Dominicanos arrepentidos de su nacionalidad, y estadía local

Reparando con frialdad en los escenarios sociales, económicos y políticos que se observan en la República Dominicana, como en lo preocupante del devenir que le espera, debido a sus inciertos derroteros inminentes, según expresan, son muchos los naturales que lamentan el haber tenido que nacer aquí – no por accidente en realidad, como saben los investigadores esoteristas, sino por designios superiores, agregaríamos nosotros -, y permanecer en esta tierra, imposibilitados de poder emigrar de ella.

 

Claro, hay algunos ciudadanos que sí han podido abandonarle para explorar nuevos horizontes, como escapar de los martirios y zozobras ordinarios que en la misma se verifican; pero que, según externan, por sentimentalismo patriótico, u otras causas que les hayan impedido, se  han conformado y optado por permanecer en aquí, actitud de la cual hoy se arrepienten. Ya no tiene mucho sentido el marcharse lejos, por razones de edad cronológica principalmente, de acuerdo con lo que dicen, en forma algo pesarosa.

 

La verdad es que, el escuchar a tantos dominicanos exponer pareceres de esa naturaleza en sus ambientes íntimos familiares, y de amistades selectas, poco debe extrañarle a la gente algo pensante que les escucha, y que, sin parcialización alguna, se detiene a reflexionar en lo que se ha convertido esta nación durante los últimos lustros, en manos de todos estos políticos desaprensivos, entreguistas y corruptos, defensores de intereses  extranjeros, muy cuestionables por cierto, más que de los nacionales.

 

Ya este es un país, según alegan, en el que a penas se puede vivir con tranquilidad; donde las precariedades económicas, y las carencias de servicios públicos razonables están a la orden del día, como se dice.  Pero que además, está minado de delincuencia, criminalidad e inseguridad ciudadana, con el agravante de una impunidad generalizada fehaciente.

 

Indudablemente, esas son causas que a cualquiera, no sólo enfadan sobremanera, sino que le hacen sentir impotente y desamparado. También que, inducen a inclinarse por la autodefensa  obvia, acudiéndose a cualquier medio;  y, uno de los más viables que se entiende, es el tratar de adquirir por la vía que sea una buena arma de fuego, para utilizarla en tal propósito.

 

Luego, la apreciación desalentadora que se tiene es que, cómo se puede vivir conforme en el marco de una sociedad así caracterizada, mientras se observa a todos los culpables de los tantos males que hoy agobian a la generalidad de la población nacional, pasearse alegremente, y de manera burlona, igual aquí, que en el exterior, haciendo alardes, ostentación de las fortunas acumuladas, que se  les señalan como procedentes del erario público estatal de esta saqueada República.

 

El arrepentimiento de tantos nacionales hoy, según se dijera más arriba, es algo que podría considerase muy válido hasta cierto punto, por lo que se ha visto,  se ve, y se verá en el país muy pronto, sin que luces favorables correctivas se adviertan  al final del túnel.

 

Y es que, sólo son vistos  allí faros “iluminados” por las farsas y las demagogias politiqueras acostumbradas, ya que ni siquiera con energía eléctrica suficiente puede contar el país, por causas que son de “vox pópuli” conocidas, las cuales se estima no se quieren atacar en sus bases, o no ha  convenido hacerlo, para no enfrentar los intereses económicos poderosos del maridaje político-empresarial regente en ese gran negocio energético nacional.

 

En ese tenor último, ya lo advirtió el señor presidente de la República, al hablar en el parque industrial Dislo, en términos más o menos así, “la posible solución al problema eléctrico nacional está chocando con intereses muy fuertes, y que tiene mucha oposición con lo que se quiere hacer. No obstante señaló, que no se quedará de brazos cruzados ante la problemática”. (Periódico “Diario Libre”, del 30-5-13, página 16). Por otro lado, “Medina acusa a sectores de oponerse a solución eléctrica”, dice el medio “Listín Diario”, de la misma fecha, en su página 3ª. ¡Está dicho!

 

Entonces, esos pesares, hoy externados por aquellos que se lamentan de su nacionalidad y estadía local, aunque sin mucha publicidad, se pueden catalogar como justificables en gran medida,  y quien los escucha, y los aquilata, sin apasionamiento alguno, sólo le quedaría un camino, aceptarlos sin reproches.

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

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