Doloroso, pero hay que decirlo!

Cuántos comunicadores y analistas “de pacotilla”, según el dicho popular, se tienen en la televisión, y la radio nacional. Es amarga y triste la realidad, respecto a una gran cantidad de los que fungen como la representación social más visible de los dominicanos, dentro del país, y en otras latitudes, en las que de seguro se tienen personas con niveles destacados de formación, tanto académico, como intelectual. Lo más probable es que, se rían aquellos de nosotros, y nos consideren casi bananeros por completo aún, cuando reparan con atención en tales ejercicios comunicativos.

En esta nación dominicana, cualquiera se sienta frente a una de las cámaras de la pantalla chica, o emisora de radio, a exponer, y dizque analizar sobre temas que no se manejan a cabalidad; que apenas son conocidos en muy bajo porcentaje. Pero, muchos se consideran como todólogos; saben de historia patria, y universal, política, economía, sociología, educación; y, hasta de medicina osan hablar, sin ni siquiera tener, algún familiar o amigo, que ejerza la disciplina.

No obstante, en su gran mayoría, todos esos “programeros” de poca monta, encuentran jugosos patrocinios, pues su trabajo, más que otra cosa, es entretener, para desviar la atención de las cruciales situaciones por las que atraviesa el país; y, además, continuar alienando a la población, anestesiarla cada vez más, en provecho de los poderes políticos y económicos regentes.   Algunos actúan como bocinas directas de los gobernantes de turno. ¡Quizás, estos últimos sean los mejores compensados económicamente!

Hay quienes son, entre esos, tan poco letrados y capaces, que utilizan los ´títulos académicos como parte del nombre, e incluso tratan que se les presente ante el público de igual forma, hasta lo exigen. Parece que la gente se llama licenciado, o doctor. ¡Cuánta mediocridad, detrás de sacos y corbatas, y otros vestuarios ostentosos!

Cuando se sintonizan sus presentaciones, adrede, en ciertos casos, buscando uno orientarse; o, por accidente también, ya que poco motivan, debido a la falta de dominio comunicacional evidente, amén de las sandeces que dicen, tan pronto se les escucha pronunciar dominicanos, y dominicanas, ciudadanos, y ciudadanas, como hasta miembro, y miembra, algunos, haciendo honor al estúpido lenguaje de género, términos segundos, que tan criticados han sido por connotados académicos, y miembros de la Real Academia de la Lengua (RAE), por considerarlos como disparates, de inmediato asalta el desencanto en el oyente, y se  apaga el televisor, o la radio.

La verdad es que, se tiene que ser bastante descarado, y hasta medio tarado, para ponerse a hablar de temáticas sobre las que no se tiene un amplio dominio, a través de  medios de tan amplia difusión como los señados. Ahora, los mayores responsables de esos irrespetos al público, son los propios dueños de esas empresas.

No toman en cuenta que, el arte de la comunicación no todo el mundo lo tiene; y, mucho menos, está en condiciones de ser analista. Analizar, supone de ordinario, un objetivo final, por lo que demanda, entre otras cosas, definir primero circunstancias envueltas, o hechos de que se trate, aunque no sea de momento con toda la profundidad requerida; hacer luego las evaluaciones pertinentes; derivar juicios atinados; y, finalmente, emitir las recomendaciones debidas. Si no es así, ¿para qué se analiza entonces? No debe ser para “disparatar”, como el seguir lloviendo sobre mojado, tal es lo que aquí se estila.

Esos, los propietarios de canales televisivos, como de emisoras de radio, que no están exentas, dentro del “coro” criticable recurrente, y que acompañan a los aludidos de manera más directa aquí – la televisión -, no discriminan clientes, ni procuran imagen empresarial loable alguna, habiendo en Dominicana tanta gente con formación y aptitudes sólidas para tales menesteres, Quizás se aleguen exigibilidades económicas que supediten; pero, dichas cosas se podrían manejar, si mediara voluntad sentida y buena intención.

Es obvio que, también las emisoras de radio, innegablemente, andan por los mismos senderos de la TV: mediocres a granel, comentando y analizando, hasta con léxicos vergonzosos en muchos casos. Ahí es “más dura la pelota”, donde ni siquiera los rostros de los “actores parlanchines” ante los micrófonos se pueden ver. ¡Tienen esa ayuda!, por supuesto.

Claro, en lo concerniente a nuestra República, y con toda probabilidad a otros lugares, conforma la resignación de que trata el refrán aquel que reza: “cuando el hambre da calor, la batata es un refresco”; y, con la escasez de valores que hay aquí, en todos los órdenes, como las limitaciones económicas fehacientes de muchos, muy bien preparados por cierto, para costear los espacios televisivos y radiales requeridos, y que tampoco cuentan con padrinos financieros, el trago sabe menos malo, al pensarse de esa manera.

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

 

 

 

 

 

 

 

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