¡Esa adicción a las tenencias materiales!, vanidad de vanidades

Las adicciones ningunas son buenas; todas causan pesar y sufrir en el tiempo, aun los cortos momentos de placer que puedan proporcionar, cuando el disfrute es permitido, o se logra alcanzar lo deseado, tras los intensos esfuerzos que se hagan para satisfacer las apetencias vehementes que impulsan.

 

Hay un sinnúmero de cosas a las que se puede ser adicto: los juegos de azar, las drogas fuertes, las bebidas alcohólicas, etc. Y en fin, a todas aquellas diversas actividades hacia las cuales se denotan   inclinaciones desmedidas, y que mueven a las personas a procurar la satisfacción de su disfrute o tenencia, hasta sentirse plenamente  complacidas con lo anhelado.

 

Las adiciones pueden tener variadas formas de disfrute, como se ve; algunos momentáneos, a través del consumo recurrente; o, la complacencia transitoria, como es en el caso de los juegos, ésta última.

 

Ahora, se tienen algunas muy especiales; entre éstas,  la que se refiere por ejemplo a la adquisición exagerada de bienes materiales.  También, la relativa a las grandes acumulaciones de dinero, que nunca se van a utilizar en su totalidad, y que sólo causarán inmensos tormentos después; pero, ¡se  procuran!

 

No es raro ver los casos de aquellos que, mientras más tienen, más quieren tener: grandes mansiones para vivienda, casas campestres, extensas fincas, y bienes en cantidad; aun sea, sólo para inventariarlos, y poder decir a todo pulmón, ¡yo tengo!

 

Se sacrifican hasta los extremos para adquirirlos; cuando no es que incurren en actos delictuosos, en la búsqueda de recursos financieros para sufragar las inversiones que hacen, por vías diferentes, entre ellas el negocio de la política, y su fuente principal, la corrupción.

 

La verdad es que, no se repara en las consecuencias futuras de ese gran cúmulo de bienes materiales; ya sea por el apego que proporcionan, como la incertidumbre propia que se verifica cuando se acerca el momento de tener que abandonar el plano físico – deceso –, en que hay que dejarlo todo.

 

Tampoco se piensa en que, tras el fallecimiento de los pudientes, lo que de ordinario ocurre es el despilfarro de todo lo dejado.  Cuando no, las enemistades, los pleito o litis a nivel de los tribunales, cada cual reclamando su parte.  En esos procesos, los abogados que intervienen, son los que mayores provechos económicos obtienen.

 

Evidentemente, son las actitudes puramente egotistas las que inclinan por los haberes de este tipo, tras considerárseles un símbolo de poder; es decir, lo que se entiende que da poder a las personas, por lo cual se deciden a luchar sin contemplación, como es obvio.

 

Según sostiene una connotada autora, “la vida está estructurada en torno a los símbolos de poder: dinero, autoridad, títulos, belleza, seguridad; y que estos inciden favorablemente en la salud de las personas cuando se obtienen, produciéndose un efecto contrario al perderlos. Que por ello, también se recomienda el tomar conciencia de lo que representa un símbolo de poder para la gente, en ocasión de procurar la cura de cualquier enfermedad”.

 

Ahora, no obstante, el efecto positivo que puedan generar los símbolos de poder a nivel de la salud, llega un momento en que algunos de estos, como es el caso de las tenencias físicas personales, se convierten en estorbos,  preocupaciones mayúsculas, pesar, sufrir y frustraciones, poniéndose en evidencia cada vez más,  el contenido de aquel pasaje bíblico bastante conocido: Miré todas las cosas que se hacen debajo del sol; y  he aquí, toda ello es vanidad y aflicción de espíritu”.  (Eclesiastés 1:14), versión no católica.

 

Pero, hay otro mensaje de contenido más contundente aun sobre lo que se trata, del mismo predicador, expuesto en el capítulo 2, versículos 17-18, cuya lectura dejamos de tarea, por lo que a veces, uno no se explica el comportamiento que sobre el particular continúan observando algunas personas avariciosas y tozudas, a pesar del fácil acceso a esas orientaciones puntuales que aparecen en la Sagrada Biblia; como, la simple aplicación de la lógica, sobre ese afán  psicológico excesivo  de poseer y conseguir que domina.

 

¡Que reflexionen todos aquellos, que sólo piensan en acumular bienes, que  luego tendrán que dejarlos todos!; pues nada cabe en el último equipaje de viaje. No es que se deje de tener; pero, debe procurase únicamente lo útil y necesario; ya que,  “todo lo que sobra daña”, como bien reza un refrán popular.

 

Finalmente, una meditación que nunca debe faltar en las actitudes y decisiones sobre los asuntos terrenos relativos, es aquella inherente a que,    sólo una cosa debe ser importante para todos hombres: ¡el ver y comprender, qué en verdad son, cuál es su naturaleza!

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: