¿Por dónde comienza la especulación real entre nosotros?

A muchos envalentonados y demagogos funcionarios estatales nuestros, con frecuencia se les escucha decir que, “hay que enfrentar la lacerante especulación en que incurren siempre los comerciantes dominicanos, en contra de la población nacional”. ¡Fantástico parecer!

Es la temática en boga en estos momentos, aunque de retorno, con relación a casi todos los productos y servicios de consumo básico local, y la culpa siempre recae sobre determinados sectores no oficiales, obviamente.

Ahora, ¡esa no es la realidad total! Es mera fantasía embaucadora a la que se acude, para confundir y entretener a la gente; pues todo el funcionariado del Gobierno conoce muy bien dónde se origina la causa de ese malestar, que es en la voracidad tributaria que se verifica en su seno, como de otras actitudes oficiales abusivas y circunstanciales en las que poco se repara; y que, obviamente aprovechan los comerciantes y prestadores de servicios para dislocar los precios, y manejarlos siempre en favor de los pingues beneficios a que de ordinario aspiran.

El mejor ejemplo se tiene con la Ley 112-00, sobre Hidrocarburos, en base a la cual se fijan semanalmente los abusivos precios de los combustibles, con efectos traslativos hacia todos los servicios y bienes de consumo a nivel nacional.

Se juega siempre con las variables incluidas en la dichosa fórmula para el cálculo de los mismos, a veces hasta sin importar las fluctuaciones del costo del barril del petróleo a nivel internacional.

Las cosas por lo regular son acotejadas para subirlos bastante, bajarles poco, o dejarlos sin variación. Todo depende de las circunstancias y la forma en que soplen los vientos. El asunto es, ¡no dejar de percibir los tributos previstos!, salvo que se ande buscando votos.

Connotados técnicos, gente autorizada, incluyendo economistas  – claro, verdaderos profesionales de la disciplina; no tecnócratas y títeres alienados, defensores en la República de intereses políticos y empresariales -, siempre han manifestado que esa normativa legal fue presupuestada y dispuesta con la idea básica de recaudación fiscal; que esa es la razón por la cual es aplicada y manejada de forma antojadiza; y, rogándole a Dios que los precios especulativos internacionales del barril de petróleo tiendan a subir cada vez, para que la base impositiva aumente.

También se apela a la aplicación de determinadas variables, muy gravitantes en los precios finales de los carburantes que tienen que pagar los usuarios, muy cuestionables e inexplicables, en el contexto nuestro para la importación del crudo.

Se adiciona además, para así completar aspiraciones, el presionar de forma sostenida el alza en la tasa  cambiaria, que es el otro ingrediente atractivo, y que está sujeta a los vaivenes por igual de un mercado especulativo interno, sin control alguno.

Hace ya un tiempo, y en vista de la presión social insostenible   que estaba recibiendo el Gobierno, para que se modificara la lesiva disposición legal, la Cámara de Diputados del Congreso Nacional se  mostró algo presta a procurar el introducir las modificaciones pertinentes en torno a la tan cuestionada y abusiva ley. Se convocó a Vistas Públicas para tales efectos, y en busca de recabar opiniones sociales como empresariales, a los fines de consensuar  con respecto al tema. Ahora, todo se  quedó en bla, bla, bla, hasta la fecha.

Y, en ese escenario de entonces, que permanece sin variación notable aún, a pesar del desplome presente de los precios del petróleo a nivel internacional, el Ministerio de Industria y Comercio, a través del Director del Departamento de Hidrocarburos a la sazón, que no sabemos si aún está, señor Rafael López,  en una ocasión dejó ver claramente el “refajo”, como se dice en el argot popular, al oponerse a la modificación de la Ley 112-00, alegándose que los cambios propuestos, ocasionarían  que el Gobierno dejara de percibir más de 6,000 millones de pesos cada año.

Pero además, dijo ese flamante funcionario que, “el gobierno recibe RD$423 mil millones cada año por concepto de esta, y que de modificarse la pieza, recibiría mucho menos”. (Véase periódico Diario Libre, del 5-5-11, página 20).  ¡Que bien!, fabulosa defensa, con el agravante lógico que sugiere   una gran pregunta, ¿a dónde irá a parar en realidad, una significativa parte de esos cuartos?

Mientras tanto, que el pueblo sin doliente, siga cargando pesado, pagando los combustibles más caros del área del Caribe, según los expertos. ¡Que el diablo se lo lleve!; y que los políticos,  continúen degustando del pastel del erario público, hasta que pueda aparecer un real defensor de los pobres aquí.  Hoy se tiene el teatro, ¿y qué, ha cambiado en algo ese asunto?

Los aumentos directos  en los combustibles, haciéndose uso de alguna de esas variables subjetivas que contiene la mal intencionada fórmula para el cálculo de los costos de los carburantes en el país, reiteramos, no obstante el desplome súbito de los especulativos precios internacionales del barril de petróleo, según reseña la prensa local, seguirán de “forma constante y sonante”, como se dice.

¡Evidentemente, eso poco importa!  Con facilidad  se  advierte que, en la disposición ordinaria de los precios,  semanalmente a regir,  las rebajas significativas del barril en el exterior que se está verificando, no contará mucho en el  manejo momentáneo circunstancial, y acomodaticio  claro, de la referida Ley 112-00, para no disminuirlos. Se habrán de  congelar mejor para disimular, por lo que lógicamente quedan aumentados en términos comparativos, con el descenso del costo del petróleo en los mercados internacionales.

¡De ahí, la evidencia persuasiva que mantiene irritada a la población, con respecto al negocio de los combustibles en país, en que, como se ve, intervienen además las autoridades gubernamentales, no obstante ser un bien de consumo obligado!

Luego, sin que la disminución de los precios en el barril  del petróleo a nivel internacional, se haya reflejado, con hincapié actual, en los costos de los combustibles de consumo local, como la abusiva tarifa por la energía eléctrica a nivel interno, y amén de la inducida especulación con la tasa cambiaria, queremos que los precios nuestros en los bienes y servicios de consumo básico, tiendan a una baja fehaciente; que no haya la especulación que se alega.  “¡Lindísima concepción oficial!”

Según cuánto se ha expresado anteriormente, ¿por dónde es que comienza entonces el provecho indebido entre nosotros? Se deja la respuesta como tarea. Y, cuando se obtenga, se concebirá como obvio, el que ¡procede la sincerización oficial al respecto!

Rolando Fernández

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¡Así actúan las mujeres de peso!

Al igual que una vez lo expresáramos, a través de un importante medio de comunicación local, “El Nuevo Diario”, con  respecto a la actual Fiscal Titular del Distrito Nacional, Yeni Berenice Reynoso Gómez, nos permitimos hacerlo ahora, refiriéndonos a la señora Directora de Pro Consumidor, Altagracia Paulino: ¡Aquí todavía quedan mujeres, a las que les pesa el ruedo de sus vestidos!

 

Damas que, cuando asumen responsabilidades públicas, a través de los cargos estatales que aceptan desempeñar, no se amilanan, y procuran siempre actuar de acuerdo con sus capacidades y principios.

 

Claro, en esta podredumbre político-social lamentable, en que desde hace ya gran tiempo  vivimos los dominicanos, no es raro que, en determinadas circunstancias, ellas tengan que limitar sus acciones, y procederes pertinentes.

 

O, “hacerse de la vista gorda”, como se dice en el seno del pueblo, para no chocar de frente con algunos muros de contención que aquí tenemos. Tal cual  ocurre también, con respecto a ciertas personas particulares protegidas por el sistema, que se consideran intocables; que las leyes nuestras no les alcanzan.

 

Esas declaraciones de la señora Altagracia Paulino, que ha estado durante las últimas semanas en el ojo de un tremendo huracán, caracterizado por poderosos vientos: especulación en la venta de la carne de los  pollos; falta de calidad y pureza en los salamis que se producen en el país, y se expenden a la población; y, los engaños en la venta del gas a las amas de casa, y conductores diversos, principalmente, los del transporte público, que viven al grito por tal situación, merecen ser saludadas con todo respeto.

 

Ponerles el frente, a los poderosos sectores económicos que intervienen en esas actividades, algunos de cuales resultan ser patrocinadores de determinados políticos nacionales, ha evidenciado la naturaleza, y consistencia, de los principios personales que alberga esa funcionaria, como su sentido de responsabilidad, en términos del compromiso asumido, tendente a la protección de los indefensos consumidores dominicanos.

 

Dijo en más de una intervención, esa valerosa y respetable dama:

 

“Yo no me voy a salir de ahí y puede venir el Papa”. (Periódico   Diario Libre”, del 26-7-12, página 4).

 

“Yo no voy a renunciar, que me quiten”. “Aseguró que no renunciará, pese a las presiones que dice ha recibido para que “salte del cargo”.

 

“Agregó, asimismo, que no tiene precio.”  “El dinero de los gaseros, de los polleros, de los banqueros y todo el dinero junto, no alcanza para pagar lo que yo creo que valgo”, “dijo y aseguró que su única pasión son los principios”. (Véase el mismo medio de comunicación, en su edición del 28-7-12, página 06).

 

¡Todo eso hay que leerlo, e interpretarlo muy bien! Además, adicionarlo a otras declaraciones que aparecen en el periódico “HOY”, del 29-7-12, “Estudio del salami fue mostrado a autoridades”, en las que se habla de las reuniones previas a las denuncias finales, con relación al problema de los embutidos,  y en las que participaron funcionarios gubernamentales, como también, representantes de las empresas del ramo. ¿Y qué?, ¡nada!

 

La verdad es que, para emitir declaraciones tan contundentes como esas, adversando a los más connotados representantes, como ella lo ha hecho, de esos  tan significativos e influyentes sectores económicos del país envueltos, hay que tener una férrea  voluntad de colaboración hacia este pueblo, y un carácter indomable.

 

No es asunto de querer conservar puesto, como muchos aventureros de la palabra han osado decir, de cara al próximo cambio de mando en la cosa pública. Es una cuestión más bien, a nuestro humilde entender, de honrar el contenido de la frase aquella que reza, “los cargos son para cargar”.No creemos que, en lo concerniente a lo económico, esa señora tenga que estar desempeñando una posición pública.

 

Lo que ocurre es que aquí, a muy pocos nos gusta “dar al César lo que es del César”;  reconocer las condiciones que reúnen los demás, como la eficacia y oportunidad en sus trabajos. Todo queremos llevarlo al ámbito de las simpatías o revanchismos políticos; amén de que, hay cierta gente que sangra por la herida, cuando aparece alguna nota discordante en la canción que se estila escuchar. Y esas, son cosas siempre  muy  funestas.

 

Si todos los funcionarios públicos que se gasta este país, pudieran decir públicamente lo que esa señora ha expresado, con relación a los vientos y las arenas que ha desatado esa tormenta “denunciante” de cosas, esta República caminaría de otra manera. Pero, ¿Cuántos podrían  hacerlo?

 

Finalmente, preciso es destacar que, a ninguna de las dos respetables damas mencionadas aquí, le conocemos en lo personal.  Pero que, son sus acciones hechas públicas, las que hablan de las mismas.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

Poderosa arma contra la especulación, ¡no consumir!

En un país como éste, donde la especulación campea por sus fueros, sólo con instituciones pantallosas que no se hacen respetar, por lo que resultan ser inoperantes  completamente; y, sin políticas estatales que vayan en beneficio de las grandes mayorías más necesitadas, el mismo pueblo es el que tiene que tratar de imponer  reglas de juego que se reporten en su favor.

 

Y cómo es posible que aquí, el agiotismo o especulación, pueda llegar tan lejos, que ni siquiera haya reparo alguno frente a los artículos de primera necesidad que demanda a diario la población, como son los correspondientes a la canasta alimenticia básica misma, imprescindibles para la subsistencia humana.

 

Que las ambiciones comerciales desmedidas, no se puedan detener, aun sea a nivel de esos renglones de vital importancia para la gente; tal cual ocurre también, con relación a los medicamentos esenciales para preservar la salud. Y mientras tanto, las autoridades se muestran más que “leniles” en todos los casos.

 

Aquí, cada cual fija sus precios medalaganariamente. A veces, hasta de manera desaprensiva, en ausencia de los controles oficiales requeridos, y ante la mirada indiferente de los organismos oficiales competentes, que sólo “aguajean” cuando sube mucho la marea de la presión social.

 

Durante los últimos días el tema que ha estado sobre el tapete en este país, es la gran especulación que se ha venido verificando con los precios en la libra  de la carne de  pollo, aprovechándose  la demanda de la misma, que a pesar de estar “hormonizada y antibiotizada”, es la que tiene la ciudadanía como la “panacea alimentaria” obligada, debido a lo inalcanzables que resultan algunos otros productos sustitutivos del género proteico, en dieta diaria de los dominicanos.

 

En este país hay una inconsciencia tal que, desde que cualquier producto o servicio comienza a demandarse en gran medida, por necesidad imperiosa de parte de la población, empieza de inmediato una escalada alcista en los precios.

 

Ya pudimos ver en los días próximos pasados, como la fuerte ola de calor que nos afecta produjo de una vez un aumento en el precio del botellón de agua para consumo.  ¡Aprovechemos, que ahora se tiene que beber mucho del preciado líquido!, dirían de seguro los empresarios de ese sector. Y así, ocurre con todo en esta República; por lo que, con la oferta de la desteñida carne seudo blanca no  podía haber excepción.

 

Para formarse certeras opiniones sobre lo que aquí se viene produciendo, en términos especulativos, de burlas provenientes de determinadas áreas productivas y comerciales, sólo hay que leer lo que dice el señor José López, Presidente de la Asociación de Pollos, ante la amenaza que se ha hecho del no consumo de esa carne por un día, para combatir las actitudes especulativas presentes: “Si dejan de comprar pollos un día lo vendemos al siguiente”. ¡Que parada más “elegante”! (Véase periódico “El Día”, del 10-7-12, página 10).

 

Ahora, esa sería la mejor arma que tendría este pueblo para enfrentar a los especuladores o agiotistas que nos gastamos en esta nación, ante la indefensión oficial: ¡el no consumo!; y no solamente durante un día, sino por el tiempo que se requiera.

 

Cuando esos buitres estén tres o cuatro días sin vender sus pollos,  más rápido que inmediatamente, bajan los precios; o, procuran buscar a como dé lugar, todas las formas de rebajar significativamente el costo de los insumos que necesitan para la crianza y otros, si es que en verdad es esa  la razón para las alzas consecutivas, a los fines de no dejar caer el negocio.

 

Esa es la única alternativa que tiene la gente entre nosotros. Y, no nada más, en lo que respecta a los pollos, sino con todos los artículos básicos de consumo masivo.  Se tiene que hacer el intento de la alternabilidad en la dieta alimentaria; dejar los hábitos recurrentes, que se tornan como cárceles en la que siempre se debe permanecer, lo cual no es así.

 

Se especula con los plátanos, por ejemplo, a comer rulos, guineos, batata, etc. Lo que más hay son rubros agrícolas sustitutivos, como también pasa con otros, incluyendo aquellos de las carnes. Entonces, ¿por qué hay que dejarse engañar, por lelos o bobos?

 

Es la demanda “costumbrista” la que se aprovecha, precisamente, para especular, donde reinan la inconsciencia y la falta de controles efectivos, tal cual ocurre en este país.

 

Rolando Fernández