Los negros de piel. también son hijos del Supremo Creador

Cuando uno repara en determinados comportamientos, que periódicamente observa la sociedad mundial, se da cuenta de la tanta inconsciencia espiritual que ostenta la misma; y, del desconocimiento que se tiene sobre la real esencia de la especie humana.

En ese tenor, qué no solo se es un cuerpo de carne y huesos, como es lo que muchos creen; sino qué, esa estructura nada más constituye el templo para manifestación del verdadero hombre: el Ser divino encarnado para expresión; y, que esa economía física es digna de honra en todo momento.

Claro, de eso solo se percatan, los que se han preocupado por hurgar en el ámbito esotérico propiamente, en busca de las edificaciones necesarias, a los fines de conocer la verdadera naturaleza de los humanos, y siempre actuar en consecuencia. 

Es obvio que, a veces, tal condición “ignorantil” en los terrestres, es provocada a partir de los convencionalismos aceptados ciegamente por las feligresías, que no escudriñan, como es lo que debe ser, sobre las creencias que abrigan; y, que se proclaman, al igual se tratan de imponer, desde el abanico generalizado de las tradicionales sectas religiosas mundanas.

En Todas aquellas, con los disidentes que siempre confirman la regla, nada más se llevan de los curas, y los pastores que les hablan desde los púlpitos; o, le instruyen a su manera, por carecer de conocimientos profundos también; cuando no, debido a las conveniencias personales o grupales que les impulsen.

Entre las actitudes cuestionables y contradictorias que se dan en los hombres (general) hoy, relacionadas con las apariencias físicas, y hasta la manera de pensar de cada uno, está la discriminación racial, que no es un secreto para nadie, prima desde tiempos inmemoriales.

Principalmente, se ha venido dando esa con respecto a la raza negra, qué es innegable, también forma parte de un gran segmento de los habitantes del planeta Tierra; y que, como es obvio suponer, esa negrura no debería hacer tan despreciables a sus componentes, ya que ellos son hijos de Dios, al igual que los demás. 

Luego, las grandes interrogantes que asaltan, de forma tal que aguijonean siempre son: primero, por qué hay que denigrar y despreciar a esas personas; y, segundo, a la vez considerar a esos seres, coloreados de negro, como notas discordantes en casi todos los ambientes terrenales.

Acaso no son esos hijos del Supremo Creador también, hechos a imagen y semejanza de Este, como Atributos divinos; como una Idea de Sí Mismo en Manifestación, para Expresarse en el plano de la materia densa. (Véase obra: “La Vida Impersonal”, de Joseph S. Benner).

El único “delito” de esos representantes terrenales, podría decirse, con muy poco temor a equivoco, es el color de su piel, que, si les es levantada a todos, nada diferente a los demás congéneres habrá de aparecer internamente en sus economías físicas.

Amén del color negro de su piel, se les tribuyen otras características de naturaleza psíquica, y temperamental, que no se estiman muy apropiadas – tienen que ver con el prediseño de las corrientes de vida que se cursan -, y que les hacen diferenciar un poco de otros; pero, qué no son incorregibles, por lo que tampoco jamás les convierten en seres despreciables, como aborrecibles en extremo.

La primera “conjetura” que llegaría a la mente de cualquier pensante medio, a ese respecto, es que, los blancos, con pelo lacio, se consideran ser los únicos hijos de Dios. Y, otro pensar algo atrevido que asaltaría, lo sería el admitir, aunque sea “por asomo”, como se dice, la expresión despectiva de un amigo nuestro, en el sentido de que: “prietos y pobres los hizo el Supremo para relleno, y así poder completar el mundo”.

Evidentemente, ambas clases son necesarias sobre el planeta Tierra. Pero, no es la forma más correcta de referirse a esas; como tampoco creemos, sea la razón de su existencia. ¡Son pareceres infundados hasta cierto punto, con muy poco sustento lógico!

En el orden de lo tratado, se tiene que pensar en las misiones divinas asignadas que cumplir por parte de cada cual sobre esta Tierra; al igual que, las cargas kármicas objeto de conquista puestas sobre los hombros de los seres humanos durante cada corriente de vida a cursar.

El prediseño llevado a cabo en cada una de esa, nunca se debe dejar de lado. El mismo incluye clase social a la que se habrá de pertenecer, blancura, negrura, condiciones económicas a prevalecer, y el entorno requerido, etc. como condicionantes evolutivas necesarias.

Por tanto, ¡cuánta equivocación envuelven determinados razonamientos en los humanos! Con igual condición física, blanco, y pelo lacio, la generalidad de los terrestres siempre conciben al Creador del Universo, y le asocian con los terrícolas. También ocurre con el mismo amado Maestro Jesús, que durante su ministerio terrenal encarnó la Magna Conciencia de Aquel (el Cristo).

Asimismo, se verifica también la concepción de blancura atribuible, respecto de los ayudantes dentro de la Corte Celestial: Principados, Serafines, Querubines, Arcángeles, Ángeles, Santos, y demás. La idea es, qué no hay allí prietos, ni feos; sino, que todo es blancura y bonitura

La gran inquietud, que a cualquiera pone pensar en consecuencia es, el por qué, si nadie ha visto jamás a Dios, como bien aparece expuesto claramente en algunos libros de las Sagradas Escrituras (Biblia), al alcance de todos, de dónde sale la tanta animadversión hacia las personas de color oscuro en muchos lugares del mundo, máxime si son pobres. ¡Extraño eso, verdad! ¿Será por entenderse como una falta de correspondencia racial con el Creador, y todos los seres divinos?

Ahora, Dios puede ser blanco o prieto, y eso ningún hombre lo sabe. Tampoco se conoce su sexo. Algunos osan atribuirle la condición de hermafrodita, y en ella fundamentan el nacimiento de Jesús, por obra y gracia el Espíritu Santo. a través de la Virgen María, sin la participación de hombre terreno alguno. ¡Capacidad para crear por sí Mismo, Padre y Madre!

Luego, el asociar la etnia de los hombres (general) con el supuesto color de la que tiene Dios, blanca, lo que al parecer inclina a muchos terrícolas hacía de la discriminación de que se trata, cabe reiterar, y las consecuencias mundiales derivadas, luce como una “incongruencia tozuda”, de esas que han venido poniendo en tela de juicio un sinnúmero de enseñanzas de corte religioso convencional; y, que han dado origen a la creación de las diversas sectas del orden existentes; que buscan al mismo Dios, tal se sabe, y utilizan como instructivo principal,  igual libro sagrado, la Biblia.

Tantos son los efectos que se generan del discriminar entre los hombres (general) negros y blancos, que a alguien se le ocurrió escribir una pieza musical (salsa), en la que incluyó palabras bastante reveladoras alusivas a la problemática aquí abordada.

Sus decires poéticos, a pesar de los años ya cursados, después de que fueran hechos públicos, siempre invitan a una reflexión sosegada. Escribió y musicalizó aquel: “Si Dios fuera negro mi compay todo cambiaria”, (Rubén Blade), agregando a ese pensar mismo expuesto, entre otros, lo que ocurriría en el marco de la sociedad mundial: ¡prietos serían todos!; y, la nueva concepción obvia de negrura, que se atribuiría también por extensión, a los ayudantes del Supremo Creador.  

Autor: Rolando Fernández

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Ay de mi país, qué pena! La verdad es que, nunca lo imaginé así

Qué lástima lo que hoy es Dominicana, considerada por muchos como un Estado fallido; y por otros, tal una selva de cemento más en el área del Caribe.

Podrán tener razón o no, los que así opinan; pero, ponderando esos pareceres desde un punto de vista persuasivo, e imparcial, hay innúmeras realidades concretas que se verifican a nivel de la misma, a partir de las cuales se podría decir, sin temor a equivoco, que los que así catalogan al país, no están muy lejos de la verdad. No cabe duda alguna, de que los hechos, y los comportamientos sociales impropios locales son los que hablan, ¡quiérase o no!

Cualquier pensante medio solo tiene que retrotraerse a algunas décadas atrás, y comparar las características hoy a todos los niveles, respecto las de otrora; al igual que, los mismos patrones de conducta que observa hoy la ciudadanía casi generalizada, y los pasados, con inclusión de aquellos que ostentan en el presente las seudo autoridades que se gasta la nación, que de ordinario solo miran hacia sus intereses particulares, como a los de esos grupos cachanchanes – adeptos, que les catapultan económicamente durante las campañas electorales, hasta alcanzarse el poder político propuesto. .

Fehaciente es que, el pueblo aquí solo cuenta para que la gente vaya a sufragar cada cuatrienio, y después, “si te vi se me olvido”, como reza un dicho local. Los aspirantes a subirse en el palo, nada más recorren los callejones polvorientos de los barrios carenciados, y se abrazan con los niños harapientos, desnutridos, como mocosos, durante los procesos de elección. Luego borran eso lugares de sus mapas para transitar.

Producto de las displicencias gubernamentales recurrentes, esta República va cada vez hacia la deriva; y, el único palo para recostarse que tienen los mandamases de turno es el recurrir a los endeudamientos, tanto externo, como interno, con eventual afectación incluso de la soberanía nacional los primeros, en cualquier momento inesperado.

A coger prestado, e hipotecar en el exterior la nación, sin saberse quienes tendrán que cargar en el mañana con el pesado fardo de los empréstitos concertados, en términos de tener que honrar luego los compromisos contraídos, los cuales, evidentemente revisten por lo regular, serias condicionantes a tener siempre bien presentes, para evitarse mayores complicaciones inmediatas con los acreedores; o, crearles  serios problemas a la generaciones venideras.

Cuando se repara en lo institucional y lo social propiamente, a nivel nacional, con facilidad se nota que, “todo anda manga por hombro”, tal expresa un refrán entre nosotros; que el ordenamiento requerido se resquebraja de forma acelerada; y, que no hay la real independencia de acción que debe reinar entre los tres poderes que encabezan el Estado nuestro: Legislativo, Ejecutivo, y Judicial.

Que esos se interrelacionan en base al conjunto de intereses económicos y políticos que primen; como, de los apañamientos, e impunidad judicial, con relación a los actos de la corruptela estatal ordinaria en esta nación, entre otros factores incidentes.

Innegable se reporta, además, el hecho de que no existe en estos representación social, o poblacional alguna; y, mucho menos, la intención de inclinarse por agenciar, de forma conjunta, una administración, como aplicación efectiva generalizada de la justicia exigible, para bien de la Republica.

Por otro lado, la conciencia ciudadana global continúa desplomándose a cada instante. Las normativas legales vigentes no se observan; como tampoco, un sinnúmero de patrones básicos de convivencia humana. que jamás se deben perder de vista, para el desarrollo, y sostén necesario de la sociedad.

Este país, lo que parece es una amplia zona urbana de tolerancia, en la que cada cual se mueve y procede a voluntad; donde no hay miramiento alguno con respecto a los congéneres que puedan resultar afectados; como tampoco, control de las supuestas autoridades que se tengan; y más, cuando se está en medio de algún proceso político electoral, por temor a la pérdida de votos ciudadanos. ¡Qué me importa!, se escucha con frecuencia decir a mucha gente desaprensiva; yo hago hoy lo que me venga en gana.

Por ello, en cualquier esquina de una vía de tráfico aquí, aparece instalada una “fritanga”, de la noche a la mañana. No pocas son las aceras que se observan repletas de obstáculos diversos (venduteros públicos pequeños ejerciendo – ¡ay los pasos peatonales extras, qué pena dan! -, materiales de construcción, talleres, extensiones de negocios instalados en la zona, vehículos parqueados), impidiendo el paso de los peatones, y hasta poniendo sus vidas en riesgo, cuando tienen que lanzarse sobre los automóviles que se mueven, o circulan, prácticamente, para poder transitar hacia los destinos a que se dirigen.

Nada más hay que recorrer algunas calles y avenidas de la ciudad capital, principalmente, para percatarse de lo señalado más arriba, como de las innúmeras practicas indebidas en la que incurre la ciudadanía; los comportamientos osados impropios por los que tantos se inclinan; de las ocurrencias temerarias e irregulares que se registran a nivel tráfico vehicular todo, público y privado, un caos terrible.

Las normativas regulatorias con respecto a ese sector, solo existen en papeles, adornando los anaqueles del organismo estatal competente. Pero, además, solapan las violaciones recurrentes los padrinazgos, como los tráficos de influencia que se estilan para proteger a determinados infractores de la nueva Ley de Tránsito vigente de la República Dominicana (63-17): políticos, militares, funcionarios públicos, y sus allegados más cercanos, entre otros.

Es indudable que, en esa deprimente situación nacional que se describe más arriba, subyace la ignorancia alarmante que denota la sociedad dominicana, condición que crece en todo momento, como la verdolaga en tiempos de lluvia.

Y, ahora es que va a aumentar considerablemente, con el cambio de patrón educativo local introducido, desde lo presencial, muy mal aprovechado, por supuesto, a lo virtual, utilizando para este último pantallas de computadora, y de teléfonos celulares. ¡Ay mamacita!

Con ese nuevo invento, es que “la piña se va poner agria” en esta nación; pues con el primer método poco aprenden los estudiantes, debido a las displicencias de esos mismos, como las de los padres, que no quieren asumir los deberes que les corresponden en ese orden; al igual que, las verificadas en el ámbito docente, que tampoco está libre del mal. Profesores sin aptitudes, como tampoco vocación para enseñar, de ordinario se observan en las aulas de los sistemas, público y privado. ¡Innegable eso!

A partir de estos momentos es que menos se va a educar en este país. Las lagunas que vienen arrastrando nuestros jóvenes y adolescentes en materia de formación académica, a nivel de los conocimientos básicos que requieren los mismos para proseguir con sus estudios de grado superior, seguirán “viento en popa”, como se dice popularmente. Por igual, continuarán pasando vergüenzas, tanto aquí, como a nivel, de las llamadas pruebas PISA, debido a las deficiencias que acumulan.

Y, como es lógico suponer, sin una educación adecuada para jóvenes y adolescentes, en todos los órdenes necesarios del conocimiento humano, la conciencia cívica ciudadana brillará más aún por su ausencia, con inducción directa hasta los mayores, y traslación generalizada hacia todos los sectores de la población dominicana.

Por todo lo expresado, se torna más que predecible, y hasta aseverativo a la vez, que este país seguirá “cuesta abajo”, como dice un tango famoso. Qué lo calificativos de Estado fallido, como de área selvática “encementada” dentro del área del Caribe, según los que así opinan, lucen estar bastante cerca de la verdad.

¡Así nunca imaginé mi país!, vale reiterar; como, es posible que. también haya ocurrido con otros nacionales, a quienes el mismo por igual les duela.

Autor: Rolando Fernández

En Dominicana crece la ignorancia, como la hierba verde silvestre. ¡Innegable!

¡Qué lástima tener que decir eso!; pero, es una gran verdad. Creer que no, sería autoengañarse. Y negarlo ante los demás, una gran tozudez

Vale transcribir aquí: “Ignorancia (del latín ignorantĭa) es la falta de conocimientos en particular o de cultura en general. La persona que ignora algo no lo conoce o no lo comprende”.  “La ignorancia sólo se combate con educación”. Fuente: red de la Internet. ¡Ay de eso último en este país!

En una ocasión, un destacado literato y político del patio se refirió a esa temática, y asociándole con el país, dijo: “Si la ignorancia alimentara, la República Dominicana, fuera uno de los países, cuya población tendría siempre, muy bajos niveles de deficiencia nutricional”. Fueron más o menos esas sus palabras, según las recordamos, con un claro sentido de interpretación para cualquier entendedor medio.

Y eso, fueron aquellas expresiones, evidentemente, cuando la sociedad dominicana aún no estaba tan robotizada, como hoy pasa; ni, adherida casi por completo, a determinados patrones culturales extranjeros, incidentes de forma negativa en la idiosincrasia propia de los nacionales nuestros. Tampoco, menos degenerada, en términos morales, tal en el presente ocurre.

Eran momentos en que, dentro de las grandes preocupaciones de un segmento importante de la juventud local estaba el procurar el hábito de la buena lectura, (ahora no se lee ni periódicos); y, el alcanzar los saberes imprescindibles para la buena convivencia, como la salubridad requerida.

También, el procurar la concienciación debida, a través del conocimiento y análisis de los hechos históricos mundiales más importantes. Claro, había también sus limitaciones. No se contaba para la época, con la globalización informativa, ni las facilidades tecnológicas de que hoy se dispone.

Uno se preguntaría entonces, cuál sería el parecer presente de ese gran hombre público, no solo en el ámbito nuestro, sino en el exterior por igual, ante este conjunto de indoctos y analfabetos exhibicionistas actuales, con los que hay que lidiar ahora casi por obligación, (jóvenes, viejos, profesionales mediocres, y letrados a medias), en ánimo  de aparentar bienestar solamente, a pesar de las tantas fuentes digitales, y bibliográficas escritas, libros, edificantes, que se tienen en estos tiempos, y que no se aprovechan.

Es gente solo pantalla en su mayoría; que, sin un celular en las manos, o una de las llamadas tabletas al último guay de la moda, que a veces ni sabe cómo usarlos, tiene esos dispositivos, tales sus principales herramientas para el accionar. Y, sin ellos, se considera no ser nadie; se siente vacía.

Que está siempre hablando y leyendo disparates; digitando mensajes entre personas, que, amén de los conocimientos individualizados perseguidos, se pueden difundir ampliamente, usando las distorsionadas y relajadas redes sociales, si es que se quiere.

Cuánta razón tenía aquel viejo zorro de la política local, al hacer dichos pronunciamientos. Es evidente que, esa condición ciudadana, de “ignaros por excelencia”, ha venido in crescendo desde entonces; y, obvio que, por tal razón, los tuertos aquí   vienen jugando a la clara con esta sociedad de ciegos visuales y mentales, desde hace décadas; que la pueden embaucar con cualquier cosa, teniéndole siempre a su favor.

La ignorancia se pone de manifiesto en diferentes formas, y una de ellas es la adicción a los comportamientos impropios por parte de las personas; en las actitudes irracionales en las que se incurre, por mera ostentación social, o copismos osados de lo extranjero. También, la exposición de pareceres, y defensas tozudas de esos, a pesar de la carencia de sustentación alguna que tales revistan.

Una mera observación comprobatoria, permite percatarse hoy respecto del primer indicador señalado en torno a la cruda realidad nacional de que se trata – las adicciones de moda en ese orden – que, indiscutiblemente, se han convertido en una especie de “pandemia ignorantil” entre los dominicanos. ¡Qué lástima!

Ese mal generalizado (ignorancia extrema), es algo que campea por su fuero aquí; que de ordinario está presente en muchos de los accionares y pensares de nuestra gente, con rarísimas excepciones. Se disimula en ocasiones, aunque siempre puede apreciarse con facilidad.

En correspondencia con ese parecer último, el acudir a cualesquiera de los lugares en que se reúnen personas en este país, permite darse cuenta; principalmente, por los conversatorios individualizados que se escuchan, entre miembros de los grupos que allí se forman; y, la adicción alarmante por otro lado a los teléfonos móviles, como el estar atentos siempre, con muy pocas las veces observables, a las pantallas de esos aparatos, hablando y digitando los actuantes, asuntos, o mensajes de muy poca importancia, en la mayoría de los casos. Vale decir que, cuestiones de trascendencia, difícilmente se aborden por esa vía.

El aislarse de las formaciones grupales totalmente, y proceder como si les fueran ajenas las mismas, es una práctica que se ha convertido ya en consuetudinaria, podría decirse. Se está ahí solo ocupando un espacio físico, y en ocasiones, hasta molestando, con los altos hablares.

Tal situación se verifica incluso, a nivel de los entornos familiares más cercanos, cuando se intenta compartir con los miembros dentro de las tribus sanguíneas creadas, o de la que nada más se forme parte; en reuniones sociales, y demás actos.

Ay, cuando sueña de repente uno de esos aparatos, con tonos estridentes, y sonidos reguetoneros, la mayoría de los portadores lucen sentirse prestigiados e importantes, porque les están llamando.  Así lo manifiestan ante los presentes, doquiera que se esté.

Ahora, al reparase sobre algunos fragmentos de    las conversaciones que se llevan a cabo, y que se escapan inadvertidamente en ocasiones, uno se puede dar cuenta de las sandeces sobre las que tratan mucho por ahí; qué no son nada importante los intercambios verbales que se hacen de esa forma; que todo es producto de los esnobismos, y el querer aparentar condiciones sociales diversas, algo que por lo regular, desnuda de cuerpo entero a las personas envueltas.

¡Cuánta ignorancia, mamacita!; falta de formación real y de aprendizajes vivenciales sólidos, condiciones humanas muy negativas, que por lo regular promueven los pensares impropios y los comportamientos inadecuados de muchos individuos hoy.

Finalmente, cabe destacar antes de concluir, aunque este trabajo se torne un poco largo, y como complemento, que el espejo más amplio y significativo a la vez entre nosotros, para advertir el alto grado de ignorancia que caracteriza hoy a los dominicanos, con muy pocas excepciones, y más notorio a nivel de las nuevas generaciones, obviamente, es la pantalla chica – la televisión local -, “cantera” en estos tiempos de degeneraciones inmensas, comportamientos impropios observables, promociones sexuales, novelas mal logradas, politiquerías, lambonerismos, y mercadeos en grado sumo.

Las realizaciones basuras que se presentan allí, entre algunas de calidad, contadas, y la capacidad de aceptación que se tiene, respecto de las cuestionables, aunque con las repulsas obvias de algunos televidentes que, por no disponer de otro tipo de distracción hogareña, se ven llamados a conformarse, y quizás hasta obligados, no sería osado decir, a sentarse frente al cuestionado aparato. son aspectos que bien reflejan el mal abordado.

Y que, a la vez, permiten formarse un juicio valedero en tal sentido; como, al mismo tiempo, catalogar ese medio, tal un gran espejo alienador hacia las satisfacciones personales a medias; y, con el que la gente tenga que conformarse viendo lo que sea.  Además, qué se aprecie la televisión nacional, como un amplio difusor de mediocridades innúmeras en adición, a nadie debe extrañarle.

Máxime, se hacen más sólidas, y creíbles por supuesto, esa apreciación, y las calificaciones señaladas, cuando provienen de cualquier ciudadano con cierta formación académico-profesional que se incline por hacerlo – ver televisión local -. buscando alguna forma de entretención casera, o documentarse sobre determinados tópicos de interés nacional.

Obvio que, de inmediato asoma en ese, un mayúsculo desagrado, ante la falta de calidad, y ética, que reviste la gran mayoría de las cosas que se observan y son escuchadas allí, que a veces rondan lo depravado, e indecente; cuando no, lo cansón, a todas luces. ¡Penoso eso, verdad!

Que claro, bien pueden aquellas ser reprobadas, y denunciadas, como actuaciones televisadas muy impropias en las que se incurre de ordinario. Pero, aquí nadie hace caso a ese tipo de cosas. Lamentablemente, ya doña Zaida Ginebra viuda Lovatón no existe; como tampoco, nadie que procure emularle se tiene.

Lo que puede ser visto y aquilatado en esa amplia fuente difusora aquí – televisión -, francamente puede catalogarse como deprimente. Cuántas malas producciones; “enlatados repletos de vacuidades”; y, gente sin las capacidades requeridas, como amorales por demás algunos, dentro de un medio con tanta cobertura a todos los niveles

Personajes de la pantalla chica aquí se observan entonces, que procuran destacarse como los mejores en artes y demás; incluidos, los seudo comunicadores que pululan en ese ámbito, y los analistas de “pa’ cotillas”, autoapreciados como todólogos, que ni siquiera saben expresarse bien frente a los que escuchan sus chácharas repetitivas, y hasta burlescas en ocasiones, como loadoras de hombres y mujeres en ciertos casos, que poco merecen alabanza alguna

Qué, mucho menos pueden algunos de tales parlantes públicos, concluir adecuadamente, después de ratos hablando, con respecto a ciertas temáticas que abordan, y que, en realidad, poco dominan. Hasta ahí pueden llegar varios de esos indoctos osados comunicadores, o simples comentaristas enganchados al periodismo., que se gasta la televisión local nuestra.

Claro, hay un refrán popular muy certero que dice: “Cuando el hambre da calor, la batata es un refresco”. Por eso, tantas figuras aquí, descalificadas, haciendo uso de la televisión y sus micrófonos, en ejercicios diferentes, logran mantenerse vigente, y atraer cierto público espectador.   ¡No hay más nada que ver; solo queda aceptar!

Al mismo tiempo, se encargan esas de evidenciar, una gran parte del coctail que, en términos de ignorancias alarmantes, caracteriza al grueso de la sociedad en Dominicana.

Retornando, sobre lo primero expuesto aquí, es obvio que, aquel hombre público nuestro, encontrándose añado ya, se refirió a ese particular, como una forma más, para que siempre se le recordara en este país, al momento de repararse en las aptitudes y los procederes cuestionables ordinarios de muchos ciudadanos de esta nación, sin importar el paso de los años, ni los matices modernos de las épocas.

La condición aludida entonces, se ha mantenido; y, es obvio que, en vez de disminuir, como era de esperarse, por cuánto de material formativo se ha ido disponiendo en lo adelante; y, de los mismos hechos vivenciales concretos, sociales y políticos acaecidos en esta nación, que mucho deben enseñar también a la gente, lo que se reporta fehacientemente es, ¡qué la misma ha ido in crescendo cada vez más! Eso dice con claridad, ¡qué esa, como la hierba verde silvestre, es muy difícil de secar aquí!

¡Ignorancia hasta por los codos se tiene en Dominicana! Se evidencia con fuerza; pero, lamentablemente, no se trata de combatir.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Creo ser, y qué merezco ¡Yo, y solo yo!

Craso error esa autovaloración; y, más aun, el proceder en función de ese pensar egotista por completo. Conlleva tal, el fracaso de todo tipo de relación interpersonal que se pretenda mantener, incluyendo aquellas de orden laboral.

¡Lamentable! Pero, a esa escuela pertenece una gran parte de los seres humanos hoy. Es gente que por regular se cree ser superior a los demás; máxime, si es de aquella que dispensa servicios a sus congéneres.

Notorio es que, cuando esa viene a despertar, procurando recapacitar, como de enmendar algunos procederes impropios en ese tenor, se le hace tarde.

Difícil es luego, recuperar el terreno perdido. Ya todos los palos están dados. Y, como reza un refrán popular que bien aplica aquí, “ni Dios los quita”.

Por lo regular, se mantiene ese pensar contra vientos y mareas. A veces, ni los tropezones severos hacen levantar los pies. Se insiste en las actitudes derivadas, y posiblemente nunca se reflexiona, como se pregunte, diciéndose: “yo pienso qué soy, y qué merezco”. Ahora, ¿cuál será la creencia de los demás con respecto mí? ¿Tendrán el mismo parecer?

Entonces, vienen ahí los encontronazos deprimentes, cuando se sabe que no es así. Las opiniones disímiles en contra son escuchadas. Se reciben los reproches de estilo, y hasta burlescos en ocasiones. ¿Qué es lo que se cree este, o esta, se oye decir?

A veces, tienen que oír los envalentonados del patio, principalmente, que se les asocie con un dominicanismo muy popular que reza: “Gran cosa lleva Yuna”, refiriéndose a uno de los ríos más importantes del país, y las cosas que arrastran sus caudalosas aguas, cuando se estima que lo llevado, es de muy poca importancia, o valor en realidad.

¡Todos los humanos sobre el planeta Tierra, en verdad somos y merecemos!, por la procedencia innegable que se tiene, y la condición de Atributos divinos en manifestación otorgada, en el plano de la materia densa

Por tanto, particularizar la apreciación que intitula, es una falsa creencia, que más temprano que tarde derrumba los egos envalentonados.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Salva, y condena a la vez: COVID-19

La verdad es que, muy cierto es el refrán que reza: “Para salvarse uno, tiene que joderse el otro”.  ¡Comprobable es el sentido que envuelve!

Su veracidad se ha puesto precisamente de manifiesto en estos momentos, cuando la pandemia del COVID-19 viene azotando de forma consistente a la sociedad mundial. “¡A pescar en rio revuelto!”, como se dice popularmente. Así están pensando muchos, que hoy logran claramente sus propósitos mercuriales.

Los inescrupulosos que explotan determinadas actividades comerciales actualmente en el ámbito del sector salud, y afines, están haciendo aprovecho de la oportunidad que les viene ofreciendo la mencionada crisis sanitaria alarmante, para hacer grandiosos negocios, tal se estila comúnmente, con la fabricación y venta en este caso, de efectos y productos diversos,  utilizables, según se dice, para la prevención del mal; como de medicamentos, supuestamente efectivos, entre ellos la vacuna requerida, en pos de la erradicación definitiva del mismo.

Pero, además, están haciendo su agosto en diciembre, como se dice a nivel de pueblo, en términos de lucrarse económicamente, algunos empresarios del área de la salud: médicos, clínicas privadas, y los laboratorios que están ofreciendo los servicios de las analíticas pertinentes, relativas al coronavirus, que ataca sin piedad a los humanos.

Estos últimos están obteniendo cosechas económicas bastante jugosas. Ahora son ellos los que seleccionan los clientes; y, algunos hasta se las ponen bien difícil a las personas, como se dice, cuando no son muy rentables los que requieren de tal asistencia; o, llegan sin ninguna recomendación de clínica, o médico connotado dentro del sistema de salud. ¡Se nota bastante la discriminación en esta República!

Contraria es la aptitud de hoy en Dominicana, a la que se observaba cuando el virus no estaba presente en el país, que entonces esos establecimientos procuraban acomodar a los que llamaban, o se presentaban en busca de algún servicio.

En ese orden, con gusto, y oportunidad, llegaban hasta los hogares de los enfermos con limitaciones físicas, u otros impedimentos de salud, para comenzar a trabajar desde allí, si les era solicitado.

Se agenciaba en ese tiempo, conquistar a los eventuales clientes que se acercaban a esos negocios disfrazados, a los fines de preservarles como tales. Pero, en vista de que hoy la demanda de prestación es tan grande, eso poco importa. ¡Qué se quede el que quiera!

Cuánto ha hecho cambiar el trato que se dispensaba a los requirentes otrora de esos establecimientos, cuando la demanda de los servicios de ese tipo no se hacía tan obligatoria, como en el presente, y se tenían laboratorios disponibles para utilizar a selección.

¡Cuántos negocios! Cuántas millonarias ganancias se han venido percibiendo a partir de la aparición del COVID-19; y, no solo en Dominicana, sino a nivel de diversas latitudes del mundo, donde la pandemia ha generado necesidades imperiosas, en términos de imponer medidas sanitarias extremas de prevención, como de combate directo a tan potente virus.

Sí, ese que ha sido considerado como la gran pandemia del siglo, y que a su vez ha dado pie a la instauración de un excelente negocio para muchos desaprensivos que, ojalá no se vean siendo objeto después del mismo tratamiento especulativo que hoy dispensan a sus congéneres, hermanos en necesidad, proclives, o afectados ya por la terrible enfermedad. ¡La aplicación de la Ley de Causa y Efecto es inexorable, qué no se pierdan!

Cuántos están logrando hoy elevadas fortunas económicas, aprovechándose de la situación; ¡los que se están salvando!, acumulando riquezas; mientras, ¡otros se joden!, padeciendo de la enfermedad, o muriendo finalmente, en parte a causa del mal sanitario.

Y, por otra, debido a lo incosteable de los tratamientos necesarios, medicinas, o efectos requeridos por la gente, y productos para prevención, con los que se viene comercializando abiertamente, sin reparar en la preservación obligada del activo más importante para las personas, el denominado salud, ¡qué indudablemente lo es!, pues cuando se pierde, difícil, o jamás se recupera.

Obvio que, ¡se cumplen las dos cosas en estos momentos!, “unos se salvan, mientras otros se joden” como producto innegable de la pandemia del COVID-19.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Qué procuren hablar con Dios los científicos

Aunque parezca una osada reflexión de alguien que lo crean medio “chiflado”, la verdad es que, debido a los escalofriantes efectos dañosos ya provocados a nivel de la geografía mundial por el COVID-19, y la incapacidad científica puesta en evidencia hasta el presente, en términos de prevención efectiva, y oportuna real eliminación de tan potente virus, ese flagelo pandémico luce como que va para largo.

En consecuencia, no podría considerarse como un exceso decir, que, a los creídos dioses en la Tierra, representantes cimeros dentro del área, no les quedará más remedio que mirar hacia arriba, como dicen muchos creyentes en las cosas divinas, para invocar ayuda.  ¡Suplicar al Supremo, ante las limitaciones que vienen enfrentando en su ejercicio, para poder alcanzar los logros esperados!

Se entiende como imprescindible esa actitud, si en realidad los cientistas andan detrás de los medicamentos preventivos necesarios, cuáles sean; como, de una vacuna real, y probada, para poder hacerle frente de manera definitiva a ese extraño mal mundial, en favor de todos los humanos.

Es la mejor alternativa que les queda hoy a esos envalentonados de las ciencias; los que creen estar en capacidad de llegar a saberlo todo por sí mismos Y, obvio que, van a tener que despojarse de ese osado pensar, como de las ínfulas que le acompañan, las cuales se estilan de ordinario dentro de esa selecta especie terrena.

También, de los claros e inflados egos agnoticistas que les caracterizan siempre, al hacer sus pronunciamientos de corte ateístas, como las calificaciones atrevidas que esgrimen, de ordinario no bien fundadas podría decirse, con respecto a la aceptación, y obediencia debidas, relacionadas   con los predicamentos de orden divino, que en parte lucen estar dejándose de lado desde hace mucho tiempo, y que están asociados directamente con la evolución espiritual de la especie humana, como con la creación misma del Universo.

En esa línea de contrición, se considera que, van a tener que agenciarse una entrevista con el Superior Arquitecto de todo, para que Este les diga, si es posible, a través de certeras intuiciones, por donde es que deben caminar con precisión, tanto ellos, como los demás hombres terrenos, en busca de la solución para la llamada pandemia del siglo.  Por más que se crean saber, ¡solos, nada efectivo van a lograr!

 

Sí puede asegurarse que, se harán muy buenos negocios, aprovechando la peligrosa crisis sanitaria; y, que habrá una fuerte competencia entre los países que se destacan como hegemónicos hoy, en los que precisamente es, donde más ha atacado el Coronavirus, y que se están ufanando sus líderes presentes, queriendo ostentar supremacía mundial, en torno al logro de haber obtenido la primera vacuna necesaria para el combate de la epidemia, o por tenerla en su fase final fabricación,

 

Según las informaciones periodísticas que fluyen al respecto, son varias las naciones de esas que andan detrás de la medicación señalada, encabezadas por Rusia, Estados Unidos y China, entre otras. Ya están comenzando a “jalarse los moños”, como se dice en algunas zonas del mundo.

 

¡Ojalá que tangan éxito; qué la consigan!, y que la misma pueda ser suministrada a precios asequibles, para todos los seres humanos sobre el planeta; qué se deje delado el mercadeo especulativo corriente, con algo de tal naturaleza, y necesidad imperiosa social.

 

En relación con igual temática, debe señalarse que, no desde ahora es recordable que, la humanidad viene siendo objeto de afectaciones virales: epidemias, pandemias, fenómenos naturales tormentosos, de magnitud extrema, guerras, etc., eventos catalogados por lo regular como punitivos, en pos de que los hombres enmienden sus actitudes impropias, como de desobediencias a los preceptos divinos, y a las normas que deben observar, asociadas con el propósito de la creación de la especie, y la misión evolutiva de las entidades espirituales encarnadas

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Sin embargo, poco es lo que se ha logrado en tales sentidos, y el escenario mundial observable presente así lo pone en evidencia. Todo continua de mal en peor. Los hombres se comportan cada vez más de manera irracional, y se muestran incrédulos excesivamente. “Solo se acuerdan de “Cristo, cuando sienten un temblor, o cuando llega un ciclón”, tal decía en tono jocoso, un extinto humorista dominicano.

 

Se hace bien claro notar, que el grado de significación en que se han venido presentando los fenómenos naturales acaecidos en el mundo a través de los tiempos, es superior cada vez, como queriendo decirse que, los castigos deben ser mayores, para ver el nivel de obtemperación que se pueda lograr por parte de la humanidad.

 

Y es que, ya este mundo no puede continuar transitando por los mismos derroteros que hasta ahora, mofándose de su Creador; violentando sus disposiciones sagradas; y, creyéndose los hombres, qué pueden hacer libremente cuánto les venga en gana; que la Ley de Causa y Efecto no le será aplicable.  ¡Craso error eso último! En algún momento les llegarán las facturaciones procedentes de la Madre Naturaleza. ¡Es algo inexorable!

 

Notales son las violaciones a lo prescrito originalmente por el Supremo Creador del Universo, comenzando por el requebrajamiento bien notable de la columna principal en que se sustenta parte de la creación, y la conservación misma de la humanidad: la MUJER, el ser más importante sobre el planeta Tierra, por sus atribuciones y deberes, respecto de toda la especie humana.

 

Su misión de co-creadora por excelencia con el Supremo, y como ente de equilibrio emocional-familiar, dentro de las tribus sanguíneas que forman, al igual que artífice por demás de la formación hogareña óptima en relación con los vástagos que se traen al mundo, con trascendencia hacia todos los conglomerados sociales, entre otras, han ido siendo tiradas por la borda desde hace muchos lustros, con efectos bastante nocivos, innegables, para el gran conjunto terrenal hombres-mujeres.

 

Acompaña a esos abandonos, y para más dañar, el hecho de que ahora se esté promoviendo la homexualidad y el lesbianismo, lo cual va en contra de esa célula social primaria fundamental denominada familia; aceptándose, y reclamándose incluso , el que se consideren como normales tales prácticas, impropias a todas luces; o, aberraciones más bien, ponderadas en el marco  de las convivencias humanas naturales; y,  lográndose además en algunos casos, la oficialización estatal de matrimonios entre personas de un mismo sexo.

 

Evidentemente, eso contraviene lo plasmado, hasta bíblicamente hablando, en el libro del Génesis: Cap. 1-27 “Y creo Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra lo creó”. Cap. 2-24, “Por tanto dejará el hombre a su padre y su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. No los mandó a unirse hombre con hombre, o mujer con mujer.

 

Los dos sexos los creó el Supremo, por separado; y, luego los mandó a unirse para “creced y multiplicaos” (Cap.1-28). ¿Y entonces, qué es lo de ahora?  ¿Cambiar esa originalidad? ¿Creerse los hombres (general) que están por encima de su creador? ¿Ignorar los dictados Superiores a obedecer?

 

Pero, además, es muy obvio entender, que a ambos sexos les fueron asignadas condiciones físicas y mentales muy diferentes; al igual que roles a desempeñar sobre el planeta Tierra, que ahora se quieren establecer como “unisex” en gran parte.

 

Desde hace un tiempo muy significativo ya, muchos varones aspiran hasta querer parir; y, las mujeres a competir de tú a tú con los hombres, por entender que ellas pueden hacer lo mismo que el sexo contrario, y que hay que romper con todas aquellas creencias convencionales de diferenciación entre ambos seres, mal fundadas a su entender. Se enmarca esa concepción ultima en la llamada “liberación femenina”, no bien concebida en todas sus partes, claro está.

 

Habría que preguntarse, frente a la realidad que se verifica con relación a ambos sexos: degeneración escandalosa de la mujer, por un lado; y por otro, la tendencia hacia la homosexualidad por parte de los hombres; amén del otro ingrediente depreciable que se viene agenciando con insistencia desde hace ya un tiempo razonable: la legalización generalizada del “homicidio llamado aborto”, ¿cuál sería el rumbo de la especie humana, de seguirse tal cual se va caminando en la actualidad?

 

A cualquiera asaltaría la inquietud, a partir de una mínima reflexión, de si podría sobrevivir la humanidad, con una clase femenina generalizada, inconsciente por completo de sus verdaderos roles y deberes atribuibles; como, con hombres haciendo el intento de parir, qué difícilmente, por no decir imposible, lo logren; y, ahora la inclusión de la permisividad del aborto en las mujeres que se adicione, en caso de conseguirse.  No sería una inquietud atrevida, ¿verdad?

 

Entonces, el procurar que los terrícolas cambien sus desaprensivos pensamientos ya ordinarios prácticamente, como el dejar de lado otros procederes muy impropios – desamor, egoísmos e ingratitud -, que van en contra de lo que debe ser, espiritualmente hablando, y procuren enrumbarse por los senderos divinos trazados, y dispuestos desde planos superiores de conciencia en el Universo, en pos de la evolución del planeta Tierra, hasta convertirse en sagrado, es algo que cada vez se hace más urgente.

 

Luego, no resultaría nada extraño para algunos entendidos en determinadas profundidades de orden esotérico, el que otros eventos súbitos de punciones más severas puedan aflorar en cualquier momento sobre el planeta Tierra, de no lograrse lo propuesto con la pandemia del COVID-19, como ocurriera con otras anteriores, divinamente hablando: corrección, y contrición humana, que urgen bastante ya.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¡Qué invento! ¿Cuál será el otro?

“El golpe de gracia”a la educación en Dominicana, como ses dice a nivel de pueblo, se está procurando ahora, con el pretender utilizar la televisión y la radio, para educar, académicamente hablando, amén de las clases virtuales, como nueva norma ya introducida. ¡Y quién ha dicho, que por ahí se pueda hacer lo que se persigue, con eficiencia y oportunidad!

Se está recurriendo a la radio y la televisión, internamente, como una manera de mitigar un poco las desigualdades sociales presentes entre nuestros jóvenes y adolescentes, que es obvio, arrastran consigo serias limitaciones económicas, muy a la vista, y que impiden adquirir a los depauperados entre esos, los equipos tecnológicos que se hacen necesarios, amén de poder costear el uso de la Internet, a los fines de recibir clases virtuales, según se dijo.

Un paréntesis necesario, para “cranear” sobre lo expuesto, antes de proseguir, muy a propósito de lo que se trata: “La realidad virtual es un entorno de escenas u objetos de apariencia real. La acepción más común refiere a un entorno generado mediante tecnología informática, que crea en el usuario la sensación de estar inmerso en él”. Wikipedia

Pero, además, se dice en otra parte, con respecto a lo virtual, en términos más sencillos: “Que solamente existe de forma aparente y no es real”. En eso vale la pena insistir, no por necedad, sino por lógica, cuando se asocia con la difícil tarea de educar.

Continuando con la temática central, estamos aquí pasando vergüenzas con nuestros estudiantes, por las deficiencias que se verifican en el sistema oficial actual – presencial -; como, además, la falta de responsabilidad atribuible a padres, alumnos, y algunos docentes, que enturbian más las aguas del sector cada vez.  ¡Hay que imaginarse entonces, a partir del nuevo invento: virtual!

Y, ahora, para completar la improvisación, quizás dentro del marco de la llamada “Revolución Educativa” local, y eso de la “República Digital”, politiqueras ambas, más que todo; y, con la excusa de la pandemia sanitaria que nos afecta, se busca sustituir las aulas de clases por la radio y la televisión, también, lo que, obviamente, empeorará las cosas criticables, como las deficiencias bien marcadas que se tienen a ese respecto.

“Se utilizará la televisión, el cabe y la radio para educación remota” (periódico “Diario Libre”, del 7-8-20). Se calza el titular con: “Hacienda no descarta aplicar medidas tributarias temporales de alivio a los bolsillos de las familias por la compra de equipos electrónicos para la educación a distancia de los hijos”.

Obvia la eventual decisión, para poder virtualizar más el ejercicio; y que un mayor segmento de la población se pueda “educar” bajo la nueva modalidad; que un mayor número de familias pueda tener acceso al modelo virtual ahora planteado, para que no se tenga que depender de la radio y la televisión.

De eso último manifestado por el ministerio de Hacienda, se advierte sobre la comercialización mayúscula con los agregados educativos demandados, incluidos los equipos tecnológicos necesarios, que habrá de imponer la nueva práctica que se pretende introducir en el área de que se trata, Muchos negocios, sí es lo que van a hacer los “pulpos”, y los políticos que se destacan dentro del sector.

En adición al mercado lucrativo, que de seguro se persigue, quizás otro aspecto muy importante a considerar sea, en el tenor de lo abordado, la actitud silente que observa mucha gente nuestra, que sí conoce sobre educación en esta República, y que luce estar haciéndose la indiferente.

Sabe esa, como es lógico suponer, del valor que representa dentro del ejercicio docente, la vocación exigible; como, del calor necesario a nivel de las aulas con los alumnados, en pos de mejor enseñarles. ¿Se pueden aquilatar esas condiciones, en la forma virtual de impartir, o a través de la radio y la televisión? ¡Bueeeno!

Aquella está haciendo silencio, lo cual luce indicar que, por motivos que se desconocen, muestra respaldo a las decisiones que vienen adoptando los políticos, como a los aprestos comerciales de los sectores económicos que intervienen en la actividad, directa, o indirectamente.

Qué la educación del país se acabe de deteriorar por completo, parece que muy poco importa a muchos; como tampoco que, nuestros jóvenes y adolescentes resulten menos aptos cada vez; incluidos los profesionales, por añadidura, que egresen de las universidades locales, y que por supuesto, estarán esos menos preparados para formarse en tal sentido, y llevar a cabo después los ejercicios propuestos, por el caudal de lagunas, en términos de conocimientos base requeridos, que se arrastrarían durante lo estudios de grado superior.

Se tiene, qué no haber saboreado a nivel de los diferentes grados de la educación nuestra. el “licor amargo” del ejercicio docente, con la materia prima puesta a disposición, y que dentro de las aulas se brinda, para, estar de acuerdo con eso de lo virtual, radial, y televisado, que ahora se pretende instaurar, respecto de tan delicadas funciones.

Finalmente, cabe recomendar que, como aquí se inventa, y se copian tantos extranjerismos importados, que se vienen aplicando dentro del área educativa, sin prevenir consecuencias derivadas, ¡qué ojalá siempre se haga para mejorar, y no para empeorar!

 

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¿Por qué será esto, realmente?

Es la pregunta obligada que todo hombre pensante sobre el planeta Tierra debe hacerse, cuando repara en la nueva norma de vida que se viene adoptando a nivel de la sociedad mundial: la covidianidad, con patrones sociales de conducta generalizados, sin parangón exacto, respecto a los tiempos pasados, podría decirse.

Verbigracia, se observa como regular ya en el presente, el uso obligado de mascarillas “cobertoras”, de los rostros humanos, aunque sea parcialmente, incluyendo boca y nariz. Hay cierto parecido de la gente ahora, con los bandidos asaltantes de otrora.

Y, para completar, hasta los ojos hay que cubrirlos con gafas; amén del uso de otros efectos protectores clásicos adicionales que se utilizan, para una mayor seguridad.

También, son notorias las posiciones de distanciamiento social obligado que se deben mantener entre congéneres, en pos de evitar los contagios predecibles entre los mismos.

Es una nueva forma de vida humana adoptada hoy, por los riesgos probables de un virus letal, que, sin distingo alguno, viene atacando a una gran parte de la humanidad, lo cual debe inquietar sobremanera a los terrícolas, debido a las exigibilidades sanitarias dispuestas, y los efectos lesivos que se reciben, como el expansivo curso que en él se verifica; al igual que, la evolución sostenida que mantiene el mismo, impredecible hasta el momento

Eso se infiere que sea así, en términos de las preocupaciones obvias actuales que se generan, por el desconocimiento de la naturaleza del mal, como su afectación masiva, y la incompetencia científica hasta el momento, para su efectivo combate.

No importa cuáles puedan ser las creencias individuales que se tengan; como, el aceptar, por ejemplo, que sea una de las lecciones punitivas de carácter divino que se verifiquen, debido a los efectos de las causas diversas impropias sembradas siempre por los terrícolas.

Tampoco, el que no se admita tal situación como verídica. Lo que sí es una realidad, es la presencia de una pandemia mundial de gran magnitud, el Covid-19, que ha puesto de rodillas a todos los países, e inclinando a tantos hombres y mujeres a pensar; y, que a muchos se está llevando para el otro mundo, el verdadero espacio de las entidades espirituales que desencarnan.

Algunos son de opinión, que es un karma punitivo para la especie humana, por los comportamientos impropios observados desde tiempos inmemoriales, en violación de los mandatos recibidos del Creador Supremo; y, que como es obvio suponer, entienden que, algún tipo de castigo, esos deben merecer.

Tampoco importan los “agnosticismos tozudos” que en lo individual interfieran, pues hay una realidad bastante concreta que está presente, vale reiterar, cuyos porqués se desconocen, y que sí es lo que más debe importar, por la reflexión exigible pertinente, y el combate sostenido a sus efectos nocivos.

Asimismo, el interés de saber con propiedad sus razones, debe estar al margen de la adhesión plena a los criterios científicos convencionales, que hasta ahora se vienen externando al respecto, los cuales aún no definen nada en firme; que lucen andar por los aires todavía; mientras, la gente desesperada por los padecimientos en su salud, continua a la espera de: una medicación preventiva que en realidad funcione; o, alguna vacuna comprobada, para el combate directo de la enfermedad.

Ojalá que sea cierto eso de que, “¡Rusia ya tiene vacuna!, y que la aplicarán desde octubre”, según publicara en primera plana el medio periodístico “HOY” nuestro, en su edición de fecha 3-8-20. ¡Qué no sea esa noticia, otra forma más de entretención, o un apresto comercial de los acostumbrados!

Cabe agregar aquí, que luce algo cuestionable el que así sea en verdad, ya que, en el ámbito de la lógica se señala: “la descripción de una enfermedad no es suficiente para poder decir el por qué aparece, y cómo se debe curar, en qué casos puede producirse y de qué manera puede evitarse”. Para explicar el origen de una enfermedad y luchar eficazmente contra ella, es necesario saber cuáles son las causas que la provocan”. (“LÓGICA”, D.P. Gorski, y P.V. Tavants) ¿Se sabe cómo apareció en Covid-19, y las causas que están en su base, todavía? ¡Entonces, da que pensar tal aseveración, verdad!

Siguiendo con la pandemia, ¡quién lo iba a decir!, que la gente iba a tener que andar con esos aditamentos complementarios de protección a los vestuarios regulares; y, como refuerzo, el tener que observar casi por obligación, los alejamientos requeridos entre las personas, como si los otros hedieran, reportándose un panorama que luce tétrico por doquier.

Cuando se transita por calles avenidas de cualquier lugar en estos tiempos, o se visitan lugares en que se aglomera la gente, uno cree que está en otro mundo muy distinto a este, por los disfraces protectores personalizados que se exhiben, y a los que se ha tenido que recurrir, para evitarse los contagios previsibles entre congéneres.

Es la impresión que da el panorama actual a la vista, haciendo colegir eso de inmediato, que ese no es asunto de un virus creado en laboratorio particular alguno, a nivel de las potencias mundiales, y que luego se dejara escapar con ciertos propósitos deliberados, de dominación, o estrategia mercadológica.

Qué más bien se podría asociar ese con una de las plagas de las anunciadas para los últimos tiempos de la “Era Cristiana”, a que se hace mención en la Sagrada Biblia, en algunos de sus libros, como su principal causal, o naturaleza, aún desconocidas por la ciencia.

Y que, debido a eso, el combate y la cura definitiva de tan potente virus, lucen estar bastante lejos todavía, a pesar de las alharacas que se escuchan, como los aprestos comerciales que cursan, y que se les está sacando bastante provecho, en cuanto a la medicación preventiva sugerida, como la fabricación de la eventual vacuna requerida.

Todo ese escenario critico-sanitario (Covid-19), en que hoy tiene que convivir el grueso de la sociedad mundial, conjuntamente con los demás flagelos que le afectan, debe poner a pensar muy bien a la gente sobre este planeta Tierra, y preguntarse a la vez, sobre la causal principal que provoca esta pandemia, tan extensiva y feroz

La respuesta no es tan fácil de obtener, como hasta el momento está demostrado; y, posiblemente, solo se encuentre algo de explicación concreta sobre esa cuestión, a nivel de otro plano de conciencia superior al nuestro, la Tierra, por lo que se aprecia bastante intrincado el asunto, e invita a hurgar con imparcialidad en el ámbito esotérico, y evolutivo espiritual del planeta, procurando satisfacer las inquietudes humanas relativas que asaltan.

Cabría agregar al concluir, que en nuestra humilde opinión, basada en algunas lecturas de ese género, es muy posible que un evento indescifrable en el marco de la mente humana, con efectos devastadores para la especie,  como ese que hoy ocupa la atención mundial, con respuestas muy nimias logradas por los investigadores convencionales presentes,  también pueda estar asociado con el cambio de sub-raza que cursa en la actualidad, desde la 5ta. a la 6ta., dentro de la 5ta. Raza Raíz, de las siete que habrán de habitar el planeta Tierra, hasta convertirse en sagrado.

Según algunos entendidos, hechos de connotación severa, como lección a los habitantes de la Tierra, siempre se producirán durante los tiempos de transición de una sub-raza a otra; y, mayores se considera habrán de ser los fenómenos a producirse, cuando se trate de cambios entre una Raza Raíz ya finalizada, y la que prosiga.

¡Insondables esos asuntos, verdad! Pero, se puede intentar conocer algo sobre ellos, que incluso, la mayoría dispone de literaturas sagradas-esotéricas suficientes, contributivas, obviamente, con la expansión de la conciencia humana, tan necesaria en estos tiempos.

Y, por supuesto, ayudaría a satisfacer innúmeras inquietudes de los hombres, que aguijonean a los pensantes, cuando las realidades, entiéndase cualquier acontecer, particularizado o general, impacta; principalmente, si lo hace de manera súbita.

 

Autor: Rolando Fernández.

 

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Soledad en el poder, y situaciones judiciales previsibles en contra

La verdad es que, debe ser bastante traumatizante, la salida súbita o no, de cualquier mandatario que se vea obligado a tener   que abandonar la primera Magistratura de una nación.

Máxime eso, cuando se advierte la posibilidad de que, a posteriori, algunos procesos judiciales en su contra, relacionados con determinadas ejecutorias llevadas a cabo durante la gestión de que se trate, muy cuestionadas públicamente, puedan ser incoados por la sociedad que se ha estado representando, al sentir esta, que han sido afectados sus intereses por aquel.

Obvio que, ¡el poder es muy bueno! Y, lo que se tiene que vivir entonces en aquellos momentos normales de despedida, con incertidumbres de ese tipo, cuando solo resta entregar el mando al relevo seleccionado por el pueblo en las urnas, si es el caso, claro está, en los que ya se es, y no se es nada, en términos reales, tiene que desmoralizar bastante a un individuo que haya ostentando tal posición.

Como es lógico entender, ¡eso de señor, y sí señor, con el ahínco acostumbrado, se va apagando entonces!; lo cual golpea, como es natural, el envalentonado ego que cultivan los gobernantes durante la estadía en el alto cargo, por los endiosamientos de que son objeto por lo regular, entre otras cosas.

Después, cuando ya solo se está ocupando transitoriamente un espacio referente de espera, hasta el instante de tener que entregar los “bates” a los nuevos que dirigirán los destinos del país, los “tragos” tienen que ser bastante amargos.

Pues, además tienen que afectar, los abandonos que se van observando de cuántos han estado a bordo de la nave capitaneada por el jerarca político otrora, ¡qué pronto se tendrá que ir!; y, que están aprovechando esos el ínterin, como es natural suponer, para comenzar a mirar hacia otro lado.

Se van alejando aquellos sutilmente, en busca de encontrar una nueva cobija sustituta futura, proveedora de lo anterior, y protectora por demás, con respecto a lo mal hecho en que se pueda haber incurrido, recordado siempre “al echarse la paloma”, como se dice popularmente.

Los pensamientos inquietantes que llegan a la mente del despedido “magnate cabecera”, principalmente, tienen que martillarle sin piedad, y hasta le inducen a inclinarse por desesperadas decisión, de ordinario descabelladas, por lo regular. También, las desidias durante el proceso de transición se hacen notables, parece que motivada por “el ya me voy”.

Obviamente, amén de eso, golpea los ánimos el hecho de que, en lo adelante, se verá disminuido considerablemente, tras perderse el poder, luego de haber estado por un tiempo razonable, siendo el mandamás entre todos los congéneres de su sociedad; haciendo y deshaciendo a mano abierta, por completo; recibiendo los honores de estilo, las pleitesías lamboneriles ordinarias; y, en adición, estar repleto de seguridades a veces extremas, tanto él como sus familiares. ¡Se acabará el “festín”!

Todas esas, condiciones que le hacían sentirse como dueño y amo del universo circundante, a su alrededor pleno; e intocable, ni con el pétalo de una rosa. ¡Más que motivos se tienen, cuando se disfruta del poder omnímodo en un país!

Se piensa ahora, en que tales cosas habrán de quedar en el pasado, lo cual tiene que afectar anímicamente al más “acorazado” hombre, en términos emocionales propiamente; más quizás, cuando la preparación mental previa brilló por su ausencia.

Se ha estado con el ego muy alto, como es racional suponer, y de repente, la población “le saca la alfombra de abajo de los pies”, como reza un decir pueblerino, tanto a él, hasta el momento creído muy importante, sus familiares, y colaboradores más cercanos.

“Les pasa el rolo”, como se dice popularmente. Se procuran los cambios estimados pertinentes. Prevaleció la intención de lidiar con caras nuevas, sea para mejoras sociales, u otros desengaños, de esos acostumbraos a recibir por la población. El asunto es cambiar, para ver qué pasa.

A todos los expulsados del poder – al director y la orquesta completa -, les asalta la reflexión aguijoneante obvia: “nos tenemos que ir; y, solo nos espera el ser juzgado por la sociedad nuestra; tener que rendir cuentas ante esa, por todo lo malo que hiciéramos, aprovechando las posiciones ocupadas; y, esperar por el reconocimiento de lo que se considere loable, si es que algo hubo, como premio de consolación, a nivel de las páginas de la historia patria”.

Claro, el de mayor afectación en el tenor de lo tratado, tiene que ser el gobernante desplazado, tras un proceso electoral organizado, cuando se le dice que no a sus aspiraciones reeleccionistas; y, obviamente, se le rechaza sin ambages alguno.

¡Me voy yo, con el equipo! Los que fueron mis acompañantes pueden encontrar puertas abiertas en otras partes, según sus habilidades, lo cual no es mi caso ya.  Por eso, tratan de apearse del tren rechazado hoy que conduje antes, en la primera estación que encuentren, algo que me molesta, pero que entiendo.

A prepararse entonces, mental y físicamente, para lo que pueda llegar, cuando se deje en definitiva la poltrona presidencial; preocupación que, conjuntamente con el alejamiento de los adeptos que se siente, como por igual los servidores más cercanos, estatalmente hablando – ninguno, exento de nada tampoco, en el sentido de cualquier punición posible a compartir -, producen un fuerte malestar en todos los órdenes, e insomnios prolongados a cualquiera.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Apoyarse en cuánto sirva, no en la politiquería popular

En los actuales momentos por los que pasa la nación dominicana, con una población acogotada, debido a la gran crisis sanitaria de orden covidiano que le azota, como la otra adicional de carácter económico, ambas con  pocas soluciones probables, en el corto y mediano plazo, las nuevas autoridades electas, para poder tratar de sacar un poco a flote este país, tienen que inclinarse, necesariamente, por buscar el concurso y apoyo necesario de ciudadanos con las capacidades, y voluntad requeridas, al margen de las parcelas políticas a las cuales se pertenezca.

Lo de ahora no es cuestión de partidos, como tampoco de politiquerías, ni “graciosuras” femeninas; de gente busca lo de ella, que ninguna tiene nada que aportar, para la solución de las grandes problemáticas nacionales que se verifican hoy. Mucho menos, es cosa de tener que reciprocar a posteriori con los vocingleros destacados durante la campaña electoral pasada.

Sí es un asunto de nación que se tiene de frente, el cual requiere de inmediato la voluntad de hombres y mujeres aptos; que les preocupe el porvenir de esta República; y, que estén dispuestos a sacrificarse por ella; como, por un futuro más promisorio para las futuras generaciones locales, que hasta el momento luce más que incierto.

Hombres y mujeres de valía, con los currículos requeridos, entre los cuales se puede escoger, los hay de sobra en este país. Solo se requiere identificarles y conquistarles luego, para que acepten las posiciones públicas que se les ofrezcan; que estén a su altura, obviamente, y recibir entonces de ellos sus aportes al Estado local.

Claro, se tiene que dar a esos, la libertad pertinente de acción en los cargos que desempeñen, sin los narigoneos palaciegos, ni los tráficos de influencias que de ordinario se estilan entre nosotros. Ausentes esas condicionantes, muy difícil, que nuestros hombres probos y preparados se suban al nuevo tren gubernamental, en pos de colaborar con la República.

Por consiguiente, si las nuevas autoridades en realidad quieren trabajar en favor de la nación, y su golpeada sociedad, tienen que dejar de gobernar, como lo ha sido la práctica recurrente, en connivencia con las corporaciones, y los grupos empresariales poderosos, tanto nacionales como extranjeros, que aquí gravitan,

Deben guiarse, por tanto, en base a las reglas que dicta la Administración de Empresas, y aplicarlas en el más “grande conjunto empresarial a su cargo, llamado República Dominicana”, para las designaciones, y ejecutorias exigibles desde los cargos estatales correspondientes, dejándose de lado las pertenencias partidaristas exigibles, y las reciprocidades por apoyos electoreros, cabe reiterar.

Administrar la República desde el Estado, considerándole como tal, en busca de preservar sus activos – la soberanía nacional el mayor -, y lograr buenas utilidades, que serían el bienestar sostenido de la sociedad nuestra, ¡es lo que debe ser!

De continuarse entre nosotros con los mismos patrones de gerencia gubernamental; o, los paradigmas estatales de siempre, difícilmente, nadie que se respete entre los dominicanos, como profesional en ejercicio, y ejemplar ciudadano, se deje conquistar, para dizque ir a resolver nada en favor de este pueblo.

Y, el país, como es lógico suponer, seguirá siempre sus mismos derroteros calamitosos, hacia un derrocadero bien profundo, en términos de crisis sanitaria – Covid-19 -, económicas, y de otra naturaleza, con probabilidades muy escasas de salir del mismo.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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