El país de las denuncias y los reclamos: República Dominicana

La verdad es que, este pequeño terruño, enclavado en la región del Caribe, ha sido convertido en gran depósito de denuncias y reclamos ciudadanos, sin que se avizoren medidas concretas de solución a nada.

Tanto la población, como algunos de sus voceros más representativos, de ordinario se limitan a proclamar a los aires, según se aprecia, todo tipo de alertas y fervientes quejas reclamatorias, sin que aparentemente nadie les escuche, aun estén secundados, y puedan contar con el concurso de algunos productores de programas consecuentes, radiales y televisivos, como de ciertos medios escritos de la prensa local, para defender los requerimientos elevados, que siempre lucen procedentes.

Aunque las personas griten y “pataleen”, como se dice, todo luce indicar que, nadie en capacidad de actuar aquí oye nada. Todo sigue igual, o peor, en Dominicana: delincuencia, criminalidad, y corrupción solapada por doquier; inseguridad ciudadana preocupante,  con miedo hasta de caminar ahora por las calles y avenidas nuestras en horas del día, y mucho menos, durante las noches, a oscuras normalmente, por culpa de los dueños del negocio eléctrico nacional, y sus cómplices políticos.

Las cargas impositivas en contra de la población se tornan cada vez más insoportables, por sus efectos directos, o traslativos; también, los costos de los servicios públicos. Pagando los combustibles más caros de toda la región caribeña, motivado en gran parte por esa razón – impuestos aplicados -. Tributándose sobre los intereses que recibe la gente por sus ahorros forzados para la vejez. Y, ni hablar de la tarifa eléctrica, por un servicio que se hace más ineficiente con el paso del tiempo. ¡Las esperanzas de corrección en  todos esos aspectos, parecen yerbas verdes, de esas que comen los animales!

Con una altísima inflación, pincelada de mínima, para justificar un alegado bienestar, y crecimiento económico; y así, continuar guardando las apariencias de bonanzas, como de un país que progresa, mientras una gran parte de sus habitantes prosigue “tragándose un cable”, como lo expresa el pueblo llano.

Aquí sólo se oye hablar de proyectos de solución, como de la designación de comisiones para estudios y recomendaciones, quedando todo después en el tintero, entretanto los males en que incurren los desaprensivos continúan su agitado curso.

Algunos allantes y alharacas, nada más salen a relucir con cierto fervor en los tiempos de campaña electoral; y, los ingenuos ciudadanos siguen creyendo en las promesas politiqueras de todos estos busca cuartos, y posiciones gubernamentales que se gasta la nación.  Después, las promesas se olvidan, y el país continúa metidos en los mismos hoyos de siempre, con tendencia a hacerse más profundos cada vez.

Los cordones de miseria se amplían; las hambrunas se extienden territorialmente, mientras un selecto grupo de “vive bien”, a cargo del erario público nacional, como de la población aportante, que es la “paganini” de cuantos platos se rompen, prosigue engrosando las grandes fortunas  acumuladas por sus miembros.

Ante esa situación fehaciente, ojalá que algunos de los tecnócratas, y alienados serviles del poder político, como empresarial en la República Dominicana, no se inclinen ahora por adherirse, en el plano local, a las recomendaciones externadas recientemente por la ONU, en el sentido de que, para combatir el hambre y la desnutrición que se verifican a nivel mundial, derivadas de la gran pobreza reinante, la gente depauperada se incline por recurrir a la fuente alimentaria de los insectos y otras especies que se arrastran por el suelo entre los montes, y algunos lugares más.

A nuestro humilde entender, esa es una sugerencia que continuamos considerándole como burlona, aunque algunas personas que fungen como cajas de resonancia, y que se podrían calificar como títeres, adulones de los intereses económicos poderosos, no lo entiendan así, y traten de justificarla, alegando que en algunas partes del mundo se recurre a esa fuente alimenticia desde hace gran tiempo, y que no sería una cosa de tanta significación, el que otras traten de emularlas para combatir el hambre y la desnutrición.

La pregunta que cualquiera  se haría es que, en cabeza de quién, con suficiente capacidad pensante, y conciencia real, con respecto a sus congéneres, se podría entender como totalmente válida, y estar de acuerdo con una sugerencia de ese tipo, habiendo otras formas factibles, que se reportarían más justas, no sólo para colaborar con la alimentación de los pobres dispersos mundialmente, sino de contribuir a que se descontinúe con esa práctica doquiera que se registre. Pues, no es mentira que  ocurra así; pero, lo que habría que asegurarse es, ¿cual es la razón real?

Lo que se tendría que determinar en ese orden, con exactitud meridiana, e independencia mental,  reiteramos, es el porqué se tiene que recurrir necesariamente a esa costumbre, si es que se le puede llamar de esa manera al consumo de insectos y demás, en los lugares que se señalan.

No creemos que nadie, con poder adquisitivo adecuado, o condición económica promedio, se inclinaría por comer insectos, u otra especie de animales saltamontes, a menos que no sea para satisfacer antojos, o degustar platos que se entiendan fueran de lo común, sofisticados quizás.

De seguro que, los ideólogos de tal recomendación, como aquellos que la respaldan con firmeza, no comerían nada de esos considerados insectos, ni saltamontes comunes, de los que ellos están sugiriendo, para que ingieran los pobres del mundo.

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

Autor: Rolando Fernández

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