Nuestro lienzo nacional no permanecerá en aquel alto lugar por mucho tiempo

Indudablemente, constituye una proeza para el país, el que tres de sus nacionales hayan logrado escalar hasta la cima del monte más alto de la Tierra (mundo) – Monte Everest -, dejando colocado allí el lienzo nacional que les representa, como muestra de su estadía en el lugar, tras la valerosa e irrefutable hazaña lograda.

 

Es un acto que bien pudiera catalogarse como una intrépida osadía expedicionaria, evidentemente enmarcado dentro del contexto incursionista deportivo, que como es obvio, envolvió satisfacciones personales, y muchos riesgos probables de consideración.

 

La intrepidez incuestionable de esos jóvenes dominicanos, ha sido loada en gran medida, y recibidos los resultados con beneplácito extremo en el país.  La verdad es que, después de lo hecho, ¡esos muchachos lo merecen!

 

Ahora, toda acción genera reales efectos ponderables después, al margen de las euforias y satisfacciones momentáneas de principios.  ¡Valerosa su iniciativa y triunfo alcanzado!  Quedó en aquella altura nuestra bandera tricolor, que ondeará azotada por los fuertes vientos que se verifican en aquel alto lugar de  la Tierra.

 

Como es lógico entender, allí muy pocos tendrán la oportunidad de verle y reverenciarle; de contemplar su lucidez y significativa confección; reconocerle como un verdadero símbolo patrio para los dominicanos; y, guardarle el debido respeto; amén, de su vulnerable, o corta permanencia, en la cima de dicho monte.

 

Luego, la muestra comprobante de su estadía en el lugar, pudo haber sido otra; o al menos, estar acompañada de algo más duradero; por la razón del  seguro deterioro que vendrá, producto de la intemperie; al igual, que del mismo efecto devastador de los vientos, que le harán desaparecer en corto tiempo. Y, cuando eso ocurra, quedará como si nadie de esta nación hubiera logrado escalar hasta tan inhóspito lugar.

 

Pero además, analizando ya el riesgoso evento con una mayor  profundidad, se podría arribar a la conclusión de que, si bien es cierto que el dejar allí como evidencia comprobatoria de su estadía, el símbolo nacional de mayor importancia para los dominicanos, la bandera, carece de significación en términos propiamente patrióticos,  sí puede connotar acciones de carácter volitivo en ese orden; o llamar a la reflexión la osadía evidente de esos jóvenes,  de emprender tal aventura, llevándole consigo.

 

Es un acto muy notorio, que bien podría asociarse con el mensaje nacionalista aquel,  de procurar izarle “cada día más arriba, más y más”, como forma de mayor honra, – parafraseando parcialmente, algo que dijera un laureado poeta nuestro -; pero aquí, dentro de la República Dominicana, era su la idea, entendemos nosotros, para que todos los pueblos del mundo, a lo lejos pudieran avistarla; y cuando no, imaginarle ondeando en su asta, como rendirle el merecido honor. ¡Resultaría mucho más fácil, si así se hiciera! Y, sin la necesidad de tener que correr tan altos riesgos.

 

A emular su loable hazaña, deportiva en ellos a todas luces, levantando nuestra bandera cada vez más alto. Sólo que, dándole en vez de, carácter patriótico a la acción, a lo interno del país, para lo cual no habría que utilizar toda esa indumentaria. Sí, aunque se tengan que correr riesgos de otro tipo,  las vestimentas del nacionalismo y la defensa a ultranza de la soberanía nacional.

 

¡La reflexión se impone en tal sentido!

 

Rolando Fernández

 

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