¡Bienestar y desarrollo en Dominicana, muy difícil!

Un país sin estadistas, como carente de verdaderos líderes políticos que puedan alcanzar ese grado de formación, amén de la inconsciencia ciudadana verificable en él, se reporta tal un edificio sin zapata, próximo a derrumbarse. Y, lamentablemente, Dominicana no sería la excepción a considerar, por   visto. Bastantes referentes asociables a ésta se tienen en ese sentido.

La pregunta obvia, conociéndose qué tan importantes se reportan los roles   atribuibles a esos personajes con respecto a sus sociedades, sería entonces, ¿cómo podrá lograrse, por consiguiente, bienestar y desarrollo, por más alharacas que se escuchen en ese esos órdenes, como del tan sazonado crecimiento económico de que se vive hablando aquí, por ejemplo, con frecuencia.

Como un ejemplo más, parece haber estado presentándose la nación dominicana, tras la desaparición otrora del régimen de fuerza que encabezara Rafel L. Trujillo, cuando este país de repente entro en una seudo democracia representativa. Obviamente, el giro fue, hacia más libertinaje que otra cosa.

No hay duda de que, ese fuerte mandatario local, con sus defectos como todos los humanos, se destacó tal un estadista, entre otras características muy propias; y, que presidió un gobierno en que hubo de todo: cosas buenas y malas, como siempre las hay en cualquier régimen.

Sin embargo, preciso es decir en ese sentido, que las primeras, por conveniencias obvias de algunos mandamases a posteriori, jamás se ha procurado emularlas; que sí todo se ha limitado a condenar las segundas; a criticar; pero, no agenciándose nunca las enmiendas debidas.

¡Acérrimas!, las críticas sobre los actos improcedentes conocidos durante la llamada “Era del Jefe”. Ahora, según los decires de algunos nacionales, como de extranjeros residentes en el país a la sazón, que aún respiran, con posterioridad a ese gobierno de fuerza, y hasta los tiempos presentes, muchas de las cosas deleznables que se han venido dando, jamás hubieran pasado cuando Trujillo.

Recalcable resulta, por consiguiente, que el sistema instaurado desde entonces entre los dominicanos, no ha sido más más que un mayúsculo libertinaje fehaciente, se reitera, pincelado con una falta de institucionalidad bien marcada, inseguridad ciudadana: irrespeto a todo; desfalcos al erario público; y, la gravitación innegable de un aguerrido y poderoso poder empresarial, interventor siempre en el diseño de las políticas económicas que se dicten desde los gobiernos de turno. ¡Claro, nada más para su provecho!

Solo una considerable variación en ese sentido, puede decirse se observó durante los mandatos del Dr. Joaquín Balaguer, por su innegable condición de estadista también, más que político, y conocedor de la idiosincrasia de los dominicanos, cualidades que se le deben reconocer, independientemente de las simpatías o no hacia él, que se pudieran haber tenido. 

El escenario del ejercicio político local se empeoro más aún, tras desaparecer del mismo las llamadas tres “J”: Juan, Joaquín, y José, por razones de enfermedades físicas y mentales, que obviamente provocaron invalidaciones; como, las partidas del plano terrenal obligadas, que de esos se produjeron

Después que aquellos verdaderos conductores sociales, políticos, y estatal, uno de ellos, se ausentaran del escenario del ejercicio nacional, lo único que se ha tenido en este país son políticos, jefes de grupos, dirigiendo los destinos del mismo; gobernando para ellos y sus aláteres, e importándoles muy poco los asuntos problemáticos nuestros de carácter general.

Únicamente se pueden considerar como excepcionales, vale apuntar, los periodos en que gobernó el Dr. Joaquín Balaguer, por las condiciones innegables de estadista que le caracterizaron, y que procuró trabajar siempre en favor del país, aunque algunos de sus métodos para en parte lograrlo, no fueran los mejores  

Según los que más saben sobre esa temática, “los estadistas son personas expertas en asuntos de Estado”, que obviamente se auxilian de la política, cabría agregar, pero como ciencia real, para llevar a cabo sus ejecutorias, procurando siempre el logro más efectivo de los objetivos planteados.

El estadista reúne condiciones muy propias, en lo atinente al mando oficial que se pone en sus manos; la dirección de los gobiernos que presiden; la salvaguarda de los bienes estatales; como, la protección de la soberanía nacional de sus pueblos. 

Son actitudes esas que distan bastante del proceder de los meros políticos – “persona   que se dedica a la política, interviniendo o aspirando a intervenir en el gobierno de un Estado, comunidad o municipio” (Fuente: red de la Internet)  -. ¡Eso, y nada más! Ahora, ¿para qué lo hacen?, sería la pregunta

Cabe adicionar, a manera de ampliación, y respuesta que, por lo que siempre se observa, la mayor preocupación de aquellos no es por su país en sí; sino, la obtención de haberes personales, como la protección de los intereses grupales que representan.

Por consiguiente, eso de estar hablando del bienestar y desarrollo que pueden alcanzar los pueblos en manos de políticos, avaros en la generalidad de los casos, y seguidos de ordinario por lambones a granel, que aspiran a disfrutar también del pudín estatal, de común no son más que alharacas demagógicas; falsías embaucadoras, e intentos de crear ilusiones ciudadanas aéreas.

De lo que sí siempre van en busca aquellos, es de mantener a sus conciudadanos “roncando”; conservarles como receptores de sus promesas en el aire, mintiéndoles con cara dura, y engañifas bien preparadas, repletas de posverdades, y demagogias.

Por tanto, siempre están dirigiendo discursos repletos de términos elocuentes, y gesticulaciones apropiadas para engañar, con los que fácilmente logran confundir a cualquiera.

En consecuencia, procede entre nosotros, no confiar en políticos; desoír sus falsas promesas. Sí procurar identificar personas con condiciones de estadista, para entregarles el mando de la cosa pública aquí. Claro, cuando verdaderamente, esta sociedad esté pensando en un bienestar, y desarrollo sostenido para el país.

Autor: Rolando Fernández

www.rfcaminemos.wordpress.com

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