Llegada de los tres jinetes impuestos

Más que vergüenza deberíamos sentir muchos dominicanos, con altos sentimientos patrios, de los que aún quedamos, con la imposición por parte de los prestamistas del Norte, de tres extranjeros desconocidos por la población, para que sean éstos los que se encarguen de administrar la distribución de la energía eléctrica que se genera a nivel nacional, tan de aquí, como el merengue.

Bien lo dice un refrán popular, “que todo aquel que coge fiao (fiado) o prestado, tiene que aguantar lo que sea”; pues este país cuenta con recursos humanos más que suficientes y competentes, para asumir con eficacia esa responsabilidad. Sin embargo, se les ha marginado por conveniencias obvias, en connivencia con las autoridades nacionales.

Lo que ocurre es que, muchos de esos dominicanos aptos para tales propósitos, probablemente no sean de la simpatía de los regentes portentosos del gran negocio eléctrico político-empresarial en la República Dominicana, por razones partidaristas, o de los principios éticos profesionales ostentados por los mismos; y,  que por tanto, no se van a dejar manejar como “Conejillos de India”, por los administradores y colocadores de los fondos excedentes de los jerarcas adinerados del mundo actual, organismos internacionales de financiamiento, cuyo único propósito es procurar el retorno oportuno de los dineros cedidos en calidad de prestamos al país, con el concurso complaciente de los lacayos nuestros, que aún se dicen nacionalistas.

Es por ello que vienen esos incumbentes señalados, con nombres y apellidos; los recomendados y admitidos; los que convienen; los de confianza; siempre prestos a seguir los lineamientos trazados desde allá, con resonancia marcada, y adhesión total aquí, a nivel de los prestatarios comprometidos, golosos y fieles defensores, por supuesto, de los intereses extranjeros.

Muy satisfecho y complacido se ve, posando para  la prensa local, junto a sus alienados subalternos elegidos, y de seguro, acordados con los mandantes prestamistas y reguladores en ultramar del sistema eléctrico nacional, a su  voluntad exclusiva y subyugante, al margen de las cosas  que competen exclusivamente a los dominicanos, sólo por la propensión  a seguir cogiendo prestado, por ser lo más fácil y conveniente,  en términos particulares. Al ritmo que vamos, posiblemente, habrá que instalar muy pronto, una extensión de la CDEEE, en Washington, USA.

Así luce el señor vicepresidente ejecutivo de dicha empresa estatal, que no obstante, no ha dicho ni esta boca es mía, respecto de los problemas legales, que  se ha filtrado, confrontó el flamante nuevo gerente de Edesur, en Brasil, “por supuestas irregularidades en el mercado de capitales”, de lo cual muchos ya se han hecho eco aquí, información a la que hace referencia, de  manera sutil, la prensa local.  De eso no conviene  hablar, ¿verdad que no, Celso? Recuerda, que ante todo, eres dominicano.   Ojalá te vayas bien con esos magnates importados.

Otro punto importante digno de destacar, según la reseña de prensa (periódico Listín Diario, del 21-9-10), relativa a la toma de posesión de los tres jinetes extranjeros, que ahora habrán de administrar la Edes nacionales, es que uno de ellos conoces muy bien de la problemática nuestra, e intríngulis del negocio eléctrico dominicano, por la haber ofrecido labores de asesoría  al país, a través de su compañía Sytconsulting, relacionadas con el famoso y  fracasado Programa de Reducción de Apagones (PRA). Esperemos le vaya bien en esta ocasión.

Ojalá que ahora, sean cuatro los redentores del sistema eléctrico de la República; uno de aquí, y tres de allá, para ver si logran aminorar la crisis en el área, que ya raya en lo desesperante y caótico; hasta tanto la voluntad de revisar, renegociar o rescindir los contratos leoninos suscritos con los alturitas generadores, haga acto de presencia en el Congreso Nacional, y se proceda en favor de las grandes mayorías nacionales.

O, que se produzca una poblada de marca mayor, que es lo que se está provocando, en  reclamo de los derechos que asisten a los ciudadanos,  al sosiego, la paz y la justicia; procurando a la fuerza,  se ponga término de una vez por todas, a los dañinos, molestosos e injustos apagones; y, se dé  inicio al cobro de una tarifa justa por el servicio, no abusiva como ocurre actualmente, al margen de los intereses empresariales y políticos, que son los que ahora determinan el que eso no se haga realidad en el país.

Bajo las condiciones actuales, sólo queda desearles mucha  suerte, a todos aquellos que intenten resolver ese gran problema, por las conexidades y connivencias que giran en torno al mismo. ¡SUERTE!

Finalmente, por cosas como esas, entre otras, injerencias claras y lesivas, es que muchos se preguntan, con sobrada razón, ¿a dónde fue a parar la concepción de liberación dominicana, que tanto proclamara, y tratara de enraizar aquí el inolvidable Profesor?  Mientras, otros osan decir, porque así lo sienten, “que falta hace Trujillo en este país”.

 Rolando Fernández

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