¿Y qué importa el color de la piel?

La verdad es que, un gran segmento de la sociedad mundial está compuesto por gente que viene nadando en un inmenso río de ignorancia, de convencionalismos infundados, como de un cuestionable racismo humano.

 

Es algo que raya en lo estúpido y lo ridículo; pues, son cosas muy poco concebibles en el marco de lo racional, y por supuesto, del fragmento de la Inteligencia  Suprema Una, de que es depositaria la especie humana.

 

Todo obedece a los condicionamientos mentales, como a las actitudes discriminatorias inducidas por los sectores sociales clasistas predominantes, y los procedentes de las mismas iglesias que profesan la religiosidad popular, al margen siempre de la espiritualidad real, sobre la que deben orientar e instruir a las feligresías, o creyentes en general.  ¡Están todas en la misma cesta!

 

Esas precisiones vienen a colación del escándalo mundial, con eco en nuestro país, por supuesto, que ha suscitado el que un productor de cine osara presentar en una película norteamericana a Jesús como una persona de color – negro claro -, actitud que muchos han considerado como un sacrilegio despreciable.

 

¡Cuánta ignorancia! ¿Había forma de fotografiar al Gran Maestro Ascendido en aquellos tiempos? ¿Quién podrá saber con exactitud cuál era el color real de su tez, las características de sus facciones y cabellera? Entonces, ¿por qué el gran espanto, y considerar esta nueva presentación como una osadía?

 

Lo que ocurre es que,  después de las tantas versiones sin fundamento vendidas a la humanidad a través de los siglos – el Jesús blanco, bien parecido por competo, “buen mozo”, con los ojos azules o verdes, cabellos lacios por completo, y una copiosa barba, en correspondencia con los pelos de la cabeza -, era obvio el choque frontal con los racistas, que se reportan ignorantes,  poco pensantes, y un tanto alienados religiosos, claro.

 

Incluso, los que consideran a esa Suprema Energía que todo lo interpenetra, que sostiene la creación y permanencia de cuánto existe – el Universo -, como un viejo blanco, con pelo lacio de igual color, y copiosa barba, que se personificó a través de Jesús el Cristo, una de las cosas que más daño ha hecho a la religiosidad de corte social, y que por convencionalismos lo llaman Dios, tienen que asociarles físicamente.

 

Pero ocurre que, a Dios nadie le ha visto jamás, según aparece consignado en la misma Sagrada Biblia, I Juan 4.12. Solo se lo imaginan como tal; y por consiguiente, a todas las divinidades que de Él descienden (Querubines, Arcángeles, Ángeles, Santos, Maestros Ascendidos, entre otros). Y claro, Jesús no podía ser la excepción, sino igual a todos, en términos de apariencia física.

 

El racismo, “la blancura contra la negrura”, se puede entender como uno de los flagelos que más ha dividido a la humanidad, y causado conflagraciones con efectos mortíferos de consideración. Los precedentes están de sobra. Y no solo entre blancos y negros se han originado los problemas raciales.

 

A nivel de la mayoría de las latitudes mundiales, los conflictos de carácter étnico siempre se han verificado. Con mucho mayor énfasis ha sido, desde principios del siglo pasado, con extensión amplia hasta las posterioridades.

 

Aunque se ha tratado de estar guardando las apariencias sobre ese particular, la discriminación hacia la llamada gente de color, nunca ha dejado de estar vigente, a  pesar de las proclamas y alegatos demagógicos de algunos organismos internacionales de aparente defensa, aunque interesadas en ocasiones, como es el caso por la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH).

 

En muchos países, que no les pega, como lo es el caso de la República Dominicana, donde cada  uno tiene el negro detrás de la oreja, como se dice popularmente, algunos blancos envalentonados suelen decir con tono despectivo: “el negro no es gente; es “comía” de puerco; cuando no la hace a la entrada, la hace a la salida. Siempre está tratando de dejarse sentir, como los monos”. ¡Qué formas de pensar más indecorosas con respecto a sus congéneres!  Sí, por el mero hecho de la diferencia en el color en la piel. ¡Cuánta inconsciencia!

 

Según se puede observar en muchos casos, hasta los mismos negros son racistas. Con regularidad no quieren saber mucho de su misma clase racial; y menos, cuando logran descollar en alguna actividad profesional, o alcanzar posiciones de  relevancia dentro de cualquier empresa privada, o estamento gubernamental.

 

Es notable la falta de conciencia, como los prejuicios que se tienen; la escasez de lógica, y lo psicológico que prima, cuando en realidad no creemos que aún se sepa con certeza, científicamente hablando, el porqué de las distintas variaciones en el color de la piel de lo hombres, general. Más todavía, tomándose en consideración que todos procedemos de la misma Fuente, y sin saber cuál es el color de ese Dios, al que tanto se clama, o ruega: ¿negro o blanco?

 

Siempre hemos creído, que el caso de los Estados Unidos de América durante los últimos años, con la elección a la presidencia de aquel país de un mandatario de raza negra, sin tener origen incluso norteamericano,  y donde el racismo se pone siempre en evidencia, por más que lo quieran ocultar, procura enviar un metamensaje a toda la humanidad, de procedencia enteramente divina, como una forma de concienciar, a los fines promover  actitudes de contrición y humildad, entre todos aquellos blancotes, que creen solo tener estos derecho a dirigir la gran nación del Norte. Y claro, traslativo hacia los demás países hegemónicos en el mundo.

 

Retomando ahora el caso de la nueva figura inventada con respecto  al  maestro Jesús, para exhibición peliculera, muy atinados resultan los juicios emitidos por doña Yvelisse Prats Ramírez de Pérez, en su artículo “¡Pero no era blanco!”, publicado en el medio “Listín Diario”, edición de fecha 22-3-14, página 8ª.

 

Muchas personas deberían procurar leerlo, con atención sosegada, en pos de edificarse un poco, e ir dejando de lado los convencionalismos y condicionamientos mentales infundados; como, el continuar criticando y sorprendiéndose ante la negrura de Jesús, expuesta en una película de nuevo cuño. Es decir, con relación al Mesías, representante máximo de la Era Cristiana.

 

Dice doña Yvelisse: “Dar un  tono más subido a la piel de Jesús no invalida la historia, ni la calidad de la película”. ¡Claro que no!

 

“Al fin y al cabo, durante más de dos mil años lo hemos aceptado maquillado, destiñendo su piel y su doctrina sin respetar el fenotipo de sus congéneres, ni la diversidad humana, y sin asumir Su ecumenismo”.

 

¡Así es en verdad! Siempre será Jesús el Cristo, el instructor mayor y guía de la humanidad, el camino intermedio hacia el Padre Supremo. ¡No hay atajo alguno! Todos debemos alcanzar previamente el Cristado; hacernos Uno con el Cristo, la Conciencia Divina máxima,  Esa de la Presencia Yo Soy, Dios Mismo, como comúnmente le llaman, expresada por completo a través del amado maestro en aquellos tiempos, antes de poder retornar de manera definitiva a nuestra Fuente de Origen. ¡Eso sí que es lo importante!

 

No importa cuál sea el color que se quiera continuar atribuyéndole a Jesús. Aunque ahora se le ocurra a uno de estos “genios de la computación moderna”, readaptarle de nuevo el rostro, poniéndole una nariz más ancha, pintando sus ojos de marrón o negro, y confeccionando para Él una cabellera con el pelo crespo, siempre continuará siendo el Mismo.

 

Solo que,  además tendrían ellos que completar la obra, y  trabajar  en ese mismo orden  también, con la figura de Dios, y todas las otras divinidades descendientes. Así  estaría acorde la totalidad. ¡Recuérdese la asociación con el Primero!

 

¡Qué cruel es la ignorancia! Nunca dejará de ser Jesús el Cristo. Sí que continuará siendo, a quien debemos tratar de emular siempre, sin estar pensando en características físicas humanas. ¡Sobre eso debe ir la reflexión necesaria!

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

Una respuesta

  1. Muy bueno tío, gracias por compartirlo!

    Kate.

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