El aporte de un deportado recibido

A veces, el que menos se cree, puede aportar su granito de arena para la solución de un gran problema. ¡Bien que lo hace!

 

Leímos con cierto interés el trabajo periodístico que apareciera en el medio “Listín Diario”, edición del 18-5-13, página 8ª, bajo la firma de Alicia Estévez, sobre el relato crítico que  hiciera,  y las recomendaciones externadas al mismo tiempo, por el exconvicto deportado desde los Estados Unidos al país, señor Pedro Báez, que se podrían considerar en hora buena, cuando en la República Dominicana se está hablando, y proponiendo medidas correctivas sobre esa problemática tan alarmante de la inseguridad ciudadana local.

 

Todas las cosas que ese señor dijera, y que fueron recogidas con amplitud por la precitada profesional del periodismo, deben ser muy bien ponderadas por nuestras autoridades, a los fines de enmendar cuanto se deba, respecto a la forma y manejo en que son devueltos al país todos aquellos nacionales que han delinquido en el exterior, y que han purgado penas en cárceles extranjeras, principalmente norteamericanas, país donde los delincuentes se hacen profesionales en la materia.

 

De ser todo eso así, como lo expusiera ese señor, de muy poca inseguridad ciudadana se estaría hablando aquí, recibiendo a personas deportadas en las condiciones que él señaló, desvalidas por completo, y hasta con afecciones mentales de consideración; que vienen al país a deambular por sus calles y avenidas, sin tener dónde vivir, y ni siquiera con qué comer; tampoco, familiares que les amparen.

 

Para nadie es un secreto, que muchos de esos deportados se ven envueltos en actos delictuosos nacionales, tras su llegada forzada desde el extranjero, por costumbre, o necesidad podría decirse, debido eso último, a los requerimientos humanos apremiantes, los cuales deben buscar la manera de satisfacerlos a como dé lugar. Y, obviamente, se tienen que inclinar por hacerlo, para poder subsistir de nuevo en su tierra, por lo que mejor saben llevar a cabo: delinquir.

 

Entonces, ahora que el Gobierno dominicano anda en busca de solucionar el gran problema de la delincuencia y la criminalidad que vienen azotando a la sociedad nacional, y que es obvio, son acciones que tienen un significativo componente importado, en las cabezas de muchos de los egresados de los recintos carcelarios estadounidenses que les retornan a esta República, todo lo expuesto por ese Pedro Báez merece que se le ponga atención.

 

De lo contrario, es previsible que, como él mismo señalara, los actos delictivos en esta nación podrían alcanzar niveles de muy alta consideración, precisamente, por la intervención de los deportados llegados al país, en condiciones tan precarias como las que él narró, amén de las afecciones mentales inductoras con las que puedan venir.

 

Toda esa narrativa, crítica por demás, debe ser leída y analizada con mucha atención por los miembros del Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana, creado recientemente por el Poder Ejecutivo, en pos de que, con esos “angelitos”, expresidiarios que se reciben en el país con bastante frecuencia desde los Estados Unidos de América, también se adopten las medidas de corrección pertinentes.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

Rolando Fernández

 

 

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