El costo de la democracia mal asimilada

Dicen algunos estudiosos de las temáticas complejas, que la mejor forma de explicar determinados asuntos de esa naturaleza, que  se tornan en ocasiones muy abstractos, es a través del simbolismo y la ejemplificación.

 

Aunque muchos probablemente no lo entiendan así, el sistema político de la llamada democracia representativa, tiene algo de abstracto en la asimilación de su verdadera esencia y aplicación, por lo que tantos gobernantes y gobernados bajo dicho esquema de mandato y convivencia ciudadana, tienden a confundir las prerrogativas y las aperturas que le caracterizan con el libertinaje, y el dejar hacer sin control.

 

La mejor analogía que se puede hacer a manera de ejemplo, es la de una familia biológica con varios miembros, donde todos mandan, respecto de una sociedad cualquiera, en la que rija, mal concebido, dicho sistema.

 

Si en ambas organizaciones todas las personas tienen derecho a disponer a voluntad, y así lo hacen, el caos no tardará en producirse.  Siempre tiene que haber entonces, una dirección suprema que se respete; que se le escuche en todo momento, principalmente, en los de confusión e inestabilidad.

 

Hay que imaginarse por tanto, lo que puede ocurrir a nivel de un amplio conglomerado social, cuando se irrespeta la institucionalidad y el orden; en el que todo el mundo quiere mandar; donde no se observan los deberes ciudadanos abstractos que impone la democracia; y por consiguiente, ésta se concibe y se reporta como un libertinaje consentido.

 

Lamentablemente, eso es lo que ha venido ocurriendo aquí desde hace ya varias décadas, originándose esa situación a partir de la caída del régimen dictatorial de Rafael Leonidas Trujillo Molina, cuando este país saltó súbitamente, de un gobierno de fuerza, controlador en extremo, a una época de libertad desmedida, sin conciencia ciudadana alguna, en términos de las responsabilidades que se deben asumir, como de los  comportamientos a observar requeridos, por parte de algunos mandatarios que les ha tocado dirigir, y de la población en sentido general.  Fue tal cual el asunto, el preso que se integra a la sociedad, sin una preparación o condicionamiento mental previo.

 

Desde ahí fue que arrancó el gran problemazo nuestro de hoy; suplementado posteriormente, con una penetración cultural distorsionante extrema, básicamente de las juventudes generacionales siguientes; al igual que, con la corrupción estatal rampante, sin control ni punición alguna, que se ha venido verificando en el país desde entonces.

 

Ese es el precio, de lo que en el presente se está pagando en esta nación; el de una democracia mal asimilada, con sus efectos lesivos secundarios, como esos de la delincuencia, la criminalidad, el tráfico y consumo de drogas, y el burdo negocio de la política partidarista, entre otros.

 

La verdadera democracia conlleva determinados aspectos que se pueden considerar realmente abstractos, a nuestro humilde entender, y que nunca deben dejarse de lado; ya que, la inobservancia de los mismos podría lacerar significativamente a los pueblos, aun siendo éstos sutiles, por estar ligados a los niveles de concienciación que se imponen, para que el sistema pueda prosperar.

 

No puede haber democracia efectiva, sin la debida plataforma concientizante ciudadana previa.  Además, según algunos historiadores consideran, y así lo han determinado, el tiempo promedio para que los pueblos como el nuestro tengan que retornar de un nuevo a un régimen de fuerza, a los fines de  una recomposición conductual de la sociedad necesaria, después de haberse liberado de uno anterior, es de 45 años, lo cual significa que nosotros debemos estar aquí muy cerca de se produzca esa predicción, fundamentada en estudios, toda vez que ya han cursado más de 50, después que se produjera ese acontecimiento liberador en la República Dominicana.

 

Más aun es previsible el eventual retorno, cuando son tomadas en cuenta las situaciones últimas que se han venido presentando en el país, y que  podrían bien ser percibidas, como nuncios del cambio pronosticado, que se debe estar avecinando hoy,  lo cual vendría a confirmar tales concepciones históricas. ¡Sólo hay que esperar!

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

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