“Cuando el hambre da calor la batata es un refresco”

 

Probablemente, una de las máximas más significativas de las contenidas en el refranero popular dominicano es la que intitula, por su valioso contenido, asociado siempre con algunos aspectos de la vida de los hombres (general), como sus desenvolvimientos cotidianos.

 

Y, no solo en cuanto se refiere a la necesidad de ingesta, cuando nada más aparece, y como es lo que más se asocia con respecto a dicha frase, sin importar que haya agua disponible o no, para “desañugarse”, como dice el pueblo.

 

Aunque algunos la entiendan como una simple ocurrencia, de esas ordinarias que caracterizan a muchos nacionales nuestros, en el fondo no lo es, pues cuando se analiza de manera reflexiva, una serie de conclusiones relativas se pueden extraer de ella.

 

Independientemente del contenido nutritivo que tiene el tubérculo aludido, y más que comprobado, principal el fósforo que proporciona al cerebro humano, como otros beneficios que aporta en sentido general, ¡de que quita el hambre, la quita, aun haya que soportar la sed! De eso  no hay duda.

 

Ahora, el sentido de esa expresión vernácula, en un contexto más amplio, se puede llevar hasta el ámbito social generalizado, y no solamente a nivel local, sino de cualquier parte del mundo. Es donde más se puede comprobar su veracidad.

 

Tenemos como espacio más directo para determinaciones y comprobaciones ligadas a la expresión, la misma sociedad nuestra. Con muy raras excepciones, los dominicanos se creen saber de todo;  que están en capacidad de poder hacer cualquier cosa que le cruce por la mente. Y claro, cuando no aparece otro que mejor lo pueda hacer,  cualquiera se convierte en la batata refrescante, sin importar la temperatura que se tenga.

 

Se pueden llevar las situaciones inherentes al decir, hasta todos los roles de la vida nacional: líderes políticos, periodistas, comunicadores sociales, artistas, articulistas, sindicalistas, productores de programas radiales y televisados, entre otros.

 

De todo hay entre nosotros, y en el conjunto gente, se tienen quienes en realidad no son nada, que carecen de toda condición necesaria. Solo se reportan aquellos, como “vivos” que se atreven; que se aprovechan de los vacíos existentes, como de las bajas calidades locales de que se adolece en tales sentidos disciplinarios.

 

Y claro, el que aparezca es el mejor: la batata para saciar el hambre se torna refrescante ante el escenario prevaleciente, por más calor que haga. ¡Aplicación certera del precitado refrán!

 

: Rolando Fernández

 

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