Don Persio, “el que no da le dan”

Ese es un significativo decir dentro del refranero popular, con más evidencias comprobatorias a la mano, que la tanta basura que se acumula en la capital dominicana, si es que cabe la analogía, en orden de cantidad.

 

El mismo, puede muy bien ser asociado con la actual situación en que está viviendo este país, respecto de las relaciones dominico-haitianas, al igual que con las venalidades, prerrogativas y blandenguerías inherentes por parte de nuestras autoridades, que en cualquier momento pueden hacer rebosar la copa de las inconductas en que han venido incurriendo esos hermanos extranjeros, sin que en ningún momento haya habido el menor intento de ponerles freno.

 

Los efectos de todas esas flojedades se han dejado ir acumulando durante años, pudiendo hoy provocar incidentes con consecuencias impredecibles entre ambas naciones, a pesar de la tanta gente pensante nuestra que se ha pronunciado en tal sentido, alertando y sugiriendo adoptar las medidas que se corresponden desde hace ya tiempo suficiente. ¡No se ha hecho caso alguno!

 

Cuánta falta hacen entre nosotros verdaderos estadistas, hombres con suficiente conciencia ciudadana que dirijan el país, en capacidad de sacrificar intereses personales y grupales en pos de conservar la soberanía nacional, de su salvaguarda obligada, y protección sostenida. “El Gobierno debe mostrarse justo y enérgico…o no tendremos Patria y por consiguiente ni libertad ni independencia nacional”. (Juan Pablo Duarte). ¡Aplíquese!

 

Aquí se ha estado jugando al gato y al ratón, como se dice, en lo referente a esa problemática tan fehaciente, que ya parece ser está tomando color al rojo vivo, al punto de estar llevando a tener que tomar las decisiones internas que  la misma amerita, obligatorias, quiérase o no, al margen de los narigoneos, e imposiciones alienantes provenientes de ultramar, con eco bastante sonoro en las cajas de resonancia títeres subvencionadas en el país; y, obviamente, alentada por los zigzagueos de los que deben actuar en pos de corregir, para estar bien con Dios y con el diablo, tal expresa la gente común. También, para agenciarse votos durante los procesos electorales, entre otras cosas.

 

Los frutos nocivos de esas actitudes genuflexas, y por conveniencias, de un tiempo a la fecha, se han comenzado a recoger en grandes cantidades, incluyendo osadías de significativa consideración. Solo hay que reparar en los niveles que han ido tomando las cosas, según los reportajes recientes de la prensa local, que precisamente ha recibido un ataque frontal último proveniente del embajador haitiano.

 

El envalentando embajador de Haití, Fritz Cineas, profirió una osada acusación en contra de la prensa dominicana, en el sentido de “exagerar las cosas sobre el incidente registrado en su país y afirmó que no hubo tal secuestro del personal del Consulado dominicano en el poblado haitiano Anse-á-Pitre. Fritz Cineas consideró que la prensa ha hecho una tormenta en un vaso de agua”. ¡Anja!

 

En ese sentido, muy acertada se reportan las declaraciones formuladas por la Sociedad Dominicana de Diarios, en voz de su presidente, el connotado periodista nacional,  señor Persio Maldonado, para responder al “despachado” embajador, que evidentemente no ponderó el peso de sus groseras palabras para ofender y desacreditar; que parece estar ciego, o ubicado muy lejos de los hechos que han venido aconteciendo entre ambos países, alas de una misma isla caribeña:

 

“SDD dice embajador Cineas incurre en irresponsabilidad y desconsidera prensa de RD”. “La prensa confirma y verifica los hechos, las imágenes están ahí, las fílmicas del incidente están ahí”. ¡Más claro de ahí no canta un gallo! (Véase: periódico “HOY”, del 10-1-15)

 

¡Hasta eso se llega! Ahora los periódicos dominicanos son mentirosos y tremendistas, porque  un sector de los mismos se ha inclinado por informar sobre la realidad de aquellos hechos lamentables, al tiempo de poner en evidencia la peligrosidad que se cierne sobre esas relaciones bilaterales, correspondientes y necesarias para ambas naciones, en términos económicos y de geopolítica.

 

Como en esta ocasión no se habla en su favor, del trato y consideración que merecen como pueblo pobre y desprotegido, de las  prerrogativas procedentes, según algunos, en el orden de las inmigraciones ilegales hacia este lado de isla, como de obedecer los lineamientos injerencistas de los organismos internacionales que promueven la unificación de los dos países, a través de  espacios pagados que publican, tanto de manera directa, como  por medio de las cajas de resonancia internas, se protesta y se esgrimen sandeces acusatorias contra los medios periodísticos del país.

 

Por eso, en parte,  se expresó el embajador haitiano en tales términos. No es lo que se estila hacer de ordinario, difundir en contra. Se debe recordar en adición, que muchos periodistas locales, y comunicadores, ostentan mayor adhesión hacia sus intereses personales y políticos, que a los del país en sí, y que sus actuaciones están siempre dirigidas en ese orden. Lo ocurrido con el susodicho diplomático, ¡son de las cosechas que se van recogiendo!

 

Don Persio, muy atinadas  y oportunas resultan sus puntuales declaraciones en el tenor de lo que se trata. Ojalá que sirvan para llamar la atención hacia dentro, en el sentido de que algunos sectores de la prensa nacional sean algo más cuidadosos al momento de publicar con relación a ese país hermano, para que después no se contrasten reseñas, y vengan los pronunciamientos contestatarios.

 

Y además,  para que se entienda que aquí todavía quedan hombres en capacidad de responder como se debe a los que no miden sus palabras al expresarse con respecto a nosotros, y que osan estar acusando alegremente

 

Muy loable sería el que otros profesionales del periodismo nacional se inclinaran por emularle, con cobertura de propagación a nivel de todos los medios locales. ¡Que se piense más en función del país!

 

Esa es una problemática sobre la que, todo aquel que se sienta ser buen dominicano, debe aportar su granito de arena, y procurar difundir pareceres, en pos de la solución definitiva que se impone, como a los fines de romper con ese visible sendero que está conduciendo a que esta nación cambie de nombre, y la isla completa vuelva a llamarse otra vez, dentro de poco tiempo: “La Española”; o, quizás  se adopte otra denominación que mayor identifique la fusión a que se aspira, como por ejemplo: “Haitidom”.

 

¡Por no dar, nos están dando!, don Persio, y los objetivos se han ido logrando paulatinamente. Los “bombardeos” sostenidos, tanto externos como internos, están haciendo blanco perfecto. Por tanto, la lucha en contra, por parte de los pocos patriotas que aún quedan en este país debe proseguir con mayor fuerza cada vez.

 

Rolando Fernández

 

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