Facundo Cabral, un gran pensador ido temprano

Los verdaderos hombres de profundos pensamientos, que hacen tránsito en este plano terrenal, con personalidades singulares, y que tienen que partir a tempranas edades, relativamente, siempre dejan improntas de significación, que perduran a través de los años; al igual que, aquellas provenientes, hablando en términos figurados – espacios marcados -, de algunos árboles frondosos e imperecederos por largos períodos de tiempo, que han proporcionado allí su gran sombra, a tanta gente.

 

Claro, cuando se tiene que abandonar el plano físico, hay que hacerlo de manera inexorable. No es por voluntad humana que ocurre, sino Divina. Y por tanto, en todo momento se debe aceptar el hecho – los dolientes -,  con toda la conformidad debida, sin congojas, o lamento alguno.  ¡Cuando se cumple con la misión terrenal asignada, hay que irse!; no importan las circunstancias en que se tenga que  iniciar el viaje de regreso, o de retorno a la verdadera casa.

 

Fue el caso por ejemplo, del  siempre recordado hombre y artista, Facundo Cabral, por muchas personas a quienes sus mensajes musicalizados y cantados, al igual que expresados con gran maestría, calaron con efectividad, sirviendo como marcos guías de acción para la subsistencia física, y la expansión de conciencia espiritual necesaria.

 

Precisamente en estos días, y fue lo que más motivó el presente artículo, apareció encabezando la columna Brv., que publica el medio “Diario Libre”, edición del 26-5-12,  uno de esos  orientadores y reflexivos mensajes que él escribiera durante su estadía sobre la Tierra.

 

“No hay muerte…hay mudanza y del otro lado nos esperan los que se van y tarde o temprano para allá vamos nosotros…”

 

Con el profundo contenido de lo expresado, el señor Cabral, sale al frente de los tantos que temen a la mal llamada muerte, que nosotros mismos siempre la hemos considerado, en el contexto de los humildes conocimientos logrados, como “la simple mudanza de un barrio a otro”, dicho muy en términos populares; del mundo de lo manifiesto, al Universo inmanifiesto.

 

Ese es, ¡el acontecer obligado que más preocupa al grueso de la humanidad!, en el entendido de que, llegado el inesperado momento, todo se habrá de acabar para siempre, algo que en realidad es una creencia errada, tal cual lo expresara Facundo.

 

Señala un connotado autor que: “El falso ego es el único que tiene que morir. Ni desaparece tu cuerpo (sencillamente volverá a sus elementos básicos) ni muere tu conciencia. Continuará viaje hacia niveles y formas de expresión más elevados, o acabará por desaparecer en la conciencia universal”. De ahí se desprende también que, ¡la muerte en realidad no existe!, tal cual la concibe el grueso de la gente.

 

Se continuará existiendo, aunque sin cuerpo físico, obviamente; y, los reencuentros con los familiares y amigos que  se han ido antes, se producirán luego de partir el extinto presente, en planos universales más sutiles que,  el que se acaba de abandonar.

 

Es una concepción de amplio consenso en los círculos esoteristas, con más que evidencias casi reales, se podría decir, aportadas por los que han experimentado el llamado “regreso de la muerte”; o sea, que se han ido del plano terrenal, circunstancialmente, durante cortos períodos de tiempo, retornando luego, y cuyas experiencias aparecen plasmadas en algunos libros que más adelante han escrito.

 

¡A la muerte no hay que temerle; sí estar preparado para recibirle!; concluyendo así, un ciclo más de subsistencia física; una corriente de vida que se inició en un momento dado, y que en otro, necesariamente, tiene que concluir.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

 

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