Efecto de las inauguraciones

En nuestro país se dan muchas cosas que, en el marco de una lógica reflexiva simple, resultan incomprensibles; aunque no así, en otros contextos, como el de la política cotidiana en que vivimos.

Hace algunos días ya, la prensa local estuvo publicando importantes reportajes, con suficiente  nivel de detalles, y debidamente reseñados, sobre la crítica y deplorable situación en que se encuentran algunos de los principales hospitales públicos del país, sin que hasta el momento las autoridades competentes hayan dicho nada al respecto, tendente a introducción de las mejoras necesarias, y medidas correctivas de lugar, como de los trabajos de remodelación y mantenimiento que se requieren.

Por lo que se puede observar en las publicaciones de referencia, el estado de insalubridad, ineficiencia, hacinamiento, al igual que la  falta de atención facultativa que se verifica en renombrados centros asistenciales del país, tales como: maternidad San Lorenzo de Los Mina, y los hospitales, Dr. Darío Contreras, Dr. Francisco Moscoso Puello,  y   Juan Pablo Pina, de San Cristóbal, es  un asunto que ya se torna deprimente, alarmante, y hasta inhumano, se podría decir.

Sin embargo, el Estado Dominicano, sin importar la gestión  de gobierno de turno, ha preferido siempre, sólo la construcción de nuevos centros médicos, para incorporarlos al sistema, marginando los ya existentes. No se  procede en adición, a remodelar, higienizar y darle el mantenimiento debido a los  ya están, que aunque con dificultades de toda índole, son los que vienen operando.  También se obvia, el estimular al personal en ejercicio perteneciente a los mismos, para que se preocupe más por la salud de los pobres en el país.

Las actuales autoridades no constituyen la excepción; pues, no obstante los alegatos del déficit presupuestario que se proclama a toda voz, para justificar una mayor penalización impositiva, en contra precisamente, de los ciudadanos que por obligación tienen que visitar los hospitales públicos, donde pasan muchísimos trabajos y penurias, y que por además, tienen que mendigar bastante para que les atiendan sus afecciones de salud, la presente gestión gobernante, también se han adherido a la misma  práctica de las inauguraciones, dejando de lado lo que ya está, y ha servido; pero, que es viejo.

De inclinarse por comenzar primero, a enmendar y satisfacer en lo que ya se tiene operando, de seguro que las inversiones inmobiliarias, mobiliarias, como en los equipos modernos requeridos, y demás gastos complementarios a incurrir, resultarían menos lesivos para el presupuesto estatal. Y, probablemente, la capacidad de servicios a la ciudadanía requeriente, podría ser mayor, por innumeras razones; entre ellas, la continuidad de las visitas al mismo centro asistencial, en que ya se  había atendido anteriormente a las personas.

Precisamente, se acaba de inaugurar, con bombos y paltillos, el  “Hospital Traumatológico Dr. Ney Arias”, el más reciente de la camada, que de seguro habrá de llenar algunas necesidades. Sin embargo, según publica el periódico HOY, de fecha 3-9-10, pagina 4ª, “El anexo de la maternidad San Lorenzo de Los Mina (a medio construir) ha visto pasar cuatro gobiernos, correspondientes a los dos partidos mayoritarios, y cinco ministros de Salud Publica y ninguno ha podido concluir la construcción”. ¿Cuántos hospitales se han inaugurado durante ese tiempo?

Hay que imaginarse entonces, como debe estar internamente esa maternidad, “sobrepoblada, al extremo que, en  ocasiones, dos o tres mujeres tienen que compartir una misma cama después del parto”. Eso por reparar en algo, del gran desastre  que ocurre allí; y que con amplitud describe el citado medio de comunicación, en su edición del  2-9-10, que incluye las declaraciones de médicos residentes, quienes expresaron que, “la situación de higiene y falta de electricidad es tan crítica que cuando están de servicio no pueden bañarse”. ¡Que pena, tener que escuchar eso!  Pero además,  hay que considerar, que es esa una situación calamitosa,  extensiva a varios de  los otros centros hospitalarios de la Nación.

La construcción de nuevos hospitales,  no es que sea innecesaria; pero esos que se inauguran ahora, no es cierto que podrán absorber  la demanda total de una población, in crescendo cada vez, con más limitaciones económicas, para recurrir a la costosísima medina privada.

Luego, si esos que ya existen se dejan caer totalmente, cómo se va a desenvolver la población sin recursos económicos, dentro de poco tiempo, en términos del cuidado y tratamiento de sus afecciones de salud. Recordemos que eso de las ARS, es un negocio más de los capitalistas.

Lo que más convendría a la población, es que ambas cosas se ponderaran, y se llevaran a cabo de manera conjunta: construir lo que falte; pero, no abandonar lo que se tiene.   Lo que ocurre es que, sólo las inauguraciones tienen efecto político, y satisfacen las actitudes egotistas del “yo hice”.  Es por ellos que son las que más interesan. No nos perdamos.

 Rolando Fernández

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