Ayer los Austin; hoy, los hoyos y tapones

Según nos  han narrado algunas personas, en una ocasión se acuñó en este país una frase propagandística que caló sobremanera en el mercado consumidor de vehículos, aptos para el trabajo cotidiano, por la fortaleza de estos en su fabricación, probada; condición, que naturalmente, inspiraba siempre su adquisición.

A la sazón, las calles y avenidas de la República, lucían abarrotadas de los carros de esa marca; pues, no solamente se usaban para el trasporte público, sino que también eran preferidos   para utilización privada o familiar.

Los mercadologos de la época, partiendo de la gran cantidad de esos automóviles en circulación, se idearon una frase corta, pero muy inductora a la vez,  que lo decía todo, y que rezaba “cuente los Austin”.

Según muchos choferes que tuvieron la oportunidad de conducirles, se trataba de vehículos diseñados para transitar sin problemas, por vías en mal estado, con hoyos, o sin asfalto; pues su resistencia, y efectiva amortiguación, o dureza ocasional relativa, así lo permitían.

Eso quiere decir, que para esos tiempos, en que normalmente los vehículos eran producidos con tracción trasera, como la fortaleza debida, para un desplazamiento más equilibrado, y mayor protección de sus exteriores  base,  como los componentes de rodaje, los hoyos en calles y avenidas, constituían muy poca preocupación; y menos aún, cuando se trataba de un “Austin”.  Por eso, había que contarlos.

Sin embargo, hoy en día, en que ya los vehículo son fabricados para una vida útil mucho menor que otrora, y que nuestras vías públicas para el tráfico vehicular no son objeto de un adecuado mantenimiento, sólo acicaladas al vapor durante las campañas electorales, lo que debemos hacer entonces, es contar los hoyos, por un lado, y ubicarles con precisión, para evitar que los frágiles y caros vehículos que en la actualidad se adquieren, se deterioren con prontitud.

Pero además, mientras  los radiadores y piezas complementarias para el enfriamiento de los motores, ayer se fabrican con metales de calidad, como el cobre y el aluminio, entre otros, para asegurar un efectivo funcionamiento en épocas calurosas, o taponamientos súbitos en las vías de circulación, hoy lo que más se utiliza para tales propósitos es el material plástico, y otros aditamentos   de calidad cuestionable, como  de  poca resistencia al calor, por lo que los sobrecalentamientos, con sus efectos derivados, están a la orden del día, por los inmensos tapones que se verifican a diario en las calles y avenidas de este país. Luego, los tapones también hay que contarlos y evitarlos, como medida de precaución.

Las calles y avenidas de este país, descuidado, repletas de hoyos por doquier, amén de los charcos por las aguas pluviales, que se forman tras la más ligera llovizna, y con taponamientos a granel, debido al gran desorden, irrespeto a las normativas legales, permisividades, y la falta de administración adecuada por parte de las autoridades competentes, sólo estarían buenas para vehículos de aquella era gloriosa de la calidad industrial automovilística; no para las imitaciones presentes, que no son más que motores rodeados de hojalata, fibra de vidrio y plásticos por todas partes.

El fabricar vehículos de calidad ya no es negocio.  Por tanto, la durabilidad deben procurarla hoy los dueños, a través de un mantenimiento consistente, como la habilidad para evitar deterioros progresivos, desechando hoyos y tapones.

 Rolando Fernández

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