¡Ay de mi país! ¿Qué se podrá hacer para salvarte?

La verdad es que, muy duras tareas les esperan, a todos aquellos que aspiran   a lograr esa proeza de salvación nacional obligada, a la cual aspiran tantos en Dominicana hoy, en el sentido de recuperar ya cuánto se ha perdido, para las grandes mayorías, y la nación misma.

La ruta escabrosa que ha venido siguiendo este país, trazada por todo este conjunto de políticos de nuevo cuño, desaprensivos, corruptos y avaros, que ha estado dirigiendo los destinos de la República durante las últimas décadas, tiene que ser cambiada ya, necesariamente.

Pues, de lo contrario, y no son pocos los consultados entre nosotros que así piensan, manifestándolo abiertamente, qué habrá que cerrar el país, y botar las llaves bien lejos, de proseguir las cosas lo mismo que hasta ahora

¡Lo van depredar todo!, según es lo que se entiende, por lo que se escucha denunciar en la actualidad. Claro está, que las muestras sobran para inferirlo así, sin temor a equivoco.

Con dolor hay que decir que, ante este escenario de complicidades judiciales aparentes, que se advierte a lo lejos; las periodísticas, y partidaristas por demás, entre otras, amen de la profundidad de los males nacionales que se verifican, in crescendo a la vez, los correctivos que se tendrán que agenciar entre nosotros, para enmendar cuánto malo se ha hecho, y se puede continuar haciendo, habrá que ejecutarlo a la fuerza, y hasta con los “jierros” en las manos, de ser necesario, como dice el pueblo.

Es obvio que, con discursos, retoricas, titulares periodísticos amañados, posverdades expresadas, como las falsas promesas que se hacen desde diversos litorales, nada se va a resolver entre los dominicanos. La concienciación pueblerina con respecto a lo tratado, es lo que en todo momento debe primar.

En consecuencia, de todas estas lacras políticas en manifestación irreverente, que se destacan a nivel de los tres Poderes del Estado nuestro, hay que salir lo más rápido posible. ¡No se puede estar esperando más!

Sí, esas que operan sin reparo alguno, bajo las banderas de ciertos partidos del ruedo local, cuya funcionabilidad y permisividades también, tienen que ser evaluadas, para definir mantenerlos dentro del sistema, o hacerlos desaparecer de una vez por todas.

Esos trampolines grupales – partidos políticos -, con subvención estatal legalizada, para sus francachelas electoreras, y que ocasionalmente alojan a comerciantes y mafiosos en su mayoría dentro del ramo, no pueden continuar trabajando solo al servicio de unos cuantos avivatos y tránsfugas a nivel del del ejercicio, como es lo que comúnmente se observa.

Lo Poderes del Estado nuestro tienen que ser saneados, comenzando por el Congreso de la República, repleto ordinariamente de ineptos, analfabetos, y mercantilistas de todo tipo; politiqueros y arribistas, que a veces actúan incluso hasta como una especie de jauría “tigueril”, desde los hemiciclos congresuales a que pertenecen, cuando tienen que tratar sobre algunas temáticas algo complicadas.

De gente que, como bien es sabido, no tiene sensibilidad ciudadana; que lo que menos hace, es trabajar en favor de la sociedad, después que el pueblo elige a los miembros del Congreso, cada cuatro años.

Que sí va allí a servir, mayormente, como caja de resonancia del Poder Ejecutivo; al igual que, hacer negocios propios. Jamás pensando en servir como la contraparte y el control que se espera de aquella instancia oficial, con relación a los gobernantes. ¡No son esos, propósitos perseguidos!

Son personas componentes del área, que, en un alto porcentaje, solo van allí a buscar prebendas y jugosos beneficios individuales; como, a legislar en su favor; y, de los intereses diversos de los poderosos grupos empresariales que los apadrinan.

Por tanto, el pueblo tiene que sufragar por ofertantes de valía; y, no solo para dirigir los destinos nacionales desde el Congreso de la República, sino del conjunto estatal completo; que reúnan verdaderas condiciones, y que demuestren estar en disposición de servir a esta Patria.

Por consiguiente, no se debe seguir votando por “pelafustanes”, que solamente tengan cuartos para comprar votos, y que nada más anden en busca de aumentar con creces sus haberes personales o empresariales; como, hacerse más ricos por supuesto, a costa del erario público.

Aquí quedan todavía muchos ciudadanos serios y capaces. A esos, hay que tratar de conquistarlos, para que se lancen al ruedo político local, sin perder más tiempo, pueblo.

Apoyarlos, sin exigirles dádivas algunas, para que tan pronto alcancen el poder, traten de salvar este barco a la deriva, llamado Dominicana, por más alharacas de crecimiento económico y desarrollo que se escuchen desde los litorales políticos presentes;

Sería esa última de las “medicinas” más efectivas, y quizás, la menos peligrosa a recurrir, antes de que sea demasiado tarde.

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Autor: Rolando Fernández

www.rfcaminemoswordpress.com

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