Aumento de gente, ¡sin relevo generacional!

La población dominicana ha venido creciendo de manera acelerada durante los últimos tiempos. Cada día son más y más los seres que nacen en esta nación.  Muchos desheredados de la fortuna, y con un futuro bastante incierto, ya que carecen hasta de padres responsables que, sólo producto del placer sexual agenciado, se encargaron de traerlos al mundo, para luego no asumir ningún tipo de responsabilidad.

 

Otros, que los cobijan los haberes paternales, de ordinario mal logrados, con muy raras excepciones, y que de seguro habrán de procurar la emulación a los ascendientes. Y, aquellos provenientes en cantidad muy significativa, de tribus biológicas-sanguíneas respetables, pero muy limitadas en términos económicos.

 

Ese conglomerado naciente regular así conformado, conjuntamente con la transculturización, y los alienados comportamientos adrede inducidos por los grupos hegemónicos gobernantes en el país, en pos de lograr con libertad amplia los manejos a su antojo de la juventud nacional, han venido provocando limitantes concretas, displicencias obvias, y deserciones a granel, respecto de los propósitos juveniles a toda preparación académica efectiva, como del desarrollo de la habilidades personales optimas, para el ejercicio de las diversas disciplinas profesionales, necesarias en el quehacer republicano requerido.

 

De ahí que, las aspiraciones a convertirse en gran parte del relevo generacional, que debe corresponder a los adolescentes e imberbes nuestros presentes, en sentido general, desde hace años ya, se vienen dejando de lado, algo que está a la vista de todos.

 

Los comportamientos que se observan en ese orden, son penosos por un lado, debido a las limitaciones económicas fehacientes; y por el otro, dejan bastante que desear, por el desgano ostentado, y las pocas aspiraciones que se verifican.

 

Ocurre que, un porcentaje de consideración procede de manera indiferente, porque en realidad las condiciones económicas no les permiten hacer nada. Hay otros, quienes piensan que, no vale la pena tan alto sacrificio, tomado con seriedad, porque piensan vivir siempre a costillas de los padres; como, hacer provecho también de sus legados. Y, por último, el segmento mayor de la joven sociedad en desarrollo, cuya concepción es: para qué estudiar en este país, donde sólo se hace necesario engancharse a político, o procurarse un buen “enllave” para todo lograr.

 

Las limitantes financieras que se observan, reiteramos, como esas formas de pensar en los jóvenes de hoy, ha traído como consecuencia que el relevo a las capacidades y valores pensantes, se ha ido alejando cada vez más, en lo referente al desempeño de todas las disciplinas profesionales clásicas, incluyendo algunas artes, como aquellas actividades que les son relativas.

 

Los buenos galenos de ayer, y los que hoy puedan quedar en el país, al igual que los ingenieros y arquitectos de calibre, abogados, comunicadores, artistas, gente de la televisión, humoristas, etc., en verdad tienen muy poca gente que les pueda reemplazar en estos tiempos, y las esperanzas de que aparezcan muy poco se vislumbran.

 

A manera de ejemplo nada más, sin que otros se sientan mal, por escapar sus nombres a nuestra memoria en lo inmediato, será algo bastante difícil, y hasta casi imposible podría decirse, que bajo el actual esquema de aprendizaje, y la poca motivación inductora que se tiene, se encuentre a quienes puedan sustituir a profesionales médicos tales como:  Eduardo Segura (fallecido recientemente),  Andrés Lugo Vizcaíno, Héctor Mateo, Ángel Chan Aquino, Mariano Estrada, Abel González, Miguel López Garrido, entre muchos más, amén de esa pléyade de galenos destacados que ya han partido del  planeta Tierra, después de haber cumplido con el abnegado ejercicio que les tocó desempeñar.

 

Y así pasa con todas las ramas del saber científico en la República Dominicana (ingenieros, arquitectos, abogados, periodistas profesores de carrera, entre otros); como,  a nivel técnico-profesional, y artísticos.  Ni siquiera los sectores de, maestros para la construcción, carpinteros, ebanistas, etc., escapan a la escasez que se verifica en términos de relevos competentes

.

Ahora, el ámbito en que más se observa la falta aludida, es el relativo a las artes todas: cantantes, poetas, pintores, gente de la televisión, locutores, y demás afines.

 

Habrá que esperar mucho tiempo aquí, para tener personas que reemplacen en la pantalla chica a personajes tales como: Freddy Beras Goico, Yaqui Núñez del Risco, y hasta el fenecido Rafael Corporán de los Santos, con todas las deficiencias que le eran atribuidas.

 

En el género del canto propiamente, también la falta de talento sustituto es alarmante. No hay quienes sustituyan, por ejemplo, a un Alberto Beltrán, Eduardo Brito, José Manuel Lope Balaguer,  Rafael Colón, Antony Río, Fausto Rey, a la misma Luchy Vicioso, por mencionar algunos.

 

Pero además, por el lado de nuestra música autóctona, el merengue, bailes, folklorismo nacional, y demás relativos, quienes podrán ponerse al lado de un Johnny Ventura, Félix del Rosario (fallecido ya), Francis Santana, Wilfrido Vargas, Casandra Damirón, Josefina Miniño, Elenita Santos, etc. ¡Habrá que mandarles a fabricar!

 

La cruda realidad es que, no hay relevo generacional.  Los eventuales sustitutos no se alcanzan a ver por ninguna parte.  La gran deficiencia en el orden de lo que se trata, se hace extensiva hasta el área de la política, donde después que las tres “J”  (Joaquín, Juan y José) desaparecieron físicamente del escenario nacional, lo único que se ha gastado la República, son ejemplares de nuevo cuño, demagogos en grado sumo, como desaprensivos  y avariciosos. También, para completar, defensores de intereses grupales nacionales y extranjeros.

 

Muy difícil se tornará lograr aquí, el inventario de valores sustitutivos, a todos los niveles, por más personas que nazcan día a día. Los jóvenes que se atreven, y que logran egresar con adecuada preparación de nuestras universidades, y escuelas especializadas, emigran del país, por la falta de oportunidades satisfactorias, y por los pocos incentivos que reciben, que no compensan los esfuerzos preparativos realizados

 

¡Penosa, esa realidad nuestra!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

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