Generaciones de mujeres inútiles en el hogar

Una verdad dicha sin tapujos, es esa imprescindibilidad a que se refiere Kedmay T. Klinger Balmaseda, en su artículo, ¿Depender de esa ayuda?, publicado en la edición de fecha 13-7-13, página 10ª, periódico “HOY”, con relación a las interacciones obligadas que se producen actualmente entre  las dueñas de casas y las trabajadoras domésticas.

 

Eso es algo que ha venido constituyendo “una verdad de a puño” en este país, según el contenido de la frase, dicha sin rodeos algunos, muy especialmente en lo que concierne a los últimos tiempos, en que el modernismo se ha encargado de acentuar tal dependencia, ¡esa lamentable “invalidez” casera de la mujer moderna!

 

¡Es la pura realidad!, ya la gran mayoría de las damas dominicanas, bajo la excusa de tener que trabajar para colaborar con el sustento económico del hogar, algunas, cuando se  inclinan por formar familia, y por su adhesión a los preceptos de una liberación femenina mal concebida, se han convertido en inútiles caseras, incapaces de cumplir con muchas de las atribuciones que les conciernen, respecto a la administración del hogar, y las atenciones que deben dispensarles tanto al esposo, como a los propios hijos.

 

Ahora, sin un servicio a su disposición, y en ocasiones requieren hasta más de uno (cocinera, niñera, planchadora de ropa, y  lavandera, aun sea en modernos equipos automáticos),  sirven para muy poco dentro de una casa. Todo hay que hacérselo. Lo dejan en manos de otras féminas.  No están aptas ni siquiera para pegar un botón a una camisa, revisarle la ropa al marido, o colar una simple taza de café – en una greca -. Creen que sus deberes y responsabilidades a nivel de una relación de pareja se limitan al aspecto cama, sexo.

 

Evidentemente, una mujer con tareas laborales que cumplir fuera del hogar, necesita el concurso de algún tipo de servicio doméstico, hasta por justicia. Pero, “de ahí a depender encarecidamente de otra persona para lograr todo esto, no lo encuentro para nada prudente ni  menos correcto”, según el articulista citado, opinión esta última que compartimos plenamente con él.

 

De otro lado, hay muchas que no trabajan, y que también son como una especie de “biscuit”, a adorno movible.  Y ocurre muchas veces, que maltratan y vejan a las domésticas, llamándoles chopas, despectivamente; hablan mal de ellas, y siempre les están cuestionando el trabajo que realizan, sabiendo de antemano que, ¡ sin las mismas no se pueden valer!

 

Pero además, hay algunas que les buscan con regularidad, físicamente más agraciadas que las dueñas de la casas, y entonces les ponen a los maridos y a los hijos en las manos, corriendo el riesgo de quedarse sin el cariño de los hijos, y el calor del esposo.  Los casos comprobatorios están de sobra.

 

Por más excusas que las alienadas mujeres de hoy, con las concepciones feministas de nuevo cuño, quieran esgrimir, es obvio que, la causa fundamental de esa dependencia total de los servicios domésticos está en el descalabro de la crianza familiar.

 

Ya las madres no se encargan de cumplir con su rol formador; eso pasó a la historia, lamentablemente.  Todo lo contrario, ahora les dicen a las hijas que ellas no tienen que ser chopas de los hombres con los que se casan. ¡Se confunde la actitud virtuosa de los deberes maritales, con ser sirvienta!; se cree denigrante ese proceder.

 

Es por todo lo expresado que, muy enjundiosa resulta la ponderación que hace Kedmay T. Klinger Balmaseda, al igual que dan en el blanco los criterios externados por el mismo en su trabajo periodístico, que bien deberían servir ambas cosas, para una sosegada reflexión social generalizada, principalmente por parte del sexo femenino.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

Una respuesta

  1. Muchas gracias Sr. Rolando Fernández por corroborar con este interesante tema. Me siento alagada al usted citar mi artículo. Kedmay T. Klinger Balmaseda

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