El asunto no es de porcentajes sobre el salario mínimo, ¡eso es burlesco!

“Este es un país muy especial”, frase que acuñó entre nosotros un connotado hombre culto, y del micrófono, entre los dominicanos, ya ido, Yaqui  Núñez del Rico, y que luego ha usado como soporte para sus mensajes humorísticos, otro grande del escenario artístico nuestro, Cuquín Victoria.

El mensaje de referencia encierra una gran verdad, probablemente no advertida totalmente por parte de su autor original, y el  humorista-difusor, que lo amplió más luego. ¡Nos identifica lo suficiente!

La  expresión se puede asociar con bastante acierto a la forma en que proceden los ciudadanos de este país, en términos de cuán fácil se convierte a la mayoría en presa de los sectores hegemónicos que aquí interactúan, a nivel político y social. De nuevo se vuelve a poner en evidencia la veracidad de la misma, y en conexión con ésa se puede apreciar que, ¡no es difícil jugar en esta nación con la inteligencia ajena!, entre otras cosas.

En Dominicana, solo hay que tratar de poner uno dos temas sobre el tapete por parte esos sectores, y darle mucha prensa local, por lo regular pagándoles a tantos mercaderes de información que nos gastamos aquí (cajas de resonancia), que ahora los llaman periodistas, para que el grueso del país se olvide de los grandes problemas nacionales pendientes de solución.

El presente está bien acorde con lo expresado. Tenemos hoy sobre la mesa, recibiendo gran difusión a todos los niveles resonantes contratados: la reelección presidencial, con sus pareceres a favor y en contra; como, el tan cacareado y discutido aumento salarial, pertinente en grado sumo, pero no en la forma que se aspira.

Respecto del primero, solo habrá de perjudicar al Partido de la Liberación Dominicana (PLD), en el sentido de su integridad institucional originaria; la misma está a punto de perderse; el divisionismo se vislumbra a lo lejos; pero, parece ser que no importan las consecuencias funestas que se puedan derivar.

En cuanto al segundo se refiere, ese es un nuevo teatro copado de farsantes, en el que intervienen los empresarios (ávidos buscadores de ganancias), el Comité Nacional competente (elefante blanco), y los sindicalistas (fragmentos amarillos, seudos dirigentes dentro de la clase trabajadora, con representantes busca lo de ellos nada más).

En las discusiones relativas con eco público, todo para distraer la atención de la ciudadanía, y favorecer los intereses envueltos, todo lo han centrado en los benditos porcentajes sobre el salario mínimo, ofertados por un lado, y exigibles por el otro.

Los capitalistas, en busca de tener que hacer el menor esfuerzo posible para resarcir el gasto necesario a incurrir. Los representantes sindicales alegando, porque creen estar defendiendo la gran cosa, sin medir  los efectos inflacionarios a derivar; cuando no, disfrazando el contubernio con los otros sectores participantes; y, el Comité de Salarios, procurando no afectar los haberes de los que patrocinan políticos y compañas a nivel nacional.

Se está dejando de lado que, con los porcentajes cerrados que se puedan obtener, cuáles sean, nada se va a lograr en favor de la clase laboral dominicana. Los dueños de los capitales bucarán la forma de recuperar lo que  tengan que invertir por tal concepto. Igual ocurrirá  con el Estado, de asumirse, que por su parte, lo haría imponiendo mayores cargas impositivas a la población para percibir superiores ingresos cobertores. Empresariado y Estado compensarán ante la medida, incluso a nivel impositivo.

De ahí que, cualquier suma porcentual que se pueda lograr, a la postre solo afectará de manera inversa a los trabajadores, que tendrán que cargar con los niveles de inflación provocados por los demagógicos aumentos; que se tragarán por completo los nuevos salarios, y mucho más del poder adquisitivo de la gente.

Muy bien lo dice el señor José Miguel de la Rosa, en su columna “Mi voz…”, diario “El Día”: “Luego del anuncio del aumento de un 14% al salario mínimo, preparémosnos para otra subida de precio en los productos de mayor consumo” Y agregó, refiriéndose a los empleadores: “Seguro están preocupados por no saber de dónde van a sacar ese adicional”, en alusión al aumento burlesco. ¡Cuánta demagogia!, agregaríamos nosotros.

Algo digno de destacar también, es lo dicho por Nelson Rodríguez en el periódico “Diario Libre”, del 22-5-15, “El 14% de alza al más bajo de los salarios mínimos no llega a  mil pesos”. ¡Qué esperanza, Margot! ¿Y para qué da eso?

Para completar, algunos economistas corporativos entre nosotros dicen que, “aumento es insuficiente para recuperar poder adquisitivo”. Muchos de ésos, sí que tienen bastante autoridad para hablar de poder adquisitivo por parte de la población, aunque el entrar en detalles, resulta poco conveniente para los sectores sociales y políticos del país. ¡Los profesionales de esa disciplina saben cómo cuidarse!

En un país como el nuestro, ¡así no se aumentan los sueldos!; donde prima la “voracidad fiscal por excelencia”; la especulación campea por doquier, comenzando por las esferas oficiales, y sus permisividades en contra de la ciudadanía, verbigracia: lo que se advierte con respecto al precio de los hidrocarburos en esta nación, sin importar que los costos del barril del petróleo a nivel del mercado internacional se derrumben; la electricidad (las distribuidoras, EDES, hacen lo que les viene en gana con la facturaciones, y la mejor muestra es, las compensaciones que de pena dispone en favor de los usuarios la seudo Superintendencia del ramo, que más bien funge como extensión de esas altruistas empresas del negocio); los cobros por las comunicaciones, como la educación privada, y la salud (esas últimas en el sector público no sirven), entre otras  injusticias y escaseces más que notorias.

Pero además, se tiene bien  la  vista, el desprecio adrede promovido al signo monetario nacional, como base para poder seguir manejando las variables subjetivas de la presupuestada y engañosa fórmula para el cálculo medalaganario y circunstancial de los precios de los hidrocarburos aquí; amén de que, la especulativa paridad cambiaria regente afecta todos los renglones de la economía, nacional.

En el tenor de lo que se trata, y como bien lo tocaran superficialmente los economistas, el asunto aquí no es exigir porcentaje alguno con respecto a un alza en los salarios, no solamente sobre el mínimo,  sino en todos.  ¡Se deben procurar otras decisiones!

Esos nunca serían suficientes para los fines que se quiere, agregaríamos nosotros. Claro, exceptuando los jugosos emolumentos de los funcionarios políticos del Estado, complementados con los agregados que se estilan. ¡Los que viven muy bien! Sí, aquellos que se sacaron la “Loto” sin jugar.

De lo que se debe hablar aquí, y la población en general estar exigiéndolo, es sobre un aumento en el poder real adquisitivo de la gente en este país, para lo cual se debe buscar la manera firme y consistente de un desmonte parcial de la gravosa imposición tributaria generalizada vigente; la apreciación de la unidad de cuenta nuestra, y en conexión,  el impedir cobros por cualquier bien o servicio local en la moneda norteamericana. También, el que se establezca un riguroso control estatal sobre la especulación reinante en todos los órdenes, comenzando desde las mismas instancias gubernamentales, que por igual participan de esa desaprensión a todas luces.

De lograrse esas cosas, todas las discusiones salariales, como la existencia misma del Comité Nacional para los fines, legislar sobre el particular, estarían de más entre nosotros. Los aumentos de lo sueldos de los trabajadores todos, se generarían de manera automática.

Y, obviamente, las burlas en tal sentido, como esa que de ahora se trata, los pugilatos y las desavenencias entre el Comité Nacional, sindicatos, trabajadores y empresarios brillarían por su ausencia en nuestro país.

Rolando Fernández

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