¿Piensa en realidad el hombre, o no?

Todo aquel que acostumbra a hurgar, hojeando páginas de libros, en busca de saciar la sed de profundos conocimientos que se tienen, normalmente se encuentra con afirmaciones que retiene con firmeza, y que a veces no se entienden del todo en principio, por lo que se reservan para seguir con posterioridad indagando sobre las mismas; o, a la espera de que los científicos logren descodificar conceptos inherentes, y descubrir factores que se les sean relativos, para continuar con el proceso de confirmación requerido.

 

En una ocasión nos encontramos con que, el  libre albedrío de que disponen los hombres, según las creencias religiosas convencionales, no es una realidad, ya que el  mismo no constituye una excepción con respecto a la llamada “génesis condicionada”, o sea, la relatividad de todas las cosa: “Todo es relativo”.

 

Esa es una concepción budista Hinayana, que tiene cierta lógica comprensible, tomando en consideración que toda corriente de vida humana que cursa, es previamente diseñada y programada de acuerdo con la Expresión Divina terrenal a cargo del Alma encarnada; al igual que,  con los efectos kármicos por conquistar durante el tránsito de subsistencia física que se conceda.  Y, si todo está previamente dispuesto, ¿cuál sería entonces la supuesta libertad de acción por parte de los hombres, ya como Atributos divinos, ya sobre la Tierra?

 

Ahora, cabría agregar aquí, para una mayor edificación complementaria sobre la temática, que algunos esoteristas son de opinión que, el libre albedrío que se entiende tiene la especie humana, consta de dos fases: una primera, que corresponde al Alma que está próximo a encarnar, en la que ésta acepta y le es aprobado el propósito general de su viaje hacia la Tierra, que incluye los dos aspectos señalados en el párrafo anterior (Expresión  y conquistas), y que en ésa, sí que hay cierta libertad de elección. Pero que, luego de ingresar al plano físico, ya con el vestuario carnal, se impone el corresponder con lo admitido conforme en principio. ¡Intrincado el asunto!, ¿verdad?

 

En otra oportunidad, igual nos impactó sobremanera el leer: “Yo, el Creador, Soy el  PENSADOR Original, el Uno y Único PENSADOR.  Además, “Según queda dicho, el hombre no piensa; SOY YO Quien piensa a través de su organismo”.  ¡Qué aseveraciones!

 

De aduce en adición que, el pensamiento en el hombre se produce de manera automática, de la misma forma en que se verifica el proceso fisiológico de la respiración; el funcionamiento del corazón, para hacer circular la sangre que contiene la vida, por todo el organismo; y, el digerir y asimilar los alimentos que se ingieren. ¿Cómo en realidad se originan esas funciones orgánicas?

 

Evidentemente, todo está fundamentado en el hecho de que, la entidad divina – Ego Superior-, que mora a lo interno de cada ser humano, el verdadero Hombre, fragmento de la Divinidad Suprema con una vestimenta densa carnal, sujeto a experimentar un desenvolvimiento terrenal evolutivo, es Quien en verdad funge como Pensador,  el que dirige.

 

En que es Él, quien induce a lo que hay qué hacer, el cómo, y el cuándo se debe llevar a cabo; aunque, a veces permite que los hombres mal interpreten las Ideas sembradas; tergiversen sus deseos, impulsos o apremios internos, usándolos para fines egoístas. Pero, que eso también tiene su propósito; pues, los sufrimientos que se deriven de las acciones o pensares implicados, se convertirán luego en sus Agentes purificadores.

 

Que de Él provienen todas las Ideas y deseos que se exteriorizan en el plano físico. Y que, los hombres no son más que Atributos divinos, a través de cuyos organismos físicos, el Sumo Creador expresa su Idea de Sí Mismo manifestándose, bajo la condición denominada vida terrena.

 

Luego de que se reflexiona sosegadamente, como de ir asociando las aseveraciones antes expuestas, no se hace tan difícil creer que, la clave fundamental para comenzar a entender, e ir asimilando lo dicho anteriormente, podría estar bien a la mano de  cuantos se interesen por el tema. Sólo habría que tratar de analizar e interpretar, el contenido de los primeros tres versículos del libro de S. Juan, Sagrada Biblia, encabezados por: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”.

 

Asimilar que, el Verbo que fue en principio, no era más que el símbolo de la  Idea de Dios Mismo, que era pensada por  Él, para  su Expresión viviente terrenal, ¡Dios en Manifestación!

 

De ahí se puede deducir  que, todo cuanto existe y se produce en el Universo, considerado su cuerpo, tiene su base en la Idea Misma de su Gran Arquitecto, a los fines de Expresarse como tal en el ámbito físico, de una u otra forma.

 

Además que, el hombre, como uno de sus Atributos divinos para ese fin, en verdad fue  hecho a su imagen y semejanza, según está contenido en las Sagradas Escrituras, en una afirmación que algunos confunden erróneamente con la estructura corporal de los mortales. ¡Algunos creen que Dios también es de carne y huesos!, asociándole con la figura del Jesús el Cristo, que en realidad lo que hizo fue, encarnar la Conciencia Magna del Padre Supremo.

 

Sí que fueron concebidos y corporizados los humanos como Atributos de Él, en lo concerniente a los tres aspectos inherentes al Mismo – Padre, Hijo y Espíritu Santo- , como organismos originales, que continúan siendo preparado para su Manifestación terrenal a través de los  esos, en pos de que sea perfeccionada la Idea del Supremo Creador, mediante el proceso de desenvolvimiento que muchos llaman evolución.

 

Eso significaría, tal como lo conciben los entendidos en la materia que, en realidad el hombre no es más que un instrumento para Expresión Divina en el plano físico, al igual que todo lo que existe sobre el mismo, incluidas las especies inferiores pertenecientes a los diferentes reinos de la Naturaleza; y que, comparten en su totalidad, esa Magna Conciencia en manifestación. ¡En todo lo que hay vida está Dios!

 

Vemos entonces que, se podría ir comprendiendo que toda Idea que llega a la mente de los hombres, el pensar, como el deseo de materialización, no son propios en realidad, sino que provienen, bajo cualquier circunstancia, de ese YO SOY que habita en su interior; o que, es Quien hace impresionar la conciencia humana, cuando es que el impulso fluye desde lo externo hacia él.

 

Más aun se pueden ir asimilando esas concepciones, cuando los científicos revelan resultados de estudios que se llevan a cabo, como ése que publica Homero Figueroa, en su columna: Espejo de papel, bajo el titulo, “DECISIONES INCONSCIENTES”, periódico “Diario Libre”, edición del 11-1-13, página 18.

 

 El mismos se refiere a una investigación que se hiciera, encabezada por el neurólogo John Dylan Haynes, en el Centro Bernestein de Neurociencia Computacional,  en que “se demostró que nuestras decisiones están predeterminadas, a nivel inconsciente, diez segundo antes de que nuestra conciencia ordene la decisión”.

 

Muy procedentes se entienden las consideraciones del autor, en el sentido de que, “Las implicaciones filosóficas de estos datos son grandes.  La idea de que la mayoría de nuestros actos son tomados de manera voluntaria, por ejemplo, tiene que cambiar”. ¡Es una lástima que, el tema lo haya asociado con asuntos de índole política!

 

¡Las confirmaciones siguen! Traten de indagar también ustedes sobre la temática, distinguidos lectores.

 

 Rolando Fernández

 

 

 

 

 

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