El egotismo, y avance evolución espiritual, son imanes para enfermedades terminales

Todo el que ha dedicado parte de su tiempo a investigar sobre asuntos espirituales de carácter esotéricos, siempre se ha inclinado por indagar en ese contexto, sobre el porqué de algunas enfermedades, la mayoría terminales, que afectan a la especie humana, y que a veces no se explica su ocurrencia en el marco de la mente humana, por algunas circunstancias que les rodean.

 

Aunque no comprobable de manera concreta, sí con evidencias intuitivas creíbles, las afecciones de ese tipo de ordinario se han asociado con efectos kármicos procedentes de vidas anteriores, o de la misma corriente actual (karmas maduros, y los nuevos adquiridos), debido a causas sembradas con anterioridad.

 

Ahora, lo que sí se reporta como de apreciación convincente es que, no obstante haber enfermedades del tipo señalado que a veces se verifican en personas que lucen humildes, con mucha fe, y de limpio corazón, en otras que se dan, los ímpetus egotistas muy marcados, como diversas actitudes relacionadas censurables, sí que se manifiestan de manera extrema.

 

En las primeras, de común se cree que son avances punitivos de causas pendientes, que se asumen con cargo a próximas reencarnaciones de las Almas de que se trate (disminución deudas acumuladas que se tienen), luego de que concluyen las conquistas dispuestas para las corrientes de vida que se cursen.

 

En ese sentido, se podría hacer cierta analogía con lo que ocurre alrededor de  los buenos estudiantes, que pueden ir más rápido que los demás, cursando conjuntamente materias de niveles más avanzados dentro de un mismo año lectivo, o hacer dos cursos en un solo período. Según lo que aquí se trata, se estaría hablando entonces de la evolución espiritual requerida, procurando un mayor avance en el sendero por recorrer.

 

Con respecto a  las segundas se infiere que, la gran causa reside en la falta de conciencia espiritual, los bajos niveles de expansión alcanzados en ese tenor, que motivan creencias mal fundadas en cuanto a la verdadera esencia de los hombres; a su dharma terrenal; como, al no reconocimiento de que sólo se es Atributo divino para manifestación del Dios Supremo en el plano físico de la materia; y que por tanto, nada por sí solo puede resolver. “Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es ordenar sus pasos. (Jeremías 10:23, Sagrada Biblia).

 

Luego, es posible concluir que, las situaciones de esa naturaleza tengan tres propósitos principales. Primero, la conquista de efectos kármicos de antemano programados, y aceptados, para la corriente de vida a  cursar; segundo, el procurar un mayor avance espiritual en el sendero de evolución consciente por transitar, de parte de la propia Alma encarnada; y, tercero, el inducir a acallar por completo determinados egos humanos muy prepotentes en sus actuaciones, creídas todas de muy propia iniciativa; y que, a la vez  distorsionan con sus actitudes las misiones humanas con las que se ingresa al planeta Tierra.

 

Decirles de tal manera, a esos envalentonados falsos seres que, él sólo puede mandar hasta un límite permitido; y que, se impone el prestar toda atención al verdadero Director de la orquesta – Ego Superior -, que utiliza cada cuerpo físico para poder expresarse; y que a Él, se le debe ofrecer la menor resistencia posible; que el “Mandamás”, necesita de  hombres de fe y corazón contrito, para su Manifestación terrenal.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

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