Quitar el fuero y autonomía UASD, ¡improcedente!

Resultaría muy doloroso y deleznable, el que se produjeran acciones como ésas, en contra de la academia pública estatal de educación superior, a raíz de los últimos acontecimientos de sangre, muy dolorosos por cierto, acaecidos en el interior, como en los entornos de la misma.

 

No debe ponerse en el olvido, que no es la primera vez que allí se producen actos de igual naturaleza, que han enlutado, tanto a la familia universitaria – autoridades, empleados y estudiantes -, como a las de algunos miembros del cuerpo del orden policial, interviniendo en los alrededores de ésta, cumpliendo con su deber, de restablecer la paz y la tranquilidad en el área.

 

Además, se debe pensar en que, tanto el fuero, como la autonomía de esa institución, constituyen derechos adquiridos que fueron logrados por la misma, a base de sangre y fuego, como se dice, y que son condiciones que ya forman parte de la esencia intrínseca de la referida entidad de educación superior, por la democratización y apertura de sus labores formativas, que cuestionables o no, benefician a la juventud dominicana con deseos de superación, y cuya satisfacción puede ser lograda a un costo simbólico prácticamente.

 

Por tales precisiones, se reporta algo extraño que,  personas entre ellas hoy, encumbrados políticos, que tanto deben a esa Alma Mater, no sólo por haber estudiado en sus aulas, sino por el hecho de que también, le convirtieran luego en fuente principal de ingresos, impartiendo docencia, cuando a penas se les conocía en el ámbito de la sociedad nacional, amén de que, es muy posible que dentro de ésas se encuentren algunas que aún disfruten de jugosas pensiones que les fueran otorgadas después, estén propugnando y recomendando, sin rubor alguno, que a la academia se le quiten esas  prerrogativas. Una autonomía parcial claro, debido a estar subvencionada económicamente por el Estado Dominicano.

 

Luego, no sería tan osado entonces, el que a muchas se les pueda considerar hasta malagradecidas. Pues, es gente que, además de haberse beneficiado bastante de la institución, bien conoce cómo se lograron en realidad esos derechos, y cuales son los problemas que en verdad gravitan a su interno; que los mismos podrían ser corregidos en gran parte, sin necesidad de tener que referirse para nada a su fuero y autonomía.

 

Lo que ocurre es que, ya no se consideran uasdianas en su mayoría, se sienten estar encumbradas, que pertenecen a una clase muy superior a la que allí interactúa, lo cual está muy lejos de ser cierto, cuando se establecen las comparaciones debidas, que no sean de índole político-económico, que las da el poder, como es obvio, y que las que ostentan de manera burlona, sin reparar en sus pasadas condiciones personales y estudiantiles. Tampoco, en que los más connotados profesionales de este país, en términos de formación y ejercicio, han egresado de esa universidad, y que por tanto, se deben a ella.

 

Es evidente que, en cuanto a los manejos adecuados, en los órdenes administrativo-gerenciales, como académico en sí, se torna irrefutable la ineficiencia fehaciente;  y que, muchos se les han ido de las manos parcialmente a las autoridades uasdianas, producto de una serie de factores que resulta prolijo enumerar.

 

Pero, hay diversas cosas que se podrían enmendar, con el concurso precisamente, de ésos que hoy están hablando de despojarle del fuero y su autonomía.  Son personas con experiencia uasdiana en su mayoría, e influencia gubernamental, que hoy deberían tratar de apoyarle, aportando soluciones, y no haciendo severas críticas y reprimendas desde fuera, a los fines de que la Primada, o Primera de América, pueda recuperar la imagen pública de otrora, como la eficientización en su rol académico.

 

Son egresados de allí, y conocedores de, por dónde hay que entrarle a la problemática que se vive en su seno, para corregir las situaciones impropias que le afectan, y para que hechos tan bochornosos y deleznables, como los ocurridos  últimamente en su campus y alrededores, no vuelvan a producirse jamás.

 

Se pueden concebir como actitudes de ingratitud, o resentimientos, el estar  promoviendo ahora, dejarle sin fuero y autonomía, a pesar de todo. Aunque,  evidentemente, se hace necesario allí el establecimiento de ciertos controles indirectos por parte del Gobierno, por la subvención asignada que recibe, en cabezas de las autoridades competentes, hasta lograr las mejorías que resulten pertinentes, y que la UASD pueda cumplir con sus verdaderos roles ante la sociedad nacional.

 

El asunto tiene que comenzar necesariamente, en el tenor de lo que se trata,  por  la despolitización de la academia pública; como, el procurar que la cualquierización para ocupar las posiciones electivas allí se descontinúe por completo, a fin de que las mismas puedan ser ocupadas por las personas más aptas, idóneas por completo; y, de ese modo, lograr un eficiente desempeño gerencial, y académico por demás.

 

En adición, la sociedad nacional, a cargo de la cual está costear las labores que allí se llevan a cabo, tiene el derecho a conocer los curriculums-vitae de todo el que aspire allí a ocupar las posiciones de mando superior.

 

Por consiguiente, deben ser publicados durante las campañas electorales que se registran a lo interno de la misma,  para que el pueblo sepa, ¿quiénes le van a dirigir; y, qué se puede esperar de ellos?

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

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