¡Mejor!, no leer periódicos, ni escuchar noticias

Serían actitudes reflexivas muy beneficiosas por parte de todo buen dominicano, ¡qué le duela este país!, ante el “manjar” de sandeces politiqueras, titulares por mandatos, que se notan a lo lejos, desaprensiones, y desesperanzas, que se sirven a través de esos medios, tal ocurre en la mayoría de los casos.

Todo eso, proveniente de aquellos que fungen como bocinas pagadas, y cajas de resonancia a la vez, del poder político y social que rige en esta nación, por una parte; y, por la otra, de gente, o informadores con deseos de edificar a la población sobre la realidad de su presente, que permite avizorar muchos riesgos probables en curso, con respecto a un eventual futuro incierto que le espera. ¡Ponen esos últimos los puntos sobre las íes!

Cada vez que se hojea un medio informativo local, ya sea escrito directo, o se pasa la vista por los digitales; al igual que cuando se accede a las fuentes noticiosas radiales y televisivas que se tienen, todo cuanto se recibe desanima por completo; y, de inmediato asalta un sentir terrible de impotencia – “una sola golondrina no hace verano”, dice un refrán popular. -, al interesarse uno de lo que viene ocurriendo en esta República, sin dolientes, y en manos de todos estos políticos depredadores y corruptos de nuevo cuño, sin que aparezca gente decidida, que esté dispuesta a sacarles del poder, y procesar judicialmente a todos aquellos que hayan tenido participación en actos dolosos comprobados..

¿Entones, qué es lo mejor? ¡No leer, ni escuchar nada! Obviamente, para no darse por enterado de la desgracia de este país; y, que no le acose un sufrir, que luce incurable más cada vez, mientras permanezcan las mismas circunstancias presentes de indiferencia ciudadana; que nada más se aspire a subirse a uno de los vagones del tren de la corruptela estatal reinante.

El que no quiera que le asalte el deseo de desgaritase de  esta tierra caribeña, tiene que aprender a vivir en la misma, desinformado por completo, e indiferente ante el desorden institucional fehaciente; la inconsciencia ciudadana que se advierte al transitar por sus calles y avenidas; la inseguridad  que se respira; la alegre corrupción generalizada; impunidad a todas luces; inapropiada administración de justicia – las leyes solo aplican para los pobres que no tienen padrinos -; escasez de oportunidades para los hombres serios , burlas de los políticos a granel, etc.

¡Lamentable decisión esa! Pero, por cuáles otras en cambio se podría inclinar la gente pensante aquí, que no sean: procurar irse bien lejos de su terruño natal; o, promover acciones violentas, con el uso de las armas incluso, de ser necesario, para defender a esta maltratada sociedad de todos estos trúhanes avasalladores,

Esa última, es la que más está siendo animada desde las altas instancias del poder local, podría decirse, por los comportamientos oficiales que se observan, y según el nivel de enfado social que se advierte, casi generalizado. ¡Ojo al Cristo! Según los que saben, “la voz de los pueblos es la que más se parece a la de Dios”.

 

 

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