiene  presentes.

Eso tendrá ese señor que demostrarlo muy bien en su oportunidad; y, rogar que, ningún receptor de cuartos procedentes de esos litorales corruptos brasileños, se incline por confesar lo que en verdad se infiere ocurrió en ese tenor.

Luego, a esperar que termine la película correspondiente, en proceso aún, dentro y fuera del país, para entonces estar celebrando victoria los políticos “vajeados”, o alcanzados por el aliento esa gran “serpiente” de corruptela en el ámbito local, y a los que internacionalmente les toque su parte también.

 

Tremendos “socios”: tapones de vehículos y atracos a nivel nacional

 

Ahora sí que se completó el panorama tétrico de la inseguridad ciudadana en este país, Dominicana. Obligatoriamente, hay que desplazarse hoy entre los inmensos tapones vehiculares que a diario se forman; respirar la gran cantidad de monóxido de carbono que expelen los automóviles varados, o en marcha lenta; y, correr el riesgo de ser asaltado por los antisociales motorizados que circulan en los alrededores; incluso, tigueres de a pie podrían ser, que también se aprovechan de la oportunidad. ¿Quién sabe?

¿Y hasta dónde es que vamos a llegar? ¿Es que no hay forma de enmendar las situaciones dañosas que se vienen verificando localmente? Tanto de un lado, como del otro, los tapones de vehículos en esta nación, como la delincuencia a granel, son problemas que requieren de soluciones inmediatas; ser enfrentados con mano fuerte y voluntad política, para que esta República no acabe de colapsar, por dichas causas, entre otras, y que tantos ciudadanos después no se estén lamentando.

Ya el asunto de los asaltos no está supeditado a los sectores carenciados, o de clase media alta, sino que ahora abarcan cualquier punto de la geografía nacional; y, donde no se pueden repeler; estando las personas objeto sin escapatoria alguna, rodeadas de vehículos “atascados” en las vías públicas, por los taponamientos ordinarios, y  un delincuente apuntando con su arma de fuego, a veces hasta escoltado por otro “angelito” de igual ralea; ambos con el rostro cubierto, aunque  no siempre  Por tanto, solo queda un camino, ceder a sus delincuenciales peticiones, o arriesgarse a perder la vida.

Vimos recientemente lo ocurrido al señor Bolívar Díaz Gómez, director del periódico “El Nacional” , y a su esposa, en plena calle Rosa Duarte, dentro de un sector de gente pudiente, Gascue,  zona que se supone tener cierto nivel de vigilancia, por los allí residentes, como los importantes sectores aledaños, en que están localizadas incluso algunas dependencias oficiales. Sin embargo, ¡nada de eso importa!

Ya aquí los delincuentes se mueven con toda libertad por calles y avenidas. Le sacan la lengua a las autoridades del orden público, cuando no es que muchas de esas son parte de las “orquestas” de atracadores que operan.

Preciso es destacar que, según narrara una de las víctimas en esta ocasión, el señor Díaz Gómez, “20 minutos después volvió a ver al mismo asaltante en la avenida Máximo Gómez, entre la México y la 27 de Febrero, por lo que presumo que seguía detrás de nosotros”. (Periódico “HOY”, del 30-4-17, página 4ª). Significa que, ni el rostro tratan ya de ocultarlo.

Tremenda disyuntiva se presenta a las autoridades, en términos del combate a ambas problemáticas, por las implicaciones a la vista. ¿Cuál debe ser objeto de mayor ataque prioritario? Se diría, ¡qué deben ser ambas, de manera concomitante! Pero, es innegable que las dos tienen sus “bemoles”.

Presentan aspectos que pueden limitar las acciones combativas debidas. Para nadie es un secreto que los tapones vehiculares favorecen el alto consumo de combustibles, lo que, a su vez, como es obvio suponer, genera mayores ingresos para el fisco, por los impuestos aplicables. ¿Qué se puede inferir entonces?

En ese sentido, se producen a diario críticas a los agentes de la AMET, por entenderse que ellos los provocan adrede en algunas intersecciones, donde el flujo de vehículos es muy fuerte, y los semáforos allí instalados funcionan a la perfección.

Sin embargo, ellos los sustituyen, para entonces dirigir el tránsito medalaganariamente, provocando los desagradables taponamientos, como las “acres”, duras críticas, por parte de los conductores afectados. Quizás ahora dejen de hacerlo, para no facilitar los atracos motorizados de moda en los entornos.

Tal situación bien se puede apreciar en el cruce de las avenidas John F. Kennedy, y Abraham Lincoln, durante las llamadas “horas pico”. ¡Las quejas llueven, y nada se hace! Parecen burlarse los agentes asignados allí.

Por su parte, el problema de los asaltos, con ese escenario tan amplio que les favorece, presenta sólidas paredes, que lucen casi insalvables. En primer lugar, por cuánto ha crecido entre nosotros lo delincuencial, debido a las múltiples razones que no se quieren ver para tratar de evitarlo, y mucho menos enfrentarlo con firmeza, tales son las actitudes corruptas y despreciables inductoras de los de arriba, políticos delincuentes e impunes. ¡Tremendo caldo de cultivo es ése!

En segundo lugar, está el concurso que, en el marco de la actividad delictiva, motorizada o no, ofrecen algunos policías y militares activos, como pensionados en algunos casos, según los precedentes que se tienen, lo cual interfiere sobremanera para actuar en consecuencia, por lo que no va a ser muy fácil ya el control y combate que se imponen en estos momentos, respecto a esa fase directa del problema: atracos en los tapones de vehículos, cuando no a simples transeúntes callejeros que llamen la atención.

Por consiguiente, a evadir tapones viales, y tratar de cuidarse cada quien, montado o a pie, son las alternativas inmediatas. Porque, las soluciones a esos males lucen estar bastante lejos.

 

Autor: Rolando Fernández

El problema financiero de la UASD es “mayúsculo”, por las razones múltiples que intervienen

 

La Primada, o Primera de América, no sale de una grave crisis financiera, in crescendo cada vez más, en la que convergen factores diferentes, pero cobijados por el considerado de mayor trascendencia y gravitación: la politiquería, que además induce a que sea objeto de una gerencia-administrativa cuestionable a todas luces.

Sí, esos que obviamente han hecho perder de vista a lo interno de dicha entidad, el verdadero rol formador académico-social de la institución de educación superior estatal; y que, de manera irrefutable están en la base del déficit presupuestario gravoso a que tanto se hace alusión, y con sobrada razón; la falta de recursos económicos suficientes, para poder financiar todo cuanto allí se tiene que costear, académico, o no de la especie.

Es obvio que, mientras la UASD se siga manejando de la forma en que internamente se hace, con muy poco criterio universitario en realidad, como gerencial-administrativo, y sí politiquero, para completar el triste escenario observable en torno a la misma; y, recibiendo a todo aquel con intenciones de sacar de allí un título, no discriminando a nadie – populismo -, sin llenar las condiciones requeridas, en términos de formación básica pre-universitaria; gente mucha de ella que  apenas sabe leer y escribir, y sin sentido de responsabilidad alguno para cursar estudios a ese nivel, por más recursos estatales que reciba, y los pocos que internamente pueda generar, ¡nunca serán suficientes!

Solamente hay que ponderar la cantidad de estudiantes -seudo muchos -, que ingresa a la academia pública durante el año, con respecto a los que egresan durante igual período. También, las inversiones no reproductivas que se hacen en alumnos que, después de cursar tres o cuatro semestres de cualquier carrera que inscriban, desertan por varias razones, pero fundamentalmente porque no dan para lo que eligieron – estudian por moda, o inducción paterna -; y, como ya el departamento uasdiano de orientación profesional, si es que aún existe, no funciona, acaban por abandonar el propósito. ¡Se perdieron esos cuartos!

Otro factor digno de consideración es el asunto de la nómina, salarios del personal administrativo, y docente, como las conexidades relativas que rigen. ¡Eso hay que verlo!

¿Cuál es la norma, cuando concluye una gestión rectora, y otra se inaugura? Hay que crearles espacios, u otorgar cargos a los politiqueros respaldantes durante la campaña, por un lado.

¿Y qué pasa, por el otro, con los que ya estaban en los puestos acompañando al anterior Magnífico? Se les tiene que buscar “hoyos” internos, para colocarlos, quedándose con los mismos sueldos; o, de lo contrario, beneficiarles con jugosas pensiones. Es por ello que, siempre la nómina de la institución se dispara después de producirse un cambio de rector, constituyendo ese el primer grito del incumbente entrante.

Pero, además, están las nuevas “botellas” a crear siempre, para atender reciprocidades políticas, por compromisos contraídos durante el proceso eleccionario. Como, las subvenciones a sindicatos, y grupos estudiantiles inoperantes; esos últimos, en la mayoría de los casos, verbigracia, la Federación de Estudiantes Dominicanos (FED), que desde hace tiempo perdió su verdadera esencia.

Los aspectos mencionados, por incluir solo algunos de los más destacables, en el cuestionable ámbito uasdiano, que de manera sostenida vienen hundiendo la única institución en que los pobres de este país pueden estudiar.

Esa aseveración que hiciera el doctor Edylberto Cabral, exrector de la UASD, y que aparece encabezando una reseña periodística sobre una entrevista que concediera, (periódico “HOY”, del 26-4-17, página 9ª), “Problema UASD es por déficit presupuestario”, en la que expone algunas consideraciones en el tenor de lo tratado, constituye una gran verdad. Él conoce bastante bien, cómo se bate el cobre allí dentro.

Ahora, lo más importante, no es seguir lloviendo sobre mojado. Él está en capacidad de sugerir algunas medidas correctivas pertinentes, no pinceladas con la retórica de costumbre cuando es tratada la temática, incluso por otros exrectores, que también lo han hecho en esta ocasión. ¡La “sincerización”, ahora más que nunca, es necesaria!

El continuar esgrimiéndose esa situación deficitaria públicamente. no se reporta beneficioso ya, por el flujo de informaciones que han trascendido hacia el exterior de la entidad, con relación a su manejo, entendido poco apto, y el fardo de gastos superfluos a cargo. ¡No se debe seguir con más de lo mismo!

Lo que sí procede es, el definir y dirigir con imparcialidad la mirada hacia las verdaderas causales, tanto internas como externas, que vienen provocando desde hace tiempo esa problemática financiera limitante, para sugerir las enmiendas de lugar, en el marco de una institución que, aunque se dice autónoma, realmente no lo es, por la gruesa subvención estatal de la que necesariamente tiene que depender.

Bien sabido es que, una de las condiciones necesarias para toda autonomía, es la autofinanciación, que reiteramos, no se da en el caso de que se trata.

Luego, teniendo muy en cuenta esa “dependencia” estatal obligada, y poder disponer siempre de los recursos económicos necesarios, que le permitan cumplir con los que deben ser sus verdaderos objetivos en favor de esta sociedad, la UASD tiene que ser reorientada; reencontrarse consigo misma; y, evitar en la medida de lo posible esa politiquería tan dañosa a su interno, que promueve la cualquierización electiva de sus autoridades.

No todo el mundo, por años allí acumulados, como docente o administrativo, puede estar aspirando a ser rector de la misma, como tampoco ocupar posiciones de mando jerárquicamente inferior a la primera.

Además, y para completar en el contexto directivo, se debe promover con efectividad a su interno, la instauración de la “carrera administrativa” para el resto de su empleomanía, sin importar los cambios de autoridades periódicos.