La pantalla chica local – televisión -, dice mucho

En Dominicana, el que esté deseoso de formarse un juicio certero, con respecto al alto grado de “robotización”, ignorancia, e indolencia que ha venido arropando a la sociedad nuestra, desde hace ya algún tiempo, con segmentos mínimos excepcionales contados, solo tiene que sentarse por algunos ratos, frente a la pantalla chica local – televisión -. ¡Hágase!; qué material sustentatorio encontrará de sobra

Y, claro, también se deberá reparar con atención en los contenidos de los programas que se tienen; y, en los anuncios variados que se difunden, elaborados esos, sin lugar a duda, para gente poco pensante; que, por supuesto, no tiene capacidad de interpretación, y mucho menos de análisis.

Obviamente, todo es preparado allí, por personas interesadas en determinados propósitos, u objetivos a obtener; y, por los mercadólogos manipuladores ordinarios – verbigracia, promocionando basuras artísticas como grandes cosas – tomando en consideración el grueso de quienes habrán de ver y escuchar el medio:  ignaros en su gran mayoría.

También, en las propagandas diversas que se pasan; los bocinajes, para loar a políticos del patio, y las actuaciones de esos; como, en otras cosas “bellas e insulsas” más, que por allí comúnmente se exhiben.

Pero, además, escuchar en adición, con sosegada atención, a ciertos analistas, y comentaristas de fuste, no corporativos, como es obvio, que también se destacan en ese tan amplio medio de difusión, y que tratan de edificar en vano a esta población, sobre los males inminentes que le esperan.  ¡Caso omiso, se les hace!

Al intentarlo, de seguro advertirían quienes lo hagan, múltiples evidencias de las consideradas como persuasivas, en términos de la afectación negativa social nuestra que hoy se verifica.

Aunque. en un marco muy distinto, ese es un concepto “orientador”, que bien manejan los que ejercen la Contaduría Pública, y lo aplican siempre, previo al comienzo de las labores de auditaría, cuando son contratados para tales fines.

Les sirven esas a los profesionales de dicha área, porque en ellas fundamentan, en gran parte, la evaluación del control interno existente en la empresa de que se trate; lo que a su vez norma la profundidad de que deben ser objeto las pruebas evalutorias a realizar en cada caso; y, así poder estar en condiciones de emitir opiniones de peso, respecto de las cifras sujetas a examen; y, hablar o no con precisión, en torno a la razonabilidad atribuible a las mismas.

Valdera se reporta la analogía que aquí se hace; pues, a partir de las evidencias persuasivas que se aporten desde la pantalla chica local, repleta de mediocridades; programas disparatados; telenovelas; música urbana, y demás “yerbas aromáticas”,  etc. se hace muy fácil aquilatar al grueso de la sociedad del país, en términos de la capacidad pensante mínima que se tiene, y los demás atributos intelectuales que serían necesarios, cosas que evidentemente brillan por su ausencia.

Entonces, ante un conglomerado social así conformado, cómo luego poder forjarse esperanzas prometedoras con relación al mismo, sería la pregunta obligada; cuando no, la inferencia de lugar.

Es Indudable que, al mismo tipo de evidencia señalado más arriba, puede apelar cualquier persona, para darse cuenta del por qué se les hace tan fácil a los poderes hegemónicos que aquí gravitan, políticos y empresariales, entretener, como embaucar a la ciudadanía local; e inducirle incluso, al desvío de la atención, respecto de las principales problemáticas nacionales.

Lo consiguen a través de pronunciar discursos floridos; como, publicar titulares periodísticos para embobar a los compatriotas, con el concurso de la prensa amarilla que se gasta el país; al tiempo de recurrir a las demagogias, y las posverdades de estilo.

Mucho se presta el tiempo presente, pese a la “extemporaneidad” con que se viene actuando, a los fines de comprobar cuanto se ha expresado con anterioridad, viendo a toda esta claque politiquera nacional, cuyas andanzas la población bien conoce, repletas de patrañas alarmantes, como de actos indecorosos en que han incurrido. Sin embargo, continúa recibiendo aquella los vítores, aplausos, y los lambonismos acostumbrados.

¿Por qué? Debido a que, un gran segmento de esta población carece de consciencia; que muy rápido olvida; que fácilmente se le compra; y, que es asidua televidente de la mediocre y disparatada programación que se ofrece a través de la pantalla chica local.

Al igual que las forma en que se procura entretener a este pueblo, con las “basuras” televisadas que recibe conforme, en que lo excepcional es muy poco, como el elevado el grado de aceptación ciudadana, vale recalcar, actitudes similares se observan, cuando los políticos del patio se inclinan por los narigoneos acostumbrados, y que tienen como objetivo a esta victimizada población.

Luego, la pantalla chica local es evidente que se reporta, como muy buen indicador de la clase de sociedad que tiene el país: “robotizada”, e impensante; fácil de manipular, como de llevarle donde se quiera.

Autor: Rolando Fernández

www.rfcaminemos.wordpress.com

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