Verdades innegables sobre la justicia dominicana

 

En este país tenemos abogados, abogaditos y “abogaduchos”. Los primeros ejercen el Derecho como ciencia, en toda extensión de la palabra; los segundos, son los llamados “pica-pleitos en los tribunales”; y, los terceros, aquellos compra formularios, hace diligencias de corte legal, busca sellos y formularios, etc.

Claro, todos pueden hablar sobre la justicia dominicana, que es de lo que aquí se trata, por estar vinculado a ella de una forma u otra, aunque, no obviamente, con la autoridad requerida en cada caso. ¡Se necesita demasiado para eso!

Las palabras de los últimos “especímenes” resultan en parte creíbles. Algo saben al respecto. Ahora, cuando se les escucha hablar a juristas de cartel, en pleno ejercicio de la disciplina, y exponer planteamientos con fuertes asideros,  que lucen todos irrefutables, como son los procedentes de primera clase, las cosas se tornan muy diferentes, e invitan a sosegadas reflexiones.

Tal fue el caso de uno que participara en un programa nocturno de la televisión nacional (7-12-16), con especialización en materia constitucional, y que entendemos académico por demás, que, al referirse a la justicia nuestra, le etiquetó “como algo que no sirve”, en términos de administración y aplicación.

Adicionó además que, tampoco hay muchas esperanzas de enmiendas, o de los cambios requeridos, en el marco del actual esquema gubernativo que nos rige; y, menos, iniciándose una nueva gestión presidencial.

Por tratarse de alguien tan conocido, y de un programa referente muy visto a nivel local, nos reservamos hacer mención de su nombre; que otros lo aporten. ¡Hay mucha gente que lo sabe!

Es obvio que, ante una concepción de ese tipo, proviniendo de alguien tan especial, con autoridad en el tenor de lo que se trata, a cualquiera se le cae el cerquillo, como se dice popularmente, y hasta se arrepiente de haber nacido en este país, pensando en un porvenir nacional incierto relativo, no muy lejano. ¡Las inferencias negativas sobran!

El oír exponer a ese ducho a jurista de tal manera, haciendo alusión a los desenfados, victimizaciones adicionales, como las demás irregularidades, que debe soportar, y por las que tiene que atravesar cualquier querellante en esta nación, que haya sido robado, estafado, asaltado, disfamado, o le fuera ultimado algún familiar, etc., al hacer uso de un derecho social que le asiste – justicia -, a cambio de recibir burlas y vejámenes diversos, obnubila podría decirse.

Además, el tener también que gastar cuartos suficientes en la contratación de abogados, y cubrir los “boroneos” burocráticos de estilo, le tumba por completo los ánimos a la gente; de ordinario a cambio de nada, y solo invita a dos cosas: desgaritarse  de esta tierra; o, tomarse la justicia por sus manos.

En ese orden último, andan los aumentos del sicariato a nivel local, como las proclividades hacia los linchamientos directos en contra de los antisociales actuantes a nivel del país. La ciudadanía se siente desprotegida e impotente para reclamar justicia ante las autoridades competentes, o los tribunales de la República. ¿Qué es cuánto se piensa? ¡Qué no vale la pena!, Y, menos, al escuchar exposiciones públicas de ese tipo, de gente que sí sabe de eso.

Otro ingrediente lacerante a que se refirió el connotado abogado, en relación con los reclamantes de justicia, es el relativo a la protección y defensa que se observa reciben los victimarios o delincuentes a nivel de cualquier “juicio ventilatorio”, cuando esos no disponen de abogados defensores propios.

Se les asignan buenos juristas para que hablen en su favor y traten de justificar los atropellos o asesinatos llevados a cabo por esos “angelitos descarriados”, infractores de las leyes. Los mismos son pagados por la sociedad, que obviamente incluye a los afectados.

Mientras tanto, las víctimas o acusadores tienen que bandeárselas por sí mismos, o los procesos iniciados se caen por completo; no prosperan jamás. ¡Qué duro es tener que observar ese cuadro: cuido y defensión pública para los malvados! Y, ni hablar de justicia después. ¡Qué bien!

De lo expuesto aquí se desprende la gran pregunta, hasta dónde “los hombres de pelo en pecho” que puedan quedar entre nosotros van a permitir que un sistema judicial inservible, soportado en estructuras políticas mafiosas y corruptas, como en leyes dictadas y códigos aprobados a la medida de lo improcedente a todas luces, se continúe aplicando en este país.

Es que el valor para exigir las enmiendas y los cambios profundos que se requieren en el orden de lo tratado, se perdió por completo. Seguiremos conformándonos solo con escuchar sobre los deleznables escándalos que se verifican a nivel de la justicia nacional, y que trascienden sin ningún tipo de rubor observable hasta la opinión pública.

Hace dos o tres décadas atrás, no creemos que nadie pensara aquí en el grado de deterioro que le esperaba a este país en todos los órdenes – el actual, con miras a seguir progresando – estando en manos de todos estos políticos oportunistas, desaprensivos y corruptos; que crecen como la yerba mala, preocupados nada más que por sus intereses personales y grupales.

¡Lamentablemente, y en el orden de lo abordado aquí, en primer lugar, las enmiendas y soluciones se ven tan lejos, como el horizonte marino, y sin “barcas” para llegar hasta él! Ahí sí que “la esperanza era verde, y se la comieron los burros”, como reza un dicho popular.

 

Autor: Rolando Fernández

 

 

 

 

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